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→Capítulo IXX
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, el tiempo que yo he sido perlada, ¿é servido a Dios en el tal offiçio?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Gran soberbia sería la tuya si pensases havías servido a Dios sin offensa e sin defeto. Mas de una cosa te hago çierto, porque te alegres en la virtud y te enmiendes del defeto, e te duelas quando te falta la virtud: que tu ánima siempre a sido por la graçia del Señor ynclinada a buenas obras antes que a malas, y a un zelo que se sirva el Señor de todas las criaturas, y que no se offenda dellas, ni de tu ánima mesma, la qual deseas salvar con fe verdadera christiana, devota a Dios y a su Madre, y a los sanctos ángeles y soberana corte çelestial. Y las offensas que as hecho no an sido de propia voluntad, ni perdiendo la reverençia e amor de Dios, ni a Él temor reverençial e piadoso, comoquier que atrevidamente y con agudez demasiada o pensando no ser peccado algunas cosas as offendido, e por eso mereçes penitençia. Y si la de la vida presente no bastare, en el otro mundo yrás a penar. ¡Sálvete Dios, ánima mía, encomendada! Que te salve Dios del Çielo, yo lo quiero suplicar, y entiendo ganarte graçia. Tú te deves ayudar”.
La bienabenturada, muy consolada de estas piadosas y sanctas palabras, dio graçias al sancto ángel, [fol. 96r] y tornole a preguntar si havía sido servida Nuestra Señora traerla a su sancta casa de la cruz y que morase en ella para siempre. El sancto ángel respondió, diziendo: “¿Por qué hazes pregunta a la cosa que bien saves? Acuérdate de aquel día quando yo te apareçí en casa de una tu tía, estando tú en oraçión delante Sancta sancta María, e yo offreçía tu devoçión y pedías con lágrimas serbir a Dios te otorgó y te llamó para su casa, y a mí me mandó guiarte. Y ansí se hizo. ¿Qué más señales quieres para conoçer que ella fue servida traerte a su sancta casa, la qual estava derribada y arto caýda en quanto a lo temporal, que en lo spiritual su virtud se tenía? Mas fue aumentada la devoçión junto con la graçia, más contigo que sin ti”. La virgen le dixo: “Señor, ¿pues cómo agora a caýdo en mí la graçia?”. Respondió el sancto ángel: “Siempre acostumbró Dios, en el prinçipio, de dar su graçia alterada y fervorosamente, sin poderse encubrir ni meterse la candela devajo del celemín; mas de que se va haziendo ascua creçida y maçiça, puedes encubrir con la ceniça de la discreçión e abituaçión, sin que se parezca descubiertamente la luz que está en el ánima hecha ascua biba sin llama”.
Dixo la bienabenturada: “¿En que veré yo, señor, si tengo graçia de Dios?”. Dixo el sancto ángel: “En si estás aparejada toda ora morir de grado por su honra, gloria y fee, y con alegre esperanza del Paraýso que se da a los amigos de Dios por los mereçimientos de Jesuchristo cruçificado, y apasionado y muerto, y sepultado por la salud y vida del mundo”. Dixo la bienabenturada: “Espántanme, señor, vuestras palabras. Si el Señor no me diese nuevo esfuerço y nueva graçia, muy flaca me hallo açerca del gusto de la muerte, comoquier que por dichosa me tengo quando se me offreçen penas por pasarlas por amor del Señor; y ansí querría poder pasar la muerte con gozo y alegría, sin me entristeçer ni desfalleçer al tiempo del martirio”. Respondió el sancto ángel: “Esfuérçate, ánima de Dios, que la muerte no puede ser escusada a ninguna criatura biva puesta en carne, y á se de pasar la muerte por fuerça. Mas bienabenturados son aquellos que mueren conoçiendo a Dios y confesándole en su sancta fee católica, hallándose dichosos haverle resçivido, o conoçiendo tarde o temprano; aunque más vale temprano y luengamente perseverar y morir en ella que en peccar tarde, que es dificultosa de arraygar en el coraçón del ánima perfetamente. Y ansimesmo, las buenas obras esperar hazerlas tarde es gran peligro, que Dios no es [fol. 96v] obligado ni deudor de graçia a las tales personas que con esperanza diciendo ‘enmendar me he, o buenas obras haré antes que muera’, viene presto la muerte, y toma las ánimas en peccado mortal y no irán servir a Dios ni enmendarse de sus peccados, aunque lo tenían en propósito o en desseo, con el defeto de nunca lo poner en obra; no mereçieron a Dios les diese graçia que pudiera darles, y las mesmas ánimas an menester para salvarse”.