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→Vida Manuscrita (1)
Y quando esto pasava ya venía el día, y hera sávado. De todos los que havían estado allí aquella noche, assí a las religiosas, como a las personas, de otra manera no se les hiço, pareçió ser aquella noche dos horas. Estando ansí esta bienabenturada, dixo: “Ea, pues, ea, pues, Jesuchristo, vamos de aquí, vamos presto, Señora, Señora mía; vamos, vamos, mi redemptor”. Entonçes, las religiosas se levantaron con muchas lágrimas y grandes sollozos, que pareçía querían espirar, y la besaron la mano con mucha devoçión. Y ella las bendixo, a presentes y ausentes, y a sus amigos y conoçientes, y tornó a deçir: “Vamos, vamos, rector mío, vamos de aquí”. Y preguntándole si estava allí el Señor, dixo: “Sí, y Nuestra Señora, y los ángeles, [fol. 133v] y toda la corte çelestial”.
Y empezó a mazcar un poquito, y esto hizo por dos vezes, por yntervalo de tiempo. Y los que allí estavan, dixeron: “Pareze que torna a comer del fruto de la cruz”. Respondió la sancta virgen: “Ayer lo comí otra vez”. Y llegando a ella el médico, otro día sábado por la mañana, preguntole con gran devoçión: “Señora, ¿Va ¿va al Çielo? ¿Quién va con ella y la acompaña en ese camino?”. Dixo: “Mi Señora, la virgen Virgen María, y mi ángel, y mis ángeles y mis sanctos”. Y callando por un rato, tenía mucha hermosura y lustramiento de gesto, como quando estava elevada. Y pasado poco yntervalo, tornó a decir, con manera alegre: “Dadme albriçias”. Y pareçía lo deçía a las personas que con ella estavan. Y con admiraçión y alegría dixo: “Hasta çapatos”. Y esto replicó por dos o tres veçes, y los que esto veýan: “Según pareze, ya le embía su esposo a esta dichosa alma los adornamientos”.
Y el médico que estava más çercano a esta bienabenturada, hablándola, conoçió y resçivió el aliento que de la boca le salía. Y dixo a los que allí estvan: “No pude conoçer ni alcançar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, y suavemente”. De lo qual estava admirado, porque hasta aquella hora havía tenido mal olor en el aliento, que le proçedía de la podriçión y corrupçión de los humores, y entonçes le tenía bueno. Y todos los que allí estavan, oyendo lo que el médico deçía, se hallegaron a la sancta virgen con mucha devoçión, y resçivieron su huelgo, y conoçieron no ser de los olores de este mundo por buenos y finos que sean. Y toda su persona estava con muy grande olor y hermosura.