Cambios

Saltar a: navegación, buscar

Juana de la Cruz

307 bytes añadidos, 10:23 10 sep 2017
m
sin resumen de edición
===[PRIMER AUTO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN]===
[fol. 2r] Este auto es el que hazen en la casa de la labor el día de la sepoltura de Nuestra Señora.
 
(Entra el ángel y anuncia a Nuestra Señora su muerte gloriosa.)
os presento, Reina nuestra.
 
Nuestra Señora – Señor de la Magestad,
a tus apóstoles vea.
 
Ángel – Vuestros ruegos son oýdos,
ya por las puertas ha entrado.
 
San Juan – Sálvete Dios, Virgen pura,
de dezir lo que mandaba.
 
Nuestra Señora – Hijo y apóstol amado,
porque de todo se os debe.
 
San Juan – ¡O, si todos mis hermanos,
y dignas de gran memoria.
 
(Entra san Pedro.)
por la muerte compasión.
 
(Dizen los apóstoles de rodillas...)
 
Señora de lo criado,
Dinos, Señora, qué mandas.
 
Nuestra Señora – Para mi consolación
me manda al Cielo subir.
 
Los apóstoles – Guérfanos solos y tristes
nos tengas en tu memoria.
 
Nuestra Señora – Siempre en el Cielo seré
¿Qué será sin ti de nos?
 
(San Juan da la palma a san Pedro.)
en el día postrimero.
 
(San Pedro buelve la palma a san Juan.)
El Padre – Ángeles que sois criados
 
a la imagen de Dios,
 
conoced vuestro Señor,
 
adoralde, que os ha criado.
 
Adorad su gran poder,
 
adorad su gran bondad,
 
adorad su gran saber
 
con que os quiso criar.
 
Mirad vuestra hermosura
 
y de quién la recibistes,
 
conoced que sois criaturas
 
y criaros no podistes.
 
Adorad al que os crió
 
con tan grande poder,
 
adoralde porque os dio
 
libre y franco alvedrío,
 
adoralde porque es digno
 
ser de todos adorado.
 
Adoralde, hijos míos,
 
y seréis santificados.
 
Lucifer – ¿Quién eres tú que nos hablas
 
con tan grande magestad?
 
¿Quién eres tú que nos mandas
 
que te vamos adorar?
 
Muéstranos la tu figura,
 
pues oýmos la tu voz,
 
tú, que estás en las alturas
 
y dizes que eres Dios.
 
El Padre – Hijos, yo soy el que soy,
 
sin principio y sin fin,
 
yo soy vuestro Criador,
 
yo soy el que siempre fui.
 
[fol. 4v] Yo soy el que os crié
 
con charidad infinita,
 
para que de mí gozéis
 
y d’esta Gloria bendita.
 
Conoced que es toda mía,
 
que de vos no tenéis nada.
 
A la Magestad sagrada
 
adoralda, que es muy digna.
 
Lucifer – Di, ¿qué cosa es adorar,
 
pues mandas que te adoremos?
 
Aunque primero veremos
 
quién se merece adorar...
 
El Padre – Adorar es humillaros
 
so la mano poderosa
 
de vuestro Dios soberano,
 
que hizo todas las cosas.
 
A Él solo pertenece
 
adoralle de hinojos
 
con la boca y con los ojos,
porque solo Él lo merece. 
También es mi voluntad
 
de ensalzar a un varón,
 
al qual havéis de adorar
 
y tenerle por Señor.
 
Ha de subir de la tierra
 
a ser conmigo una cosa,
 
y quiero que desde agora
 
le prometáis obediencia.
 
Lucifer – Vosotros no consintáys
 
en esto que avéis oýdo,
 
si alguno se ha de adorar
 
yo solo soy el más digno.
 
No ay aquí otro poderoso
 
que pueda ser adorado,
 
en este reyno precioso
 
yo devo ser ensalzado.
 
El Padre – Mirad bien lo que hazéis,
 
catad que os amonesto,
 
contra Dios no os levantéis,
 
que caerá vuestro cimiento.
 
[fol. 5r] Humillaos y someteos,
 
no queráis ansí ensalzaros,
 
por que no seáis derribados
 
donde no halléis remedio.
 
Lucifer – ¡Baja, baja de lo alto
 
tú, que ansí nos amenazas,
 
y veremos en lo bajo
 
quién tiene maiores alas!
 
Yo tengo alas tan lindas
 
que si empieço de bolar
 
tengo de poner mi silla
 
delante la Magestad.
 
(Aquí toma Lucifer la silla y la arroja en alto y dize...)
A mí tenéis de adorar
 
todos quantos sois criados,
y si otra cosa pensáis
 
¡ayámoslo a las manos!
 
