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Juana de la Cruz

No hay cambio en el tamaño, 15:41 18 sep 2020
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'''Cómo esta bienabenturada tenía graçia de ver y oýr las cosas ynvisibles e que muy lejos acahazían'''
Dezía esta sancta virgen algunas vezes las cosas que savía por graçia de Dios antes que acaeçiesen, para escusar daños de los próximos e offensa de Dios. E oýa muchas veçes las cosas que hablavan las personas que estavan muy ausentes della, y aun lo que havían hecho, y esto no tan solamente lo savía estando elevada, mas en sus propios sentidos lo savía e sentía. Veýa las cosas que pasavan e se haçían lejos, y para verlo no la estorbavan muchas partes ni edifiçios. Acaesçíale, estando ocupada en cosas de la obediençia, oýr el officio divino que se reçava en él. E hera oýr la missa de la yglesia víspera de la sancta rresureçiónSancta Rresureçión, estando en su çelda, la qual estava apartada de la yglesia, quando tocaron las campanas que dezía la ''Gloria in exelçis Deo'', hincándose ella de hinojos para dar graçias a Nuestro Señor e adorarle desde allí, oyó los cánticos e çeremonias que se haçían en la sancta iglesiaIglesia, e vido a Nuestro Señor Jesuchristo como quando salía del sepulchro, muy hermoso e alegre, e florido e resplandeçiente, e muchedumbre de ángeles çercados de su Real Magestad, que le adoravan e serbían de muchas maneras de servicios, e tañían y cantavan muy dulçemente. Y entre otras muy altas cançiones que deçían en nuestro lenguaje y en otros, los quales deçía ella no entendía, oyó por aquella vez unas palabras a los sanctos ángeles, que deçían en voz de cántico:
“Ya sale el Rey y los ángeles con Él,
Señalava algunas veçes por sus propios nombres, diziéndoles y suplicándoles rogasen al Rey del Çielo, su esposo y su [¿señor?], viniese por donde ella estava a la bendeçir y santiguar, como haçía a los otros señores e señoras. E después tornava su habla con Él, Nuestro Señor, suplicándole por muchas maneras de suplicaciones, e dulçes e amorosas palabras, diziendo la quisiese venir a bendeçir y consolar, aunque ella no hera dina de tan gran benefiçio, viniese su Alta Magestad, porque tenía muchas cosas que le offreçer e dezir y suplicar, ansí de oraçiones que a ella le havían dado le offreçiese e suplicaciones que le havían encomendado le hiçiese; e que tenía muchos padres, y madres y hermanos, y se los quería offreçer y dar. Y esto dezía ella por los frayles y monjas, hijas [fol. 29r] y hermanas suyas spirituales, e perlados mayores e menores, e señoras e amigas, e devotas que assí se lo havían mandado y encomendado, e por todas las personas que se encomendavan en sus oraçiones.
E durávale hazer estas exclamaciones: primero que la graçia del Spíritu Sancto hablava en ella espaçio de hora y media, y pasado este yntervalo vía señales en su cuerpo cómo el Señor, por su clemençia, se açercava adonde ella estava, e tanto que, según acá se mostraba, le podía adorar e besar el estrado de sus sagrados pies, e ver goçar muy çerca. Y entonçes le haçía muchas suplicaçiones públicas, e otras secretas que nadie no las podía oýr, e grandes adoraçiones por sí mesma e por todas las personas de la Tierra, y se las encomendava en general, y algunos en especial, e todo el estado de la sancta madre Madre Yglesia e religión christiana, e a los que están en peccado mortal, e a las ánimas de Purgatorio. E algunas vezes permitía el poderoso Dios que en la propia bestidura de su Divina Magestad y en su estrado e trono real, viese ella todos los estados del mundo: primeramente el estado del Sancto Padre, e cardenales e obispos, con toda la clereçía e todas las órdenes, e las perfeçiones e ymperfeçiones dellas; e los emperadores e reyes, e todas las maneras de estados, de grandes e cavalleros que havía en los reynos e ymperios e toda la república, e los mereçimientos e desmereçimientos de cada unos. E vía cómo los ángeles se llegavan a las personas mansas e humildes, e castas e pobres, e despreçiadas e de perfetas obras, mas que no a los malos, e ynchados de riquezas e avariçia, e sobervia e simonía.
E vía también a la sancta madre Madre Yglesia a manera de muger casi como viuda, e llorando e dando gritos, quexándose al Señor, que estava muy mal casada con los maridos que le havía dado, conviene a saber: los pastores y perlados de la sancta Yglesia, obispos e arçobispos, e toda manera de regidores de ánimas; los quales, dezía la sancta madre Madre Yglesia, heran sus maridos, e lo haçían muy mal con ella, e le davan mala vida con sus peccados de yproquesía e vanagloria, e codiçias e viçios. Dezía más en su llanto e quejas: “Vos solo, Señor Dios, de los justiçia [sic] e marido [fol. 29v] mío, resplandeçéys en mí, que las otras estrellas algo se escureçen, e sale dellas a las veçes poca claridad con que yo me esclarezca, e poco me favorecen. Si no fuese por vos, Dios mío y marido mío, que vives y permaneçes para siempre en mí, ya del todo sería viuda, según los pocos favores e [¿ánimos?] que de vuestros pastores tengo, que más se acuerdan de las cosas bajas y viles, e del mundo e sus deleytes, e de querer honras y dignidades, que de favoreçerme y ayudarme; e más huelgan de morir por las cosas transitorias que matan el alma que no por Vos, Rey del Çielo, que soys salud perdurable e podéys dar vida eterna”.Y estas cosas le heran mostradas a esta bienabenturada en figura, porque aunque ella tenía cuydado de rogar por el estado de la sancta madre Madre Yglesia, rogase con mayor afínco e diese graçias a Dios por las merçedes que haçe a sus criaturas, e le suplicase por ellas. E hecho esto, ponía las manos, e haçía suplicaçión secreta, que no se la podía nadie oýr, salvo que la veýan haçer humillaçiones con la caveza y que meneava los labios, a manera de persona que habla en secreto. Y estas maneras heran muy humildosas, e algunas veçes le oýan muy devotas palabras en voz de cántico. Ansí mesmo, veýan en ella señales de encogimiento e temor, e soberana reverençia e acatamiento, e goços e consolaçiones.
Y estando en este estado, el mesmo Dios la soplava con el soplo de su sagrada boca, e con el ayre de su poderosa mano, e le dava e ynspirava el Spíritu Sancto, como haçía a sus sagrados apóstoles quando los embiava a predicar su sancta palabra. Quedava entonçes en silençio, e postrava sobre su faz las manos puestas. Quando las religiosas veýan estas señales en ella, levantávanla, e poníanla vien en su cama donde ella estava, e nada desto no vía ni sentía, ni oýa ninguna cosa, ni savía las personas que allí estavan. Luego, a deshora, se oýan voçes muy altas que salían por la boca della aprisa e conçertadas. Hablava el Spíritu Sancto, en persona de Nuestro Redemtor Jesuchristo, oýanlo todos los que estavan presentes. Tomava la plática con ella mesma, diziéndole: [fol. 30r] “¿Qué hazes, Juanica? Dios te salve. Dios te salve. ¿Quién eres tú que me llamas? ¿No saves que no es ninguna criatura dina de Dios, en especial los peccadores que viven en la Tierra?”. E luego proseguía por otras muy dulçes palabras, hablando muchos e grandes e divinos secretos, e misterios çelestiales, e declarando los sagrados evangelios y scripturas, según heran las fiestas, e días e solemnidades, e según hera su voluntad de querer hablar. Deçía de rato en rato: “Tú, Juanica, ¿no viste esto y esto, e tal y tal cosa que pasó y se hiço en mi sancto reyno çelestial?”.
Dezía esta bienabenturada que andan muy enjoyados, e adornados e señalados, los bienabenturados de la corte çelestial, assí los sanctos del testamento nuevo como del viejo, de las armas e ynsignias del Redentor e de su sagrada Passión, e de su sancta madre, Nuestra Señora; que traýan sanctos apóstoles y mártires, junto con estas armas, cada uno su martirio por divisa, bordado en sus bestiduras e pendones y estandartes. E los sanctos de la ley vieja, dezía, andan señalados e bordados en sus bestiduras çiertas figuras que en tiempos les dio el poderoso Dios en figura del Redemptor, y de comienzos havía de venir a los redimir. Dezía que traýan, unos el altar nuevo que Dios les mandó edificar, e otros el carnero que Abraham sacrificó en lugar de Ysac, su hijo; e otros el poço de Jacob; e otros, la çarça de Moysem; e otros, la verga de Harón; e otros, la serpiente que el Señor mandó alçar en el desierto; e otros el arca de la sancta sanctorum; e otros, los tres ángeles que vido Abraham quando dixo que havía visto tres, e adornado uno; e otros la Virgen con el niño en braços, según les fue profetiçado que la Virgen havía de conçebir e parir hijo; e la escalera de Jacob; e otros, otras muchas figuras del tiempo antiguo, según el tribu e generaçión que es cada uno.
Deçía esta bienabenturada que todas aquellas figuras hermosean e adornan a todos los que sobre sí las traen, en memoria de las sagradas maravillas e beneffiçios que el poderoso Dios les hiço. E otras de las ánimas christianas que están en el Çielo muy gloriosas, dezía, traen en sus vestidos por divisa algunas el cáliz con el Sanctíssimo Sacramento, muy ricamente bordado; e otros las llaves del señor sant Pedro, que significa la perfeta confesión e sancta absolución, e ricos thesoros de la sancta madre Madre Yglesia; e otros la pila del sancto baptismo; e otros, las crismeras del sancto olio de la crisma e unçión. E assí dezía que vía a todos los cortesanos çelestiales con diversos motes y figuras del poderoso Dios e de la dulçíssima Virgen María, su madre, y que su sancto ángel le declarava e deçía por qué, para qué traýan los bienabenturados cada una de estas figuras o empresas, las quales ella no declarava ni dezía.
Hablando el Señor por la boca de esta bienaventurada, la llamava [fol. 35r] algunas vezes por su nombre, diziéndole “Juanica”, e luego declarava que la llamava este nombre diminutivo porque aún no hera del todo nasçida su ánima de su cuerpo, ni naçida perfetamente a luz, que entonzes es digna la persona de nombre entero. Quando después de passada de esta vida el alma se salva e ba al Çielo, queda que, quando muere, si se va al Infierno, no se puede a tal dezir naçida, sino abortada, e no es dina tampoco entonzes de nombre. Algunas vezes la llamava el Señor mesmo por la mesma habla el nombre entero de “Juana”. Dezía su Divina Magestad que la llamava e dezía este nombre entero de “Juana” porque quería dezir nombre de graçia, e de conoçer e amar a Dios; e otra alguna vez la llamava “Juana”, que deçía el mesmo Señor que quiere deçir graçia, graçiosa, dada de ánima.
Estavan todas las religiosas de su convento e otras muchas personas muy angustiadas por la neçessidad que tenían de su habla e consolaçión, porque no las oýa, aunque ellas le querían deçir y encomendar sus desseos y cosas tocantes a su consolaçión y conçiençia; por lo qual suplicavan mucho a Nuestro Señor le volviese el sentido del oýr. Y su Divina Magestad tuvo por bien de oýr las plegarias de todos, e tornole el oýr día de la señora sancta Clara. E híçolo desta manera: que estando ella elevada como solía, vido a Nuestro Señor Jesuchristo en spíritu, e la habló e consoló, e le dio el soplo del Spíritu Sancto, e hiço un sermón maravilloso, declarando muy grandes excelençias e maravillas. E hablando, dixo su Divina Magestad que quería dezir por qué la havía ensordeçido, aunque él no tenía neçessidad de dar quenta por qué haçía estas ni otras más cosas: pero que le havía quitado el oýr por tenella más quieta e junta a Él, e recoxidos sus sentidos e pensamientos en Él e no en otra cosa terrena, e tenerla en sancta y simple ynoçençia de niña, y en una puredad de spíritu sin ninguna maliçia, y que no oýa otra cosa sino cosas çélestiales. Mas pues hera tan importunada y rogada de muchas personas, que a Él le plaçía de la sanar. Y en çesando su Divina Magestad de hablar, antes que ella tornase en sus sentidos, vino a ella el apóstol San Pedro, por mandado del poderoso Dios, e metiole los dedos en los oýdos, e bendiciéndola con la señal de la sancta cruz de parte de Dios. Tornando ella en sus sentidos, a deshora se vido sana, e tornado el oýr tan perfetamente como de primero, de lo qual ella y todas las religiosas fueron muy alegres y dieron graçias a su Divina Magestad por la misericordia de ynclinar a su oreja las suplicaçiones que le havían hecho.
