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Juana de la Cruz

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Capítulo VIII
'''De una revelaçión que esta sancta virgen contó dando consejos a sus monjas'''
Algunas vezes deçía esta bienabenturada algunas cosas de las muchas que el poderoso Dios le mostraba. E decía hera mucho mérito dezir sus culpas claramente, como las hazía al confesor, e también en el capitulorio disculparse, porque más valía publicarse en este mundo por peccadoras que no en el otro, como ella havía visto por la voluntad de Dios en un lugar de purgatorioPurgatorio. La primera pena que davan a las ánimas que allí yban es qu’ellas mesmas se pregonan, el qual lugar hera muy grande, e havía muchedumbre de ánimas e demonios. Y estava hecha a manera de ciudad con calles, e adarbes y plaças, e por todas aquellas partes y calles á de yr el ánima pregonando todos quantos peccados a hecho en toda su vida, así públicamente delante de todos, para que lo vean e sepan quantos allí están, e los moradores de aquella çiudad lo sepan e oygan. Y esto es a las ánimas muy gran bergüenza y aun pena.
“Y mirando yo en este lugar de Purgatorio, vi entre otras muchas ánimas una ánima de una muger, la qual me habló y dixo: ‘Di a fula[na], religiosa de tu casa, que digo yo que me pague ella agora lo que su hermana fulana me deve, de tal buena obra que le hiçe en todo lo que yo pude. E que yo soy fulana’. Y dixe yo a aquella ánima: ‘Si le hiçistes buena obra, páguesla ella’. Y el ánima me respondió: ‘No quiero que me lo pague ella, porque es mala pagadora, sino esotra, su hermana’”. Y esto dixo en público [fol. 44r] esta bienaventurada, he llamó en secreto a la religiosa que la el ánima se havía señalado, e dixo: “Quiere una muger, que se llama fulana y hera veçina de Toledo, y es ya difunta, la qual es esta que yo he dicho que vi e oý; pide a vos que le paguéys çierto beneffiçio que hiço a vuestra hermana fulana”. E la religiosa, muy maravillada de oýr tal secreto, el qual ninguna persona savía sino ellas tres, y díxole: “Verdad es, señora, que mi hermana y yo fuymos tantos años a casa de la persona con tal y tal neçessidad, y ella nos socorrió, e nos lo guardó en secreto, y nunca más en toda mi vida vi ni hablé aquella muger, y aora pareçe ser que es difunta, e quiere que ruegue a Dios por ella, e hazerlo é yo de buena voluntad”.
Dixo esta bienabenturada, vido en el susodicho lugar de purgatorioPurgatorio, donde las ánimas se pregonaban, a una ánima de un perlado, el qual padeçía muchas penas, y dezía: “De lo que más me maravilla es que vi estava aquel ánima hecha como a manera de un gran palomar, con muchos hornillos y nidos y edificios. He de rato en ratto, así como estava, caýa, dando muy grande golpe consigo, e luego, a deshora, se tornava a levantar, e pareçía en su propio ser como ánima. E dende a poco espaçio tornava a pareçer en figura de palomar. E yo, muy espantada de ver aquel ánima en tal manera, pregunté al sancto ángel mi guardador qué hera aquello, e respondiome: ‘No te maravilles, que figura es’. E tornole a preguntar de qué o cómo, e díxome: ‘Esta ánima que ansí ves es de uno que fue perlado en el mundo, e por eso pareçe como palomar, porque tenía devajo de su mano muchas ánimas. E porque las rijió mal tiene ahora la figura de todas ellas dentro sí, ansí como el palomar tiene las palomas. Y a esta ánima dale mucha pena estar assí por sus peccados, e