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Preguntó la bienabenturada al Respondió el sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué “Esa también es la causa porque fuy en mis prinçipios en mucho tenida y alabada de sancta y de sierba de Diosgraçia del Señor, más que deçía ni mereçía?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor lo permitió porque lo pareçieses en la perfecçión y travajos dignos de memoria. E ansí como toda su Divinal Magestadpor mexor dé tu ánima. Y las penas que te dan las criaturas, después de nasçido en ese mundo de aquella Reyna del Çielo puríssima y sagrada donzella −que no ay vocablos perteneçientes en la tierra ni lenguas bastantes los dolores y enfermedades, harán para alabarla−tu ánima, dende el prinçipio ese mismo Dios fue conoçido y alavado de muchos justos del Testamento Viejola limpiarán, y de las bescosidades que se le pegan por los ángeles defetos que confiesas tener y pastores, y después hallarte culpada dellos. Y más perfiçión es acusarte de muchos mártires los peccados y gentes defetos que se convirtieron a su sancta fee, hombres, y mugeres, y vírgines y no vírgines, confesar virtudes y antes de su sagrada Passión fue en mucho tenido Jesuchristo, rey de gloriamanifestallas, aunque las huviese y conoçido sean verdaderas. Conózcolas Dios y hombre, como se muestra en la honra que le fiçieron el día de los ramos y el día de los panes las save, pues Él las da por su virtud y pocos pezesmisericordia, y en otros muchos milagros que el Salvador hiço Él solo [fol. 97r] las alave como lo hará en el otro mundo, si fueren dinas, y en este las otras personas que fue honrado y ensalçado de las genteste conoçiere. Y ese mesmo Dios, y después se vino el menospreçiosi lo permitiere, quando le dieron la Passión no por peccados ni defetos suyoses bien que te alaben, mas por la maliçia de las gentesno tú mesma, porque hera menester su sancta Passión para salvar el mundoes bana y engañosa la lengua del que se alava a sí mismo sin que Dios le alave, o por mejor decir, las ánimas justas, conviene a saver, creyendo en el mesmo Dios y honrando su sancta fee católica”criaturas con verdadero testimonio”.
→Capítulo IXX
Preguntó esta sancta virgen al ángel su guardador suplicándole respondiese a una cosa que sus hermanas las religiosas le dixeron que le rogase de una angustia que tenían, la qual le contó assí como se lo havían dicho y encomendado. El sancto ángel le respondió, diziendo: “Tus hermanas las religiosas ayan paçiençia, que no es pequeño su mereçimiento delante de Dios. Y ninguno que suplica con humildad está fuera de estado de graçia; siquiera sea rogar a Dios que perdone los peccados, o otras cosas açeptas y neçesarias a las ánimas y a la salud de ellas y a las gentes, pidiendo favor spiritual y temporal, de la mesma manera no es ningún peccado”.
Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “¿Quáles de mis hermanas peccan más delante de Dios, o ganan más : las que me quieren a mí bien o por amor de Dios me tienen devoçión, o las que me quisieren mal y acordándose de mis defetos la pierden y dan consentimiento a mi persecuçión con benganza?”. Respondió el sancto ángel: “Tu perfeçción a sido y es muy neçessaria para mérito de tu ánima, y Dios la a permitido. E ansí como Jesuchristo, para la redempçión, fue neçessario ser cruçificado y que huviese quien lo hiziese, assí tú havías de ser perseguida, e havía de levantar Dios quién quien lo hiziese, o el demonio, con liçençia del mesmo Dios. Mas puedes creer que ansí como los que cruçificaron a Dios no ganaron en sus ánimas nada, antes perdieron mucho, ansí los que persiguen a los sierbos de Dios y que conoçidamente son christianos y amigos suyos, peccan en perfeto grado de maldad”.
Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Bien dizes, señor, si son sierbos y amigos de Dios. Mas , mas yo, peccadora, que soy ymperfeta y tan defetuosa, en lugar [fol. 95v] de ser amiga y sierba del Señor, como hera razón fuese; y yo soy obligada a Dios, mi Señor, más que otro”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “¿Por qué dizes que no heres tú amiga de Dios como su Divinal Magestad save? E yo soy testigo que tienes tú amor y afiçión puesta con Dios, y la as tenido. Y son testigos muchos frayles de tu orden e otras personas de algunas señales que exteriormente se conoçían en ti, el ençendimiento y dulçedumbre que tu ánima sentía, o pudiera ser juzgados sentir, las quales dulcedumbres tan dulçíssimas y perfeçionadas y adornadas de hermosura spritual en el divino serviçio de Dios; el qual es más hermoso y rico, y dulçe y codiçioso a los buenos, más que los despojos a los guerreantes, e más que la vitoria e las vatallas de los enemigos”.
