Catalina de los Reyes

| Nombre | Catalina de los Reyes |
| Orden | Jerónimas |
| Títulos | Corretora, maestra de novicias, vicaria y priora en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo |
| Fecha de nacimiento | Finales del siglo XV |
| Fecha de fallecimiento | 1572 |
| Lugar de nacimiento | Toledo |
| Lugar de fallecimiento | Toledo |
Vida manuscrita (1)
Ed. de Mar Cortés Timoner; fecha de edición: septiembre de 2025; fecha de modificación: noviembre de 2025.
Fuente
- Zúñiga, Ana de. Ms. A.J.T º. San Pablo, I libro 33, 1881, pp. 266-275.
Contexto material de la Biografía conservada en el anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33.
Criterios de edición
Biografía conservada en el libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33. La biografía se atribuye a la monja jerónima Ana de Zúñiga (Toledo c.1540-1594) y fue copiada, en 1881, en el citado libro manuscrito. El texto aparece, según la paginación de la fuente (que contiene varios errores), en las páginas 256-265, que hacemos corresponder (para evitar confusiones en la repetición de cifras) con los números 266-275.
Dada la fecha de la copia manuscrita, la transcripción actualiza el empleo de las letras mayúsculas, la separación o unión de palabras, pero conserva “a el” y “de el” (que alterna con “del”, que transcribimos como “d´él” cuando remite al pronombre personal). Asimismo, siguiendo las normas de la RAE, se moderniza la puntuación y la acentuación. Por último, se ha regularizado la oscilación vocálica o/u (“cumunidad”, “mormuración”), el empleo de “h” y el uso de las siguientes grafías: b/v, c/z, c/d, d/z, g/j, n/m, r/rr, r/l, y/ll.
Vida de Catalina de los Reyes
[266] [1] La madre Catalina de los Reyes fue natural de la ciudad de Toledo y de muy noble linaje. Y vino a esta santa casa de San Pablo a ser religiosa en ella en el tiempo de las santas beatas, e hizo profesión con ellas cuando todas se redirigieron a la orden.
Fue muy gran religiosa desde su mocedad, y muy inclinada a toda virtud y bondad. Y tuvo mucha habilidad para las cosas del coro, y así fue corretora [2] más de treinta años [267]. E[n] [3] el cual oficio sirvió a Nuestro Señor muy mucho, haciendo todas las cosas con grandísimo fervor y devoción. Y en todo tiempo su continuo ejercicio fue enseñar a leer y cantar a todas las que tenían necesidad de aprenderlo, animándolas a ello y persuadiéndolas a que lo supiesen por el gran deseo que tenía de que todas supiesen y entendiesen las cosas que para el servicio de Nuestro Señor era necesario saber. Y cuando enseñaba a las niñas de poca edad a leer en el salterio, las iba la santa mujer declarando los versos y todas las cosas santas y devotas para que, juntamente con aprender a leer, aprendiesen también, y tomasen gusto y afición a las cosas santas y espirituales, y se encendiesen en el amor de Dios. Y las que veía que con más diligencia y estudio se aficionaban a las cosas virtuosas, aquellas las amaba más. Y a las que veía tibias y negligentes y distraídas, las reprendía y las trataba con aspereza y rigor, y, especialmente, a las que seguían mal el coro; y andaba buscando ocasiones para hacerlas ir a él. Y cu-[268] ando algunas la decían que, por falta de salud, dejaban de ir a el coro, mostraba tenerlas lástima, y se compadecía de ellas, pero, en llegando la hora de ir a el coro, ella buscaba ocasión y modo cómo llevarlas a él; algunas veces con donaires y otras con otros modos de que ella se valía. Y en treinta años que fue corretora nunca esta bienaventurada mujer faltó de ir a los maitines de media noche, que tal hora se decían en aquellos tiempos, sino fuese estando muy enferma.
