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Juana de la Cruz

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Plugo a Nuestro Señor de llevar de esta presente vida a su madre desta [fol. 5v] bienaventurada, la qual llamavan Catalina Gutiérrez, y a su padre, Juan Vázquez. Como esta honrada dueña huviese vivido muy cathólicamente, y assí fue su fin, mirando ella los cargos de su consçiençia, acordose de la promessa que havía hecho a Nuestra Señora de llevar a esta bienaventurada su hija, con su peso de çera, a velar una noche a la casa de la Reyna de los Çielos llamada Sancta María de la Cruz. Rogó a su marido lo cumpliese por ella, y él se lo prometió de lo complir lo más presto que pudiese. Y quando esto pasava entre los dos, estava delante la bienaventurada su hija Juana de la Cruz, y ella, con cuydado, miró la promessa de su madre. Y como su padre quedó obligado de la cumplir y ella tenía muy gran desseo que se cumpliese, e decía entre sí: “Mi padre se descuyda en cumplir esta promessa, bueno será que me vaya yo a aquella sancta casa y me quede en ella para perpetuamente y así se descargará la conçiençia de mi madre”, y esto dezía con conosçimiento que tenía que se an de cumplir las cosas que prometen a Dios y su bendita madre. Y como esta bienaventurada quedó en casa de su padre, creçían en ella muy grandes fervores e ansias de ser religiosa y hazer mucha penitençia por servir y agradar a Dios, a quien ella tan dulçe y perfetamente amava.
Y creçiendo en hedad, empezava a poner en obra sus fervorosos desseos. Y tenía una tía, hermana de su madre, donzel[la] y de muy sancta vida, en quien Nuestro Señor mostró muy claro y manifiesto milagros e maravillas, con la qual ella se consolava y comunicava mucho. Y en este tiempo metiose religiosa esta su tía en la orden Orden de Santo Domingo, en un monasterio que se llama Sancto Domingo el Real de la çiudad de Toledo, en el qual vivió y acavó su vida muy sanctamente. Y la bienaventurada Juana de la Cruz sintió mucha soledad en faltarle tal [fol. 6r] compañía e conversión, y que fuera mucho yrse con ella a ser religiosa. Y rogolo y pidiolo con muchas lágrimas a su padre y agüela, y ellos no se lo quisieron conçeder, diziendo que tenía poca edad y no podría llevar las asperezas de la religión, que serían muy grandes. Y esto dezían ellos porque la amavan mucho y no la querían quitar de su compañía. Hera en gran manera bien acondiçionada y obediente a su padre, y muy hermosa. Y viendo ella que aprovechava poco rogallo, calló por entonçes con prudençia, y pensava entre sí: “Yr yo a ser religiosa a aquel monasterio, por estar allí mi tía, no es perfeçción, mas quiero yr a otro qualquier monasterio por solo Dios y su amor, y serville e aplaçerle”. Y este desseo creçía en ella de cada día.
Y la tía desta bienaventurada hera muy sancta y muy amada de Dios, el qual le mostrava muchas revelaçiones. Y le mostró y reveló que su sobrina havía de ser muy gran criatura y de muy singulares graçias y dones spirituales. Y contando esta revelaçión a la priora de su monasterio, fue por ella con grande aýnco, procurada y deseada para su orden y monasterio, y con mucha diligençia y ruego la pedía a su padre y parientes se la diesen para monja. Y como todos la amavan mucho no conçedieron el ruego de la priora. Y viendo la priora y monjas que no la podían alcançar por aquella manera, travajavan de hazella hurtar, y tanpoco pudieron. Y en todo este tiempo no cesavan de suplicar a Nuestro Señor, su Divina Magestad, permitiese de traer a su orden aquel tan preçioso thesoro y criatura tan sancta. Y nunca la pudieron alcançar, por quanto no la havía criado Dios para ellas, sino para el reparo de la casa de la Reyna de los Çielos, por cuyos ruegos fue criada.