(Aquí se levanta san Miguel y dize...)
San Miguel – ¿Quién es el que se levanta
 
contra la gran Magestad?
 
¿Quién es el que siendo nada
 
con Dios se quiere igualar?
 
Güelgue tu divinidad,
 
nuestro Dios, y ten descanso,
 
que para por ti tornar
 
yo quiero tomar la mano.
 
Tú solo seas adorado,
 
poderoso, uno y trino,
 
Tú solo seas ensalzado,
 
pues que Tú solo eres digno.
 
Salga luego a pelear
 
el que se toma con Dios,
 
que lo quiero yo vengar.
 
¡Muramos aquí los dos!
 
Los que deseáis su honrra
 
salid luego aquí conmigo,
 
tomemos por nuestro Dios
 
contra este enemigo.
[fol. 5v] Con ayuda del Divino
 
y sin temor ni flaqueza,
 
mas con esfuerço de amigos,
 
¡empiécese la pelea!
 
(Ahora se matan las luzes y queda escuro, y comiençan a hazer ruydo como de pelea. Y habla el Padre y dize tres vezes que cese la pelea, y a cada vez cesa, y la postrera vez habla el Padre maldiziendo a los malos y, en cayendo los ángeles malos, encienden las luzes.)
 
El Padre – Yd, malditos, al Ynfierno,
 
donde está la mala andança,
 
que yo os juro por mí mesmo
 
que no entréis en mi holgança.
 
En esa perseverancia
 
de sobervia que tenéis,
 
en esa malicia tanta,
 
endurecidos seréis.
 
Para siempre quedaréis
 
sin tener conocimiento,
 
y sin fin os estaréis
 
en vuestro endurecimiento.
 
(Este dicho ha de ser a escuras.)
Los ángeles – Adorámoste, Señor,
 
porque criarnos quisiste,
 
adoramos el favor
 
con que vencernos hiziste,
 
adoramos la vengança
 
que hiziste con justicia
 
a los que con gran malicia
 
despreciaron tu alabança.
 
(Agora sacan las luzes.)
El Padre – Gozad ya de mi presencia
 
los que me avéis conocido,
 
yo os prometo, como amigo,
 
que nunca tengáis mi ausencia.
 
En mi vista y gran poder
 
oy seréis santificados,
 
[fol. 6r] para nunca poder ser
 
de vuestro Dios apartados.
 
Los ángeles – Hazedor de maravillas,
 
Señor Dios que nos criaste,
 
mira las sillas vazías
 
de aquellos que derribaste.
 
El Padre – Entre vosotros está
 
por quien han de ser pobladas:
 
es la Virgen singular,
 
digna de ser ensalzada.
 
Traédmela, mis amigos,
 
ella es la merecedora
 
de ser junta aquí conmigo,
 
como de todos Señora.
 
Venid, mi hija amada,
 
venid, paloma querida,
 
venid, esposa escogida,
 
ven para ser ensalzada.
 
Ven de Líbano, mi amada,
 
ven de Líbano, hermosa,
 
rubicunda plusquam rosa,
 
ven y serás coronada.
 
(Agora van los ángeles por Nuestra Señora, y se hincan de rodillas delante d’ella y dizen lo que se sigue...)
Los ángeles – Ven, Señora la más digna,
 
que te llama el alto Padre
 
para ponerte en su silla,
 
como de su hijo madre.
 
Ven, nuestra Reyna admirable,
 
por quien el Cielo se abrió,
 
que el Señor que te crió
 
te espera con gozo grande.
 
(Estando los ángeles de rodillas delante de Nuestra Señora, habla esto sentada...)
Nuestra Señora – Sicut cipres levantada
 
soy en el monte Sión,
 
sicut cedrus ensalzada
 
in Líbano sola soy.
[fol. 6v] In plateis di olor
 
de bálsamo y de canela
 
y quasi mirra, electa
 
di muy suave olor.
 
(Agora llevan los ángeles a Nuestra Señora hasta donde esté el Padre, cantando ‘O gloriosa Domina’. Híncase Nuestra Señora de rodillas y habla con el Padre lo siguiente...)
Nuestra Señora – La mi ánima engrandece
 
y alaba con gran firmeza
 
a ti, Dios, y a tu grandeza,
 
que toda gloria merece.
 
Alabo tu grandeza
 
y la tu suma bondad,
 
porque quisiste acatar
 
la humildad de la tu sierba.
 
(Aquí toma de la mano el Padre a Nuestra Señora y la asienta a su lado.)
El Padre – Esta es vuestra Señora,
 
vuestra Emperatriz y Madre.
 