Fue esta sierva de Dios mujer de grande espíritu<d> y de muy continua oración y contemplación. Y el tiempo que la sobraba de los oficios que hacía en la casa, además de [en] el oficio divino, todo lo gastaba en el coro en continua oración con tal fervor y lágrimas que no se puede contar ni decir tanto cómo era. Y aun el tiempo que estaba en la cama con enfermedad, lo más continuo d´él la oían de estar en oración y contemplación. Y muchas veces se levantaba, cuando podía, de noche a ver el cielo, y se estaba grandes ratos contemplando en la hermosura de él y en la compostura de [269] las estrellas. Y tanto se arrobaba en esta santa contemplación que, algunas veces, decía que veía a Nuestro Señor puesto en la cruz y, otras veces, a Nuestra Señora con el Niño en los brazos; y así, otras cosas semejantes. Y preguntaba ella a las otras religiosas que allí se hallaban, algunas veces, si veían ellas a[l]guna cosa de aquellas que ella la parecía que veía. Y entre las veces, que fueron muchas, [en que] las vio las cosas sobredichas ocurrió, una vez, que se puso esta santa mujer a contemplar en la Santísima Trinidad, a cuya fiesta ella hacía cada un año con muy singular devoción, porque la tenía muy particular a esta santa festividad, y fue tan gran el gusto espiritual que sintió y el sentimiento y demostración que hizo en aquella hora que, sin duda alguna, entendieron las religiosas q[ue] presentes se hallaron habérsela Dios mostrado y hecho grandes favores, regalos y mercedes a esta su sierva.
Hacía también esta madre venerable la fiesta del santísimo y dulcísimo Nombre de Jesús, la cual pidió en un capítulo [270] general para hacerla celebrar. Y así se rezó de esta santísima fiesta por la devoción de esta su devota hasta que vino el breviario nuevo. Si se hubiera de decir y contar las muestras del espíritu y devoción de esta santa madre en particular fuera nunca acabar; esto baste en común decir que fue en su tiempo ejemplo de santidad y devoción a todas las que la conocieron y trataron.
Fue maestra de novicias muchos años, el cual oficio hizo con tanto celo y religión que dejó de sí perpetua memoria, porque enseñaba a sus discípulas con grande prudencia y rigor cuando era necesario, y las regalaba y consolaba con grande amor, como si fuera verdadera madre [4] de cada una de las novicias.
Fue vicaria esta bienaventurada mujer muchos años, y en los comienzos fue tanto el cuidado y celo que tenía de las cosas de la comunidad que jamás faltaba ninguna hora del coro si no fuese por grave enfermedad.
Finalmente, en su postrera edad, fue priora tres años. Y rigió con grande celo de la santa religión y con [271] deseos ferventísimos de su aumento, y tanto que lo que la santa mujer no podía con sus fuerzas corporales se iba a Dios a pedirle favor y ayuda para hacer lo que ella por sí sola no podía, y suplícábale con muchas lágrimas que quitase a las monjas todas las ocasiones que las apartasen de Él y que la tomase todas para sí, y, no advirtiendo ella que la oían las que estaban cerca de ella, entendían todo lo que trataba con Dios y las razones que le decía por sí misma y por sus hijas. Amaba a sus hijas las religiosas con amor de verdadera y espiritual madre, y tanto que, cuando alguna vez la iban a decir alguna cosa de quejas de alguna monja o de murmuración, metía otra plática espiritual para divertir y estorbar aquella otra cosa. Y, después llamaba en secreto a la monja de quien la daban la queja y la corregía. Guardaba esta sierva de Dios gran prudencia en todas las cosas juntamente con la caridad y amor maternal q[ue] a todas tenía, y, porque no se sintiesen las fal- [272] tas de ellas, muchas noches, después de acostadas todas las de su celda, se levantaba la prudente madre sin que la sintiese nadie y celaba toda la casa. Y hacía esto con este recato por que, si algún defecto hallaba, lo pudiese corregir y enmendar sin que nadie lo entendiese por que las faltas ajenas no se supiesen. Lo cual, con grande amor de sus hijas, procuró siempre guardar su honor y buen nombre, para que toda sintiesen bien de ellas <y ninguna> y de ninguna se dijese mal. Y así hizo esta sierva de Dios su priorato con tanta paz y consolación de todas, como su virtud y santidad lo requería, y con mucho aumento de lo espiritual y temporal porque, en el tiempo que fue priora, ordenándolo el Señor, por los méritos de esta su sierva, tuvo limosnas con que renovó y aderezó la iglesia para servicio de Nuestro Señor.