Viernes Sancto siguiente, luego que esta bienabenturada ensordeció, estando ella [fol. 38v] elevada e puesta en cruz, assí en la elevaçión tenía tan fijos sus brazos y piernas, e todos sus miembros, como si no fuera de carne sino un crucifixo, de manera que ninguna fuerça bastava para la quitar de así, aunque se provó muchas vezes por las religiosas en otros días que la veýan muchas vezes estar elevada e puesta en cruz. Pero no estava en pie, sino hechada donde las religiosas la ponían. Y en este mesmo ora del Viernes Sancto, estando todas las religiosas en el choro, que hera por la mañana, quando se diçe el sancto offiçio, ella estava en una çelda ençerrada, porque assí hera la voluntad de Dios y de los prelados, que, quando estuviese en rapto, estuviese desta manera. Estando diziendo la sancta Passión, tornó en sí, e fuese al choro, e yba llorando y descalça. Y no pudiendo andar, ponía los pies de lado, que de otra manera no los podía poner, y aun esto con mucha pena. E viéndola las religiosas entrar en el choro, assí fueron a ella, e preguntáronla por señas por qué yba de aquella manera. Respondió que le dolían mucho los pies e no podía andar con ellos. E mirándoselos las religiosas, viéronselos señalados, y ansimesmo las manos, de las señales del Señor: no llagas abiertas ni manantes sangre, sino unas señales redondas, del tamaño de un real, e muy coloradas, de manera que pareçían por las palmas de las manos que estavan ympresas por la parte de ençima, e por semejante pareçía en las plantas de los pies. Tenía también estas preçiosas señales, e muy maravilloso olor, e no de ninguna manera de las flores de la tierra. E quexávase muy reçiamente, e llorava de los dolores que en las partes de las señales tenía. E viéndola las religiosas de aquella manera, llorando e con mucha devoçión, davan muchas graçias a Dios. E tomáronla en sus brazos, e lleváronla a su çelda y hecháronla. Hera tan grande el ardor e fuego que en las manos e pies tenía en el lugar do tenía las señales, que le ponían las religiosas unos pañeçitos de agua fría, y en muy breve espaçio se enjugavan del gran fuego que de allí salía. E muy a menudo le ponían los pañeçitos mojados y ella mesma se soplava las palmas de las [fol. 39r] manos, por mitigarse el gran fuego e dolor que sentía. E las religiosas le preguntavan qué hera aquello o quién le havía dado aquellas señales. Ella, entendiendo, les respondió con muchas lágrimas y dolores que sentía, diziendo: “Vi a Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado en aquel lugar donde mi sancto ángel me suele poner, y assí, llagado y cruçificado como venía, se juntó conmigo, e puso sus manos junto con las mías, e sus pies con los míos; y así como esto hiço, sentí en mi spíritu gran dolor e sentimiento en mis manos e pies y, a deshora, me vi tornada acá en mis sentidos, con estas señales que véys, y con muchos dolores en ellas, y tan reçios que casi no los pudo sufrir”. Tuvo estas señales tan maravillosas y creçidos dolores dende el día del Viernes Sancto, hasta el día de la sancta Sancta Asçençión. Y esto no contino, sino los viernes, y sábados y domingos, tres días arreo hasta la hora que fue la sancta Sancta Resurreçión, y dende aquella ora hasta otro viernes no tenía más dolor ni señal. Viendo esta bienaventurada cómo no podía encubrir estas preçiosas señales que no fuesen vistas de personas devotas del monasterio −pues ya se publicava, y su confesor y el compañero se las havían visto junto con las religiosas−, suplicó a Nuestro Señor muy afetuosamente que en ninguna manera permitiese su Divina Magestad que en ella, su yndigna sierva, pareçiesen ni tuviese tal thesoro ni tan ricas joyas, que no hera digna dellas, ni quería tal don, pues no le podía encubrir. E nunca çesó de haçer esta suplicación, derramando muchas lágrimas, hasta que lo alcançó del poderoso Dios. E hablando un día su Divina Magestad por la lengua y boca della, dixo: “Mucho me ruegas e ymportunas que te quite ese don que te he dado. Yo lo haré, y pues no as querido tener mis rosas, yo te daré cosa que más te duela que ellas”. Y assí le fue otorgado del Señor no tener ya más aquellas señales.
Por entonçes, muchas personas heran consoladas spiritualmente e libradas de sus tentaçiones por consejo e lumbre de esta bienaventurada. Y aunque fuesen más de çiento las que juntamente se le encomendasen para que rogase a Dios por ellas y que huviese respuesta de su sancto ángel, dotola Dios de tanta graçia que ninguna se le olvidava; que por todas rogava a Dios a su sancto ángel le dixese qué respondería a cada una de aquellas [fol. 39v] personas.Y el sancto ángel la respondía en cada cosa, según el poderoso Dios le dava liçençia para ello. E havidas ella las respuestas, las dava a las personas que se le havían encomendado, sin trocar ninguna cosa de lo que el sancto ángel le deçía, e savía lo que havía de dezir a cada persona. Y esto, de una vez que se elevase, traýa todo esto en su memoria.
”Aquel lugar del juyzio, con el señor san Michael, otro çierto número de ángeles, que heran scrivanos, y otros notarios, e otros vehedores, e otros examinadores, y estos scriven, y notan y examinan todo lo que los sanctos ángeles e los demonios dizen de las ánimas que al presente están en juyzio, en las cosas que les acusan o abogan para ellas, e la sentencia, e causas et raçones, que sant Miguel dize o da para salvar o condenar las ánimas. Y assí lo toman por testimonio y lo llevan a presentar delante el trono real de la Sanctíssima Trinidad, porque assí lo quiere Su Magestad Divina se haga. E otros sanctos ángeles están en el lugar de juyzio a manera de gente armada de pelea: y estos para defender las ánimas que allí están presentes, assí buenas como malas, de los demonios, que allí van gran multitud dellos deseándolas tragar. Que como las ánimas, por buenas que ayan sido en este mundo, ninguna se halla assí justa, atrévense algunas vezes los demonios a arremeter a ellas, y los sanctos ángeles no consienten que las toquen, ni enpezcan ni lleguen a ellas hasta que el juyzio dellas sea difinido. Y assí están allí los sanctos ángeles, en honor y serviçio del soberano Dios, y en ayuda y favor de san Michael, e reguarda de las ánimas. E quanto mejores obras been en el juyzio los demonios que tienen las ánimas, tanto más gritos e aullidos dan, diziendo se las den, que suyas son; e viendo que no lo pueden alcanzar, travajasen allí donde están, en juyzio, demoderlas [sic] e asombrarlas. Todos los sanctos ángeles que en el lugar del juyzio están son de los nueve choros del Çielo.
”Tienen los demonios muy grande enemistad y miedo a sant Michael dende que peleó con Luçifer y le hechó del Çielo. Tienen gran pesar y enojo de ber que sant Miguel tiene la sancta madre Madre Yglesia de los christianos a cargo, y le tiene Dios dado por prínçipe e defensor dellos, e por juez de todas las ánimas, e aún por su abogado e favoreçidor. Pero antes que el ánima vaya a ser juzgada [fol. 58r] de los ángeles, la tiene ya Dios juzgada y sentençiada para condenaçión o salvación. Entre Él y el ánima, por quanto en el tiempo que cada una persona muere, antes que del todo sea acavada de arrancar el ánima del cuerpo, le apareze Nuestro Señor Jesuchristo en la manera que estava en la cruz, padesçiendo la Passión, porque esta es su sancta voluntad: que todos sus redemidos sepan, y vean y conozcan, que tuvieron redemptor que los redimiese, si ellos dello se quisiesen aprovechar. Y este aperçivimiento, que Nuestro Señor Jesuchristo haze a qualquiera de sus criaturas raçionales que Él crió, haze tan general, que moros e judíos e christianos le veen en aquella ora de su pasamiento de esta vida a la eterna, buena o mala, y en solo una palabra que le diçe quando ella le ve, que es: ‘Bendita eres por tus obras, o heres por tus obras maldita’, la sentençia y juzga, e luego vuelve las espaldas e desapareçe, que no le ven más”.
===Capítulo XI===
'''De çiertos avisos que el sancto Miguel dio a esta bienabenturada'''
Dezía esta sancta virgen a sus monjas: “He oýdo yo dezir a mi sancto ángel que qualquier christiano, para ser bien agradeçido a Dios, sería dezente cosa que entre día y noche aprovechase con su pensamiento, a lo menos siete horas, de dar graçias a su Dios por los benefiçios que d’Él resçive e a resçivido, que fue crialle e darle ánima semejante a sí, apostada de grandes dones e graçias, e darle libre albedrío para disçernir lo bueno de lo malo; e agradeçerle la misericordiosa redempçión que Él dio, e las graçias e yndulgençias que puso en la sancta madre Madre Yglesia para el remedio de los peccados; e adorarle muchas vezes, porque quiso estar en el Sancto Sacramento del Altar, e venir todas las vezes a Él, que nuevamente es consagrado, e comunicarse con cada un ánima con tan grande amor y charidad; e darle graçias porque no le condena aun de quando le offende, mas antes le espera con infinita misericordia y le embía muchas inspiraçiones con que se concierta y enmiende. Y en estas cosas y otras semejantes es obligado el buen christiano de ocupar [fol. 58v] su pensamiento, devajo del temor e amor de Dios.
”Mas oý platicar a los sanctos ángeles de los humanos, no tener raçón de quexarse de que Dios los crió pobres, que al rico y al pobre dio entre día y noche veynte y quatro quentos de renta. Yo, maravillada de oýrles tal plática, díxeles cómo hera aquello que dezían, que muchos pobres conocía yo en la Tierra que no tenían qué comer ni qué beber. Respondiéronme: ‘Los quentos que nosotros dezimos son por las veynte y quatro horas que ay en el día y en la noxe, las quales, si bien las dispenden, cada uno de los que viven en la Tierra se hará muy rico y poderoso en el Reyno de los Çielos, donde son las riquezas valerosas y duran para siempre. Y tales obras puede cada una persona haçer en una ora de estas veynte y quatro, que merezca alcanzar muy grandes dones, e premios y coronas, que son más valerosos que no rentar ''[7]'' quentos en la Tierra. E por esto dezimos que son ricos todos los humanos, pues pueden hazer y obrar con que sirvan e aplazgan a su Dios e criador, e hazerse a ssí propios generosos, e de título y corona e silla y dignidad de sanctos; tanto podrá una persona sentir la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e llorarla, e haver compassión, que le sea contado como si derramase sangre de martirio’.
Dixo esta sancta virgen a sus monjas: “Supliqué a mi sancto ángel me dixese qué hera este mal tan reçio, que unos dizen uno, e otros otro, en ninguna cosa de quantas manda haçer para remedio mío aprovechan. Respondiome, diziendo: ‘Qué maravilla que sea agora, por amor de las gotas sanguíneas, quien no olgó de tener las mayores perlas e joyas tenga esas. Esto digo por las llagas que rogaste a Dios te quitase. A determinado su Divina ''[8]'' Magestad de ymprimir en sus dolores e sentimiento de su sancta Passión como lo verás’. E ansí se cumple como él me lo dixo, que estando yo elevada un día de viernes, víspera de los diez mil mártires, veýa en espíritu que haçían remembranza de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, como si fuera Viernes Sancto. Esto hera en un campo, y veýa, ansimismo, allí a los sanctos mártires, cuya fiesta e día hera, e cómo los matavan e cruçificavan, y a Nuestro Señor Jesuchristo con ellas confortándolas, y Él ansimismo cruçificado, e deçíales: ‘Ea, mis amigos, que yo esa muerte morí por vosotros, e justa cosa es vosotros la paséys por mí, que el amor no se pagó con amor, ni la muerte si [¿contra?] muerte: que no tiene ninguno mayor amor que poner la vida por su amigo. Yo soy vida, y resurrección, e gloria. Consolaos conmigo e acompañarme, que abrierto está el Paraýso, y vuestras coronas delante de cada uno la tiene su ángel [fol. 60r] propio’.
”E yo, muy espantada de estas cosas que veýa, pregunté a mi sancto ángel que estava delante de mí: ‘¿Qué cosa es esta, que Nuestro Señor Jesuchristo está aquí cruçificado, y ansimesmo estos otros muchos que le acompañan?’. Respondiome: ‘Muchos compañeros tiene Dios, después que resçivió la sancta humanidad en el vientre virginal de sancta Sancta María. E tú, que esto vees, aparéjate, que partiçipar tienes de esta cosa, que ansí lo quiere Dios. Que para eso te truxe yo a ver esta remembranza, que se haçía este día en memoria de la Passión de Nuestro Señor y de sus siervos’. Y estando mi sancto ángel diziéndome estas palabras, voló a deshora Nuestro Señor Jesuchristo, y vile delante de mí, y preguntó a mi sancto ángel: ‘¿Qué estás aquí platicando con esta persona?’. Y, él arrodillado en tierra, dixo: ‘Señor, está maravillada de los misterios que aquí pasan’. Entonçes, mirome el Señor, y dixo: ‘¿Quieres tú gustar de esta fruta?’. Yo respondí: ‘Señor, quiera vuestra sancta voluntad, e no más ni menos’.
”Entonçes, abrazome el Señor, y puso sus pies en mis pies, e sus rodillas en mis rodillas. Todo las alimpió, e sus palmas en las mías, e su caveza e cuerpo todo juntó con el mío. Y quando esto hizo, fue tanto lo que sentí que me parezía entravan en mí muchedumbre de clavos muy agudos e ardientes. E sonava estruendo enrededor, a manera de quando hazen la remembranza de Nuestro Señor dando martilladas, ynchávase con la presençia suya e con el gusto y dulçor de su amor. Aunque heran muy grandes los dolores que padeçí, no heran tan crueles como los que sentí después que fuy tornada en mis sentidos e naturaleza corporal. Parézeme veo todos los miembros, e benas e coyunturas de mi cuerpo hechas como a manera de cuerdas e teclas, o clavijas de vihuela, e a Nuestro Señor tocarlas con sus sacratíssimas manos a tañer con ellas, a manera de ynstrumento o vihuela, e azer muy dulçe e suave son de armonía. E quando su Divina Magestad apresura el son e le haze más alto, entonzes tengo muy grandes e creçidos dolores, e quando [fol. 60v] avaja el son, no solamente los tengo grandes, mas muy menores. Óygole cantar quando tañe palabras formadas, e muy preçiosas, e saludables para las ánimas”.
“Viendo los demonios el gran thesoro e bienabenturanza que las ánimas resçiven en aquel lugar, pésales mucho, quiriéndola quitar y estorvar por todas las maneras que ellos pudiesen. Y atrévense, con gran ossadía y rabia que tienen. Y van en figura de muchas maneras de aves, y muy feas, y de otras figuras muy espantosas, y llegan al lugar donde está la sancta cruz. Y arremeten muy reçiamente para assir las ánimas en las uñas, y llevarlas en los picos y dientes. Y para esto tiene esta providençia divina tan proveýdo aquel sancto lugar que todo el campo alrededor donde está el sancto árbol de la vida está çercado de muchedumbre de compañas de gentes, a manera de huestes, armadas con diversidad de armas y tiros, con que encaran y tiran y hieren a los demonios, que hasta el mesmo árbol de la cruz se atreven e quieren arremeter y tomar las ánimas de aquellas preçiosas ramas, y se asen algunas vezes los demonios por se guareçer de los tiros que aquellas compañas les tiran y hazen guerra. Y caen los malditos amodorridos por çierto espaçio, que no se pueden mover ni levantar, más que muertos. Mas como ellos no se pueden morir, levántanse de que Dios quiere, y tornan en sí, y van uyendo, dando muy grandes ahullidos. E otras vezes, de solo que les encaran los tiros, an tan grande temor, que uyen despaboridos e no osan parar allí. Porque Nuestro Señor Dios, e su preçiosa cruz y las compañas de sus sierbos, que allí Él tiene, defienden las ánimas de sus fieles christianos, [fol. 67r] por peccadores que ayan sido, e los favoreçe, e resçive, e les da de bestidos, e calçar de todas las maneras de arreo, e adornamentos que las ánimas an menester. Porque allende de las misericordia que el dulçe consolador Spíritu Sancto haze cada día con las ánimas, de les dar nuevos manjares y frutos, les haçen todos los domingos muy grandes merçedes.
