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→Vida de Juana de la Cruz
Oración [7]
‘Adórote, cruz preçiosa, adórote sancta cruz, y adórote ''sanctíssimum lignum inter omnia lingua''. Adórote, sancto madero, adórote, trono de Dios, adórote, escaño de los sus pies, con el qual justiçiara y pisara los peccadores y les hera ver y conoçer cómo solo Él es el Señor y criador del Çielo y de la tierra, y juez de los vivos y de los muertos. Adórote, galardón de los justos, por el qual se salvan y justifican. Adórote, deleyte de los ángeles. Adórote, penitençia de los peccadores. Adórote, tálamo de Dios, en el qual está puesta su corona real. Adoro los clavos y tenazas y martillo y escalera y lanza. Adoro el redemptor en ti puesto. Adoro mi salvador, adoro su sancto bulto, adoro su santa faz. Vendigo y glorifico y adoro sus sanctos miembros, todos dende las uñas de los pies y plantas hasta ençima de la caveza, que son los cavellos. Adórote, árbol sancto de la vera cruz, árbol frondoso, florido y graçioso. Las sus flores eternas sin [¿?], colores perfetos de nunca cansar, perfetos e dulçes sin secar, frutas saludables, preçioso manjar muy mantenedor a quien lo supiere gozar y gustar’. ===Capítulo XIV==='''De una revelaçión que esta bienabenturada le fue mostrada açerca de un ánima''' Preguntando a esta bienabenturada las religiosas de su convento e monasterio por el ánima de un padre religioso de su misma orden, que fue su vicario y confesor e murió en el dicho monasterio siendo [fol. 75v] vicario, el qual se llamava fray Pedro de Sant Tiago, persona muy notable y de mucha sanctidad e virtudes, si havía savido el estado de su ánima, respondioles, diziendo: “Yo he suplicado a Nuestro Señor, su Divina Magestad tuviese por bien de revelar al sancto ángel mi guardador el estado de aquella ánima, e le diese liçençia me lo dixese. Y a mi sancto ángel le dixe mi deseo. Y como, señoras, deseáys saver el estado de aquel ánima y lo suplicáys, respondí a vuestra petiçión y mía. Respondiome: ‘Pues tanto rogáys y deseáys ver el ánima de este religioso, anda acá conmigo, y para mientes con atençión lo que verás’. E tomándome por la mano, llevome a un jardín de ynumerable hermosura e frescura, en el qual havía árboles de diversas maneras, llenos de muy hermosas colores, y en ellos muchas aves de mucha hermosura cantando muy dulçemente e grande armonía. Y los muros e adarbes y todos los edifiçios que allí stavan heran labrados de oro, e bariedad de perlas e piedras preçiosas, y todo muy resplandeçiente e de gran hermosura. Y dentro de este deleytoso bergel estava un palaçio muy ricamente labrado e de gran claridad, en el qual estava un trono muy alto, todo de pedrería, y en este estava sentado Nuestro Señor Jesuchristo. Junto, en otra riquíssima silla e trono, estava assentada Nuestra Señora, en presençia de los quales estava, de rodillas e postrada en el suelo, el ánima de este religioso, y pareçiéndome estava bestido de su ábito pardillo, e todo en la forma y manera como quando estava en el cuerpo. E a desora, yncontinenti, estando él así, mirando y contemplando él a tan gloriosa visión de Dios y de su gloriosa madre, a la qual hera él en gran manera devoto y servidor, vinieron allí presentes quatro vírgines: la una, la señora Sancta Catalina, e la otra Sancta Çiçilia, la otra Sancta Bárbara, e la otra la gloriosa Sancta Clara. Y entre ellas estava sancta Ana, muy çercana a Nuestra Señora, más que ninguna de las otras. Y estas sanctas vírgines, por mandado del poderoso Dios y de su sacratíssima madre, tenían [fol. 76r] en sus manos bestiduras blancas e muy candidísimas, e resvistieron al dicho padre de aquellas vestiduras, que heran como a manera de ornamentos que se visten los prestes para dezir missa. Y después que le huvieron revestido a manera de saçerdote, llegó la señora Sancta Ana, y ençima del alma, que tenía bestida, hechole una almática colorada, como a diácono; e la Reyna de los Çielos, Virgen Sancta María, con sus sacratíssimas manos, le vistió una casulla más blanca y resplandeçiente que el sol, y ençima le puso un manto azul con estrellas de oro, el qual manto hera muy valeroso y de pontifical. Y junto con esto pareció, a deshora, coronado de mitra e abreola muy resplandeçiente, todos junto ençima de su caveça, la qual le hermoseava e auctoriçava mucho. Y en las manos le pusieron una bara muy pintada, como çetro, con una manzana de oro en la çimera, y en ella figurada la ymagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en brazos. E después que assí estuvo bestido e adornado, con alegre gesto empezó a cantar, diziendo: ‘Gloria sea a ti, Señor Dios poderoso, que por tu benignidad visitaste la tierra y truxiste la gente a tu conoçimiento’. Y la Virgen María dio su glorioso fruto, y esta postrera palabra replicava por tres vezes, diciendo: ‘Dio su glorioso fruto’. Y esto hecho, a deshora desapareçió esta gloriosa visión. “E otra vez, estando yo elevada, deseava mucho hablar aquella bendita ánima de aquel glorioso padre. Y estando con este desseo, a deshora vi venir en una muy hermosa y conçertada proçessión, la qual guiava el señor Sant Pablo apóstol, y junto con él yba de la una parte el señor Sanct Pedro y de la otra el señor San Juan Evangelista; y en esta solemníssima proçessión yban muchos sanctos mártires y confesores, entre los quales yba el bienaventurado padre fray Pedro de Santiago, [fol. 76v] e mirávame él con atençión. Hablome palabras formadas, diziendo en su acostumbrada habla, que de humildad y menospreçio él solía tener, alçando el cuello y caveza hazia en alto, dezía ansí: ‘Que este es Dios, que save desnudar presto el pellejo al hombre que crió, el qual quedó allá como el de la culebra’. Yo, desseando saver si yo en los pocos días pasados que finó si había ydo o estado en Purgatorio, y no pudiéndoloselo preguntar, luego respondió a mi pensamiento, diziendo: ‘Por allí pasé, y estaban unas simas muy grandes, llenas de ánimas llorando y gritando con gran clamor. Y yo verdaderamente allí pensé quedar, mas la Virgen María no me dexó caer’. Y dicho esto, cesó el bendito religioso de me mirar y hablar, y fuese cantando en la proçessión. Y yo quedé consolada de la tal revelación. “E ansimesmo me consolé pocos días, estando otra vez elevada. Y fue que me vinieron allí al lugar donde yo estaba, que es donde mi sancto ángel me pone, nuestro glorioso padre Sant Francisco e Sancto Domingo. Y gozándome yo con ellos, dixo el señor Sancto Domingo a nuestro glorioso padre Sant Franscisco, riendo: ‘Ya sabe vuestra sanctidad que esta hija, que vos tanto amas en la caridad de Christo, la qual llamas vuestra gallinita, porque devajo de sus alas cría y ampara muchas ánimas de vuestra orden, y aún también de la mía, parézeme [¿gran?] a mí que es mi hija por derecho, y no vuestra, pues fue primero llamada a mi orden y desseada de mis monjas, y aún también de mis frayles, y buscada con arto cuidado; e quando ella fue a tomar el ábito a vuestra bendita orden, si la mía estuviera tan cerca como la vuestra, señor, le tomara en la mía, porque tenía notiçia della, y por esto deve ser mi hija’. Respondió nuestro glorioso padre Sant Francisco, con semblante amoroso y risueño: ‘A eso avrá de perdonar vuestra sanctidad, que no es sino mía, pues tomó el ábito de mi orden, y está en ella de tan buena voluntad’. Tornó el señor Sancto Domingo a dezir que no hera sino suya, y de esta manera estuvieron por algún espaçio de tiempo con mucha gloria y perfeta caridad de amor. Y vinieron en [fol. 77r] conçierto que quedase a lo que yo quisiese, diziendo el señor Sancto Domingo: ‘Queremos te mostrar nuestros ábitos, a ver de quál te agradas más’. E mostrome el suyo, muy blanco y puro, que significava la sanctidad y limpieza de Nuestra Señora la Virgen María, Madre de Dios. E nuestro bienabenturado padre Sant Francisco mostrome el suyo, humilde, y pobre e sangriento, que significa la sagrada Passión e llagas de Nuestro Señor Jesuchristo, las quales havía el mesmo Christo, Señor mío, transformado en Él. Respondí: ‘El que más me agrada y quiero de estos sanctos ábitos es el que está teñido en la Pasión e llagas de mi Señor Jesuchristo’. E tomándole en las manos, le abrazé e besé con mucho amor y reverençia. Entonzes, tomando el señor Sancto Domingo de la mano a nuestro padre Sant Françisco, le dixo con grande amor y dulçedumbre: ‘No os devéys maravillar que tal joya como esta desee yo para mi orden’. Y diziendo esto, se fueron con mucha alegría y gozo. “Estando yo elevada el día de la sancta purificaçión de Nuestra Señora la Virgen Sancta María, gozando de las maravillosas fiestas que este día çelebran en el Reyno de los Çielos, que Dios tuvo por bien de me querer mostrar, díxome mi sancto ángel: ‘Assí como en este tal día profetiçó el justo Simeón a la soberana Virgen y Madre de Dios que su preçioso hijo, redemptor del género humano, havía de ser cuchillo de dolor que traspase las entrañas de su piadoso corazón, assí te digo yo a ti que presto verás los pensamientos de los que mal te quieren e bien te quieren’. ===Capítulo XV==='''De cómo quitaron de abbadesa a esta bienaventurada, y qué fue la causa''' Como esta sancta virgen, siendo abadesa, oyó dezir que personas eclesiásticas conduzía de aver para sí un beneffiçio que el monasterio tenía de un lugar muy çercano a el llamado Cubas, y que [fol. 77v] ordenavan de embiar a Roma por bulla para ympetrar el benefiçio al monasterio, diziendo que las mugeres, aunque fuesen religiosas, no heran sufiçientes para ser cura de ánimas de personas seglares ausentes dellas, pesole mucho, por la neçessidad que las religiosas tenían d’él, y desseava saver alguna manera con que pudiese remediar. E fuele dicho por algunas personas eclesiásticas letradas que no havía otro remedio para escusar este peligro, que tan a la mano estava, ni ymbiar por una bulla al Papa, señalando persona sufiçiente para estar en el serviçio curado por el monasterio y, siendo tal, no le pudiesen [¿evitar?] las monjas mientras viviese, no haziendo cosa de mal exemplo después de esta persona difunta, el monasterio proveyese otro [¿?] con las condiçiones susodichas. Y de esta manera, le podrán tener muy seguro. Y esta bienabenturada, oyendo el tal consejo, holgó