Acabado el priorato de esta santa mujer, muy pocos días después, la visitó el Señor piadoso con una enfermedad de la cual murió. Y tuvo grandes tentaciones a la hora de la muerte [273], tanto que veía a el demonio; y le respondió a las tentaciones que la ponía con grande esfuerzo, y daba voces y decía a las religiosas que con ella estaban que echasen agua bendita para que se fuese de allí el demonio. Y todo esto hacía con tanto sentido y tanta advertencia [5] que la preguntaban las religiosas, cuando estaba sosegada, si se había ido ya el demonio, y ella respondía que sí, pero que estuviesen con cuidado para cuando volviese; y esto acaeció así algunas veces. Y con esto acabó la sierva de Dios la vida muy bien y con mucha fee y fortaleza, dic< i >iendo el credo muchas veces con las religiosas que con ella estaban con tanto espíritu como ella misma. Y, de esta manera, dio el espíritu a su Criador y Redentor en tres las palabras de la confesión de la santa fee [6], y se fue a gozar de aquel Soberano Señor a quien viven todas las cosas.
Murió esta venerable madre Catalina de los Reyes en el mes de enero del año de mil quinientos setenta y dos, día de Santa Inés, y el Viernes Santo adelante de aquel mis- [274] mo año se apareció la santa mujer a la madre Paula de los Ángeles estando sola en su aposento [7]. Y la habló con mucha afabilidad y dulzura, y la dijo cómo se iba a la gloria y que había hallado muy grande misericordia delante de Dios por lo que le había servido en el coro en los años que fue corretora. Y la dio ciertos avisos para otra religiosa que ella había criado y la quería mucho, y que la dijese que no había hablado porque no había tenido corazón para esperarla. Y se apareció la santa mujer en una nube muy clara y resplandeciente. Según de esto y de todo lo dicho dio testimonio la madre Paula de los Ángeles; también afirmó la misma religiosa a quien ella había criado la dicha madre Catalina de los Reyes, la cual también vio a esta santa mujer, aunque no tuvo valor ni ánimo para esperarla, antes dio muchos y grandes gritos diciendo que veía a su madre Catalina de los Reyes; de lo cual fueron testigos todas las religiosas que al presente se hallaron, y oyeron y entendieron todo lo sobredicho acerca de este aparecimiento.
Y la madre Paula de los Ángeles dijo que había preguntado a la santa [275] mujer Catalina de los Reyes, cuando se le apareció, si había tenido alguna cosa que pagar por los años que había sido priora. Y la respondió que, por esta parte, no había tenido ninguna deuda, porque en la enfermedad que tuvo antes de su muerte se le habían descontado los descuidos que había tenido y las faltas que había hecho; y así, por esta razón, no fue detenida nada en el Purgatorio, pero por otras culpas había estado en el Purgatorio treinta días ha[s]ta que fue cumplida la Voluntad Divina para que subiese a el Cielo a gozarle con todos los bienaventurados que allá están.
Fue esta santa mujer muy amada de todas sus hijas en vida, y lo mismo fue en la muerte porque de todas fue muy ayudada con misas y oraciones, como lo dijo ella a la madre Paula rogándola diese las gracias a todas por lo mucho que la habían ayudado y, en particular, a una religiosa que había hecho más que todas por ella, y es de creer que lo paga siempre esta santa mujer adonde ahora está suplicando a Nuestro Señor por todas para que, algún día, vayan a gozar de lo que ella goza por siempre.
Laus Deus, amen.
Notas
[1] El epígrafe presenta el texto de la siguiente manera: “Historia de la muy religiosa y sierva de Dios Catalina de los Reyes”.
[2] “En algunas comunidades, religiosa que dirige el coro”. Véase: REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.8 en línea]. <https://dle.rae.es/corretora> [septiembre 2025].
[3] Está escrito “el” pero corregimos por “en” considerando el sentido de la oración.
