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Juana de la Cruz

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Capítulo XXXIII
==Capítulo XXXIII==
 
Un milagro igualmente grande fue el que le ocurrió varias veces: que, estando ocupada en cosas de su obediencia [21] y estando muy lejos del oficio divino, que se rezaba en el coro, mereció ver el Santísimo Sacramento, aunque había una gruesa pared en medio, la cual, en el momento en que alzaban a Nuestro Señor en la misa, pareció romperse de tal manera que vio la sagrada hostia y el cáliz, y luego la pared volvió a juntarse. Y, como prueba del milagro, permaneció la señal en la piedra mal incrustada durante muchos años.
[22] También era público que una joven que se estaba muriendo había sido conducida por su padre a ese Monasterio de la Cruz y que, por muchas experiencias que allí se hicieron, se vio que ella estaba en duda por su vida. Tras muchas oraciones de su padre y de otras personas presentes en la octava, colocó un crucifijo sobre aquella y oró, e, inmediatamente, ella se levantó sana y con certeza de vida.
[23] Por estas obras, y por su gran virtud y discreción, fue elegida abadesa, cuyo cargo desempeñó maravillosamente. Por eso sus súbditos no solo se veían favorecidos y animados en el servicio de Dios por su ejemplo y sus dones, sino también por su ferviente oración, implorando a la Majestad de Dios que se dedicara mucho a su servicio. Y hubo clara prueba de ello, pues, cuando fue colocada en el oficio de abadesa, no encontró disminuida su virtud, sino más bien aumentada, pues Dios había obrado en ella nuevas y muy extraordinarias maravillas, como puede verse en esto, que estando enferma una señora en el palacio del emperador Carlos V, cuya corte residía a la sazón en Madrid y cuyo nombre era doña Ana Manrique, habiéndola puesto la dolencia del costado en último peligro de muerte, ahora esta señora, por tener devoción a la madre Juana de la Cruz y por estar segura de que Nuestro Señor la oía, le hizo saber el peligro en que se hallaba. [24] La bienaventurada madre, con caridad interior, hizo por ella fervientes oraciones, que se vio que fueron eficaces, pues mientras la enferma estaba sin remedio humano a juicio de los médicos, habiendo recibido la extremaunción y siendo devota, vio que la misma madre abadesa Juana de la Cruz estaba junto a ella tocando y apretando con las manos la fuente donde estaba el dolor y, así, dijo con voz alta: [166] “Mirad a mi madre, que ha venido a visitarme y a sanarme”. Muchos de los presentes oyeron estas voces, aunque no la vieron, excepto en el efecto, que fue que esta señora pudo comer y beber y recobrar toda su salud. Esto se supo en el mismo Monasterio de la Cruz y, preguntando las monjas a la madre Juana cómo y de qué manera había obrado esto, ella les dijo: “Estas son las obras, hijas mías, de mi santo ángel custodio”.
[25] También fue cierto que, por sus oraciones, el padre confesor del convento se curó de una enfermedad muy peligrosa de rabia; y, asimismo, una monja de un cancro; y otra de cierta enfermedad naciente; y así algunas otras de ciertos males muy grandes en los que siempre iban empeorando, hasta que la madre Juana de la Cruz hizo oraciones por ellas, que fueron pedidas con gran devoción y a petición de las mismas enfermas e, inmediatamente, mejoraron y en poco tiempo permanecieron sanas.
 
'De algunas persecuciones que sufrió con mucha ejemplaridad y paciencia la sierva del Señor Sor Juana de la Cruz y cómo fue favorecida por Nuestro Señor Jesucristo con las señales de sus santísimas llagas'
 
