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Juana de la Cruz

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“El lugar donde el sancto ángel me acostumbra poner es muy hermoso, y luçido e resplandeçiente, e claro, e todo muy bien pintado y entallado, e más valorado y estimable que de oro ni de piedras preçiosas; y este sepulchro tan resplandeçiente, no penoso, sino como asentamiento de gradas, muy apuesto y glorioso y alegre. E cada cosa que veo en aquellos sanctos reynos, todas son labradas y entalladas por maravillosa manera y admirables hornamentos, según su speçie de cada cosa apuestos, de claridad sin comparaçión; tanto, que mejor que en espejos muy claros, se puede cada persona ver a sí mesma en el suelo o en cada uno de los edifiçios que mirase se vería, e todas las cosas çelestiales que deseasen ver. Y desta mesma claridad y resplador son todas las bestiduras de qualesquier colores o matizes que son. E más claros que el sol, en muchos grados, son todos los bultos de las personas que en aquel sancto reyno moran.
“De las façciones y gesto que me preguntáys os diga de mi sancto ángel, paréçeme que no ay cosa en la tierra, por hermosa y preçiada que sea, a que se pueda comparar. Es muy hermoso doncel, e muy más resplandeçiente que el sol blanco, e colorado e rubio, [fol. 24r] e muy claríssimo e de muy suaves olores, e de bulto muy preçioso, e de gesto muy sereno, e grave persona de muy gran reverençia y dignidad. Tiene alas de muy gran resplandor e ligereza, e de muchas colores y pinturas, las quales no le nasçen de las vestiduras, mas de su mesma persona, y assí como a todos los otros sanctos ángeles les nasçen las alas de sí mesmos. La bestidura del sancto ángel mi guardador es de ynestimable valor, e de yncomparables colores e labores. Yo le veo bestido de muchas maneras. Mas direos los motes que trae vordados en ellas, con los quales yo mucho me consuelo: tiene en su caveça corona e diadema más preçiosa que de oro, çercada de piedras preçiosas, y en la frente una cruz esmaltada, hecha a manera de joyel con letras a la redonda, que dizen: ‘consiteantur ‘''consiteantur omnes lingua quoniam [Christus?] et rex angetor’angetor''’. E trae otras letras borradas en la vestidura, ençima del pecho, que dizen: ‘spiritus sancti illuminet gratia sensus de corda vestra’. Y en la manga del brazo derecho trae bordada de pedrería la señal de la cruz, con pie e con ramos muy hermosos, que adornan toda la manga y la cubren; y el pie de la cruz haçia la boca de la manga, y la altura della haçia el hombro con letras y en lo alto, en la mesma cruz, que dizen: ‘ecce ‘''ecce cruçem Domini fugite partes adverso’adverso''’. Y en la manga del braço siniestro trae bordada la mesma divisa de la sancta cruz, con los clavos y todas las ynsinias de la passión, con letras que diçen: ‘dulce ‘''dulce lignum, dulces clavos, dulce [¿ponduos?] substinet, quo sola fuiste digna portare talentum animas’animas''’. Y en el calçado de los pies trae labradas de pedrería letras que dizen: ‘quam ‘''quam pulchri sunt gressus tui filia prinçipis’prinçipis''’. Y en el calçado de ençima de las rodillas, letras muy hermosas, que diçen: ‘flectamus ‘''flectamus genua levare’levare''’. Y ençima de los muslos, otras letras, que diçen: ‘çelestium ‘''çelestium terrestium [¿de?] infernorum’infernorum''’. Y las mesmas ynsignias de la sancta cruz, y los clavos, e todas las armas de la sagrada passión, trae pintadas e dibujadas por muy rica manera en un lindo pendón. E junto con ello, trae figurada e dibujada la ymagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los braços, e de otras maneras e misterios, ansí como quando Él y Élla estavan acá en la tierra, e como después que [fol. 24v] entrambos subieron a los Çielos; en espeçial la trae pintada como ella está en su trono real, sentada y çercada de vírgines, y sanctos e ángeles, que la están sirviendo. Y estos motes y armas tan preçiosas son assí para defensión de las ánimas que él tiene en guarda, como para el provecho de las de purgatorio.
“E también los sanctos ángeles apreçian de adornar sus personas e bestiduras de las ynsignias e armas con que su Dios y Criador hizo la obra de la redempçión. Las ánimas que están en purgatorio se goçan mucho con su visitación, y se recuerdan de su Dios en los tormentos que padeçe. Este mi sancto ángel siempre anda envuelto, e otras vezes de hinojos, y también en buelo véole venir algunas vezes, e desçender de alto haçia el lugar que yo estoy. E quando desçiende, viene assentado en un trono, y en silla, y en buelo por el ayre, y es todo muy rico y resplandeciente, e adornado e de muchas pedrerías, e trae en su mano algunas vezes a manera de çetro muy preçioso, e otras vezes trae un ynstrumento con que tañe de tan admirable espeçie que en solo tocalle haçe qualquier son e armonía que quiere haçer quien le tañe. Dize las palabras como las puede dezir y cantar qualquiera persona humana, pero muy más suaves y deleytosas de oýr. Múdase este laúd en otros instrumentos, los quales todos haçen muy acordado e deleytoso son, según cada uno en su speçie. Este mi sancto ángel no es de los ángeles de dos alas guardador, es de las almas, porque él es de más alto choro: las alas que yo le veo quando él me lleva entre ellas, algunas vezes son seys, e ocho, e diez. No se le encomiendan todas ánimas, sino algunas señaladas, porque yo sé tuvo a cargo a señor Sant Jorge, y al rey David, y al señor don Gregorio, e a otros sanctos singulares.
