Catalina de la Visitación

De Catálogo de Santas Vivas
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Catalina de la Visitación
Nombre Catalina de la Visitación
Orden Jerónimas
Títulos Monja del Monasterio de San Pablo de Toledo
Fecha de nacimiento Hacia 1538
Fecha de fallecimiento 1558
Lugar de nacimiento Toledo
Lugar de fallecimiento Toledo

Vida manuscrita

Ed. de Mar Cortés Timoner; fecha de edición: septiembre de 2025; fecha de modificación: noviembre de 2025.

Fuente

Contexto material de la Biografía conservada en el anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33.

Criterios de edición

Biografía conservada en el libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33. La composición de la biografía se atribuye a la monja jerónima Ana de Zúñiga (Toledo c.1540-1594) y fue copiada, en 1881, en el citado libro manuscrito. El texto aparece, según la paginación de la fuente (que contiene varios errores), en las páginas 313-318, que hacemos corresponder (según los criterios de numeración seguidos para la presente edición) con los respectivos números 323-328.

Dada la fecha de la copia manuscrita (que contiene varios errores derivados de la influencia de la lengua oral), la transcripción actualiza el empleo de las letras mayúsculas y la separación o unión de palabras, pero conserva “a el” y “de el” (que alterna con “del”). Asimismo, siguiendo las normas de la Real Academia Española, se moderniza la puntuación y la acentuación. Además, se ha regularizado el empleo de la “h” y las siguientes grafías: b/v, c/z, j/g, n/m, l/r, ll/y, r/rr, s/x.

Vida de Catalina de la Visitación

[323] [1] La primera se llamó Catalina de la Visitación. Esta religiosa fue natural de la ciudad de Toledo, y vino a esta santa casa de San Pablo a ser monja de edad de diez y nueve años, y vivió nada más que el año de noviciado y pocos días más. Y cosa dig- [324] na me parece poner aquí la conversión de esta santa religiosa porque fue muy maravillosa y digna de saberse, y fue de esta manera.

Estando la madre de esta santa doncella preñada de otra hija que también dio a luz, viéndose en un gran peligro y necesidad, prometió a Nuestro Señor que le ofrecería para su santa religión el fruto que pariese en aquel parto si el Señor <cual Señor> la socorría en su necesidad. Y el Señor la socorrió y, después, dio a luz una hija. Y esta señora tenía dos hijos varones y entrambos eran de la Iglesia. Y queriendo la buena mujer cumplir lo que a Nuestro Señor había prometido, deseaba que aquella su hija quisiese ser religiosa, y se inclinase a ello; porque aunque tenía esta otra hija primera, de quien vamos aquí tratando, no quería la madre que esta fuese religiosa, sino la menor, la cual no se inclinaba a ello.

Y teniendo la buena madre mucho cuidado de este negocio, ordenolo el Señor como a Él fue [325] más servido, y despertó en el corazón de esta santa doncella el deseo de ser religiosa, y comenzola a persuadir y a rogar a su madre; pero la madre no la quería oír, porque ella deseaba lo fuese su hija menor. Pero de tal manera esta santa doncella Catalina de la Visitación persuadió a su madre que la hizo venir en ello y de querer lo que ha< s >ta allí no deseaba ni quería. Y entre otras razones que la hija dijo a su madre para persuadirla a que la metiese monja fue decirla, con gran certidumbre, que ella tenía que vivir muy poco y que quería que la muerte la hallase en el servicio de Nuestro Señor, por manera que la madre se determinó a ello, pero deseaba saber dónde era la voluntad del Señor que entrase su hija a servirle. Y pidiendo esto a Dios con gran eficacia y devoción, oyó una voz que la dijo se fuese a otro día a la iglesia mayor, y allí encontraría un hombre bueno y siervo de Dios a el cual ella nunca había conocido ni tratado, y que él la encaminaría a el monasterio donde su hija mejor pudiera servir a Dios.

Y la buena ma- [326] dre se fue luego por la mañana a la iglesia mayor y, ordenándolo el Señor, halló allí a quien buscaba, y le dijo el deseo de su corazón. Y el dicho sujeto se encargó de tratar con las religiosas de esta santa casa de San Pablo para que recibiesen a esta santa doncella. Y por respecto de dicho sujeto, la recibieron luego. Lo cual hecho, entre tanto que se arreglaban las cosas para poder tomar el hábito, la sucedió a esta sierva de Dios que fue a la iglesia mayor a dar gracias a Nuestro Señor por la misericordia y merce[d] que su Divina Majestad la hacía en quererla por una de sus siervas y esposa[s]. Y puesta de rodillas delante de una imagen de Nuestro Señor amarrado a la columna, empezó allí la santa doncella a pensar en los dolores que el Redentor del mundo había padecido estando atado y amarrado a ella, y habiendo sufrido los azotes tan crueles y sin piedad como le habían dado. Y considerando esto con gran devoción y sentir lo mismo que contemplaba, suplicó muy de veras a Nuestro Señor la hiciese aque- [327] lla gracia y merce[d] de darla a sentir lo que su Majestad había allí sentido y padecido. Y el clementísimo Señor, que ya quería empezar a obrar g[r]andes cosas en esta su sierva, la otorgó lo que le pedía. Y, súbitamente, se levantó de aquel lugar lleno todo el cuerpo de muy grandes cardenales y sintiendo muy grandes y excesivos dolores de manera que fue necesario llevarla a su casa y curarla muchos días, aunque los médicos no entendían lo que era ni sabían cómo curarla. Y así pasaron algunos días, y, después que estuvo mejor de aquellos dolores, vino a tomar el hábito a esta santa casa de San Pablo, y se le dieron las religiosas con muchísima devoción, teniendo esta santa doncella diez y nueve años de edad.

Y en el año de noviciado se puso otra vez esta sierva de Dios a orar delante de otra imagen de Nuestro Señor también amarrada a la colu[m]na. Y suplicó a Nuestro Señor lo mismo q[ue] la vez primera, según arriba se dijo, y le sucedió lo mismo que ento[n]ces, sintiendo los mismo dolo- [328] res. Y los médicos la curaron por dolor de costado, pero la sierva de Dios bien entendió lo que tenía. Y dando esta sierva de Dios algunos buenos consejos a cierta persona que la tocaba en deudo le decía que todo aquello le amonestaba por su bien porque ella no había de vivir para las Pascuas de Resurrección; y así fue, porque murió por el mes de febrero. Y había hecho la profesión el día de San Juan Bautista del mismo año.

Dijo más a una persona que tenía cierta enfermedad que ella había tenido y tenía, y estando muy mala, y viendo que aquella persona lloraba por ella, la dijo: “No lloréis por mí, llorad [2] si por pensar que esa enfermedad que tenéis os ha de causar la muerte, pero no tengáis pena que yo suplicaré a el Señor que os la quite”. Y así sucedió, según después lo certificó la misma persona, diciendo que había sanado pocos días después q[ue] esta sierva de Dios murió.

Fue esta sierva de Dios natural de la ciudad de Toledo, y fue su muerte con un contento y alegría extraño, como quien se [i]ba a gozar de Dios en la gloria por siempre jamás.

Laus Deus, amen.

Notas

[1] Aunque la sección solamente contiene la biografía de Catalina de la Visitación, el epígrafe alude también a las dos vidas que aparecen en las dos breves secciones posteriores (separadas por una línea de puntos alargados): “Historias de tres religiosas muy siervas de Dios, y todas tres murieron en el año de mil quinientos cincuenta y ocho”.

[2] Se ha corregido “llorar”.