dello, por el remedio que dezían, mas no lo quiso efetuar sin consejarse primero con su santo ángel, al qual dixo lo que le havían consexado, suplicándole su hermosura le dixese si hera peccado haçerlo. El sancto ángel, dixo esta bienabenturada, que le respondió: “No es peccado, sino caridad; mas podría ser venirte por ello alguna reprensión o menospreçio a tu persona”. Ella le dixo: “Pues dezís, señor, que no es peccado, e lo demás quiérome atrever por el remedio del monasterio, aunque por ello aya de resçivir reprehensión e menospreçio. Eso desseo, más que ser querida y estimada”. Y satisfecha por el sancto ángel no ser peccado, antes buena obra, hizo llamar a su bicaria con algunas religiosas, y en su presencia, con su consentimiento, ordenó una petiçión para el Papa. Y firmola esta bienabenturada como abbadesa, e su vicario, y otras tres religiosas en nombre del convento. E diola a una persona, que a la saçón yba a Roma, devoto del monasterio, el qual la traxo más por limosna [fol. 78r] pagando él la más parte, y el monasterio solamente dio siete ducados para ella. Y el demonio, el qual pidió liçençia a Nuestro Señor para perseguir a esta bienabenturada, puso en el corazón de esta su vicaria muchos pensamientos y juyzios maliçiosos, la qual de secreto yndinó a otras personas con sus malos consejos, por cuya vía secreta hizo saber a los perlados cómo esta sancta virgen havía traído bulla para dar el serviçio del curado sin liçençia dellos; la qual bulla causava peligro para perder el beneffiçio el qual peligro remediasen. Y no solamente dañó la yntençión, mas creçió el preçio de la bulla haver dado el monasterio más de los siete ducados. E la persona que al presente que en ella venía señalada para en quanto al servicio, hera un hermano de esta sancta virgen, porque de antes de esto residía en el curado, puesto por mano y voluntad de los perlados, porque hera persona sufiçiente y aparejado a toda virtud, y el pueblo estava contento d’él. Y estando todos los perlados y discretos de la orden sabidores de esta bulla, por la informaçión secreta vino una persona de los perseguidores de esta bienabenturada a hablar con ella, diziéndole hiziese quemar la bula que tenía del Papa, y quemada se podría remediar algo de lo que contra ella hera levantado. Y viendo ella no le convenía husar de este consejo, respondiole, diziendo: “Nunca Dios querrá tengan tan poco temor d’Él mesmo que queme las letras apostólicas con tan buena yntençión y líçita causa pedidas. Aquí estoy aparejada a padeçer por amor de mi Señor Jesuchristo lo que me viniere”. Y viniendo el perlado al monaterio, disimulando que no savía de esta bulla, hablole esta sancta virgen en secreto. Y con mucha humildad le dixo su culpa, manifestando la yntençión con que le havía pedido, y cómo en ella havía señalado a su hermano, porque hera persona fiel al monasterio, y residía en el serviçio de la mano de voluntad de perlados pasados e acontentamiento de todo el [fol. 78v] convento. E diziendo esto, diole la bulla en sus manos para que hiçiese della lo que fuese su volutnad; el qual le respondió que él lo haría lo mejor que pudiese, e lo comunicaría con los discretos de la orden, e todos se la tornarían con condiçión. E llevando consigo la bulla, ayuntó los discretos de ella e letrados religiosos e seglares, en la qual congregaçión fueron hechas grandes acusaçiones contra esta sancta virgen, dañando su yntençión e perfetas obras; las quales acusaçiones plugo a Nuestro Señor mostrárselas a ella en spírictu quando se tratavan, y vio, y vio y conoçió todas las personas que allí heran, e lo que a cada una le acusava. E visto todo lo que pasava, díxole su sancto ángel: “¿As entendido por qué te an sido mostradas estas cosas?”. Díxole ella: “Dígamelas vuestra hermosura, y entenderlo he”. El sancto ángel le resplicó: “Esto es para que conozcas estas personas que te son causa de ganar coronas de gloria, y les agradezcas tam buena obra como tú aquí resçives con las cosas que te son levantadas, y ruegues a Dios por ellas, les dé su graçia, con que enmienden sus vidas, e amen a sus próximos con caridad, según Dios lo manda”. Estando esta bienabenturada en su çelda orando una noche delante una ymagen del Señor del Huerto, suplicándole con muchas lágrimas por socorro y ayuda en las presentes tribulaçiones que tenía, fue tan grande su llanto e sollozos que pareçía quería espirar. Y de rato en rato dezía, como entre sí: “Qué triste relación”. Y esto oyó una de las religiosas que la meneavan e rodeavan de noche, por su enfermedad e tullimiento, la qual estava despierta quando la sancta virgen hazía sus esclamaçiones y llanto. Y esta religiosa estava muy angustiada, deseando saber la causa de su tan grande pena. Y çesando esta bienabenturada de llorar, llamó para que la volviesen. E yendo la religiosa que la havía oýdo, suplicole le dixese la causa de su tan grande llanto. La sancta virgen le respondió: “No tengo qué deziros. Llorava porque soy peccadora”. [fol. 79r] E tornándola a importunar diziendo cómo la havía oýdo dezir de rato en rato “O, qué triste revelaçión”, dixo la bienabenturada: “Verdad es que yo dezía esas palabras, y con mucha raçón, porque estando yo en mis esclamaçiones, salió de la ymagen del Señor del Huerto una voz que pareçía a manera de lloro, diziendo: ‘Mançilla tengo de ti, viendo las sentençias que sobre ti están dadas por el mi Padre çelestial. E assí como no fue [¿?] revocada la mía en el tiempo de mi Passión, aunque yo solo rogué y lloré, no quiere la divina clemençia no revocar, ni dexar de executar tus penas, las quales no pasarán por ti sola, pues muchas ánimas se te an encomendado, de cuyos peccados las penas todas de ese mundo son pequeñas para satisfazerse. E otra vez te digo, lloro por ti, y ruego por ti, mas tus alas serán quebradas no solamente las quatro, y las seys que tienes, mas las doze. E todos los miembros e tu cuerpo será como trillado, assí como hazen al pan para sacallo el grano’. Yo respondí: ‘Señor, arto quebradas veo mis alas y triste cuerpo tullido’. Respondió la sancta voz: ‘No es eso nada a lo que se a de quebrar y deshacer, e saber e que creçerán’. Yo le dixe: ‘Señor, ¿pues los sanctos a quien yo me encomiendo en sus fiestas, no ruegan por mí?’. Respondió la voz que salía de la ymagen: ‘Si quieres rogar a los sanctos, no se lo vedo, empero agora no se te escusará creçerte el mal, e las personas antes no podrán darte remedio ninguno para el cuerpo, aunque su oraçión dellas aprovecha para el alma, porque quando tal sentençia es dada, solo Dios la puede revocar. Mas no dexes de clamar a los sanctos rueguen por ti, y más a mi madre Sancta María e a mí, que lloro lágrimas dulzes por ti’. E oyendo tales palabras fue tanto mi llanto que quería espirar, e dezía las palabras que dezís me oýstes”. Estando esta bienabenturada [fol. 79v] en su zelda otro día, viernes a la medianoche, le fue mostrada una visión muy dolorosa, que le pareçía se avría todo el Ynfierno, o veýa los demonios d’él en el monasterio. E havía tantos y tan espesos, que desde el suelo de la casa hasta la cumbre de los texados, y en los ayres, los veýan tan espesos como andan las matas muy espesas en el rayo del sol. Y veýanlos en muchos géneros de figuras, el suelo del monasterio estar lleno dellos, a manera de animalías rastables como culebras, lagartos e sapos, e salamanquesas e de otras muchas maneras de sabandixas ponzoñosas. Ansimismo, veýa dellos como canes, lobos, toros e leones, e osos e todo género de bestias bravas e de carga. Veýalos en el ayre a manera de cuerbos e buytres, y murciégalos y de otras figuras todas muy temerosas y feas. Y todas e cada una, según su espeçie, bramavan, e aullavan, e graznaban, de manera que deçía esta bienabenturada era cosa muy espantosa de oýr. Y estando muy atormentada de ver cosas tan temerosas, empezó con mucho aýnco en lágrimas a rogar e suplicar a Dios de su poderosa mano le ymbiase socorro, y quién le hechase aquella tan mala hueste que delante de sí veýa. Y estando por algún espaçio de tiempo sin ser socorrida, e creçiéndole mucho el temor e afliçión en su ánima, plugo a Nuestro Señor oýrla su oraçión en lágrimas y enbialle a su sancto ángel y a otros muchos ángeles que venían con él, para la favoreçer en su tribulaçión, entre los quales vino el archángel Sant Miguel, e otro ángel muy alto, a quien Nuestra Señora la Virgen María tiene encomendada la guarda de su bendita casa. Y estos sanctos ángeles pelearon fuertemente contra la malina hueste. Y como la hueste de los demonios hera mayor en mucha cantidad que los sanctos ángeles, deteníanse a pelear los demonios con ellos, haçiéndoles cara a los ángeles. Viendo su atrevimiento, fueron a la iglesia, por mayor socorro, [fol. 80r] e tomaron con mucha reverençia el Sanctíssimo Sacramento en sus manos, y vinieron con él a la zelda de esta bienabenturada, a la qual dixo su sancto ángel: “Pues heres christiana, adora al Sanctíssimo Sacramento. Y yo te ruego a ti y a tus hermanas os esforçéys a obrar toda virtud, e apartad de vosotras toda cosa en que Dios sea offendiddo”. Dezía esta sancta virgen que le pareçía venía la sancta hostia tan grande como una rueda de molino, y toda hecha carne, con admirables resplandores. Traýla el sancto ángel, su guardador, y Sant Miguel traýa el peso, hecho a manera de arma, con que hería a los demonios, los quales, quando vieron venir a los ángeles con el Sanctíssimo Sacramento, empezaron a uýr. Y los ángeles fueron en pos dellos, yriéndolos y hechándolos del monasterio, y los demonios yban uyendo, diziendo con gran grita: “Aunque nos hechas, no nos tenemos por venzidos, que nosotros volveremos. Que la maliçia que está levantada en algún corazón o corazones nos tornará”. De manera que aunque hecharon muy gran número dellos, algunos quedaron escondidos en çiertas partes y rincones del monasterio, y muy en espeçial en el confesorio y cozina. Y los sanctos ángeles tornaron el Sanctíssimo Sacramento a la custodia. Y esta bienabenturada hizo luego, otro día, tañer a capítulo. Y llegadas las monjas en el lugar para ello diputado, hablolas con semblante triste e ojos muy llorosos, diziendo: “Señoras y hermanas, mas aunque quiero callar no puedo, y callando doy grandes vozes e