==Capítulo XXIIII==
 
Y porque la fama de estas obras y de su santa vida, que se extendió por todas partes del mundo, fue causa de que muchos la consideraran y veneraran como santa, para que esto no fuese ocasión de enaltecerla y para su mayor mérito, permitió Dios que fuese gravemente afligida [26] a causa de una persecución que se levantó contra ella. Y era costumbre que la abadesa y las monjas pusiesen un sacerdote en el lugar de Cubas para administrar los sacramentos, porque ese era el beneficio del convento. Algunas personas eclesiásticas trataron de imponerlo a través de Roma diciendo que las mujeres, aunque religiosas, eran incapaces de encargarse de las almas. A la bendita madre se le aconsejó lo que debía hacer en tal caso y se le dijo que, para beneficio del convento, debía enviar al papa una bula para que, anticipándose a ella, ganara esa gracia y asegurara su daño, lo cual hizo, aunque sin dar cuenta de ello a su prelado por el peligro que había en la demora. Y así sucedió que una monja del mismo convento, que no era muy amiga suya, puso este caso en conocimiento de los prelados diciendo que se había hecho sin su permiso y gastando lo que es propio del convento para dar aquel beneficio a uno de sus hermanos, que por ellos había sido designado. Y la verdad era que en conseguir la bula se habían gastado siete ducados, que pagó uno de sus devotos sin perjuicio del convento y su hermano, pues, siendo hombre de letras y de buena vida, había sido solicitado por el pueblo para esa tarea. Con todo [167] esto, uno de los prelados, y el principal, muy indignado, fue al Monasterio de la Cruz y, reduciendo el capítulo, reprehendió duramente a la madre Juana y le quitó el cargo de abadesa imponiéndole públicamente una disciplina, que ella soportó con gran paciencia, diciendo que sus pecados merecían mucho más y que había recibido el oficio de abadesa sin mérito alguno, sino solo por obediencia. Oyeron las monjas esta grave molestia y, aunque el prelado les mandó elegir abadesa, no se pudo llegar a un acuerdo con ellas, diciendo que ya la tenían y así les dio por presidenta a la misma monja que les había dado esta información. Sucedió que tanto el prelado como la monja murieron en poco tiempo a causa de la gran pena que sintieron por este suceso y, por ello, pidieron perdón a la misma madre Juana de la Cruz, la cual no poco importunó a Nuestro Señor mientras vivían para la salvación de los cuerpos, así como después de muertos para la salvación de sus almas.
No se acabaron aquí los trabajos de esta bienaventurada mujer, pues un Viernes de la Cruz estaba en su celda elevada en contemplación con ambos brazos en alto en forma de cruz, con la atención puesta en ella como si estuviera en el coro cuando se dice la santa Pasión [27] y, al mismo tiempo que lloraba, estaba descalza y no podía andar y así sufría mucho en los pies con gran dolor. Las monjas, oyéndola llorar así, fueron a ella y le preguntaron: “¿Qué tienes, madre?”. Y ella respondió que le dolían mucho los pies y, mirándolos, vieron que estaban marcados, y también las manos, de las señales del Señor, aunque no tenía llagas abiertas ni salía sangre de ellas, sino ciertas marcas redondas del tamaño de un real y muy coloridas. Las monjas le preguntaron la causa de esto, a lo que ella respondió que no sabía más, sino que mientras contemplaba la Pasión de Jesucristo le parecía que lo veía puesto en la cruz y que se unía con Él y que por ello le quedaron estos signos. Lo cual fue la causa por la cual las monjas y los dos frailes que eran confesores de la casa derramaron lágrimas de ternura y de gran alegría al verlos, aunque la bendita madre se consideraba indigna de tales favores de Dios y, a causa de sus intolerables dolores, pidió a su Divina Majestad que la librase de ellos y, tanto lo importunó, que el día de su Ascensión quedó del todo libre de dolor y sin señales semejantes, aunque sus dolores no cesaron por esto, sino por permiso de Dios era atormentada por los demonios y azotada y, tan cruelmente, que, a veces, las marcas de los golpes que los demonios le daban duraban muchos días.
 
[168] 'Cómo la santa monja, con mucha paciencia, sufrió una extraña enfermedad y de una razón que hizo al Señor, con su respuesta, y de su muerte y dónde está sepultada'
 
