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=Vida Manuscrita (1)=
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-luengo-balbas/ María Luengo Balbás] y [http://visionarias.es/equipo/fructuoso-atencia/ Fructuoso Atencia Requena]; fecha de edición: abril de 2019; fecha de modificación: noviembre agosto de 20222023.
== Fuente ==
[[Archivo:I Juana de la Cruz.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]
”El día del sávado muestra el árbol de la sancta cruz en sí muchas mutaçiones, e muchas dellas son como el día del viernes. Empero, algunas de sus mutaçiones e muchas dellas son como el día del viernes, empero algunas de sus mutaçiones demuestran gozo e otras sentimiento de llanto, dando a entender que todo este día es de las sanctas y piadosas personas e mugeres. Demás de [fol. 73v] ser llamado sábado de holganza, este día significa a Nuestra Señora y a todas las vírgines, por quanto las mugeres son ynclinadas a compasión, e son de tierno corazón e piadoso. E por eso el sancto árbol de la vida en sus mutaçiones llama e convida que junto con él se entriztezcan o se alegren, según ve en las mutaçiones en él. Porque ansí como el día sancto del viernes es fruto de este sagrado árbol el cordero sin manzilla, Hijo de Dios, el qual en tal día se sacrificó a Dios Padre muryendo muy cruelmente y consangrando esta mesma cruz, para Él tan penosa, e haziéndola de madero seco e nudoso, árbol verde de muy ricos e preçiosos frutos, después de le haver regado con el agua viva, que es la sagrada sangre del mesmo redemtor nuestro Jesuchristo, assí en figura dello, en este día del sávado, el árbol de la cruz, que el día del viernes quedó muy bañado, se trasfigura de diversos colores e resplandores. E junto con esto produze a vezes muchas gotas grandes y espesas de viva sangre, e tan a menudo caen hasta que haze el suelo enrededor todo teñido como viva sangre. E viendo los santos ángeles que allí están la copiosa sangre que está en el suelo e la priesa que el sancto árbol se da a destilar gotas sanguíneas de sí, llaman a muy grandes vozes a las personas devotas, vírgines y no vírgines, que vengan al pie de la cruz muy aprisa a coger de las gotas sanguíneas que produçe de sí el árbol de la vida, ansí lo que está en el árbol como lo que a caýdo en el suelo, e diçen: ‘Vení, no os tardéis, todos los piadosos y piadosas, e aved compasión de vuestro Dios e de su piadosa madre, e acordaos cómo en aquel tiempo que Él padeçió y murió estava tan triste y sola. Y agora, en figura de remembranza de su dolor, coxe estas riquezas que abundosamente el árbol de la vida os da en persona del mesmo Jesuchristo, el qual, en tal día como oy, está su sagrado cuerpo puesto en el sepulchro, muy llagado y descoyuntado he herido, e de sus sanctas llagas destilando sangre. Tomad estas agora, vosotras, en paños muy preçiosos, e cogeldas en valerosos basos, e ponedlos en relicarios, donde estén muy guardados’.
”E vienen muchas personas bienabenturadas e mugeres sanctas del [fol. 74r] Çielo con gran prisa al llamamiento de los sanctos ángeles, trayendo en sus manos muchas tinajas, cáliçes y basos. E con gran reverençia e muchas adoraçiones que hazen a la sancta cruz, cogen las sagradas gotas e pónenlas en sus juridiçiones, e tiénenlo en soberana reverençia. Y esto es dando a entender a los humanos que lo mesmo havemos de hazer todos los peccadores que vivimos en la Tierra en los tales días, dentro en nuestras ánimas, y estas deven ser nuestras ocupaçiones y obras spirituales: pensar en Dios y en sus misterios, e haverle compasión, pues padeçió por nos redimir con soberano amor.
”Las ánimas que están en Purgatorio que son devotas de Nuestra Señora la Virgen Sancta María y de las sanctas vírgines, y de todas las sanctas mugeres, en el tal día del sábado gozan de muchas e gloriosas visiones, e oyen las bozes de los sanctos ángeles que las convidan. E por ellos mesmos les son representadas aquellas sanctas reliquias que el árbol de la vida da de sí el día del sávado, por cuyos mereçimientos muchas dellas son libradas, e por los méritos de Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, e por las sanctas vírgines e mugeres bienaventuradas son aquellas ánimas llevadas al Çielo con muy gran triunfo e gloria.
Dixo la bienabenturada: “Señor, ya no son ellas mis súbditas”. Respondió el sancto ángel: “La religión les otorga liçençia ser humildosas a perladas y no perladas. Y pues en sus coraçones te consideran y tienen en tal grado, no dexando de obedeçer a quien les manda la obediençia y dinidad de sus superiores, bien puede gozar en sus pensamientos de ser tus súbditas, pues no lo hazen fingiendo ni por fuerza. Por tales, las offreçe a Dios, pues las resçiviste en la sancta religión, y recáudales bendiçión de Jesuchristo y de su madre”. Ella dixo: “Recáudasela vos dellas, y a mí”. Entonzes el sancto ángel, alçando la mano, bendixo diziendo: “''In unitate sancti spiritus, benedicat vos pater et filius''”.