“Y el mesmo Spíritu Sancto, dende el trono donde está assentado, haçe caer las joyas que nasçen de la sancta cruz, el árbol, y resplandor de las quales es sin comparaçión. Y manda a los sanctos ángeles que allí están presentes en su serviçio las coxan, y hagan bestiduras dellas, e adornamientos muy preçiosos con que vistan y adornen todas las ánimas pobres que allí vinieren. E assí como el Spíritu Sancto lo manda, es hecho, e como lo dize es criado. Y en tomando los sanctos ángeles las joyas en sus manos, se tornan muy maravillosas bestiduras, con las quales visten y adornan muchedumbre de ánimas pobres, las quales van abastadas e cumplidas de todos los bienes que de ninguna cosa llevan neçessidad. Porque el mesmo Spíritu Sancto, como es poderoso en sí mesmo con el Padre y con el Hijo, en trinidad de personas y en unidad de hesencia, e poderoso en los mereçimientos de Nuestra Señora la Virgen sancta Sancta María, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, los quales son meritorios mediante Dios y su sancta cruz, de los quales mereçimientos y de cada uno dellos es figura y significaçión cada una de aquellas ojas o rosas, e flores e frutos, e manjares, riquezas y bienabenturanzas que del árbol de la vida continuamente manan e proçeden; que por muchos dones y limosnas que el dulçe Spíritu Sancto, limosnero real, que allí está, da a los pobres y monasterios, luego ymproviso mana y proçede el mesmo árbol de la vida otro tanto, e aun siempre cada día e ora, otras cosas más nuevas. Y esto a significaçión de los dones e mereçimientos e graçias de las sacratíssima divinidad e humanidad del soberano Dios, trino y uno e verdadero, sin prinçipio y sin medio e sin fin, de los galardones e gloria e nuevos [fol. 67v] dones de goços que cada día, e hora y momento, tiene de dar para siempre de cada uno de sus escogidos que con Él mesmo moran y morarán en la triunfante gloria. Quando la madre sancta Yglesia militante ruega en espeçial e haze sufragios por algunas ánimas de Purgatorio, el mesmo Spíritu Sancto ruega e aboga por ellas, como dino obrador e lustrador de todos los bienes. E para que sea hecha alguna misericordia a las ánimas de Purgatorio, permite la Divina Magestad que aquellas ánimas, por quien a hecho algunos bienes la madre sancta Yglesia, a deshora se hallan aquellas ánimas sueltas, aunque muy llagadas e atormentadas de las yntolerables penas que les dan los demonios en Purgatorio por sus peccados; empero puédense salir de Purgatorio, ansí llagadas e despedaçadas por diversidad de caminos. Unas van por devajo de las aguas, e otras por la tierra, e otras por çerros e otras por balles, e otras por cardos y espinas, e otras por riscos muy espesos e montes muy tristes, e desiertos muy desconsolados, e otras por los ayres calidíssimos, e por los çielos e los planetas. E dellas, por diversidad de caminos van tristes y desconsolados, gritando y dando vozes, diziendo: ‘¿Dónde yremos o qué haremos; si hallaremos por ventura quién nos haga caridad e algún bien?’.
”E yendo assí las ánimas tan afligidas, aparéçenles a cada una dellas el sancto ángel su guardador, e consuela en su neçessidad, e háblala con amor, diziéndole: ‘Dios te consuele, ánima, e te alumbre en tu camino. Llama en tu neçessidad a Dios, e oýrte á. Y si no, no faltará quien te responda. Pide virtud y limosna por amor de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e pregunta por el camino de Jerusalem la alta, y que te enseñen yr donde está el árbol de la vida y de la misericordia’. Yendo assí las ánimas por diversos caminos con clamorosas vozes pidiendo a Dios misericordias, van tras ellas los demonios, viendo que se les an salido de las penas. E oyendo que piden a Dios misericordia, danles muy grandes golpes y tormentos, diziendo: ‘¿Cuál Dios o quál misericordia demandéys e buscáys? Que no ay piedad, ni otro [fol. 68r] consuelo os darán sino este que agora nosotros os damos’. E viéndose las tristes ánimas tan afligidas, angústianse, y no saben qué se hazer.
'''De una revelaçión que esta bienabenturada le fue mostrada açerca de un ánima'''
Preguntando a esta bienabenturada las religiosas de su convento e monasterio por el ánima de un padre religioso de su misma orden, que fue su vicario y confesor e murió en el dicho monasterio siendo [fol. 75v] vicario, el qual se llamava fray Pedro de Santiago, persona muy notable y de mucha sanctidad e virtudes, si havía savido el estado de su ánima, respondioles, diziendo: “Yo he suplicado a Nuestro Señor, su Divina Magestad, tuviese por bien de revelar al sancto ángel mi guardador el estado de aquella ánima, e le diese liçençia me lo dixese. Y a mi sancto ángel le dixe mi deseo. Y como, señoras, deseáys saver el estado de aquel ánima y lo suplicáys, respondí a vuestra petiçión y mía. Respondiome: ‘Pues tanto rogáys y deseáys ver el ánima de este religioso, anda acá conmigo, y para mientes con atençión lo que verás’. E tomándome por la mano, llevome a un jardín de ynumerable hermosura e frescura, en el qual havía árboles de diversas maneras, llenos de muy hermosas colores, y en ellos muchas aves de mucha hermosura cantando muy dulçemente e grande armonía. Y los muros e adarbes y todos los edifiçios que allí stavan heran labrados de oro, e bariedad de perlas e piedras preçiosas, y todo muy resplandeçiente e de gran hermosura. Y dentro de este deleytoso bergel estava un palaçio muy ricamente labrado e de gran claridad, en el qual estava un trono muy alto, todo de pedrería, y en este estava sentado Nuestro Señor Jesuchristo. Junto, en otra riquíssima silla e trono, estava assentada Nuestra Señora, en presençia de los quales estava, de rodillas e postrada en el suelo, el ánima de este religioso, y pareçiéndome estava bestido de su ábito pardillo, e todo en la forma y manera como quando estava en el cuerpo. E a desora, yncontinenti, estando él así, mirando y contemplando él a tan gloriosa visión de Dios y de su gloriosa madre, a la qual hera él en gran manera devoto y servidor, vinieron allí presentes quatro vírgines: la una, la señora sancta Catalina, e la otra sancta Çiçilia, la otra sancta Bárbara, e la otra la gloriosa sancta Clara. Y entre ellas estava sancta Ana, muy çercana a Nuestra Señora, más que ninguna de las otras. Y estas sanctas vírgines, por mandado del poderoso Dios y de su sacratíssima madre, tenían [fol. 76r] en sus manos bestiduras blancas e muy candidísimas, e resvistieron al dicho padre de aquellas vestiduras, que heran como a manera de ornamentos que se visten los prestes para dezir missa. Y después que le huvieron revestido a manera de saçerdote, llegó la señora sancta Ana, y ençima del alma, que tenía bestida, hechole una almática colorada, como a diácono; e la Reyna de los Çielos, Virgen sancta Sancta María, con sus sacratíssimas manos, le vistió una casulla más blanca y resplandeçiente que el sol, y ençima le puso un manto azul con estrellas de oro, el qual manto hera muy valeroso y de pontifical. Y junto con esto pareció, a deshora, coronado de mitra e abreola muy resplandeçiente, todos junto ençima de su caveça, la qual le hermoseava e auctoriçava mucho. Y en las manos le pusieron una bara muy pintada, como çetro, con una manzana de oro en la çimera, y en ella figurada la ymagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en brazos. E después que assí estuvo bestido e adornado, con alegre gesto empezó a cantar, diziendo: ‘Gloria sea a ti, Señor Dios poderoso, que por tu benignidad visitaste la Tierra y truxiste la gente a tu conoçimiento’. Y la Virgen María dio su glorioso fruto, y esta postrera palabra replicava por tres vezes, diciendo: ‘Dio su glorioso fruto’. Y esto hecho, a deshora desapareçió esta gloriosa visión.
”E otra vez, estando yo elevada, deseava mucho hablar aquella bendita ánima de aquel glorioso padre. Y estando con este desseo, a deshora vi venir en una muy hermosa y conçertada proçessión, la qual guiava el señor sant Pablo apóstol, y junto con él yba de la una parte el señor sanct Pedro y de la otra el señor san Juan Evangelista; y en esta solemníssima proçessión yban muchos sanctos mártires y confesores, entre los quales yba el bienaventurado padre fray Pedro de Santiago, [fol. 76v] e mirávame él con atençión. Hablome palabras formadas, diziendo en su acostumbrada habla, que de humildad y menospreçio él solía tener, alçando el cuello y caveza hazia en alto, dezía ansí: ‘Que este es Dios, que save desnudar presto el pellejo al hombre que crió, el qual quedó allá como el de la culebra’. Yo, desseando saver si yo en los pocos días pasados que finó si había ydo o estado en Purgatorio, y no pudiéndoloselo preguntar, luego respondió a mi pensamiento, diziendo: ‘Por allí pasé, y estaban unas simas muy grandes, llenas de ánimas llorando y gritando con gran clamor. Y yo verdaderamente allí pensé quedar, mas la Virgen María no me dexó caer’. Y dicho esto, cesó el bendito religioso de me mirar y hablar, y fuese cantando en la proçessión. Y yo quedé consolada de la tal revelación.
”E ansimesmo me consolé pocos días, estando otra vez elevada. Y fue que me vinieron allí al lugar donde yo estaba, que es donde mi sancto ángel me pone, nuestro glorioso padre sant Francisco e sancto Domingo. Y gozándome yo con ellos, dixo el señor sancto Domingo a nuestro glorioso padre sant Franscisco, riendo: ‘Ya sabe vuestra sanctidad que esta hija, que vos tanto amas en la caridad de Christo, la qual llamas vuestra gallinita, porque devajo de sus alas cría y ampara muchas ánimas de vuestra orden, y aun también de la mía, parézeme, señor, a mí que es mi hija por derecho, y no vuestra, pues fue primero llamada a mi orden y desseada de mis monjas, y aun también de mis frayles, y buscada con arto cuidado; e quando ella fue a tomar el ábito a vuestra bendita orden, si la mía estuviera tan cerca como la vuestra, señor, le tomara en la mía, porque tenía notiçia della, y por esto deve ser mi hija’. Respondió nuestro glorioso padre sant Francisco, con semblante amoroso y risueño: ‘A eso avrá de perdonar vuestra sanctidad, que no es sino mía, pues tomó el ábito de mi orden, y está en ella de tan buena voluntad’. Tornó el señor sancto Domingo a dezir que no hera sino suya, y de esta manera estuvieron por algún espaçio de tiempo con mucha gloria y perfeta caridad de amor. Y vinieron en [fol. 77r] conçierto que quedase a lo que yo quisiese, diziendo el señor sancto Domingo: ‘Queremos te mostrar nuestros ábitos, a ver de quál te agradas más’. E mostrome el suyo, muy blanco y puro, que significava la sanctidad y limpieza de Nuestra Señora la Virgen María, Madre de Dios. E nuestro bienabenturado padre sant Francisco mostrome el suyo, humilde, y pobre e sangriento, que significa la sagrada Passión e llagas de Nuestro Señor Jesuchristo, las quales havía el mesmo Christo, Señor mío, transformado en Él. Respondí: ‘El que más me agrada y quiero de estos sanctos ábitos es el que está teñido en la Pasión e llagas de mi señor Jesuchristo’. E tomándole en las manos, le abrazé e besé con mucho amor y reverençia. Entonzes, tomando el señor sancto Domingo de la mano a nuestro padre sant Françisco, le dixo con grande amor y dulçedumbre: ‘No os devéys maravillar que tal joya como esta desee yo para mi orden’. Y diziendo esto, se fueron con mucha alegría y gozo.
”Estando yo elevada el día de la sancta purificaçión Sancta Purificaçión de Nuestra Señora la Virgen Sancta María, gozando de las maravillosas fiestas que este día çelebran en el Reyno de los Çielos, que Dios tuvo por bien de me querer mostrar, díxome mi sancto ángel: ‘Assí como en este tal día profetiçó el justo Simeón a la soberana Virgen y Madre de Dios que su preçioso hijo, redemptor del género humano, havía de ser cuchillo de dolor que traspase las entrañas de su piadoso corazón, assí te digo yo a ti que presto verás los pensamientos de los que mal te quieren e bien te quieren’”.
===Capítulo XV===
E visto todo lo que pasava, díxole su sancto ángel: “¿As entendido por qué te an sido mostradas estas cosas?”. Díxole ella: “Dígamelas vuestra hermosura, y entenderlo he”. El sancto ángel le resplicó: “Esto es para que conozcas estas personas que te son causa de ganar coronas de gloria, y les agradezcas tam buena obra como tú aquí resçives con las cosas que te son levantadas, y ruegues a Dios por ellas, les dé su graçia, con que enmienden sus vidas, e amen a sus próximos con caridad, según Dios lo manda”.
Estando esta bienabenturada en su çelda orando una noche delante una ymagen del Señor del Huerto, suplicándole con muchas lágrimas por socorro y ayuda en las presentes tribulaçiones que tenía, fue tan grande su llanto e sollozos que pareçía quería espirar. Y de rato en rato dezía, como entre sí: “Qué triste relación”. Y esto oyó una de las religiosas que la meneavan e rodeavan de noche, por su enfermedad e tullimiento, la qual estava despierta quando la sancta virgen hazía sus esclamaçiones y llanto. Y esta religiosa estava muy angustiada, deseando saber la causa de su tan grande pena. Y çesando esta bienabenturada de llorar, llamó para que la volviesen. E yendo la religiosa que la havía oýdo, suplicole le dixese la causa de su tan grande llanto. La sancta virgen le respondió: “No tengo qué deziros. Llorava porque soy peccadora”. [fol. 79r] E tornándola a importunar diziendo cómo la havía oýdo dezir de rato en rato “O, qué triste revelaçión”, dixo la bienabenturada: “Verdad es que yo dezía esas palabras, y con mucha raçón, porque estando yo en mis esclamaçiones, salió de la ymagen del Señor del Huerto una voz que pareçía a manera de lloro, diziendo: ‘Mançilla tengo de ti, viendo las sentençias que sobre ti están dadas por el mi Padre çelestial. E assí como no fue [¿?] revocada la mía en el tiempo de mi Passión, aunque yo solo rogué y lloré, no quiere la divina clemençia no revocar, ni dexar de executar tus penas, las quales no pasarán por ti sola, pues muchas ánimas se te an encomendado, de cuyos peccados las penas todas de ese mundo son pequeñas para satisfazerse. E otra vez te digo, lloro por ti, y ruego por ti, mas tus alas serán quebradas, no solamente las quatro y las seys que tienes, mas las doze. E todos los miembros e tu cuerpo será como trillado, assí como hazen al pan para sacallo el grano’. Yo respondí: ‘Señor, arto quebradas veo mis alas y triste cuerpo tullido’. Respondió la sancta voz: ‘No es eso nada a lo que se a de quebrar y deshacer, e saber é que creçerán’. Yo le dixe: ‘Señor, pues los sanctos a quien yo me encomiendo en sus fiestas, ¿no ruegan por mí?’. Respondió la voz que salía de la ymagen: ‘Si quieres rogar a los sanctos, no se lo vedo, empero agora no se te escusará creçerte el mal, e las personas antes no podrán darte remedio ninguno para el cuerpo, aunque su oraçión dellas aprovecha para el alma, porque quando tal sentençia es dada, solo Dios la puede revocar. Mas no dexes de clamar a los sanctos rueguen por ti, y más a mi madre sancta Sancta María e a mí, que lloro lágrimas dulzes por ti’. E oyendo tales palabras fue tanto mi llanto que quería espirar, e dezía las palabras que dezís me oýstes”.