Mis amigos, desde agora
 
le ofreced el omenaje
 
como a mi propia persona.
 
Quiero sea obedecida,
 
pues de todos es Señora
 
y no hay otra tan digna.
 
(Los ángeles de rodillas.)
Los ángeles – Como siervos y vassallos
 
te damos el omenaje,
 
cada uno suplicando
 
nos recibas por tu paje.
 
Nuestra Señora – Por hijos y por amigos
 
os recibo, y por hermanos.
 
Ayudadme, hijos míos,
 
a rogar por los humanos,
 
sientan ya los pecadores
 
que, pues ya soy ensalzada,
 
[fol. 7r] que para los sus dolores
 
en mí tienen abogada.
 
(Aquí se hinca de rodillas Nuestra Señora y habla con el Padre lo siguiente...)
Nuestra Señora – Padre mío perdurable,
 
pues que yo estoy en el Cielo,
 
sientan que en mí tienen madre
 
los que quedan en el suelo.
 
También pido, Padre eterno,
 
por este gozo inefable,
 
que nunca vea el Infierno
 
el que mi nombre llamare.
 
El Padre – Hija mía muy amada,
 
razón es seáis oýda
 
y que sea socorrida
 
por vos la natura humana.
 
(Agora asienta el Padre a Nuestra Señora y habla con San Michael.)
El Padre – Michael, mi grande amigo,
 
ven acá, pues lo has ganado,
 
con los más juntos conmigo
 
quiero que seas asentado.
 
Mi poder pongo en tus manos
 
para que todas las almas,
 
desde aquí lo ordeno y mando,
 
por ti sean juzgadas.
 
La vara de mi justicia
 
desde oy te la encomiendo,
 
pues venciste la malicia
 
del que mereció el Infierno.
 
San Michael – Señor, ¿quándo merecí
 
por tan pequeño servicio
 
que te acordases de mí
 
con tan grande beneficio?
 
Yo te ofrezco en sacrificio
 
mi espíritu y todo yo,
 
para todo tu servicio,
 
como siervo a su señor.
 
(Acábase cantando ‘Laudate Dominum omnes gentes’.)
===[ORACIÓN DE JUANA]===
[fol. 7v] Dijo el Señor, hablando por la voca de nuestra madre sancta Juana, que dixessen estas palabras a la hora de la muerte, que les serían grande ayuda, las quales son las que se siguen:
 
El Señor, que suelta los presos,
 
suelte a esta. Jesús, María.
 
El Señor, que alumbra a los ciegos,
 
alumbre a esta. Jesús, María.
 
El Señor, que sana a los contritos,
 
sane a esta. Jesús, María.
 
El Señor, que socorre a los necessitados,
 
socorra a esta. Jesús, María.
 
El Señor, que alegra a los tristes,
 
alegre a esta. Jesús, María.
 
El Señor, que perdona a los pecadores,
 
perdone a esta. Jesús, María.
 
El Señor, que salva a los indignos,
 
salve a esta. Jesús, María.
 
O, tú, Rey de los sanctos, confórtala.
 
Jesuchristo la defienda. Amén.
===[COLOQUIO DE JUANA CON EL SEÑOR]===
[fol. 8r] Estas palabras son un coloquio de nuestra madre santa Juana que tuvo con Nuestro Señor, y respuesta suya. Cántanse el día de la Cruz de mayo, que fue quando murió.
 
 
[Esposa] – Esposo, ¿si avéis oýdo
 
quién me robó mi sentido?
 
 
[Esposo] – Esposa mía, en verdad
 
no vos devéis maravillar,
 
que mi dulçura es tal
  d’esto se havía recrecido1recrecido ''[1]''.  
Esposa, yo os lo diré:
 
vos tenedes muy gran fe
 
y a bueltas queréisme bien,
 
y a esta causa abrá sido.
 
Y no ayades d’esto pena,
 
que antes es dicha muy buena
 
que tengáis gracia tan llena,
 
pues que d’ello es Dios servido.
 
No seáis desagradecida,
 
ni estéis entristezida,
 
porque gracia tan crecida
 
publico vos ha venido.
 
Otras personas abría
 
que d’esto abrían alegría,
 
y de verse cada día
 
donde vos os avéis vido.
 
¡Y tenéis poca constancia,
 
y casi desesperança,
 
de posseer la folgança
 
que vos ha aparecido!
 
En Dios devéis esperar
 
y no vos debéis turbar,
 
que Él os puede salvar
 
porque es de bondad cumplido.
 
Y si ansí lo hazéis
 
cierto muy bien libraréis,
 
[fol. 8v] y si en virtudes crecéys
Dios oyrá vuestro gemido.

Menú de navegación