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Ymportudana Ymportunada de las religiosas, esta sancta y bienabenturada les dixese por caridad qué hera lo que sentía espiritualmente quando la graçia de la elevaçión le venía, respondioles, como madre a hijas que en el Señor mucho amava, diziendo: “Acaésçeme algunas veçes, quando aquella graçia me viene, que me lleno dentro de mí de una dulçedumbre de licor y blancura como de leche. Y quando deste liquor soy casi llena, aún no salgo de mis sentidos, ni se me despide del todo el spíritu para subir e ver y gozar las cosas çelestiales, empero queda mi ánima alegre. E otras vezes, quando esta graçia me da el Señor, no solamente está mi ánima arta, e llena e abastada a todo mi contento, mas aun me sobra este liquor y blancura, e se vierte hasta mis vestidos; e otras vezes, los bestidos y cama a do estoy hechada; e otras vezes sobrepuja tanto, que cama e çelda está llena, e me pareze que más de una bara en alto está toda nuestra çelda llena. Y estando en esto pierdo el sentido, y me hallo donde Dios tiene por bien. E pero sé os deçir que es lugar muy glorioso, y el ánima que allí se halla no tiene más que desear por entonçes, e por las vezes que Dios por allí la quiere consolar, mostrándole su realíssima preferençia por su ynfinita [fol. 47r] misericordia.
sin resumen de edición
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=Vida Manuscrita (1)=
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-luengo-balbas/ María Luengo Balbás] y [http://visionarias.es/equipo/fructuoso-atencia/ Fructuoso Atencia Requena]; fecha de edición: abril de 2019; fecha de modificación: septiembre mayo de 20202021.
== Fuente ==
Estando esta bien˂abentu˃- [fol. 34r] abenturada arrobada en contemplaçión un día de la bienaventurada sancta Bárbara, entre otras muchas cosas çelestiales que el Señor tuvo por bien de le mostrar, vido que pasavan por donde ella estava a sancta Bárbara. Y viéndola ella, llamola, e suplicole que se llegase a ella. E la sancta Bárbara se llegó, e la habló muy dulçemente. E la sancta Juana de la Cruz la pregunta: “Señora, ¿por qué tray vuestra hermosura tan rico, preçioso e resplandeçiente collar a su garganta?”. Sancta Bárbara le respondió que su esposo Jesuchristo se le havía dado porque la havían degollado por su amor. Ansimesmo le dixo: “O, señora mía, qué hermosa palma es esa que traéys en la mano, e cómo resplandeçen esas letras de oro que están scriptas en las hojas, en las qualas viene scripto vuestro nombre preçioso e vuestra sancta vida y martirio. Y bien savéys vos, mi señora, quánto soys mi señora, e quánto os quiero”. E la señora sancta Bárbara le respondió: “Ya lo sé, y así te tengo yo por devota e amiga, e rogué a Dios que os diese esa graçia que ahora tienes”.
Y çesando de hablar con la sancta Bárbara, a deshora llegó a ella un niño, de los chiquitos de teta que se va al Çielo después de su muerte por sola la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo e virtud del sancto baptismo, el qual niño la dixo: “Otra vez te he hablado, y te dixe que dixeses a mi madre que castigue a sus hijos dende chicos, y también quando grandes; si no, que lo pagará delante de Dios, e le será demandada estrecha cuenta. E yo doy graçias a Dios, que me truxo a este reyno en mi niñez, que si llegara a ser grande, por mis peccados e mal recogimiento de mi madre no me salvara. E por eso te ruego que tú se lo digas”. Entonçes, esta bienaventurada respondió a este niño: “Ni sé quién es tu madre, ni la conozco, ni adónde mora, ni tampoco aunque lo supiese e lo quisiese deçir no me crehería”. El niño le respondió: “Díselo tú, que yo te diré çierta cosa señalada, secreta de su ánima, que no lo save sino Dios y ella, que lo hiço. Y dile tú que se enmiende dello, e con esto te creherá. Y di que su hijo chiquito que se le finó te lo dixo, el amonesto y consejo. E mi madre se llama fulana, y es muger de fulano, e bibe en tal lugar”. E así le señaló y le dixo quién hera su madre y dónde morava. E quando esta sancta virgen tuvo lugar e dipusiçión, mandó llamar a esta muger, y hablola en secreto, y díxole lo que su hijo chiquito, que estava en el Çielo, le avía encomendado. E la muger lo creyó muy bien, por las señas que esta sancta bendita le dio e por las verdaderas palabras que le dixo. E dende adelante fue [fol. 34v] aquella muger muy su amiga, y la visitava muchas vezes, y estava a todo lo que le aconsejava e corregía.