Estando esta bienabenturada [fol. 79v] en su zelda otro día, viernes a la medianoche, le fue mostrada una visión muy dolorosa, que le pareçía se avría todo el Ynfierno, o veýa los demonios d’él en el monasterio. E havía tantos y tan espesos, que desde el suelo de la casa hasta la cumbre de los texados, y en los ayres, los veýan tan espesos como andan las matas muy espesas en el rayo del sol. Y veýanlos en muchos géneros de figuras, el suelo del monasterio estar lleno dellos, a manera de animalias rastables como culebras, lagartos e sapos, e salamanquesas e de otras muchas maneras de sabandixas ponzoñosas. Ansimismo, veýa dellos como canes, lobos, toros e leones, e osos e todo género de bestias bravas e de carga. Veýalos en el ayre a manera de cuerbos e buytres, y murciégalos y de otras figuras todas muy temerosas y feas. Y todas e cada una, según su espeçie, bramavan, e aullavan, e graznaban, de manera que deçía esta bienabenturada era cosa muy espantosa de oýr.
'''De cómo esta bienabenturada estava muy congojada pensando en sus tribulaçiones'''
Temiendo esta sancta virgen si havía caýdo en algún peccado, pues casi por tal estava reprehendida, dixo a su sancto ángel: “Bendito, ¿qué peccados hize yo ante Nuestro Señor y ante vos, por los quales he mereçido que tantos [fol. 82r] males me vengan assí de la mano del Señor, tocada y atribulada de muchas enfermedades, como perseguida y angustiada de las criaturas; e no solamente yo, mas las religiosas de mi convento, que an sido súbditas mías por la graçia del Señor, siendo todas ellas y yo súbditas a la sancta orden del glorioso padre nuestro san Françisco, cuyas hijas somos?”. El sancto ángel dixo a esta bienabenturada, le respondió diziendo: “Criatura de Dios, no te turbes a poder que puedas por cosa alguna ni por eso dexes de tener spíritu suave y gozoso en Dios, que te crió y te redimió, y está aparejado a te dar eternos galardones, por cada tribulaçión y dolor çient gozos en la gloria del Paraýso”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, pues mis hermanas y compañeras, que conmigo padezen y an padeçido, ¿qué hará el Señor dellas, las quales yo tengo ofreçidas e resçividas para solo su serviçio y por su dulçe amor, a quien yo desseo y he desseado que siempre ellas amen?”. El sancto ángel le respondió: “Raçón tienes de haverlas lástima y aun dolor, más que de ti mesma o tanto, porque esta es la caridad que Dios manda tuviésedes los próximos unos a otros, y nunca siendo crueles y bengativos los unos a los otros, y aprovechándoos de la doctrina christiana e de los consejos de sant Pablo, doctor de las gentes, baso escoxido de Dios. Y ansimismo los consejos de sant Pedro, e Santiago, e sant Juan, e de toda la Yglesia cathólica y verdadera christiana, sin las quales virtudes nadie no se puede salvar. Conforta tú a tus hermanas. Y digo que las confortes, que no las as menester enseñar, pues tienen exemplo de los sanctos y de las sanctas, de quien pueden aprender. [fol. 82v] Lean el ''Flos sanctorum'' y liçiones devotas en que se enseñen, que tú ya poca doctrina les puedes dar: lo uno, por la privaçión del offiçio de mandar sobre ellas y serles regidora, y lo otro, por el menospreçio que a subçedido a tu persona en la opinión y crédito que de ti se tomó. Por aquella simpleza y mal miramiento en que caíste, diste enojo a tus perlados mayores, y comoquier que fuiste digna de ser reprehendida, en más cosas te culparon y juzgaron, estando tú salva, como Dios lo save e yo lo sé. Confórtate, amiga de Dios, e sele leal, y ámale, que no te desamparará. Y a tus hermanas salúdamelas, que están tristes por ti, y tú por ellas. Allegado el convento en uno que es de Dios y de su madre, sancta Sancta María, ese mesmo Dios está y mora en medio, y conforta a cada una según su graçia y misericordia. Amonéstalas, no desfallescas por los falsos testimonios ni por las reprehensiones. Leal es Dios, y verdadero amador de las ánimas; siendo ellas leales y agradezidas a sus benefiçios, padesçer tribulaçiones fielmente por el Señor, acreçentamiento de mérito es, e añidir piedras y perlas de gran valor en la corona, que muchas maneras de méritos ay en los siervos de Dios y siervas, aunque no sean de sangre”. Dixo la sancta virgen al ángel: “Pues, señor, mis hermanas también an redamado sangre, siendo heridas y lastimadas estando ellas sin culpa de mi peccado”. Respondió el ángel: “Todo peccador y peccadora tiene peccados. Y las passiones de esa vida no son dignas ganar la vida eterna, por muchas y reçias e fuertes que sean; digo vida eterna, vida gloriosa en el acatamiento de Dios para siempre jamás, sin fin, como la tienen los sanctos en la gloria del Paraýso”. Dixo esta bienabenturada al ángel: “Señor, para el perdón [fol. 83r] de mis peccados y para resçivir digna penitençia de vuestra mano dada, y de vuestra sancta boca mandada, aprovecharme á a mí deziros las culpas, que allá ya las he dicho a mis confesores y perlados”. Respondió el sancto ángel: “Yo no te fuerzo que me las digas, ni heres obligada si no quieres, si es verdad que las as confesado a tus confesores, y conoçido tu peccado, y hecho penitençia devota y paçíficamente, lo qual se requiere a toda persona christiana”.
Dixo esta sancta virgen que, estando en esto, le vino una ynspiraçión de Dios, con lágrimas de sus ojos, y empeçó de confesar sus peccados con el sancto ángel. Y a bueltas de sus peccados, quejávase de algunos agravios a ella hechos. Y junto con la quexa, preguntava si hera peccado quexarse, y deçir los peccados de aquella manera. El ángel le respondió: “Quando tú dizes la quexa y desabrimiento que te hizo tu próximo, los peccados d’él confiesas, y no á de ser ansí, sino confesar los tuyos propios, y tenerlos bien pensados, y estar muy contrita dellos, y con mucho pesar por las offensas hechas a Dios, y contra su honra y gloria, y acusar tu ánima, porque el enemigo no te la pueda acusar el día del juyzio y el de tu muerte, la qual deves tener siempre en tu pensamiento, y temer el juyzio de Dios, y el ynfierno, el qual mereçes por cada una de tus culpas, si por la misericordia de Dios y por los méritos de su sancta Passión no heres restaurada para la gloria por la su graçia y con tu ayuda de algunas buenas obras que tengas hechas en tu vida. Y muchas havían de ser en cantidad, y no pocas. Mas por quanto la vida de la criatura es corta no [fol. 83v] bastaría todo el tiempo della perfetamente y sin çesar hazer sanctas obras con fructuosos y devotos pensamientos, y religiosas costumbres, y bien ordenada vida sin defeto, para mereçer la gloria, quanto más que mucha parte del tiempo, y la mayor despendida, mala y falsamente, y desfrutada de buenas obras; y la mayor parte de los peccadores, en espeçial en el tiempo de agora, que Dios está maravillado y los ángeles se maravillan, de la abundançia de las maldades que ay en el mundo, en todos estados de personas, eclesiásticas y seglares, lo qual para de raçón no havía de ser ansí en la cristiandad, que es espejo en quien Dios se mira, y havía de ser muy esclareçido y limpio”. La bienabenturada preguntó al ángel, diziendo: “Señor, ¿quál es el mayor peccado que yo tengo en todos los que he confesado?”. El ángel le respondió: “Aquel que nunca se deviera hazer, que fue como el de Eva, que destruyó todo el mundo, e ansimesmo así tú causaste destruçción en ti mesma y en tu fama buena que tenías por las virtudes manifiestas a las gentes que Dios te havía dado sin ser tú mereçedora dellas, pues de la mano de Dios te venían. Y fuiste causa de menoscavo en la honra de Dios y en la consolaçión y honra de tus hermanas, las religiosas de tu compañía, las quales paçífica y ordenadamente servía a Dios, aunque no tan sin defetos que del todo fuesen limpias de peccados o costumbres no bien religiosas; lo qual no es de maravillar, ni yo me maravillo, porque las gentes son caedizas. E como dize la sagrada scriptura, si el justo cae siete vezes, el peccador quántas caerá, o quién podrá contar sus caýdas. Mas dígote que an abundado los peccados, o acreçentándose en esta morada que se dize Sancta María de la Cruz, e andando los tiempos se pareze mejor quando [fol. 84r] las ánimas que de la dicha casa salen se vieren en el juyzio de Dios, que dirán entre sí, gimiendo: ‘Mejor hera nuestra vida, y más limpias y paçíficas nuestras obras, e más fructuosos nuestros pensamientos, quando Juana de la Cruz hera viva y nos regía, con sanctas avisaçiones secretas a nuestras ánimas, con reprehesiones públicas quando menester las havíamos. Y aunque sea castigo, espantava a los malos; los buenos se consolavan con el mesmo castigo, obrando aquella virtud loable, que es dicha ‘ama a tu corrector y no le aborrezcas, porque si le aborreces, malo eres, y si le amas, la virtud de Dios está en ti’. Mas esto que te digo, no lo digo para que te banaglories ni tengas pensamiento que fuiste buena regidora en el offiçio pastoral, ni para que menospreçies el regimiento de otras abadesas, mas dígolo como profeta e ángel que sé algo de lo passado o por venir, y las faltas que subçeden de virtud, o subçederán en el ausençia de tu regimiento”.
Dixo la virgen: “Ay, señor, ¿y quién es justo en la Tierra?”. Respondió el sancto ángel: “Pues si no huviese justos en la Tierra, ya abría Dios hundido el mundo, mas dígote que mientras christianos huviere en ella, verdaderos y devotos, no puede pereçer el mundo del todo”. Dixo ella: “¿Y el día del juyzio no abrá christianos?”. Dixo el sancto ángel: “Sí abrá, aunque atormentados de los malos, y assí entrarán en Paraýso con gozo y con gloria, coronados de martirio, a los quales Dios alabará”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, quién fuese digna que Dios la alavase”. Respondió el sancto ángel: “Sola el alma que Dios alaba es digna de alabanza; mas la que a ssí mesma se alaba sin ser digna que Dios la alabe, ni los sanctos de la gloria, ni los próximos de perfeçción, ella mesma se condena, y el día del juyzio será contada con los malos, arredrada de la compañía de los buenos”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Qué haréys, que soy muy desperadiça. De que pienso en mis peccados ya se me a creçentado la desesperaçión, por causa de que mis próximos me juzgan y me an juzgado, y casi dado sentençia sobre mí, por mala, antes que Dios la dé en el temeroso juyzio suyo, que yo espero ya esta causa. Soy muy atormentada en mi spíritu pensando lo muchedumbre de mis pecados, y pensando la poca ayuda que terné con sanctas oraçiones de mis padres los frayles, de los quales yo esperava refrigerio y consuelo de muchas misas que por mi alma dizían con devoçión. Y viendo que la an perdido en mi persona, tanpoco creo la ternán fervorosa y de coraçón para rogar por mí a Dios Nuestro Señor. A triste dicha mía tengo y atribuyo este [fol. 91r] gran daño”. El sancto ángel respondió: “Descansa y huelga, bendita ánima de Dios, y no te atormentes ni te dexes vençer de tan mala batalla como la desesperaçión o poca alegría en las tribulaçiones. Que te digo que más bienabenturada eres por ellas, e más purgada e aluziada, que el oro quando pasa por la fornaz, que queda puríssimo y de gran valor y preçio. Y no pienses que a tus hermanas las religiosas yo las desalabo por la fee y devoçión y amor que tienen contigo; antes las alabo, y no solamente a ellas, mas a qualesquier devotos, hombre o muger, que contigo ayan tenido o tengan lo mesmo por las graçias y dones que de Dios huviste manifiestas, y no ocultamente como las tienes agora, que no se te parezen por la muchedumbre de los dolores y los agravios sobre ti suçedidos. Y aún más te digo, que aun las ánimas y personas difuntas que an passado de la vida mortal a la inmortal, y heran tan devotas y afiçionadas por vía de perfeta devoçión, an havido por ende galardones de Dios y refrigerios en sus neçessidades, estando en el destierro de Purgatorio y cárçeles atormentadoras”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, muchas graçias doy yo a mi señor Dios y a vos, por tantas virtudes y consolaçión como yo resçivo de vuestra sancta palabra. Mas suplícole me diga de mis parientes, si abrán por mí algún bien”. Respondió el sancto ángel: “Si los estraños lo an, agravio sería no lo haver los tuyos, aunque conviene respondan ellos a Dios con sanctas obras y simpliçidad de ánima”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿qué cosa es simpliçidad de ánima?”. Respondió el ángel: “Aquello que se dize en el psalmo ‘''qui non accepit in vano animam suam''’, que quiere dezir ‘aquel que no resçivió en vano la su ánima’; e más te digo, que donde mora ynvidia y malquerençia, y desseo y benganza de propia gloria, en las tales cosas se contiene perfeta maliçia, y la tal ánima está despojada de la virtud de la caridad açerca de Dios y del próximo, y ensoberbeada con propia presumpçión”.
Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿é yo peccado en amar mis parientes o en hazer algo por ellos?”. Respondió [fol. 91v] el sancto ángel: “Dios te demandará la crueldad que con ellos hiziste, pudiséndoles haçer piedad sin perjudicar tu consçiençia y haçer agravio a otro”. Dixo ella: “¿Qué haréys, señor, que he sido juzgada de demasiadas piedades a mis parientes y con agravio del monasterio donde yo soy religiosa?”. Respondió el ángel: “Qué as de hazer si no resçives en paçiençia los dichos, que Dios juez es, que save todas las cosas y nunca da pena a nadie por el peccado que no hizo, ni galardón por la buena obra que dexó de hazer”. Dixo la virgen: “Señor, qué haré, que he juzgado a mis perlados y he tenido juyzio contra ellos, que an querido usar de poderío contra mis hermanas y contra mí; mas que de razón tuviesen para nos hazer los agravios passados, y que no se a mirado la caridad enteramente con nosotras para juzgarse y castigarse nuestras flaquezas justa y piadosamente, y que nos an levantado algunos males que nosotras no havía, y publicados, puesto que somos peccadoras”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, que algunas cosas an sido puestas en fama desloable más que se devieran poner. E puesto que los perlados son poderosos, ay neçessidad y es razón y justa virtud que reynen con humildad, y usen de sus poderes templadamente, no sobrepujando la yra a la virtud y paçiençia y esperanza de penitençia que hará el religioso o religiosa reprehendidos. E más que te digo: que los que con soberbia y presumpción rigen, Dios no les es deudor de gran graçia para tratar las ánimas, según Dios y buen mereçimiento del propio perlado. Y por eso niega Dios la graçia a los malos perlados, y los amenaza para el día del juyzio que le pagarán las ovejas muertas a su causa, con crueldad lisiadas, sin poner medicina, porque el ymperio de la perlaçía no se da para crueldades desordenadas, mas para creer en sabiduría y sçiençia en la ley de Dios y sacras scripturas eclesiásticas, las quales son por Spíritu Sancto ordenadas, en espeçial las que son dichas. Buena graçia e decreta es en la nueba ley e vieja. Ay mucha declaraçión de las scripturas sagradas ya dichas, aprobadas por Dios y por la sancta madre Madre Yglesia, y porque en tu entendimiento no pueden caber las cosas que te podría yo dezir de las condiçiones que an de tener los que rigen, y remítome a las dichas sagradas scripturas [fol. 92r] e sanctos libros, hechos e ordenados por el Spíritu Sancto, los quales sin falta son aquellos que hiçieron los quatro doctores que son nombrados reformadores de la Yglesia militante. Y si otras personas algunas se levantaren contradiçiendo lo que aquellos, no debe de ser admitida ni resçivida la contradiçión, porque traería mezclas en sí solapadas, aunque, so color de bien, los tales den consejo llamándose christianos. No ay cristiano fiel si no tiene y cree lo que la madre sancta Yglesia, perfeta y militante, predica y enseña, así de la unidad en grandeza de la alta Trinidad como de los otros estatutos y perfeçiones que se contienen en esta mesma sancta Yglesia católica”.
Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Señor, ¿qué virtudes tenéys vos con que señaladamente aprovecháys a las ánimas de Purgatorio, pues tanto me mandáys a mí y encargáys ruegue por ellas?”. El sancto ángel respondió: “Piedad y misericordia me constriñe a mandar que offrezcas por ellas tus trabajos, y algunas devotas oraçiones e ayunos, los quales en lugar de limosna hecha por ellas les aprovecha”. Ella dixo: “Señor, las limosnas que dan por ellas los del siglo, ¿aprovéchanles mucho?”. Respondió el ángel: “Sí aprovechan, y quien haze limosna por las ánimas de los difuntos christianos mata el peccado propio suyo, y quita las penas que en la otra vida atormenta las ánimas por quien es ofreçida la limosna”. Dixo la virgen: “Señor, ¿qué es la causa que me havéys mandado, en el remedio de mis dolores, poner piedras frías o guijarros?”. El ángel respondió: “Probándolo tú, ¿no has hallado refrigerio?”. Dixo ella: “Algunas vezes le hallo, y algunas vezes más dolor”. Respondió el sancto ángel: “Quando tuvieres fe que yo tengo la virtud sobre las piedras y guijarros y que te verná bien; por ende, no dexes de animarlos a tus dolores, que piadosamente abrás refrigerio, y en espeçial, quando huviéredes grandes calores por causa del dolor, avrás refrigerio, que tú mesma conoçerás el benefiçio”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿aprovecharán las tales piedras en vuestra virtud a otras personas, como hazen a mí?”. Respondió el ángel: “Ya podrá ser, que de aquí adelante aprovechen [fol. 92v] a toda persona, porque Dios me a dado poderío sobre las piedras, que tengan virtud para muchas cosas y que puedan ser possada y hospital de algunas ánimas en que pasen su Purgatorio con más templanza que lo pasarían en los fuegos de Purgatorio ardientes y muy fuertes; las quales penas, si te las dixese, te espantarías, y tu spíritu desfalleçería de dolor y compassión, y tú temerías en toda ora y en todo momento de offender a Dios por no verte en ellas”.
Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, de las del Infierno me libre Dios por su misericordia, pues que son perpetuas sin fin; que las que an fin, aunque son rezias de oýr, quanto más de padeçer, consolatorias son para el ánima que se desea salvar por peccadora que sea”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, mas quando se piensan las penas y no se sienten ni la prueba dellas, son yncreíbles a los peccadores, y por eso no se guardan de peccar mientras viven, y después en la otra vida ay las penitençias de las penas y no ay remedio de enmienda; porque allí se pagan los peccados hechos e cometidos atrebidamente, no anteponiendo el temor de Dios con el qual se suelen resistir los peccadores, y por el dulze amor de Dios obrar las virtudes como hazen los verdaderos fieles y sierbos de Dios, que antes determinarán morir que haçer un peccado mortal, porque es Infierno para el alma”. Dixo la bienabenturada: “O, peccadora de mí, Señor. ¡Y qué haré yo, que tantos peccados mortales tengo y he hecho toda mi vida como gran peccadora, y herrada y culpada!”. Dixo el sancto ángel: “Bien haçes de conocerte, y lo mejor es arrepentirte y llorar con devoçión tus peccados haviendo compasión de Dios, a quien offendiste y reverençiaste, y desagradeciste y ayraste con tu mala vida y obras y perversas costumbres”. Dixo la virgen: “Señor mío, ¿pues qué es la causa que siendo yo tan mala os veo a vos, y otras vezes a Nuestra Señora la Virgen María, y a mi Señor Jesuchristo, preçioso hijo, que es más que todo?”. Respondió el sancto ángel: “De tan gran graçia como esa también darás quenta a Dios, porque no la conservaste y agradeçiste e reverençiaste como devías. E puesto que es grande graçia en la manera que tú ves [fol. 93r] esas cosas, mayor graçia es con los ojos del ánima e gusto del spíritu contemplar y amar ese mesmo Dios Jesuchristo sin le ver, y a la Reyna del Çielo su sancta madre. Y por eso dixo Dios a sancto Tomás: ‘Porque me viste, me creýste, mas quien no me viere y me creyere, bienabenturado será’”. Ella dixo: “Pues yo no demandé al Señor me diese visiones ni apariçiones de sí mismo, ni de vos, señor, ni de otras cosas del Çielo, ¿qué es la causa? ¿Por qué se me an dado sin mereçerlo yo?”. Respondió el sancto ángel: “Es graçia que Dios, de su gana y grado, te a dado, abentajada que a otras personas. Como dicho tengo, no seas yngrata ni te ensoberberzcas, que a otras personas sin ver nada son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu corazón: nunca te engañe el enemigo con banagloria, que dígote que por guardarte Dios deste peccado, a permitido sobre ti algunos menospreçios en tu vida con que an sido y heres quebrantada, y apremiada, y pisada de las gentes, y en lenguas de las criaturas de Dios; aunque no dexo de culpar a las personas que no an mirado a la graçia que Dios en ti puso provechosa y manifiestamente, porque los tales menospreçios no se haçen contra sierbos y sierbas de Dios, si en alguna culpa, siquiera por la reverençia. Mas tú, duélete del peccado hecho contra Dios más que de tu menospreçio, y piensa que de más heres digna, y ansí salvarás tu ánima, que está en tu palma, como dize el psalmo ‘''anima mea in manibus meis semper''’”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, no quisiera yo que el Señor dexara en mis manos mi alma, que soy neçia e yndiscreta peccadora, y sin conoçimiento de mi señor Dios y de lo que a mi ánima conviene, y en lugar de salvarla y ponerla en Paraýso, héchola en el Infierno. Ay de mí, que en mi mal cobro las penas no sé para qué la dexó Señor en mis manos. Más me valiera no naçer que perderme, y yrme al Infierno; más me valiera no nasçer que desamparar a mi Señor Dios y criador, y redemptor y salvador, e amigo e esposo verdadero de mi alma, y apartarme d’Él como me a apartado, y olvidarme d’Él como me he olvidado, y faltar de allegarme a Él [fol. 93v] como he faltado. ¡Ay, grandes peccados! ¡Ay, qué grandes males! Perdóneme el Señor por su misericordia y por su sancta Passión. Rogáselo vos, señor sancto ángel bendito. Rogáselo vos, muy preçioso señor mío y guardador mío. Hazé que no se pierda esta triste ánima que os fue dada en cargo, sancto Laurel auram, bendito poderoso sobre las piedras, consolador de las ánimas y reberçedor de las yerbas marchitas que dezís se entiende por las ánimas que están marchitas y secas sin Dios. Rogad por mí al Señor, que soy piedra dura y sin humor de graçia y de virtud de Dios. Si por su misericordia no me la da, préguemela vuestra señoría, sancto ángel bendito. Préguemela, pues tanto alcanza de Dios”. Dixo el sancto ángel: “Levántate, alma, sierva devota a Dios. Levántate de la baxeza de tus peccados, que por muchos que sean Dios te los puede perdonar: aquel que perdonó a sancta Sancta María Madalena quando lloró sus peccados, perdonará a ti; aquel que convidó a sant Matheo, y le convidó con gran y misericordia, convidará a ti. Ese mesmo Dios a muchos peccadores y peccadoras a perdonado. Para mientes, no desesperes de la misericordia de Dios, no te aflixas demasiado por las persecuçiones y menospreçios a ti hechos, contra las murmuraçiones verdaderas o no verdaderas contra ti, que si todo se te quenta en penitençia de tus peccados, ruega a Dios te lo resçiva. Yo también lo rogaré”.
Dixo la sancta virgen: “Señor, mi menospreçio y murmuraçiones contra mí hechas, yo mesma me los ganado con mis peccados y defetos y tachas malas que ay en mí, y a havido, por ser yo tan peccadora, como dicho tengo y me he confesado con vos, señor”. Dixo el sancto ángel: “No digas que tienes malas tachas, que es cosa de animales brutos sin conoçimiento de Dios, que si tú as offendido como peccadora y criatura caýble, tan poco a sido en tanto grado quanto ''[13]'' tú te acusas e pones los defetos, e si otras personas te los an puesto y tales ayudas, no quiero yo favoreçer en eso e tan demasiado grado, que persona que ve a Dios y a mí, que soy ángel y tiene graçia [fol. 94r] de ver los demonios, no es razón desfavoreçerle en tanto grado. Y si las gentes desfavoreçieren, Dios no desampara del todo a sus amigos. Y si en esa vida quedan vençidos o muertos de sus enemigos, visibles delante de Dios, los muertos sin culpas ''[14]'' quedan venzedores, y con gloria triunfadores, y los vivos, aunque victoriosos al parezer visiblemente, quedan muertos y sepultados en el peccado de su omiçidio y malquerençia y crueldad”. Dixo la sancta virgen: “Señor, cosas maravillosas me dize vuestra señoría, que mi entendimiento no basta para entenderlas”. Dixo el sancto ángel: “Capaz está tu entendimiento de entender y sentir bien de Dios y de esas cosas y escondidas sçiençias si quieres usar tú de la virtud y lumbre que Dios te dará, con la qual alumbra su sancta fee cathólica, la qual te consejo reluzga en ti como piedra preçiosa puesta en oro o en plata, o como el luzero planeta del çielo”.
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, el tiempo que yo he sido perlada, ¿é servido a Dios en el tal offiçio?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Gran soberbia sería la tuya si pensases havías servido a Dios sin offensa e sin defeto. Mas de una cosa te hago çierto, porque te alegres en la virtud y te enmiendes del defeto, e te duelas quando te falta la virtud: que tu ánima siempre a sido por la graçia del Señor ynclinada a buenas obras antes que a malas, y a un zelo que se sirva el Señor de todas las criaturas, y que no se offenda dellas, ni de tu ánima mesma, la qual deseas salvar con fe verdadera christiana, devota a Dios y a su Madre, y a los sanctos ángeles y soberana corte çelestial. Y las offensas que as hecho no an sido de propia voluntad, ni perdiendo la reverençia e amor de Dios, ni a Él temor reverençial e piadoso, comoquier que atrevidamente y con agudez demasiada o pensando no ser peccado algunas cosas as offendido, e por eso mereçes penitençia. Y si la de la vida presente no bastare, en el otro mundo yrás a penar. ¡Sálvete Dios, ánima mía, encomendada! Que te salve Dios del Çielo, yo lo quiero suplicar, y entiendo ganarte graçia. Tú te deves ayudar”.
La bienabenturada, muy consolada de estas piadosas y sanctas palabras, dio graçias al sancto ángel, [fol. 96r] y tornole a preguntar si havía sido servida Nuestra Señora traerla a su sancta casa de la cruz y que morase en ella para siempre. El sancto ángel respondió, diziendo: “¿Por qué hazes pregunta a la cosa que bien saves? Acuérdate de aquel día quando yo te apareçí en casa de una tu tía, estando tú en oraçión delante sancta Sancta María, e yo offreçía tu devoçión y pedías con lágrimas serbir a Dios te otorgó y te llamó para su casa, y a mí me mandó guiarte. Y ansí se hizo. ¿Qué más señales quieres para conoçer que ella fue servida traerte a su sancta casa, la qual estava derribada y arto caýda en quanto a lo temporal, que en lo spiritual su virtud se tenía? Mas fue aumentada la devoçión junto con la graçia, más contigo que sin ti”. La virgen le dixo: “Señor, ¿pues cómo agora a caýdo en mí la graçia?”. Respondió el sancto ángel: “Siempre acostumbró Dios, en el prinçipio, de dar su graçia alterada y fervorosamente, sin poderse encubrir ni meterse la candela devajo del celemín; mas de que se va haziendo ascua creçida y maçiça, puedes encubrir con la ceniça de la discreçión e abituaçión, sin que se parezca descubiertamente la luz que está en el ánima hecha ascua biba sin llama”.