Dixo la bienabenturada: “Señor, ya no son ellas mis súbditas”. Respondió el sancto ángel: “La religión les otorga liçençia ser humildosas a perladas y no perladas. Y pues en sus coraçones te consideran y tienen en tal grado, no dexando de obedeçer a quien les manda la obediençia y dinidad de sus superiores, bien puede gozar en sus pensamientos de ser tus súbditas, pues no lo hazen fingiendo ni por fuerza. Por tales, las offreçe a Dios, pues las resçiviste en la sancta religión, y recáudales bendiçión de Jesuchristo y de su madre”. Ella dixo: “Recáudasela vos dellas, y a mí”. Entonzes el sancto ángel, alçando la mano, bendixo diziendo: “''In unitate sancti spiritus, benedicat vos pater et filius''”.
Y la sancta virgen [fol. 88r] tornó a dezirle: “Señor, mire que no me mande scrivir lo que me dize, y ¡ay lo que está scripto! Todavía tengo temor me á de venir mal por ello”. El ángel dixo: “No scrivas ya más si no quieres, y di a tu hermana que çese la péndola”. Ella dixo: “Señor, lo que está scripto querría romper, si quisiesen las hermanas romperlo”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Haz penitençia de ese recado, que es más gave que por el que padezes. Ya saves tú que te lo mandé con premio, y te amenazé que te daría Dios muchos dolores acreçentados de Passión y permitiría sobre ti tribulaçiones más que puedes pensar si no lo scrives”. Dixo la virgen: “Señor, yo por eso temo y he temido, mas ya se a hecho vuestro mandato, conténtese vuestra señoría. Y dígame de las hermanas algo más, no me lo mande scrivir”. Dixo el sancto ángel: “Si lo as de scrivir ''[12]'' no te quiero dezir nada que digas público, porque te truecan las palabras y las ponen otro estado al como las dizes, y las dan otro entendimiento contrario a la verdad, y a tu yntençión simple y fiel, y que no deseas offender a Dios ni al próximo, ni condenar tu alma, ni dezir cosa que no sea verdad espiritual y temporalmente a lo que yo he conoçido. Si otra cosa te juzgan, respondo que Dios save la verdad”. Tornó la bienabenturada a preguntar, diziendo: “Señor, ¿qué será de mis hermanas, que nunca me lo havéys dicho, aunque os lo he suplicado?”. Respondió el sancto ángel: “El señor Señor dize por sant Sant Juan, : assí quiero que quede. Yo digo por ellas que s’estén agora ansí, obedeçiendo y honrando a Dios, y a sus perladas presentes y pasadas y por venir, [fol. 88v] y cumpliendo las cosas de su profesión y regla con la ley de Dios y obediençia de la Yglesia cathólica christiana. Y ansí serán salvas si hazen penitençia digna y mueren en el Señor”.
Dixo la sancta virgen que se despidió el sancto Ángel esta vez diziendo el responso de ''requiem eternam''. Y ella quedó muy angustiada, llorando por sus hermanas. Y quando tornó en sus sentidos esta bienabenturada no podía tener las lágrimas, diziendo a ymportunaçión que las monjas le hiçieron viéndola llorar: “Suplicando yo a mi sancto ángel me dixese algo de vosotras, hermanas, respondiome unas palabras, las quales yo no bien entendí y por entonzes él no me las declaró, y an me dado mucha pena, que pienso que el sancto ángel os juzga por muertas o savía algunas reçias cosas venideras sobre vosotras, y por esto tengo tan grande pena”.
Y consolada la gente, tornaron el sancto cuerpo al monasterio, y a ora de conpletas, a la qual hora llegaron çiertos mensageros rogando que detuviesen el sancto cuerpo, hasta que ellas le viesen. Y assí se hiço. Y hecho el offiçio de los padres, fueron a sus monasterios, y dexaron el cuerpo sin enterrar. Y assí estuvo por cinco días, no perdiendo los buenos olores que tenía. Y venidas las señoras por cuyo ruego el sancto cuerpo estava detenido, con el qual mucho se consolaron de ver las maravillas que Dios mostrava en él, pareçioles hera bien, por que las gentes goçasen de esta sancta reliquia, se enterrase en la yglesia y capilla del Sanctíssimo Sacramento. Pero las religiosas, no consintiendo sacar el sancto cuerpo de entre ellas, huvieron de entender en ello los prelados. Y se hiço lo que las [fol. 136r] monjas quisieron, porque hera más justo. Y pusiéronle en una parte donde las religiosas comulgavan, en un hoyo pequeño, quanto cupo el ataúd, y ençima cubierto con yeso de altura de dos dedos, en el qual lugar manifiesta el Señor la sanctidad de esta bienabenturada, sintiendo muy buenos y suaves olores.