'''Cómo esta bienabenturada tenía graçia de ver y oýr las cosas ynvisibles e que muy lejos acahazían'''
Dezía esta sancta virgen algunas vezes las cosas que savía por graçia de Dios, antes que acaeçiesen, para escusar daños de los próximos e offensa de Dios. E oýa muchas veçes las cosas que hablavan las personas que estavan muy ausentes della, y aun lo que havían hecho, y esto no tan solamente lo savía estando elevada, mas en sus propios sentidos lo savía e sentía. Veýa las cosas que pasavan e se haçían lejos, y para verlo no la estorbavan muchas partes ni edifiçios. Acaesçíale, estando ocupada en cosas de la obediençia, oýr el officio divino que se reçava en él. E hera oýr la missa de la yglesia víspera de la sancta rresureçión, estando en su çelda, la qual estava apartada de la yglesia, quando tocaron las campanas que dezía la ''Gloria in exelçis Deo'', hincándose ella de hinojos para dar graçias a Nuestro Señor e adorarle desde allí, oyó los cánticos e çeremonias que se haçían en la sancta iglesia, e vido a Nuestro Señor Jesuchristo como quando salía del sepulchro, muy hermoso e alegre, e florido e resplandeçiente, e muchedumbre de ángeles çercados de su Real Magestad, que le adoravan e serbían de muchas maneras de servicios, e tañían y cantavan muy dulçemente. Y entre otras muy altas cançiones que deçían en nuestro lenguaje y en otros, los quales deçía ella no entendía, oyó por aquella vez unas palabras a los sanctos ángeles, que deçían en voz de cántico:
“Ya sale el Rey y los ángeles con Él,
“Y entonçes, matan las hachas negras que están ençendidas, e cubre la cruz de luto, la qual llora como si Nuestro Señor Dios estuviese en ella, mostrando la mesma tristeza y dolor que los sanctos ángeles muestran por el perdimiento de aquella ánima, diziendo: ‘¿Cómo no aprovechó en ti mi grande y amarga Passión, que por comprarte y librarte y descautibarte del Infierno me puse a padesçer, e no forçado sino de mi grado? O ánima, mi querida, ¿por qué heres agora perdida tú mesma? Te as dañado. Tú te as perseguido con tus malas obras. No te quexes de nadie, sino de ti mesma, que tú te as condenado, de lo qual a mí me pesa. Vesme aquí: mi justiçia no puede haver piedad de ti. Ángeles, cantad e alavad a Dios por el bien e por el mal’.
“Luego, los sanctos ángeles alavan a Dios por la condenaçión de aquel ánima, e quitan el luto, diziendo: “Justo heres, Señor, e justos son tus juyzios. ''Laudamus te, benediçimus te, gratias agimus tibi”tibi''”; tornando todos e alavando a Dios como de primero, e como lo hazen quando alguna ánima se salva, que ençienden candelas blancas, doradas e plateadas, dando gloria a Dios con alegría, demandando muchos perfumes odoríferos en señal que las maldades, damnaçiones, hidiondezes, todas van al Infierno con las ánimas dañadas y spíritus malinos, que son los demonios de quien proçedió la maldad, como se muestra en Eva y en Adam, y en los travajos que por su peccado se recreçieron.
“Algunas vezes he visto juzgar y condenar ánimas de algunas personas que en esta vida havían sido hipróquitas. Y es tan reçio y espantable su juyzio, que es cosa maravillosa de ver. Después de haverlas juzgado y esaminado, traen allí los sanctos ángeles bestiduras, e coronas e adornamientos muy preçiosos, e adórnanlas con ellos, e pónenles cada cosa por sí, diziéndoles: ‘Por tal y tal obra que hiziste, que al pareçer de las gentes era muy buena, y si verdaderamente lo hiçieras por solo Dios, huvieras mereçido esto y esto, que nosotros agora te ponemos; e por tal e tal penitençia, si la hizieras por amor de Dios, tuvieras galardón de esto, y de esto con que agora [fol. 56v] te adornamos’. E desta manera adornan e coronan los sanctos ángeles aquellas tristes ánimas de todas las maneras de mereçimientos e galardones que tuvieran y poseyeran, si reta e verdaderamente lo hiziera por solo amor de Dios, e de su sagrada Passión e penitençia de sus peccados. Después tornan los sanctos ángeles a descomponer estas desdichadas ánimas, quitándoles cada cosa por sí, a manera de quando desgradúan en este mundo algún saçerdote. Y a cada cosa que les quitan, los sanctos ángeles los maldiçen de muchedumbre de maldiciones, diziendo: ‘Yd, malditas, al fuego eterno e perdurable, que desto soys vosotras dignas e mereçedoras, que no de esta gloria e bienaventuranzas que aquí os havemos mostrado. E para mayor pena vuestra, e para que siempre lo lloréys, os vestimos e adornamos, pues por la banidad del mundo lo hiçistes. Allá resçivistes vuestro galardón, que así es la justicia de Dios, que quien por su amor algo haçe, Él se lo bien galardona y paga, e quien por la banidad del siglo, e por su propia honra y banagloria, también se la bien demanda. Por tanto, yd, malditas, de entre la compañía de los ángeles buenos, e sed para siempre en la de los malos, que con una pena y trabajos ganastis otros. Yd adonde ay siempre dolor, e llanto, e batimiento de dientes, donde nunca alegres, ni consolados ni descansados os veréys. Mirad quán derecha es la justiçia de Dios, que por sola aquella buena haz, qual fuera mostrávades, os quiso aún dar este breve espacio, e proveheros de nobles bestidos e adornamentos, como quier que por agora, ni en ningún tiempo para vosotras, esto ni ninguna otra cosa os aprovechara’. E desta manera, desnudas e maldeçidas e menospreçiadas, son hechadas estas ánimas del lugar del juyzio, e dadas a los demonios, los quales las arrebatan e llevan en sus dientes e uñas, dándoles muchas maneras de penas. E muy más estrecho es el juyzio de los hypróquitas, e más largo que no de ningunas otras ánimas, e más penado, e más maldeçido cada vno de los miembros de los tales que otros ningunos peccadores, por ser tan engañoso e falso el tal viçio e peccado. Que es cosa de que mucho se offende y enoja Dios: atormentarse a ssí mesmos por banagloria, lo que por él mesmo se les haría muy grave de hazer e se quexaría, diziendo que hera Dios cruel, pues tales cosas les mandava hazer, las [fol. 57r] quales heran insufribles.