==Capítulo XXXV==
 
[28] Sus sufrimientos continuaron y plugo a Dios Nuestro Señor darle una terrible enfermedad que la dejó lisiada de tal manera que quedó sin fuerzas y no había miembro sano de su cuerpo ni parte alguna que no le causase gran dolor. Los huesos estaban separados unos de otros, incluso los de las manos y los pies y, de esta manera, sus dolores y angustias no podían ocultarse ni tolerarse. Sus rodillas estaban tan apretadas que nunca podía estirarlas, sus brazos y manos hacían lo mismo; sus dedos estaban tan torcidos y enroscados que no podía comer con las manos, ni manipularlos, ni volverse a ninguna parte; ni podía comer ni beber, a menos que se le diese. En fin, no podía mover ninguna parte de su cuerpo, sino la lengua, con lo cual mostraba gran conformidad con Dios [29], con quien un día, hablando tiernamente, dijo: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan desfigurado pueda vivir? Dame paciencia o quita de mí el gran mal que sufro y mi vida, si esta es tu voluntad”. Parecía que el Señor le hablaba y le decía: “Qué maravilla es que padezcas lo que padeciste, habiéndome elegido por Esposo a mí, que en el mundo era considerado leproso y lleno de dolor; pues si ya que eres mi esposa y te comunicas conmigo como con tu esposo, aunque espiritualmente, es cierto que algunas de mis dolencias debían aplicarse en ti, ya que el que ama conviene que sufra por su amado. Tanto más, cuanto que yo he procurado esto para vuestro beneficio, puesto que también soy vuestro padre, y los que son padres en la Tierra buscan que sus hijos tengan bienes y riquezas y, para ello, se exponen a muchos peligros y aflicciones. Para hacer ricos a mis hijos, sufrí trabajos, injurias y dolores; para elevarlos al Cielo, me rebajé a la Tierra; para librarlos de la muerte en el infierno, sufrí cruel muerte de cruz; para hacerlos ricos de almas, me hice pobre de cuerpo; para hacerlos señores en el Cielo, iguales a los ángeles, me hice siervo humano, sujeto a graves necesidades; y, porque he hecho tanto por ellos, pueden comprender que los amo, y los deseo mucho, y que el amor que les profeso es mayor que el que ellos mismos se profesan. Y será mejor que lo cumpla y, para que tenga su efecto, sufran penalidades para ir al Cielo, y que sean grandes, para tener la grande y principal silla para este propósito, no porque me complazca verlos sufrir y penar, sino porque esto es lo que se requiere. Así que, hija mía, no te aflijas ni te desconsueles, si mu- [169] cho sufres para merecer mucho y, por esto mismo, el Cielo será muy tuyo y ten por seguro que, cuando vea venir el punto marcado de vuestra gloria en mi eternidad, lo sostendré inmediatamente”.
Así fue como, habiendo padecido esta enfermedad durante algunos años, se produjo un cambio de destino: fue visitada por varios médicos, todos los cuales afirmaron que se estaba muriendo, lo que fue causa de gran melancolía y tristeza en su convento porque, aunque estaba enferma y retorcida en una cama, les fue de gran utilidad y consuelo por tener la lengua libre y el intelecto sano, con el que les daba consejos y documentos muy útiles. Llegó, pues, el día de la Santa Cruz, que es el día tres de mayo, domingo, a las seis [30] después del mediodía, del año mil quinientos treinta y cuatro, siendo de edad de cincuenta y tres años y, estando en su celda algunos religiosos de su orden y todas las monjas del convento, con velas encendidas en sus manos, habiendo recibido el sacramento de la confesión, y comunión, y de la última cena con mucha reverencia y piadosas lágrimas, y hecha la distribución de sus pobres restos, para morir en toda pobreza, y leyendo la Pasión, entregó su alma a Dios Nuestro Señor manteniéndose muy bien compuesta y mostrando una sonrisa en su rostro, que admiró mucho a los presentes. Después de lo cual, un mal olor se extendió por la habitación debido a la larga enfermedad y, de repente, se transformó en otro maravilloso olor del Cielo, que los presentes disfrutaron. Las monjas fueron con gran prisa a abrazar el bendito cuerpo derramando tiernas lágrimas y, dando vueltas alrededor de él, procuraban ver de dónde venía aquel suave olor, con una fragancia tan fuerte que no se podía comparar con nada de esta vida.
El cuerpo permaneció insepulto cinco días debido a la multitud de gente de toda la provincia que acudió a verlo, tiempo durante el cual Dios realizó [31] algunos milagros por los méritos de su sierva: se trata de algunas personas que fueron sanadas de diversas enfermedades yendo a tocar su cuerpo con gran devoción, el cual estaba en la iglesia, fuera del claustro de las monjas, para que todos pudieran verlo y tocarlo. Después de cinco días fue enterrada en el mismo claustro, cerca del comunicatorio de las monjas, donde permaneció durante varios años. Luego, como la devoción a esta sierva de Dios creció entre muchas personas nobles, su cuerpo fue trasladado y colocado en el coro, cerca del altar mayor, de la parte del evangelio, sacada de la tierra a un sepulcro ilustre [32], y allí se la tiene con gran reverencia y con justa causa. Aunque no se la debe honrar como santa porque no está canonizada, se le debe mostrar, sin embargo, un gran respeto, como el cuerpo de una persona cuya vida muestra piadosamente que su alma está disfrutando de Nuestro Señor en un asiento muy especial de su bienaventuranza, de la que Dios hace partícipe a todo el mundo. Amén.
 
