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El sancto ángel dixo: “No tengas tantos temores, porque no pierdas el tiempo ni le gastes mal gastado con el demasiado temor, olvidando y dexando de usar el fervoroso amor de Dios, el qual tú solías tener en otro tiempo y te vi yo con más ánimo y fortaleza y cuydado de Dios, y no con el relaxamiento y tibieza que agora está aposentado en tu ánima. Muchas vezes me haçes estar cuydadoso de ti, y maravillado cómo heres tan floxa, enbuelta en esos temores que te an de haçer mal las gentes. Falta el spíritu de obra en la caridad y amor de Dios, y la hambre y sed que los próximos se salven; falta en ti la oraçión devota y penetrativa, la qual es agradable a Dios, quando limpia y sin peccado vuela al Çielo, adonde Dios está assentado en su real trono, y como el [fol. 95r] humo del inzienzo es sin fastidio quando ordenadamente es quemado ante Dios y es dino sacrifiçio, ansí la oraçión es honrrosa a su alta y gran Magestad y sube bolando, no parando hasta los brazos y persona de quien ama el que la haze. Y por eso, si tú amas a Dios cruçificado, que fue en ese mundo y glorificado que está, oyrá en el Çielo tu oraçión, que es el mensagero de tu coraçón. Hasta allá sube, donde ese mesmo Dios está y mora; y ansí la oraçión de qualquier ánima devota, aunque esté en el cuerpo, e mientras más limpia y sancta vida haze, e religiosa, más açeta e sancta al acatamiento de Dios”.
===Capítulo IX===
'''De otras preguntas que esta bienabenturada hizo a su sancto ángel'''
Preguntó esta sancta virgen al ángel su guardador suplicándole respondiese a una cosa que sus hermanas las religiosas le dixeron que le rogase de una angustia que tenían, la qual le contó assí como se lo havían dicho y encomendado. El sancto ángel le respondió, diziendo: “Tus hermanas las religiosas ayan paçiençia, que no es pequeño su mereçimiento delante de Dios. Y ninguno que suplica con humildad está fuera de estado de graçia; siquiera sea rogar a Dios que perdone los peccados, o otras cosas açeptas y neçesarias a las ánimas y a la salud de ellas y a las gentes, pidiendo favor spiritual y temporal, de la mesma manera no es ningún peccado”.
Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “¿Quáles de mis hermanas peccan más delante de Dios, o ganan más las que me quieren a mí bien o por amor de Dios me tienen devoçión, o las que me quisieren mal y acordándose de mis defetos la pierden y dan consentimiento a mi persecuçión con benganza?”. Respondió el sancto ángel: “Tu perfeçción a sido y es muy neçessaria para mérito de tu ánima, y Dios la a permitido. E ansí como Jesuchristo, para la redempçión, fue neçessario ser cruçificado y que huviese quien lo hiziese, assí tú havías de ser perseguida, e havía de levantar Dios quién lo hiziese, o el demonio, con liçençia del mesmo Dios. Mas puedes creer que ansí como los que cruçificaron a Dios no ganaron en sus ánimas nada, antes perdieron mucho, ansí los que persiguen a los sierbos de Dios y que conoçidamente son christianos y amigos suyos, peccan en perfeto grado de maldad”.
Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Bien dizes, señor, si son sierbos y amigos de Dios. Mas yo, peccadora, que soy ymperfeta y tan defetuosa, en lugar [fol. 95v] de ser amiga y sierba del Señor, como hera razón fuese; y yo soy obligada a Dios, mi Señor, más que otro”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “¿Por qué dizes que no heres tú amiga de Dios como su Divinal Magestad save? E yo soy testigo que tienes tú amor y afiçión puesta con Dios, y la as tenido. Y son testigos muchos frayles de tu orden e otras personas de algunas señales que exteriormente se conoçían en ti, el ençendimiento y dulçedumbre que tu ánima sentía, o pudiera ser juzgados sentir, las quales dulcedumbres tan dulçíssimas y perfeçionadas y adornadas de hermosura spritual en el divino serviçio de Dios; el qual es más hermoso y rico, y dulçe y codiçioso a los buenos, más que los despojos a los guerreantes, e más que la vitoria e las vatallas de los enemigos”.
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, mis hermanas las religiosas tienen un defeto muy grande, y es que me desean a mí por su perpetua perlada, y esto es contra la voluntad de nuestros perlados. Y algunas veçes no se lo conçeden, y con su ymportunaçión los enojan. Este peccado, ¿perdonársele a Nuestro Señor? Que yo por grave le tengo en ellas”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Otros peccados avrá en el mundo tan graves y más, que no ese, puesto que ellas deven, como sierbas de Dios, obedeçer lo que les mandaren, y esforçarse a cumplir la voluntad de los perlados, en espeçial cuando no les mandan cosa que sea ofensa del señor Dios ni contra sus almas propias y su perfeta y frutuosa conçiençia e aprovechamiento spiritual en el mayor y mejor serviçio de Dios”.
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, el tiempo que yo he sido perlada, ¿é servido a Dios en el tal offiçio?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Gran soberbia sería la tuya si pensases havías servido a Dios sin offensa e sin defeto. Mas de una cosa te hago çierto, porque te alegres en la virtud y te enmiendes del defeto, e te duelas quando te falta la virtud: que tu ánima siempre a sido por la graçia del Señor ynclinada a buenas obras antes que a malas, y a un zelo que se sirva el Señor de todas las criaturas, y que no se offenda dellas, ni de tu ánima mesma, la qual deseas salvar con fe verdadera christiana, devota a Dios y a su Madre, y a los sanctos ángeles y soberana corte çelestial. Y las offensas que as hecho no an sido de propia voluntad, ni perdiendo la reverençia e amor de Dios, ni a el temor reverençial e piadoso, comoquier que atrevidamente y con agudez demasiada o pensando no ser peccado algunas cosas, as offendido, e por eso mereçes penitençia. Y si la de la vida presente no bastare, en el otro mundo yrás a penar. ¡Sálvete Dios, ánima mía, encomendada! Que te salve Dios del Çielo, yo lo quiero suplicar, y entiendo ganarte graçia. Tú te deves ayudar”.
La bienabenturada, muy consolada de estas piadosas y sanctas palabras, dio graçias al sancto ángel, [fol. 96r] y tornole a preguntar si havía sido servida Nuestra Señora traerla a su sancta casa de la cruz y que morase en ella para siempre. El sancto ángel respondió, diziendo: “¿Por qué hazes pregunta a la cosa que bien saves? Acuérdate de aquel día quando yo te apareçí en casa de una tu tía, estando tú en oraçión delante Sancta María, e yo offreçía tu devoçión y pedías con lágrimas serbir a Dios: te otorgó y te llamó para su casa, y a mí me mandó guiarte. Y ansí se hizo. ¿Qué más señales quieres para conoçer que ella fue servida traerte a su sancta casa, la qual estava derribada y arto caýda en quanto a lo temporal, que en lo spiritual su virtud se tenía? Mas fue aumentada la devoçión, junto con la graçia, más contigo que sin ti”. La virgen le dixo: “Señor, ¿pues cómo agora a caýdo en mí la graçia?”. Respondió el sancto ángel: “Siempre acostumbró Dios, en el prinçipio, de dar su graçia alterada y fervorosamente, sin poderse encubrir ni meterse la candela devajo del celemín; mas de que se va haziendo ascua creçida y maçiça, puedes encubrir con la ceniça de la discreçión e abituaçión, sin que se parezca descubiertamente la luz que está en el ánima hecha ascua biba sin llama”.
Dixo la bienabenturada: “¿En que veré yo, señor, si tengo graçia de Dios?”. Dixo el sancto ángel: “En si estás aparejada toda ora morir de grado por su honra, gloria y fee, y con alegre esperanza del Paraýso que se da a los amigos de Dios por los mereçimientos de Jesuchristo cruçificado, y apasionado y muerto, y sepultado por la salud y vida del mundo”. Dixo la bienabenturada: “Espántanme, señor, vuestras palabras. Si el Señor no me diese nuevo esfuerço y nueva graçia, muy flaca me hallo açerca del gusto de la muerte, comoquier que por dichosa me tengo quando se me offreçen penas por pasarlas por amor del Señor; y ansí querría poder pasar la muerte con gozo y alegría, sin me entristeçer ni desfalleçer al tiempo del martirio”. Respondió el sancto ángel: “Esfuérçate, ánima de Dios, que la muerte no puede ser escusada a ninguna criatura biva puesta en carne, y ase de pasar la muerte por fuerça. Mas bienabenturados son aquellos que mueren conoçiendo a Dios y confesándole en su sancta fee católica, hallándose dichosos haverle resçivido, o conoçiendo tarde o temprano. Aunque más vale temprano y luengamente perseverar y morir en ella que en peccar tarde, que es dificultosa de arraygar en el coraçón del ánima perfetamente. Y ansimesmo, las buenas obras esperar hazerlas tarde es gran peligro, que Dios no es [fol. 96v] obligado ni deudor de graçia a las tales personas que con esperanza diciendo ‘enmendar me he, o buenas obras haré antes que muera’, viene presto la muerte, y toma las ánimas en peccado mortal y no [¿irán?] servir a Dios ni enmendarse de sus peccados, aunque lo tenían en propósito o en desseo, con el defeto de nunca lo poner en obra; no mereçieron a Dios les diese graçia que pudiera darles, y las mesmas ánimas an menester para salvarse”.
Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Paréçeme, señor, estar yo siempre o muchas vezes en estado de graçia, según el Señor, por su misericordia, siento que me la da, y por mis peccados yo la pierdo. Y también me pareçe me la hazen perder las criaturas quando me turban a menudo, o me atribulan con razón, y mi inpaçiençia poca virtud no me dexa conocerme, tanto como devría”. Responde el sancto ángel: “Defeto es ese, y ymposible al alma que se a de salvar, si enmienda grande no diese Dios en el tal yerro”. Dixo la virgen: “Ruegue vuestra señoría por mí, pues save mis defetos, que me los perdone el Señor, este y todos los otros que tengo”. Dixo el sancto ángel: “Pláçeme de lo rogar. Y acuérdate que reçiviste muchos bienes y dones del Señor Dios, por la su perfeta y amigable y verdadera graçia, en la qual tú mesma no deves dudar, como te acaeze algunas veçes, que siendo tan altos los dones y tú no te hallando dina dellos, los dudas ser perfetos y verdaderos de Dios poderoso hechos en ti”. Dixo la bienabenturada: “Ay, Señor, es verdad que ese peccado también tengo, que aunque sé que Dios es poderoso para me los dar, considerando que no es justa cosa en mí, estoy en conbate y en batalla. Y no es en mi mano dexarlo de creer, pues lo veo y siento en diversas maneras que no sé decir, ni es en mi mano dexarlo de creer lo de ligero, porque no oso. Y pienso por ventura no sea pecado creer de mí o en mí haver algún bien, aunque sea por la graçia del Señor”.
Respondió el sancto ángel: “Esa también es graçia del Señor, que toda su Divinal Magestad por mexor dé tu ánima. Y las penas que te dan las criaturas, y los dolores y enfermedades, harán para tu ánima, y la limpiarán, y las bescosidades que se le pegan por los defetos que confiesas tener y hallarte culpada dellos. Y más perfiçión es acusarte de los peccados y defetos que no confesar virtudes y manifestallas, aunque las huviese y sean verdaderas. Conózcolas Dios, que las save, pues Él las da por su virtud y misericordia, y Él solo [fol. 97r] las alave como lo hará en el otro mundo, si fueren dinas, y en este las otras personas que te conoçiere. Y ese mesmo Dios, si lo permitiere, es bien que te alaben, mas no tú mesma, porque es bana y engañosa la lengua del que se alava a sí mismo sin que Dios le alave, o las criaturas con verdadero testimonio”.