En la çiudad de Almería havía una sancta muger que tenía revelaçiones muy verdaderas y comunicava Nuestro Señor con ella muchos secretos, la qual se llamava María de sant Juan. Hera religiosa de la orden Orden de la sancta Sancta Conçepçión, y natural de Casarrubios del Monte. Y como esta sancta muger tenía graçia de arrobarse también, como la bienabenturada Juana de la Cruz, comunicávanse ambas, y estando elevadas en spíritu en el lugar que Dios hera, quiso de ponerlas, y hiziéronse hermanas spirituales. Y yendo todos padres de la orden del glorioso padre sant Françisco, y el uno dellos havía sido perlado mayor de la provinçia de Castilla, persona de mucha auctoridad y letras, a negoçiar con esta sancta muger, María de sant Juan, a un mes que havía pasado de esta vida la bienabenturada Juana de la Cruz, y preguntándole el dicho prelado le dixese del estado del ánima de la madre Juana de la Cruz, respondiole con mucha alegría que: “Tenía mucha gloria, tanta y tan grande como el [fol. 136v] poderoso Dios la da a sus escogidos y los méritos de la bienabenturada Juana de la Cruz mereçieron. Y luego que esta sancta ánima salió de las carnes, voló derecha al Paraýso, y tiene tanta gloria que exçede a muchos sanctos y sanctas, e yguala con los ángeles. Y más os quiero deçir, que por la bondad de Dios yo la he visto estando elevada el día del señor sant Juan evangelista de mayo, que aora hiço quatro días, después de la Ynvençión de la Sancta Cruz de mayo, quando esta bienabenturada salió de las carnes. Y yo la vi en la gloria, tan sublimada que tiene en muy mayores grados que la solía ver. Y maravillándome mucho, pregunté a mi sancto ángel cómo havía tan grande diferençia en la gloria que aora veo a la Juana de la Cruz, que otras vezes no la solía yo ver en gloria tan sublimada. Respondió el sancto ángel que ‘está ya desatada de las carnes, y está en la gloria para siempre’. Oyendo esto, vínome gran desseo de hablarla. Y estando en este desseo, vi a deshora abajada esta bendita ánima donde yo estava, y con mucha alegría me abraçó, e yo ansimismo a ella, y la dixe: ‘¿Cómo, hermana mía, y esto sin mí?’. Respondiome: ‘Sí, hermana mía, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios’. Y dixo havía quatro días hera pasada de esta vida, y en ella havía tenido su Purgatorio, [fol. 137r] y assimismo havía sido juzgada en la carne antes que della saliese. Y dos días antes que espirase, havía empeçado a goçar su ánima de la gloria del Çielo, aunque al pareçer de quien la veýa tenía pena en el cuerpo, porque hera la voluntad de Dios que estuviese detenida aquellos dos días. Y quisiera ella mucho dezir lo que goçava, sino que no podía, ni le es dada liçençia”.
E otras muchas maravillas y milagros se podrían deçir que Nuestro Señor mostró en este tránsito del cuerpo de esta bienabenturada, y después d’él. Por evitar prolixidad,
Estando la santa Juana arrobada en el Cielo llegó a ella un niño y díxole: “Yo soy de tal reyno, donde se me haze fiesta, que subí a este reyno de los Cielos por corona de martirio, siendo de edad de cinco años, y llámome san Andrés. Diles a tus monjas que se acuerden de mí, que yo me acordaré d’ellas, y en particular a Fulana, que la quiero para mi amiga. Mi día es a diez y siete de junio”. Y esta devoción dura en esta santa casa con este santo oy día, y dixo este santo que quería tanto a sus devotas que, si fuera menester tornar a este mundo a padecer por ellas, lo hiziera de muy buena gana.