'''De cómo esta bienabenturada estava muy congojada pensando en sus tribulaçiones'''
Temiendo esta sancta virgen si havía caýdo en algún peccado, pues casi por tal estava reprehendida, dixo a su sancto ángel: “Bendito, ¿qué peccados hize yo ante Nuestro Señor y ante vos, por los quales he mereçido que tantos [fol. 82r] males me vengan assí de la mano del Señor, tocada y atribulada de muchas enfermedades, como perseguida y angustiada de las criaturas; e no solamente yo, mas las religiosas de mi convento, que an sido súbditas mías por la graçia del Señor, siendo todas ellas y yo súbditas a la sancta orden del glorioso padre nuestro San Françisco, cuyas hijas somos?”. El sancto ángel dixo a esta bienabenturada, le respondió diziendo: “Criatura de Dios, no te turbes a poder que puedas por cosa alguna ni por eso dexes de tener spíritu suave y gozoso en Dios, que te crió y te redimió, y está aparejado a te dar eternos galardones, por cada tribulaçión y dolor, çient gozos en la gloria del Paraýso”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, pues mis hermanas y compañeras, que conmigo padezen y an padeçido, ¿qué hará el Señor dellas, las quales yo tengo ofreçidas e resçividas para solo su serviçio y por su dulçe amor, a quien yo desseo y he desseado que siempre ellas amen?”. El sancto ángel le respondió: “Raçón tienes de haverlas lástima y aún dolor, más que de ti mesma o tanto, porque esta es la caridad que Dios manda tuviésedes los próximos unos a otros, y nunca siendo crueles y bengativos los unos a los otros, y aprovechándoos de la doctrina christiana e de los consejos de Sant Pablo, doctor de las gentes, baso escoxido de Dios. Y ansimismo los consejos de Sant Pedro, e Sant Tiago, e Sant Juan, e de toda la Yglesia cathólica y verdadera christiana, sin las quales virtudes nadie no se puede salvar. Conforta tú a tus hermanas. Y digo que las confortes, que no las as menester enseñar, pues tienen exemplo de los sanctos y de las sanctas, de quien pueden aprender. [fol. 82v] Lean el ''Flos sanctorum '' y liçiones devotas en que se enseñen, que tú ya poca doctrina les puedes dar: lo uno, por la privaçión del offiçio de mandar sobre ellas y serles regidora, y lo otro, por el menospreçio que a subçedido a tu persona en la opinión y crédito que de ti se tomó. Por aquella simpleza y mal miramiento en que caíste, diste enojo a tus perlados mayores, y comoquier que fuiste digna de ser reprehendida, en más cosas te culparon y juzgaron, estando tú salva, como Dios lo save e yo lo sé. Confórtate, amiga de Dios, e sele leal, y ámale, que no te desamparará. Y a tus hermanas salúdamelas, que están tristes por ti, y tú por ellas.
Allegado el convento en uno que es de Dios y de su madre, Sancta María; ese mesmo Dios está y mora en medio, y conforta a cada una según su graçia y misericordia. Amonéstalas, no desfallescas por los falsos testimonios ni por las reprehensiones. Leal es Dios, y verdadero, amador de las ánimas; siendo ellas leales y agradezidas a sus benefiçios, padesçer tribulaçiones fielmente por el Señor, acreçentamiento de mérito es, e añidir piedras y perlas de gran valor en la corona, que muchas maneras de méritos ay en los siervos de Dios y siervas, aunque no sean de sangre”. Dixo la sancta virgen al ángel: “Pues, señor, mis hermanas también an redamado sangre, siendo heridas y lastimadas, estando ellas sin culpa de mi peccado”. Respondió el ángel: “Todo peccador y peccadora tiene peccados. Y las passiones de esa vida no son dignas ganar la vida eterna, por muchas y reçias e fuertes que sean; digo vida eterna, vida gloriosa en el acatamiento de Dios para siempre jamás, sin fin, como la tienen los sanctos en la gloria del Paraýso”. Dixo esta bienabenturada al ángel: “Señor, para el perdón [fol. 83r] de mis peccados y para resçivir digna penitençia de vuestra mano dada, y de vuestra sancta boca mandada, aprovecharme a mí deziros las culpas, que allá ya las he dicho a mis confesores y perlados”. Respondió el sancto ángel: “Yo no te fuerzo que me las digas, ni heres obligada si no quieres, si es verdad que las as confesado a tus confesores, y conoçido tu peccado, y hecho penitençia devota y paçíficamente, lo qual se requiere a toda persona christiana”.