gemidos muy dolorosos salidos de lo ynterior de mi corazón con mucho dolor, y para ello tengo gran causa. Otras algunas vezes, señoras, me soléis rogar e ymportunar os diga algunas cosas para vuestra consolaçión, de lo que el Señor por su misericordia me muestra, y algunas vezes lo hago por consolaros. Y agora, sin que me lo roguéys, os quiero dezir una muy triste revelaçión [fol. 80v] que me fue mostrada esta noche”. Y contoles la susodicha revelaçión. E dezía con muchas lágrimas: “O, hermanas, mas qué buelta tan dolorosa a venido en esta casa. Solía ver yo este monesterio todo lleno de ángeles, y esta noche me pareçe veýa lo más del Infierno en él. Pienso lo causan mis peccados, y no los vuestros; y si de consuno, los míos y los vuestros. Enmendémonos, hermanas mías, y la que es sobervia, sea humilde; y la que es maliçiosa, travaje de ser buena yntençión; e la que aborreze a su próximo, ámele como a ssí”. Y estas cosas y otras muchas les dixo, de gran doctrina e lumbre, mostrando la gran caridad con que desseava la salvaçión de las almas. Y pasadas todas las cosas ya dichas, tornó el perlado al monasterio muy acompañado de frayles, para que él y ellos fuesen en el quitamiento de esta bienabenturada, los quales venían muy indignados por las grandes acusaçiones que les havían dicho della. Trayendo el perlado voluntad de executar en la sancta virgen la bara de su justicia −lo qual puso en obra, que ayuntadas las monjas a capítulo donde esta bienabenturada estava, hizo su plática reprehendiéndola muy ásperamente, como si por obra huviera hecho todos los levantamientos que contra ella heran dichos−, e por mostrar que ella tenía culpa y él raçón de reprehenderla, diole una disçiplina en el hombro, sobre la ropa de la cama.Viendo las monjas la reprenhensión que el perlado le dava sin ella mereçerla, y como se la quitava de abbadessa, lloravan sin poderse sufrir, por lo mucho que la amavan, por la sanctidad que en ella siempre havían visto. Y no queriendo ellas dar votos para elegir otra abbadessa, aunque el perlado se los demandava por semejante, las maltrató con reprehensión e hirimento de palos, él y los frayles que con él venían, en tanta manera que en algunas hizieron sangre e las caras y cavezas, e puso por presidente a la religiosa que havía sido causa del perseguimiento e daños [fol. 81r] que contra esta bienabenturada se hizieron, mandando por obediençia a las monjas la obedeçiesen por su presidente. Y hecho esto, fuese el perlado. Y las monjas quedaron muy angustiadas e llorando, a las quales consolava la sancta virgen, diziendo: “Ruégoos, hermanas mías, que os consoléys y çesen vuestras lágrimas, que me days mucha pena en veros tan fatigadas por cosa que a mí toque. Poneos, señoras, al pie de la cruz con toda paçiençia, y padeçed lo que os viniere por amor de Jesuchristo, cuyas esposas soys, obedeçiendo a vuestros perlados en todo lo que os mandasen, no siendo cosa en que Dios sea offendido. N’os curéys de poneros en pena por mí desculpándome, que si en estas culpas no estoy caýda, podrá ser que aya hecho alguna cosa ante el acatamiento de Dios digna de reprensión. Obedeçed de buena gana e voluntad a la madre presidenta, tenedle mucho amor e reverençia, que yo nunca tanto amor le tuve como aora le tengo, y con los ojos querría haçer lo que su reverençia me mandase. En los que me dixistes no me olvide de rogar a Dios os consuele, yo me tengo cuydado, que más é sentido vuestras penas que las mías. Y porque veáys si no me olvido, estando un día elevada donde Dios tiene por bien de ponerme, suplicando con mucho ahínco a Nuestra Señora la Virgen María, su Magestad tuviese por bien de consolaros e rogar a su preçioso Hijo por vosotras, pareçiome que veýa un trono muy resplandeçiente, e adornado y enriquezido de admirable hermosura, y en él assentado a Nuestro Señor con muy gran poderío y magestad, y su gloriosa madre y Señora Nuestra assentada a su lado; y rogava por los peccadores como contino haze, y por vosotras, hijas de su amparo. E respondía el Señor a su preçiosa madre como a manera de canto, diziendo: ‘Callad, Señora, Señora ýnclita, que a estas [fol. 81v] vuestras siervas yo les tengo amor, porque las penas sufren por amor de mi padeçimiento ellas de buen corazón, e nunca olvidando la mi devoçión, mas antes hablando con mucho fervor, aunque maltratadas con gran desamor, muy atormentadas y afligidas, según mi Pasión, e mucho desagradeçidas, mereçiendo con el disfavor, padesçiendo penas por amor de mí. Las penas passadas ya hizieron fin las aparejadas que an de sufrir: esta es la gran prueba del amor de mí, ansí se gana la gran corona del Çielo alto. Cada persona con la gran paçiençia se á de salvar. No se olviden amores de mí quando acaeçiere venirles tormentos, dévense abrazar a mis merecimientos e a la vuestra, que es madre de mí. Quando soy rogado y no quiero oýr es por el peccado que no es de sufrir, y quando lo oygo quiçá es por su mal, y no digo por todos aquesta razón, que los que a Dios aman tienen perfeçión viviendo en travajo y en afliçión. Y assí, purgados, son librados por mí, mías son las almas que yo las compré, quien me las maltratase demandárselo he. Y hasta un corderito él me pagaría, pastor de ovejas, que le encomendé. Muchos se engañaron con su crueldad, creyendo ser çelo de mí. Los que a mi casa tienen devoçión, nunca su alma verán en perdiçión, ni en el gran infierno de cautibaçión, donde es llamada la perpetuydad. Yo tengo la llave del gran Paraýso, abro a quien quiero y resçive mi aviso. Para esto Dios quiso a mí embiar, ''un y cunde y fili, un plenam amore pro te mia peccatore''’”. ===Capítulo XVI==='''De cómo esta bienabenturada estava muy congojada pensando en sus tribulaçiones''' Temiendo esta sancta virgen si havía caýdo en algún peccado, pues casi por tal estava reprehendida, dixo a su sancto ángel: “Bendito, ¿qué peccados hize yo ante Nuestro Señor y ante vos, por los quales he mereçido que tantos [fol. 82r] males me vengan assí de la mano del Señor, tocada y atribulada de muchas enfermedades, como perseguida y angustiada de las criaturas; e no solamente yo, mas las religiosas de mi convento, que an sido súbditas mías por la graçia del Señor, siendo todas ellas y yo súbditas a la sancta orden del glorioso padre nuestro San Françisco, cuyas hijas somos?”. El sancto ángel dixo a esta bienabenturada, le respondió diziendo: “Criatura de Dios, no te turbes a poder que puedas por cosa alguna ni por eso dexes de tener spíritu suave y gozoso en Dios, que te crió y te redimió, y está aparejado a te dar eternos galardones, por cada tribulaçión y dolor, çient gozos en la gloria del Paraýso”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, pues mis hermanas y compañeras, que conmigo padezen y an padeçido, ¿qué hará el Señor dellas, las quales yo tengo ofreçidas e resçividas para solo su serviçio y por su dulçe amor, a quien yo desseo y he desseado que siempre ellas amen?”. El sancto ángel le respondió: “Raçón tienes de haverlas lástima y aún dolor, más que de ti mesma o tanto, porque esta es la caridad que Dios manda tuviésedes los próximos unos a otros, y nunca siendo crueles y bengativos los unos a los otros, y aprovechándoos de la doctrina christiana e de los consejos de Sant Pablo, doctor de las gentes, baso escoxido de Dios. Y ansimismo los consejos de Sant Pedro, e Sant Tiago, e Sant Juan, e de toda la Yglesia cathólica y verdadera christiana, sin las quales virtudes nadie no se puede salvar. Conforta tú a tus hermanas. Y digo que las confortes, que no las as menester enseñar, pues tienen exemplo de los sanctos y de las sanctas, de quien pueden aprender. [fol. 82v] Lean el Flos sanctorum y liçiones devotas en que se enseñen, que tú ya poca doctrina les puedes dar: lo uno, por la privaçión del offiçio de mandar sobre ellas y serles regidora, y lo otro, por el menospreçio que a subçedido a tu persona en la opinión y crédito que de ti se tomó. Por aquella simpleza y mal miramiento en que caíste, diste enojo a tus perlados mayores, y comoquier que fuiste digna de ser reprehendida, en más cosas te culparon y juzgaron, estando tú salva, como Dios lo save e yo lo sé. Confórtate, amiga de Dios, e sele leal, y ámale, que no te desamparará. Y a tus hermanas salúdamelas, que están tristes por ti, y tú por ellas. Allegado el convento en uno que es de Dios y de su madre, Sancta María; ese mesmo Dios está y mora en medio, y conforta a cada una según su graçia y misericordia. Amonéstalas, no desfallescas por los falsos testimonios ni por las reprehensiones. Leal es Dios, y verdadero, amador de las ánimas; siendo ellas leales y agradezidas a sus benefiçios, padesçer tribulaçiones fielmente por el Señor, acreçentamiento de mérito es, e añidir piedras y perlas de gran valor en la corona, que muchas maneras de méritos ay en los siervos de Dios y siervas, aunque no sean de sangre”. Dixo la sancta virgen al ángel: “Pues, señor, mis hermanas también an redamado sangre, siendo heridas y lastimadas, estando ellas sin culpa de mi peccado”. Respondió el ángel: “Todo peccador y peccadora tiene peccados. Y las passiones de esa vida no son dignas ganar la vida eterna, por muchas y reçias e fuertes que sean; digo vida eterna, vida gloriosa en el acatamiento de Dios para siempre jamás, sin fin, como la tienen los sanctos en la gloria del Paraýso”. Dixo esta bienabenturada al ángel: “Señor, para el perdón [fol. 83r] de mis peccados y para resçivir digna penitençia de vuestra mano dada, y de vuestra sancta boca mandada, aprovecharme a mí deziros las culpas, que allá ya las he dicho a mis confesores y perlados”. Respondió el sancto ángel: “Yo no te fuerzo que me las digas, ni heres obligada si no quieres, si es verdad que las as confesado a tus confesores, y conoçido tu peccado, y hecho penitençia devota y paçíficamente, lo qual se requiere a toda persona christiana”. Dixo esta sancta virgen que, estando en esto, le vino una ynspiraçión de Dios, con lágrimas de sus ojos, y empeçó de confesar sus peccados con el sancto ángel. Y a bueltas de sus peccados, quejávase de algunos agravios a ella hechos. Y junto con la quexa, preguntava si hera peccado quexarse, y deçir los peccados de aquella manera. El ángel le respondió: “Quando tú dizes la quexa