Mari García de Belén

| Nombre | Mari García de Belén |
| Orden | Jerónimas |
| Títulos | Hermana mayor del beaterio de María García, priora del Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo y primera priora del Convento de Nuestra Señora de la Concepción de Madrid. |
| Fecha de nacimiento | Siglo XV |
| Fecha de fallecimiento | Siglo XVI |
| Lugar de nacimiento | Toledo |
Contenido
Vida manuscrita
Ed. de Mar Cortés Timoner; fecha de edición: septiembre de 2023; fecha de modificación: noviembre de 2025.
Fuente
- Zúñiga, Ana de. Ms. A.J.T º. San Pablo, I libro 33, 1881, pp. 213-221.
Contexto material de la Biografía conservada en el anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33.
Criterios de edición
Biografía conservada en el libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33. La composición se atribuye a la monja jerónima Ana de Zúñiga (Toledo c.1540-1594) y fue copiada, en 1881, en el citado libro manuscrito. El texto se halla en las páginas numeradas como 213-221.
Dada la fecha de la copia manuscrita, la transcripción actualiza el empleo de las letras mayúsculas y la separación o unión de palabras, pero se conserva “a el” y “de el”. Asimismo, siguiendo las normas de la RAE, se moderniza la puntuación y la acentuación. Por último, se ha regularizado la escritura de las vocales i/e, o/u (“dícía”, "cumunidades”).
Vida de Mari García de Belén
[213] [1] La madre Mari García de Belén [214] fue de sangre ilustre, natural de la ciudad de Toledo y de todo lo principal de ella, y fue monja en esta santa casa de San Pablo desde muy niña y en tiempo de las santas beatas, e hizo profesión a la orden con ellas [2].
Siendo esta sierva de Dios muy niña y de poca edad, cayose en el fuego y se hirió mucho en la cabeza y la tuvo abierta toda su vida, y, con todo esto, fue muy seguidora de la comunidad, y tenía grandísimo celo de las cosas de la santa religión. Y por su parte guardaba esta mujer todas las cosas con increíble rigor, y procuraba que así se guardase por todas las demás que en este santo convento había y estaban en su compañía.
Era esta sierva de Dios de gran espíritu y muy fervorosa en el servicio de Dios, y ninguna pereza reinaba en ella. Y toda su vida fue muy seguidora de los maitines y aun en las enfermedades, si no eran muy graves, nunca los dejaba de seguir. Y siempre se levantaba y se iba a [215] a ellos una hora antes que tañesen la campana por manera que era tanto su fervor y espíritu que, por ninguna causa, dejaba de ir a ellos, porque sabía bien que es una hora, aquella < s >, cuando las ánimas santas y devotas reciben particulares consolaciones de su amado y dulcísimo Esposo Jesucristo si con toda devoción se esfuerzan y disponen para alabarle y contemplarle en la quietud y silencio de la noche.
Tuvo esta sierva de Dios muy buen entendimiento y muy alumbrado en todas las cosas espirituales, y así hablaba en todas como si fuesen un gran teólogo. Y sus palabras eran muy enseñada[s] y encendidas en el enseñamiento del Espíritu Santo, el cual, adonde quiere, i[n]spira y enseña y, adonde mora, hace saber y decir grandes cosas y muy maravillosas, y así las decía esta sierva de Dios tantas y tan grandes que ponía en grande admiración a cuantos las oían.
Muchas veces, leyendo en el refitorio [216], decía en su lección muchas lindezas y cosas de Nuestro Señor a el propósito de lo que iba leyendo, las cuales ella decía de su espíritu sin que estuviesen escritas en el libro, y, admiradas las que las oían, iban a buscarlas en el libro y no las hallaban, y así entendían que hablaba por su boca el espíritu del Señor; y en sus palabras y razones se entendía claramente porque eran de mayor eficacia, y sus pláticas más encendidas y de mayor efecto y virtud que cuantos sermones de predicadores se podían oír.
Contaba esta santa mujer y tenía por ejercicio decir a las religiosas que eran de poca edad las vidas y santo[s] y virtuosos [3] ejercicios de las madres y religiosas pasadas que habían sido en esta santa casa porque se animasen [4] a imitarlas y seguir sus vidas y pisadas, y a su ejemplo se esforzasen en el sendero del Señor, porque mucho ayuda para esto saber y entender las vidas y buenos ejemplos de las pasadas [217]. Y cuando esta santa mujer veía que alguna de su compañía andaba con tibieza y flojedad en las cosas del servicio de Nuestro Señor, especialmente en el oficio divino, indignábase en gran manera con el celo del Señor, y reprendía con gran fortaleza todo lo que veía defe[c]tuoso en tal manera que la temían más que a la prelada, y se guardaban unas y otras de hacer cosas defe[c]tuosas por no ofenderla. Pero siempre guardó esta discreta y religiosa mujer el orden que se debe de guardar en estas correc[c]iones, porque las hacía con toda caridad y con el espíritu y voluntad que manda Dios, y con palabras comedidas y mansas y humildes. Y las cosas públicas, las trataba en público, y las secretas, secr[e]tamente, y de tal manera lo celaba que su celo aprovechaba mucho. Y todas las hermana[s] se guardaban con todo cuidado de no cometer culpa que llegase a su noticia. Y, finalmente, había [5] la santa mujer tan prudentemen- [218] te en todas las cosas que las preladas y más ancianas la amaban, y las demás la reverenciaban y acataban. Y todas juntas le tenían el temor reverencial que se debe de tener a los que son siervos de Dios y que con su espíritu celan en su casa las cosas que es menester celar y remediar, porque, cuando en los conventos y comunidades no hay quien haga esto, muy fácil se caen y pierden las buenas y santas costumbre[s], y padecen peligro las cosas de la santa religión.
