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María García

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Vida de María García
Llegose su muerte, y teniendo consigo veinte y cinco religiosas, llamolas cinco dellas antes de su tránsito, abrazolas y dioles paz. Habló a cada una [fol. 45r col b.] en particular, avisándola en aquello que más sabía convenirle, según su condición. Y a todas en común hizo una plática amonestándoles a mucha paz y caridad unas con otras, a que amasen las virtudes, dioles su bendición y encomendolas a Dios. Las hermanas, con tristeza grande, lloraban tiernamente, ellas las consolaba diciendo que sirviesen a Dios, que nunca su Majestad les faltaría. La mañana antes de su muerte vieron las hermanas sobre su aposento una grande claridad y dentro della una paloma blanca. Otro día, que fue víspera de Sant Anton Abad, a la hora de la alba ''[17]'', estando las hermanas con ella viéronle mover los labios y que rezaba aceleradamente, aunque no entendían lo que decía. Apareció luego una claridad grande sobre su rostro de manera que toda la casa participó della. Veíase volver los ojos a una y a otra parte, daba muestra que se alegraba de lo que veía y así espiró despareciendo la claridad, y fue en diez y seis de enero, día lunes, en el año de mil y cuatrocientos y sesenta y cuatro ''[18]''. Era de edad de ochenta y seis años, después de haber estado los sesenta en aquella casa y religión. Quisiera sepultarse en su sancta iglesia por estar allí sepultado su tío el arzobispo, que fue varón de sancta vida, delante el altar de Sancta María la Blanca, que es el de prima, dentro del coro menor. Y el arcediano de Toledo, que era sobrino, huyó lo que ''[19]'' pretendía. Mas el amor que tenía a los hermanos de su orden, los frailes de la Sisla, fue medio para que mandase que allí la enterrasen. Y cierto desto y de su muerte, los frailes, luego que supieron que era difuncta, porque el arcediano, su sobrino, no lo estorbase, con otros caballeros deudos suyos, habiéndole dicho una misa en tanto que la amortajaban, la llevaron luego a la Sisla. Y habiendo tiempo que no llovía, el mismo día por la tarde llovió tanto que no poco se consoló el pueblo atribuyéndolo mucho a los merecimientos desta sierva de Dios. Estuvo siete días sin enterrar en tanto que se le hacía un lucillo en que fue puesta. Y su cuerpo era visto de todos sin dar mal olor ni mostrar fealdad sino tan tractable que la podían asentar, vestir y desnudar, cerrar sus manos y abrirlas. Y en este tiempo fue fama que obró Nuestro Señor por ella algunos milagros. Fue sepultada noche de Sant Ildefonso ''[20]'' dentro del lucillo, en el coro de la iglesia, cerca del altar mayor. Y el día siguiente de Nuestra Señora de la Paz se le celebraron las honras, y predicó un obispo conocido suyo y dijo della grandes loores.
La casa y congregación desta bendita mujer fue siempre en augmento, así en religiosas que entraban en ella como en el edificio. Estaban subjectas al prior de la Sisla sin guardar clausura, en el cual estado permanecieron hasta el año del Señor de mil y quinientos y ocho, que, de su propria voluntad, las religiosas que en él estaban [fol. 45v col. a] hicieron profesión y tomaron velo y clausura, quedando subjectas al general del dicho Orden de Sant Jerónimo. Es casa de mucha religión y donde siempre ha habido señoras de ilustre sangre y de grande vida y ejemplo. Entre las cuales vivió [[María de Ajofrín]], de quien habemos de ver su vida coligiéndola de los mismos memoriales y libros que la pasada, y es en esta manera. ''[21]''.
===Notas===

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