y desabrimiento que te hizo tu próximo, los peccados d’él confiesas, y no á de ser ansí, sino confesar los tuyos propios, y tenerlos bien pensados, y estar muy contrita dellos, y con mucho pesar por las offensas hechas a Dios, y contra su honra y gloria, y acusar tu ánima, porque el enemigo no te la pueda acusar el día del juyzio y el de tu muerte, la qual deves tener siempre en tu pensamiento, y temer el juyzio de Dios, y el ynfierno, el qual mereçes por cada una de tus culpas, si por la misericordia de Dios y por los méritos de su sancta Passión no heres restaurada para la gloria por la su graçia y con tu ayuda de algunas buenas obras que tengas hechas en tu vida. Y muchas havían de ser en cantidad, y no pocas. Mas por quanto la vida de la criatura es corta no [fol. 83v] bastaría todo el tiempo della, perfetamente y sin çesar, hazer sanctas obras con fructuosos y devotos pensamientos, y religiosas costumbres, y bien ordenada vida sin defeto, para mereçer la gloria, quanto más que mucha parte del tiempo, y la mayor despendida, mala y falsamente, y desfrutada de buenas obras; y la mayor parte de los peccadores, en espeçial en el tiempo de agora, que Dios está maravillado, y los ángeles se maravillan, de la abundançia de las maldades que ay en el mundo, en todos estados de personas, eclesiásticas y seglares, lo qual para de raçón no havía de ser ansí en la cristiandad, que es espejo en quien Dios se mira, y havía de ser muy esclareçido y limpio”. La bienabenturada preguntó al ángel, diziendo: “Señor, ¿quál es el mayor peccado que yo tengo en todos los que he confesado?”. El ángel le respondió: “Aquel que nunca se deviera hazer, que fue como el de Eva, que destruyó todo el mundo, e ansimesmo así tú causaste destruçción en ti mesma y en tu fama buena que tenías por las virtudes manifiestas a las gentes que Dios te havía dado sin ser tú mereçedora dellas, pues de la mano de Dios te venían. Y fuiste causa de menoscavo en la honra de Dios y en la consolaçión y honra de tus hermanas, las religiosas de tu compañía, las quales paçífica y ordenadamente servía a Dios, aunque no tan sin defetos que del todo fuesen limpias de peccados o costumbres no bien religiosas; lo qual no es de maravillar, ni yo me maravillo, porque las gentes son caedizas. E como dize la sagrada scriptura, si el justo cae siete vezes, el peccador quántas caerá, o quién podrá contar sus caýdas. Mas dígote que an abundado los peccados, o acreçentándose en esta morada que se dize sancta María de la Cruz, e andando los tiempos se pareze mejor quando [fol. 84r] las ánimas que de la dicha casa salen se vieren en el juyzio de Dios, que dirán entre sí, gimiendo: ‘Mejor hera nuestra vida, y más limpias y paçíficas nuestras obras, e más fructuosos nuestros pensamientos, quando Juana de la Cruz hera viva y nos regía, con sanctas avisaçiones secretas a nuestras ánimas, con reprehesiones públicas quando menester las havíamos. Y aunque sea castigo, espantava a los malos; los buenos se consolavan con el mesmo castigo, obrando aquella virtud loable, que es dicha ‘ama a tu corrector y no le aborrezcas, porque si le aborreces, malo eres, y si le amas, la virtud de Dios está en ti’. Mas esto que te digo, no lo digo para que te banaglories ni tengas pensamiento que fuiste buena regidora en el offiçio pastoral, ni para que menospreçies el regimiento de otras abadesas; mas dígolo como profeta e ángel que sé algo de lo passado o por venir, y las faltas que subçeden de virtud, o subçederán en el ausençia de tu regimiento”. Dixo esta sancta virgen al ángel: “Ay, dolor, dízese entre los frayles de nuestra sancta religión del bienabenturado padre nuestro Sant Francisco, y casi en toda la orden, que yo no tenía buen regimiento ni buenas costumbres en mí mesma ni en mis religiosas. Y dízeme vuestra señoría esas cosas, las quales parezen contrarias, y lo son a los juyzios humanos, en espeçial a los que juzgaron así, religiosos como seglares, y aún mis propias hermanas, algunas pocas y no muchas, ni todas de las quales tuve sospecha me havían juzgado o causado. Y en las tales ocasiones me a faltado la paçiençia, y fáltame contino. Tengo en esto mucho que confesar. Rogá, señor, por mí al Señor”. Respondió el sancto ángel: “Consuélete Dios, hija de Dios, no me maravillo que tengas pena y algunas faltas de perfeçión que mientras estás en la carne caýble [¿tienes?]. Y Sansón, con quanta graçia Dios le dio desde el vientre de su madre, no le sanctificó Dios en manera que no pudiese peccar si él quisiese errar; y Salomón, comoquier que sus fines [fol. 84v] fueron malos, no por eso dexaron de ser buenos los dones que Dios le dio por la graçia del Spíritu Sancto. Y ansí, tú no temas, aunque seas juzgada, que Dios sabe, tu coraçón reconoçe, y los sanctos no pueden conoçerse ni ningún juyzio humano puede dar sentençia sin saver lo que juzga; e si da sentençia sin saber el mal, pecca en dar la tal sentencia. Por eso es bueno dexar el juyzio a Dios de las cosas secretas y no sabidas, y no curar de dar sentencia condenable con sola sospecha, pues Dios es el savedor de las verdades, mejor que los jueçes de la tierra, y muchas veçes aconteze que testigos falsos matan los cuerpos a los hombres, mas no pueden matar las ánimas que delante Dios son puras e salvas de los delitos que fueron acusadas o sentençiadas”. Dixo esta bienabenturada al ángel: “Ay, señor, que aquel yerro que yo hiçe, o peccado que me havéys dicho, verdad fue que le hize yo no pensando que haçía tanto mal como me havéys dicho que pareçió el de Eva. Y en ser tan malo, diría fuy, y soy, de gran penitençia. Creo que aunque me costase la vida lo mereçía todo, y después, en el otro mundo donde las ánimas penan después de muertas”. El sancto ángel respondió: “Ya saves tú qué te dixe yo quando me preguntaste si hera peccado, y te dixe que no, sino caridad, mas que podría ser venirte por ello alguna reprehensión y menospreçio a tu persona. Tú dixiste que si no hera peccado en lo demás, tú te querías atrever, aunque hubieses de resçivir reprehensión y menospreçio, que eso hera lo que deseavas, más que ser preçiada y estimada”. La bienabenturada le preguntó: “Señor, ¿pequé yo más por ser mi hermano aquel que si fuera otra persona para la qual se procurava aquella bula?”. Respondió el ángel, y dixo: “Si para alguno otro los procuraras que no fuera tu hermano, mi deudo, también peccaras, y más, salvo si no ocurriera en el caso alguna buena yntençión, simple y sin [fol. 85r] maliçia, y con codiçia de hazer bien al monasterio y no mal, como pensaste ser al monasterio en lo temporal aquella procuraçión, de la qual te culparon con razón, puesto que él tornó a deçir que la yntençión no fue peccado, mas púdose juzgar por peccado entre las gentes, en espeçial no saviendo enteramente el secreto de tu yntençión, e no se creyendo tus palabras que en su salvaçión de tu culpa dixiste; las quales yo sé que heran verdaderas, y soy testigo que lo hiçiste por dos cosas: la una, porque fuiste consejada, y la otra, por miedo que te ponían que te podía ympetrar aquel benefiçio o pitanza eclesiástica por tiempo. Y puesto que por vía de afiçción te ynclinaras a darlo a persona de tu sangre o parentela, siendo la yntençión recta y sin engaño, hera mérito y no peccado. Esto digo porque te consueles, y resçivas la penitençia fructuosamente y sin desesperaçión, pensando que por aquel peccado heres condenada. Dios te lo perdonó él, y los otros”. Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Señor, yo os doy muchas graçias por las virtudes de mi Señor Dios, y por esta consolaçión, que muy grande es para mí, y mi ánima a resçivido en ella grande consolaçión sin medida, según estava angustiada e ayrada conmigo mesma, y en tanta manera penada”. Respondió el sancto ángel: “No te deseo penes por ninguna cosa, que mejor es esperando en Dios padeçer que desesperando peccar, que es añidir peccado sobre peccado”. Y por aquella vez, la bienabenturada tomó la bendiçión del ángel, después de consolada en lo ya dicho. ===Capítulo XVII==='''Cómo estando elevada esta bienabenturada, contó al sancto ángel su guardador que havía reprehendido y angustiado a sus hermanas, las religiosas, por la porfía que tenían de quererla por abbadesa''' Teniendo esta virgen compasión de sus hermanas, suplicava [fol. 85v] al sancto ángel rogase a Dios las consolase de otra manera, el qual la respondió diziendo: “¿Por qué te turbas tanto con tus hermanas, reprehendiéndolas? ¿No saves tú que no es en su mano aquel desearte por la perlada? Yo te digo que ellas mereçieron en tener el tal desseo y no goçar del premio, como ellas quieren. Y bien mirado, dévense consolar porque tú estés consolada, pues te quieren bien. E tú haçes mal en dezirles que te aborrezcan, y ellas bien en amarte, pues lo haçen por Dios y por conoçimiento y crédito que Dios te ama a ti”. La sancta virgen le dixo: “Ay, Señor, ¿cómo creheré yo que el Señor me ama, pues me da muchos dolores y pasiones cada momento, que no lo puedo sufrir, ni mi paçiençia lo puede llevar, siendo pribada de todos los miembros? Y no soy ábil para ninguna cosa, sino para resçivir la muerte, la qual estoy desseando contino. Si al Señor plugiese llevarme de esta vida, pues estoy tan apasionada de dolores que me espanto cómo vivo, suplico a la misericordia de Dios me ayude, y a vos, sancto ángel mío, que me guardéys, para que viva yo vida en serviçio de Dios, y muerte con salvaçión de mi alma”. Respondió el sancto ángel: “Estar pribada de los miembros, tullida y con dolores, no es defeto del alma, pues la crió Dios entera y sana, si ella está guardada de peccados y se save guardar dellos. Y conviene se guarde con toda diligençia la caxa, que es el cuerpo en que está puesta el alma, aunque esté quebrada o lisiada o maltratada por enfermedades que Dios da. Neçessario es que assí esté mientras es la voluntad de Dios. Si tú deseas morirte, no te podrás morir hasta que el Señor lo quiera o lo permita. Mientras vivieres, no pienses que te an de faltar penas. Yo siempre soy tu guardador e amparador, mas no tengo más poder de aquel que Dios me quiere dar para valerte ni para sanarte, ni tanpoco a dezirte todo lo que me preguntas: que solo lo que Dios quisiere que te [fol. 85bis r] diga, eso