Dezía esta bienabenturada que andan muy enjoyados, e adornados e señalados, los bienabenturados de la corte çelestial, assí los sanctos del testamento nuevo como del viejo, de las armas e ynsignias del Redentor e de su sagrada Passión, e de su sancta madre, Nuestra Señora; que traýan sanctos apóstoles y mártires, junto con estas armas, cada uno su martirio por divisa, bordado en sus bestiduras e pendones y estandartes. E los sanctos de la ley vieja, dezía, andan señalados e bordados en sus bestiduras çiertas figuras que en tiempos les dio el poderoso Dios en figura del Redemptor, y de comienzos havía de venir a los redimir. Dezía que traýan, unos el altar nuevo que Dios les mandó edificar, e otros el carnero que Abraham sacrificó en lugar de Ysac, su hijo; e otros el poço de Jacob; e otros, la çarça de Moysem; e otros, la verga de Harón; e otros, la serpiente que el Señor mandó alçar en el desierto; e otros el arca de la sancta sanctorum; e otros, los tres ángeles que vido Abraham quando dixo que havía visto tres, e adornado uno; e otros la Virgen con el niño en braços, según les fue profetiçado que la Virgen havía de conçebir e parir hijo; e la escalera de Jacob; e otros, otras muchas figuras del tiempo antiguo, según el tribu e generaçión que es cada uno.
Una religiosa que della e de su çelda tenía cargo, buscando çierta cosa, fue a abrir un cofreçito que estava [fol. 46r] en la çelda, e halló dentro unas ojas berdes y muy frescas, a manera de ojas de parra muy preçiosas, una hostia enbuelta en ellas. E la religiosa, muy maravillada y no saviendo lo que hera, estávalo mirando. Y estando ella en esto, a deshora tornó esta bienabenturada Juana de la Cruz de la elevación, y aún no hera casi bien tornada en sus sentidos quando vido que la religiosa andava en el cofre. Y díxole con grande apresuramiento: “Estad hermana, no lleguéys ni toquéys a esa reliquia que aý está, que es el Sanctíssimo Sacramento, mas traedme acá ese cofre yncada de hinojos”. Y con muchas lágrimas, e admirable reverençia y fervor, dixo: “Quiero haçer lo que los ángeles me mandaron, y resçivir a Nuestro Señor, aunque dello no soy digna”. Y tomó la sanctíssima hostia, e consumiola, y comiose las ojas en que estava envuelto el Sanctíssimo Sacramento, sin dexar ninguna cosa. Aunque fue muy rogada de la religiosa que la dexase alguna parteçita de aquellas sanctas ojas para las tener en reliquias o para las comer, respondió: “No me a sido dada liçençia para que diese parte dello a ninguna persona, sino que yo sola la tomase e comiese todo”. E la religiosa le suplicó mucho le dixese este secreto, y esta sancta virgen le dixo: “Los santos ángeles pusieron aý el Sanctíssimo Sacramento envuelto en unas ojas del Paraýso terrenal, según los mesmos sanctos ángeles me dixeron, que un hombre que hera hereje o mal christiano, e tanto que fue al Infierno, e murió agora, e diéronle el Sanctíssimo Sacramento; y así, quando acavó de comulgar, espiró, y no tragó la hostia consagrada, sino quedósela en la boca. E los señores ángeles sacaron al Señor de la boca de aquel hombre malo después de muerto, e truxéronle aquí, y mandaronme, pues yo lo havía visto y savido, lo [fol. 46v] tomase e resçiviese por una de las ánimas de Purgatorio. E traxéronme aprisa de allá, y dixéronme que ellos le havían puesto en cobro, y que ya estava cerrado porque çierta persona, que no savía lo que hera, llegava a ello, e por eso me traxeron tan apriesa. E la religiosa le dixo: “Poquito haçía, señora, que havía llegado a ello; e verdad dizen los sanctos ángeles, que mirándolo estava. Digo mi culpa dello”.Y ansí se supo esta maravilla del Señor.