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque fuy en mis prinçipios en mucho tenida y alabada de sancta y de sierba de Dios, más que deçía ni mereçía?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor lo permitió porque lo pareçieses en la perfecçión y travajos dignos de memoria. E ansí como su Divinal Magestad, después de nasçido en ese mundo de aquella Reyna del Çielo puríssima y sagrada donzella −que no ay vocablos perteneçientes en la tierra ni lenguas bastantes para alabarla−, dende el prinçipio ese mismo Dios fue conoçido y alavado de muchos justos del Testamento Viejo, y de los ángeles y pastores, y después de muchos mártires y gentes que se convirtieron a su sancta fee, hombres, y mugeres, y vírgines y no vírgines, y antes de su sagrada Passión fue en mucho tenido Jesuchristo, rey de gloria, y conoçido Dios y hombre, como se muestra en la honra que le fiçieron el día de los ramos y el día de los panes y pocos pezes, y en otros muchos milagros que el Salvador hiço en el mundo, en que fue honrado y ensalçado de las gentes, y después se vino el menospreçio, quando le dieron la Passión no por peccados ni defetos suyos, mas por la maliçia de las gentes, porque hera menester su sancta Passión para salvar el mundo, o por mejor decir, las ánimas justas, conviene a saver, creyendo en el mesmo Dios y honrando su sancta fee católica”.
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, preçiosa es vuestra respuesta para mí, y muy consolatoria. Bien parecéys vos sancto ángel y bendito, que tales palabras me dezís, según yo las he menester. Mas suplícoos me dygáys si son provechosas mis penas, y si se sirve el Señor dellas, porque, si ansí es, consolarme he yo sin desfalleçer”. Dixo el sancto ángel: “Bien dizes, dándote el Señor su sancta graçia, porque sin su voluntad y mandamiento e obramiento de ese mesmo Dios no ay virtud alguna, ni se puede nadie salvar sin su querer y poderoso poder y graçia, misericordiosamente usado e obrado. E por eso no se deve engañar nadie ni confiar en sus virtudes propias, ni en su saber ni [fol. 97v] sciençias, que más seguro es siempre dudar no hallándose dino del Paraýso ni de los méritos de la sagrada Passión con que se compró y ganó, que no tener por muy çertificada la salvaçión, en espeçial quando no ay méritos delante el acatamiento de Dios. Y quien pensare que los tiene dignos, él mesmo se engaña, si no es por virtud de esa mesma sagrada Pasión”.
===Capítulo XX===
'''De una congoxa que spiritualmente tuvo esta bienabenturada'''
Estando elevada preguntó a su sancto ángel, diziendo: “Señor, muy angustiada me hallo quando me acuerdo de una cosa que vuestra señoría me dixo: y es que havía yo sido como Eva, y causado mal para mí y para otras personas. Querría saver cómo se entiende esto, que me da mucha pena pensar que soy tan peccadora qu’e causado males. Y quisiera yo causar bienes, y de esto me hallara más alegre, y creyría que no havía nasçido en valde, pues Dios me havía criado para aprovechar en mi ánima y en otras. Y dezirme que e desaprovechado, estoy por ello muy angustiada y cargada de tentaçiones, creyendo que me tengo de yr al Infierno por mis peccados, los quales me bastavan sin tener agenos”. El sancto ángel respondió, diziendo: “Todo eso es bien que pienses çertificadamente con temor; mas no que te as de yr al Infierno, porque los que allí van, antes que salgan de este mundo llevan perdida la caridad de Dios y del próximo y de sí mesmos, y la esperanza, y por eso se pierden, que de otra manera no se perdería ningún christiano; quánto más que los que soys religiosos y religiosas tenéis causa y remedios mejores, y más subidos, para la perfeçión que es menester para salvar el alma, si queréys usar de las reglas y virtudes que os mostraron los sanctos, los quales fueron exemplares y dotrinables al mundo. Y por eso, con razón los llama el Señor ‘luz del mundo’, y en otra parte los llama ‘sal sabrosa’, que se entiende por la sabiduría y discreçión, y caridad e amor de Dios y del próximo; y en otra parte se dize ‘miel dulze y panar, y valor de piedras preçiosas y thesoros deseables’, que se entiende por el gozo y gusto de los contempladores en Dios Jesuchristo cruçificado, en la lumbre e honra de su sancta fe cathólica, la qual es más espexada y valerosa con rosa que todas quantas [fol. 98r] setas y leyes huvo en la tierra ni abrá. Y bienabenturados son los que esta alta y sancta fee guardaren, y tuvieren y honraren, que en el día del fuerte y justo juyzio de Dios verán el premio de su galardón”.
Dixo la bienabenturada [12]. Respondió el sancto ángel: “En este mundo no se puede ver nada, ni saver ninguno de los secretos que Dios puso en su entendimiento y potençia escondida y prudentíssima”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿pues cómo pregunto yo a vuestra señoría algunas cosas a las quales me responde algún secreto no savido?”. El sancto ángel respondió: “Si no fuese la voluntad del Señor, ninguna cosa te respondería a tus preguntas, e si alguna vez respondo es por voluntad de Dios, y con palabras encubiertas, que casi tú no las entiendes, y artas dellas; no son profeçías, y no las saves, aunque las dizes. Y bien hazes a no abalanzarte a dar sentençia sobre mis palabras pensando que las entiendes. Que scripto es ‘las palabras del sabio preñadas son’, y por eso mejor es tenerte por neçia y sin saber, que no atreverte a declarar demasiado, no sabiendo; e mejor es dexarse a la doctrina de los sanctos, y a espirimentados y canoniçados por la sancta Yglesia cathólica, que no usar ni establezer novedades, creyendo que todo es Spíritu Sancto. Que el Spíritu Sancto ya está declarado y muy manifestado, y conoçidas sus negoçiaçiones. Todo lo qual el Spíritu Sancto obró en el çentro y cuerpo de la sancta fee cathólica, sancto es, e si el demonio se yngiriere por sus frutos y contraridades, del bien será conoçido; y siendo conoçido, deve ser hechado con la señal de la cruz, y con el amor de Jesuchristo, y con la codiçia y esperanza del sancto Paraýso para la otra vida, del qual Paraýso no ay otro Señor sino Jesuchristo. No huyga d’Él nadie, que quien piensa escaparse de su hermosa fee, a manos de ese mesmo juez á de morir el día del juyzio, con la cruel sentençia que el justo juez dará sobre los malos y peccadores, y pareçerse á cómo solo Él es el Señor”.
Y ansí çesó por entonzes la plática del sancto ángel y de la bienabenturada, las quales cosas y pláticas tan gloriosas le mandó con premio scrivir, lo qual ella hizo.
===Capítulo XXI===
'''De la gran caridad con que esta bienabenturada rogó al Senor por la salvaçión de la religiosa que havía sido causa de su persiguimiendo, a la qual tenía por abbadesa'''
Como esta bienabenturada rogó al Señor con mucho fervor su Divina [fol. 98v] Magestad quisiese dar aquella religiosa que havía sido causa de sus travajos, que entonzes hera su perlada, conoçimiento de sus peccados con grande arrepentimiento y dolor por los haver hecho, y fue tan grande este arrepentimiento que mereçiese salvarse, y que assí como su gran misericordia quiso convertir y convirtió a Sant Pablo sin que él solo pidiese, ni se lo rogase, assí suplicava esta bienabenturada, dixo ella mesma a Nuestro Señor, conviertese a esta su madre y hermana, aunque ella no se lo pidiese ni rogase; ni que ella no se consolaría ni alegraría si esta virtud no le otorgase su Divina Magestad.
Y haziendo esta oraçión con tanto ferbor y caridad, le otorgó Nuestro Señor su petiçión, haziendo milagro tan público y manifiesto que en muy breves días mudó el corazón, hiriéndola con enfermedad y temor de su justiçia, y herida del mal de la muerte. Y temerosa del poderoso juyzio de Dios, antes que se fuese a la enfermería adonde havía de ser curada, fue a la zelda de la sancta virgen. Díxole llorando: “Señora mía, yo me siento muy mala. Suplícole, por amor de Dios, ruegue por mí a Nuestro Señor con mucho cuydado que me dé salud, si fuere servido, y conocimiento de mis peccados e conformidad con los que quisiere hazer de mí ser”. La bienabenturada le respondió con lágrimas de sus ojos, diziendo: “Señora, madre mía, esfuérçese por la caridad, y tenga paçiençia con la enfermedad, que yo rogaré por ella con muy gran cuydado a Nuestro Señor por su salud y consolaçión espiritual”.
E oýda el abbadesa la respuesta de la bienabenturada, se fue con acreçentamiento de contriçión y de amor con la sancta virgen. E creçiéndole mucho la enfermedad, la qual hera dolor de costado, mandó que llamasen al vicario del monasterio, e confesó con mucha devoçión y contriçión de sus peccados. E trayéndole el Sanctíssimo Sacramento para le resçivir, ansí como le vido venir, hiriéndose en sus pechos con muy gran clamor y lágrimas, se confesava por muy gran peccadora. Y rogó a las monjas la perdonasen los agravios y sinrazones que les havía hecho y a su causa havían resçivido. Y diziendo su culpa a Dios y a las religiosas, comulgó con muy gran devoçión.
Y después que huvo comulgado el abadesa, rogó la sancta virgen [fol. 99r] e las religiosas que la llevasen a verla. Y llevada, la habló con grande amor y caridad y compasión, diziéndole las palabras de mucho esfuerço. Y el abadesa se consoló, e le alegró en grande manera con su vista, y entre otras cosas que le dixo, le rogó que le dixese que se havía de morir de aquella enfermedad. La bienabenturada le respondió: “Hasta ahora, madre mía, no le me lo a mostrado Nuestro Señor, mas aparéxese vuestra reverençia a lo que quisiere hazer Su Magestad della”. Y tornola a ymportunar con mucho aýnco lo procurase de saver, y saviéndolo se lo embiase a dezir, diziendo que ya hera tiempo de aparexo, que ella lo entendería porque se lo embiaba a dezir. La sancta virgen la respondió: “Yo, señora, trabajaré en ello, e lo suplicaré a Nuestro Señor con mucho afeto plegue a Él de me lo mostrar; que de así, que si yo le embiare a dezir que es tiempo se apareje, que crea que ay neçessidad dello”.
Y la bienabenturada se tornó muy triste a su çelda, quan peligrosa estava la enferma, y con mucho cuydado de rogar por ella, y recaudó aquella noche maytines con dos monjas que la acompañavan. Alzó los ojos en alto, e dexó de rezar por algún espacio, e assí estuvo en silençio sin hablar; e tornando en sí, dixo con lágrimas e mucho sentimiento: “Ay, qué dolor tan grande y de sentir mucho”. Las monjas que estavan con ella, ymportunándola, les dixo por qué llorava con tanto sentimiento. Respondioles: “Ay, amigas mías, pienso, según lo que agora he visto, que Nuestro Señor nos quiere llevar a nuestra madre, el abadesa”. Las monjas le dixeron: “¿Eso es, señora, la causa de su llanto e angustia? Haga el Señor d’ ella e de nosotras su sancta voluntad”.
Entonzes, la sancta virgen llamó a una religiosa en secreto, y díxole: “Amiga, yd a la madre abadesa, y encomendádmela mucho, y deçilde de mi parte que yo he tenido mucho cuydado de rogar al Señor por ella, y que ya es tiempo que se apareje”. E la enferma, entendiendo lo que le embiava a dezir, hizo en sí una gran mudanza, a manera de mucho sentimiento, y con mucho esfuerço se tornó a confesar, e resçivió el Sancto Sacramento con mucha devoçión, e renunçió el cargo y todas las cosas que poseýa, e según religiosa pobre, pidió por amor de Dios el ábito e cuerda de sepultura a las religiosas. E resçiviendo [fol. 99v] la estrema unçión muy católicamente, espiró.
Quando le hera mostrado a esta sancta virgen, por la voluntad de Dios, algo de las penas que las ánimas por sus peccados padesçen, si le fuera dada liçençia de Dios ella tomara las penas sobre sí, porque ellas tuvieran descanso, aunque son muy insufribles; lo qual hiço esta bienabenturada muchas veçes, dándole Dios para ello liçençia y esfuerço caudoso. Que suplicándole ella a Nuestro Señor huviese piedad de las ánimas que ella havía visto en tan grande pena y tormentos, y le hiçiese a ella tan gran virtud que pudiese ayudarles a padesçer sus penas −aunque fuese acreçentándole a ella sus dolores, aunque los tenía muy grandes y a su pareçer ynsufribles−, todo lo padesçería por la consolaçión y quitamiento de penas de las ánimas de Purgatorio; y si para otorgarle su Divina Magestad esta virtud le quiere dar nuevas enfermedades, que con su graçia e ayuda estava aparejada para todo.