te diré, e lo que no quiere que te diga ni sepas, no te lo diré; antes te reprehenderé si me heres ymportuna enojosa, y dexarte he en tu naturaleza, usando yo de lo que Dios quiere y no de lo que tú quieres”. Preguntó esta sancta virgen al ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque me entristesco yo tanto en los dolores y enfermedades que el Señor me da como quier? Yo conozco ser digna de mal, travajos e dolores e penas por mis peccados”. Respondió el sancto ángel: “Esa causa te pregunto yo a ti, que diçes entristeçerte por las tales cosas en las quales te havías de consolar, porque esas son las mediçinas que Dios suele dar a sus más amigos. Y los que son fieles y devotos, resçívenlo con conocimiento de graçias, mas los que son ynpaçientes y soberbios, pierden el mérito de la virtuosa paçiençia, y el alegría y gozo que tenían los sanctos quando padeçían por el Señor sus martirios”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Si yo fuera sancta, tuviera la virtud que tenían los sanctos, mas como soy peccadora, no siente el fruto de los benefiçios de mi Señor como haçían los sanctos, que con sus sanctas vidas e obras buenas tenían verdadera esperanza de verse en la gloria; mas yo, peccadora, temo perderme, [¿y ansí?] y sano de tantos dolores yrme al Infierno, del qual desseo ser librada, y sanctiguarme”. Dixo el sancto ángel: “Dios te sanctigue y guarde, alma de Dios, que si berdaderamente y con devoto coraçón y pensamientos le sirves y amas, no te perderás, ni te dexará Dios ver las puertas del Infierno, donde moran y están y son atormentados los malos; mas con los ángeles y sanctos de Dios estarás en Paraýso. Y da muchas graçias a ese mesmo Dios y Señor, porque ha mandado gozar y a permitido beas los bienes de Jerusalem la alta, como yo soy testigo que los vees, y me es mandado que te siga y guarde”. Dixo la bienabenturada: “Señor, pues vuestra señoría me reze y guarde, porque soy tan mala [fol. 85bis v] que me espanto de mis maldades y peccados”. Respondió el sancto ángel: “¿Qué peccados son los que tienes?”. Ella dixo: “Señor, no los podría contar, mas acuérdemelos y acusarme hé dellos”. Dixo el ángel: “Los que yo te acordare no es el mereçimiento tuyo tanto como si tú te acordases, e humilmente, con dolor y contrición, los confesases, sin ser apremiada ni mucho amonestada por los dezir”. Dixo la virgen: “Señor, ¿las tentaçiones son peccado?”. El ángel: “Sí, quando son consentidas, mas quando no se consienten y pelea el alma con ellas y queda vençedora, el alma es digna de premio y galardón grande, con corona preçiosa, digna de acatamiento reverençial en todos los sanctos de Dios”. Dixo esta bienabenturada: “Señor, yo tengo muchas tentaciones, y en espeçial una, que la tengo por mucho defeto, y es que peno mucho quando me es levantado algún testimonio falso. Y aunque conozco por los peccados verdaderos merezco mucha pena, no puedo sufrir los levantados o sospechados de mí, en espeçial si soy reprehendida de lo que no hize. Y si veo que se da crédito a los que lo diçen, aunque sean mis próximos y hermanas de mi convento, me enojo con ellas, y siento mucho mi infamia y deshonra. Y esto es lo que juzgo de mí a mucho defeto, y pienso si, por mis peccados, es vanagloria, o si yo soy apetitosa de banagloria”. Respondió el sancto ángel: “No es banagloria mientras tú no estimas tu persona, y mientras no te plaçe que te tengan por sancta, pues heres peccadora. Mas en quanto sentir la infamia, dicho es que arto es de cruel quien su fama no guarda; e siquiera por la honra de Dios, el buen religioso o religiosa deve estimar su fama primero, adornándola de buenos exemplos y virtuosa vida. Y esta tal no se deve dexar infamar si escusarlo puede, mas si le viniere sin poderlo escusar, mereçerá con la tribulaçión, y no se deve perder el fruto de paçiençia”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, ¿qué haré yo que he sentido mucho la infamia, y el pensar que me an aborreçido mis perlados [fol. 86r] viendo yo que en algo me maltratan y reprehenden? Y sé que no es sin tener yo alguna culpa, en epeçial aquella provisión que procuré por vía de Roma y pontifiçe, como artas vezes le he dicho, que me a dado y da pena y congoxa, y me pesa porque lo hize. Y me arrepiento, y no puedo ya remediar mi infamia, porque está tendida por casi toda la orden y mundo. Y sobre todo me da pena pensar que me an cobrado mala querençia los padres perlados y frayles de nuestra sancta orden de mi padre Sant Francisco, al qual digo mi culpa de todas las offensas que he hecho a Dios e a él, e a la mesma sancta orden y religión, y de los malos exemplos que he dado”. El sancto ángel respondió: “Bien sé yo que tú no heres codiçiosa de ser mucho amada ni querida de las criaturas, salvo que por la honra de Dios y por el mesmo amor de Dios deseas ser favoreçida y amada de los benerables padres de la orden y de qualesquier otras personas siervas de Dios y christinas. Mas quita de ti ese pensamiento que te aborreçen, que los que son sierbos de Dios verdadera y piadosamente nunca aborreçen a nadie, ni es justa cosa aborrezcan. Tú no deves dar crédito en eso a tu pensamiento, mas piensa que si te reprehenden, tus obras lo mereçen, y si no lo mereçen, en la reprehensión mereçerás y ganarás buena soldada ante Dios”. Dixo la bienabenturada: “Señor, y mis hermanas las religiosas, que an sido reprehendidas con migo y por mí, y siendo tenidas por defetuosas, no lo siendo tan enteramente como les an puesto la fama, ¿ganarán soldada ante Dios, como dize vuestra señoría, y ansimesmo en las reprehensiones y travajos que les an sucçedido açerca de mi peccado o culpa, que a ellas también alcançó parte la pena sin tener ellas la culpa?”. Dixo el sancto ángel: “Otras vezes te he respondido que ellas y tú podéys mereçer dinos méritos ante Dios con esas tales cosas, mayormente no siendo culpadas. Mas dígote de verdad que me pesa, y tengo lástima, porque no sea honrado y benerado más esa casa de la sancta Virgen María María [8] de Dios, y porque es [86v] desfavoreçida, y tanto olvidada y despreçiada tan maravilloso apercivimiento de la mesma señora en esa casa que se diçe de la cruz. Y pues que es de la Cruz” −dixo el sancto ángel− “amad, hijas amadas, la cruz, y si algunas de vosotras no soys perfetas, travajad de serlo, y las que soys flacas, no os plega el peccado ni el daño de vuestras personas y costumbres; no viendo tú nobles, porque Dios se honra en las buenas personas, y las buenas personas se honran en Dios. Y por eso es peccado deshonrar las personas sanctas y las religiosas sanctas, e si no son sanctas no son dinas de llamarse sanctas. Y porque Dios sea en ellas, y ser reverençia, mereçen ellas toda beneraçión. E los yndebotos, que no honran las órdenes en la religión christiana, Dios los castiga; e aunque sean religiosos e religiosas, son obligados a ser afiçionados a las mesmas órdenes, y no para las maltratar ni tener en poco, mas para las apiadar y remediar en sus neçessidades e tribulaçiones”. Dixo la sancta virgen: “Señor, nuestros perlados hizieron bien en angustiar tanto a mis hermanas las religiosas en aquel caso que savéys de ser heridas con palos”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “No podían ellos, según Dios, con buena y loable y perfeta conçiençia, hazer el agravio que se hizo en las siervas de Dios y de la Yglesia cathólica, aunque vieran culpa; ni tú devieras procurar, sin su liçençia por vía de Roma, cosa alguna, ni aquella bula, la qual, pues que simplemente fue hecho y sin perjuyzio a la orden, dellos simple y sabiamente y con alguna piedad se deviera castigar”. Dixo la bienabenturada: “Señor, peccaron ellos en deshazer lo que el Sancto Padre havía hecho”. Respondió el ángel: “Ese secreto quiero yo dexar a Dios, que save los poderes que dio a su Summo Pontífiçe, los quales poderes deven ser tenidos en todo acatamiento, y estimados sobre las mayores cosas de la tierra. Mas, ay dolor, ay dolor. Dos vezes digo, y tres: ay dolor. Que oy día los christianos en poco tienen el Summo Pontífiçe, y sus poderes y antiguas y sanctas ordenaçiones perfetamente ordenadas por graçia de Spíritu Sancto. En la Yglesia cathólica romana [fol. 87r] esta es una llaga hecha a la persona de Dios, que ansí como no se le puede olvidar la del costado con la lanza en el corazón, ansí no se olvidará Dios los menospreçios que an tenido a su Yglesia. El día del juyzio lo verán las ánimas, quando aquel peccado y los otros les será demandado por el justo e verdadero juez, que es Jesuchristo, al qual te encomiendo sirvas y ames con todo coraçón, y temas, y honres y adores”. Dixo la bienaventurada: “No plegue a Dios, señor, que yo piense que mis perlados offendieron al Señor en cosa alguna que hiçiesen. Porque ellos son alumbrados de Dios, y no creo yo que hizieron ni an hecho contra la Yglesia apostólica cosa que no devían”. Respondió el sancto ángel, e dixo: “Tú, de persona simple y poco entendida, entiendes que digo yo por tus perlados eso tocante a la Yglesia apostólica offendida. No lo digo sino por todo el mundo, doquier que ay christianos, y aunque sean religiosos, de todo se haze mençión. Tú me preguntas de una cosa çerca de tu peccado, yo respondo açerca de los peccados de todos”. Dixo la sancta virgen: “Yo, señor, no querría saber sino açerca de aquello que preguntava, mas pues vuestra señoría dize lo que es servido e mandado servir, todo ansí lo haré”. Y dixo el ángel: “¿Tus peccados quieres scrivir?”. Respondió ella: “Señor, no tengo otra cosa que dezir ante el acatamiento de Dios y Vuestra Señora, sino mis peccados y defetos, y pedir perdón dellos, y rogar por mis próximos e amigos, y encomendados e bienhechores”. Dixo el sancto ángel: “Y aún los agenos dizes también, aunque te he yo amonestado confieses tus culpas y dexes las agenas, e mires la viga de tus ojos y no estimes la paja del ojo ageno de otro qualquier próximo”. Dixo la bienabenturada: “Señor, y si por scrivir esto que [fol. 87v] me manda vuestra señoría a mí biene mal y a las hermanas que lo scrivieran, ¿qué remedio?”. El ángel: “¿Por qué piensas te á de venir mal?”. Ella respondió: “Señor, no sé, mas lo que yo digo a vuestra señoría, y él me dize, es en secreto, y ansí querría se quedase en secreto, pues si se scrive, ¿cómo quedará en secreto?”