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Juana de la Cruz

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Vida impresa (5)
=Vida impresa (5)=
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/marta-amoros-tenorio/ Marta Amorós Tenorio]; fecha de edición: junio de 2025
== Fuente ==
Daza, AlfonsoAntonio. 1610. ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la T'ercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''. Madrid: Luis Sánchez.
== Criterios de edición ==
==Vida de Juana de la Cruz==
[h. 1r]''' [''''''Portada'''''']'''
'''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen'''' santa Juana de la Cruz, de la Tercera O''''rden''''Orden/'''' de nuestro seráfico padre ''''San Francisco'''.
Compuesta por fray Antonio Daza, indigno fraile menor, difinidor de la santa/ Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden.
En Madrid, por Luis Sánchez.
[h. 2r]''' ''''''Suma del privilegio'''
El padre fray Antonio Daza, de la Orden de San Francisco, difinidor de la Provincia de la Concepción tiene privilegio de Su Majestad para poder imprimir y vender un libro intitulado ''Vida'' ''y milagros de santa Juana de la Cruz'' por tiempo y espacio de diez años, con prohibición de que ninguna persona lo pueda imprimir ni vender sin su licencia, so las penas en el dicho privilegio contenidas, despachado en el oficio de Cristóbal Núñez de León, escribano de Cámara, y firmado del Rey nuestro señor, y rubricado de los del su Consejo y firmado de Jorge de Tovar, su secretario, su fecha en San Lorenzo, a primero de otubre de 1610 años.
'''Erratas'''''' ''[1]'' '''
En la ''A''''probaciónAprobación'': h. 2, lín. 11, “y es el unos” diga ''es el de unos'', y lín. 3, “Cesárea” diga ''Cesáreo''; fol. 4, en una nota, “''vivicimin''” diga ''Biniu''; fol. 5, lín. 21, “Theología” diga ''et''''iología''; fol. 7, lín. 29, “''mitigaret''” diga ''mitigaretur''; fol. 17, lín. 23, “de sobrenombre” diga ''el sobre''''nombre''; fol. 21, lín. 26, “eve” diga ''fue''; fol. 37, lín. 28, “y no se atreven a llegar a los que la traen” diga ''huyen de los que las traen''; fol. 58, lín. 24, “22 años” diga ''24''; fol. 62v., lín. 23, “23” diga ''25''.
El licenciado Murcia de la Llana
Los señores del Consejo tasaron este libro de la vida y milagros de santa Juana de la Cruz a cuatro maravadís cada pliego, el cual tiene veinte y nueve y medio, que conforme a su tasa monta tres reales y medio, como parece por la fe que se despachó en el oficio de Cristóbal Núñez de León, escribano de Cámara, en Madrid, a 4 de noviembre de 1610.
[h. 2v]''' ''''''Carta del ilustrísimo señor don fray Pedro González de Mendoza,'''''' arzobispo de Granada, al autor'''
Heme holgado de oír que se ocupa Vuestra Reverencia en sacar a luz la vida y milagros de la madre sor Juana, que comúnmente llaman en toda esta tierra santa Juana de la Cruz, cuyo título nació de los muchos favores y mercedes que por su intercesión ha hecho Nuestro Señor a los que a ella se encomiendan. Y de aquí resultó también ser trasladado su cuerpo después de haber siete años que estuvo enterrado y colocado tan honoríficamente como ahora está, adornado de lámparas de plata, rejas y capilla, que son testimonios que aprueban su santidad y milagros, sin que en tantos años el corriente de la devoción haya detenido su curso en las muchas gentes que allí acuden, ni los ministros hallado causa que la pueda impedir, sino muchas para llevarla adelante. Y yo soy testigo de vista, de haber abierto su sepulcro dos veces: una, siendo provincial, en compañía del señor obispo don fray Francisco de Sosa, y otra, siendo comisario general, en compañía del general fray Arcángelo de Mesina; y entrambas veces vi el cuerpo entero, con su carne y cabellos, y le así del brazo y levanté en alto, sin que por parte