Esta santa mujer fue hermana mayor en el tiempo que esta santa casa era de beatas, y después, en tiempo que fueron monjas, fue priora. Y cuando fueron algunas religiosas de esta casa a fundar a la Conce[p]ción [6] de Madrid, fue esta sierva de Dios por principal, y así se le debe de dar el nombre de la primera fundadora de aquella casa.
Era el amor de Dios en esta su sierva tan ardiente y fervoroso que era cosa increíble, porque de solo hablar de Dios se le ponía el rostro tan inflamado y [219] encendido que daba muestras muy notables del fuego del amor de Dios que en su alma moraba. Cuando quiera que esta santa mujer comulgaba, tenía grandes gustos y sentimientos de Nuestro Señor y daba a entender evidentemente los efectos maravillosos que en su alma hacía y causaba la presencia del Señor, porque la oían de decir grandes dulzuras y palabras amorosísimas y de gran consolación espiritual para todas las que presentes estaban.
Fue esta santa mujer muy devota del santísimo Nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo, y en este paso era su más continua meditación y conte[m]plación. Y tenía junto a su cama una ima<n>gen de este santo misterio, y allí se estaba grandes ratos por las noches, adonde la oían y entendían pasar y sentir grandes júbilos y dulzuras de espíritu en Nuestro Señor Jesucristo, según lo manifestaban sus palabras y razones, que no se puede<n> dar tanto [220] a entender cómo eran en sí. Era también muy devota de la santísisma Virgen María y de otros muchos santos en particular.
La humildad de esta sierva de Dios no se podía decir aunque se escribiese mucho. Y no solamente mostraba ser verdaderamente humilde en sus palabras y obras, sino también lo era en su vestido y en todas las demás cosas que poseía, porque todo era lo más pobre y despreciado que había. Y, finalmente, su virtud y santidad fue tanta que sería cosa muy dificultosa que lo quisiéramos contar y escribir todo en particular.
Murió esta sierva de Dios ya de mucha edad, porque se entiende tenía cien años cuando pasó de esta vida a reinar con Jesucristo. Y puesto caso que se entendió tener esta sierva de Dios viviendo en esta vida muchas revelaciones, era, empero, tan prudente que no lo manifestaba ni daba noticia de ello a nadie, sino solamente de aquello que pedía alguna necesidad, co- [221] mo acaeció una vez que la pidieron que rogase a Dios por un sacerdote que parecía vivir con menos recato y cuidado que a su estado pertenecía. Y después de haber hecho su oración por aquel sacerdote, fuela revelado a esta madre santa que había de ser gran siervo de Dios aquel sacerdote, como de virtud lo fue después. Y esta revelación fue entendida estando el dicho sacerdote diciendo misa, la cual oía esta sierva de Dios, a el cual sea honra y gloria por todos los siglos de los siglos, amén. Laus Deus.
Notas
[1] La biografía se presenta con el siguiente epígrafe: “Historia de la santa madre María Garc[í]a de Belén, primera priora de la Conce[p]ción en Madrid”.
[2] En la vida dedicada a Catalina de Ocaña y en la vida de Leonor de San Justo que contiene el libro A.J.T ª. San Pablo, I libro 33 se expone que la profesión se llevó a cabo en 1506. Sin embargo, Alonso de Villegas maneja la fecha de 1508, como expone su biografía de María García publicada en la Adición a la Tercera parte de su Flos sanctorum. Véase: “María García”. Vida impresa (2), ed. Mar Cortés Timoner, abril 2021.
[3] En el libro está escrito “viutuosos”.
[4] En el libro leemos “animanse”. Corregimos la metátesis.
[5] Conservamos la construcción sintáctica aunque parece incompleta.
[6] El Convento de Nuestra Señora de la Concepción fue mandado fundar por la dama culta Beatriz Galindo, quien estableció que ingresaran treinta monjas y que, además, fueran hijas de familias ilustres o hidalgas. Las monjas jerónimas empezaron a habitar el convento en torno a 1508. Véase José Amador de los Ríos (1862), Historia de la Villa y Corte de Madrid, Madrid, Est. tip. de J. Ferrá de Mena, t. II, cap. XVII, p. 248 y cap. XVIII, pp. 312 y 313.