Y continuando esta bienabenturada en su oraçión, e ayudándole a rogar su sancto ángel, fuele otorgada su petiçión de caridad exerçitada en los próximos, vivos e difuntos; la qual ella exerçitó muy enteramente todos los días de su vida. Y exerçitando esta caridad con las ánimas, le acaesçió una cosa por donde se le descubrió un secreto açerca de las ánimas de Purgatorio. Y fue en esta manera: que teniendo esta sancta virgen a causa de sus enfermedades los miembros fríos, pareçiole a ella que unos guijarros calientes entre la ropa de su cama le darían algún refrigerio en aquella neçessidad que tenía. Rogó que se los buscasen, si los havía en el monasterio; y haviendo traýdo para una obra que haçían en la casa una carretada dellos, muchos tiempos antes de sus enfermedades, y de estos guijarros havía algunos por la casa, y buscándolos a su pedimiento, hallaron uno muy grande a una puerta de una cueva, con el [fol. 100r] qual havían molido muchas vezes pez. Y llevándole a esta bienabenturada, dixo que hera muy bueno, y mandó allí en su presençia le calentasen en un brasero de lumbre. De que fue empeçado a calentar y calentado, empeçó a oýr unos muy dolorosos gemidos, formando manera de palabras, en las quales deçía: “Ay, crueldad tan grande, ay”. Esto no lo oýa ninguna de las monjas que allí estavan, sino la sancta virgen, que dende su cama lo mirava e oýa, e le pareçía ser ánima de Purgatorio. Y mirando con su entendimiento de dónde salían aquellos gemidos e palabras, sintió salían del guixarro que a la lumbre estava. Y no diçiendo por entonçes la causa de ello, mandó aprisa no le calentasen más, y le quitasen luego, y enbuelto en un paño se le pusiesen sobre sus manos. Y de que le tuvo allí, le dixo en silençio: “Ánima, yo te ruego me perdones la pena que he sido causa resçivas. E dime, ¿cómo as venido a estar aquí?”. El ánima le respondió: “Ruégote no mandes calentar más este guijarro, donde estoy por mandato de Dios, que si quisieres calor yo se te daré, y también frío. Y a lo que preguntas, cómo estoy aquí, ya te he dicho que es voluntad de Dios. Mas primero que a este monasterio me truxesen, estava en un río que se llamava Xó, e las bestias con sus pies me sacaron d’él, e los hombres peccadores me truxeron a esta casa”.
La bienabenturada le dixo: “¿En guijarros y en piedras están y penan ánimas?”. Respondiole: “Sí, que muchas están en piedras y en guijarros. Y en aquel río adonde yo estava, havía gran número de ánimas metidas en guijarros, y ellas y yo á muchos años que estamos allí”. Díxole la sancta virgen: “Ruégote, amiga, me digas tu neçessidad y me pidas el ayuda que quisieres”. El ánima le respondió lo que Dios le dio liçençia.
E de que la bienabenturada vido a su sancto ángel, díxole: “Señor, muy [fol. 100v] maravillada estoy de una cosa: que he savido que las ánimas penan en guijarros y en piedras, y en cosas semejantes”. E diziéndole en qué manera lo havía savido, díxole el sancto ángel: “¿De eso te maravillas, criatura de Dios? Bien puedes crer que muchas son las que de esa manera padesçen y penan, porque Nuestro Señor les diputó por hospital cada piedra e lugar donde las ánimas están por voluntad del mesmo Dios. Una cosa te hago saber, que después que el poderoso Dios te otorgó que pudieses ayudar a pagar a las ánimas de Purgatorio lo que por sus culpas y peccados mereçen, heres estableçida y hecha por la voluntad de Dios hospital de las ánimas que tienen penas; y esto se entiende las que su sancta voluntad quisiere y diere liçençia, o quien yo y tú pidiéremos a su poderosa misericordia. Porque ansí como el hospital se haçe para los pobres e neçessitados, e día y noche resçiven, así tu resçivirás día y noche las ánimas que Dios, por su voluntad, te embiare para que las ayudes e alibies sus travajos con los tuyos. E mira que acaeçe ban los pobres al hospital, unos con sed, otros con ambre, y otros con demasiada calor, e otros con demasiado frío, e otros con muchos géneros de neçessidades causados por las diversas enfermedades que consigo traen. Ansí te digo, criatura de Dios, bendrán a ti muchas ánimas con demasiados calores de fuegos, y fríos entolerables, y con otras diversas penas que por sus peccados mereçen. Y tú, hospital por la voluntad de Dios y por tu consentimiento, las resçivirás con mucha caridad, y los aposentarás sobre tus miembros y coyunturas muy dolorosas y desconconyuntadas de las neçessidades que traen, y ellas serán allí recreadas y consoladas de las neçessidades que traen, en la cantidad y manera que fuere la voluntad de Dios. Y tú, sierba suya, esfuérçate en la paçiençia y [fol. 101r] caridad, que mucho as de partiçipar y sentir las penas de estas ánimas. E sávete estás tan sujeta por la voluntad de Dios a padesçer por las ánimas, que aunque agora te faltase la caridad para padesçer esto de grado, por fuerça lo padeçerías, porque ansí lo quiere el Señor Dios, pues tú lo pediste con tanto afinco”. Respondió la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, muy gran virtud me a hecho vuestra gran hermosura con su habla e aviso. Yo me tengo por dichosa de cumplir la voluntad de Dios, y supplico a vuestra señoría le ruegue me dé graçia para ello”.
Y de aý adelante rogava a las religiosas le traxesen los guijarros que por el monasterio hallasen, y ellas con mucho cuydado lo haçían, aunque no savían para qué hera. E quando alguno le traýan, mandavan que se le pusiesen en la cama, y teniéndole allí, conoçía si tenía dentro algunas ánimas. E las más tenían una y muchas, y las que no tenían ninguna mandávalos sacar de su çelda. Y no contenta ni satisfecha su caridad con los que en el monasterio estavan, rogó que le hiziesen traer algunas de un río que ella señaló, del qual truxeron muchos. Y todos venían con muchas ánimas de dentro de sí, de manera que siempre tenían en el hospital de sus caridosos miembros bastamiento de ánimas, e por la voluntad de Dios, y con su poder, siempre venían ánimas, y vinieron a esta sancta virgen hasta en fin de sus días a ser ayudadas por su oraçión y méritos. Quando ella las vía venir, dezíales que tomasen por lugar en que estuviesen los guijarros, donde estavan las otras que antes que ellas havían venido por la voluntad de Dios. Y aunque en cada una de aquellas piedras estavan muchas ánimas, cada una tenía la pena en sí propia que por sus peccados mereçía, diferentes unas de otras.
Y como esta bienabenturada no tenía manos con que poner sobre sus miembros las piedras de neçessidad, preguntándoselo las religiosas, les descubrió el secreto, e les rogó que todas las vezes que ellas los pidiese se los diesen [fol. 101v] e pusiesen donde ella les dixese. Las religiosas, mucho maravilladas de saver tal secreto, le dixeron que lo harían de voluntad. Y dende entonzes, empezó esta bienabenturada a poner sobre su persona y miembros aquellas piedras, e por su desseo y voluntad, ayudarles a padesçer sus penas, offreçiendo sus dolores y pidiendo a Nuestro Señor se le acrecentasen, porque aquellas ánimas, que consigo tenía, fuesen recreadas y alibiadas sus penas; y por su piadosa misericordia y sancta Passión fuesen libres de todas ellas. Aunque havían sido peccadoras, hera mayor su piedad para las perdonar y haçer virtudes, y que allí estava su cuerpo doloroso y tullido para pagar por ellos lo que su Divina Magestad mandase.
Y puniéndose esta sancta virgen estas piedras alrededor de su cuerpo y miembros, sentían mucha consolaçión e alibiamiento de penas las ánimas que dentro dellas estavan. Y acaesçía elevarse, y esto muy contino, teniendo contino mucha de esta compañía. Y aunque los guijarros heran grandes, y sus miembros muy delicados, no se los osaban quitar las monjas hasta que Nuestro Señor la volvía en sus sentidos. Hera muy grande admiraçión y causa de mucha devoçión verla estar ansí de esta manera.
Quando unas ánimas havían acavado de purgar sus peccados mediante la sancta Passión de Nuestro Señor e ayuda de la sancta Madre Yglesia, y de todas las otras cosas que su divinal clemençia tiene otogadas para estos remedios, y por los méritos de esta bienabenturada, ýbanse estas ánimas libres de penas, y venían otras con la misma liçençia de Dios. La cantidad de las ánimas que yban y venían heran muchas, según dezía la sancta virgen. Cada vez que venían mucho número de ánimas juntas, no heran todas dellas aún libres, porque unas estavan más tiempo que otras, según tenían la neçesidad. Muchas cosas veýan manifiestamente todas las religiosas del monasterio açerca de este secreto e caridad que Nuestro Señor haçía mediante la oraçión y méritos de esta bienabenturada.
Y como las ánimas viniesen tan llenas de penas y fuegos y fríos, todo muy ensufrible, e con otros muchos tormentos, luego las tomava ella e las juntava con sus dolorosos miembros, a cuya causa partiçipava en mucho grado de las penas que ellas traýan, quedándole sus miembros con [fol. 102r] con muy acreçentados y grandes dolores, y con tan reçios fuegos, que le pareçía estar ella metida en los mesmos fuegos de Purgatorio; tanto que, de neçessidad, muchas vezes le haçían ayre, e otras le ponían paños mojados en agua fría sobre sus quebradas coyunturas. Y en tiempo de calores le heran tan rezios de sufrir estos dolores y fuegos que le hazían dar muy grandes gemidos y gritos, pidiendo ayuda a la Magestad Divina para poder llevar tan ynsufribles y reçios tormentos. Y en este trabajo estava muchos días, junto sin tener alivio día ni noche ni tomando cosa con que se pudiese substener.
Estando muy fatigada con estos demasiados fuegos en el mes de henero, no osando ella pedir a las religiosas algunas cosas frías, que por lo ser el tiempo se las defendían, pensando que le heran dañosas para la salud corporal, embió a llamar secretamente una religiosa de pequeña hedad, y díxole el secreto: “Ruégoos vos vays al alberca de la huerta y me trayáys un pedazo del yelo que en ella está envuelto en [13] un paño de lienzo, y no le vea nadie”. Y la religiosa, yendo con voluntad amorosa, tomó una piedra y quebró con fuerça el yelo, el qual estava grueso, ansí de ser mucha el agua como de haver muchos días y algunos que estava detenida y haver quaxado muchas noches. Y tomando un gran pedaço, envolviole en un paño, y llevole a la zelda de la sancta virgen, y díxole en secreto cómo le traýa, mas que hera tan grueso como dos dedos. Ella respondió: “Bueno es, alzá la ropa de la cama y ponedle junto a mi lado, y de aquí a un poco tened cuydado de volver acá”.
Y dende a media hora volvió. Díxole la bienabenturada: “Buscad, amiga, el paño que truxistes con el yelo, y llevadle, y no digáys esto a nadie que havemos hecho yo y bos”. Y buscándole, hallole junto con las carnes de la sancta virgen. Y el yelo no halló, ni ninguna cosa, ni tenía mojada la ropa de la cama, ni la túnica que tenía vestida, ni sus carnes. El paño en que estava enbuelto el yelo estava un poco [¿liento?], de lo qual la religiosa se mucho maravilló. Y no le osó preguntar qué se havía hecho el yelo.
