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Muchas veces, leyendo en el refitorio [216], dicía en su lección muchas lindezas y cosas de Nuestro Señor a el propósito de lo que iba leyendo, las cuales ella decía de su espíritu sin que estuviesen escritas en el libro, y, admiradas las que las oían, iban a buscarlas en el libro y no las hallaban, y así entendían que hablaba por su boca el espíritu del Señor; y en sus palabras y razones se entendía claramente porque eran de mayor eficacia, y sus pláticas más encendidas y de mayor efecto y virtud que cuantos sermones de predicadores se podían oír.
Contaba esta santa mujer y tenía por ejercicio decir a las religiosas que eran de poca edad las vidas y santo[s] y virtuosos ''[3]'' ejercicios de las madres y religiosas pasadas que habían sido Muchas veces, leyendo en esta santa casa porque se animasen ''el refitorio [4216]'' a imitarlas y seguir sus vidas y pisadas, y a su ejemplo se esforzasen decía en el sendero del Señor, porque mucho ayuda para esto saber y entender las vidas y buenos ejemplos de las pasadas [217]. Y cuando esta santa mujer veía que alguna de su compañía andaba con tibieza lección muchas lindezas y flojedad en las cosas del servicio de Nuestro Señor, especialmente en a el oficio divino, indignábase en gran manera con el celo del Señor, y reprendía con gran fortaleza todo propósito de lo que veía defe[c]tuoso en tal manera que la temían más que a la preladaiba leyendo, y se guardaban unas y otras las cuales ella decía de hacer cosas defe[c]tuosas por no ofenderla. Pero siempre guardó esta discreta y religiosa mujer el orden su espíritu sin que se debe de guardar estuviesen escritas en estas correc[c]iones, porque las hacía con toda caridad y con el espíritu y voluntad que manda Dioslibro, y con palabras comedidas y mansas y humildes. Y las cosas públicas, admiradas las trataba en público, y que las secretas, secr[e]tamenteoían, iban a buscarlas en el libro y de tal manera lo celaba que su celo aprovechaba mucho. Y todas las hermana[s] se guardaban con todo cuidado de no cometer culpa que llegase a su noticia. Y, finalmente, había ''[5]'' la santa mujer tan prudentemen- [218] te en todas las cosas que las preladas y más ancianas la amabanhallaban, y las demás la reverenciaban y acataban. Y todas juntas le tenían el temor reverencial así entendían que se debe de tener a los que son siervos de Dios y que con hablaba por su boca el espíritu celan del Señor; y en su casa las cosas que es menester celar sus palabras y remediar, razones se entendía claramente porqueeran de mayor eficacia, cuando en los conventos y comunidades ''[6]'' no hay quien haga esto, muy fácil se caen sus pláticas más encendidas y pierden las buenas de mayor efecto y santas costumbre[s], y padecen peligro las cosas virtud que cuantos sermones de la santa religiónpredicadores se podían oír.
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== Criterios de edición ==
Dada la fecha de la copia manuscrita, la transcripción actualiza el empleo de las letras mayúsculas y la separación o unión de palabras, pero se conserva “a el” y “de el” como rasgo de estilo; también se respeta la oscilación vocálica i/e (como “dicían”). Asimismo, siguiendo las normas de la RAE, se moderniza la puntuación y la acentuación. Por último, se ha regularizado la escritura de las vocales (“dícía” “cumunidades”) y el empleo de las siguients consonantes: “h” y , el uso de b/v, c/cc, c/d, g/j, ll/y, n/m, rr/r, z/c.
==Vida de Mari García de Belén==
Tuvo esta sierva de Dios muy buen entendimiento y muy alumbrado en todas las cosas espirituales, y así hablaba en todas como si fuesen un gran teólogo. Y sus palabras eran muy enseñada[s] y encendidas en el enseñamiento del Espíritu Santo, el cual, adonde quiere, i[n]spira y enseña y, adonde mora, hace saber y decir grandes cosas y muy maravillosas, y así las decía esta sierva de Dios tantas y tan grandes que ponía en grande admiración a cuantos las oían.