Entre los muchos ángeles que en particular hablavan a la santa Juana en el Cielo y la pedían los ayudase a rogar por las provincias que tenían a cargo, son ochenta y quatro, y [fol. 25r] supiéronlo las monjas de esta manera, que en bolviendo de los raptos, la importunaban les dixiesse algo para su consolación, y la santa les dezía: “Encomendá a Dios, hijas mías, a tal provincia o tal reyno, que yo os digo que el ángel su custodio, a quien Dios se la dio a cargo, me ha dicho que está dada sentencia del poderoso Dios de destruilla, y me ha pedido le ayude a rogar por ella; hazeldo vosotras también para que se enmienden y alce Dios su yra”. Y estando con ella hablando, llegaban otros y nombrávanse unos a otros, y algunos le pedían lo mismo, y ansí sabía sus nombres y los hizo escrivir; y estos ángeles dezía que eran de los muy altos. Y dixo la santa que el ángel que se llamava san Zupiel es el del güerto, quando el Señor estaba orando en él; y que señor san Laruel fue ángel de guarda del rey David y de san Gregorio y de san Jorge, “el mismo ángel san Laruel, mi guardador, me lo ha dicho, y díxome más: 'Yo he pedido al poderoso Dios que tú seas la postrera alma que guarde, y he suplicado al poderoso Dios me haga general del Purgatorio y hámelo concedido'. Y muchas vezes me lleva consigo al Purgatorio y le veo entrar por las llamas, [fol. 25v] y saca muchas y me las da a mí que las guarde mientras entra por otras ánimas, y llevamos muchíssimas. Y los demonios dan muchos ahullidos y dizen: 'Este rapa almas... , que no basta lo que haze con la que trae consigo, sino que viene a despojar el Purgatorio'. Y véole esgrimir con ellos con una espada, otras vezes le veo echar anzuelos y pescar almas, y dízeme más mi santo ángel: que de todas las personas que os tocan tiene cuydado”.
===[JUANA DESCRIBE A SU ÁNGEL]===
''Revelación del aparecimiento de la Madre de Dios de la Cruz''.
Dixo nuestra madre santa Juana: “Muchas vezes he visto en el año a Nuestra Señora venir a visitar a esta su santa casa, de la qual muestra tener especial cuydado y deseo que su santo aparecimiento sea estimado, porque no fue una vez sola la que su Magestad se apareció en este lugar, mas nueve días arreo me dixo mi santo ángel fueron los que se apareció. Y el primero fue el primer día del mes de março, hasta el noveno, que es el postrero aparecimiento y más público, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quería le hiziessen allí su iglesia. E cada año, en este día en el qual se celebra su santo aparecimiento, la he visto [fol. 35r] venir a hora de la media noche en una processión muy admirablemente ordenada, soleníssima e apostada de muchas riquezas y resplandores de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y santos y santas, e también vienen con su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio y, ansimismo, vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del santo aparecimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas de los bienhechores, algunas d’ellas, son libradas de penas, e a otras las trae Nuestra Señora con licencia de su precioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preciosa processión viene al monasterio con muy grandes cánticos e músicas celestiales e instrumentos de diversas maneras de melodía, y antes que entre en la iglesia y casa, da una buelta e bendize Nuestra Señora los campos e tierras e frutos en ella aparecidos media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio y bendize las religiosas con grande amor, y dize: “‘Esta ‘Esta casa es mía y no [fol. 35v] la tengo de olvidar. Mío es este lugar, yo no lo entiendo a olvidar, y pues no lo entiendo olvidar no quiero dejarle de visitar. Estad constantes en los trabajos e penas presentes e por venir, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito, si os contentáis, siervas mías, con mi depósito; si no, daldas a quien os las guarde y guardaldas vosotras, por que deis buena quenta a Dios, mi hijo, el día del Juicio e merezcáis reynar con Él para siempre’. E manda algunas vezes a los santos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabeças de rosas blancas y coloradas, y d’estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la santa processión al coro y allí está hasta que se dizen los maytines ''[7]'' y ansimismo está Nuestra Señora con toda la compañía en la missa e sermón, e bendize los pueblos que vienen a celebrar su santo aparecimiento y ruega a su precioso hijo, estando en el sacro sacramento del