Y saviéndolo las religiosas dende algunos días, se lo preguntaron, y la bienabenturada [fol. 102v] les respondió que él se havía gastado y se gastará otro que fuera mayor en los grandes fuegos que las ánimas tenían, de los quales ella partiçipaba teniéndolas sobre sus miembros e coyunturas; y ellas, y ella juntamente, de lo sano penavan. E ansí como las ánimas traýan pena de crueles fuegos, ansí otras vezes traýan de frío muy insufrible, y le davan tanta fatiga y travaxo de padesçerlo, como en la pena del calor. Porque ninguna cosa le dava calor ni descanso, aunque acaeszía tenerle puesto alrededor de su cuerpo tres o quatro cosas, llenas de brasas muy ençendidas. Y con los demasiados fríos que las ánimas partiçipaban, le creçían todos sus dolores en mucho grado, y le causaron enfermedad en las hijadas y estómago, de muy creçidos dolores, y en toda la oquedad de su cuerpo. Y tanto hera el trabajo y dolores que padeçía, que dava dolorosos gritos e gemidos. Y estos travajos y tormentos acesçía algunas vezes durarle un mes, y otras vezes quinze días, y más y menos, según hera la voluntad de Dios. Tenía ansimismo muy gran dolor de caveza, que le durava el dolor sin ningún alivio algunas vezes seys y siete días, e otras veçes más y menos, según hera la voluntad de Dios y la neçessidad de las ánimas por quien padesçía havía menester. Y quando este dolor tenía, no hablava palabra, porque el dolor no la dexava, ni comía ninguna cosa, sino hera de vever un poco de agua. Y assí como ponía los guijarros sobre los miembros de su persona e junto a su lado, por semejante hazía que se los pusiesen sobre las almoadas, junto a su dolorosa caveza.
Quando assí estava, leýan algunos ratos en su çelda −porque ella lo tenía dicho para esfuerzo de sus travajos− liçión spiritual y en la Passión de Nuestro Redemptor Jesuchristo. Y quando ya sus travajos se le aliviavan, aunque quedava muy enflaquezida, permitía Nuestro Señor se elevase para dalle consolaçión y mostrarle el fruto de sus dolores. Y supieron esto las religiosas, a causa que, tornando ella en sus sentidos, traýa gran hermosura y alegría, que pareçiera no haver padesçido ningún mal. Y inportunándola les dixese de qué tornava tan alegre, díxoles con mucho amor e agradeçimiento [fol. 103r] de lo que por ella hazían: “Señoras, no podría yo dezir con mi lengua las grandes virtudes que la Magestad Divina resçivió, por las quales se muda mi rostro y esfuerça mi gran flaqueza para vivir y padesçer otra vez y vezes los dolores que Dios me mandase. Mi alegría es que en el secreto y gloria me fueron mostradas aquellas ánimas, que yo vi muy atormentadas, y padesçer conmigo, las quales havía muchos años que padesçían en penas, y tantos que algunas de ellas havía quinientos años, e otras tresçientos, e otras menos; y todas heran tan solas que no havían quién dellas se acordase para les hazer bien, sino el que la sancta Madre Yglesia haze en general por todos los difuntos. Y viendo yo estas ánimas en la gloria y descanso que Dios, por su misericordia, les a querido dar mediante su sancta Passión, es tan grande el alegría y gozo espiritual que mi ánima resçive que no lo podría comparar”.
Quando esta bienabenturada quería que la llevasen al coro o a otra parte de la casa, quando las religiosas la sentavan en el lugar donde havía de estar, poniéndole bien la ropa que llevava bestida, topavan con los guijarros que llevava pegados a sus coyunturas, los quales no havían visto hasta entonçes, y bien asidos, unos devajo de las corbas y otros de los pies. Ellas, muy maravilladas de ver el milagro, probavan a quitarlos, y nunca podían despegarlos, aunque ponían fuerça. La sancta virgen, socorriéndose, les dezía: “Dexadlas estar donde Dios les dio liçençia que estuviesen, que con su poder están esas ánimas que aý haçen”. Y esto se vido muchas vezes de la más parte del convento, e algunas de todo.
Estando esta bienabenturada confesando en su cama, el confesor mirando hazia ella vido uno de aquestos guijarros hazia las almoadas de su cavezera. Y muy maravillado de ver tal cosa en cama de persona tan dolorosa y tullida, con piadad porque no se hiriese, tomole y arroxole en el fuego, de manera que dio un gran golpe con él. Y la sancta virgen, en su secreto, huvo gran pesar de lo que el padre hizo. Y después que fue ydo, llamó ella a una religiosa, y dixo: “Dadme ese guijarro que arrojó el padre, que tan angustiada he estado por el golpe que con él dio que no he savido lo que he confesado”. La religiosa le dixo: “No tenga, señora, pena, que no se les daña nada a las ánimas”. La bienabenturada le respondió, diziendo: “Porque [fol. 103v] os guardéys vos de hazer otro tanto, saved que quando el padre las arrojó, gimieron las ánimas, diziendo: ‘¡Ay dolor, estos son los benefiçios e sacrifiçios que de los saçerdotes resçivimos!’”.
Y mirando la sancta virgen que otras vezes podría acaeszer lo mesmo, buscava con su pensamiento cómo lo pudiese mudar. Y de que vido a su sancto ángel, contole su pena, diziendo: “Señor, querría suplicar a Nuestro Señor, Su poderosa Magestad, quisiese mudar esto de estos guijarros en otra cosa en que las ánimas pudiesen estar, por evitar algunas ocasiones que con estas piedras se pueden recreçer”. El sancto ángel le respondió: “Bien será que lo ruegues, y yo te ayudaré a suplicar te sea conçedida la graçia”. Y rogándolo entrambos se lo otorgó Dios lo trocase ella en lo que más consolada fuese. En manera que de aý adelante siempre tenía unas jarras con rosas e flores o yerbas frescas, según con el año las había, y las jarras heran de vidro, o como las podía haver. Y teniéndolas consigo, a su lado y par de sus almoadas, por la voluntad de Dios todas las ánimas se pasaron en ellas y se asentaron sobre las yerbas y flores. Y ansí mismo lo haçían las que nuevamente venían, y dezían a la sancta virgen: “Mucha consolaçión havemos resçivido con esta estanzia que Dios nos a dado, que como los guijarros sean tan duros e espesos no nos consolava más en estar en ellos”.
E aunque a las ánimas les fuese consolaçión mudarlas en las yerbas y flores, no por eso dexava la bienabenturada de padesçer tantos dolores y tormentos para ayudarlas como antes. Y aún más, según su gran neçessidad lo havía menester. Y viendo y saviendo cómo las ánimas se consolavan en estar en las flores y yerbas, rogava ella a las religiosas que tuviesen cuydado de traer las rosas y flores frescas, y ponerlas en los jarros. Y haçiéndolo ellas como se lo encomendava, cuando traýan algunas flores frescas olían las que de antes estavan puestas. Y paresçiéndoles tener muy más subido y lindo olor que quando las havían puesto, rogavan a la sancta virgen les dixese qué hera la causa. E ella les respondió, diziendo: “Todos los secretos queréys saber, por qué y cómo se hazen y son las cosas. Porque hazéys lo que os tengo rogado, y os lo dixe, en cada una de estas flores ay muchos ángeles, los quales fueron [fol. 104r] guardadores de estas ánimas quando vivían en sus cuerpos. Nunca las dexan ni desamparan hasta que, salidas de penas, las llevan a la gloria, y las preguntan ante la Magestad de Dios. Agora vienen aquí a visitarlas, y por darles consolaçión tañen ynstrumentos de diversas maneras y cantan muy dulzemente. Ellas también cantan con ellos. Traen los sanctos ángeles consigo muy suave olor, y permite Nuestro Señor que se pegue a estas flores algún poquito de lo mucho que ellos en sí tienen, porque las ánimas que en estas flores y verduras están, sean consoladas”. Dixeron las religiosas a la bienabenturada: “También será ella consolada con tal música y cantos tan dulçes”. Respondió: “Sí soy. Y muchas vezes cantamos todos juntos, y me consuelo de que veo a las ánimas que se les van aliviando las penas y están assentadas en estas flores, y verdes flores y yerbas, en figura de paxaritos de diversas maneras, cantando y loando a Dios, que las crió y redimió, y dándole graçias porque no las condenó por sus peccados, y porque les dio lugar limitado de penitençia donde pagasen sus culpas. De que yo las veo en este estado, resçive mi ánima gran consolaçión, porque primero que a él vienen, an padesçido muy grandes penas, e yo, peccadora, muchos dolores”.
Preguntada esta sancta virgen de las religiosas si las ánimas que nuevamente venían de voluntad de Dios para ser della ayudadas, si venían feas o qué figuras traýan, respondió: “Çierto, no vienen hermosas, ni blancas, ni traen buenos olores, que más vienen para dar temor y espanto que no consolaçión. La semejanza dellas es de mucha diversidad de maneras, según la calidad de los peccados que an caýdo. Mas estas cosas no se pueden explicar, ni menos conviene dezirlas”. Preguntada de qué calidad heran las ánimas por quien rogava y padesçía, respondió que heran ánimas que havían muerto muertes desastradas, y por justiçia, y en batallas, y en la mar, y las que más desamparadas estavan de quien les hiziese bien, y ánimas de sus amigos y enemigos, y de religiosos y seglares, según hera la voluntad de Dios.
Estando esta bienabenturada un día de verano a la puerta de su çelda, hechada en una camilla rodeada de jarras muy llenas de albaaca muy fresca y creçida, cantando la magníficat, oyéronla las religiosas y fueron a verla e a oýrla con mucha alegría. Y proçediendo ella en su [fol. 104v] canto, quando acavava la manifica que dixo: “Gloria Patri”, abaxáronse las ramas del albahaca, tanto que también se abaxavan las jarras en que estavan. Y estavan ansí abajadas hasta que acavava la gloria, y luego se alçavan muy despaçio. Viéndolo las religiosas, dieron muchas graçias a Dios por tan gran maravilla como sus ojos veýan.
Entonçes, díxoles la sancta virgen: “¿Para qué entrastis aquí, hermanas, que estávamos cantando yo y mis compañeras, yo en esta cama y ellas entre las yerbas verdes?”. Ymportunada que tornase a cantar Gloria Patri, dixo: “Podrá ser no querrán delante de vosotras tornar a hazer la benia”. Y ansí como empezó a dezir Gloria Patri, se abajaron las ramas del albaaca e jarras con ellas, como la primera vez. Y esto fue hecho todas las vezes que lo tornava a deçir, lo qual fue causa de mucha admiraçión a todas las religiosas. E la sancta virgen les dixo con gesto alegre: “Plázeme, amigas, aya el Señor querido ayáys visto esto, porque veáys por espiriençia que esto que está entre estas verduras son ánimas cristianas, y obedientes a su Dios, y creyentes en su sancta fee cathólica, pues hazen humiliaçión y reverençia quando se nombra la muy alta Trinidad. Y no es esta la primera vez que estas cathólicas ánimas reverençian a su Dios y criador estando en estas yerbas como havéys visto; mas otras muchas vezes lo han hecho por dar plazer a esta bienabenturada”.
Trúxole una religiosa un gran pie de albahaca, el qual venía granado y no abiertas las flores. Ella, viéndole, mandole poner en una jarra de las que ella tenía para aquello. Otro día, trayendo otra rama más fresca, sin dezirle ninguna cosa, quitaron aquella mata grande y hecháronla a un rincón de la mesma çelda, y pusieron la fresca. Y dende a dos días, pidió la jarra que tenía el gran pie de albahaca, que como tenía muchas, unas tomava una vez, y otras otras. Y trayéndosela, conoçió que no hera aquella el albahaca que ella havía mandado poner allí, y pidió que se lo diesen. Díxole una religiosa: “Ya está seca”. Ella, pidiendo que se la traxesen, aunque estuviese como dezían, y traýda, mandó quitar la fresca y poner aquella, diziéndo: “Sé que poderoso es Dios, y las virtudes de mis ánimas bendita, y para tornar esta albahaca en su berdor y frescor”. Y mandó que le pusiesen aquella jarra ençima de sus miembros, y túvola un gran rato. Y antes [fol. 105r] que se la quitasen, ya empeçava aquella rama a tener un poco de vigor, y continuándola a a tomar más a menudo que las otras jarras, a cavo de dos días estava tan berde como si entonzes se huviera cortado de donde estava nasçido, y abrieron las floreçitas, y ansí estuvo por artos días, sin perder su verdor ni olor.