. Él dixo: “No quiere Dios que estas cosas sean en secreto, pues públicas apareçieron sobre la Tierra”. Ella dixo: ¿Cómo, señor, apareçieron? ¿Por ventura son ángeles que pueden aparecer?”. Él respondió: “Todas las cosas que ligeramente passan por la criatura son apariciones, y el pensamiento bueno es llamado ángel, y el pensamiento malo es llamado adversario, o enemigo de la virtud o del bien. Por eso, guárdate del mal pensamiento y busca el bueno, y quando le hallares, estímale en más que el oro ni plata ni piedras preçiosas. Y con tanta diligençia busca el buen pensamiento y acava de dentro de ti trabajando, buscando a Dios, y en sí, y en que parezcas a los que buscan el oro y las perlas, que con la grande codiçia e afinco no sienten el trabajo; mas no les parezcas ni seas cruel contra tus súbditas y hermanas, y compañeras y próximos, como lo son aquellos que maltratan en las Yndias a sus esclavos con crueldad, y sin misericordia y piedad, que pagarlo an ante Dios. Y encomendad a tus hermanas.” Dixo la bienabenturada: “Señor, ya no son ellas mis súbditas”. Respondió el sancto ángel: “La religión les otorga liçençia ser humildosas a perladas y no perladas. Y pues en sus coraçones te consideran y tienen en tal grado, no dexando de obedeçer a quien les manda la obediençia y dinidad de sus superiores, bien puede gozar en sus pensamientos de ser tus súbditas, pues no lo hazen fingiendo ni por fuerza. Por tales, las offreçe a Dios, pues las resçiviste en la sancta religión, y recáudales bendiçión de Jesuchristo y de su madre”. Ella dixo: “Recáudasela vos dellas, y a mí”. Entonzes el sancto ángel, alçando la mano, bendixo diziendo: “In unitate sancti spiritus, benedicat vos pater et filius”. Y la sancta virgen [fol. 88r] tornó a dezirle: “Señor, mire que no me mande scrivir lo que me dize, y ¡ay lo que está scripto! Todavía tengo temor me á de venir mal por ello”. El ángel dixo: “No scrivas ya más si no quieres, y di a tu hermana que çese la péndola”. Ella dixo: “Señor, lo que está scripto querría romper, si quisiesen las hermanas romperlo”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Haz penitençia de ese recado, que es más gave que por el que padezes. Ya saves tú que te lo mandé con premio, y te amenazé que te daría Dios muchos dolores acreçentados de Passión y permitiría sobre ti tribulaçiones más que puedes pensar si no lo scrives”. Dixo la virgen: “Señor, yo por eso temo y he temido, mas ya se a hecho vuestro mandato, conténtese vuestra señoría. Y dígame de las hermanas algo más, no me lo mande scrivir”. Dixo el sancto ángel: “Si lo as de scrivir [9] no te quiero dezir nada que digas público, porque te truecan las palabras y las ponen otro estado al como las dizes, y las dan otro entendimiento contrario a la verdad, y a tu yntençión simple y fiel, y que no deseas offender a Dios ni al próximo, ni condenar tu alma, ni dezir cosa que no sea verdad espiritual y temporalmente a lo que yo he conoçido. Si otra cosa te juzgan, respondo que Dios save la verdad”. Tornó la bienabenturada a preguntar, diziendo: “Señor, ¿qué será de mis hermanas, que nunca me lo havéys dicho, aunque os lo he suplicado?”. Respondió el sancto ángel: “El señor dize por Sant Juan, assí quiero que quede. Yo digo por ellas que s’estén agora ansí, obedeçiendo y honrando a Dios, y a sus perladas presentes y pasadas y por venir, [fol. 88v] y cumpliendo las cosas de su profesión y regla con la ley de Dios y obediençia de la Yglesia cathólica christiana. Y ansí serán salvas si hazen penitençia digna y mueren en el Señor”. Dixo la sancta virgen que se despidió el sancto Ángel esta vez diziendo el responso de requiem eternam. Y ella quedó muy angustiada, llorando por sus hermanas. Y quando tornó en sus sentidos esta bienabenturada, no podía tener las lágrimas, diziendo a ymportunaçión que las monjas le hiçieron viéndola llorar: “Suplicando yo a mi sancto ángel me dixese algo de vosotras, hermanas, respondiome unas palabras, las quales yo no bien entendí; y por entonzes él no me las declaró, y an me dado mucha pena, que pienso que el sancto ángel os juzga por muertas o savía algunas reçias cosas venideras sobre vosotras, y por esto tengo tan grande pena”. ===Capítulo XVIII==='''De cómo esta bienaventurada hizo una pregunta a su sancto ángel''' Estando elevada esta sancta virgen, tornó a preguntar a su sancto ángel, diziendo: “Señor, pues yo veo que vuestra señoría es servido diga o scriva algunas cosas de las que me a dicho, e dize hazerlo he de una sancta liçençia; y en espeçial, señor, le supplico le plegue oýrme otra cosa que quiero preguntar de mis hermanas, que estoy muy angustiada en ver el despedimiento que, señor, hizistes con el responso de muertos. No plegue a Dios que sus ánimas mueran, ni tanpoco sus cuerpos padezcan muerte con deshonra, sino que quando murieren sea en alabanza de Dios su pasamiento, y en gloriosa salvaçión dellas, y quando padesçieren travajos sean [fol. 89r] por el mesmo serviçio de Dios. Y ansí lo suplican ellas a vuestra señoría, y le besan los pies y las manos”. Respondió el sancto ángel: “Al señor Dios Jesuchristo besen los pies y las manos, y con lágrimas de sus ojos y toda devoçión y reverençia, humildoso y piadoso acatamiento, contemplen y adoren, y acordándose de los clavos y tormentos con que fueron presos los generosos y delicados miembros del mesmo Dios y señor Jesuchristo en el tiempo de su sagrada Passión. Y quando ellas esto hagan, y tú también, sus ángeles por ellas, y tú también, y yo por ti, offreçeremos aquella buena obra delante de Dios, como fue offreçida la obra de las lágrimas y penitençia de aquella muger sancta que se dize la Madalena”. Replicó la bienabenturada a sus palabras, diziendo: “Señor, dígame açerca de aquello de mis hermanas”. El sancto ángel respondió: “No as de saber todos los secretos. Mas dígote que el responso que yo dixe de requiem eternam es neçessario a toda persona, siquier sea viva, siquier sea difunta, que dos muertes que ay, una del cuerpo y otra del alma, para qualquier dellas aprovecha la dicha oraçión; y si tú acostumbrares muchas vezes dezirla en fin del pater noster, cuando rogares por los affectos, también como por los difuntos o por los que están en peccado mortal, ganarás por ello. E si con mucha devoçión lo hizieres, cumplirás por tus próximos la falta suya y tuya”. Dixo ella: “Señor, no me satisfago enteramente”. Respondió el sancto ángel: “déveste satisfaçer, que la palabra del sabio es preñada: cuando cogieres almendras e otra fruta que tenga cáscara, trabajo as menester para [fol. 89v] quebrarla, y aun deshollar la mesma fruta para que quede en lo perfeto, ansí puedes aprovecharte de mis palabras. Y aunque no te satisfagas del todo, míralas bien, y entiéndelas para reformaçión de tu conçiençia y para enseñar a quien no save, porque ay muchas personas ygnorantes y no pueden alcanzar la sabiduría verdadera y neçessaria”. Ella dixo: “Señor, ¿qué cosa es sabiduría?”. Respondió el ángel: “La verdadera sabiduría es amar y honrar a Dios, y guardar su ley y sanctos mandamientos, y saber cada un ánima salvar a sí mesma con el ayuda y graçia de Dios. Y si puede ayudar a salvar otras ánimas, buena obra es, y muy maravillosa. Y por eso, con razón, está scripto que mucho haze quien salva su ánima, y más quien la suya y otras, y mucho haze quien salva su ánima también, y guarda los mandamientos de Dios y los cumple; y más, quien cumpliéndolos y enseñándolos, aprovecha. Y muy malo es quien quebranta los mandamientos de Dios, y más malo es quien los enseña a quebrantar, o da favor a que sea quebrantada la ley de Dios o los mesmos mandamientos de Dios y de la Yglesia cathólica y perfeta”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ya yo no puedo enseñar, puesto que en mí no ay sçiençia ni abilidad para otra cosa sino para ser enseñada y ordenada”. El sancto ángel respondió: “Dios te dio marco de buena enseñanza, no seas desagradeçida a sus beneficios, puesto que no des [¿alabo?] humildad”. Ella dixo: “Señor, ¿cómo puedo yo enseñar la carrera del Señor o otras cosas perteneçientes a ella?”. Respondió el sancto ángel: “Siendo apremiada, y estando como estás, pressa con enfermedades e con la obediençia, no te demandará Dios las faltas de la enseñanza”. Dixo [fol. 90r] la bienabenturada: “Así plegue a Dios que no me lo demande, que las hermanas me ponen temor diziendo quedaré [¿?] a Dios, y que me culpará porque no les digo todas las cosas que quieren”. Respondió el sancto ángel: “No les puedes tú dezir todo lo que ellas quieren, aunque sea hablando spiritualmente cosas de Dios y neçesarias a la buena consçiençia y doctrina, en espeçial estando tan escondida como estás. Que las personas que alguna graçia Dios les da, repartidos sus espeçiales dones, para de raçón havrían de estar en lugar más público que escondido”. Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿qué cosa es lugar público?, que en la sancta religión no tenemos por bueno eso.” Dixo el sancto ángel: “Digo lugar público porque las personas que están como tú diviérenles dar alguna libertad o recreaçión para algunos tiempos ser en público lugar, en consolaçión y aviso de sus próximos, aprovechándoles espiritualmente. Y por eso a tus hermanas no les deves culpar, ni a otras personas, que desean aprovecaharse de tus palabras o consejos fieles y devotos”. Dixo la bienabenturada: “Señor, las personas religiosas y con boto de ençerramiento, ¿cómo pueden aprovechar a los próximos en más de rogar a Dios por ellos?”. El sancto ángel respondió: “Si guardando su religión y botos pueden de dentro en su monasterio con palabras aprovechar, y fuera con cartas devotas, y fieles cathólicas e verdaderas, más frutuosa vida es la de la tal persona que no la vida de quien marco no tiene o graçia de Dios para el tal aprovechamiento espiritual. E si algunos con soberbia, y presumpçión e banagloria se levantasen o quisiesen levantar en más estimaçión del marco que Dios les dio, creyendo de sí algún bien lo que en ellos no ay, o reputándose con banagloria por buenos, los tales en su fruto se conocerán, y en sus [fol. 90v] obras; y a los tales no les deven dar livertad en más de lo que su capaçidad abarca”. Dixo la mesma bienabenturada: “Señor, eso yo no lo entiendo, mas como dize vuestra señoría que las palabras del sabio son preñadas, bien creo se ençierran en estas palabras algunas buenas cosas o sentençias”. Dixo el sancto ángel: “Buenas son las palabras del sabio, mas mejores son las del justo”. Dixo la virgen: “Ay, señor, ¿y quién es justo en la tierra?”