==Notas==
 
''[1]'' Al margen izquierdo: Véase Gonz. par. 3. Alfonso de Villegas en la ''Adición a la tercera parte del Flos Sanct''.
 
''[2]'' Al margen derecho: Juana de la Cruz, de qué patria era, quiénes eran sus padres y cuándo nació.
 
''[3]'' Al margen derecho: Imagen de la Santísima Virgen de la Caridad, de gran concurrencia y devoción, y dónde se encuentra y su origen.
 
''[4]'' Al margen izquierdo: Grandes abstinencias que hacía la joven Juana. Vestía un áspero cilicio.
 
''[5]'' Al margen izquierdo: Es descubierta por su tía la dura vida que llevaba.
 
''[6]'' Se ha subsanado la errata, pues aparecía como capítulo XIX.
 
''[7]'' Al margen derecho: Partió hacia el Monasterio de la Cruz y lo que siguió.
 
[8] Al margen izquierdo: Se hace monja con licencia del prelado.
 
[9] Al margen izquierdo: Guardó el silencio durante todo un año por obediencia.
 
[10] Al margen izquierdo: Por amor del Señor quiso sufrir todos los grandes tormentos y abstinencia.
 
[11] Al margen derecho: Dormía poco o nunca.
 
[12] Al margen derecho: Aficionada a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y cómo meditaba.
 
[13] En el original aparece “conversione”, pero por el contexto se deduce que debería ser “conversatione”. Se subsana la errata.
 
[14] Al margen izquierdo: Ella era celosa del culto divino, por lo que fue reprehendida por un religioso y lo que siguió.
 
[15] Al margen izquierdo: Dijo grandes cosas del ángel de la guarda, y que se debía ser muy devoto y por qué.
 
[16] Al margen izquierdo: Era devota de la cruz y por qué razones.
 
[17] Al margen derecho: En éxtasis descubría los pensamientos y secretos de los demás, para asombro de estos.
 
[18] Al margen derecho: Habló en diferentes idiomas estando en éxtasis.
 
[19] Al margen izquierdo: La santa monja fue vista por cardenales y otras personas ilustres estando en éxtasis.
 
[20] Al margen izquierdo: Nuestro Señor Dios obra un milagro a través de su sierva.
 
[21] Al margen derecho: Favorecida por el Señor, sigue un milagro notable.
 
[22] Al margen derecho: Con la oración imploró al Señor Dios por la salud de una joven.
 
[23] Almargen derecho: Fue elegida abadesa de su convento.
 
[24] Al margen derecho: Con la oración obtuvo la gracia de la salud de doña Anna Manrique.
 
[25] Al margen izquierdo: Con su oración imploró al Señor Dios que concediera la salud a muchos.
 
[26] Al margen izquierdo: Las pruebas y persecuciones que soportó con gran paciencia la sierva del Señor, y la causa por qué.
 
[27] Al margen derecho: Contemplando la Pasión de Nuestro Señor quedaron en sus pies marcas que duraron muchos días, para su gran tormento.
 
[28] Al margen izquierdo: Cayó enferma con graves dolores y tormentos, tanto que no se podía mover.
 
[29] Al margen izquierdo: Razonamiento que hace al Señor y su respuesta.
 
[30] Al margen derecho: Murió en el Señor el 3 de mayo de 1534.
 
[31] Al margen derecho: Por los méritos de su sierva Nuestro Señor devolvió la salud a muchos.
 
[32] Al margen derecho: Su cuerpo fue transportado y colocado en un alto e ilustre sepulcro en el coro de su iglesia.
=Vida impresa (4)=

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