Acaesçíale algunas vezes estar apartada de donde estavan las jarras, y haver gran rato que no las havía tornado consigo, e oýr los gemidos de las ánimas y palabras que dezían en que mostravan el desseo y neçessidad que tenían de ser recreadas dellas. La sancta virgen entonzes les deçía: “Venid, venid, ánimas cristianas y cathólicas, con el poder que Nuestro Señor Jesuchristo os a dado, que os aprovechéys de mí, su yndigna sierva”. Al qual clamamiento todas quantas ánimas que en las yerbas de las jarras yban e se le ponían ençima de los miembros, desde los pies hasta la caveza. Y ella les preguntava, diziendo: “¿Havéys os consolado, amigas?”. Las ánimas dezían: “Sí, criatura de Dios e ayudadora nuestra. Muchos más havemos consolado, pues nuestras penas y tormentos se an aliviado y alivian todas las vezes que contigo nos tienes. Muchas graçias sean dadas al poderoso Dios, esta misericordia, y por todas las que de su alta Magestad havemos resçivido”.
Bolviendo un día esta bienabenturada muy alegre de la elevaçión, preguntáronle las religiosas que les dixese la causa de su alegría, si hera de libramiento de ánimas de Purgatorio, que en ella conoçían que havía ydo al lugar de las penas. Muy ymportunada, respondió: “Sí, que como el poderoso Dios a otorgado a mi sancto ángel custodio muy grandes previlegios, entre los quales le otorgó fuese a Purgatorio çiertos días de la semana, en espeçial miércoles y viernes en reverençia de la Sancta Passión, y el sávado por lo masmo y por los mereçimientos de la virgen Sancta María, su madre, y llévame consigo para que le guarde el pescado que jara de los lagos del Purgatorio. Y como él lleva el poder de Nuestro Señor, no le vadan los demonios la entrada, ni podrían, aunque mucho les pesa dello, y hazen muy grandes ruydos, y estruendos espantosos de oýr. Mas mi señor sancto ángel pásase de largo, llevándome a mí guardada dellos entre sus muy hermosas alas, y vamos a unos muy espantosos lagos y ríos, los quales son negros como la pez, y muy pesados, y de horrible hedor. E toma mi sancto ángel una grande viga llena de anzuelos muy grandes, y hechados en aquellos lagos y ríos, en el [fol. 105v] nombre de Dios y de su sancta Passión, y tiénelos allí un poco. Entretanto, ruega al Señor y a Nuestra Señora, y yo también. Dende a un poco, tira aquella viga hazia fuera, y saca asida algún ánima o ánimas de aquellos anzuelos, e quítalas, y dámelas a mí que se las guarde de los demonios. Y torna a hechar los anzuelos, y entre tanto que él saca, más meto yo aquellas ánimas en una estançia que allí tenemos para esto, la qual llena cada vez que va a haçer esta obra de caridad. Y de esta manera saca muchas ánimas cada vez, y estas son las que la voluntad de Dios permite, y las que an sido más devotas de su sagrada Passión, y en que en semejantes, viviendo en la carne, hizieron alguna buena obra por su amor e murieron en día de viernes.
”Otras vezes va más a los fuegos de Purgatorio, los quales son muy terribles y de muy espantosas llamas, e muy altas y grandes, y son muy coloradas e escuras. Y andan las ánimas entre estas llamas a manera de çentellas de fuego vivo, como quando entre una gran llama saltan zentellas. Y mi señor sancto ángel lánzase en aquellas llamas, y travaja por asir de aquellas çentellas que entre las llamas andan, las quales son muchas, y ase la que es voluntad de Dios, y viene a dármela a mí, en el lugar que he dicho, para que la guarde. Y qué tales ellas salen, bien se os pueden figurar. Y luego torna el sancto a lanzarse en las llamas, y assí saca las que Dios es servido que salgan cada vez. E algunas vezes me pareze a mí que le ha hecho ympresión el grande y espeso humo donde tantas vezes se a metido, como que le a escureçido algo de los resplandores que salen de su hermoso bulto. Y díçeme él entonzes: ‘Mucho estás maravillada de ver que siendo yo ángel, te pareçe me an hecho ympresión estos fuegos espesos: pues mira cómo no me an hecho ynpresión estos fuegos espesos, pues mira cómo no me an tocado’. E menea sus muy hermosas alas, e queda muy más resplandeçiente que antes estava. Y estas ánimas que sacamos con el poder de Dios, entrégalas mi sancto ángel a los ángeles, sus guardadoras dellas, que tengan cuydado dellas y de las presentar al poderoso Dios, porque estas ánimas que mi sancto ángel saca no vuelven más a ellas, de las quales [fol. 106r] nos guarde Dios”.
Tornando esta bienabenturada de su elevaçión con gesto alegre, dixéronle unas religiosas enfermas que a la sazón se yban a consolar con ella: “Señora, pues viene del Çielo, díganos alguna cosa”. Respondió: “Porque estáys enfermas os quiero consolar, pues es obra caridosa apiadar a las enfermas, lo que el Señor me mostró agora, estando yo en aquel lugar, que es voluntad de Dios. Es que vi estar de hinojos al señor Sant Juan evangelista, e a Sant Lázaro, el que resuçitó Nuestro Señor, e a Sancta María Magdalena, e a Sancta sancta Marta, e a Sancta Marzela, delante la Divina Magestad, a los quales tiene otorgado un privilegio: que por este tiempo de la Semana Sancta puedan yr a Purgatorio con su poder a sacar ánimas de purgatorio, las que fuesen su sancta voluntad. Y quando yo las vi de hinojos, dezíanle que les diese liçençia que querían yr a Purgatorio, y su poderosa bendiçión. E respondió el Señor, diziendo: ‘Yd en buen ora, mis amigos, y sacad las que pudiéredes e yo quisiere. Pues vosotras, quando yo estava en la tierra, me hospedastis e acompañastis, yo hospedaré e resçiviré por amor de vosotros a las ánimas que sacáredes por estos tiempos, para siempre jamás, en mi sancto reyno’.
“Y los sanctos le dieron muchas graçias, y suplicaron a su preçiosa madre, que a su lado estava, quisiese yr con ellos, la qual se volvió hazia Nuestro Señor Dios, y le dixo: “Hijo mío muy amado, estas sanctas benditas me ruegan vaya con ellos a Purgatorio. Si me dáys, hijo mío, liçençia, yré de buena voluntad”. Y Nuestro Señor le respondió: “Madre mía, si vos queréys, yd en buena ora, que ellos ganarán en llamaros, que solos vuestros mereçimientos son bastantes para robar todo el Purgatorio y traerle con vos a los Çielos”. Y luego la muy poderosa Reyna del Çielo, puesta en muy grande trono, y estos gloriosos sanctos con ella, y muchos millares de ángeles de la hierarchía elegida para su poderosa guarda, y mandó llevar muchas trompetas e atabales, e otros muchos ynstrumentos de dulze melodía. Y ansí desçendieron al lugar del Purgatorio, y dende camnino pasaron por donde yo estava.
“Y díxome la muy piadosa madre de Dios, mirándome con sus ojos de misericordia: ‘Anda acá, amiga, vete con [fol. 106v] nosotros’. E yo holgué mucho de oýrlo, y tomándome de la mano mi sancto ángel, fuymos todos. Y a la entrada de Purgatorio, mandó su Real Magestad tocar todos los ynstrumentos, lo qual hera muy admirable cosa de oýr, porque las ánimas sintiesen el socorro que les yba, y se esforçasen con el sonido de las trompetas, y con la melodía de la dulze música se consolasen. Y entrando con este gran poder, los demonios empezaron a aparejarse como de guerra, con muchos tiros y armas, haziendo muy grande ruydo, y poniendo las ánimas en gran cobro, dando muy grandes alaridos. Nuestra Señora mandó empezar la pelea, y que no çesasen de tañer. Y Su Magestad los estava mirando, y los sanctos y sanctas susodichas con ella, y los Ángeles de su reguarda, unos tañendo, e otros con espadas muy luçidas peleavan muy reziamente con los demonios. Pareçíame que los ángeles con las espadas partían los demonios por medio, e caýan en el suelo. Y de verlos yo assí caýdos y partidos por medio havía yo muy gran plazer.
“Y mientras que estos ángeles peleavan con los demonios, otros ángeles yban a los lugares donde estavan penando las ánimas, y traýan muchos brazados dellas, y poníanlas delante de Nuestra Señora, y volvían por más. Y otras venían huyendo adonde estava Nuestra Señora, y ellas las resçivía con ymmensa caridad, hablándoles palabra con mucho amor, y caridad y piedad. Y ansí llegaron alrededor de Nuestra Señora trezientas mill ánimas. Y conoçiendo la Reyna del Çielo que hera cumplida la voluntad de Dios para no salir ya más ánimas por entonzes, mandó çesar la pelea, y a los sanctos ángeles que tomasen las ánimas. Y ansí salimos del lugar del Purgatorio con muy grande alegría.
“Nuestra Señora mandó venir ante sí los ángeles guardadores de aquellas ánimas, e dixo a los ángeles: ‘Benditos, tomad cada uno de vosotros el ánima de estas que tuvistes a cargo y [¿revaldas?] a Jerusalem, y tenedlas esta Semana Sancta en aquellos preçiosos lugares. Y las que estuvieren para yr al Çielo, yo terné cyudado dellas que no estuvieren. Para ello, llévamelas a Paraýso terrenal, que con los méritos de la Passión de mi preçioso hijo, y mis ruegos e los de estos benditos sanctos que conmigo están. Ellas subirán al Çielo para la asçensión del poderoso Dios’. Y Nuestra Señora, con toda su hueste, se subieron a los Çielos, e las ánimas lleváranlas los sanctos ángeles a Jerusalem, e a mí, peccadora, tornáronme a este cuerpo apadesçido dolores por mis peccados. [107r]
===Capítulo XII===
'''De una revelaçión que esta bienabenturada vido estando enferma'''
Estando esta bienabenturada en su cama enferma de calenturas de más de todas las enfermedades que tenía, vino a ella el padre nuestro, el glorioso Sant Françisco, muy glorioso y acompañado de muchos sanctos bienabenturados. E saludola y convidola, diziéndole que se fuese con él al Paraýso, si pudiese y tiene esfuerzo para ello; y si no podía, por su mucha enfermedad, se tuviese en su cama, la qual le havía dado el Señor por nido como a páxara o gallina que está empollando sus huebos, porque dellos nazcan páxaron vivos o pollicos, de dolores salidos de los sus huebos, los quales se crían pasçiendo en las yerbas buenas.
Y diziéndole esto, le hechó con sus benditas manos en la cama tres dozenas de huevos, unos tan grandes como de abestruz, e otros medianos, e otros más pequiñitos, los quales huevos heran muy blancos, y claros y limpios, que pareçían de nácar o aljófar. Y la sancta virgen les resçivió de muy buena voluntad, y la bendiçión y que el glorioso sant Françisco le dio, e le rogó por toda su orden de frayles e monjes, en espeçial por sus hermanas y compañeras le diese su bendición. Y bendiciendo a las religiosas, despidiose el glorioso padre, y la bienabenturada, en el despedimiento, besole sus sanctos pies, y él a ella en la caveça, diziendo: “Quiero yo besas los dolores de mi señor Jesuchristo en ti, filia mea, por su misericordia transformados”.
Dixo esta bienabenturada que le dio a entender el glorioso sant Françisco que los pajaritos vivos, y las pollitas de colores salidas de los huevos que se crían pasçiendo en los buenas yervas, eran las ánimas que, mediante la Passión de Nuestro Señor Dios y los dolores que ella padesçía, heran ayudadas y remediadas. Y los huevos que le dio eran las ánimas que le traýa por la voluntad de Dios, para ser ayudadas della, de personas que viviendo en los cuerpos havían sido devotas del glorioso Sant Francisco.
Rogando esta bienabenturada al Señor por unas ánimas, y muy en espeçial por una, por la qual le encomendaron travajase de saber el estado en que estava, y perseverando en su coraçón, suplicava a la Magestad Divina le quisiese mostrar el estado de aquella ánima o ánimas por quien suplicava, las quales ella conoçía viviendo las tales personas en la carne. Y continuando en su demanda, fue Nuestro Señor servido que, estando ella elevada, la llevase su sancto ángel a un lugar de Purgatorio muy terrible y espantoso, en el qual lugar vido y conoçió las ánimas por [fol. 107v] quien suplicava, las quales estavan en muy terrible y espantosas penas, entre las quales ánimas conoçió una de un hombre ella muchas veçes havía visto e hablado, la qual ánima tenía los demonios atada de los pies, y la despedaçavan con artillería de muchas maneras de tormentos e armas que tenían con que atormentavan las ánimas, con las quales armas le despedazaban todos sus miembros uno por uno, y le haçían taxadas menudas como sal. Y en cada pedazo de aquellos, estava bullendo el ánima como si en cada pedazo estuviera entera. Assí gemía, y llorava, y gritava.