ninguna se deshiciese. Y el General y yo le llevamos así levantado al coro, y le mostramos a las gentes que estaban en la iglesia, que sin saberlo habían concurrido muchas, con estar el convento en despoblado. Y todos [h. 3r] con mucha devoción y lágrimas se encomendaban a la santa, como tienen de costumbre. La primera vez que se vio el cuerpo, deseando las monjas ver si tenía cuentas de las que la tradición dice que subió al Cielo el ángel de su guarda y que Nuestro Señor las bendijo a instancia de la misma santa, y las concedió las gracias y virtudes que se cuentan dellas, no se halló ninguna, porque las mesmas monjas se las debieron de quitar cuando murió para repartirlas entre personas devotas, que son muchas las que las desean, así por ser benditas por Nuestro Señor, como por los muchos milagros que se ven cada día con ellas. Y cuando no se hallan destas, procuran que sean de las tocadas a dos que tienen las monjas en el coro alto, desde el tiempo de la misma santa. Y así por esto como por las muchas revelaciones y cosas prodigiosas de su vida, de que hay dos libros grandes en el convento, me he holgado que Vuestra Reverencia tome a su cargo el disponerlas, para que salgan a vista de tantas gentes. Porque confío en Nuestro Señor será para mucha edificación de los fieles, y de grande ejemplo para los que siguen la virtud, viendo el premio que nuestro Señor dio a esta santa mujer. Él guarde a Vuestra Reverencia y dé el espíritu que ha menester para tan santa obra. De Madrid y otubre, 11 de 1610.
Fray Pedro González de Mendoza, arzobispo de Granada
[h. 3v] '''Aproba''''''ción Aprobación de los ''''''letores'''''' de Teología'''
Los letores de Teología de San Francisco de Valladolid que aquí firmamos nuestros nombres, hemos visto por mandado de nuestro padre fray Luis Velázquez, ministro provincial desta Provincia de la Concepción, el libro de la vida y milagros de la gloriosa madre santa Juana de la Cruz, compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la misma provincia, coronista general de la Orden, y todo lo que en él se contiene es católico, y las revelaciones de la santa son admirables y muy conformes a la Sagrada Escritura y dotrina de los santos, y enseñan el camino del Cielo con notable dulzura y espíritu del Señor, de que todas están llenas, por lo cual se puede y debe imprimir el dicho libro con mucha confianza que será para honra y gloria de Dios, y utilidad y provecho de los fieles, y este es nuestro parecer. En el dicho convento de San Francisco de Valladolid, a 8 de julio de 1610 años.
Fray Luis Velázquez, ministro provincial
[h. 4r]''' ''''''Aprobación del padre Cetina'''
Por comisión del vicario general de Madrid, he visto un libro llamado ''Vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada santa Juana de la Cruz'', compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción, de la Orden de nuestro padre San Francisco y coronista general della, y fuera de que en el dicho libro no he hallado cosa contra nuestra santa fe, ni contra las buenas costumbres, la lección es utilísima, por ser historia de una santa muy ejemplar que con sus santas costumbres, con sus heroicas virtudes y misteriosas revelaciones que Dios le reveló es ejemplo a todos los fieles de toda virtud y santidad, y especialmente a los que desean caminar por el camino de la perfección, en que esta sierva de Dios mucho se aventajó. El estilo del autor es dulce, claro y apacible; es muy puntual en la historia, y para la inteligencia della, cuando es necesario, hace escolias y anotaciones muy doctas, con que se allanan las dificultades que cerca della se pueden ofrecer. Y ansí soy de parecer que la lección del dicho libro será muy útil y que se le debe dar licencia para que le imprima. En San Francisco de Madrid, en 3 de agosto de 1610.
