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Rogando esta bienabenturada al Señor por unas ánimas, y muy en espeçial por una, por la qual le encomendaron travajase de saber el estado en que estava, y perseverando en su coraçón, suplicava a la Magestad Divina le quisiese mostrar el estado de aquella ánima o ánimas por quien suplicava, las quales ella conoçía viviendo las tales personas en la carne. Y continuando en su demanda, fue Nuestro Señor servido que, estando ella elevada, la llevase su sancto ángel a un lugar de Purgatorio muy terrible y espantoso, en el qual lugar vido y conoçió las ánimas por [fol. 107v] quien suplicava, las quales estavan en muy terrible y espantosas penas, entre las quales ánimas conoçió una de un hombre ella muchas veçes havía visto e hablado, la qual ánima tenía los demonios atada de los pies, y la despedaçavan con artillería de muchas maneras de tormentos e armas que tenían con que atormentavan las ánimas, con las quales armas le despedazaban todos sus miembros uno por uno, y le haçían taxadas menudas como sal. Y en cada pedazo de aquellos, estava bullendo el ánima como si en cada pedazo estuviera entera. Assí gemía, y llorava, y gritava.
→Capítulo XXII
'''De una revelaçión que esta bienabenturada vido estando enferma'''
Estando esta bienabenturada en su cama enferma de calenturas de más de todas las enfermedades que tenía, vino a ella el padre nuestro, el glorioso Sant sant Françisco, muy glorioso y acompañado de muchos sanctos bienabenturados. E saludola y convidola, diziéndole que se fuese con él al Paraýso, si pudiese y tiene esfuerzo para ello; y si no podía, por su mucha enfermedad, se tuviese en su cama, la qual le havía dado el Señor por nido como a páxara o gallina que está empollando sus huebos, porque dellos nazcan páxaron vivos o pollicos, de dolores salidos de los sus huebos, los quales se crían pasçiendo en las yerbas buenas. Y diziéndole esto, le hechó con sus benditas manos en la cama tres dozenas de huevos, unos tan grandes como de abestruz, e otros medianos, e otros más pequiñitos, los quales huevos heran muy blancos, y claros y limpios, que pareçían de nácar o aljófar. Y la sancta virgen les resçivió de muy buena voluntad, y la bendiçión y que el glorioso sant Françisco le dio, e le rogó por toda su orden de frayles e monjes, en espeçial por sus hermanas y compañeras le diese su bendición. Y bendiciendo a las religiosas, despidiose el glorioso padre, y la bienabenturada, en el despedimiento, besole sus sanctos pies, y él a ella en la caveça, diziendo: “Quiero yo besas los dolores de mi señor Jesuchristo en ti, ''filia mea'', por su misericordia transformados”.
Y diziéndole esto, le hechó con sus benditas manos en la cama tres dozenas de huevos, unos tan grandes como de abestruz, e otros medianos, e otros más pequiñitos, los quales huevos heran muy blancos, y claros y limpios, que pareçían de nácar o aljófar. Y la sancta virgen les resçivió de muy buena voluntad, y la bendiçión que el glorioso sant Françisco le dio, e le rogó por toda su orden de frayles e monjes, en espeçial por sus hermanas y compañeras, le diese su bendición. Y bendiciendo a las religiosas, despidiose el glorioso padre, y la bienabenturada, en el despedimiento, besole sus sanctos pies, y él a ella en la caveça, diziendo: “Quiero yo besas los dolores de mi Señor Jesuchristo en ti, ''filia mea'', por su misericordia transformados”. Dixo esta bienabenturada que le dio a entender el glorioso sant Françisco que los pajaritos vivos, y las pollitas de colores salidas de los huevos que se crían pasçiendo en los buenas yervas, eran las ánimas que, mediante la Passión de Nuestro Señor Dios y los dolores que ella padesçía, heran ayudadas y remediadas. Y los huevos que le dio eran las ánimas que le traýa por la voluntad de Dios, para ser ayudadas della, de personas que viviendo en los cuerpos havían sido devotas del glorioso Sant Franciscosant Françisco. Rogando esta bienabenturada al Señor por unas ánimas, y muy en espeçial por una, por la qual le encomendaron travajase de saber el estado en que estava, y perseverando en su coraçón, suplicava a la Magestad Divina le quisiese mostrar el estado de aquella ánima o ánimas por quien suplicava, las quales ella conoçía viviendo las tales personas en la carne. Y continuando en su demanda, fue Nuestro Señor servido que, estando ella elevada, la llevase su sancto ángel a un lugar de Purgatorio muy terrible y espantoso, en el qual lugar vido y conoçió las ánimas por [fol. 107v] quien suplicava, las quales estavan en muy terrible y espantosas penas, entre las quales ánimas conoçió una de un hombre ella muchas veçes havía visto e hablado, la qual ánima tenía los demonios atada de los pies, y la despedaçavan con artillería de muchas maneras de tormentos e armas que tenían con que atormentavan las ánimas, con las quales armas le despedazaban todos sus miembros uno por uno, y le haçían taxadas menudas como sal. Y en cada pedazo de aquellos, estava bullendo el ánima como si en cada pedazo estuviera entera. Assí gemía, y llorava, y gritava.