Dixo la bienabenturada: “¿En que veré yo, señor, si tengo graçia de Dios?”. Dixo el sancto ángel: “En si estás aparejada toda ora morir de grado por su honra, gloria y fee, y con alegre esperanza del Paraýso que se da a los amigos de Dios por los mereçimientos de Jesuchristo cruçificado, y apasionado y muerto, y sepultado por la salud y vida del mundo”. Dixo la bienabenturada: “Espántanme, señor, vuestras palabras. Si el Señor no me diese nuevo esfuerço y nueva graçia, muy flaca me hallo açerca del gusto de la muerte, comoquier que por dichosa me tengo quando se me offreçen penas por pasarlas por amor del Señor; y ansí querría poder pasar la muerte con gozo y alegría, sin me entristeçer ni desfalleçer al tiempo del martirio”. Respondió el sancto ángel: “Esfuérçate, ánima de Dios, que la muerte no puede ser escusada a ninguna criatura biva puesta en carne, y á se de pasar la muerte por fuerça. Mas bienabenturados son aquellos que mueren conoçiendo a Dios y confesándole en su sancta fee católica, hallándose dichosos haverle resçivido, o conoçiendo tarde o temprano; aunque más vale temprano y luengamente perseverar y morir en ella que en peccar tarde, que es dificultosa de arraygar en el coraçón del ánima perfetamente. Y ansimesmo, las buenas obras esperar hazerlas tarde es gran peligro, que Dios no es [fol. 96v] obligado ni deudor de graçia a las tales personas que con esperanza diciendo ‘enmendar me he, o buenas obras haré antes que muera’, viene presto la muerte, y toma las ánimas en peccado mortal y no irán servir a Dios ni enmendarse de sus peccados, aunque lo tenían en propósito o en desseo, con el defeto de nunca lo poner en obra; no mereçieron a Dios les diese graçia que pudiera darles, y las mesmas ánimas an menester para salvarse”.
”Otras vezes va más a los fuegos de Purgatorio, los quales son muy terribles y de muy espantosas llamas, e muy altas y grandes, y son muy coloradas e escuras. Y andan las ánimas entre estas llamas a manera de çentellas de fuego vivo, como quando entre una gran llama saltan zentellas. Y mi señor sancto ángel lánzase en aquellas llamas, y travaja por asir de aquellas çentellas que entre las llamas andan, las quales son muchas, y ase la que es voluntad de Dios, y viene a dármela a mí, en el lugar que he dicho, para que la guarde. Y qué tales ellas salen bien se os pueden figurar. Y luego torna el sancto a lanzarse en las llamas, y assí saca las que Dios es servido que salgan cada vez. E algunas vezes me pareze a mí que le ha hecho ympresión el grande y espeso humo donde tantas vezes se a metido, como que le a escureçido algo de los resplandores que salen de su hermoso bulto. Y díçeme él entonzes: ‘Mucho estás maravillada de ver que siendo yo ángel, te pareçe me an hecho ympresión estos fuegos espesos: pues mira cómo no me an hecho ynpresión estos fuegos espesos, pues mira cómo no me an tocado’. E menea sus muy hermosas alas, e queda muy más resplandeçiente que antes estava. Y estas ánimas que sacamos con el poder de Dios, entrégalas mi sancto ángel a los ángeles, sus guardadoras dellas, que tengan cuydado dellas y de las presentar al poderoso Dios, porque estas ánimas que mi sancto ángel saca no vuelven más a ellas, de las quales [fol. 106r] nos guarde Dios”.
Tornando esta bienabenturada de su elevaçión con gesto alegre, dixéronle unas religiosas enfermas que a la sazón se yban a consolar con ella: “Señora, pues viene del Çielo, díganos alguna cosa”. Respondió: “Porque estáys enfermas os quiero consolar, pues es obra caridosa apiadar a las enfermas, lo que el Señor me mostró agora, estando yo en aquel lugar, que es voluntad de Dios. Es que vi estar de hinojos al señor sant Juan evangelista, e a sant Lázaro, el que resuçitó Nuestro Señor, e a sancta Sancta María Magdalena, e a sancta Marta, e a sancta Marzela, delante la Divina Magestad, a los quales tiene otorgado un privilegio: que por este tiempo de la Semana Sancta puedan yr a Purgatorio con su poder a sacar ánimas de Purgatorio, las que fuesen su sancta voluntad. Y quando yo las vi de hinojos, dezíanle que les diese liçençia que querían yr a Purgatorio, y su poderosa bendiçión. E respondió el Señor, diziendo: ‘Yd en buen ora, mis amigos, y sacad las que pudiéredes e yo quisiere. Pues vosotras, quando yo estava en la Tierra, me hospedastis e acompañastis, yo hospedaré e resçiviré por amor de vosotros a las ánimas que sacáredes por estos tiempos, para siempre jamás, en mi sancto reyno’.
”Y los sanctos le dieron muchas graçias, y suplicaron a su preçiosa madre, que a su lado estava, quisiese yr con ellos, la qual se volvió hazia Nuestro Señor Dios, y le dixo: “Hijo mío muy amado, estas sanctas benditas me ruegan vaya con ellos a Purgatorio. Si me dáys, hijo mío, liçençia, yré de buena voluntad”. Y Nuestro Señor le respondió: “Madre mía, si vos queréys, yd en buena ora, que ellos ganarán en llamaros, que solos vuestros mereçimientos son bastantes para robar todo el Purgatorio y traerle con vos a los Çielos”. Y luego la muy poderosa Reyna del Çielo, puesta en muy grande trono, y estos gloriosos sanctos con ella, y muchos millares de ángeles de la hierarchía elegida para su poderosa guarda, y mandó llevar muchas trompetas e atabales, e otros muchos ynstrumentos de dulze melodía. Y ansí desçendieron al lugar del Purgatorio, y dende camnino pasaron por donde yo estava.
”Y quando estas cosas veo y oygo que este día Nuestra Señora dize y haze, ando en la proçesión que viene con Su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su yglesia y casa, plaze a Dios que lo vea estando en mis sentidos, y que a la despedida me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e graçias que Nuestra Señora tiene alcançadas del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa Yglesia donde ella se apareció que, si las gentes lo supiesen, vendrían de muchas partes de rodillas, por ganar tanto bien para sus ánimas. Que como Nuestra Señora se apareçió aquí, con tan gran desseo y caridad que las ánimas se aprovechasen, pedía una muy sublimada virtud a su preçioso hijo: y es le otorgase tantos perdones en esta su sancta yglesia como hebras de yerbas y de cosas de flores e ojas estuvieren nasçidas en la tierra media legua alrededor del lugar donde ella yncó la cruz con sus preçiosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto dende que se edificó esta sancta yglesia y casa.
”Y más me a dicho mi sancto ángel: que están conçedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de sancta Sancta María de los Ángeles. En Assís, entiéndese, aunque no vengan confesados ni rezen cosa señalada, sino viniendo con devoçión a visitarla. Ansimesmo, me dixo que quien rezare nueve Avemarías, o nueve hymnos, o otras qualesquier oraçiones de Nuestra Señora, en tal que no sean menos de nueve offreçidas a los nueve apareçimientos que se apareçió a Ynés, ganará muchas graçias y le [fol. 113r] será otorgada la petiçión que justamente pidiere a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren. Y muy más lo ganaran rezándolo los propios días, que es el primo día del mes de marzo hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo, y quien hiziere dezir nueve misas a Nuestra Señora, en reverençia de estos apareçimientos, será socorrida en su tribulaçión y aprovechará mucho a los difuntos.
”La manera en que se mostrava Su Magestad cada día de estos apareçimientos: fue el primero de pequeñito bulto, como quando fue conçepta; el segundo, como quando hera niña reçién nasçida; el terçero, como de tres años, que la offreçieron al templo; el quarto, como de la hedad que fue a visitar a sancta Iasabel; el sesto, como quando parió al Hijo de Dios −en este día, quien rezare, es bien tenga memoria de la fiesta dela−; el séptimo, como quando le presentó en el templo; el octavo, como quando fue uyendo a Egipto −en este día, quien rezare, tenga memoria del la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves−; el noveno y último, como quando estava al pie de la cruz, y a este misterio sirvió la sancta cruz, y quien rezare, tenga memoria de su muy gloriosa asumpçión, porque estos sanctos apareçimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.
Permitía Nuestro Señor, por la virtud y sanctidad de esta bienabenturada, que las personas que le heran muy devotas y se le encomendavan en su ausençia a ella y a su sancto ángel, fuesen rogadores ante la Magestad Divina, la viesen algunas vezes en su tribulación; en espeçial algunas religiosas estando en sus monasterios, no haviéndola visto en su vida, mas del conoçimiento que tenían de su sanctidad, por la qual la comunicavan espiritualmente por cartas, encomendándose a su sancto ángel. E a ella le pareçía la vían delante de sí, y en ese ynstante se les desa- [fol. 113v] pareçía, y dezían la figura de su gesto y cuerpo, las quales señas serán verdad assí como lo dezían.
Acaesçió que enfermó una gran señora en el palaçio del emperador, estando la corte en Madrid, que se llamava Doña Ana Manrique, la qual tenía gran devoçión y crédito con las graçias que conoçía que Dios havía puesto en esta bienabenturada, a causa la amava mucho, e la tenía por su madre espiritual, y se comunicava con ella assí con cartas como por visitaçión con su propia persona. Y estando enferma de un peligroso dolor de costado, hizo ella luego mensagero a esta sancta virgen, diziendo quán mala estava, de las quales nuevas la bienaventurada se compadesçió, y con entero cuydado rogó por su salud. Y llegada esta señora al punto de morir, resçividos los sacramentos de la sancta madre Madre Yglesia, teniéndola ya por muerta, plugo a Dios por su misericordia y ruegos de esta sancta virgen dalle mexoría. Y de que estuvo algo aliviada de su enfermedad, embió mensajero con carta a esta sancta virgen, que por madre tenía, diziendo por su letra que estava mejor de su enfermedad, lo qual creýa y savía también como ella, que la havía ydo ha ver en espíritu y la havía dado salud con el poder de Dios; y esto no le negase, pues savía dezía verdad, que la havía visto y conoçido el día seteno de su dolor de costado. Haviendo resçivido la sancta unçión, desauçiada de los físicos, estando muy congojada haçia la noche, ençendida ya candela, assentada en la cama, le pareçió por la delantera de la cama haverla visto, con su ábito y escapulario e tocas, subir sobre su cama, pasando por ençima de su persona, y la tomó por las espaldas, y la apretó en espeçial en el lado, donde tenía el dolor; y con gran plazer, havía dicho ante todos, lo más alto que pudo: “Havéys visto a mi madre Juana de la Cruz, verdaderamente ella es, que yo he sentido me a tocado por las espaldas, y súpitamente se me a quitado el dolor. Y desde aquella hora estoy mejor, y puedo comer, y voy cobrando salud. A Nuestro Señor muchas graçias por ello. Y vos, madre mía, no me neguéys esta verdad que digo y por tal la tengo pública”.
Y la bienabenturada se maravilló de lo que esta señora le scrivía, y dixo no creyese en tal cosa [fol. 114r] como aquella. Y enportunada de las religiosas les dixese cómo havía sido, pues en la corte estava público, respondioles: “No penséys, amigas, salió de mí esta caridad de yr a ver aquella señora, sino de mi sancto ángel, porque estándole yo suplicando rogase a Dios por su salud, dixo: ‘Bien será que la vamos a ver, pues es tan tu devota, y está agora en tan estrema necçessidad, que para el tiempo de las neçessidades es el socorro de las buenas amigas’. Y assí fuymos a verla. Y quería anocheçer quando fuymos, que en su cámara ya tenían ençendidas candelas, y mandome mi sancto ángel subiese sobre su cama y la tomase por las espaldas, y la sanctiguase en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Spíritu sancto, y también la sanctiguó mi sancto ángel. Y si ella sanó, fue porque ella sanctiguó. Y estoy maravillada permitir Nuestro Señor me viese ella a mí, y no a mi sancto ángel, que yo creýdo tenía no me havía visto. Ya que veníamos de ver a esa señora, mostrome en la misma villa de Madrid un hombre que estava espirando. Y en acabando de espirar, vi cómo vinieron los clérigos con la sancta cruz, y entraron en la casa del difunto a encomendarle el cuerpo. Y yo pregunté a mi sancto ángel quién hera aquella persona difunta. Respondiome: ‘Persona es que te pesará arto dello’. E no me dixo más. Y tornando yo en mis sentidos, conoçí era nuestro devoto Gonçalo de Durango, y por eso dixe entonçes hera difunto”.
Y esta bienabenturada que lo veýa, suplicava a Nuestra Señora que entrase dentro de la ymagen su spíritu, pues hera tan hermosa, y dende allí escuchase las oraçiones que le hazían, y en espeçial las suyas, porque ella viese que no caýa en vaçío hechos delante su preçiosa ymagen, como algunas vezes tienen las gentes crédito, que no está allí donde la llaman. A los quales pensamientos y suplicaçioness, respondió Nuestra Señora, y dixo: “Por estar nuevamente puesto este maderno en esta ymagen mía, no quiere Dios, ni a mí plaze, entrar dentro en ella hasta que se consagre o vendiga, de manera que se haga digna e perteneçiente de mí por virtud de la consagraçión justa que devidamente deven tener las ymágines, e yglesias enteras, y altares aparejados y limpios al culto divino”.
Y la noche siguiente vido la bienabenturada, a ora de los maytines, una visión muy gloriosa. Y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico, en bestiduras pontificales, çercado y acompañado de muchedumbre de ángeles, y sanctos y sanctas. Y estava junto a la dicha ymagen de Nuestra Señora, a la qual bendeçía con palabras muy devotas e reverençiales, y cantares y dulçes sones que hazían los ángeles con diversos ynstrumentos, de las quales palabras y cançiones no pudo colegir esta bienabenturada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelaçión, hera octava de la dedicaçión de la yglesia, y las çeremonias que Nuestro Señor hizo en la consagraçión de esta sancta ymagen fueron muchas. Estava bestido como obispo, y la ymagen, que estava bestida de sedas, según es uso adereçar las ymágines, a deshora pareçió toda desnuda y alçada en alto, teniéndose con el poder de Dios. Esto hera antes que el Señor la bendixese, el qual día hizo llamamiento a los sanctos ángeles para que viesen lo que hazía en aquella ymagen, y assimismo los demonios, para que huviesen miedo y viesen la virtud que Dios ponía en su sancta Yglesia e ymágines y altares. E por fuerça se lo hazían mirar y reverençiar, que dava poderío a la sancta madre Madre Yglesia que vençiese ella al demonio, e deshechase con baldón, y resçiviese a Dios Jesuchristo y a su sancta Madre con reverençia e honor.