”E quando yo torno en mis sentidos corporales hallo, en todas aquellas partes que primero vi redamada la graçia en nuestra çelda, nasçidos muchos árboles de muchas maneras, y frutales con hermosas ojas y mucha diversidad de flores, y yervas odoríferas e de muy gran fermosura, las quales me pareçe están nasçidas en la rama y en mi persona e bestidos. Y el suelo todo de la çelda, y las paredes hasta una bara en alto, y en estos árboles y flores ay muchedumbre de aves muy hermosas, cantando de diversas maneras. Y así diera por alguna graçia. E como vosotras, hermanas, sentís que yo soy tornada, y empeçáys a entrar en la çelda, a mí me pesa y tengo compasión en mi secreto, aunque no os lo digo, de ver pisar cosa tan preçiosa e hermosa. E assí, poco a poco, se va desapareciendo, que no lo veo. E yo, maravillándome qué podría ser esto, preguntelo a mi sancto ángel, e respondiome, diziendo: ‘Ay, verás tú cómo se cumple muy bien la palabra del Señor que diçe: ‘¿Quándo mi spíritu vano bolverá a mí bazío?. Pues mira tú que, si en las tierra o ropa, que son cosas ynsensibles, donde cae la graçia del Señor, que es llamada de Spíritu Sancto, como tú ves nasçido e frutificado es que no vuelve a Dios sin dar su fruto, pues quánto más es raçón haga fruto en el alma, que es viviente e ymagen de Dios, la graçia del Spíritu Sancto, y ese mismo Dios que la hiço y crió’. Y muchas vezes la embía esta graçia, y si el alma se ayudase, haría en ella muy dinos frutos, e le daría muy grandes dones de gloria. Y también dize que la medida dará a quien más le amase, llena y colmada, e revertida como tú la ves. E muy gran raçón es, y así lo quiere ese mismo Dios, que en el coraçón que esta graçia es ymbiada no cayga en baçío sin haçer fruto, e frutos como tuviese en la tierra”.
Y traýda la ymagen a la çelda de la sancta virgen, y puesta en el altar, rogolas que la dexasen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplaçión, vido Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníase enzima de la ymagen suya, y dezía: “Yo me contento de esta ymagen, y la escogo y açeto para mi morada y aposento, y como en trono mío resplandezco en ella y en mi spíritu se [fol. 120r] goza, porque los peccadores conmigo abrán refugio y consolaçión, y yo les ganaré del mi Hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”.
Y esta bienabenturada que lo veýa, suplicava a Nuestra Señora que entrase dentro de la ymagen su spíritu, pues hera tan hermosa, y dende allí escuchase las oraçiones que le hazían, y en espeçial las suyas, porque ella viese que no caýa en vaçío hechos delante su preçiosa ymagen, como algunas vezes tienen las gentes crédito, que no está allí donde la llaman. A los quales pensamientos y suplicaçioness suplicaçiones, respondió Nuestra Señora, y dixo: “Por estar nuevamente puesto este maderno madero en esta ymagen mía, no quiere Dios, ni a mí plaze, entrar dentro en ella hasta que se consagre o vendiga, de manera que se haga digna e perteneçiente de mí por virtud de la consagraçión justa que devidamente deven tener las ymágines, e yglesias enteras, y altares aparejados y limpios al culto divino”.