por los que sus súbditos e basallos hiçieron por su negligencia, y aún aun por su mal exemplo hiço a otros peccar. Aora lo paga e sirve todo junto su ánima con muy grandes penas, e aunque él paga su culpa e la ajena, no dexarán de pagar cada uno de sus súbditos por sí propio todo lo que a Dios offendió’. Dixo mi sancto ángel: “Con justa raçón padeçe este perlado las penas que ves, porque ansí como el palomar çerrado y çercado [fol. 44v] defiende y guarda las palomas e palominos, así qualquier perlado o persona que tiene cargo de ánimas a á de poner la vida y persona, si fuere menester, por guareçer y librar de peligro de peccados a qualquier de sus súbditos e feligreses, desde el pequeño hasta el mayor, que no se los lleve el bilano, que es el demonio. E dentro, en sus entrañas, los deve tener metidos, para rogar a Dios se los libre de peccado y de toda ocasión que trae las ánimas en donaçión. E las caýdas que viste que dava aquel ánima −dixo el sancto ángel−, son figura de las faltas y negligençias que hiço en su vida en el serviçio de Dios y en los officios divinales, e las que las otras ánimas hiçieron por su causa. Ansí es la justiçia de Dios, que quiere y permite su Su Magestad que , de diversas maneras, y aún aun algunas veçes de muchas figuras, paguen las ánimas mudándolas de su natural, según la calidad y condiçión de los peccados con que offendieron a su Dios en el tiempo que le pudieron agradar y servir’”.
Deçía esta bienabenturada: “Llevándome mi sancto ángel dende la ''Dominica yn passione '' a visitar los sanctos lugares e misterios de Jerusalem, vi allí dos cosas de que mucho me maravillé: la una, que vi a los sanctos ángeles meterse todos dentro de la tierraTierra, e dentro de las paredes e de los edifiçios de aquellos sagrados lugares. E deçían los mesmos ángeles que entravan e se metían por allí, adorar la verdadera tierra sancta, porque estava ya tocada, y rebuelta e mezclada, porque las gentes lo havían ya todo mudado, labrando de otras maneras los tales lugares que estavan quando Nuestro Señor Jesuchristo padeçió y anduvo por ellos. Porque , depués que el poderoso Dios subió a los Çielos, muchas mudanças a havido en los lugares desta tierra sancta. E deçían: ‘Como nosotros con ángeles savemos adónde está la tierra más sancta y más perfeta reliquia, metémonos por estas cosas espesas como spíritus sotiles e gloriosos a adorar y reverençiar las reliquias de nuestro Señor y criador’.
“Lo ”Lo que más vi fue muchas ánimas que heran ya salidas de esta vida y andavan con los sanctos ángeles, por aquellos sanctos lugares, entre los quales vi e hablé a una [fol. 45r] ánima de una muger que yo conoçí en este mundo, estando viva. E maravilleme mucho de verla, porque la vi muy encoxida y pobre, y neçessitada al pareçer, según ella se mostró bestida de una como camisa, toda hecha pedaços; e por muchas partes estava descubierta, y ençima de una como sayuela vieja, muy corta , e uno como sayuelo, al pareçer prieto y muy viejo, y en la caveça una como toca muy corta y vieja, y metidos en los pies unos como çapatos muy rotos. E yo le dixe: ‘Soys fulana, que bien os conozco’. Y ella respondió: ‘Sí, soy’. E yo le dixe: ‘¿Dónde estáys, e cómo os fue en vuestro pasamiento? ¿Por qué estays estáys tan encogida y pobre?’. Respondiome: ‘Bien me fue, gloria sea a Dios, pues me salva’. Díxele: ‘¿Havéys visto a Nuestro Señor Jesuchristo?’