altar, por las religiosas que habitan e moran en su casa e por todos sus devotos, e muy en especial por los que allí presentes están, les otorga los perdones [fol. 36r] de su santa Iglesia. Y dize Nuestra Señora: ‘Norabuena venga Dios trino y uno, verdadero hombre celestial, a estar en el santo sacramento del altar, y con Él la corte celestial. Bendiga Dios a la compañía humanal. Soy la bienaventurada Madre de Dios e vosotras, bienaventuradas’. Y quando se quiere yr la processión, despidiéndose del altar alça Nuestra Señora su preciosa mano e, santiguando los pueblos dándoles su santa bendición, luego desapareció y toda la compañía celestial, y a mí tornome mi santo ángel en mis sentidos corporales. Y quando estas cosas veo e oygo, que es este día de Nuestra Señora, dize e haze algo en la processión que viene su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su iglesia e casa, plaçe a Dios lo vea estando en mis sentidos y que, a la despedida, me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e gracias que Nuestra Señora tiene alcançados del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa iglesia donde ella se apareció, que si las gentes lo supiessen vendrían de muchas partes de rodillas por ganar tanto bien para sus ánimas; que como Nuestra Señora, con tan gran deseo y caridad que tiene que las ánimas se aprovechen, [fol. 36v] pidió una sublimada merced a su precioso hijo, y es que le otorgasse tantos perdones en esta su santa casa y yglesia como ebras de yervas e de cosas de flores e ojas estuvieren nacidas en la tierra, media legua a la redonda del lugar donde ella puso la cruz con sus preciosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto desde que se edificó esta santa iglesia y casa. Y más me dixo mi santo ángel: que están concedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de Santa María de los Ángeles. Y ansí se entiende que, aunque no vengan confessados ni rezen cosa señalada, sino viniendo contritos a visitarla, y ansimesmo quien rezare nueve ‘Avemarías’ o otras qualesquiera oraciones (en tal que no sean menos de nueve y sean de Nuestra Señora, offrecidas a los nueve aparecimientos que se apareció a Inés), ganarán muchas gracias y les será otorgada la petición que justamente pidieren a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren, y muy más lo ganarán rezándolo los propios días, que es el primero día del mes de março hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo. Y quien hiziere dezir [fol. 37r] nueve missas a Nuestra Señora, en reverencia d’estos nueve aparecimientos, será socorrido en su tribulación y aprovechará mucho a los difuntos.
La manera en que se mostrava su Magestad cada un día de los aparecimientos: fue primero de poquito bulto; el segundo como quando era niña recién nacida; el tercero como de tres años, que la offrecieron al templo; el quarto como de la edad que fue desposada con el santíssimo Joseph y el hijo de Dios encarnó en ella; el quinto de la edad que fue a visitar a santa Isabel; el sexto como quando parió al hijo de Dios (y en este día quien rezare es bien tenga memoria de la fiesta de la santa O); el séptimo como quando le presentó en el templo; el octavo como quando fue huyendo a Egipto (y en este día quien rezare tenga memoria de la fiesta de las nieves); y el noveno como quando estava al pie de la Cruz. Y quien rezare tenga memoria de su muy gloriosa asumpción, porque otros santos aparecimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.
Otra vez ablando a la dicha sierva de Dios Juana de la Cruz, el santo ángel la dixo la [fol. 58r] manera del bendezir los cordones con sus nudos, y dixo que en la dicha casa, como ya está dicho arriba, se haga la bendición de los nudos de la manera siguiente: después de hechas las insignias, hanlas de poner en una caxa o en cosa limpia sobre un altar, mientras se dize la missa encima, la qual dicha en la tierra, dixo el santo ángel que Nuestro Señor les daría la bendición en el Cielo, que ansí se lo prometió Nuestro Señor a su bendita Madre y a nuestro padre san Francisco en presencia de los santos ángeles. Y dixo más el santo ángel: que los dichos nudos aprovecharían para muchas cosas allende de las gracias de la ánima, que aprovecharán para mujeres de parto como para morir bien los que están en pasamiento, y también aprovecharán para otras algunas enfermedades espirituales y corporales en las personas que tubieren fe con los dichos nudos, hechos por manos de las religiosas de la casa.