Y la sancta virgen, muy admirada de ver ansí aquella ánima tan despedazada, y que todos los pedazos gemían y gritaban, dixo a su sancto ángel: “Señor, muy maravillada estoy de ver cómo un ánima pereze en muchas, porque en cada pedazo pareze estar un ánima, y en él llora, como quando estava en el vigor del padesçer entera antes que la partiesen”. Respondió el sancto ángel: “No te maravilles de oýr gemir y llorar cada taxada por sí, que como el ánima es hecha a semejanza de Dios, en el qual está todo entero en Su Magestad, aunque está en muchos pedazos de hostias en todo el mundo, en todos los pedazos está entero; assí el ánima está enteramente dondequier que está su presençia y potençia y sentimiento. Y como en cada pedazo de estos están estas tres cosas, presençia y potençia y sentimiento, por chico que sea el pedazo, tiene sentimiento de entera ánima”.
Y estando en esta plática, vino un gran dragón muy espantable, que con sus crueles manos e uñas la la agarró, y todos los pedazos y migajas, los quales bullen todos como gusanos, con mucha rabia y crueldad, los apretó y trujó, y se los comía. Y teniéndolos assí en la boca, mazcando reçiamente, se tornava entera aquella ánima, como antes estava, y el cruel dragón la hechava fuera de la boca algo della. Y otros muy espantosos dragones se la yban a tomar, y todos asían de aquella triste ánima, unas de una parte y otras de otra, hasta que la tornavan a despedazar muy crudamente, y tragaban y mazcaban della, y después la vi entera como de primero. Y venían otros demonios, como negros como hollín, y muy crueles, y tomábanla. Poníanla en tormento de bergas de yerro, a manera de sogas, y liábanla toda, y apretávanla tanto que le hazían sobrepujar el vulto entre soga y soga un palmo [fol. 108r] más, y apretaban tanto que la partían y cortaban como con sierra. Y de que los unos estavan cansados de atormentar aquella triste ánima, tomávanla otros. Y ella dava tan espantosos gritos y gemidos que no se podrían dezir, y se maldecía, y no la valía nadie, y se desesperava, y no la aprovechava ni la consolava nadie, ni sus penas çesaban, ni se le aliviaban, sino de esta manera susodicha, y muy más cruelmente hera contino atormentada aquella triste ánima hasta que se cumplió la voluntad de Dios de sacarla dellas.
Héranle mostradas muchas vezes a esta bienabenturada penas de Purgatorio por su sancto ángel, porque yendo él a visitar las ánimas y llevarles refeçción, la llevava consigo, en espeçial los lunes. Y le mostrava en Purgatorio los lugares muy tristes y escuros, y feos y muy espantables, en los quales vía padesçer las ánimas de muchas maneras, y cómo los demonios les demandavan los peccados que hizieron. Y las penas que les davan por ellos a las ánimas que havían peccado en el peccado de la soberbia, por quantas vezes cayeron en este peccado, aunque le havían confesado viviendo en la carne, si no tuvieron gran contriçión no se escusa de pagado en Purgatorio, porque la contriçión destruye el peccado; empero , si no ay grande arrepentimiento, por fuerças á de estar la tal ánima siete años en penas, por cada vez que cae en este peccado de la soberbia, la caveça ayuso colgada de los pies, dándole muy reçios tormentos y diziéndole muchos vituperios e ynjurias y menospreçios los demonios. Y ansimismo por cada peccado le dan pena de su manera.