. Y el ánima me respondió: ‘Sí, gloria sea a Él. Quando me finé, vi y le adoré a Él y a su preçiosa madre, Nuestra Señora, y me goçé mucho. Lo que me preguntáys, adónde estoy por la voluntad e mandamiento del poderoso Dios, estoy agora en la yglesia de mi lugar, y a vezes en mi casa, y otras vezes en casa de mis veçinos, pagando algunos peccados que en aquellos lugares hiçe’. Preguntele: ‘¿Estáys alegre o triste?’. Respondiome: ‘No estoy muy alegre, porque ya no me hago de estar en mi casa, ni en ninguna parte del mundo, después que dexé el cuerpo; empero, agora, a placer, tengo con liçençia de Dios de andar por estos sanctos lugares, e más goço deste sancto tiempo e sanctos misterios que si allá estuviera en el mundo, porque los puedo ver e andar con el ánima. Y aquí me dan agora, en estos sanctos lugares, goços por todas las misas que en mi vida oý’. E díxele: ‘¿Por qué traes esa camisa tan rota, que pareçe que os la an sacado toda a pedazos?’. ‘Traýgola’ ‘Traygola’ −dixo− ‘que en penitençia de mis peccados e de los bocados que di a mis próximos’. Preguntele: ‘¿Pues cómo les dávades bocados?’. Respondiome el ánima: ‘Todas las palabras malas e con yra que les hablava me fueron demandadas en el juyçio de Dios por bocados, como si los mordiera, que assí me pareçe que se quentan e demandan, e pagan acá en este mundo’. E díxele: ‘¿Qué ‘¿Y esa saya, tan corta y vieja que traes?’. Respondiome: ‘Aún esta que traygo [fol. 45v] me fue dada por gran misericordia, que desnuda del todo havía de andar. Con , con esta camisa aboqueada, e toda de fuera e abergonçada, sino de charidad me vistieron estos señores ángeles, y esto por las oraçiones que yo con charidad hiçe por mis próximos. Y este sayuelo tan viejo y de tan poco valor me fue dado de virtud, que desnudos havía de traer mis braços, mas pusiéronmele para cubrírmelos, e por el tiempo que estuve desnuda, padeçiendo frío y dolores en ellos, en mi larga enfermedad. Y esta tan corta toca que me pusieron por algunas tocas que di de limosnas en ese mundo, que destocada y descubierta havía de andar mi caveça en penitençia de mis peccados. Y estos çapatos, aunque son rotos y viejos, no merezco otro calçado que bueno sea, que quando me los dieron dixéronme que los tuviese en virtud de Dios, que descalça havía de andar, sino por algunos çapatos que havía dado de limosna; por amor de Dios me dieron este pobre calçado con que cubriese mis pies’”.
Dixo esta bienaventurada, contando todas estas cosas: “Mucho me maravillo de la providençia divina, que aún aun en las penas, y antes que el ánima sea sanctificada, en la gloria depara, [¿se prepara?] y sola, empieça Nuestro Señor a remunerar las buenas obras que en este mundo obró. Que aquellas pobres bestiduras que aquel ánima traýa figurada hera de las muy ricas y nobles que Dios le havía de dar a ella, e otra qualquiera persona, que por amor de suyo padeçiere penas y enfermedades con paçiençia, e hiçiere limosnas e buenas obras. Pregunté a aquella ánima, diziendo: ‘Dezidme, ¿havéys visto a vuestros hijos los difuntos?’. Respondiome: ‘A los que están en el Çielo no los he visto. Mas he visto otros de mis parientes, e otras personas que yo conoçía que son también difuntos, e pensava yo que avía muchos tiempos que estavan ya en el Çielo, e todavía me pareçe están en penas de purgatorioPurgatorio, de lo qual estoy muy maravillada’”. Y así cesó esta habla y desapareçió a deshora esta ánim,a ánima estando esta sancta virgen elevada.