El doctor Gutierre de Cetina
[h. 4v]''' ''''''Aprobación'''
Por comisión particular de Vuestra Alteza he visto y leído este libro que se intitula ''Historia, vida y milagros de santa Juana de la Cruz'', compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor y coronista del sagrado Orden del Seráfico Padre. Y quisiera —como dice el glorioso padre san Gerónimo escribiendo la vida de santa Paula— que todos los miembros del cuerpo se tornaran lenguas para engrandecer las extraordinarias mercedes que Dios comunicó a esta bendita santa. Pero el autor cumple con lo que promete explicando sus milagros, éxtasis y revelaciones con tanta erudición, dotrina y verdad, tratada con delgadeza y agudo ingenio, autorizada con las sentencias y dichos de los santos, manifestada católica y píamente. Y tengo por cierto que será muy estimada y con edificación leída de todos y de muchos imitada. Y así juzgo se le debe dar la licencia que pide. Fecha en este convento de la Santísima Trinidad, calle de Atocha de Madrid, en 6 días de agosto de 1610.
El Presentado Fray Juan Baptista
[¶1r]'''Petición del padre fray Antonio Daza dada al Consejo de la Santa General Inquisición, ante el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general, y los de su Consejo. En Madrid,'''''' a 19 de agosto de 1610'''
Muy poderoso señor:
Miguel García de Molina
[¶2r]'''Parecer y censura del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, y uno de los que asisten a la junt''''''a que se hace en esta corte de S''''''u Su Majestad'''''' para el nuevo ''''''''Catálogo y ''''''''''E''''''''''x'''''''''Ex'Purgatorio'''''''''' de los libros prohibidos'''''
Yo, el maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, etc. digo que por mandado del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas y Sandoval, cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos y señoríos del Rey nuestro señor, y del Consejo de Estado de Su Majestad y de los señores de la santa y general Inquisición, he visto y leído con particular atención un libro intitulado ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de ''''la bienaventurada virgen santa Ju''''ana de la'' [¶2v] ''Cruz'' ''de la Tercera O''''rden de n''''uestro padre S''''an Francisco'', compuesta por el muy docto y muy erudito padre fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de su Orden, para dar acerca de él mi parecer y censura. Y no solo no he hallado en él cosa ninguna que se pueda censurar, ni que sea digna de ser notada, antes me parece que el libro será de mucho provecho y utilidad para todos los que quisieren aprovecharse de él —especialmente para la gente devota y que trata de espíritu—, y que todo lo que en él se escribe es dotrina muy buena y aprobada, y muy conforme a la que enseña la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores. Y porque se me ha mandado que demás de dar mi parecer y censura de todo este libro por mayor diga también en particular todo lo que siento de él y de los milagros y revelaciones que en él se escriben, me habré de alargar más en este mi escrito y relación, para lo cual he leído fuera de lo que contiene este libro, también las informaciones auténticas que de las cosas en él contenidas se han hecho en diversos tiempos y el libro original de donde este se sacó, que es el que escribió una discípula desta sierva de Dios y contemporánea suya llamada soror María Evangelista, a quien dicen las informaciones que desto se han hecho y la tradición de aquel monasterio que milagrosamente para este efecto dio el Señor gracia de saber leer y escribir, y me parece que cuanto me ha sido posible he averiguado ser cierto y verdad lo que en esta historia se escribe de la vida, milagros y santidad desta sierva de Dios, que es lo primero que se ha de presuponer en escribir [¶3r] las vidas de los santos y lo que el santo concilio de Trento ''[2]'' manda a los pastores y prelados miren mucho cuando se hubieren de publicar y sacar a luz historias de milagros y vidas de santos para que con verdad se publiquen las maravillas de Dios y su omnipotencia. Porque como con estas cosas