Por el peccado de la avariçia, dan muy crueles y fuertes penas. Y están las ánimas que las padezen desnudas algunas dellas, y otras bestidas de tristes y muy amargas vestiduras, rotas y agujereadas. Y por los agujeros salen llamas de fuego y muy grande fedor, e muchos gusanos mordedores con dos bocas, y con ambas duermen y bullen, e yerben tantos dellos, que no caven en la estatura o bulto del ánima del hombre o muger que los tiene. Y de esta manera padesçen allí dentro de sí mismos tantas penas que no se podría dezir. E más son las penas y tormentos que dentro de sí tienen y padesçen, las que los demonios les dan por cada uno de sus miembros. Padezen pena según pecó e se deleytó y offendió con ellos a su criador. Assí, hombres como mugeres [fol. 108v] son muy atormentados en las partes vergonçosas, que las tienen muy hinchadas, y de parte de dentro llenas de gusanos mordedores: yeren mucho aquellas partes y todos los otros miembros del cuerpo, porque también con ellos offendieron a Dios. Las tales ánimas dan muchos gritos y voçes, diziendo: “¡Ay, ay de nosotras, que tuvimos tiempo de servir a Dios, y no lo hicimos! Y ahora somos tristes y atormentadas, e no nos vale contriçión e arrepentimiento. ¡Ay, dolor de nosotras, quánto mejor fuera no hazer peccados que hazer por ellos penitençia después de la muerte! ¡O, quién huviera hecho penitençia entera en su vida! Çierto más nos valiera que no padesçer tan crueles tormentos y penas como padesçemos”.
E rogando esta bienaventurada a Dios por un ánima, de la qual deseava saver en qué estado estava, y preguntándolo a su sancto ángel, respondiole diziendo: “Criatura de Dios, no se puede hazer aora eso que pides de mostrarte esa ánima por quien ruegas, que no es voluntad de Dios lo sepas por agora. Yo no te [¿nego?] bedo que ruegues por ella, ni tanpoco te digo lo hagas. Haz según quisieres, que la oraçión perfeta nunca es perdida en la presençia de la Divina Magestad”. De la qual respuesta se angustió mucho, porque no pudo conoçer por ella el estado de aquel ánima. Mas por eso, no çesó de suplicar a Nuestro Señor por ella, y offrecelle los dolores que ella padecía, y pedir otros mayores para el medio de la dicha ánima. Y no osando preguntar más a su sancto ángel por ella, pasó algún tiempo. Esta ánima havía sido persona valerosa, viviendo en la carne, y tenía mandos sobre otras personas, con las quales hizo algunas cosas con passión y no con justicia, ny caridad, ni çelo de la honra de Dios. Hera persona eclesiástica, la qual vino a esta bienabenturada una noche, estando ella en su çelda y çiertas religiosas que la acompañavan.
Y fue en esta manera: que primero que la viese, oyó muy gran ruydo y espantosos estruendos, en muy gran cantidad. Y estando la sancta virgen muy espantada de oýr tales cosas, a deshora vido entrar por la çelda un hombre muy espantable y grande, y los pies y manos heran muy terribles y feos, y el gesto como de león muy feroz, y los ojos muy espantosos y encarniçados, y en la boca traýa unos gruesos garrotes, y traýa por bestidura un sayuelo como de sayal muy [fol. 109r] corto, que no le llegava más de hasta la çintura y las partes vergonçosas de fuera. Y a esta causa venía más espantosso y feo que si viniera en otra figura. Andava con pies y manos, a manera de bestia, y traýa sobre sí muchos demonios, y todos los agravios y sinrazones que havía hecho en su vida a las personas que tenía a cargo, las quales offendieron a Dios a su causa. Y las que heran difuntas, traýalas sobre sí, penando por los peccados que a su causa havían hecho. Y esta ánima padezía juntamente con ellas las ocasiones que les havía dado. Y las que heran vivas, traýan sus figuras con las mismas penas que las otras traýan. Y traýa todas las ánimas que por su consejo havían offendido a Dios y hecho agravio a sus próximos, de manera que traýa sobre sí ynnumerables penas y tormentos. Y los demonios le dezían muchos vituperios, pregonando todos sus yerros y peccados para más atormentarle, y luego allegavan y desquixábanle la boca en tal manera que le partían por medio hasta los pies, diziendo: “quien “Quien tal haze, que tal pague”.