Dixo la sancta virgen: “Señor, nuestros perlados hizieron bien en angustiar tanto a mis hermanas las religiosas en aquel caso que savéys de ser heridas con palos”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “No podían ellos, según Dios, con buena y loable y perfeta conçiençia, hazer el agravio que se hizo en las siervas de Dios y de la Yglesia cathólica, aunque vieran culpa; ni tú devieras procurar, sin su liçençia por vía de Roma, cosa alguna, ni aquella bula, la qual, pues que simplemente fue hecho y sin perjuyzio a la orden, dellos simple y sabiamente y con alguna piedad se deviera castigar”. Dixo la bienabenturada: “Señor, peccaron ellos en deshazer lo que el Sancto Padre havía hecho”. Respondió el ángel: “Ese secreto quiero yo dexar a Dios, que save los poderes que dio a su Summo Pontífiçe, los quales poderes deven ser tenidos en todo acatamiento, y estimados sobre las mayores cosas de la tierra. Mas, ay dolor, ay dolor. Dos vezes digo, y tres: ay dolor. Que oy día los christianos en poco tienen el Summo Pontífiçe, y sus poderes y antiguas y sanctas ordenaçiones perfetamente ordenadas por graçia de Spíritu Sancto. En la Yglesia cathólica romana [fol. 87r] esta es una llaga hecha a la persona de Dios, que ansí como no se le puede olvidar la del costado con la lanza en el corazón, ansí no se olvidará Dios los menospreçios que an tenido a su Yglesia. El día del juyzio lo verán las ánimas, quando aquel peccado y los otros les será demandado por el justo e verdadero juez, que es Jesuchristo, al qual te encomiendo sirvas y ames con todo coraçón, y temas, y honres y adores”. Dixo la bienaventurada: “No plegue a Dios, señor, que yo piense que mis perlados offendieron al Señor en cosa alguna que hiçiesen. Porque ellos son alumbrados de Dios, y no creo yo que hizieron ni an hecho contra la Yglesia apostólica cosa que no devían”. Respondió el sancto ángel, e dixo: “Tú, de persona simple y poco entendida, entiendes que digo yo por tus perlados eso tocante a la Yglesia apostólica offendida. No lo digo sino por todo el mundo, doquier que ay christianos, y aunque sean religiosos, de todo se haze mençión. Tú me preguntas de una cosa çerca de tu peccado, yo respondo açerca de los peccados de todos”. Dixo la sancta virgen: “Yo, señor, no querría saber sino açerca de aquello que preguntava, mas pues vuestra señoría dize lo que es servido e mandado servir, todo ansí lo haré”. Y dixo el ángel: “¿Tus peccados quieres scrivir?”. Respondió ella: “Señor, no tengo otra cosa que dezir ante el acatamiento de Dios y Vuestra Señora, sino mis peccados y defetos, y pedir perdón dellos, y rogar por mis próximos e amigos, y encomendados e bienhechores”. Dixo el sancto ángel: “Y aún los agenos dizes también, aunque te he yo amonestado confieses tus culpas y dexes las agenas, e mires la viga de tus ojos y no estimes la paja del ojo ageno de otro qualquier próximo”. Dixo la bienabenturada: “Señor, y si por scrivir esto que [fol. 87v] me manda vuestra señoría a mí biene mal y a las hermanas que lo scrivieran, ¿qué remedio?”. El ángel: “¿Por qué piensas te á de venir mal?”. Ella respondió: “Señor, no sé, mas lo que yo digo a vuestra señoría, y él me dize, es en secreto, y ansí querría se quedase en secreto, pues si se scrive, ¿cómo quedará en secreto?”. Él dixo: “No quiere Dios que estas cosas sean en secreto, pues públicas apareçieron sobre la Tierra”. Ella dixo: ¿Cómo, señor, apareçieron? ¿Por ventura son ángeles que pueden aparecer?”. Él respondió: “Todas las cosas que ligeramente passan por la criatura son apariciones, y el pensamiento bueno es llamado ángel, y el pensamiento malo es llamado adversario, o enemigo de la virtud o del bien. Por eso, guárdate del mal pensamiento y busca el bueno, y quando le hallares, estímale en más que el oro ni plata ni piedras preçiosas. Y con tanta diligençia busca el buen pensamiento y acava de dentro de ti trabajando, buscando a Dios, y en sí, y en que parezcas a los que buscan el oro y las perlas, que con la grande codiçia e afinco no sienten el trabajo; mas no les parezcas ni seas cruel contra tus súbditas y hermanas, y compañeras y próximos, como lo son aquellos que maltratan en las Yndias a sus esclavos con crueldad, y sin misericordia y piedad, que pagarlo an ante Dios. Y encomendad a tus hermanas.”
Dixo la bienabenturada: “Señor, ya no son ellas mis súbditas”. Respondió el sancto ángel: “La religión les otorga liçençia ser humildosas a perladas y no perladas. Y pues en sus coraçones te consideran y tienen en tal grado, no dexando de obedeçer a quien les manda la obediençia y dinidad de sus superiores, bien puede gozar en sus pensamientos de ser tus súbditas, pues no lo hazen fingiendo ni por fuerza. Por tales, las offreçe a Dios, pues las resçiviste en la sancta religión, y recáudales bendiçión de Jesuchristo y de su madre”. Ella dixo: “Recáudasela vos dellas, y a mí”. Entonzes el sancto ángel, alçando la mano, bendixo diziendo: “In “''In unitate sancti spiritus, benedicat vos pater et filius”filius''”.