Y la sancta virgen, muy admirada de ver ansí aquella ánima tan despedazada, y que todos los pedazos gemían y gritaban, dixo a su sancto ángel: “Señor, muy maravillada estoy de ver cómo un ánima pereze en muchas, porque en cada pedazo pareze estar un ánima, y en él llora, como quando estava en el vigor del padesçer entera antes que la partiesen”. Respondió el sancto ángel: “No te maravilles de oýr gemir y llorar cada taxada por sí, que como el ánima es hecha a semejanza de Dios, en el qual está todo entero en Su Magestad, aunque está en muchos pedazos de hostias en todo el mundo, en todos los pedazos está entero; assí el ánima está enteramente dondequier que está su presençia y potençia y sentimiento. Y como en cada pedazo de estos están estas tres cosas, presençia y potençia y sentimiento, por chico que sea el pedazo, tiene sentimiento de entera ánima”.
Y estando en esta plática, vino un gran dragón muy espantable, que con sus crueles manos e uñas la la agarró, y todos los pedazos y migajas, los quales bullen todos como gusanos, con mucha rabia y crueldad, los apretó y trujó, y se los comía. Y teniéndolos assí en la boca, mazcando reçiamente, se tornava entera aquella ánima, como antes estava, y el cruel dragón la hechava fuera de la boca algo della. Y otros muy espantosos dragones se la yban a tomar, y todos asían de aquella triste ánima, unas de una parte y otras de otra, hasta que la tornavan a despedazar muy crudamente, y tragaban y mazcaban della, y después la vi entera como de primero. Y venían otros demonios, como negros como hollín, y muy crueles, y tomábanla. Poníanla en tormento de bergas de yerro, a manera de sogas, y liábanla toda, y apretávanla tanto que le hazían sobrepujar el vulto entre soga y soga un palmo [fol. 108r] más, y apretaban tanto que la partían y cortaban como con sierra. Y de que los unos estavan cansados de atormentar aquella triste ánima, tomávanla otros. Y ella dava tan espantosos gritos y gemidos que no se podrían dezir, y se maldecía, y no la valía nadie, y se desesperava, y no la aprovechava ni la consolava nadie, ni sus penas çesaban, ni se le aliviaban, sino de esta manera susodicha, y muy más cruelmente hera contino atormentada aquella triste ánima hasta que se cumplió la voluntad de Dios de sacarla dellas.
Héranle mostradas muchas vezes a esta bienabenturada penas de Purgatorio por su sancto ángel, porque yendo él a visitar las ánimas y llevarles refeçción, la llevava consigo, en espeçial los lunes. Y le mostrava en Purgatorio los lugares muy tristes y escuros, y feos y muy espantables, en los quales vía padesçer las ánimas de muchas maneras, y cómo los demonios les demandavan los peccados que hizieron. Y las penas que les davan por ellos a las ánimas que havían peccado en el peccado de la soberbia, por quantas vezes cayeron en este peccado, aunque le havían confesado viviendo en la carne, si no tuvieron gran contriçión no se escusa de pagado en Purgatorio, porque la contriçión destruye el peccado; empero si no ay grande arrepentimiento, por fuerças á de estar la tal ánima siete años en penas, por cada vez que cae en este peccado de la soberbia, la caveça ayuso colgada de los pies, dándole muy reçios tormentos y diziéndole muchos vituperios e ynjurias y menospreçios los demonios. Y ansimismo por cada peccado le dan pena de su manera.
Por el peccado de la avariçia, dan muy crueles y fuertes penas. Y están las ánimas que las padezen desnudas algunas dellas, y otras bestidas de tristes y muy amargas vestiduras, rotas y agujereadas. Y por los agujeros salen llamas de fuego y muy grande fedor, e muchos gusanos mordedores con dos bocas, y con ambas duermen y bullen, e yerben tantos dellos, que no caven en la estatura o bulto del ánima del hombre o muger que los tiene. Y de esta manera padesçen allí dentro de sí mismos tantas penas que no se podría dezir. E más son las penas y tormentos que dentro de sí tienen y padesçen, las que los demonios les dan por cada uno de sus miembros. Padezen pena según pecó e se deleytó y offendió con ellos a su criador. Assí, hombres como mugeres [fol. 108v] son muy atormentados en las partes vergonçosas, que las tienen muy hinchadas, y de parte de dentro llenas de gusanos mordedores: yeren mucho aquellas partes y todos los otros miembros del cuerpo, porque también con ellos offendieron a Dios. Las tales ánimas dan muchos gritos y voçes, diziendo: “¡Ay, ay de nosotras, que tuvimos tiempo de servir a Dios, y no lo hicimos! Y ahora somos tristes y atormentadas, e no nos vale contriçión e arrepentimiento. ¡Ay, dolor de nosotras, quánto mejor fuera no hazer peccados que hazer por ellos penitençia después de la muerte! ¡O, quién huviera hecho penitençia entera en su vida! Çierto más nos valiera que no padesçer tan crueles tormentos y penas como padesçemos”.
E rogando esta bienaventurada a Dios por un ánima, de la qual deseava saver en qué estado estava, y preguntándolo a su sancto ángel, respondiole diziendo: “Criatura de Dios, no se puede hazer aora eso que pides de mostrarte esa ánima por quien ruegas, que no es voluntad de Dios lo sepas por agora. Yo no te [¿nego?] que ruegues por ella, ni tanpoco te digo lo hagas. Haz según quisieres, que la oraçión perfeta nunca es perdida en la presençia de la Divina Magestad”. De la qual respuesta se angustió mucho, porque no pudo conoçer por ella el estado de aquel ánima. Mas por eso, no çesó de suplicar a Nuestro Señor por ella, y offrecelle los dolores que ella padecía, y pedir otros mayores para el medio de la dicha ánima. Y no osando preguntar más a su sancto ángel por ella, pasó algún tiempo. Esta ánima havía sido persona valerosa, viviendo en la carne, y tenía mandos sobre otras personas, con las quales hizo algunas cosas con passión y no con justicia, ny caridad, ni çelo de la honra de Dios. Hera persona eclesiástica, la qual vino a esta bienabenturada una noche, estando ella en su çelda y çiertas religiosas que la acompañavan.
Y fue en esta manera: que primero que la viese, oyó muy gran ruydo y espantosos estruendos, en muy gran cantidad. Y estando la sancta virgen muy espantada de oýr tales cosas, a deshora vido entrar por la çelda un hombre muy espantable y grande, y los pies y manos heran muy terribles y feos, y el gesto como de león muy feroz, y los ojos muy espantosos y encarniçados, y en la boca traýa unos gruesos garrotes, y traýa por bestidura un sayuelo como de sayal muy [fol. 109r] corto, que no le llegava más de hasta la çintura y las partes vergonçosas de fuera. Y a esta causa venía más espantosso y feo que si viniera en otra figura. Andava con pies y manos, a manera de bestia, y traýa sobre sí muchos demonios, y todos los agravios y sinrazones que havía hecho en su vida a las personas que tenía a cargo, las quales offendieron a Dios a su causa. Y las que heran difuntas, traýalas sobre sí, penando por los peccados que a su causa havían hecho. Y esta ánima padezía juntamente con ellas las ocasiones que les havía dado. Y las que heran vivas, traýan sus figuras con las mismas penas que las otras traýan. Y traýa todas las ánimas que por su consejo havían offendido a Dios y hecho agravio a sus próximos, de manera que traýa sobre sí ynnumerables penas y tormentos. Y los demonios le dezían muchos vituperios, pregonando todos sus yerros y peccados para más atormentarle, y luego allegavan y desquixábanle la boca en tal manera que le partían por medio hasta los pies, diziendo: “quien tal haze, que tal pague”.
Y conoçiendo la bienabenturada aquella ánima ser la por quien ella mucho rogava a Dios, deseava oýrla hablar alguna palabra, por conoçer si estava salva, porque la veýa tan espantable y tan grandes penas que no podía conoçer si lo hera. Y viéndola çerca de sí, mirola con muy grande compasión. Y el ánima miró a la sancta virgen con ojos muy espantables, y bramava como toro hazia ella; y lo mesmo hazía quando le davan los palos, porque no tenía lengua para poderse quejar ni hablar, sino hera bramar como animalía. Y quitáronle los garrotes de la boca, y pusiéronle una voçina, por la qual salía muy espantosa voz, que dezía: “Esta, esta es de mi herençia”. Y sonava a manera de trompeta muy espantable. Y no pudiendo conoçer si aquella ánima hera salva, quedó muy angustiada. Y quando vido a su sancto ángel, contole [fol. 109v] cómo havía visto aquella ánima, y que no havía podido entender por qué causa havía sonado por bozina: “Esta es de mi herenzia”.
Respondiole el sancto ángel, diziendo: “Algunas vezes permite Dios que las mesmas ánimas que padezen, y los demonios que las atormentan, manifiesten la justiçia de Dios. E dezir esa ánima que la vozina o trompeta que le pusieron en la boca hera de su herençia, díxolo porque con el sonido de su voz, y palabra de su lengua, hizo muchas offensas a Dios, y con sus mandamientos y consejos agravió a sus próximos. Y llamar herençia a las graves penas que con sus malas obras merezió, eso, aunque no quisiese, se lo haría dezir la justiçia de Dios”. La sancta virgen le preguntó: “Señor, ¿es salva esta ánima de quien hablamos?”. El sancto ángel le respondió: “Ya te he dicho no me lo preguntes, que Dios te lo alumbrará quando Él sea servido”.
Y por entonçes no le ymportunó más la bienabenturada. Pero, continuando en su oraçión, suplicava a Nuestro Señor, su Divina Magestad se acordase de alguna buena obra que aquella ánima huviese hecho en su servicio, o de sus sanctos, que ella savía havía hecho estando en el mundo aquella persona una buena obra: y hera que havía hecho pintar una ymagen de un sancto muy preçioso, y le hera mucho devoto; y más, que le havía oýdo algunas palabras devotas en loor de su Divina Magestad. Y sobre todo esto que aquella ánima havía hecho, y los dolores que ella padesçía, lo qual todo hera poco, ponía los méritos de su sagrada Passión y los de su preçiosa Madre, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, y durándole algunos días haçer esta suplicaçión a Nuestro Señor. Ynvocaba a otros muchos sanctos, para que la ayudasen a rrogar a su Divina Magestad por aquella ánima, a la qual vido una noche estando en su çelda.
Y primero que la viese, oyó [fol. 110r] unos grandes bramidos, como de toro, y escuchándolos, vido entrar un toro muy feroz grande y fuerte para ella. Y alzando la sancta virgen los ojos a mirarle, vídole entre los cuernos una ymagen, y tras la mesma ymagen, vido un bulto como un ánima, la qual la dixo: “Conóçesme, yo soy fulano, por quien tú mucho ruegas. Doy muchas graçias a Dios e a ti. Por tus ruegos se me an hecho muchas virtudes, y me dieron esta sancta ymagen para mi consuelo y defendimiento, que es por la que yo hize pintar aquel sancto mi devoto, el qual mucho me a ayudado”. La bienabenturada le dixo: “Mucho me he consolado, ánima, en te haver visto, porque he deseado mucho saver si fueres salva, que la otra vez que te vi no lo pude determinar, tan atormentada vienes”. Respondió el ánima: “Tan grandes an sido mis penas y tormentos, y son, que no puedo enteramente conoçer si soy salva, aunque algunas cosas he visto para creerlo, porque traygo tan grande desconsolaçión y penas de muchas maneras que no me da lugar a tener esperanza de mi salvaçión. Que aunque los demonios no me atormentasen, este buey en que yo ando metido trae tanto fuego y frío, quando Dios quiere, y hedores, y hambre y sed atormentable, que me bastaría, aunque por esto no me dexan ellos de dar crueles tormentos”.