Y la sancta virgen [fol. 88r] tornó a dezirle: “Señor, mire que no me mande scrivir lo que me dize, y ¡ay lo que está scripto! Todavía tengo temor me á de venir mal por ello”. El ángel dixo: “No scrivas ya más si no quieres, y di a tu hermana que çese la péndola”. Ella dixo: “Señor, lo que está scripto querría romper, si quisiesen las hermanas romperlo”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Haz penitençia de ese recado, que es más gave que por el que padezes. Ya saves tú que te lo mandé con premio, y te amenazé que te daría Dios muchos dolores acreçentados de Passión y permitiría sobre ti tribulaçiones más que puedes pensar si no lo scrives”. Dixo la virgen: “Señor, yo por eso temo y he temido, mas ya se a hecho vuestro mandato, conténtese vuestra señoría. Y dígame de las hermanas algo más, no me lo mande scrivir”. Dixo el sancto ángel: “Si lo as de scrivir ''[1213]'' no te quiero dezir nada que digas público, porque te truecan las palabras y las ponen otro estado al como las dizes, y las dan otro entendimiento contrario a la verdad, y a tu yntençión simple y fiel, y que no deseas offender a Dios ni al próximo, ni condenar tu alma, ni dezir cosa que no sea verdad espiritual y temporalmente a lo que yo he conoçido. Si otra cosa te juzgan, respondo que Dios save la verdad”. Tornó la bienabenturada a preguntar, diziendo: “Señor, ¿qué será de mis hermanas, que nunca me lo havéys dicho, aunque os lo he suplicado?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor dize por Sant Juan: assí quiero que quede. Yo digo por ellas que s’estén agora ansí, obedeçiendo y honrando a Dios, y a sus perladas presentes y pasadas y por venir, [fol. 88v] y cumpliendo las cosas de su profesión y regla con la ley de Dios y obediençia de la Yglesia cathólica christiana. Y ansí serán salvas si hazen penitençia digna y mueren en el Señor”.
Dixo la sancta virgen que se despidió el sancto Ángel esta vez diziendo el responso de ''requiem eternam''. Y ella quedó muy angustiada, llorando por sus hermanas. Y quando tornó en sus sentidos esta bienabenturada no podía tener las lágrimas, diziendo a ymportunaçión que las monjas le hiçieron viéndola llorar: “Suplicando yo a mi sancto ángel me dixese algo de vosotras, hermanas, respondiome unas palabras, las quales yo no bien entendí y por entonzes él no me las declaró, y an me dado mucha pena, que pienso que el sancto ángel os juzga por muertas o savía algunas reçias cosas venideras sobre vosotras, y por esto tengo tan grande pena”.
Y como las ánimas viniesen tan llenas de penas y fuegos y fríos, todo muy ensufrible e con otros muchos tormentos, luego las tomava ella e las juntava con sus dolorosos miembros, a cuya causa partiçipava en mucho grado de las penas que ellas traýan, quedándole sus miembros [fol. 102r] con muy acreçentados y grandes dolores, y con tan reçios fuegos, que le pareçía estar ella metida en los mesmos fuegos de Purgatorio; tanto que, de neçessidad, muchas vezes le haçían ayre, e otras le ponían paños mojados en agua fría sobre sus quebradas coyunturas. Y en tiempo de calores le heran tan rezios de sufrir estos dolores y fuegos que le hazían dar muy grandes gemidos y gritos, pidiendo ayuda a la Magestad Divina para poder llevar tan ynsufribles y reçios tormentos. Y en este trabajo estava muchos días, junto sin tener alivio día ni noche ni tomando cosa con que se pudiese substener.
Estando muy fatigada con estos demasiados fuegos en el mes de henero, no osando ella pedir a las religiosas algunas cosas frías, que por lo ser el tiempo se las defendían, pensando que le heran dañosas para la salud corporal, embió a llamar secretamente una religiosa de pequeña hedad, y díxole el secreto: “Ruégoos vos vays al alberca de la huerta y me trayáys un pedazo del yelo que en ella está envuelto en ''[1617]'' un paño de lienzo, y no le vea nadie”. Y la religiosa, yendo con voluntad amorosa, tomó una piedra y quebró con fuerça el yelo, el qual estava grueso, ansí de ser mucha el agua como de haver muchos días y algunos que estava detenida y haver quaxado muchas noches. Y tomando un gran pedaço, envolviole en un paño, y llevole a la zelda de la sancta virgen, y díxole en secreto cómo le traýa, mas que hera tan grueso como dos dedos. Ella respondió: “Bueno es, alzá la ropa de la cama y ponedle junto a mi lado, y de aquí a un poco tened cuydado de volver acá”.
Y dende a media hora volvió. Díxole la bienabenturada: “Buscad, amiga, el paño que truxistes con el yelo, y llevadle, y no digáys esto a nadie que havemos hecho yo y bos”. Y buscándole, hallole junto con las carnes de la sancta virgen. Y el yelo no halló, ni ninguna cosa, ni tenía mojada la ropa de la cama, ni la túnica que tenía vestida, ni sus carnes. El paño en que estava enbuelto el yelo estava un poco liento, de lo qual la religiosa se mucho maravilló. Y no le osó preguntar qué se havía hecho el yelo.