Y la sancta virgen [fol. 88r] tornó a dezirle: “Señor, mire que no me mande scrivir lo que me dize, y ¡ay lo que está scripto! Todavía tengo temor me á de venir mal por ello”. El ángel dixo: “No scrivas ya más si no quieres, y di a tu hermana que çese la péndola”. Ella dixo: “Señor, lo que está scripto querría romper, si quisiesen las hermanas romperlo”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Haz penitençia de ese recado, que es más gave que por el que padezes. Ya saves tú que te lo mandé con premio, y te amenazé que te daría Dios muchos dolores acreçentados de Passión y permitiría sobre ti tribulaçiones más que puedes pensar si no lo scrives”. Dixo la virgen: “Señor, yo por eso temo y he temido, mas ya se a hecho vuestro mandato, conténtese vuestra señoría. Y dígame de las hermanas algo más, no me lo mande scrivir”. Dixo el sancto ángel: “Si lo as de scrivir ''[9]'' no te quiero dezir nada que digas público, porque te truecan las palabras y las ponen otro estado al como las dizes, y las dan otro entendimiento contrario a la verdad, y a tu yntençión simple y fiel, y que no deseas offender a Dios ni al próximo, ni condenar tu alma, ni dezir cosa que no sea verdad espiritual y temporalmente a lo que yo he conoçido. Si otra cosa te juzgan, respondo que Dios save la verdad”. Tornó la bienabenturada a preguntar, diziendo: “Señor, ¿qué será de mis hermanas, que nunca me lo havéys dicho, aunque os lo he suplicado?”. Respondió el sancto ángel: “El señor dize por Sant Juan, assí quiero que quede. Yo digo por ellas que s’estén agora ansí, obedeçiendo y honrando a Dios, y a sus perladas presentes y pasadas y por venir, [fol. 88v] y cumpliendo las cosas de su profesión y regla con la ley de Dios y obediençia de la Yglesia cathólica christiana. Y ansí serán salvas si hazen penitençia digna y mueren en el Señor”.
Estando elevada esta sancta virgen, tornó a preguntar a su sancto ángel, diziendo: “Señor, pues yo veo que vuestra señoría es servido diga o scriva algunas cosas de las que me a dicho, e dize hazerlo he de una sancta liçençia; y en espeçial, señor, le supplico le plegue oýrme otra cosa que quiero preguntar de mis hermanas, que estoy muy angustiada en ver el despedimiento que, señor, hizistes con el responso de muertos. No plegue a Dios que sus ánimas mueran, ni tanpoco sus cuerpos padezcan muerte con deshonra, sino que quando murieren sea en alabanza de Dios su pasamiento, y en gloriosa salvaçión dellas, y quando padesçieren travajos sean [fol. 89r] por el mesmo serviçio de Dios. Y ansí lo suplican ellas a vuestra señoría, y le besan los pies y las manos”. Respondió el sancto ángel: “Al señor Dios Jesuchristo besen los pies y las manos, y con lágrimas de sus ojos y toda devoçión y reverençia, humildoso y piadoso acatamiento, contemplen y adoren, y acordándose de los clavos y tormentos con que fueron presos los generosos y delicados miembros del mesmo Dios y señor Jesuchristo en el tiempo de su sagrada Passión. Y quando ellas esto hagan, y tú también, sus ángeles por ellas, y tú también, y yo por ti, offreçeremos aquella buena obra delante de Dios, como fue offreçida la obra de las lágrimas y penitençia de aquella muger sancta que se dize la Madalena”.
Replicó la bienabenturada a sus palabras, diziendo: “Señor, dígame açerca de aquello de mis hermanas”. El sancto ángel respondió: “No as de saber todos los secretos. Mas dígote que el responso que yo dixe de ''requiem eternam '' es neçessario a toda persona, siquier sea viva, siquier sea difunta, que dos muertes que ay, una del cuerpo y otra del alma, para qualquier dellas aprovecha la dicha oraçión; y si tú acostumbrares muchas vezes dezirla en fin del ''pater noster'', cuando rogares por los affectos, también como por los difuntos o por los que están en peccado mortal, ganarás por ello. E si con mucha devoçión lo hizieres, cumplirás por tus próximos la falta suya y tuya”. Dixo ella: “Señor, no me satisfago enteramente”. Respondió el sancto ángel: “déveste satisfaçer, que la palabra del sabio es preñada: cuando cogieres almendras e otra fruta que tenga cáscara, trabajo as menester para [fol. 89v] quebrarla, y aun deshollar la mesma fruta para que quede en lo perfeto, ansí puedes aprovecharte de mis palabras. Y aunque no te satisfagas del todo, míralas bien, y entiéndelas para reformaçión de tu conçiençia y para enseñar a quien no save, porque ay muchas personas ygnorantes y no pueden alcanzar la sabiduría verdadera y neçessaria”. Ella dixo: “Señor, ¿qué cosa es sabiduría?”. Respondió el ángel: “La verdadera sabiduría es amar y honrar a Dios, y guardar su ley y sanctos mandamientos, y saber cada un ánima salvar a sí mesma con el ayuda y graçia de Dios. Y si puede ayudar a salvar otras ánimas, buena obra es, y muy maravillosa. Y por eso, con razón, está scripto que mucho haze quien salva su ánima, y más quien la suya y otras, y mucho haze quien salva su ánima también, y guarda los mandamientos de Dios y los cumple; y más, quien cumpliéndolos y enseñándolos, aprovecha. Y muy malo es quien quebranta los mandamientos de Dios, y más malo es quien los enseña a quebrantar, o da favor a que sea quebrantada la ley de Dios o los mesmos mandamientos de Dios y de la Yglesia cathólica y perfeta”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ya yo no puedo enseñar, puesto que en mí no ay sçiençia ni abilidad para otra cosa sino para ser enseñada y ordenada”. El sancto ángel respondió: “Dios te dio marco de buena enseñanza, no seas desagradeçida a sus beneficios, puesto que no des [¿alabo?] humildad”. Ella dixo: “Señor, ¿cómo puedo yo enseñar la carrera del Señor o otras cosas perteneçientes a ella?”. Respondió el sancto ángel: “Siendo apremiada, y estando como estás, pressa con enfermedades e con la obediençia, no te demandará Dios las faltas de la enseñanza”.