E otras muchas cosas secretas le dixo de su conçiençia, y le pidió perdón de las cosas que en su perjuyzio havía hecho. Y le dixo le havía aprovechado la devoçión que en algún tiempo le havía tenido, conoçiendo la graçia de Dios que en ella morava. Y assí desapareçió. Y de aý adelante, vido muchas vezes esta ánima en su çelda, y en Purgatorio, y la hablava, y la veýa yr mejorando por la misericordia de Dios. [fol. 110v]
===Capítulo XXIII===
'''De cómo esta bienabenturada vido a Nuestra Señora y a su preçioso hijo Niño Jesuchristo en spíritu, día de la Epifanía'''
Tornando esta sancta virgen en sus sentdidos, la qual havía estado por todo el día y fiesta de los Sanctos Reyes arrobada, fueron todas las religiosas ha verla por se consolar con ella, que la amava mucho, y dixéronle que les diese aguinaldo spiritual, diziéndoles alguna cosa de lo que havía visto en su elevaçión. Respondioles, diziendo: “Ya savéys, señoras, que muchas vezes os he dicho que las cosas spirituales y revelaçiones çelestiales no se pueden esplicar ni dezir por lengua humana, y a esta causa muchas vezes çeso de deziros lo que me rogáys que os diga. Mas por vuestra consolaçión, deziros hé algo de lo que en esta sancta fiesta he visto, mostrándome Nuestro Señor por su misericordia alguna cosa de las grandes fiestas que oy se haçen en el Çielo.
“Pareçiome vi a Nuestra Señora y Madre de Dios assentada en un estrado de joyas y thesoros de grandes riquezas, y muy resplandeçiente, a manera de quando esperan algún hospedaje de algunos grandes señores. Y estava allí el pesebre del Niño Jhesús, adornado de hermosas joyas, ricas y muy valerosas, y los bestidos del Niño Jhesús, por semejante, muy ricos e luçidos, y muchos ángeles alrededor, cantando cantillanas tan dulçes que solo Dios la podía entender; y yo, su yndigna sierva, entendí algunas, en que deçían:
Dios de los Dioses,
señor de las huestes,
rey de los reyes,
aora vendrán los que Tú quieres.
Los reyes te adoran,
y después dellos muchos te hallarán,
no perderás los que te amaron
y de coraçón te dessearon.
“Estando en estos coloquios, con más gozo que se puede pensar, hizo la Reyna del Çielo señal para silençio, y llamó a mí, su yndigna sierva, que lo estava mirando. Y fuy postrada de hinojos delante las gradas, donde la poderosa Reyna estava, y díxome su Real Magestad: ‘¿Viste cómo mi hijo está aora niño chiquito?’. Respondí: ‘Sí, Señora’. ‘¿Pareçete bien mi hijo?’. Yo le dixe: ‘Sí, Señora’. ‘¿Quiéresle mucho?’. Tornele a dezir: ‘Él, señora, lo save’. Dixo ella: ‘Yo no lo savré’. ‘Pienso sí savrá Vuestra Magestad, y también las faltas’. [fol. 111r] Mas y diziendo esto, huve un gran temor y vergüenza acordándome de mis faltas y defetos, viéndome en tan alto lugar no siendo yo digna.
Díxome la Reyna del Çielo: ‘No temas, ¿por qué temes? Yo te digo Dios te pone ese temor porque le ayas de mí, que tengo aora sus vezes de juzgar mientras Él está en figura de niño chiquito. E ansí como delante de un alcalde mayor y otra justiçia es devida reverençia e miedo, assí a mí este tiempo del naçimiento de mi hijo, nasçido de mis entrañas enxendrado por Spíritu Sancto, algunas vezes, e todas las que yo quiero, me da auctoridad que juzgue y reprehenda si quisiere a las ánimas vivas, y a los que an salido del mundo, y que mande a los ángeles malos y buenos y los castigue si yo quisiere. Por eso, hija, con raçón temes tú, y aún tus hermanas también, las quales quiero yo que parezcan aquí ante mí’. Y diziendo esto, a deshora pareçieron allí unas ymágines o estatuas, las quales estavan en figura de las mismas personas, e pareçiome conoçía cada una. E la Reyna del Çielo no hablava ante ninguna dellas por entonzes sino a mí, su sierba, diziendo: ‘Dime, hija, los agravios que te an hecho tus hermanas o quejas que tienes dellas’. Yo le respondí: ‘Señora, a mi pensar no me an hecho ningún agravio, ni tengo ninguna queja, ni raçón para ello’. Y dixo la Reyna y Señora Nuestra: ‘Todas se aparten allá y quede aquí sola una contigo’. Y apartadas, dixo: ‘De esta, ¿qué quexa tienes?’. Respondí: ‘Como de primero, no tenía ninguna’. Y mandó se apartase aquella, y viniese otra. Y vino luego, y preguntome qué quexa tenía de aquella. Por semejane, respondí que ninguna tenía. Y assí vinieron todas, una a una, y me preguntó la Señora las palabras ya dichas de cada una, y respondí como a las primeras, no acusando a ninguna.
Entonzes, Nuestra Señora replicó, diziendo: ‘No acuses a ninguna de ninguna cosa, ni de alguna cosa te quexas, pues razón tienes de quexarte, y bien hazes de dexar a Dios la venganza y el juyçio. Y yo te digo que tienes previlegio de Dios todopoderoso y glorioso, Hijo mío, que las ánimas que tú bendixeres serán bendeçidas, y las que maldixeres, serán maldezidas. Y tú no tienes condiçión para maldezir, y por eso no maldizirás sino lo que [fol. 111v] Dios quisiere, ni bendizirás sino lo que le pluguiere. Y las que maldixeres, serán maldeçidas. Y las que amaren y apiadaren, serán d’Él amadas e apiadadas; y las que te aborreçieren, ternán juyzio delante d’Él quando tú no las dieres causas justas para odio, porque su maliçia las condenará más que tu culpa. Por eso tú, agora, bendízelas, y no pienses que las bendizes tú sola, que yo contigo las estaré bendiçiendo. Y esta se entiende a las que tuvieren verdadera devoçión e fee, y limpieza de coraçón. Y a mi hijo rogaré por ellas y por ti, que heres llave de mi casa, y tú la tienes dada de parte de mi hijo y mía. Y bien saven tus hermanas la caýda de la primera muger, a quien yo me apareçí para fundar esa mi casa, llamada Ynés, en cuyo reparo pedí yo a Dios, mi hijo, a ti, en quien se renovase mi apareçimiento y se descubriese y honrase mejor que antes estava, y tomase comienzo para yr de bien en mejor. Y por tanto, hija, como a segunda fundadora de morada, y en lugar de la primera, reestableçí, como hiço el Spíritu Sancto a Sancto Mathía en lugar de Judas, y como Sant Michael en lugar de Luçifer’. Yo dixe a Nuestra Señora: ‘Suplico a vuestra Magestad las bendiga, pues las tiene aquí, y las hable’. Respondiome: ‘Hija, no se dan estos dones y graçias generalmente a todas personas, sino particular a algunas; y pues tú heres una dellas, da graçias a Dios por ello, y no seas yngrata a sus misericordias y benefiçios’.
“Y luego, mandó a mi sancto ángel me volviese a mis sentidos y naturaleza corporal, y assí no vi la adoraçión de los reyes, ni su venida ni entrada por entonzes, lo qual yo deseava y esperaba, según las señales veýa y las palabras que oýa en las cançiones de los gloriosos ángeles. Muchas veçes en el año he visto a Nuestra Señora venir a visitar a esta sancta casa, de la qual muestra tener espeçial cuydado y deseo. Y su santo apareçimiento se a estimado y venerado, porque no fue una vez sola la que su Magestad se apareçió en este lugar, mas nueve días arreo, me ha dicho mi sancto ángel, fueron los que se apareçió. Y el primero se empieza, y fue el primero día del mes de marzo hasta el noveno, que es el postrero, y más [¿preçiado?], porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quiere que le hiziesen allí su yglesia cada año. En este día, en el qual se çelebra su sancto apareçimiento, la he visto venir a ora de la medianoche en una proçessión muy admirablemente hordenada, solemníssima y enriqueçida, apos- [fol. 112r] tada de muchos resplandores y riquezas de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y de sanctos y sanctas. Y también vienen con su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio, salvas por la misericordia de Dios, y ansimismo vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del sancto apareçimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas, algunas dellas son libradas de penas, y otras no. Tráelas Nuestra Señora con liçençia de su preçioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preçiosa proçessión viene al monasterio con muy grandes cánticos, y músicas çelestiales, y ynstrumentos de diversas maneras de melodía. Y antes que entre en la yglesia y casa, da una buelta alrededor, y vendize Nuestra Señora los campos, e tierras y frutas en ellas apareçidas media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio, y vendize las religiosas con grande amor, y diçe:
‘Esta casa es mía, mía es esta casa,
y yo no la tengo olvidada.
Mío es este lugar,
yo no le entiendo olvidar;
y pues no le entiendo olvidar,
no quiero dexarle de visitar.
‘Estad constantes en los travajos y penas presentes y advenideras, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito si os contentáys, siervas mías, con mi depósito; si no, dadlas a quien os las guarde. Y guardadlas vosotras, porque déys buena quenta a Dios, mi hijo, el día del juyzio, y merezcáys reynar y goçar con Él para siempre’.
“E manda algunas vezes a los sanctos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabezas, de rosas blancas e coloradas. Y de estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la sancta proçessión al coro, y allí está hasta que se dizen los maytines. Y ansimismo está Nuestra Señora, con toda la preçiosa compaña en toda la misa y sermón, y bendize los pueblos que vienen en proçessiones a çelebrar su sancto apareçimiento, y a todos los demás; y ruega a su preçioso hijo, estando en el Sancto Sacramento del Altar, por las religiosas que avitan y moran en su casa, e por todos sus devotos, y muy en espeçial por los que allí presentes [fol. 112v] están les otorguen los perdones de su sancta Yglesia. Y dize Nuestra Señora:
‘Norabuena venga Dios, trino y uno,
verdadero hombre çelestial,
a estar con el Sancto Sacramento del Altar.
Y en él la corte çelestial
vendiga Dios a la compaña humanal.
Yo soy la bienabenturada Madre de Dios
y vosotras, bienabenturadas hijas mías’.
“Y quando se quieren yr las proçesiones despidiéndose del altar, alça Nuestra Señora su preçiosa mano, y santigua los pueblos, dándoles su sancta bendiçión. E luego desapareze, y toda la compaña celestial, e a mí tórname mi sancto ángel en mis sentidos corporales.
“Y quando estas cosas veo y oygo que este día Nuestra Señora dize y haze, ando en la proçesión que viene con Su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su yglesia y casa, plaze a Dios que lo vea estando en mis sentidos, y que a la despedida me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e graçias que Nuestra Señora tiene alcançadas del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa Yglesia donde ella se apareció que, si las gentes lo supiesen, vendrían de muchas partes de rodillas, por ganar tanto bien para sus ánimas. Que como Nuestra Señora se apareçió aquí, con tan gran desseo y caridad que las ánimas se aprovechasen, pedía una muy sublimada virtud a su preçioso hijo: y es le otorgase tantos perdones en esta su sancta yglesia como hebras de yerbas y de cosas de flores e ojas estuvieren nasçidas en la tierra media legua alrededor del lugar donde ella yncó la cruz con sus preçiosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto dende que se edificó esta sancta yglesia y casa.
“Y más me a dicho mi sancto ángel: que están conçedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdondes de Sancta María de los Ángeles. En Assís, entiéndese, aunque no vengan confesados ni rezen cosa señalada, sino viniendo con devoçión a visitarla. Ansimesmo, me dixo que quien rezare nueve Avemarías, o nueve hymnos, o otras qualesquier oraçiones de Nuestra Señora, en tal que no sean menos de nueve offreçidas a los nueve apareçimientos que se apareçió a Ynés, ganará muchas graçias y le [fol. 113r] será otorgada la petiçión que justamente pidiere a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren. Y muy más lo ganaran rezándolo los propios días, que es el primo día del mes de marzo hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo, y quien hiziere dezir nueve misas a Nuestra Señora, en reverençia de estos apareçimientos, será socorrida en su tribulaçión y aprovechará mucho a los difuntos.