Una religiosa que della e de su çelda tenía cargo, buscando çierta cosa, fue a abrir un cofreçito que estava [fol. 46r] en la çelda, e halló dentro unas ojas berdes y muy frescas, a manera de ojas de parra muy preçiosas, una hostia enbuelta en ellas. E la religiosa, muy maravillada y no saviendo lo que hera, estávalo mirando. Y estando ella en esto, a deshora tornó esta bienabenturada Juana de la Cruz de la elevación, y aún no hera casi bien tornada en sus sentidos quando vido que la religiosa andava en el cofre. Y dixole díxole con grande apresuramiento: “Estad hermana, no lleguéys ni toquéys a esa reliquia que aý está, que es el Sanctíssimo Sacramento, mas traedme acá ese cofre yncada de hinojos”. Y con muchas lágrimas, e admirable reverençia y fervor, dixo: “Quiero haçer lo que los ángeles me mandaron, y resçivir a Nuestro Señor, aunque dello no soy digna”. Y tomó la sanctíssima hostia, e consumidaconsumiola, y comiose las ojas en que estava envuelto el Sanctíssimo Sacramento, sin dexar ninguna cosa. Aunque fue muy rogada de la religiosa que la dexase alguna parteçita de aquellas sanctas ojas para las tener en reliquias o para las comer, respondió: “No me a sido dada liçençia para que diese parte dello a ninguna persona, sino que yo sola la tomase e comiese todo”. E la religiosa le suplicó mucho le dixese este secreto, y esta sancta virgen le dixo: “Los santos ángeles pusieron aý el Sanctíssimo Sacramento envuelto en unas ojas del paraýso Paraýso terrenal, según los mesmos sanctos ángeles me dixeron, que un hombre que hera hereje o mal christiano, e tanto que fue al infiernoInfierno, e murió agora, e diéronle el Sanctíssimo Sacramento; y así, quando acavó de comulgar, espiró, y no tragó la hostia consagrada, sino quedósela en la boca. E los señores ángeles sacaron al Señor de la boca de aquel hombre malo después de muerto, e truxéronle aquí, y mandaronme, pues yo lo havía visto y savido, lo [fol. 46v] tomase e resçiviese por una de las ánimas de Purgatorio. E traxéronme aprisa de allá, y dixéronme que ellos le havían puesto en cobro, y que ya estava amalo, cerrado porque çierta persona, que no savía lo que hera, llegada llegava a ello, e por eso me traxeron tan apriesa. E la religiosa le dixo: “Poquito haçía, señora, que havía llegado a ello; e verdad dizen los sanctos ángeles, que mirándolo estava. Digo mi culpa dello”.Y ansí se supo esta maravilla del Señor.
Ymportudana de las religiosas, esta sancta y bienabenturada les dixese por caridad qué hera lo que sentía espiritualmente quando la graçia de la elevaçión le venía, respondioles, como madre a hijas que en el Señor mucho amava, diziendo: “Acaésçeme algunas veçes, quando aquella graçia me viene, que me lleno dentro de mí de una dulçedumbre de licor y blancura como de leche. Y quando deste liquor soy casi llena, aún no salgo de mis sentidos, ni se me despide del todo el spíritu para subir e ver y gozar las cosas çelestiales, empero queda mi ánima alegre. E otras vezes, quando esta graçia me da el Señor, no solamente está mi ánima arta, e llena e abastada a todo mi contento, mas aún aun me sobra este liquor y blancura, e se vierte hasta mis vestidos; e otras vezes, los bestidos y cama a do estoy hechada; e otras vezes sobrepuja tanto, que cama e çelda está llena, e me pareze que más de una bara en alto está toda nuestra çelda llena. Y estando en esto pierdo el sentido, y me hallo donde Dios tiene por bien. E pero sé os deçir que es lugar muy glorioso, y el ánima que allí se halla no tiene más que desear por entonçes, e por las vezes que Dios por allí la quiere consolar, mostrándole su realíssima preferençia por su ynfinita [fol. 47r] misericordia.
