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→Capítulo XVI
===Capítulo XVI===
De la manera que se juzgan algunas almas en la otra vida, y de las penas de ''''''Purgatorio'''
Entramos en un piélago tan profundo de cosas que Dios reveló a santa Juana, acerca de las ánimas y penas de Purgatorio, que por hallar particular dificultad en algu- [71v] nas, aunque todas llenas de suavidad y de dotrina muy provechosa para las almas, me hallo obligado en este capítulo y en el que se sigue a hacer no solo el oficio de historiador sino también de parafraste, y particulares escolios en las márgenes, declarando en ellos lo más dificultoso destas revelaciones. Con que se entenderá de camino cuán católicas son y cuán conformes a la dotrina de los santos, que es la condición esencialísima que han de tener las revelaciones, según santo Tomás ''[363]'', para que sean aprobadas de la Iglesia por católicas y verdaderas.
Siendo abadesa esta santa virgen, con el deseo que tenía de aprovechar a sus monjas y ganarlas para Dios, en sus capítulos y pláticas espirituales les decía muchas cosas de las que Dios le mostraba, especialmente de las penas del Purgatorio, y del Infierno y de la manera con que las almas se juzgan cuando salen desta vida. “No penséis, hermanas —decía la santa prelada— que lo que allí pasa es como quiera, que solo en pensar yo lo que el Señor me muestra, algunas veces me tiemblan las carnes y me dan angustias de muerte. A cada uno de los hombres, cuando se le arranca el [72r] alma del cuerpo, se le aparece Cristo, y le juzga y sentencia, con sola una palabra que dice: ‘Bendito’ o ‘Maldito eres por tus obras’, y luego desaparece Su Majestad, que para justificación de su causa quiere que todos le vean, porque conozcan y entiendan que no faltó por él su salvación, sino por ellos”. (''En la hora de la muerte, oye cada uno su sentencia de condenación o libertad, como se colige de muchos lugares de la ''''S''''agrada Sagrada Escritura, y de santos'''' [364]''''. Aunque acerca del modo y cómo se deba entender hay diversas opiniones. El Papa Inocencio III'''' [365]'''' y ''''Landulf''''o'''' ''''C''''art''''usian''''o'''' Landulfo Cartusiano [366]'''' conforman con esta revelación de santa Juana''''. El'''' Abulense'''' ''[367]'' dice que este aparecimiento de Cristo Nuestro Señor se debe entender no ''''según su presencia sino según su eficacia y virtu''''d'''' ''virtud [368]''. Véase Gregorio de Valencia'''' [369]'' ''y Suárez'''' [370]'') ''[371]''. “Y no por este juicio particular y secreto, que pasa a solas entre Dios y el hombre, se escusará ninguno de ser juzgado por el arcángel san Miguel, según que el Señor por su misericordia me lo muestra, estando yo con el ángel de mi guarda en aquel lugar donde me suele poner, de donde veo al arcángel san Miguel con otros muchos ángeles, sentado en un hermosísimo trono, con corona y cetro real en las manos, que juzga las ánimas de los difuntos. Y oídas las partes, que son los ángeles de su guarda que las defienden y los demonios que las [72v] acusan, pronuncia sentencia, declarando en ella la causa de su condenación o libertad. (''El glorioso a''''rcángel arcángel san Miguel es el supremo juez después de Crist''''oCristo, su presidente'''' y justicia mayor de la Iglesia, y el que en el juicio particular juzga las almas cuando salen de los cuerpos, y esto significa la Iglesia, pintándole con peso y espada en la mano, declarando con esta pintura la judicatura y suprema potestad con que juzga, pondera y mide los méri''''tos'''' méritos y deméritos de las almas. Y lo m''''ismo mismo en aquella ''''a''''ntiphona''''antiphona: ''''“''''C''''onstitui'''' “Constitui te ''''Principem'''', super omnes animas ''''suscipiendas''''”''''suscipiendas”, y en la prosa de'''' la Misa de los difuntos: ''''“''''S''''ignifer'''' “Signifer sanctus Michael ''''repraesentet'''' ''''eas'''', in ''''lucem'''' ''''sanctam''''”'''' sanctam” [372]'' ''[373]'') ''[374]''. Y si la tal alma va al Infierno, los ángeles que asisten en aquel soberano juicio la maldicen con tan grande compasión que se cubren sus hermosísimos rostros con unos velos negros, en señal de tristeza, aunque con mucha alegría, por hacerlo en honra y alabanza de Dios. Y entregándolas a los demonios, las llevan al Infierno, y los ángeles de la guarda al Purgatorio las que van sentenciadas a él, donde las consuelan y animan”.