E para esto bendeçía y deçía a altas vozes el mesmo Señor, desde su alto trono: “''Ego sum quis me et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir: “Yo [fol. 120v] soy Yabé, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Çielo moro, soy rey eterno que rixo los coraçones cathólicos y devotos. El mi adversario los perturba, empero yo soy el que los agosiego; él los derrama, yo los allego; y él los disipa, yo los proqueo; él los destruye, yo los edifico; él los ensuçia, yo los alimpio; él los enturbia y revuelve y haze oler mal, yo los purifico y hago bien oler suavíssimo. Sé de lo malo hazer bueno. Y de lo no lympio, hazer limpio. Y de lo ymperfeto, hazer perfeto, e loable y agradable”. Y volvía sus preçiosos ojos a la ymagen de Nuestra Señora, e dezía: “¿Quién te deçía madre mía?”. E poníale muchas cruzes hechas joyeles. Estando ella ansí desnuda, la çercava toda, espeçialmente la caveça, frente y gesto, y los pechos y espaldas, e hombros y braços y manos, con todo el cuerpo hasta los pies, que significavan los çimientos de la sancta madre Madre Yglesia. Y después de muchas bendiçiones que el Señor deçía, dixo cantando aquella antíphona que dize: “''Hanc quam tu des picies, Maniche, & mater mea est, & de manu mea fabricata''”. Y respondían los ángeles con muy claras vozes, diziendo: “''Fons hortorum, redundans gratia mundum, replens celi numeribus, mater Dei fecundans, omnia nos instarams, supernis sedibus flores hortum, mox ab infantia admirandus fulsit virtutibus, eam dian candens flos multiplicat virgule decorem, conceptus glorificat Maria pudorem''”. Y mientras estas antíphonas y cançiones se deçían, pareçió a deshora la ymagen de Nuestra Señora, bestida de las mesmas bestiduras de muger, y puesta en su altar como primero estava. Y los demonios quedáronse mesando y arañando, y dando gritos e aullidos, y la visión de Nuestro Señor desapareçió, roçiando la casa con agua bendita, y la bienabenturada quedó muy consolada.
Y pasados los dos días que la sancta ymagen estava en su çelda, ayuntáronse allí el abbadesa y monjas, diziendo a la sancta virgen que yban por la ymagen, ymportunándola el abbadesa que, pues estavan allí todas, les dixese alguna cosa de las que Dios les mostrava. Respondió, diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las imágenes, y se sirve que las aya en la sancta madre Madre Yglesia, y que sean honradas y beneradas por nosotros peccadores, pues el mesmo Dios de los Çielos vino a la [fol. 121r] vendecir y a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud y devoçión quando se tiene en el coraçón; y bien se pareze, según yo vi en una revelaçión que el Señor fue servido de me mostrar, quánto Él ama y honra la sancta madre Madre Yglesia y a sus sanctas ymágines por amor della”.
Y dixo la revelaçión susodicha, y añidió, diziendo: “Me dixo mi sancto ángel, después que desapareçió el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios, que si en un madero alla Dios bescosidad y no quiere que su sancta madre le quiera y tenga por su ymagen, hasta le haver alimpiado y puesto en él dignidad de bendiçión suya, como la tiene la sancta Yglesia, ¿qué tales estarán las ánimas, que llenas de pecados, están ensuçiadas y asquerosas?, ¿cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas, ni su sancta madre con graçia y piadosa caridad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas peccadoras por espeçial graçia de Spíritu Sancto, sin el qual ninguna cosa es buena, ni justa ni sancta, ni digna ni açepta a Dios? Y por semejante, con los dones del sancto spíritu, las cosas que son d’él preçiadas e baxas, Dios las ensalça y tiene en ellos thesoros muy grandes, aunque ascondidos a los ojos de las personas de la Tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los sanctos en sus obras, y las ymágines en sus altares, y los altares en sus yglesias, y las yglesias en sus sacramentos, y los sacramentos en la cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en el sancto baptismo y remisión de los peccados’”. Y acavado esto, dixo la bienabenturada: “Bien se pueden llevar la sancta ymagen”; la qual llevaron el abbadesa y monjas con mucha devoçión y reverençia con candelas ençendidas, cantando el ‘''te deum laudamus''’, al coro, y la pusieron en el altar acostumbrado. Y de aý adelante, se consolaron mucho las monjas con esta ymagen.
E tornando en sus sentidos, esta bienabenturada llorava con muy grande humildad y contriçión, y con muchos gemidos se llamava peccadora y yngrata a los dones que de Dios tenía resçividos. Y con palabras muy amorosas y dulces, haçía grandes esclamaçiones al Señor, supplicando a su Alta Magestad le perdonase las faltas que havía tenido en no serle tan agradeçida como hera obligada a los benefiçios d’Él resçividos, y le diese graçia se encomendase, que tal propósito tenía con su ayuda.
Dixo a las religiosas esta sancta virgen: “Quiéroos contar una cosa que el Señor fue servido de mostrarme, de lo qual mucho me maravillé. Un día de la señora sancta Sancta María Magdalena, llevándome mi sancto Ángel, estando yo elevada al lugar donde está su cuerpo por que yo ganase los perdones que están otorgados en aquella yglesia, y pasando por una çiudad que está en este reyno de Castilla, llevándome entre sus alas, vi en un campo, çerca de la mesma çiudad, unas muy grandes llamas. Vi salir un ánima más clara que el sol, y dos ángeles que la llevavan de los braços, y otro ángel yba delante della con una muy resplandeçiente cruz en las manos, y todas subían tan apriesa a los altos Çielos como un rayo. Y viendo yo esto, muy maravillada, dixe a mi sancto ángel: ‘Señor, ¿qué es esto?’. Respondió: ‘¿Qué te pareçe a ti dello?’. Y yo supliquele me declarase qué hera. Dixo: ‘Sí haré, por que veas quánto aprovecha la gran contriçión, aunque sea en breve tiempo. Esta ánima, que as visto tan [fol. 122r] resplandeçiente e clara subir ahora a los Çielos tan apriesa −no se deterná hasta ser puesta ante el poderoso Dios− hera de un hombre muy peccador, y aquella gente que viste çerca del gran fuego donde ella salió le havían muerto por mando de la justiçia. Y la muerte que le dieron fue quemalle porque havía hecho un peccado lo más de su vida muy creminoso, por el qual mereçió muerte spiritual y corporal, y ya en la vejez fue acusado d’él por sus próximos a la justiçia, la qual le mandó prender. Y traýdo ante el juez con muchas prisiones en sus pies y manos, díxole: ‘Aquí heres acusado de un gran crimen que as hecho, niégalo o confiésalo’. Respondió el dicho hombre: ‘No quiera Dios que yo niegue la verdad, que para confesar mi delito no he menester testigos, mas de confesar yo la verdad ante Dios y ante vos. Yo he hecho ese peccado dende que me acuerdo ser hombre hasta la hora que me prendieron. Y dende entonçes propuse en mi coraçón de nunca más hazerle, aunque pudiese y para ello tuviese salud y libertad, y esto por amor de solo Dios. Y mucho me pesa por le haver cometido, no por la pena que merezco por ello, sino por la offensa que he cometido contra Dios’. Y oyendo el juez la confisión, que haçía tan clara y sin temor, maravillose mucho, y díxole: ‘Mira lo que diçes, no sea eso con desesperaçión’. Respondió: ‘No, sino con verdad y dolor de mi peccado’. Díxole el juez: ‘¿Qué quieres que hagamos de ti?’. Respondió: ‘Pagar mi delito según lo merezco’. Y oyendo esto el juez, mandole meter en la cárçel, y dende a çiertos días, requiriole con la misma pregunta. Y él respondió lo mesmo que havía dicho, y ansí lo hizo por tres vezes. Y la postrera vez dixo al juez que le rogava mucho no le hiçiese más preguntas, sino darle la pena que mereçía por su peccado. Y assí fue sentençiado a la pena que as visto, que le quemasen, mas no vivo, sino primero ahogado. Y dígote que si este hombre quisiera, no muriera, porque el juez le diera la vida con alguna pena corporal. Mas no quiso sino morir pagando su peccado con [fol. 122v] mucha contriçión, por la qual esta bienabenturada ánima será sentada en la juridiçción de la sancta Sancta María Magdalena e del sancto ladrón, porque todas las personas que an sido grandes peccadores y se salvan mediante la Passión de Dios e por vía de gran contrición en breve tiempo y hora venida, como fue la del ladrón y de otras semejantes, quiere Dios estén en la dicha juridiçción. Y en esto que te he contado, podías conoçer quánto vale la contriçcón que es de coraçón con propósito de enmendarse. Tómalo para tu aviso y de tus hermanas las religiosas, y a quien más te pareçiere deves dar el tal consejo.
”Preguntasme qué penitençia y penas padesçidas en la vida serían bastantes para después no yr a Purgatorio ni sentir sus penas. Los peccados son tan grandes que no son bastantes las penitençias y penas del mundo para quitar el Purgatorio, mas son bastantes las virtudes para salvar el ánima sin Purgatorio. Y juntadas las penas y enfermedades con las virtudes, son bastantes para no sentir el Purgatorio. Y las virtudes que an de tener son tres: la primera, grande amor de Dios para obrar por Él con fe e amor muchas cosas; la segunda, caridad con Dios y con sus próximos, no turbándolas y teniendo tanta caridad con los difuntos que, si estuviese un ánima en mucho fuego penando, dixese la tal persona: ‘Quítese esta alta alma de esta pena, que yo la padesçeré por ella’; la terçera virtud es tener tan grande esperança, que ni por muchas penas ni tribulaçiones, de cualquier manera y condiçión que sean, no quite a la persona la esperança de Dios. Es tan malo el peccado, que las gentes del mundo deven tener gran cuydado de guardar sus ánimas de no caer en peccado, y si cayeren en él, antes que salga el sol trabájese el que cayere en peccado de salir d’él antes que se ponga el sol. Los religiosos se deven guardar de la murmuración, por liviana que sea, que es muy peligrosa para la salvaçión del alma, y en espeçial quando es contra los perlados, [fol. 123r] porque el mayor peccado que los religiosos tienen es este, y tener en poco sus mandamientos; porque es semejante a la offensa de Dios, aunque no en la substançia. Y así sería, en los peccados de los religiosos, muy livianos, sino por este que los agravia. El lugar apartado ay de pena en el Infierno y en el Purgatorio, donde señaladamente ay senos de grandes penas por sí, donde padeçen muy crueles tormentos las ánimas que en este peccado cayeron, porque dellos se salvan y otros se condenan. Y para la satisfaçión de esta culpa, es menester el perdón de la Yglesia, ansí de la triunfante como de la militante: porque la Yglesia es con Dios, y Dios con la Yglesia; y quando la Yglesia perdona, perdona Dios; y quando Dios se enoja, y está ayrada la Yglesia, y quando la Yglesia se aplaca, Dios. Y para esto, es menester el ruego de los sanctos, y la confisión de la boca y contriçión del coraçón, y la satisfaçión de la obra, la qual es haçer bien a quien les haze mal, no murmurando de quien los injuria, perdonar qualquier mal que les sea hecho, y rogar por quien los persigue, aunque les parezca y conozcan tienen razón y justiçia en las quejas que dan de las contrariedades hechas a ellos por las criaturas.
A la qual suplicaçión respondió el poderoso Dios, diziendo: “Sí, he resçivido, y bien me an sabido, y muy mejor me sabrán las mesmas personas, que son las oraçiones y ánimas. Y las ánimas que yo como an de estar tiernas, como novillo y ternera que tienen la carne sabrosa, y no dura como las terneras viejas, que estas tienen la carne dura y desabrida. Y entonçes está el ánima tierna e sabrosa, como ternera, quando está tierna en el coraçón, e obrar la palabra de Dios y sufrir por amor d’Él todas las penas y tribulaçiones que se le offreçieren; y la carne dura y desabrida, de la bacca vieja, se entiende por el ánima endureçida en peccados y malas costumbres, la qual, aunque oye la palabra de [fol. 125v] Dios, no tiene el coraçón tierno para resçivirla y obrarla, mas antes está endureçida, y en su dureça y penitençia y desaprovechamiento de toda buena obra”.
La sancta virgen, oýda la respuesta del Señor, suplicó, diziendo: “Mi Señor, la alma endureçida, ¿qué remedio o penitençia podría hazer para alcanzar la graçia y perdón de vuestra gran clemençia?”. Respondió su Divina Magestad: “La tal alma á menester desollar el pellejo y apartarlo de sí, assí como se aparta el jabón del paño de que está jabonado, y como se aparta la mano de la masa de que está amasada, y como se aparta el suero de la quajada de que es bien apretada”. La bienabenturada tornó a preguntrar al Señor, diziendo: “Señor mío y Dios mío, ¿de qué manera se á de desollar la misma persona el pellejo?”. Respondió el Señor: “Con apartar y deshechar de sí la vieja y mala costumbre del peccado, porque yo estoy mirando y contemplando toda ánima devota, y veo todos sus buenos desseos, y pensamientos y cogitaçiones, y me deleyto y goço con ellos. Y por semejante, miro el ánima endureçida en mal obrar, y la contemplo, y ayrado le estoy diziendo: ‘Conviértete, ánima, a mí, mira que soy tu Dios, y tu criador y redemptor. Conviértete a mí’. E aunque me aýro contra la tal ánima viviendo en la carne, no me aýro del todo hasta que sale del cuerpo. Y quando estoy ayrado contra las tales ánimas que no se enmiendan ninguna vez, alço mi poderoso brazo en mano, con yra, para castigar mis offendedores. Mas los abogados çelestiales, en espeçial mi madre sancta Sancta María, con sus muy humildes ruegos, me haze abajar la mano; y algunas vezes me escondo a mi piadosa madre, porque no me ruegue ni pida virtudes para las ánimas injustas. E asta ora la veo cave mí, de rodillas, rogando por todo el humanal linaje”.