[4] Se ha corregido la errata en “madra”.
[5] En el libro está escrito “acbentencia”, que se ha transcrito por “advertencia” teniendo en cuenta el sentido de la oración.
[6] Conservamos la escritura de la palabra. Véase: REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CORDE) [en línea]. Corpus diacrónico del español. <https://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll> [septiembre 2025]
[7] El libro A.J.T ª. San Pablo, I libro 33 también incluye la vida de esta religiosa, que se halla editada en el catálogo: https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Paula_de_los_%C3%81ngeles
Vida manuscrita (2)
Ed. de Irati Zaitegui Blanco; fecha de edición: septiembre de 2025.
Fuente
- Cruz, Juan de la, 1591. Hystoria, de la Orden de st. Hieronymo Doctor de la yglesia, y de su restauracion y fundaçion en los Reynos de España / Por fray Joan de la cruz frayle de la dicha orden, professo de st. Bartholome el Real de Lupiana. Esc. &-II-19, fol. 409v-412r.
Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS &-II-19 (Hystoria, de la Orden de st. Hieronymo Doctor de la yglesia, y de su restauracion y fundaçion en los Reynos de España / Por fray Joan de la cruz frayle de la dicha orden, professo de st. Bartholome el Real de Lupiana).
Criterios de edición
Al tratarse de una copia manuscrita de la segunda mitad del siglo XVI que bebe de fuentes primitivas, se han adoptado criterios de edición conservadores. Se han respetado las oscilaciones y variantes de las sibilantes (z y ç ante las distintas vocales), así como la oscilación entre y/i y v/b en su valor consonántico y la alternancia gráfica entre j/g/x. Se ha mantenido la grafía de la nasal n antes de la bilabial (grupo -np-: tienpo), se han regularizado las alternancias gráficas sin valor fonético (u/v e i/j) y se ha conservado el uso de qu- por cu- (quando). Asimismo, se ha mantenido la s- líquida en spirituales, los grupos cultos -ct- (sancta) y -th- (Cathalina), así como los geminados -cc-, -ff-, -ss-, -pp- y -mm-. Se han desarrollado las distintas abreviaturas (San, Nuestro, Señora, etc.) y la n acompañada de vírgula se ha reproducido como ñ. A su vez, se ha conservado la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico o por tratarse de cultismos (puniéndoles, ansí, riguor, emendar, etc.), así como formas aglutinadas como dellas, dello o desta, separando mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye un pronombre personal (d’él). La acentuación, puntuación y capitalización han sido modernizadas de acuerdo con las normas de la RAE, aunque se mantienen las mayúsculas reverenciales o de respeto (Nuestro Señor). Finalmente, se han repuesto vocablos o grafías entre corchetes ([ ]) cuando resultaba evidente que no aparecían por descuido del copista, mientras que en caso de duda se ha respetado su ausencia.
Vida de Catalina de los Reyes
[Fol. 409v] [1] Cathalina de los Reyes es natural de la çiudad de Toledo y de nobles parientes. Fue a ser religiosa al Monasterio de San Pablo de Toledo en el tienpo que tenían nombre de beatas, y hizo prefessión con ellas al tiempo que todas juntas dieron la obediençia a la orden. Fue gran religiossa desde su moçedad y muy inclinada a la virtud, y tuvo tanta habilidad para las cosas del coro que hizo el offiçio de correctora [2] más de treynta años, con gran fervor y devoçión. En todo este tiempo [3], su continuo exerçiçio fue enseñar leer y cantar a todas las que tenían neccesidad de aprenderlo [fol. 410r], persuadiéndolas y puniéndoles ánimo para que lo tomassen con deseo de aprovechar, porque ese mismo le movía a ella, que entendiessen las cosas que eran menester para el culto divino y serviçio de Nuestro Señor y las supiessen con mucha destreza y muestra de habilidad.
