Catalina de San Miguel

De Catálogo de Santas Vivas
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Catalina de San Miguel
Nombre Catalina de San Miguel
Orden Jerónimas
Títulos Versicularia del Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo
Fecha de nacimiento Segunda mitad del siglo XV
Fecha de fallecimiento 1552
Lugar de fallecimiento Toledo

Vida manuscrita

Ed. de Mar Cortés Timoner; fecha de edición: julio de 2025; fecha de modificación: noviembre de 2025.

Fuente

Contexto material de la Biografía conservada en el anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33.

Criterios de edición

Biografía conservada en las páginas 230-234 del anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33. La biografía fue compuesta por la monja jerónima Ana de Zúñiga (Toledo c.1540-1594) y fue copiada, en 1881, en el citado libro (que contiene varios errores de paginación).

Dada la fecha de la copia manuscrita, la transcripción actualiza el empleo de las letras mayúsculas, la separación o unión de palabras, pero conserva “a el” y “de el” (que alterna con “del”). Asimismo, siguiendo las normas de la RAE, se moderniza la puntuación y la acentuación. Por último, se han regularizado las oscilaciones vocálicas e/i (“quiriendo”, “versecularia”) y o/u (“mormurar”), así como el empleo de “h” y el uso de b/v, c/z, g/j, ll/y, n/m.

Vida de Catalina de San Miguel

[231] La santa y muy dichosa Catalina de San Miguel vino a esta santa casa de San Pablo a servir a Nuestro Señor de muy poca edad. Fue gran monja y gran sierva de Dios, y muy llena de virtudes porque de todas era compuesta y tenía adornada su alma, especialmente de la virtud de la humildad, de la cual se preció tanto que, entre otras cosas, pidió a Nuestro Señor, de merced para esta vida, que fuese olvidada de todas las gentes de este mundo y, mayormente, de sus deudos y parientes. Y así acaeció que, con ser esta sierva de Dios de muy noble linaje y sangre, no fue entendida ni conocida su parentela h<a>asta después de muerta. Y cuando algunas veces la decían las otras religiosas que cómo no la visitaba nadie, respondía la santa mujer con la mucha humildad que tenía: “¿Quién soy yo para que nadie [232] me visite, ni por qué razón me tiene a mí que visitar nadie?”. Y con este intento fue toda su vida por el camino y carrera de la santa humildad y del menosprecio y olvido de las cosas del mundo, no queriendo ocupar el tiempo ni su entendimiento en las vanidades del siglo. Y para mayor muestra de su humildad, pidió de encender la lámpara para los maitines, que es oficio de las muy nuevas y novicias, no despreciándose de hacer esto y otras cosas semejante[s] aun en el tiempo de su ancianidad; y así lo ejercitó todo el tiempo de su vida. Y faltando de el coro quien dijese los versos o quien hiciese de versicularia [1], luego ella se ponía y los decía con grande humildad y voluntad.

Y queriendo esta sierva de Dios quebrantar en sí misma todos los sentimientos y cosas de imperfe[c]ción que en su persona sentía, y entendiendo que se le hacía de mal el ponerse ¿amaceta? [2] cuando alguna vez le ocurría venir a el coro, de acuerdo se quedaba algunas ve- [233] ces y entraba tarde, porque por esta manera quebrantaba su voluntad y la mortificaba haciéndose fuerza para po<r>nerse a la [a]maceta en contra de toda su voluntad. Y eran tan o[b]servante y religiosa que nunca usaba de lienzo, ni para vestir ni para la cama. Nunca supo tener cosa propia, sino todas las cosas de que usaba eran muy comunes a todas. Tenía una arquilla en que ponía algunas cosillas para sus necesidades, pero estaba tan común para todas que nunca la cerraba, sino que siempre la tenía abierta para que todas fuesen por lo que necesitasen. Y lo mismo hacía con todas las otras cosas que poseía, que todas eran más comunes que suyas propias. Sobre todas las cosas era esta santa mujer muy ocupada y dada a la oración. Y este era su principal ejercicio, no olvidándose de las cosas de la caridad que a ellas también acudía siempre. Nunca la oyeron murmurar ni decir mal de nadie; antes, todas las cosas que veía en las otras las convertía en bien, y to- [234] do era bueno y santo en su juicio y en su boca. Tuvo así mismo mucha paciencia en las enfermedades q[ue] el Señor la daba, y las llevaba con mucha paciencia y conformidad porque fuese probada su virtud, y perfeccionada, como lo dice el apóstol, que la virtud se perfecciona en la enfermedad [3].

Fue esta santa mujer muy devota de los santos á[n]geles y, particularmente, del arcángel San Miguel. Y así se tiene por cierta evidencia que la ayudaron en la hora de la muerte, porque murió muy gloriosamente, con gran suavidad y llena de merecimientos y virtudes. Y se fue al Cielo con los santos ángeles a gozar con ellos del Hacedor de todas las cosas, Jesucristo Rey de la Gloria, que vive y reina por siempre jamás, amén. Murió esta sierva de Dios siendo de mucha edad, en el año de mil quinientos cincuenta y dos.

Notas

[1] Es decir, se encargaba de cantar versículos. Véase REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.8 en línea]. <https://dle.rae.es/versiculario?m=form>

[2] No se ha conseguido interpretar esta palabra, que vuelve a aparecer un poco más adelante (en el mismo texto biográfico). Quizás remita al término “mareta”, es decir, exaltación o exitación de ánímo. Véase, REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.8 en línea]. <https://dle.rae.es/mareta?m=form>

[3] II Corintios 12, 9: “`Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad´. Así que muy a gusto me glorio de mis debilidades, para que resida en mí la fuerza de Cristo”. Véase: Conferencia Episcopal Española, Sagrada Biblia. <https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/2-corintios/>