. Respondió el sancto ángel: “Pues si no huviese justos en la tierra, ya abría Dios hundido el mundo, mas dígote que mientras christianos huviere en ella, verdaderos y devotos, no puede pereçer el mundo del todo”. Dixo ella: “¿Y el día del juyzio no abrá christianos?”. Dixo el sancto Ángel: “Sí abrá, aunque atormentados de los malos, y assí entrarán en paraýso con gozo y con gloria, coronados de martirio, a los quales Dios alabará”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, quién fuese digna que Dios la alavase”. Respondió el sancto ángel: “Sola el alma que Dios alaba es digna de alabanza; mas la que a ssí mesma se alaba sin ser digna que Dios la alabe, ni los sanctos de la gloria, ni los próximos de perfeçción, ella mesma se condena, y el día del juyzio será contada con los malos, arredrada de la compañía de los buenos”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Qué haréys, que soy muy desperadiça. De que pienso en mis peccados ya se me a creçentado la desesperaçión, por causa de que mis próximos me juzgan y me an juzgado, y casi dado sentençia sobre mí, por mala, antes que Dios la dé en el temeroso juyzio suyo, que yo espero ya esta causa. Soy muy atormentada en mi spíritu pensando lo muchedumbre de mis pecados, y pensando la poca ayuda que terné con sanctas oraçiones de mis padres los frayles, de los quales yo esperava refrigerio y consuelo de muchas misas que por mi alma dizían con devoçión. Y viendo que la an perdido en mi persona, tanpoco creo la ternán fervorosa y de coraçón para rogar por mí a Dios Nuestro Señor. A triste dicha mía tengo y atribuyo este [fol. 91r] gran daño”. El sancto ángel respondió: “Descansa y huelga, bendita ánima de Dios, y no te atormentes ni te dexes vençer de tan mala batalla como la desesperaçión, o poca alegría en las tribulaçiones. Que te digo que más bienabenturada eres por ellas, e más purgada e aluziada, que el oro quando pasa por la fornaz, que queda puríssimo y de gran valor y preçio. Y no pienses que a tus hermanas las religiosas yo las desalabo por la fee y devoçión y amor que tienen contigo; antes las alabo, y no solamente a ellas, mas a qualesquier devotos, hombre o muger, que contigo ayan tenido o tengan lo mesmo por las graçias y dones que de Dios huviste manifiestas, y no ocultamente como las tienes agora, que no se te parezen por la muchedumbre de los dolores y los agravios sobre ti suçedidos. Y aún más te digo, que aún las ánimas y personas difuntas que an passado de la vida mortal a la inmortal, y heran tan devotas y afiçionadas por vía de perfeta devoçión, an havido por ende galardones de Dios y refrigerios en sus neçessidades, estando en el destierro de Purgatorio y cárçeles atormentadoras”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, muchas graçias doy yo a mi señor Dios y a vos, por tantas virtudes y consolaçión como yo resçivo de vuestra sancta palabra. Mas suplícole me diga de mis parientes, si abrán por mí algún bien”. Respondió el sancto ángel: “Si los estraños lo an, agravio sería no lo haver los tuyos, aunque conviende respondan ellos a Dios con sanctas obras y simpliçidad de ánima”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿qué cosa es simpliçidad de ánima?”. Respondió el ángel: “Aquello que se dize en el psalmo ‘qui non accepit in vano animam suam’, que quiere dezir ‘aquel que no resçivió en vano la su ánima’; e más te digo, que donde mora ynvidia y malquerençia, y desseo y benganza de propia gloria, en las tales cosas se contiene perfeta maliçia, y la tal ánima está despojada de la virtud de la caridad açerca de Dios y del próximo, y ensoberbeada con propia presumpçión”. Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿e yo peccado en amar mis parientes o en hazer algo por ellos?”. Respondió [fol. 91v] el sancto ángel: “Dios te demandará la crueldad que con ellos hiziste, pudiséndoles haçer piedad sin perjudicar tu consçiençia y haçer agravio a otro”. Dixo ella: “¿Qué haréys, señor, que he sido juzgada de demasiadas piedades a mis parientes y con agravio del monasterio donde yo soy religiosa?”. Respondió el ángel: “Qué as de hazer si no resçives en paçiençia los dichos, que Dios juez es, que save todas las cosas y nunca da pena a nadie por el peccado que no hizo, ni galardón por la buena obra que dexó de hazer”. Dixo la virgen: “Señor, qué haré, que he juzgado a mis perlados y he tenido juyzio contra ellos, que an querido usar de poderío contra mis hermanas y contra mí; mas que de razón tuviesen para nos hazer los agravios passados, y que no se á mirado la caridad enteramente con nosotras para juzgarse y castigarse nuestras flaquezas justa y piadosamente, y que nos an levantado algunos males que nosotras no havía, y publicados, puesto que somos peccadoras”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, que algunas cosas an sido puestas en fama desloable más que se devieran poner. E puesto que los perlados son poderosos, ay neçessidad y es razón y justa virtud que reynen con humildad, y usen de sus poderes templadamente, no sobrepujando la yra a la virtud y paçiençia y esperanza de penitençia que hará el religioso o religiosa reprehendidos. E más que te digo: que los que con soberbia y presumpción rigen, Dios no les es deudor de gran graçia para tratar las ánimas, según Dios y buen mereçimiento del propio perlado. Y por eso niega Dios la graçia a los malos perlados, y los amenaza para el día del juyzio que le pagarán las ovejas muertas a su causa, con crueldad lisiadas, sin poner medicina, porque el ymperio de la perlaçía no se da para crueldades desordenadas, mas para creer en sabiduría y sçiençia en la ley de Dios y sacras scripturas eclesiásticas, las quales son por Spíritu Sancto ordenadas, en espeçial las que son dichas. Buena graçia e decreta es en la nueba ley e vieja. Ay mucha declaraçión de las scripturas sagradas ya dichas, aprobadas por Dios y por la sancta madre Yglesia, y porque en tu entendimiento no pueden caber las cosas que te podría yo dezir de las condiçiones que an de tener los que rigen, y remítome a las dichas sagradas scripturas [fol. 92r] e sanctos libros, hechos e ordenados por el Spíritu Sancto, los quales sin falta son aquellos que hiçieron los quatro doctores que son nombrados reformadores de la Yglesia militante. Y si otras personas algunas se levantaren contradiçiendo lo que aquellos, no debe de ser admitida ni resçivida la contradiçión, porque traería mezclas en sí solapadas, aunque so color de bien, los tales den consejo llamándose christianos. No ay cristiano fiel si no tiene y cree lo que la madre sancta Yglesia, perfeta y militante, predica y enseña, así de la unidad en grandeza de la alta Trinidad como de los otros estatutos y perfeçiones que se contienen en esta mesma sancta Yglesia católica”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Señor, ¿qué virtudes tenéys vos con que señaladamente aprovecháys a las ánimas de Purgatorio, pues tanto me mandáys a mí y encargáys ruegue por ellas?”. El sancto ángel respondió: “Piedad y misericordia me contiene a mandar que offrezcas por ellas tus trabajos, y algunas devotas oraçiones e ayunos, los quales en lugar de limosna hecha por ellas les aprovecha”. Ella dixo: “Señor, las limosnas que dan por ellas los del siglo, [¿aprovéchanles mucho?]”. Respondió el ángel: “Sí aprovechan, y quien haze limosna por las ánimas de los difuntos christianos mata el peccado propio suyo, y quita las penas que en la otra vida atormenta las ánimas por quien es ofreçida la limosna”. Dixo la virgen: “Señor, ¿qué es la causa que me havéys mandado, en el remedio de mis dolores, poner piedras frías o guijarros?”. El ángel respondió: “Probándolo tú, ¿no has hallado refrigerio?”. Dixo ella: “Algunas vezes le hallo, y algunas vezes más dolor”. Respondió el sancto ángel: “Quando tuvieres fe, que yo tengo la virtud sobre las piedras y guijarros, y que te verná bien; por ende, no dexes de animarlos a tus dolores, que piadosamente abrás refrigerio, y en espeçial, quando huviéredes grandes calores por causa del dolor, avrás refrigerio, que tú mesma conoçerás el benefiçio”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿aprovecharán las tales piedras en vuestra virtud a otras personas, como hazen a mí?”. Respondió el ángel: “Ya podrá ser, que de aquí adelante aprovechen [fol. 92v] a toda persona, porque Dios me a dado poderío sobre las piedras, que tengan virtud para muchas cosas y que puedan ser possada, y hospital de algunas ánimas en que pasen su Purgatorio con más templanza que lo pasarían en los fuegos de Purgatorio ardientes y muy fuertes; las quales penas, si te las dixese, te espantarías, y tu spíritu desfalleçería de dolor y compassión, y tú temerías en toda ora y en todo momento de offender a Dios por no verte en ellas.” Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, de las del Infierno me libre Dios por su misericordia, pues que son perpetuas sin fin; que las que an fin, aunque son rezias de oýr, quanto más de padeçer, consolatorias son para el ánima que se desea salvar por peccadora que sea”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, mas quando se piensan las penas y no se sienten ni la prueba dellas, son yncreíbles a los peccadores, y por eso no se guardan de peccar mientras viven, y después en la otra vida ay las penitençias de las penas y no ay remedio de enmienda; porque allí se pagan los peccados hechos e cometidos atrebidamente, no anteponiendo el temor de Dios con el qual se suelen resistir los peccadores, y por el dulze amor de Dios obrar las virtudes como hazen los verdaderos fieles y sierbos de Dios, que antes determinarán morir que haçer un peccado mortal, porque es infierno para el alma”. Dixo la bienabenturada: “O, peccadora de mí, Señor. ¡Y qué haré yo, que tantos peccados mortales tengo y he hecho toda mi vida como gran peccadora, y herrada y culpada!”