Contaba esta santa mujer y tenía por ejercicio decir a las religiosas que eran de poca edad las vidas y santo[s] y virtuosos ''[3]'' ejercicios de las madres y religiosas pasadas que habían sido en esta santa casa porque se animasen ''[4]'' a imitarlas y seguir sus vidas y pisadas, y a su ejemplo se esforzasen en el sendero del Señor, porque mucho ayuda para esto saber y entender las vidas y buenos ejemplos de las pasadas [217]. Y cuando esta santa mujer veía que alguna de su compañía andaba con tibieza y flojedad en las cosas del servicio de Nuestro Señor, especialmente en el oficio divino, indignábase en gran manera con el celo del Señor, y reprendía con gran fortaleza todo lo que veía defe[c]tuoso en tal manera que la temían más que a la prelada, y se guardaban unas y otras de hacer cosas defe[c]tuosas por no ofenderla. Pero siempre guardó esta discreta y religiosa mujer el orden que se debe de guardar en estas correc[c]iones, porque las hacía con toda caridad y con el espíritu y voluntad que manda Dios, y con palabras comedidas y mansas y humildes. Y las cosas públicas, las trataba en público, y las secretas, secr[e]tamente, y de tal manera lo celaba que su celo aprovechaba mucho. Y todas las hermana[s] se guardaban con todo cuidado de no cometer culpa que llegase a su noticia. Y, finalmente, había ''[5]'' la santa mujer tan prudentemen- [218] te en todas las cosas que las preladas y más ancianas la amaban, y las demás la reverenciaban y acataban. Y todas juntas le tenían el temor reverencial que se debe de tener a los que son siervos de Dios y que con su espíritu celan en su casa las cosas que es menester celar y remediar, porque, cuando en los conventos y comunidades no hay quien haga esto, muy fácil se caen y pierden las buenas y santas costumbre[s], y padecen peligro las cosas de la santa religión. Esta santa mujer fue hermana mayor en el tiempo que esta santa casa era de beatas, y después, en tiempo que fueron monjas, fue priora. Y cuando fueron algunas religiosas de esta casa a fundar a la Conce[p]ción ''[76]'' de Madrid, fue esta sierva de Dios por principal, y así se le debe de dar el nombre de la primera fundadora de aquella casa.
Era el amor de Dios en esta su sierva tan ardiente y fervoroso que era cosa increíble, porque de solo hablar de Dios se le ponía el rostro tan inflamado y [219] encendido que daba muestras muy notables del fuego del amor de Dios que en su alma moraba. Cuando quiera que esta santa mujer comulgaba, tenía grandes gustos y sentimientos de nuestro Señor y daba a entender evidentemente los efectos maravillosos que en su alma hacía y causaba la presencia del Señor, porque la oían de decir grandes dulzuras y palabras amorosísimas y de gran consolación espiritual para todas las que presentes estaban.
''[2]'' En la vida dedicada a Catalina de Ocaña y en la vida de Leonor de San Justo que contiene el libro A.J.T ª. San Pablo, I libro 33 se expone que la profesión se llevó a cabo en 1506. Sin embargo, Alonso de Villegas maneja la fecha de 1508, como expone su biografía de María García publicada en la Adición a la Tercera parte de su ''Flos sanctorum''. Véase: “[[María García]]”. Vida impresa (2), ed. Mar Cortés Timoner, abril 2021.
''[3]'' En el libro está escrito “viutuosos”. Subsanamos la errata.
''[4]'' En el libro leemos “animanse”. Corregimos la metátesis.
''[5]'' Conservamos la construcción sintáctica aunque parece incompleta.
''[6]'' Se subsana la errata “cumunidades”. ''[7]'' El Convento de Nuestra Señora de la Concepción fue mandado fundar por la dama culta Beatriz Galindo, quien estableció que ingresaran treinta monjas y que, además, fueran hijas de familias ilustres o hidalgas. Las monjas jerónimas empezaron a habitar el convento en torno a 1508. Véase José Amador de los Ríos (1862), ''Historia de la Villa y Corte de Madrid'', Madrid, Est. tip. de J. Ferrá de Mena, t. II, cap. XVII, p. 248 y cap. XVIII, pp. 312 y 313.