descubre Dios cuán admirable es en sus santos ''[3]'', es muy de su servicio que con cosas ciertas y verdaderas le alabemos y engrandezcamos su infinita grandeza y omnipotencia, sin decir ficciones ni cosas inciertas, pues, como dice el santo Job ''[4]'', no hay necesidad dellas para lo que Dios pretende. Tengo, pues, toda esta historia por muy verdadera, y entiendo —cuanto yo alcanzo con probabilidad y fe humana— que todo lo que aquí se escribe pasó así como aquí se dice, no solo en lo que es la vida ejemplar, penitente y santa que hizo esta bienaventurada virgen y los santos ejercicios, mortificaciones y penitencias que continuamente hacía, sino también en lo que es los raptos, éxtasis, visiones, revelaciones y profecías de que en esta historia se hace mención. Y lo que destas revelaciones, visiones y éxtasis siento, y lo que me parece del grado y calidad en que las hemos de tener, es que verdaderamente las tengo todas por divinas, sobrenaturales y celestiales, hechas y inspiradas por el mismo Dios, y que en aquellos raptos y elevaciones y profundas contemplaciones hablaba Dios por boca desta su sierva como por órgano y instrumento del Espíritu Santo, porque hallo en todas ellas todas las señales que la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores ''[''''5]''
tienen para verificar y averiguar que estas obras son sobrenatu- [¶3v] rales, divinas y hechas y comunicadas por el mismo Dios, como son ser verdaderas y ciertas las profecías y revelaciones, ser conformes a la dotrina que enseña y tiene la Iglesia católica universal y sus sagrados doctores, ser al parecer de hombres doctos y píos inspiradas del Espíritu Santo, y hallarse en ellas la verdad y pureza que es propia a cosas enseñadas por el mismo Dios, sin mezcla ninguna de falsedad ni error ''[6]''. Y finalmente ser tales que la persona y el alma en quien Dios hace estas maravillas queda con ellas mejorada en humildad, en amor de Dios, en devoción y en otras muchas virtudes ''[7]''. Todas estas señales que he considerado y notado en esta historia desta santa son las mismas que se hallan y se hallaron cuando hicieron prueba dellas en otras muchas vidas de santos y milagros y revelaciones que dellas se escriben. Tales fueron las de santa Isabel, hermana del rey Eckberto ''[8]'','' ''santísima abadesa del monasterio de Esconaugia, a quien el ángel de su guarda —como a nuestra santa Juana el de la suya— reveló muchas cosas como estas y mandó de parte de Dios que las escribiese, como se escribe en su vida ''[9]''. Tales las de la santa Ildegardis, abadesa religiosísima del monasterio de San Ruperto, en el arzobispado de Maguncia, que desde su niñez fue muy favorecida de Nuestro Señor con revelaciones y visiones del Cielo, las cuales después, a instancia y petición de nuestro glorioso padre san Bernardo, confirmó el papa Eugenio III, su dicípulo, en un concilio que celebró en la ciudad de Trebes, como lo escriben los autores que hablan de aquel concilio y desta santa ''[10]''. Tales también fueron las de la insigne y muy [¶4r] celebrada viuda santa Brígida, canonizada por el papa Bonifacio Nono, que fueron examinadas por estas mismas señales y aprobadas por diligencias que hizo el cardenal don Juan de Turrecremata ''[11]''. Y desta misma manera y como estas que he referido son las que se contienen en este libro de nuestra santa Juana, muy parecidas las unas a las otras, así en las cosas reveladas como también en el modo con que Dios las revelaba. Y así también por esta parte se hace muy verisímil que todas estas profecías, éxtasis, revelaciones y raptos desta santa fueron divinas y celestiales, y verdaderamente inspiradas por virtud de Dios y sobrenaturalmente. Y siendo así será cierto que todo lo contenido en este libro será muy provechoso para las almas y dé mucho motivo para incitar y inflamar los corazones a la virtud, según lo que dice san Pablo escribiendo a su discípulo Timoteo: ''[12''''] ''“''Omnis'''' doctrina ''''divinitus'''' ''''inspirata'''' ''''utilis'''' ''''est'''' ad ''''docendum'''' et ad ''''erudiendum'''' ad ''''iustitiam'''', ''etc''.''” ''[13]''.