(''Á''''nge''''les Ángeles de'''' ''''guarda llevan las'''' ánimas al ''''Purgatorio'''', y las consuelan en él'' ''[375]'') ''[376]''. Decía también la santa abadesa que en este lugar del juicio hay ciertos ángeles con azotes en las manos, que azotan a algunas almas de las que van sentenciadas al Purgatorio, y otros que solo tienen por oficio loar y bendecir la justicia de Dios, y estos con voz de cán- [73r] tico, muy suave y concertada, dicen, cuando san Miguel condena algún alma al Infierno: “¡Oh, Señor de Majestad, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y decía la santa virgen que no todas las almas se juzgan de una manera, sino conforme a los pecados y oficios de cada una. (''Los ángeles maldiciendo las almas que van condenadas al ''''Infierno'''' y azotando las que van al ''''Purgatorio'''' hacen oficio de ministros de Dios, ejecutores de su divina justicia, según aquello ''''de san Jerónimo'''' super Daniel'' ''[377]'': “''Duplex'''' ''''“Duplex est'''' ''''Angelorum'''' ''''officium'''', ''''aliorum'''', qui ''''praemia'''' ''''iustis'''' ''''tribuant'''', ''''aliorum'''', qui ''''singulis'''' ''''praesint'''' ''''c''''ruciatibus''''”''''cruciatibus”. ''''Y es muy conforme a lo que dijo san Agustín: ''''“''''Sancti ''''“Sancti Angeli'''' sine ira ''''puniunt'''' ''''eos'''' qui ''''accipiunt'''' ''''aeterna'''' lege ''''puniendos''''”''''puniendos” [''''378] [379]'') ''[380]''. Y del juicio y penas de los hipócritas decía cosas maravillosas, y que para los religiosos que murmuran de sus prelados vio ella en el Purgatorio y Infierno lugares apartados de los otros, donde con particular pena y tormento son atormentados por este pecado ''[381]''.
Quiso Nuestro Señor, para mayor consuelo de las ánimas de Purgatorio, que algunas se le apareciesen a santa Juana, y que ella también las visitase muchas veces. Y tantas iba al Purgatorio que, según se supo de su boca, la concedió el Señor que pudiese ir a él con el ángel de su guarda ciertos días de la semana, en especial miércoles y viernes, en los cuales sacaba muchas ánimas de purga- [73v] torio. Y en estas visitas supo la santa virgen cosas de mucha edificación, con que se le aumentó el deseo de ayudarlas en sus penas ''[382]''.
Siendo esta santa virgen sacristana, y tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba, y preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de una ánima muy necesitada, que con licencia de Dios, viene a encomendarse en tus oraciones”. Era esta ánima de una gran señora de Castilla —que poco antes había muerto—, la cual dijo a santa Juana que por cuanto sus penas eran grandísimas, le rogaba la encomendase a Dios, y dijese a su madre le ayudase con ciertas limosnas y misas ''[383]''. (''El Maestro de las sentencias'''' ''[384]'' ''''tiene que los demonios atormentan las ánimas en el ''''Purgatorio'''' y se confirma con esta revelación de santa Juana y es muy conforme a las de otros santos a quien reveló Dios lo mismo y especialmente a san Bernardo'''' [385]'''', pero estas revelaciones son de casos particulares, que no se debe hacer regla general ''''dellas'') ''[386]''. Destos casos la sucedieron muchos, y decía que veía en el Purgatorio unos lugares tristes, escuros, muy formidables y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban las almas, y por cada culpa las daban diferentes penas, y ellas muchos gritos, diciendo: “¡Ay, ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios, y no lo hici- [74r] mos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición ni arrepentimiento!”.