Y dixo la bienabenturada: “Mi Señor, ¿con qué castigará vuestra Divina Magestad?”. Respondió su gran clemençia: “Con una bara que yo tengo de yerro para castigar a quien yo quiero”. Y dixo la sancta virgen: [fol. 126r] “¿Cómo, mi Dios y Señor, vara tiene de yerro, y no de oro?”. Respondió el poderoso Dios: “Quando quiero, la torno de oro, y de azero u de plomo, y de otros metales, según la manera de castigar; porque algunas personas castigo con bara de oro, y a otras con bara de yerro, o de azero o plomo. Esto es para las personas muy reveldes y duras en la enmienda de sus peccados, y en esto no te quiero más declarar. Quando yo estava subido y enclavado en la cruz, tuve capítulo general a todo el mundo, assí çelestiales como terrenales e infernales, y púseme en medio de todo el mundo en aquella cruz muy alta para que me viesen y conoçiesen todos cómo hera yo, su redemptor. Porque assí como el perlado se asienta a tener capítulo en lugar donde todos sus súbditos le vean y conozcan, assí, por semejante, estuve yo en la cruz, diziendo a los ángeles y a las criaturas, y a las aves y a las piedras: ‘Ansí que muero, ¿quién me á compasión?’. Y por cada una de mis llagas y heridas salían sermones y palabras, las quales embiava el Padre mío çelestial, como ruydo de muchas aguas, las quales palabras oyen los ángeles. Y por las unas llagas, salían palabras pidiendo al Padre mío misericordia para mis atormentadores, y por las otras llagas salían palabras pidiendo justiçia, y no para que se condenasen, mas para que en esta vida les diese a sentir mi Padre çelestial qué cosa heran llagas y conoçiesen y sintiesen qué cosa heran dolores, los quales yo padesçía por ellos, y porque se mereçiesen salvar. Y por la boca me salieron siete palabras, que cada una hera un sermón, que nunca se olvidó ni olvidará, hasta la fin del mundo. Y assí estava puesto en la cruz, rogando por todas las penas nasçidas y por nasçer”.
que tiene la virgen madre
delante sancta Sancta María.
Podréis vuestra mano darme
y encomendaos a mi Madre;
llamad a santa Santa María,
ella os ofrecerá a mi Padre,
* Vicaria, señora santa Ana.
* Tornera, señora santa Santa María Magdalena (y dixo que quería ser nuestra tía).
* Sacristán del coro bajo, señor san Alexo (y dixo que, quando fuessen las religiosas a confessar, le rezassen un ‘Pater Noster’ y una ‘Ave María’, y que les acordaría los pecados).
''Revelación del aparecimiento de la Madre de Dios de la Cruz''.
Dixo nuestra madre santa Juana: “Muchas vezes he visto en el año a Nuestra Señora venir a visitar a esta su santa casa, de la qual muestra tener especial cuydado y deseo que su santo aparecimiento sea estimado, porque no fue una vez sola la que su Magestad se apareció en este lugar, mas nueve días arreo me dixo mi santo ángel fueron los que se apareció. Y el primero fue el primer día del mes de março, hasta el noveno, que es el postrero aparecimiento y más público, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quería le hiziessen allí su iglesia. E cada año, en este día en el qual se celebra su santo aparecimiento, la he visto [fol. 35r] venir a hora de la media noche en una processión muy admirablemente ordenada, soleníssima e apostada de muchas riquezas y resplandores de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y santos y santas, e también vienen con su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio y, ansimismo, vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del santo aparecimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas de los bienhechores, algunas d’ellas, son libradas de penas, e a otras las trae Nuestra Señora con licencia de su precioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preciosa processión viene al monasterio con muy grandes cánticos e músicas celestiales e instrumentos de diversas maneras de melodía, y antes que entre en la iglesia y casa, da una buelta e bendize Nuestra Señora los campos e tierras e frutos en ella aparecidos media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio y bendize las religiosas con grande amor, y dize: “‘Esta casa es mía y no [fol. 35v] la tengo de olvidar. Mío es este lugar, yo no lo entiendo a olvidar, y pues no lo entiendo olvidar no quiero dejarle de visitar. Estad constantes en los trabajos e penas presentes e por venir, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito, si os contentáis, siervas mías, con mi depósito; si no, daldas a quien os las guarde y guardaldas vosotras, por que deis buena quenta a Dios, mi hijo, el día del Juicio e merezcáis reynar con Él para siempre’. E manda algunas vezes a los santos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabeças de rosas blancas y coloradas, y d’estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la santa processión al coro y allí está hasta que se dizen los maytines ''[7]'' y ansimismo está Nuestra Señora con toda la compañía en la missa e sermón, e bendize los pueblos que vienen a celebrar su santo aparecimiento y ruega a su precioso hijo, estando en el sacro sacramento del altar, por las religiosas que habitan e moran en su casa e por todos sus devotos, e muy en especial por los que allí presentes están, les otorga los perdones [fol. 36r] de su santa Iglesia. Y dize Nuestra Señora: ‘Norabuena venga Dios trino y uno, verdadero hombre celestial, a estar en el santo sacramento del altar, y con Él la corte celestial. Bendiga Dios a la compañía humanal. Soy la bienaventurada Madre de Dios e vosotras, bienaventuradas’. Y quando se quiere yr la processión, despidiéndose del altar alça Nuestra Señora su preciosa mano e, santiguando los pueblos dándoles su santa bendición, luego desapareció y toda la compañía celestial, y a mí tornome mi santo ángel en mis sentidos corporales. Y quando estas cosas veo e oygo, que es este día de Nuestra Señora, dize e haze algo en la processión que viene su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su iglesia e casa, plaçe a Dios lo vea estando en mis sentidos y que, a la despedida, me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e gracias que Nuestra Señora tiene alcançados del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa iglesia donde ella se apareció, que si las gentes lo supiessen vendrían de muchas partes de rodillas por ganar tanto bien para sus ánimas; que como Nuestra Señora, con tan gran deseo y caridad que tiene que las ánimas se aprovechen, [fol. 36v] pidió una sublimada merced a su precioso hijo, y es que le otorgasse tantos perdones en esta su santa casa y yglesia como ebras de yervas e de cosas de flores e ojas estuvieren nacidas en la tierra, media legua a la redonda del lugar donde ella puso la cruz con sus preciosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto desde que se edificó esta santa iglesia y casa. Y más me dixo mi santo ángel: que están concedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de santa Santa María de los Ángeles. Y ansí se entiende que, aunque no vengan confessados ni rezen cosa señalada, sino viniendo contritos a visitarla, y ansimesmo quien rezare nueve ‘Avemarías’ o otras qualesquiera oraciones (en tal que no sean menos de nueve y sean de Nuestra Señora, offrecidas a los nueve aparecimientos que se apareció a Inés), ganarán muchas gracias y les será otorgada la petición que justamente pidieren a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren, y muy más lo ganarán rezándolo los propios días, que es el primero día del mes de março hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo. Y quien hiziere dezir [fol. 37r] nueve missas a Nuestra Señora, en reverencia d’estos nueve aparecimientos, será socorrido en su tribulación y aprovechará mucho a los difuntos.
La manera en que se mostrava su Magestad cada un día de los aparecimientos: fue primero de poquito bulto; el segundo como quando era niña recién nacida; el tercero como de tres años, que la offrecieron al templo; el quarto como de la edad que fue desposada con el santíssimo Joseph y el hijo de Dios encarnó en ella; el quinto de la edad que fue a visitar a santa Isabel; el sexto como quando parió al hijo de Dios (y en este día quien rezare es bien tenga memoria de la fiesta de la santa O); el séptimo como quando le presentó en el templo; el octavo como quando fue huyendo a Egipto (y en este día quien rezare tenga memoria de la fiesta de las nieves); y el noveno como quando estava al pie de la Cruz. Y quien rezare tenga memoria de su muy gloriosa asumpción, porque otros santos aparecimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.
''Capítulo de una revelación que vio nuestra madre santa Juana tocante a esta imagen de Nuestra Señora, la que consagró el Señor, y fue d’esta manera.''
Tiniendo el monasterio de santa Santa María de la Cruz una imagen de Nuestra Señora, la qual era de bulto muy antigua, y las monjas, sabiendo que la avía bendecido [fol. 44v] un obispo, tiniéndola mucha devoción porque algunas veçes la avían visto hazer milagros, y sacándola en processión los días del santo Aparecimiento y por ser tan antigua, renováronle el gesto por un entallador, cortándola de la garganta arriba y pusiéronle otro gesto. Y trayéndola al monasterio fueron las monjas a la ver e saludar, e a algunas les pareció mejor el gesto y a otras que no, y desconsoláronse mucho de manera que vinieron en alguna diferencia de palabras, e sabiéndolo esta bienaventurada mandolas llamar y díxolas: “Muy maravillada estoy, hermanas mías, de la desconsolación que tenéis del renovamiento de la santa imagen. Dado caso que aya razón, por la falta de la imperfeción de la pintura no ser tan aplaciente a vuestros ojos, pero aunque sean feas las imágenes, es cargo de conciencia no tenerlas en mucha reverencia y estima, en especial si las tales imágenes son de Dios y de Nuestra Señora, que estas tales, feas o hermosas, son dignas de muy grande acatamiento. Y ruégoos, señoras, que hagáis aquí un [fol. 45r] altar en esta nuestra celda y traed aquí la santa imagen, aunque yo sea indigna d’ella, que si pudiesse ya abría ido al coro de rodillas a adorar y saludar a su alta Magestad”. Y traýda la imagen a la celda de la santa virgen y puesta en el altar, rogolas que la dexassen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplación, vido a Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníasele encima de la imagen suya y deçía: “Yo me contento d’esta imagen y la escojo y acepto para mi morada y aposento, e como en trono mío resplandezca en ella; mi spíritu se goça porque los pecadores conmigo abrán refrigerio y consolación e yo les ganaré de mi hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”. Y esta bienaventurada, que lo veýa, suplicaba a Nuestra Señora entrase dentro en la imagen su espíritu, y pues era tan hermosa dejole allí escuchasse las oraciones que le hazían, en especial las suyas, por que ella viese no caýa en vacío hechas delante de su preciosa imagen, como algunas veçes tienen las gentes crédito no está allí donde la llaman; a los quales pensamientos y suplicaciones [fol. 45v] respondió Nuestra Señora e dixo: “Por estar nuevamente puesto este madero en esta santa imagen mía, no quiere Dios ni a mí place entrar dentro en ella hasta que se consagre o bendiga, en manera que se haga digna y perteneciente de mí por virtud de la consagración justa, que debidamente pueden tener las imágenes e iglesias e altares aparejados e limpios al culto divino”. E la noche siguiente vido la bienaventurada a hora de los maytines una visión muy gloriosa, y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico con vestiduras pontificales, cercado e acompañado de muchedumbre de ángeles e santos e santas, y estaban junto a la imagen de Nuestra Señora, a la qual bendecía con palabras muy devotas e reverenciales, e cantares e dulces sones que hazían los ángeles con diversos instrumentos, de las quales palabras e canciones no pudo colegir esta bienaventurada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelación era octavo de la dedicación de la Iglesia, e las ceremonias que Nuestro Señor hizo [fol. 46r] en la consagración d’esta santa imagen fueron muchas. Estaba vestido como obispo y la imagen, que estaba vestida sigún es costumbre adereçar las imágenes, a desora pareció toda desnuda e alçada en alto, tiniéndose con el poder de Dios. Esto era antes que el Señor la bendixesse, el qual hizo llamamiento a los santos ángeles para que viessen lo que hazía en aquella imagen y ansimesmo a los demonios, para que hubiessen miedo y viessen la virtud que Dios ponía en su santa Iglesia e imagen y altares, e por fuerça se lo hazían mirar e reberenciar, y que daba poderío a la santa Madre Iglesia que venciesse al demonio e le desechasse con baldón e recibiesse a Dios Jesucristo y a su santa Madre con reverencia e honor, e para esto bendecía e dezía en altas vozes el mesmo Señor desde su alto trono: “''Sum qui sum et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir “Yo soy el que soy, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Cielo moro, soy rey eterno que rijo los coraçones católicos e devotos, que mi adversario los perturba, empero [fol. 46v] yo soy el que los sosiego; él los derrama, yo los allego; él los discipa, yo los recreo; él los destruye, yo los edifico; él los ensucia, yo los limpio; él los enturbia y rebuelve y haze oler mal, yo los purifico e hago oler suavíssimo. Si de lo malo <malo> hazen bueno, e de lo no limpio hazen limpio, e de lo imperfecto hazen perfecto e loable e agradable...”, e bolvía sus preciosos ojos a la imagen de Nuestra Señora e dezíale “¿Quién te desprecia, Madre mía?”. Y poníale muchas cruces hechas joyeles; estando ella ansí desnuda la cercaba toda, especialmente la cabeça, frente y gesto y los pechos y espaldas e ombros e braços e manos, todo el cuerpo hasta los pies, que significaban los cimientos de la santa Madre Yglesia. E después de muchas bendiciones que el Señor dezía, dixo cantando la antífona que dize: “''Fons hortum, redundans gratia mundum, replens superni edibus florens hortus mox'' [fol. 47r] ''ab infantia, admirandis fulsi virtutibus e anadian eandes flos multiplicant virgule decorent, conceptus glorificat Maria pudorem. Amen''”.
Tras estas santificaciones e cançiones que se deçían, pareció a desora la imagen de Nuestra Señora vestida de las mesmas vestiduras de antes y puesta en el altar como primero estaba, e los demonios quedáronse mesando e arañando e dando gritos e ahullidos, e la visión de Nuestro Señor desapareció roziando la casa con agua bendita, e la bienaventurada quedó muy consolada. Y passados dos días que la santa imagen estaba en su celda, ayuntáronse allí la abbadesa y las monjas, diziendo a la santa virgen que iban por la imagen e, importunándola la abbadesa, pues estaban allí todas, les dixesse alguna cosa de las que Dios le mostrava; respondió diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las imágenes que se sirve que las aya en su santa Madre Iglesia, y que sean honradas y veneradas por nosotros pecadores, pues el mismo Dios de los Cielos vino a la bendeçir [fol. 47v] e a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud e devoción quando se tiene en el coraçón. E bien se parece, según yo vi en una revelación que Nuestro Señor fue servido de mostrar, quánto Él ama e honra la santa Madre Iglesia y a sus santas imágenes por amor d’ella”, e dixo la revelación susodicha, ”y díxome mi santo ángel después que desapareció el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios que si en un madero halla Dios voscosidad y no quiere que su santa Madre le tenga por su imagen, hasta le haver limpiado e puesto en él dignidad de bendición suya, como la tiene la santa Madre Iglesia, ¿qué tales estarán las ánimas que llenas de pecados están ensuciadas e asquerosas, cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas ni su santa Madre con gracia e piadosa charidad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas por especial gracia del Spíritu Santo? Las cosas que son despreciadas e bajas Dios las ensalça e tiene en ellas thesoros muy grandes, aunque escondidos a los ojos de las personas [fol. 48r] de la tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los santos en sus obras, e las imágenes en sus altares, e los altares en sus iglesias con sus sacramentos, e los sacramentos en la Cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuscrito y en el santo baptismo y remissión de los pecados’”.

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