Quando enseñava a leer en los Psalmos a las niñas de poca edad, ývales declarando los versos y las cosas sanctas y devotas que entendía se tratavan en ellos, porque aprendiendo a leer tomasen juntamente gusto y afiçión a las cosas spirituales y se ençendiessen en el amor de Dios. A las que veýa que con más estudio y diligençia se affiçionavan a la virtud, a aquellas amava más; y a las tibias, negligentes y dristraýdas reprehendía y tratava con aspereza y rigor, espeçialmente a las que veýa que seguían mal el coro, y que, con pequeños achaques, se excusavan de entrar en él, que no se lo consentía siempre, y con occasiones, las hazía yr a las horas aun diciendo que estavan enfermas. Mostraba tener lástima y compassión dellas, pero, en llegando la hora de yr al coro, buscaba modos [de] cómo llevarlas, algunas vezes con donayres, otras con devoçión de sanctos. En treynta años que fue correctora, anduvo desta manera con las que eran de poca edad, no faltando ella perpetuamente de yr a los Maytines a la medianoche, que se dezí[a] ansí siempre a aquella hora, si no fuesse estando muy enferma. Fue muger de grande spíritu y de muy continua oraçión y meditaçión; y el tiempo que le sobrava después de acabados los offiçios divinos le gastava en el coro en continua oraçión, y, con tanto fervor y lágrimas, que no se puede contar ni dezir, como era que, aun el tiempo que estava en la cama con enfermedad o sin ella, la oían estar en oraçión y contemplaçión muy grandes ratos y horas. Y muchas vezes se levantava de noche (quando podía) a ver el çielo, y se estava mucho espaçio contemplando en la hermosura d’él y en la compostura de las estrellas; y tanto se robaba en esta sancta contemplaçión que [fol. 410v] veýa a Nuestro Señor puesto en la cruz y a Nuestra Señora con el niño en los braços, y cosas semejantes. Preguntava ella a las otras religiosas (que no estava siempre sola) si veýan ellas algo de lo que a ella le [a]pareçía; y, entre las muchas vezes que fueron estas y las cosas muchas que vio, acaesció que una vez se puso esta sancta muger a contemplar y meditar en la Sanctíssima Trinidad, cuya fiesta ella hazía todos los años con grande y singular devoción. Y fue tan grande el gusto spiritual que sintió y la demostraçión y sentimiento que hizo en aquella hora que, sin quedar ninguna dubda a las religiosas que estuvieron presentes, creyeron havérsele Dios mostrado y hecho grandes regalos. Otra fiesta de Nuestro Redemptor hazía çelebrar por su contento spiritual y mucha devoçión; y en esto y otras cosas particulares de esta manera fue en su tiempo exemplo de sanctidad a las que la conoçieron y conversaron. Fue maestra de las noviçias algunos años y, con tanto çelo y religión le exerçitó, que dexó de sí perpetua memoria, porque enseñava y tratava a aquellas nuevas plantas con tanta prudençia, consuelo y regalo como si fuera de cada una verdadera madre; y, quando era menester, usava de algún riguor, porque con la demasiada blandura no se acostumbrasen a floxedad en el servicio de Dios y de la communidad. También fue vicaria y, en los prinçipios que le dieron el offiçio, fue tanto el cuydado y zelo de las cosas de la communidad que con mucho más riguor andava en ellas que solía, ansí en lo que era menester en el coro como fuera d’él, sin que sintiesse falta alguna de su parte.
