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Catalina de los Reyes

No hay cambio en el tamaño, 07:44 14 dic 2025
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Vida manuscrita (1)
[266] ''[1]'' La madre Catalina de los Reyes fue natural de la ciudad de Toledo y de muy noble linaje. Y vino a esta santa casa de San Pablo a ser religiosa en ella en el tiempo de las santas beatas, e hizo profesión con ellas cuando todas se redirigieron a la orden.
Fue muy gran religiosa desde su mocedad, y muy inclinada a toda virtud y bondad. Y tuvo mucha habilidad para las cosas del coro, y así fue corretora ''[2]'' más de treinta años [267]. E[n] ''[3]'' el cual oficio sirvió a Nuestro Señor muy mucho, haciendo todas las cosas con grandísimo fervor y devoción. Y en todo tiempo su continuo ejercicio fue enseñar a leer y cantar a todas las que tenían necesidad de aprenderlo, animándolas a ello y persuadiéndolas a que lo supiesen por el gran deseo que tenía de que todas supiesen y entendiesen las cosas que para el servicio de Nuestro Señor era necesario saber. Y cuando enseñaba a las niñas de poca edad a leer en el Salteriosalterio, las iba la santa mujer declarando los versos y todas las cosas santas y devotas para que, juntamente con aprender a leer, aprendiesen también, y tomasen gusto y afición a las cosas santas y espirituales, y se encendiesen en el amor de Dios. Y las que veía que con más diligencia y estudio se aficionaban a las cosas virtuosas, aquellas las amaba más. Y a las que veía tibias y negligentes y distraídas, las reprendía y las trataba con aspereza y rigor, y, especialmente, a las que seguían mal el coro; y andaba buscando ocasiones para hacerlas ir a él. Y cu-[268] ando algunas la decían que, por falta de salud, dejaban de ir a el coro, mostraba tenerlas lástima, y se compadecía de ellas, pero, en llegando la hora de ir a el coro, ella buscaba ocasión y modo cómo llevarlas a él; algunas veces con donaires y otras con otros modos de que ella se valía. Y en treinta años que fue corretora nunca esta bienaventurada mujer faltó de ir a los maitines de media noche, que tal hora se decían en aquellos tiempos, sino fuese estando muy enferma.
Fue esta sierva de Dios mujer de grande espíritu<d> y de muy continua oración y contemplación. Y el tiempo que la sobraba de los oficios que hacía en la casa, además de [en] el oficio divino, todo lo gastaba en el coro en continua oración con tal fervor y lágrimas que no se puede contar ni decir tanto cómo era. Y aun el tiempo que estaba en la cama con enfermedad, lo más continuo d´él la oían de estar en oración y contemplación. Y muchas veces se levantaba, cuando podía, de noche a ver el cielo, y se estaba grandes ratos contemplando en la hermosura de él y en la compostura de [268269] las estrellas. Y tanto se arrobaba en esta santa contemplación que, algunas veces, decía que veía a Nuestro Señor puesto en la cruz y, otras veces, a Nuestra Señora con el Niño en los brazos; y así, otras cosas semejantes. Y preguntaba ella a las otras religiosas que allí se hallaban, algunas veces, si veían ellas a[l]guna cosa de aquellas que ella la parecía que veía. Y entre las veces, que fueron muchas, [en que] las vio las cosas sobredichas ocurrió, una vez, que se puso esta santa mujer a contemplar en la Santísima Trinidad, a cuya fiesta ella hacía cada un año con muy singular devoción, porque la tenía muy particular a esta santa festividad, y fue tan gran el gusto espiritual que sintió y el sentimiento y demostración que hizo en aquella hora que, sin duda alguna, entendieron las religiosas q[ue] presentes se hallaron habérsela Dios mostrado y hecho grandes favores, regalos y mercedes a esta su sierva.
Hacía también esta madre venerable la fiesta del santísimo y dulcísimo nombre Nombre de Jesús, la cual pidió en un capítulo [270] general para hacerla celebrar. Y así se rezó de esta santísima fiesta por la devoción de esta su devota hasta que vino el breviario nuevo. Si se hubiera de decir y contar las muestras del espíritu y devoción de esta santa madre en particular fuera nunca acabar; esto baste en común decir que fue en su tiempo ejemplo de santidad y devoción a todas las que la conocieron y trataron.
Fue maestra de novicias muchos años, el cual oficio hizo con tanto celo y religión que dejó de sí perpetua memoria, porque enseñaba a sus discípulas con grande prudencia y rigor cuando era necesario, y las regalaba y consolaba con grande amor, como si fuera verdadera madre ''[4]'' de cada una de las novicias.

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