“Yo vi —dijo la santa abadesa a sus monjas—, por la voluntad de Dios, el ánima de cierto prelado en el Purgatorio, que padecía muchas penas, y estaba en figura de palomar, con muchas casillas y nidos, y de cuando en cuando, haciendo grandísimo estruendo y ruido, caía, y volviéndose a levantar, quedaba como las otras ánimas, y de allí a poco rato se volvía a aparecer en la figura susodicha. Admirada yo mucho desto, pregunté la causa dello a mi santo ángel. Y me dijo que aquella alma era de un prelado que por haber sido muy descuidado y negligente con las ánimas de sus súbditos padecía aquella pena muy proporcionada a su culpa. Porque como en el palomar se defienden las palomas de que no las lleve el milano, así el prelado las debe albergar en sus entrañas y rogar a Dios por ellas, y porque este no lo hizo, está ahora en la figura que viste ''[387]''. Y las caídas que da su alma en aquella grande hoguera son por las faltas que hizo en el servicio de Dios, y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo”.
Supo la bendita prelada que cierta perso- [74v] na eclasiástica y de grande autoridad —de quien ella había recebido particulares agravios— había muerto, y como era tan amiga de dar bien por mal, no cesaba de rogar a Dios tuviese misericordia de su alma, y haciendo oración por ella, se le apareció una noche en figura muy formidable y fea. ''[388]''. Traía una mordaza en la boca y una vestidura tan corta, que no llegaba más de hasta la cinta. Venía andando con pies y manos, como bestia, y traía sabre sí todos los pecados y ofensas que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su mal ejemplo se condenaron penaban encima de él. Traía también sobre sí muchos demonios, que le daban en rostro con sus pecados, y tantos palos y golpes que era lástima de ver, y como no se podía quejar, bramaba como toro. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompa por donde salía una voz tan espantosa que, de solo oírla, santa Juana quedó muy lastimada, aunque mucho más de no entender si sus penas eran de Purgatorio o Infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda tantas veces que, como enfadado de tantas preguntas, dijo: “Ya te he dicho, que no me lo preguntes más, que Dios te lo revelará a su [75r] tiempo”. Y así, la santa virgen rogaba al Señor se apiadase de las penas de aquel alma, y se acordase de algunas buenas obras que había hecho en esta vida. Y no sabiendo la santa otra que poder alegar en su favor, dijo: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de un santo abogado suyo que, estando en esta vida, le hizo pintar su imagen y tuvo mucha devoción con ella; y así debe Vuestra Majestad, apiadándose de su alma, librarle de las penas que padece” ''[389]''. Mucho tiempo perseveró la santa, rogando a Dios por esta alma, hasta que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a la imagen, como favoreciéndose della, y mirando a santa Juana, dijo: “Yo soy Fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho el Señor grandes misericordias, y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, que es la que yo hice pintar de aquel santo mi devoto, que me ayuda mucho en este trabajo”. “Alivie Dios tus penas, alma cristiana —dijo santa Juana—, que harto me has consolado, por lo mucho que deseaba saber si estabas en [75v] carrera de salvación, porque la otra vez que te vi venías tan atormentada que no lo pude entender”. “No te espantes —respondió el alma—, que han sido mis penas muy grandes, y cuando no tuviera otras sino las deste buey en que ando, son grandísimas, porque las padezco en él, de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto, pidió perdón a la santa de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho, y con esto desapareció ''[390]''. Y santa Juana nunca dejó de rogar a Dios por él, visitándole y consolándole en el Purgatorio, hasta que le sacó de penas.