“E ”E quando yo torno en mis sentidos corporaleshallo, hallo en todas aquellas partes que primero vi redamada la graçia en nuestra çelda, nasçidos muchos árboles de muchas maneras, y frutales con hermosas ojas y mucha diversidad de flores, y yervas odoríferas e de muy gran fermosura, las quales me pareçe están nasçidas en la rama y en mi persona e bestidos. Y el suelo todo de la çelda, y las paredes hasta una bara en alto, y en estos árboles y flores ay muchedumbre de aves muy hermosas, cantando de diversas maneras. Y así diera por alguna graçia. E como vosotras, hermanas, sentís que yo soy tornada, y empeçáys a entrar en la çelda, a mí me pesa y tengo compasión en mi secreto, aunque no os lo digo, de ver pisar cosa tan preçiosa e hermosa. E assí, poco a poco, se va desapareciendo, que no lo veo. E yo, maravillándome qué podría ser esto, preguntelo a mi sancto ángel, e respondiome, diziendo: ‘Ay, verás tú cómo se cumple muy bien la palabra del Señor que diçe ‘¿quándo : ‘¿Quándo mi spíritu vano bolverá a mí bazío?. Pues mira túque, que si en las tierra o ropa, que son cosas ynsensibles, donde cae la graçia del Señor, que es llamada de Spíritu Sancto, como tú ves nasçido e frutificado es que no vuelve a Dios sin dar su fruto, pues quánto más es raçón haga fruto en el alma, que es viviente e ymagen de Dios, la graçia del Spíritu Sancto, y ese mismo Dios que la hiço y crió’. Y muchas vezes la embía esta graçia, y si el alma se ayudase, haría en ella muy dinos frutos, e le daría muy grandes dones de gloria. Y también dize que la medida dará a quien más le amase, llena y colmada, e revertida como tú la ves. E muy gran raçón es, y así lo quiere ese mismo Dios, que en el coraçón que esta graçia es ymbiada no cayga en baçío sin haçer fruto, e frutos como tuviese en la tierra’”tierra”.
Siendo esta bienaventurada abbadesa, [fol. 47v] hazían en el monasterio un cuarto. E yendo ella a ver la obra que se haçía, acompañada de çiertas religiosas, e mirándolo por un rato, apartose de los que allí estavan, e púsose entre muchas piedras que estavan al pie de la obra. Y estando ella en pie, he se la vino la graçia del Señor, y elevose. Y guardándola Dios por su misericordia, nunca se cayó ni meneó más que si fuera de mármol, porque, si perdiendo los sentidos cayera, se hiçiera pedazos entre las muchas piedras que allí estavan.
Y allegando a ella un padre, compañero del confesor de las monjas que allí estava, hablar con ella, pensando estava en sus sentidos, e hablola. E como no le respondió, el frayle llegose a ella, e vido cómo estava elavada. E maravillose, e dando graçias a Dios, díxolo a las religiosas que allí estavan. E viéronla los maestros, e todas las personas que allí estavan trabajando en la obra. E corriendo todos a mirar esta maravilla, davan graçias a Dios de verla así, sin sentidos, e tenerse en pie como si por mano la tuvieran, sin caerse ni menearse de allí. La tomaron y llevaron a su çelda e recogimiento acostumbrado, e saliendo en [¿¿el principal?] ya dicho, fuera del monasterio, venían unas personas a la casa a hablar a esta bienaventurada. E llegaron al torno, diziendo que por amor de Dios se lo dixesen, ella los quisiese consolar.
El frayle, viendo su ymportunaçión, les dixo: “En verdad ella no tiene agora dispusiçión para hablar, que yo salgo agora del monasterio, e os diré el misterio que vi, que es esta maravilla: que la hallamos elevada, e puesta en pie sin se caer“. E diziendo el padre estas palabras, a deshora vido , [fol. 48r] él y otros con quien hablaba, un niño de hedad de çinco años a par de sí, que les respondió, diziendo: “Teníanla los sanctos ángeles, ¿cómo se havía ella de caer?”. El frayle, espantado de oýr tales cosas y palabras a niño tan pequeño, volviendo la caveça a preguntarle qué hera lo que deçía, quando miró, ya hera desapareçido. E todos los que allí heran presentes se maravillaron mucho, e dieron graçias a Dios. Conoçieron no ser criatura terrena, sino celestial, que pareçió allí por permisión de Dios para dar testimonio desta bienabenturada.
===Capítulo IX===

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