Y la noche siguiente vido la bienabenturada, a ora de los maytines, una visión muy gloriosa. Y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico, en bestiduras pontificales, çercado y acompañado de muchedumbre de ángeles, y sanctos y sanctas. Y estava junto a la dicha ymagen de Nuestra Señora, a la qual bendeçía con palabras muy devotas e reverençiales, y cantares y dulçes sones que hazían los ángeles con diversos ynstrumentos, de las quales palabras y cançiones no pudo colegir esta bienabenturada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelaçión, hera octava de la dedicaçión de la yglesia, y las çeremonias que Nuestro Señor hizo en la consagraçión de esta sancta ymagen fueron muchas. Estava bestido como obispo, y la ymagen, que estava bestida de sedas, según es uso adereçar las ymágines, a deshora pareçió toda desnuda y alçada en alto, teniéndose con el poder de Dios. Esto hera antes que el Señor la bendixese, el qual día hizo llamamiento a los sanctos ángeles para que viesen lo que hazía en aquella ymagen, y assimismo los demonios, para que huviesen miedo y viesen la virtud que Dios ponía en su sancta Yglesia e ymágines y altares. E por fuerça se lo hazían mirar y reverençiar, que dava poderío a la sancta Madre Yglesia que vençiese ella al demonio, e deshechase con baldón, y resçiviese a Dios Jesuchristo y a su sancta Madre con reverençia e honor.
E para esto bendeçía y deçía a altas vozes el mesmo Señor, desde su alto trono: “''Ego sum quis me et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir: “Yo [fol. 120v] soy só Yabé, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Çielo moro, soy rey eterno que rixo los coraçones cathólicos y devotos. El mi adversario los perturba, empero yo soy el que los agosiego; él los derrama, yo los allego; y él los disipa, yo los proqueo; él los destruye, yo los edifico; él los ensuçia, yo los alimpio; él los enturbia y revuelve y haze oler mal, yo los purifico y hago bien oler suavíssimo. Sé de lo malo hazer bueno. Y de lo no lympio, hazer limpio. Y de lo ymperfeto, hazer perfeto, e loable y agradable”. Y volvía sus preçiosos ojos a la ymagen de Nuestra Señora, e dezía: “¿Quién te deçía madre mía?”. E poníale muchas cruzes hechas joyeles. Estando ella ansí desnuda, la çercava toda, espeçialmente la caveça, frente y gesto, y los pechos y espaldas, e hombros y braços y manos, con todo el cuerpo hasta los pies, que significavan los çimientos de la sancta Madre Yglesia. Y después de muchas bendiçiones que el Señor deçía, dixo cantando aquella antíphona que dize: “''Hanc quam tu des picies, Maniche, & mater mea est, & de manu mea fabricata''”. Y respondían los ángeles con muy claras vozes, diziendo: “''Fons hortorum, redundans gratia mundum, replens celi numeribus, mater Dei fecundans, omnia nos instarams, supernis sedibus flores hortum, mox ab infantia admirandus fulsit virtutibus, eam dian candens flos multiplicat virgule decorem, conceptus glorificat Maria pudorem''”. Y mientras estas antíphonas y cançiones se deçían, pareçió a deshora la ymagen de Nuestra Señora, bestida de las mesmas bestiduras de muger, y puesta en su altar como primero estava. Y los demonios quedáronse mesando y arañando, y dando gritos e aullidos, y la visión de Nuestro Señor desapareçió, roçiando la casa con agua bendita, y la bienabenturada quedó muy consolada.
Y pasados los dos días que la sancta ymagen estava en su çelda, ayuntáronse allí el abbadesa y monjas, diziendo a la sancta virgen que yban por la ymagen, ymportunándola el abbadesa que, pues estavan allí todas, les dixese alguna cosa de las que Dios les mostrava. Respondió, diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las imágenes, y se sirve que las aya en la sancta Madre Yglesia, y que sean honradas y beneradas por nosotros peccadores, pues el mesmo Dios de los Çielos vino a la [fol. 121r] vendecir y a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud y devoçión quando se tiene en el coraçón; y bien se pareze, según yo vi en una revelaçión que el Señor fue servido de me mostrar, quánto Él ama y honra la sancta Madre Yglesia y a sus sanctas ymágines por amor della”.