Dixo [fol. 90r] la bienabenturada: “Así plegue a Dios que no me lo demande, que las hermanas me ponen temor diziendo quedaré [¿?] a Dios, y que me culpará porque no les digo todas las cosas que quieren”. Respondió el sancto ángel: “No les puedes tú dezir todo lo que ellas quieren, aunque sea hablando spiritualmente cosas de Dios y neçesarias a la buena consçiençia y doctrina, en espeçial estando tan escondida como estás. Que las personas que alguna graçia Dios les da, repartidos sus espeçiales dones, para de raçón havrían de estar en lugar más público que escondido”. Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿qué cosa es lugar público?, que en la sancta religión no tenemos por bueno eso.” Dixo el sancto ángel: “Digo lugar público porque las personas que están como tú diviérenles dar alguna libertad o recreaçión para algunos tiempos ser en público lugar, en consolaçión y aviso de sus próximos, aprovechándoles espiritualmente. Y por eso a tus hermanas no les deves culpar, ni a otras personas, que desean aprovecaharse de tus palabras o consejos fieles y devotos”.
Preguntada esta sancta virgen de las religiosas si las ánimas que nuevamente venían de voluntad de Dios para ser della ayudadas, si venían feas o qué figuras traýan, respondió: “Çierto, no vienen hermosas, ni blancas, ni traen buenos olores, que más vienen para dar temor y espanto que no consolaçión. La semejanza dellas es de mucha diversidad de maneras, según la calidad de los peccados que an caýdo. Mas estas cosas no se pueden explicar, ni menos conviene dezirlas”. Preguntada de qué calidad heran las ánimas por quien rogava y padesçía, respondió que heran ánimas que havían muerto muertes desastradas, y por justiçia, y en batallas, y en la mar, y las que más desamparadas estavan de quien les hiziese bien, y ánimas de sus amigos y enemigos, y de religiosos y seglares, según hera la voluntad de Dios.
Estando esta bienabenturada un día de verano a la puerta de su çelda, hechada en una camilla rodeada de jarras muy llenas de albaaca muy fresca y creçida, cantando la ''magníficat'', oyéronla las religiosas y fueron a verla e a oýrla con mucha alegría. Y proçediendo ella en su [fol. 104v] canto, quando acavava la ''manifica '' que dixo: “Gloria Patri”“''Gloria Patri''”, abaxáronse las ramas del albahaca, tanto que también se abaxavan las jarras en que estavan. Y estavan ansí abajadas hasta que acavava la gloria, y luego se alçavan muy despaçio. Viéndolo las religiosas, dieron muchas graçias a Dios por tan gran maravilla como sus ojos veýan.
Entonçes, díxoles la sancta virgen: “¿Para qué entrastis aquí, hermanas, que estávamos cantando yo y mis compañeras, yo en esta cama y ellas entre las yerbas verdes?”. Ymportunada que tornase a cantar Gloria Patri, dixo: “Podrá ser no querrán delante de vosotras tornar a hazer la benia”. Y ansí como empezó a dezir Gloria Patri, se abajaron las ramas del albaaca e jarras con ellas, como la primera vez. Y esto fue hecho todas las vezes que lo tornava a deçir, lo qual fue causa de mucha admiraçión a todas las religiosas. E la sancta virgen les dixo con gesto alegre: “Plázeme, amigas, aya el Señor querido ayáys visto esto, porque veáys por espiriençia que esto que está entre estas verduras son ánimas cristianas, y obedientes a su Dios, y creyentes en su sancta fee cathólica, pues hazen humiliaçión y reverençia quando se nombra la muy alta Trinidad. Y no es esta la primera vez que estas cathólicas ánimas reverençian a su Dios y criador estando en estas yerbas como havéys visto; mas otras muchas vezes lo han hecho por dar plazer a esta bienabenturada”.
Estando esta bienabenturada en su cama enferma de calenturas de más de todas las enfermedades que tenía, vino a ella el padre nuestro, el glorioso Sant Françisco, muy glorioso y acompañado de muchos sanctos bienabenturados. E saludola y convidola, diziéndole que se fuese con él al Paraýso, si pudiese y tiene esfuerzo para ello; y si no podía, por su mucha enfermedad, se tuviese en su cama, la qual le havía dado el Señor por nido como a páxara o gallina que está empollando sus huebos, porque dellos nazcan páxaron vivos o pollicos, de dolores salidos de los sus huebos, los quales se crían pasçiendo en las yerbas buenas.