Y conoçiendo la bienabenturada aquella ánima ser la por quien ella mucho rogava a Dios, deseava oýrla hablar alguna palabra, por conoçer si estava salva, porque la veýa tan espantable y tan grandes penas que no podía conoçer si lo hera. Y viéndola çerca de sí, mirola con muy grande compasión. Y el ánima miró a la sancta virgen con ojos muy espantables, y bramava como toro hazia ella; y lo mesmo hazía quando le davan los palos, porque no tenía lengua para poderse quejar ni hablar, sino hera bramar como animalía. Y quitáronle los garrotes de la boca, y pusiéronle una voçina, por la qual salía muy espantosa voz, que dezía: “Esta, esta es de mi herençia”. Y sonava a manera de trompeta muy espantable. Y no pudiendo conoçer si aquella ánima hera salva, quedó muy angustiada. Y quando vido a su sancto ángel, contole [fol. 109v] cómo havía visto aquella ánima, y que no havía podido entender por qué causa havía sonado por bozina: “Esta es de mi herenzia”.
Respondiole el sancto ángel, diziendo: “Algunas vezes permite Dios que las mesmas ánimas que padezen, y los demonios que las atormentan, manifiesten la justiçia de Dios. E dezir esa ánima que la vozina o trompeta que le pusieron en la boca hera de su herençia, díxolo porque con el sonido de su voz, y palabra de su lengua, hizo muchas offensas a Dios, y con sus mandamientos y consejos agravió a sus próximos. Y llamar herençia a las graves penas que con sus malas obras merezió, eso, aunque no quisiese, se lo haría dezir la justiçia de Dios”. La sancta virgen le preguntó: “Señor, ¿es salva esta ánima de quien hablamos?”. El sancto ángel le respondió: “Ya te he dicho no me lo preguntes, que Dios te lo alumbrará quando Él sea servido”.
Y por entonçes no le ymportunó más la bienabenturada. Pero, continuando en su oraçión, suplicava a Nuestro Señor, su Divina Magestad se acordase de alguna buena obra que aquella ánima huviese hecho en su servicio, o de sus sanctos, que ella savía havía hecho estando en el mundo aquella persona una buena obra: y hera que havía hecho pintar una ymagen de un sancto muy preçioso, y le hera mucho devoto; y más, que le havía oýdo algunas palabras devotas en loor de su Divina Magestad. Y sobre todo esto que aquella ánima havía hecho, y los dolores que ella padesçía, lo qual todo hera poco, ponía los méritos de su sagrada Passión y los de su preçiosa Madre, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, y durándole algunos días haçer esta suplicaçión a Nuestro Señor. Ynvocaba , ynvocaba a otros muchos sanctos, para que la ayudasen a rrogar a su Divina Magestad por aquella ánima, a la qual vido una noche estando en su çelda.
Y primero que la viese, oyó [fol. 110r] unos grandes bramidos, como de toro, y escuchándolos, vido entrar un toro muy feroz grande y fuerte para ella. Y alzando la sancta virgen los ojos a mirarle, vídole entre los cuernos una ymagen, y tras la mesma ymagen, vido un bulto como un ánima, la qual la dixo: “Conóçesme, yo soy fulano, por quien tú mucho ruegas. Doy muchas graçias a Dios e a ti. Por tus ruegos se me an hecho muchas virtudes, y me dieron esta sancta ymagen para mi consuelo y defendimiento, que es por la que yo hize pintar aquel sancto mi devoto, el qual mucho me a ayudado”. La bienabenturada le dixo: “Mucho me he consolado, ánima, en te haver visto, porque he deseado mucho saver si fueres salva, que la otra vez que te vi no lo pude determinar, tan atormentada vienes”. Respondió el ánima: “Tan grandes an sido mis penas y tormentos, y son, que no puedo enteramente conoçer si soy salva, aunque algunas cosas he visto para creerlo, porque traygo tan grande desconsolaçión y penas de muchas maneras que no me da lugar a tener esperanza de mi salvaçión. Que aunque los demonios no me atormentasen, este buey en que yo ando metido trae tanto fuego y frío, quando Dios quiere, y hedores, y hambre y sed atormentable, que me bastaría, aunque por esto no me dexan ellos de dar crueles tormentos”.