Algunas cosas he hallado en esta historia muy particulares y muy raras que aunque son verdaderas y muy ciertas es bien que se lean con más atención y mayor consideración, porque como no son de las ordinarias ni de las que comúnmente se saben, podrían parecer dificultosas de creer si no se considerasen con alguna advertencia, y aun yo la pongo en que siendo tales y de la calidad y verdad que digo se hacen más ciertas y más creíbles por haberlas Dios revelado a esta santa. Una de ellas (''habetur'''' ''''capitulo'''' 17 ''''huius'''' ''''hist''''oriae'''' ''''[14'''']'') ''[''''15] ''es que a esta santa le fue revelado que algunas almas tenían su Purgatorio en lugares fuera del que está puesto y ordenado de Dios para que lo sea generalmente de todas [¶4v] las almas que tienen que purgar, como es en ríos, hielos, piedras y otras cosas como estas. Y aunque es verdad que según la ley común y general todas las almas que tienen necesidad de purgar la pena de sus pecados van al lugar que para esto está dentro de las entrañas de la tierra, pero por particular orden y dispensación divina, muchas veces tienen su Purgatorio fuera de aquel lugar, como es en ríos, en fuentes, en baños, en hielos, como lo escribe el papa san Gregorio ''[16'''']'', en muchas partes de sus diálogos, Pedro Damiano ''[17'''']'' en sus epístolas, y otros muchos autores ''[18'''']'', de los cuales refiere algunos santo Tomás, príncipe de los teólogos escolásticos, y los sigue en esta parte diciendo esto mismo que yo digo porque de él lo refiero y él nos lo enseñó expresamente en sus sentenciarios ''[19'''']'' y a él le siguen todos los autores que después de él han escrito ''[20'''']''. Y no solamente enseña esta dotrina santo Tomás, sino que destas historias y revelaciones saca esta regla general: “''De loco ''''purgatorii'''' —''''ubi'''' non ''''invenitur'''' ''''aliquid'''' ''''espresse'''' ''''determinatum''''— ''''dicendum'''' ''''est'''', ''''secundum'''' ''''quod'''' ''''consonat'''' ''''m''''agis'''' sanctorum ''''dictis'''' et ''''revela''''tioni'''' ''''facta'''' ''''multis'''': ''''dicendum'''' ''''itaque'''' ''''q''''uod'''' locus ''''purgatorii'''' ''''est'''' ''''du''''ple''''x'''':'''' ''''unus'''' ''''secundum'''' ''''l''''e''''gem'''' ''''communem'''' et ''''sit'''' locus ''''purgatorii'''' ''''est'''' locus inferior, ''''coniuctus'''' inferno, ''''alius'''' ''''est'''' locus ''''purgatorii'''' ''''secundu''''m'''' ''''dispensationem''''. Et sic ''''quandoque'''' in ''''diversis'''' ''''locis'''' ''''aliqui'''' ''''puniri'''' ''''leguntur'''', ''''vel'''' ad ''''vivorum'''' ''''instructionem'''', ''''vel'''' ad ''''mortuorum'''' ''''subventionem'''' ut ''''viventibus'''' ''''eorum'''' ''''poena'''' ''''innotescens'''', per ''''suffragia'''' ''''Ecclesia''''e'''' ''''mitigaret''''ur''” ''[21'''']''. Esto dice santo Tomás y en estas palabras no solo aprueba y enseña esto de los Purgatorios particulares y extraordinarios, sino que dice más: que destas revelaciones [¶¶ 1r] particulares hechas a varones santos se confirma que los hay. Y así en esto no hay cosa que nos obligue a dudar, sino a creer que pudo ser verdad lo que dice esta historia de los Purgatorios de las almas que Dios reveló a esta su grande sierva, y que lo es cuanto se puede alcanzar con razones y probabilidad humana.