Y diziéndole esto, le hechó con sus benditas manos en la cama tres dozenas de huevos, unos tan grandes como de abestruz, e otros medianos, e otros más pequiñitos, los quales huevos heran muy blancos, y claros y limpios, que pareçían de nácar o aljófar. Y la sancta virgen les resçivió de muy buena voluntad, y la bendiçión y que el glorioso sant Françisco le dio, e le rogó por toda su orden de frayles e monjes, en espeçial por sus hermanas y compañeras le diese su bendición. Y bendiciendo a las religiosas, despidiose el glorioso padre, y la bienabenturada, en el despedimiento, besole sus sanctos pies, y él a ella en la caveça, diziendo: “Quiero yo besas los dolores de mi señor Jesuchristo en ti, ''filia mea'', por su misericordia transformados”.
Dixo esta bienabenturada que le dio a entender el glorioso sant Françisco que los pajaritos vivos, y las pollitas de colores salidas de los huevos que se crían pasçiendo en los buenas yervas, eran las ánimas que, mediante la Passión de Nuestro Señor Dios y los dolores que ella padesçía, heran ayudadas y remediadas. Y los huevos que le dio eran las ánimas que le traýa por la voluntad de Dios, para ser ayudadas della, de personas que viviendo en los cuerpos havían sido devotas del glorioso Sant Francisco.
“Y assí es bueno, dixo el sancto ángel, hagan todas las gentes para vivir y entrar en paz con su Dios y recriador, redemptor, salvador, contino hazedor de virtudes, las quales sean conoçidas de sus criaturas, que es mucha razón, pues tienen entendimiento animal, razional, viviente, perdurable, eterna. Que ansí hizimos nosotros, los ángeles: fuymos agradeçidos, reverentes, humildes, prudentes, amorosos de Nuestro Señor Dios, serbiçiales, corteses, bien criados, paçientes, justos, dando la honra al otro, cada uno despreçiando a ssí mesmo, teniéndose en poco, y tiniendo a su Dios en mucho y a sus próximos, no despreçiando a nadie, ni diziéndole lástimas, ni ynjuriándole por sus faltas. Mexor es dexar el juyzio a Dios de todas las cosas, salvo aquellas que tienen perlaturas o cargos de justiçia, dignidades, poderíos, lo qual todo con prudençia se a de regir y ordenar, hazer a serviçio de Dios y bien y provecho de las ánimas católicas, y convertir los infieles y los peccadores a verdadera penitençia; animarlos, enseñarlas en la virtud y fee de Nuestro Señor Jesuchristo, hazerles saver los exemplos de los sanctos, provocarlos a todo bien, apartarlos de todo mal. Estas son las obras de misericordia spirituales. Las que les hizieren bien, abrán; las que no las hizieren para sí, harán gran daño, y las otras ánimas ayudarán a perder. Mírense bien, mírense bien las gentes, que quien solo peccare solo dará [¿?] a Dios; empero, quien a otros hiziere peccar, llevará su peccado y su culpa, y la agena.
“Dizes que te diga sobre el evangelio de Sant Juan: ‘in ‘''in principio erat verbum’verbum''’, y sobre las sanctas liçiones de ‘in ‘''in principio creavit Deus celum & terram’terram''’. Pues en la sagrada scriptura esto todo se contiene largamente; y en la sancta ley nueva y vieja, concordantes en una perfeçión, allí se hallarán abundosos pastos; y en la piedra, que es Jesuchristo, se hallarán fuentes de agua dulce, y su [fol. 119v] sanctíssimo cuerpo sacratíssimo, e tierra que mana leche y miel, tierra sancta, tierra prometida que Dios prometió a sus escogidos, lo qual todo se cumplió en el misterio de la sancta encarnaçión y avavose el día de la sancta Asunçión del Señor, y perseverará agora y para siempre jamás”.
===Capítulo XXVI===
Y la noche siguiente vido la bienabenturada, a ora de los maytines, una visión muy gloriosa. Y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico, en bestiduras pontificales, çercado y acompañado de muchedumbre de ángeles, y sanctos y sanctas. Y estava junto a la dicha ymagen de Nuestra Señora, a la qual bendeçía con palabras muy devotas e reverençiales, y cantares y dulçes sones que hazían los ángeles con diversos ynstrumentos, de las quales palabras y cançiones no pudo colegir esta bienabenturada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelaçión, hera octava de la dedicaçión de la yglesia, y las çeremonias que Nuestro Señor hizo en la consagraçión de esta sancta ymagen fueron muchas. Estava bestido como obispo, y la ymagen, que estava bestida de sedas, según es uso adereçar las ymágines, a deshora pareçió toda desnuda y alçada en alto, teniéndose con el poder de Dios. Esto hera antes que el Señor la bendixese, el qual día hizo llamamiento a los sanctos ángeles para que viesen lo que hazía en aquella ymagen, y assimismo los demonios, para que huviesen miedo y viesen la virtud que Dios ponía en su sancta Yglesia e ymágines y altares. E por fuerça se lo hazían mirar y reverençiar, que dava poderío a la sancta madre Yglesia que vençiese ella al demonio, e deshechase con baldón, y resçiviese a Dios Jesuchristo y a su sancta Madre con reverençia e honor.