Estando una vez elevada santa Juana, la llevó el ángel de su guarda al Purgatorio, donde conoció ciertas ánimas por quien rogaba, y entre ellas la de un hombre conocido suyo que los demonios la tenían atada pies arriba y cabeza abajo, y dándola cruelísimos tormentos, disparaban en ella muchos arcabuces y tiros de artillería, y con destrales ''[391]'' y hachas de hierro ardiendo despedazaban todos sus miembros, y los hacían tajadas tan menudas como sal, y en cada una dellas esta- [76r] ba el ánima entera, padeciendo grandes tormentos. Y, llegándose a ella un espantoso dragón, que con sus garras y uñas apañó todos aquellos pedazos con mucha rabia y crueldad, estrujándolos entre las manos, los metió en la boca, y mascándolos ''[392]'' ''fuertemente los tornó a juntar y comió. Y luego la vomitó el dragón y el alma volvió en su ser como de antes, pero apenas la hubo lanzado por la boca, cuando llegaron otros tan fieros y espantosos como él, y haciendo cruel presa della, tiraban unos de una parte y otros de otra tan reciamente que la despedazaron por mil partes, y se la comieron a bocados, y luego volvió a parecer entera, como de primero lo estaba. Y llegaban otros demonios, y la azotaban con vergas de hierro, y de que estos estaban cansados, llegaban otros y la atormentaban de nuevo, y desta manera, no tenían fin las penas y dolores de aquella [76v] alma.'' (''(''Algunas veces los demonios atormentan las ánimas en el ''''Purgatorio'''', como consta ''''desta'''' revelación y de otras muchas hechas a particulares santos, y en especial de una hecha a san Bernardo'' ''[393] ''[394]''. Y'''' el venerable Beda'''' ''''[395] ''''y Di''''o''''n''''isio ''''C''''art''''usi''''ano'' ''Dionisio Cartusiano [396]'' ''refieren algunas revelaciones muy semejantes a esta. Y entre los teólogos, el Maestro de las sentencias expresamente afirma en el libro 4, distinción 44, que los demonios son los que atormentan las ánimas en el ''''Purgatorio'''', aunque yo pienso que el Maestro de las sentencias y todos estos santos en sus revelaciones hablan de casos particulares, como este de santa Juana, porque según santo Tomás'''' [397]'' ''y Escoto'''' [398]'''','''' ni los ángeles, ni demonios atormentan las ánimas en ''''Purgatorio'''', sino solamente la divina ''''justicia, mediante el fuego del ''''Purgatorio'''', que es el mismo del ''''Infierno'') ''[399]''. Volvió santa Juana deste rapto muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas, compadeciéndose della, le rogaron les contase la causa de su tristeza, y la santa virgen, porque encomendasen a Dios a aquella alma, dijo: “¡Ay, ay!” —dando un grito muy lastimoso—. “Si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida, no ofenderían a Dios, ni harían tantos pecados como hacen, porque son aquellas penas mayores que cuantas en este mundo se pueden padecer”. Y entonces contó lo que había visto, y nunca desamparó aquella alma, ni dejó de rogar a Dios por ella hasta que la sacó de penas de Purgatorio. (''Son tan grandes y crueles las penas de ''''Purgatorio'''' que sobrepujan y exceden a todos los tormentos que se pueden padecer en esta vida'''' [400]'''', por lo cual se deben'''' temer mucho y considerar que se padecen por pecados veniales, y que dice san Vicente Ferrer que ''''una alma'''' estuvo un año entero en ''''Purgatorio'''' padeciendo estas rigurosísimas penas, solo por un pecado venial'''' [401]'') ''[402]''. Un día de cuaresma, estando muy enferma esta santa virgen, se fueron a consolar con ella otras religiosas enfermas que andaban convalecientes, y estando hablando con ellas se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas que lo vieron le preguntaron la causa de su extraordinaria alegría, y ella, por el gusto de las enfermas, dijo: “Vi a la Reina del Cielo, que con [77r] grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista, y san Lázaro y sus santas hermanas Marta y María, bajaba al Purgatorio, y pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora, dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. Y fue el Señor servido, por su gran misericordia, que desta vez sacase Nuestra Señora trecientas mil almas de Purgatorio, con las cuales se volvió al cielo, y a mí, como pecadora, me tornó mi santo ángel a este miserable cuerpo, a padecer en él tantos dolores como por mis pecados padezco, mas todos se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de Purgatorio. Y desto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni es en mi mano poderlo disimular” ''[403]''.
===Capítulo XVII===