En su postrera edad fue tres años priora, que exerçitó aquel offiçio con un fervor grandíssimo del augmento y el acresçentamiento de la sancta religión, en tanto que lo que ella no podía por sus flacas fuerças se yva a Dios a pedirle favor para cumplir con lo que ella sola no podía; y, con muchas lágrimas, le supplicava [que] quitasse [fol. 411r] a las monjas todas las occasiones que eran causa para apartarlas de su amor. Esto hazía con tanto fervor, que después [4] muchas vezes se olvidava de sí y no advertía que la oýan las que estavan allí çerca, entendiendo lo que tratava y pedía a Dios, y las razones que dezía por sí y por sus hijas. Amávalas a todas con amor de verdadera madre spiritual; y era esto en tanto grado que, quando le yvan a dezir quexa o murmuraçión de alguna monja, entremetía otra plática spiritual para divertir [5] y estorvar lo que dezían; y, después; llamava en secreto a la monja de quien le davan la quexa y la amonestava y corregía como era menester. Guardaba esta sierva de Dios mucha prudençia en todas las cosas, juntamente con la charidad y amor maternal que devía a sus religiosas; y, por que no se sintiessen sus faltas (si tenían algunas), muchas noches se levantava la prudente madre después de averse acostado las que dormían en su çelda, sin que ninguna dellas lo sintiesse, y salía a çercar la casa y mirar las que estavan por recoger. Que lo hazía esto con este recato por que, si hallava alguna falta, la pudiesse emendar sin que lo entendiesse nadie. Y aborreçía mucho que las faltas agenas se supiessen y dixessen en público, y esto procuró siempre con el amor que tenía a las religiosas y la guarda de su honor y buen nombre. Y así hizo su priorato con mucha paz y consuelo de todas, y con mucho acreçentamiento en lo spiritual y lo temporal.
Acabados los tres años del priorato, muy pocos días después la visitó Nuestro Señor con una enfermedad de la qual murió. Y a la hora de la muerte tuvo grandes tentaçiones del demonio; y le respondía con grande esfuerço y ánimo a lo que le ponía, y dezía a bozes a las religiosas que allí estavan que hechasen aguna bendita para que se fuesse de allí el Demonio. Todo esto hazía con tanto sentido y advertençia que, en viéndola las monjas algo sosegada, le preguntavan si era [fol. 411v] ydo el Demonio, y les respondía que ya no estava allí, mas que tuviessen cuydado de hecharle del agua bendita si tornase. Esto acaesçió así algunas vezes, y con ello acabó la vida y muy sanctamente y con mucha fee y fortaleza, deziendo el creedo in Deum con las monjas con tanto spíritu como ellas mismas. De esta manera dio el spíritu a su Criador y Redemptor entre las palabras de la confessión en el mes de henero, día de Sancta Ynés, del año de mill y quinientos y setenta y dos.
El Viernes Sancto del mismo año apareçió esta sancta muger a Paula de los Ángeles, estando sola en su aposento; y con mucha afabilidad y buena graçia la habló y dixo cómo se yva a la gloria, y que havía hallado con Nuestro Señor gran misericordia, por lo que havía servido en el coro los años que tuvo a cargo de ser correctora. Y diole un aviso para çierta religiosa que ella la havía criado, que quería y amava mucho, y le dixese de su parte que no le apareçía porque sabía que no tendría ánimo para oyrla y aguardar el aviso que le dexava. Apareçió esta sierva de Dios en una nube muy clara y de mucho resplandor, según dio dello testimonio Paula de los Ángeles, que lo vio y estuvo con ella oyéndola en lo que contó de subir al Çielo y dar aviso a la que crió. También çertificó la religiossa a quien avía [6] criado Cathalina de los Reyes, y le mandó dar el aviso, que la vio y conoçió, aunque no tuvo ánimo para esperarla, sino que dio muchos y grandes gritos y bozes, diziendo que havía visto a su madre. Desto fueron testigos y dieron dello testimonio todas las religiosas que se hallaron presentes; y oyeron y entendieron todo lo que se dixo y suçedió deste apareçimiento. Paula de los Ángeles dixo que avía preguntado a Cathalina de los Reyes, quando le apareçió, si havía tenido que penar alguna cosa por los años que fue priora, y que le respondió que por esta parte no avía tenido ninguna deuda, porque en la enfermedad que tuvo antes de la muerte se le avían [fol. 412r] descontado los descuydos y las faltas que avía en el priorato; y no fue retenida en el Purgatorio por esta razón, pero que, por otras culpas, avía estado treynta días, y en ello se cumplió la voluntad de Dios de detenimiento, y subía a gozar al Çielo con los bienaventurados que allá están gozando d’Él. Fue muy amada de todas esta sancta muger, y ansí lo mostraron en la muerte, que la ayudaron en grandes oraçiones y muchas missas que le hizieron dezir; y ansí lo agradeçió ella, y dixo a Paula de los Ángeles quando le apareçió que diesse a todas las graçias, que havía sentido mucho favor con sus limosnas y oraçiones, y particularmente con las de çierta religiosa que havía hecho más que todas.