E para esto bendeçía y deçía a altas vozes el mesmo Señor, desde su alto trono: “Ego “''Ego sum quis me et ecce nova facio omnia”omnia''”, que quiere dezir: “Yo [fol. 120v] soy Yabé, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Çielo moro soy rey eterno que rixo los coraçones cathólicos y devotos. El mi adversario los perturba, empero yo soy el que los agosiego; él los derrama, yo los allego; y él los disipa, yo los proqueo; él los destruye, yo los edifico; él los ensuçia, yo los alimpio; él los enturbia y revuelve y haze oler mal, yo los purifico y hago bien oler suavíssimo. Sé de lo malo hazer bueno. Y de lo no lympio, hazer limpio. Y de lo ymperfeto, hazer perfeto, e loable y agradable”. Y volvía sus preçiosos ojos a la ymagen de Nuestra Señora, e dezía: “¿Quién te deçía madre mía?”. E poníale muchas cruzes hechas joyeles. Estando ella ansí desnuda, la çercava toda, espeçialmente la caveça, frente y gesto, y los pechos y espaldas, e hombros y braços y manos, con todo el cuerpo hasta los pies, que significavan los çimientos de la sancta madre Yglesia. Y después de muchas bendiçiones que el Señor deçía, dixo cantando aquella antíphona que dize: “Hanc “''Hanc quam tu des picies, Maniche, & mater mea est, & de manu mea fabricata”fabricata''”. Y respondían los ángeles con muy claras vozes, diziendo: “Fons “''Fons hortorum, redundans gratia mundum, replens celi numeribus, mater Dei fecundans, omnia nos instarams, supernis sedibus flores hortum, mox ab infantia admirandus fulsit virtutibus, eam dian candens flos multiplicat virgule decorem, conceptus glorificat Maria pudorem”pudorem''”. Y mientras estas antíphonas y cançiones se deçían, pareçió a deshora la ymagen de Nuestra Señora, bestida de las mesmas bestiduras de muger, y puesta en su altar como primero estava. Y los demonios quedáronse mesando y arañando, y dando gritos e aullidos, y la visión de Nuestro Señor desapareçió, roçiando la casa con agua bendita, y la bienabenturada quedó muy consolada.
Y pasados los dos días que la sancta ymagen estava en su çelda, ayuntáronse allí el abbadesa y monjas, diziendo a la sancta virgen que yban por la ymagen, ymportunándola el abbadesa que, pues estavan allí todas, les dixese alguna cosa de las que Dios les mostrava. Respondió, diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las imágenes, y se sirve que las aya en la sancta madre Yglesia, y que sean honradas y beneradas por nosotros peccadores, pues el mesmo Dios de los Çielos vino a la [fol. 121r] vendecir y a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud y devoçión quando se tiene en el coraçón; y bien se pareze, según yo vi en una revelaçión que el Señor fue servido de me mostrar, quánto Él ama y honra la sancta madre Yglesia y a sus sanctas ymágines por amor della”.
Y dixo la revelaçión susodicha, y añidió, diziendo: “Me dixo mi sancto ángel, después que desapareçió el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios, que si en un madero alla Dios bescosidad y no quiere que su sancta madre le quiera y tenga por su ymagen, bástale haver alimpiado y puesto en él dignidad de bendiçión suya, como la tiene la sancta Yglesia. ¿Qué tales estarán las ánimas, que llenas de pecados, están ensuçiadas y asquerosas? ¿Cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas, ni su sancta madre con graçia y piadosa caridad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas peccadoras por espeçial graçia de Spíritu Sancto, sin el qual ninguna cosa es buena, ni justa ni sancta, ni digna ni açepta a Dios? Y por semejante, con los dones del sancto spíritu, las cosas que son d’él preçiadas e baxas, Dios las ensalça y tiene en ellos thesoros muy grandes, aunque ascondidos a los ojos de las personas de la tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los sanctos en sus obras, y las ymágines en sus altares, y los altares en sus yglesias, y las yglesias en sus sacramentos, y los sacramentos en la cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en el sancto baptismo y remisión de los peccados’”. Y acavado esto, dixo la bienabenturada: “Bien se pueden llevar la sancta ymagen”; la qual llevaron el abbadesa y monjas con mucha devoçión y reverençia con candelas ençendidas, cantando el ‘te ‘''te deum laudamus’laudamus''’, al coro, y la pusieron en el altar acostumbrado. Y de aý adelante, se consolaron mucho las monjas con esta ymagen.
Deçía el sancto ángel de su guarda a esta sancta virgen: “Yo te amonesto que las graçias que resçives del poderoso Dios las guardes con humildad y las hagas creçer con agradeçimiento, porque todo lo que tienes es suyo. Mira cómo negoçias con ello, que muchas vezes estoy admirado de las cosas que la clemençia de Dios haze contigo, entre las quales te quiero dezir una, y más porque no seas yngrata ante su Real Magestad, mas singularmente le des graçias por ello: y es que muchas vezes [fol. 121v] te veo en tu cama hechada, padesçiendo muchos dolores, y que en tu entendimiento y voluntad estás gozando y viendo cosas muy grandes, çelestiales, y que las ánimas de Purgatorio te llaman y piden que las ayudes en sus neçessidades, y las gentes de la tierra están hablando contigo, contándote las cosas secretas de sus ánimas y consçiençias, pidiéndote consejo y ayuda con tus ruegos e consuelos. Con tus palabras veo la graçia de Dios puesta en ti, que con todo cumples enteramente. No es esta pequeña graçia, avísote no seas yngrata a tan grandes benefiçios hechos en ti por la voluntad de Dios”.

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