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, mis hermanas las religiosas tienen un defeto muy grande, y es que me desean a mí por su perpetua perlada, y esto es contra la voluntad de nuestros perlados. Y algunas veçes no se lo conçeden, y con su ymportunaçión los enojan. Este peccado, ¿perdonársele a Nuestro Señor? Que yo por grave le tengo en ellas”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Otros peccados avrá en el mundo tan graves y más, que no ese, puesto que ellas deven, como sierbas de Dios, obedeçer lo que les mandaren, y esforçarse a cumplir la voluntad de los perlados, en espeçial cuando no les mandan cosa que sea ofensa del señor Dios ni contra sus almas propias y su perfeta y frutuosa conçiençia e aprovechamiento spiritual en el mayor y mejor serviçio de Dios”.
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, el tiempo que yo he sido perlada, ¿é servido a Dios en el tal offiçio?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Gran soberbia sería la tuya si pensases havías servido a Dios sin offensa e sin defeto. Mas de una cosa te hago çierto, porque te alegres en la virtud y te enmiendes del defeto, e te duelas quando te falta la virtud: que tu ánima siempre a sido por la graçia del Señor ynclinada a buenas obras antes que a malas, y a un zelo que se sirva el Señor de todas las criaturas, y que no se offenda dellas, ni de tu ánima mesma, la qual deseas salvar con fe verdadera christiana, devota a Dios y a su Madre, y a los sanctos ángeles y soberana corte çelestial. Y las offensas que as hecho no an sido de propia voluntad, ni perdiendo la reverençia e amor de Dios, ni a el Él temor reverençial e piadoso, comoquier que atrevidamente y con agudez demasiada o pensando no ser peccado algunas cosas, as offendido, e por eso mereçes penitençia. Y si la de la vida presente no bastare, en el otro mundo yrás a penar. ¡Sálvete Dios, ánima mía, encomendada! Que te salve Dios del Çielo, yo lo quiero suplicar, y entiendo ganarte graçia. Tú te deves ayudar”.
La bienabenturada, muy consolada de estas piadosas y sanctas palabras, dio graçias al sancto ángel, [fol. 96r] y tornole a preguntar si havía sido servida Nuestra Señora traerla a su sancta casa de la cruz y que morase en ella para siempre. El sancto ángel respondió, diziendo: “¿Por qué hazes pregunta a la cosa que bien saves? Acuérdate de aquel día quando yo te apareçí en casa de una tu tía, estando tú en oraçión delante Sancta María, e yo offreçía tu devoçión y pedías con lágrimas serbir a Dios: te otorgó y te llamó para su casa, y a mí me mandó guiarte. Y ansí se hizo. ¿Qué más señales quieres para conoçer que ella fue servida traerte a su sancta casa, la qual estava derribada y arto caýda en quanto a lo temporal, que en lo spiritual su virtud se tenía? Mas fue aumentada la devoçión, junto con la graçia, más contigo que sin ti”. La virgen le dixo: “Señor, ¿pues cómo agora a caýdo en mí la graçia?”. Respondió el sancto ángel: “Siempre acostumbró Dios, en el prinçipio, de dar su graçia alterada y fervorosamente, sin poderse encubrir ni meterse la candela devajo del celemín; mas de que se va haziendo ascua creçida y maçiça, puedes encubrir con la ceniça de la discreçión e abituaçión, sin que se parezca descubiertamente la luz que está en el ánima hecha ascua biba sin llama”.
Dixo la bienabenturada: “¿En que veré yo, señor, si tengo graçia de Dios?”. Dixo el sancto ángel: “En si estás aparejada toda ora morir de grado por su honra, gloria y fee, y con alegre esperanza del Paraýso que se da a los amigos de Dios por los mereçimientos de Jesuchristo cruçificado, y apasionado y muerto, y sepultado por la salud y vida del mundo”. Dixo la bienabenturada: “Espántanme, señor, vuestras palabras. Si el Señor no me diese nuevo esfuerço y nueva graçia, muy flaca me hallo açerca del gusto de la muerte, comoquier que por dichosa me tengo quando se me offreçen penas por pasarlas por amor del Señor; y ansí querría poder pasar la muerte con gozo y alegría, sin me entristeçer ni desfalleçer al tiempo del martirio”. Respondió el sancto ángel: “Esfuérçate, ánima de Dios, que la muerte no puede ser escusada a ninguna criatura biva puesta en carne, y ase á se de pasar la muerte por fuerça. Mas bienabenturados son aquellos que mueren conoçiendo a Dios y confesándole en su sancta fee católica, hallándose dichosos haverle resçivido, o conoçiendo tarde o temprano. Aunque ; aunque más vale temprano y luengamente perseverar y morir en ella que en peccar tarde, que es dificultosa de arraygar en el coraçón del ánima perfetamente. Y ansimesmo, las buenas obras esperar hazerlas tarde es gran peligro, que Dios no es [fol. 96v] obligado ni deudor de graçia a las tales personas que con esperanza diciendo ‘enmendar me he, o buenas obras haré antes que muera’, viene presto la muerte, y toma las ánimas en peccado mortal y no [¿irán?] irán servir a Dios ni enmendarse de sus peccados, aunque lo tenían en propósito o en desseo, con el defeto de nunca lo poner en obra; no mereçieron a Dios les diese graçia que pudiera darles, y las mesmas ánimas an menester para salvarse”.
Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Paréçeme, señor, estar yo siempre o muchas vezes en estado de graçia, ; según el Señor, por su misericordia, siento que me la da, y por mis peccados yo la pierdo. Y también me pareçe me la hazen perder las criaturas quando me turban a menudo, o me atribulan con razón, y mi inpaçiençia poca virtud no me dexa conocerme, tanto como devría”. Responde el sancto ángel: “Defeto es ese, y ymposible al alma que se a á de salvar, si enmienda grande no diese Dios en el tal yerro”. Dixo la virgen: “Ruegue vuestra señoría por mí, pues save mis defetos, que me los perdone el Señor, este y todos los otros que tengo”. Dixo el sancto ángel: “Pláçeme de lo rogar. Y acuérdate que reçiviste muchos bienes y dones del Señor Dios, por la su perfeta y amigable y verdadera graçia, en la qual tú mesma no deves dudar, como te acaeze algunas veçes, que siendo tan altos los dones y tú no te hallando dina dellos, los dudas ser perfetos y verdaderos de Dios poderoso hechos en ti”. Dixo la bienabenturada: “Ay, Señor, es verdad que ese peccado también tengo, que aunque sé que Dios es poderoso para me los dar, considerando que no es justa cosa en mí, estoy en conbate y en batalla. Y no es en mi mano dexarlo de creer, pues lo veo y siento en diversas maneras que no sé decir, ni es en mi mano dexarlo de creer lo de ligero, porque no oso. Y pienso por ventura no sea pecado creer de mí o en mí haver algún bien, aunque sea por la graçia del Señor”.Respondió el sancto ángel: “Esa también es graçia del Señor, que toda su Divinal Magestad por mexor dé tu ánima. Y las penas que te dan las criaturas, y los dolores y enfermedades, harán para tu ánima, y la limpiarán, y las bescosidades que se le pegan por los defetos que confiesas tener y hallarte culpada dellos. Y más perfiçión es acusarte de los peccados y defetos que no confesar virtudes y manifestallas, aunque las huviese y sean verdaderas. Conózcolas Dios, que las save, pues Él las da por su virtud y misericordia, y Él solo [fol. 97r] las alave como lo hará en el otro mundo, si fueren dinas, y en este las otras personas que te conoçiere. Y ese mesmo Dios, si lo permitiere, es bien que te alaben, mas no tú mesma, porque es bana y engañosa la lengua del que se alava a sí mismo sin que Dios le alave, o las criaturas con verdadero testimonio”.
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque fuy en mis prinçipios en mucho tenida y alabada de sancta y de sierba de Dios, más que deçía ni mereçía?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor lo permitió porque lo pareçieses en la perfecçión y travajos dignos de memoria. E ansí como su Divinal Magestad, después de nasçido en ese mundo de aquella Reyna del Çielo puríssima y sagrada donzella −que no ay vocablos perteneçientes en la Tierra ni lenguas bastantes para alabarla−, dende el prinçipio ese mismo Dios fue conoçido y alavado de muchos justos del Testamento Viejo, y de los ángeles y pastores, y después de muchos mártires y gentes que se convirtieron a su sancta fee, hombres, y mugeres, y vírgines y no vírgines, y antes de su sagrada Passión fue en mucho tenido Jesuchristo, rey de gloria, y conoçido Dios y hombre, como se muestra en la honra que le fiçieron el día de los ramos y el día de los panes y pocos pezes, y en otros muchos milagros que el Salvador hiço en el mundo, en que fue honrado y ensalçado de las gentes, y después se vino el menospreçio, quando le dieron la Passión no por peccados ni defetos suyos, mas por la maliçia de las gentes, porque hera menester su sancta Passión para salvar el mundo, o por mejor decir, las ánimas justas, conviene a saver, creyendo en el mesmo Dios y honrando su sancta fee católica”. Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, preçiosa es vuestra respuesta para mí, y muy consolatoria. Bien parecéys vos sancto ángel y bendito, que tales palabras me dezís, según yo las he menester. Mas suplícoos me dygáys si son provechosas mis penas, y si se sirve el Señor dellas, porque, si ansí es, consolarme he yo sin desfalleçer”. Dixo el sancto ángel: “Bien dizes, dándote el Señor su sancta graçia, porque sin su voluntad y mandamiento e obramiento de ese mesmo Dios no ay virtud alguna, ni se puede nadie salvar sin su querer y poderoso poder y graçia, misericordiosamente usado e obrado. E por eso no se deve engañar nadie ni confiar en sus virtudes propias, ni en su saber ni [fol. 97v] sciençias, que más seguro es siempre dudar no hallándose dino del Paraýso ni de los méritos de la sagrada Passión con que se compró y ganó, que no tener por muy çertificada la salvaçión, en espeçial quando no ay méritos delante el acatamiento de Dios. Y quien pensare que los tiene dignos, él mesmo se engaña, si no es por virtud de esa mesma sagrada Pasión”.
===Capítulo XX===