“La manera en que se mostrava su Magestad cada día de estos apareçimientos, fue el primero de pequeñito bulto, como quando fue conçepta; el segundo, como quando hera niña reçién nasçida; el terçero, como de tres años, que la offreçieron al templo; el quarto, como de la hedad que fue a visitar a sancta Iasabel; el sesto, como quando parió al Hijo de Dios −en este día, quien rezare, es bien tenga memoria de la fiesta dela−; el séptimo, como quando le presentó en el templo; el octavo, como quando fue uyendo a Egipto −en este día, quien rezare, tenga memoria del la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves−; el noveno y último, como quando estava al pie de la cruz, y a este misterio [¿hincó?] la sancta cruz, y quien rezare, tenga memoria de su muy gloriosa asumpçión, porque estos sanctos apareçimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas.
===Capítulo XXIV===
'''De la ayuda que sentían las personas ausentes de esta sancta virgen viviendo ella en la carne'''
Permitía Nuestro Señor, por la virtud y sanctidad de esta bienabenturada, que las personas que le heran muy devotas y se le encomendavan en su ausençia a ella y a su sancto ángel, fuesen rogadores ante la Magestad Divina, la viesen algunas vezes en su tribulación; en espeçial algunas religiosas estando en sus monasterios, no haviéndola visto en su vida, mas del conoçimiento que tenían de su sanctidad, por la qual la comunicavan espiritualmente por cartas, encomendándose a su sancto ángel. E a ella le pareçía la vían delante de sí, y en ese ynstante se les desa- [fol. 113v] pareçía, y dezían la figura de su gesto y cuerpo, las quales señas serán verdad assí como lo dezían.
Acaesçió que enfermó una gran señora en el palaçio del emperador, estando la corte en Madrid, que se llamava Doña Ana Manrique, la qual tenía gran devoçión y crédito con las graçias que conoçía que Dios havía puesto en esta bienabenturada; a causa la amava mucho, e la tenía por su madre espiritual, y se comunicava con ella assí con cartas como por visitaçión con su propia persona. Y estando enferma de un peligroso dolor de costado, hizo ella luego mensagero a esta sancta virgen, diziendo quán mala estava, de las quales nuevas la bienaventurada se compadesçió, y con entero cuydado rogó por su salud. Y llegada esta señora al punto de morir, resçividos los sacramentos de la sancta madre Yglesia, teniéndola ya por muerta, plugo a Dios por su misericordia y ruegos de esta sancta virgen dalle mexoría. Y de que estuvo algo aliviada de su enfermedad, embió mensajero con carta a esta sancta virgen, que por madre tenía, diziendo por su letra que estava mejor de su enfermedad, lo qual creýa y savía también como ella, que la havía ydo ha ver en espíritu y la havía dado salud con el poder de Dios; y esto no le negase, pues savía dezía verdad, que la havía visto y conoçido el día seteno de su dolor de costado. Haviendo resçivido la sancta unçión, desauçiada de los físicos, estando muy congojada haçia la noche, ençendida ya candela, assentada en la cama, le pareçió por la delantera de la cama haverla visto, con su ábito y escapulario e tocas, subir sobre su cama, pasando por ençima de su persona, y la tomó por las espaldas, y la apretó en espeçial en el lado, donde tenía el dolor; y con gran plazer, havía dicho ante todos, lo más alto que pudo: “Havéys visto a mi madre Juana de la Cruz, verdaderamente ella es, que yo he sentido me a tocado por las espaldas, y súpitamente se me a quitado el dolor. Y desde aquella hora estoy mejor, y puedo comer, y voy cobrando salud. A Nuestro Señor muchas graçias por ello. Y vos, madre mía, no me neguéys esta verdad que digo y por tal la tengo pública”.
Y la bienabenturada se maravilló de lo que esta señora le scrivía, y dixo no creyese en tal cosa [fol. 114r] como aquella. Y enportunada de las religiosas les dixese cómo havía sido, pues en la corte estava público, respondioles: “No penséys, amigas, salió de mí esta caridad de yr a ver aquella señora, sino de mi sancto ángel, porque estándole yo suplicando rogase a Dios por su salud, dixo: ‘Bien será que la vamos a ver, pues es tan tu devota, y está agora en tan estrema necçessidad, que para el tiempo de las neçessidades es el socorro de las buenas amigas’. Y assí fuymos a verla. Y quería anocheçer quando fuymos, que en su cámara ya tenían ençendidas candelas, y mandome mi sancto ángel subiese sobre su cama y la tomase por las espaldas, y la sanctiguase en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Spíritu Sancto, y también la sanctiguó mi sancto ángel. Y si ella sanó, fue porque ella sanctiguó. Y estoy maravillada permitir Nuestro Señor me viese ella a mí, y no a mi sancto ángel, que yo creýdo tenía no me havía visto. Ya que veníamos de ver a esa señora, mostrome en la misma villa de Madrid un hombre que estava espirando. Y en acabando de espirar, vi cómo vinieron los clérigos con la sancta cruz, y entraron en la casa del difunto a encomendarle el cuerpo. Y yo pregunté a mi sancto ángel quién hera aquella persona difunta. Respondiome: ‘Persona es que te pesará arto dello’. E no me dixo más. Y tornando yo en mis sentidos, conoçí era nuestro devoto Gonçalo de Durango, y por eso dixe entonçes hera difunto”.
Estando una religiosa en pasamiento, la qual hera del monasterio y compañía de esta bienabenturada y havíanla sacado a fundar otra casa y murió allá; y estando ya çerca del fin de su vida, tenía muy gran desseo de ver a esta bienabenturada, porque la amava mucho, por la graçia de Dios que morava en ella. Y estando con este desseo, dixo como a manera de alegría: “Ela, ela allí, a mi madre Juana de la Cruz”. Y diziéndole que no lo creyese, que antojo hera, respondió: “Por çierto no se me antoja, que muy bien la conozco, y conozco ser verdad en lo mucho que mi ánima se a consolado con su vista”.
Acaesçió por el mes de julio que, estando al torno el padre confesor del monasterio donde morava esta bienabenturada, vino por el campo un carnero dañado de rabia, [fol. 114v] y entró hasta donde él estava, y con mucha ansia le hirió con los cuernos, hechándole mucho bafo y espumajos. Y como estava solo, no se podía defender d’él. E ydo el carnero huyendo, que no pudo pareçer más, el padre, por entonçes, no hizo caso de lo que havía pasado. Y estando después assentado a la mesa para comer, vínole un gran temblor y miedo de la rabia que traýa el carner, y desmayósele el coraçón. Y assí le llevaron a la cama, muy fatigado. Y saviendo la sancta virgen en la dispusiçión del padre y la causa de que le havía venido, pesole mucho, y embiole a dezir que se esforçase, que no sería nada, que ella ternía cuydado de rogar por su salud; el qual se consoló con estas palabras, y dixo, lo que le huviesen de dar de comer, lo llevasen a esta bienabenturada y lo santiguase. Y assí lo hizieron quatro o çinco días, y él siempre yba empeorando, hasta tanto que confesó, pensando que se havía de morir, y ella siempre le dava esperança de salud, teniendo cuydado de rogar a Dios por él. Y assí fue como ella dezía: estuvo bueno. Y recobrada la salud el padre confesor, dixo la sancta virgen: “Dios alumbró al padre de embiar a que sanctiguase yo lo que él havía de comer, que el Señor, por su misericordia, me a dado graçia sera compañera con sancta Quiteria para el mal de rabia”.
Una religiosa tenía un zaratán en el pecho, tan grande como el puño, muy peligroso. Y esta bienabenturada rogó mucho a Dios y a su bendita Madre por ella, y al cabo de un mes, se halló sana como si nunca le huviera tenido, lo qual se tuvo por milagro.
Y a otra religiosa se le hizo una muy mala, nasçida en el brazo. Y abriéndosele un phísico para sacársela, ya que hera sacada y la llaga yba çerrando, la qual no estava sana, porque le havía caýdo fuego de Sant Margal en la llaga, lo qual el físico que la curava no havía conoçido, ni otra ninguna persona lo savía, sino esta bienabenturada, que rogando por esta enferma a su sancto ángel, le dixo: “El más mal tiene, ¿qué piensas tú?”. “Ruegas solamente por la llaga, y ale caýdo en ella fuego de Sant Margal, y es tan reçio, que si Dios no lo sana por milagro, morirá en treynta días”. Y oyendo esto la sancta virgen, se angustió mucho. A algunas religiosas del monasterio, y en el braço de la enferma, pareçía tener aquel mal, porque se le haçían empollas ençima de la señal de la llaga. Y esta [fol. 115r] bienabenturada, rogando mucho por ella a su sancto ángel e a otros sanctos de la corte çelestial, que rogó la ayudasen a rogar a Nuestro Señor, Su Magestad sanase la tal persona de tan cruel enfermedad, plugo a su divinal clemençia oýr los ruegos de esta sancta virgen, por los quales fue librada la enferma de aquella enfermedad.
Otra religiosa tenía muy malas las ençías de la boca y gran dolor en las raýzes de los dientes y muelas. E fue muy angustiada a esta bienaventurada, la qual savía mejor su enfermedad que ella, que la tiene. Y en viéndola, le dixo: “Ven acá, amiga, ¿cómo nunca me havéys dicho que estáys mala de la boca? Arta pena tengo yo dello, e rogado por vos a mi sancto ángel, y él también ruega a Dios por vos os dé salud”. La religiosa, agradeçiéndole el cuydado que de su salud que tenía, diole quenta de su mal, y rogole la sanctiguase y mandase hazerle alguna mediçina, que ella tenía esperanza en Nuestro Señor que por sus ruegos sería sana. La sancta virgen le respondió: “Ya es algo tarde para curaros, porque os a caýdo cançer en las enzías y raýzes de los dientes. Mas no os entristezcáys, que poderoso es Dios para daros salud, y vuestra fee, devoçión lo mereçiera”. Y mandole haçer una muy liviana cosa, y en muy breves días cobró muy entera salud.
Otra religiosa tuvo muy gran dolor de una espalda e lado por çiertos meses, y le dava muy grande pena. Y mexorando de este dolor, entró en el offiçio de la coçina, y con el trabajo, tornole el dolor muy más reçio, y con tan grande ardor que pareçía se le quemava el lado y, con ello, muy gran dolor de caveça, en manera que con mucho trabajo hizo aquel día el offiçio de la coçina. Y de que huvieron comido las monjas, fuese a la çelda de esta bienabenturada, e díxole quán mala yba. Y haviendo mucha compasión della, [fol. 115v] preguntole si havía comido. Respondiole la religiosa: “No, no he comido, que los dolores no me dexan”. La sancta virgen le mandó, con mucha caridad, que se asentase a par de su cama y hechase la caveça ençima, y travajase por dormirse. La religiosa lo hizo ansí, y de que despertó, vido que estava elevada la bienabenturada, y hallose ansí sin niungún dolor en el lado e caveza, e con tan buena dispusiçión y salud que fue muy alegre a hazer el trabajo de la coçina.
Yendo otra religiosa cargada, llevando çierta cosa, cayó entre unas piedras y desconçertose un hombro muy malamente. Y doliéndole mucho, fuese a esta bienabenturada y díxole cómo se le havía desconçertado un hombro y no podía menear el braço del gran dolor que tenía en él. Díxole la sancta virgen: “Amiga, traygan quien os le adobe”. Y no quiriendo la religiosa que viniese ninguna persona, respondió, diziendo: “Solamente quiero le sanctigue ella el hombro, y le tocase en él con sus manos”. La bienabenturada le dixo: “Por cumplir con vuestra devoçión, yo lo haré, aunque sea con trabajo mío”. Y llegándose la religiosa a ella, descubrió el hombro, tocola en él con sus manos muy tullidas dos o tres veçes, nombrando el nombre de Jesús. Díxole: “tened esperanza en este sancto nombre que aquí havemos nombrado, que sanar es en su virtud”. Y assí fue, que luego otro día pudo mandar el braço sin ningún dolor ni lisión. Y de esta manera y de otras muchas hizo Dios, por esta sancta virgen, muchos milagros.