También se hace mención en esta historia de un milagro bien raro, y es una revelación muy particular que Dios hizo y obró en esta santa, no menos digno de que se advierta y pondere bien que este que se hizo de las almas del Purgatorio, y es el de unos rosarios que el ángel de la guarda subió al cielo y trujo de allá con muchas bendiciones y virtudes que les concedió Cristo Nuestro Señor, para que la santa rezase por ellos y los repartiese entre sus monjas y otra gente devota, porque todas gozasen de los bienes e indulgencias que desde el Cielo Su Divina Majestad la enviaba, manifestando con esto lo mucho que le agrada la devoción del santo rosario de su Santísima Madre, y que quiere la alabemos con la oración del Ave María, rezándola por las cuentas de su sagrado rosario. Y aunque este milagro es muy superior a todos cuantos en esta materia yo he leído, harase fácil de creer, considerando que en las historias sagradas, en las de los concilios de la Iglesia católica y en muchos sagrados y antiguos escritores se hallan otros muy semejantes a este y otras cosas muy parecidas a esta. San Vincencio Bellovacense ''[22]'', san Helinando ''[23]'', san Cesáreo ''[24]'', Tomás Brabantino ''[25]'', Egidio Aurífico Cartusiano ''[26]''—si fue este el autor del ''Magnum ''''Speculum'''' ''''E''''xemplorum'', como lo dice el padre Juan Mayor—, Pelbarto ''[27]'', Juan Bonifacio ''[28]'' [¶¶1v] y otros autores de nuestros tiempos escriben inumerables milagros que Dios ha hecho en confirmación y señal de lo que estima y le agrada, que con la salutación angélica del Ave María, y con rezarla con frecuencia por las cuentas del rosario, alaben los fieles a su gloriosa Madre y Señora Nuestra la Virgen María, que por ser muchos, y los autores que he referido ser muy comunes, no los refiero en particular. Uno solo referiré, por parecerme más nuevo y más parecido que los otros al que tenemos en este libro, y es el de un árbol muy prodigioso que milagrosamente nació de repente en un gran campo, en la isla de Irlanda, en el obispado de Corc y Clon, en el condado de Esmon ''[29]'', todo cargado de rosarios, como una parra cuando más cargada está de racimos de uvas, y los hilos o cordones de los rosarios estaban asidos al árbol y tan continuados con él como lo están los pezones de la fruta que nace de otro cualquier árbol. Deste milagro hace mención Francisco Belleforesto ''[30]'', autor grave, y otros que escribieron después de él ''[31]'', y todos advierten que parece que le hizo Dios para que se viese cómo favorecía el Cielo y aprobaba el uso de los santos rosarios. Porque fue esto en tiempo que se iba perdiendo Alemania con las malas setas de los herejes, que abominan la devoción y uso del rezar y el del santo rosario, y de las indulgencias que con ellos se nos conceden. Y es de notar que poco antes había sucedido el milagro destos rosarios y cuentas benditas que el ángel trujo del Cielo a esta santa virgen. Y así se puede creer que le obró también Dios, no solo para consuelo de su sierva y tan querida esposa, sino también [¶¶2r] como el otro de Irlanda, para mayor confirmación de la devoción de los fieles y confusión de los herejes de aquellos tiempos. Pero hay una cosa muy particular y rara en estos rosarios que el santo ángel de su guarda trujo a la gloriosa santa Juana que no la he hallado ni en los milagros que he visto y he referido de los rosarios, ni en ninguna cosa de cuantas por mano de ángeles se han traído de los cielos a la tierra. Porque de aquellos rosarios de Irlanda no se lee que los hubiesen llevado los ángeles de la Tierra al Cielo, sino que o fueron criados y hechos allí milagrosamente o traídos del cielo, como fueron traídas otras muchas cosas, como: la casulla de san Ilefonso, que trujo del cielo la Virgen gloriosa ''[32]'', la Cruz de Oviedo, la de Caravaca y otras cosas así que se dicen haber venido del cielo no porque hubiesen estado allá en el supremo cielo, sino porque por ministerio de los ángeles fueron formadas y hechas en esta región elemental y en la parte aérea que comúnmente se llama “cielo”, que por esta misma razón se dice también que el maná bajó del cielo, y la escriptura