[fol. 58v] Y más dixo el santo ángel a la santa Juana de la Cruz otra vez hablándola: “No pienses que estas cosas son sin misterio divinal, porque te hago saber que, después que se acabó la era del año de mill y quinientos, acá el Señor, por ruegos de Nuestra Señora la Virgen María y de muchos santos, determinó de alargar algún tiempo más el curso del mundo; lo uno por que se acabassen de inchir las sillas del Cielo y lo otro por esperar las gentes a penitencia y conversión. Y quando esto otorgó a la Virgen María, como dicho es, díxole: “‘Madre ‘Madre mía muy amada, yo quiero mucho a mis cristianos, que son hijos de mi sangre, y por eso este pueblo christiano, que es amado de mí y de mi Padre, son herederos de mi reyno; mas no les han de faltar tribulaciones aun a los perfectos y buenos, quánto y más a los que fueren malos, y aun más tribulaciones passarán los buenos que no los malos en tiempos y en vezes, mas yo ruego contino a mi Padre por ellos, [fol. 59r] mostrándole mis cinco llagas en medio de mis pies y manos y costado’. Y el Padre me dixo: ‘Hijo mío muy amado, querría que me dexases levantar en mi fortaleza y dexame oír a la tierra, que clama y anda quexándose que no puede sufrir tan largos tiempos servir a los hombres y a sus generaciones, porque ya sienten cansancio los cielos y estrellas, sol y luna de andar, y aguas y vientos y tierra de dar sus frutos, y las raýces de los árboles y yervas y semillas no tienen fuerças para producir, si de nuevo yo no se las doy. Pues ¿con qué justicia se lo tengo de dar, siendo las gentes tan malas en el mundo? Porque no solamente no sirven bien a la nuestra Magestad, mas aun trabájanse de despreciar y amenguar nuestro serviçio persiguiendo la Iglesia, la qual era razón de aumentar ya los nuestros siervos y siervas cathólicas, mormurándolos y tratándolos mal, tomándoles sus mantenimientos, los quales les avían de dar por que no defalleciessen en nuestro serviçio ni fuesen [fol. 59v] las órdenes y religiones santas disipadas. Que por cierto si esto no se guarda, que me levantaré’, dixo el Padre, ‘y disiparé la gente y la destruiré y mandaré a los vientos y planetas, agua y tierra y sequedad y truenos y tempestades que los persigan y hieran de llagas y tormentos y temores y temblores, hambres y guerras y pestilencias. Serán açotados porque no guardan mi ley y mi fe y mandamientos. Y cada una de las personas pagarán por sí solo sus pecados, aunque las dichas tempestades y tormentos vengan en general’”. Y la dicha revelación traýa el santo ángel escrita en un libro, y mandó a esta bienaventurada Juana de la Cruz que la escribiesse o hiziesse escrivir.
Otra vez le hizo otra habla el santo ángel, diziendo: “Ya te dixe que, después que anda el mundo fuera de era, vienen tiempos muy rezios, y ansí lo es aora en este tiempo que se dan estos nudos bendeçidos por el provecho espiritual de las almas y peligros de [fol. 60r] los cuerpos, y también tendrán virtud para las animalias. Y por esso es bien que algunas se hagan en lana o lino o algodón o estopa, para las bestias, por que las demás lleven las personas, pues Dios no hizo en la tierra criatura más noble como es el ánima racional, que ha entendimiento de ángel. Y por eso toda persona es criatura noble, y muy más noble si es cristiana y devota y en virtudes acabada”. Y assí feneció el habla del santo ángel por esta vez, bendiçiendo él mismo las figuras y insignias ya dichas. Añadió diziendo: “La confirmación de todo esto da el Príncipe de la Paz, que es dicho santo Padre, Christo nuestro Redemptor, a quien tubiere fe y devoción en lo ya dicho”. Y todo esto suso escrito fue dicho y demostrado a la bienaventurada santa Juana de la Cruz en el año de mill y quinientos y veynte.

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