Notas
[1] El texto se vincula al epígrafe titulado: “Capítulo vigésimo secundo de la muerte del Papa Pío, quinto de su memoria, y de Cathalina de los Reyes, religiosa de San Pablo de Toledo”.
[2] En el texto se lee “corectora”, pero ha sido corregido por “correctora”, ya que parece ser un error del copista.
[3] En el texto se constatan dos variantes del mismo término: “tienpo” y “tiempo”, ambas en el fol. 409v.
[4] En el texto figura “después que”, pero se ha invertido el orden a “que después”, ya que parece tratarse de un error del copista.
[5] Divertir: en el sentido de “apartar, desviar, alejar”, (DLE, s.f., definición 2), [en línea], [disponible en https://dle.rae.es/divertir], (consulta: 03/10/2025).
[6] Se constatan dos variantes de “había”: “avía” y “havía”, todas ellas en los folios 411v-412r.
Vida impresa
Ed. de Lara Marchante Fuente; fecha de edición: mayo de 2018; fecha de modificación: mayo de 2019.
Fuente
- Sigüenza, Fray José de, 1605. “Libro Segundo de la Tercera parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo”, Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, doctor de la Iglesia, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III, Madrid: Imprenta Real, 505, 512-514.
Contexto material del impreso Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, doctor de la Iglesia, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III.
Criterios de edición
Para facilitar su lectura, esta edición moderniza el texto en aquellos puntos que no suponen una pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos del periodo y conserva la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico o por tratarse de cultismos (como agora, ansí, monesterio, recebir, redemptor u obscuro).
Se adaptan, por tanto, las grafías a las normas de ortografía vigentes (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y a la acentuación y puntuación de las normas gramaticales actuales. Igualmente, el uso de las mayúsculas y minúsculas respeta los criterios presentes del español, si bien se mantienen las mayúsculas como signos de respeto o de diferenciación con la palabra escrita en minúscula (Cielo, Esposo, Señor, Profeta, Reina del Cielo).
También se introducen las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En este sentido, conviene apuntar que, dentro de esta edición y en base a sus particularidades, se han incluido notas al pie en las que se especifican y desarrollan algunas ideas o palabras del texto impreso original.
Vida de Catalina de los Reyes
Capítulo LI [1]
[505] De otras muchas siervas de Dios que han florecido con gran ejemplo en el mismo Convento de San Pablo
[512] […] Catalina de los Reyes tiene cosas particulares en su vida y en el discurso de su religión que no podemos echarles tierra ni sepultarlas en olvido. Fue primero de las beatas, y después dio con las demás la obediencia a la orden, y en uno y en otro estado procedió valerosamente; en lo que principalmente se ocupó fue en loores divinos: treinta años fue correctora del coro, grande habilidad para esto, y así con gran voluntad y amor se ejercitaba en enseñar a leer y contentar a las que tenían falta desto, rogándoles con mucho afeto lo aprendiesen con gana, pues el principal ejercicio de las esposas de Cristo habían de ser las continuas alabanzas del Esposo. Sacó muchas y muy aventajadas discípulas, no solo en [513] esto, más aun en el espíritu, enseñándolas a cantar dentro del alma y en el corazón, como lo enseñó el apóstol, y así les declaraba a las novicias y a otras muchas cosas de los salmos según Dios le administraba, que a quien de veras y con fe le pide esta ciencia jamás la niega, ni falta un Filipo que enseña lo que tenemos gana de entender. Afirman della que jamás estaba fuera o ausente de la presencia divina, puesta en oración y consideración de los misterios de nuestra salud: que le hizo Nuestro Señor muchos y muy extraordinarios favores, visiones y revelaciones grandes. Mostrósele una vez puesto en la cruz, cual ella le traía siempre en su pensamiento, haciendo aquella reconciliación de unas enemistades tan sangrientas entre Dios y los hombres; otra vez vio a la santísima Virgen, con el hijo tierno en sus brazos, y que entrambos se le reían y se le mostraban amorosos, y desta manera recibió otros regalos.