lo llama “pan del cielo” ''[33]''. Pero los rosarios de que habla nuestra historia, según que en ella se escribe, fueron llevados por el ángel de acá, de la Tierra, al Cielo, a la presencia de la majestad del Hijo de Dios, Cristo Nuestro Señor, y allá los bendijo y tocó con sus sacratísimas manos el redemptor del mundo. Y porque no pareciese al lector este milagro dificultoso de creer, bien podríamos para facilitarle traer por ejemplo lo que algunos autores dicen, y santo Tomás ''[34]'' no lo tiene por imposible, supuesta la infinita omnipotencia de Dios, que el apóstol san Pablo ''[35]'' en [¶¶2v] su misterioso rapto fue llevado al Cielo en cuerpo y en alma, así mortal y corruptible como estaba. Pero porque el mismo apóstol ''[36]'' ''dice que no sabe si aquel rapto fue “''in corpore, sine extra corpus''”—aunque ni lo niega ni lo dice como cosa imposible—, y el glorioso dotor san Agustín nos manda y advierte que: “Lo que el apóstol confiesa que no sabe no es bien que nosotros lo determinemos” ''[37]'', referiré otra historia muy auténtica y más llegada a nuestros tiempos —aunque muy antigua— de otras cosas corruptibles y terrenas que milagrosamente fueron llevadas de la Tierra al Cielo, y traídas otra vez de allí, para que esto de los rosarios de nuestra santa no parezca increíble: Muy sabida es aquella historia de aquel niño que el año 446 en Constantinopla a vista de todo el pueblo y del emperador Teodosio el Júnior y del patriarca Proclo fue llevado al Cielo hasta donde oyó a los bienaventurados que continuamente estaban alabando a Dios, y después de haber estado allí por espacio de una hora fue otra vez traído a la Tierra porque, fuera de los historiadores y coronistas griegos, Marcelino ''[38]'', Nicéforo ''[39]'', Evagrio ''[40]'', el Menologio griego ''[41]'', san Juan Damasceno ''[42]'' y otros, escríbelo también muy en particular el papa san Félix III en una epístola decretal suya ''[43]'', y escríbenla los obispos que se hallaron en el concilio constantinopolitano que se celebró en tiempo del papa Félix III contra los errores de Pedro Fullón arzobispo de Antioquía, y todos dicen que yendo en procesión toda la ciudad de Constantinopla por un gran terremoto que por seis meses continuos perseveraba en aquella ciudad, haciendo [¶¶3r] en ella gran destrozo y causando muchas ruinas de las casas y muros della, en medio de un campo donde estaba todo el pueblo con pública procesión, fue arrebatado un niño y llevado al Cielo. “''Rursusque'''' ''''descendens'' —dice el papa Félix— ''nuntiavit'''', ''''quae'''' in ''''a''''e''''there'''' ''''audierat'''' ''''dicens'''' se ''''de ''''co''''elo'''' ''''quasi'''' de ''''multitudine'''' ''''psallentium'''', ''''huiusmodi'''' laudes in ''''sonuisse'''' ''''auribus'''' ''''suis'', ''etc.''”, que oyó allá en el Cielo a los bienaventurados que alababan a Dios con aquel santísimo himno del Trifagio diciendo: “''Sanctus deus, sanctus ''''fort''''is'''', sanctus et ''''i''''mmortalis''” ''[44]''. Escriben esto mismo los obispos que arriba referí de aquel concilio constantinopolitano: Acacio de Constantinopla, Anteón de Arsinoi, Fausto de Apollonide, Pánfilo de Avida, Asclepiade ''[45]'' y otros muchos historiadores antiguos y nuevos. Pues así como no hubo repugnancia ni imposibilidad, supuesto el infinito poder de Dios, para que aquel niño, así como estaba, fuese llevado al Cielo, tampoco la hay para que creamos que pudo ser así lo que destos rosarios de santa Juana se escribe. Y es grandísimo argumento para creer esto y todo lo demás que destos rosarios y cuentas se escribe ver los muchos milagros que con estas cuentas hace Dios cada día, de los cuales el autor refiere algunos y yo he visto por mis ojos las informaciones y probanzas auténticas y los dichos de muchos testigos jurados, de donde con mucha verdad y fidelidad ha sacado todo lo que dice. Y no quiero decir lo que he sabido que aconteció con una destas cuentas que por particular merced que Dios me ha hecho la he alcanzado y tengo en mi poder, por no alargarme más en esta mi relación. Será Dios servido que en otra ocasión se sepa.

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