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→Vida de Aldara Quintanilla
[34]
'''Capítulo XI'''
'''De muchas religiosas insignes en santidad de este monasterio''' ''[1]''
[…]
[37] Fue gran dechado de virtud, de gran celo, admirable mortificación y penitencia, de perpetua oración y vigilias, devotísima y humilde la madre Aldara de Quintanilla. Nunca faltó del coro después de maitines. Allí oraba y lloraba y se disciplinaba, haciendo una celestial mezcla las lágrimas y la sangre. Mandola ir la orden a la fundación del monasterio de Santa Catalina de Ocaña, cosa de mucha recolección y observancia. De allí, la llevaron al monasterio de Santa Catalina de Belmonte que, con la santidad y ejemplo de las fundadoras, se crían las nuevas plantas con maravillosos aprovechamientos, como le tuvieron los dos monasterios que gobernó. Después vino a morir a su casa de Ocaña, cargada de trabajos y merecimientos. Su muerte fue como la de los justos, preciosa en el acatamiento de Dios y gloriosa en los ojos de sus hermanas, que, pidiendo la muerte de los santos, no a las leyes que el mal profeta Balán ''[2]'', sino teniendo por vigilia una vida santa, tal fue su fin. Hallaron su cuerpo, después de muchos días, muerto con muy lindo color, y sus manos tan tratables como si tuvieran vida. Era en ella la virtud como nacida con la nobleza de su sangre. Tuvo en el monasterio una sobrina, Sor Isabel de la Piedad, o de Quintanilla, gran monja de quien se hablará luego.