Preguntaba algunas veces a las hermanas que estaban con ella si veían algo, pareciéndole a ella tan claro lo que se le mostraba en aquellas visiones imaginarias que entendía lo vían todas. Estaba una vez pensando profundamente en el misterio de Dios trino y uno, era en la misma fiesta de que era ella muy devota. Mostrole Dios algún relieve o semejanza de su gloria; como reverberó aquella luz en su alma resultó también alguna brizna o centella en el rostro, y puso en él tan extraordinaria mudanza y diferencia que cuantas la miraron conocieron claro que el Rey soberano hacía en ella algún sobrenatural efecto. Jamás pudieron sacarle nada, y aquel secreto, como discreta, guardole para sí, y así hacía en otros muchos casos semejantes, que es liviandad derramar fuera lo que no se dio sino para que luciese dentro. Fue maestra de novicias, después vicaria, y en los postreros tercios de la vida la hicieron priora, todo muy contra su voluntad mas todo tan bien hecho, que quedaron sus cosas como por regla para las que después vinieron. Como le faltaban ya las fuerzas cuando era priora, y no podía acudir a las cosas con el fervor y puntualidad que quisiera, íbase a quejar a Nuestro Señor del agravio que padecía y de las faltas que hacía a su parecer en el oficio. Hablaba con mucha sinceridad y llaneza con su Señor y sin advertir si la oían o no, y así se la ponían a escuchar algunas, porque se edificaban mucho de verla puesta en estas razones con Dios, unas veces excusándose, otras acusándose y otras rogando supliese las faltas que hacía, pues ni había entrado en aquello por su voluntad, ni tenía habilidad ni fuerzas para más.
Cuando llegó al paso postrero, tuvo muy recios debates con el Enemigo; respondíase a veces, él argüía, ella sustentaba (peligrosa conferencia con tan agudo dialéctico a quien no tuviera tan buenos descargos y soluciones); no mostraba tenerle ningún miedo, antes le reprehendía y baldonaba. Decíales a sus hijas que echasen agua bendita, y señalaba el lugar hacia dónde; preguntábanle si se iba o estaba, respondía con extraña seguridad “sí” o “no” cómo era la apariencia. Al punto de expirar dijo el Credo con tanta entereza y vivo sentimiento como cuando estaba sana, y en acabándolo se fue a ver aquello que con tan viva fe había creído, el día de la Santa Virgen Inés, para decir con ella: Ecce quod desideraui iam video, &c.
Fue notable el aparecimiento que la santa hizo de allí a algunos días a una monja que ella amaba mucho por ser gran religiosa: llamábase Paula de los Ángeles. Estando esta religiosa una noche en su celda se representó delante en una nube muy clara; era el Viernes Santo de aquel año mismo, [514] hablole con mucha familiaridad y gracia, díjole muchas cosas: lo primero, que ella iba a la gloria y que Nuestro Señor había usado con ella de gran misericordia por lo que le había servido en el coro los años que fue corretora. Preguntole Paula si había estado en purgatorio por el tiempo que había sido priora, respondió que no se le había hecho cargo desto porque en la enfermedad que tuvo se descontaron los defectos que había cometido, mas que por otras culpas de que no había satisfecho había estado treinta días en purgatorio; diole luego cierto aviso para una monja que ella había criado y querido mucho, encargándole que tuviese cuenta con lo que se le avisaba. Díjole también cómo agradecía mucho el gran cuidado que las religiosas habían tenido de encomendarla a Dios, y hacer por ella muchos sufragios, y que ella en la gloria rogaría por ellas a Nuestro Señor. Tan despacio y con tanta llaneza permitió el Señor que revelase esta santa su gloria. Casos raros, y que no se han de creer livianamente, sino cuando los testigos son de mucha aprobación de vida, y que no cojean con las cosas reveladas en lo que es conforme a nuestra profesión cristiana.
Notas
[1] Figura en el texto como Capítulo LI pero debería ser el LII, debido al error señalado en la edición de la vida impresa de María de Ajofrín por Sigüenza, pues repite el número de capítulo XLIV.