. Dixo el sancto ángel: “Bien haçes de conocerte, y lo mejor es arrepentirte y llorar con devoçión tus peccados haviendo compasión de Dios, a quien offendiste y reverençiaste, y desagradeciste y ayraste con tu mala vida y obras y perversas costumbres”. Dixo la virgen: “Señor mío, ¿pues qué es la causa que siendo yo tan mala os veo a vos, y otras vezes a Nuestra Señora la Virgen María, y a mi señor Jesuchristo, preçioso hijo, que es más que todo?”. Respondió el sancto ángel: “De tan gran graçia como esa también darás quenta a Dios, porque no la conservaste y agradeçiste e reverençiaste como devías. E puesto que es grande graçia en la manera que tú ves [fol. 93r] esas cosas, mayor graçia es con los ojos del ánima e gusto del spíritu contemplar y amar ese mesmo Dios Jesuchristo sin le ver, y a la Reyna del Çielo su sancta madre. Y por eso dixo Dios a Sancto Tomás ‘porque me viste, me creýste, mas quien no me viere y me creyere, bienabenturado será’”. Ella dixo: “Pues yo no demandé al Señor me diese visiones ni apariçiones de sí mismo, ni de vos, señor, ni de otras cosas del Çielo, ¿qué es la causa? ¿Por qué se me an dado sin mereçerlo yo?”. Respondió el sancto ángel: “Es graçia que Dios, de su gana y grado, te a dado, abentajada que a otras personas. Como dicho tengo, no seas yngrata ni te ensoberberzcas, que a otras personas sin ver nada son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu corazón: nunca te engañe el enemigo con banagloria, que dígote que por guardarte Dios deste peccado, a permitido sobre ti algunos menospreçios en tu vida con que an sido y heres quebrantada, y apremiada, y pisada de las gentes, y en lenguas de las criaturas de Dios; aunque no dexo de culpar a las personas que no an mirado a la graçia que Dios en ti puso provechosa y manifiestamente, porque los tales menospreçios no se haçen contra sierbos y sierbas de Dios, si en alguna culpa, siquiera por la reverençia. Mas tú, duélete del peccado hecho contra Dios más que de tu menospreçio, y piensa que de más heres digna, y ansí salvarás tu ánima, que está en tu palma, como dize el psalmo ‘anima mea in manibus meis semper’”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, no quisiera yo que el Señor dexara en mis manos mi alma, que soy neçia e yndiscreta peccadora, y sin conoçimiento de mi señor Dios y de lo que a mi ánima conviene, y en lugar de salvarla y ponerla en Paraýso, héchola en el Infierno. Ay de mí, que en mi mal cobro las penas no sé para qué la dexó Señor en mis manos. Más me valiera no naçer que perderme, y yrme al Infierno; más me valiera no nasçer que desamparar a mi Señor Dios y criador, y redemptor y salvador, e amigo e esposo verdadero de mi alma, y apartarme d’Él como me a apartado, y olvidarme d’Él como me he olvidado, y faltar de allegarme a Él [fol. 93v] como he faltado. ¡Ay, grandes peccados! ¡Ay, qué grandes males! Perdóneme el Señor por su misericordia y por su sancta Passión. Rogáselo vos, señor sancto ángel bendito. Rogáselo vos, muy preçioso señor mío y guardador mío. Hazé que no se pierda esta triste ánima que os fue dada en cargo, Sancto Laurel auram, bendito poderoso sobre las piedras, consolador de las ánimas y reberçedor de las yerbas marchitas que dezís se entiende por las ánimas que están marchitas y secas sin Dios. Rogad por mí al Señor, que soy piedra dura y sin humor de graçia y de virtud de Dios. Si por su misericordia no me la da, préguemela vuestra señoría, sancto ángel bendito. Préguemela, pues tanto alcanza de Dios”. Dixo el sancto ángel: “Levántate, alma, sierva devota a Dios. Levántate de la baxeza de tus peccados, que por muchos que sean, Dios te los puede perdonar: aquel que perdonó a sancta María Madalena quando lloró sus peccados, perdonará a ti; aquel que convidó a Sant Matheo, y le convidó con gran y misericordia, convidará a ti. Ese mesmo Dios a muchos peccadores y peccadoras a perdonado. Para mientes, no desesperes de la misericordia de Dios, no te aflixas demasiado por las persecuçiones y menospreçios a ti hechos, contra las murmuraçiones verdaderas o no verdaderas contra ti, que si todo se te quenta en penitençia de tus peccados, ruega a Dios te lo resçiva. Yo también lo rogaré”. Dixo la sancta virgen: “Señor, mi menospreçio y murmuraçiones contra mí hechas, yo mesma me los ganado con mis peccados y defetos y tachas malas que ay en mí, y a havido, por ser yo tan peccadora, como dicho tengo y me he confesado con vos, señor”. Dixo el sancto ángel: “No digas que tienes malas tachas, pues cosa de animales brutos sin conoçimiento de Dios, que si tú as offendido como peccadora y criatura caýble, tan poco a sido en tanto grado quanto [10] tú te acusas e pones los defetos, e si otras personas te los an puesto, y tales ayudas, no quiero yo favoreçer en eso, e tan demasiado grado, que persona que ve a Dios y a mí, que soy ángel y tiene graçia [fol. 94r] de ver los demonios, no es razón desfavoreçerle en tanto grado. Y si las gentes desfavoreçieren, Dios no desampara del todo a sus amigos. Y si en esa vida quedan vençidos o muertos de sus enemigos, visibles delante de Dios, los muertos sin culpas [11] quedan venzedores, y con gloria triunfadores, y los vivos, aunque victoriosos al parezer visiblemente, quedan muertos y sepultados en el peccado de su omiçidio y malquerençia y crueldad”. Dixo la sancta virgen: “Señor, cosas maravillosas me dize vuestra señoría, que mi entendimiento no basta para entenderlas”. Dixo el sancto ángel: “Capaz está tu entendimiento de entender y sentir bien de Dios y de esas cosas y escondidas sçiençias, si quieres usar tú de la virtud y lumbre que Dios te dará, con la qual alumbra su sancta fee cathólica, la qual te consejo reluzga en ti como piedra preçiosa puesta en oro o en plata, o como el luzero planeta del çielo”. La bienabenturada preguntó al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque el Señor permitió sobre mí fuese atormentada en vida como Job, que ansí me pareze que estoy cubierta de dolores y ansí me duelen como si fuesen llagas o lepra?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Da graçias a Dios trino y uno y verdadero por todos los dolores que te dio, secos y sin llagas. Y aunque fueran llagas y lepra, es más ydiondo y feo el peccado que afea el alma, que no la lepra y hedor que atormenta el cuerpo. Antes muchas vezes da Dios las tales cosas para purificaçión y hermoseamiento del alma. Y acordarte deves de cuando yo te dixe que havía el demonio demandado liçençia a Dios para perseguirte y tentarte de diversas maneras. Ansí como lo hizo, contraxole, comoquier que le fue dado algún poder y liçençia, no fue en tanta cantidad como el mesmo demonio pedía. Tú sanctíguate d’él y no le ayas miedo, que si fee y devoçión tienes en las virtudes de la cruz, valerte an ante Dios, y el demonio no avrá poder sobre ti en grado enpezible a tu ánima, aunque el cuerpo padezca y sea atormentado. Y sé fiel a Dios, enbuélbete en su amor, afórrate en su esperanza, consuélate en su serviçio. Esto haciendo, y siendo Dios contigo, no temerás cosa que los [fol. 94v] hombres te hagan, que quando te mataren, heres viva; quando te dieren vida los hombres y no Dios, quedas muerta. Ansí están muertos los favoreçidos de los hombres, mas los favoreçidos de Dios, aunque sean muertos, quedan vivos”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, mucho me consuelo oyendo palabras, sanctas palabras, mas miedo hé a los hombres, y asombrada me tienen los sanctos e humildes religiosos e religiosas. ¿Qué haría, y en quánto grado más abría miedo a los crueles seglares, si a desdicha mía por sus manos, huviese de ser castigada o penitençiada? Que aunque fuese permisión del Señor, y por bien de mi alma, en tales cosas no sé si avría paçiençia y si el tal martirio sería en mí meritorio”. El sancto ángel respondió, diziendo: “Grande es la pequeñez de tu coraçón, pues no estás aparejada para con todo esfuerço e amor de Dios sufrir las fatigas. Esfuérçate, que la sancta religión christiana piadosa es. Y las personas que son christianas y desapiadadas quedan deudoras a Dios en mayor grado que los infieles, en espeçial quando hazen mal a los amigos e sierbos de Dios, pues los religiosos e de orden sacra, ¿cómo te an de hazer a ti mal? No tengas tantos temores, ánima de Dios, que me das congoja y me hazes llorar”. La bienabenturada respondió al sancto ángel, diziendo: “Señor, no puedo más sino sentir en mí este temor, acordándome de las cosas profetizadas sobre mí, como vuestra señoría me a dicho artas; e otras me an contado mis hermanas las religiosas, las quales dizen haver ellas oýdo por sus oýdos profeçías salidas por la palabra dada de graçia del Señor en tiempos passados, las quales profeçías en mí dichas y para mí profetiçadas dizen ellas se cunplen agora y se an cumplido largamente, y aún ay más por cumplirse, y con esto estoy tan temerosa… no sé qué son”. El sancto ángel dixo: “No tengas tantos temores, porque no pierdas el tiempo ni le gastes mal gastado con el demasiado temor, olvidando y dexando de usar el fervoroso amor de Dios, el qual tú solías tener en otro tiempo y te vi yo con más ánimo y fortaleza y cuydado de Dios, y no con el relaxamiento y tibieza que agora está aposentado en tu ánima. Muchas vezes me haçes estar cuydadoso de ti, y maravillado cómo heres tan floxa, enbuelta en esos temores que te an de haçer mal las gentes. Falta el spíritu de obra en la caridad y amor de Dios, y la hambre y sed que los próximos se salven; falta en ti la oraçión devota y penetrativa, la qual es agradable a Dios, quando limpia y sin peccado vuela al Çielo, adonde Dios está assentado en su real trono, y como el [fol. 95r] humo del inzienzo es sin fastidio quando ordenadamente es quemado ante Dios y es dino sacrifiçio, ansí la oraçión es honrrosa a su alta y gran Magestad y sube bolando, no parando hasta los brazos y persona de quien ama el que la haze. Y por eso, si tú amas a Dios cruçificado, que fue en ese mundo y glorificado que está, oyrá en el Çielo tu oraçión, que es el mensagero de tu coraçón. Hasta allá sube, donde ese mesmo Dios está y mora; y ansí la oraçión de qualquier ánima devota, aunque esté en el cuerpo, e mientras más limpia y sancta vida haze, e religiosa, más açeta e sancta al acatamiento de Dios”.