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De ''''''De la fundación del monasterio de S''''''anta Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una ''''''pastorcica'''''' natural de Cubas'''
→Vida de Juana de la Cruz
En Madrid, por Luis Sánchez.
[h. 2r]'''Suma del privilegio'''
El padre fray Antonio Daza, de la Orden de San Francisco, difinidor de la Provincia de la Concepción tiene privilegio de Su Majestad para poder imprimir y vender un libro intitulado ''Vida y milagros de santa Juana de la Cruz'' por tiempo y espacio de diez años, con prohibición de que ninguna persona lo pueda imprimir ni vender sin su licencia, so las penas en el dicho privilegio contenidas, despachado en el oficio de Cristóbal Núñez de León, escribano de Cámara, y firmado del Rey nuestro señor, y rubricado de los del su Consejo y firmado de Jorge de Tovar, su secretario, su fecha en San Lorenzo, a primero de otubre de 1610 años.
Fray Luis Velázquez, ministro provincial
[h. 4r]''' Aprobación del padre Cetina'''
Por comisión del vicario general de Madrid, he visto un libro llamado ''Vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada santa Juana de la Cruz'', compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción, de la Orden de nuestro padre San Francisco y coronista general della, y fuera de que en el dicho libro no he hallado cosa contra nuestra santa fe, ni contra las buenas costumbres, la lección es utilísima, por ser historia de una santa muy ejemplar que con sus santas costumbres, con sus heroicas virtudes y misteriosas revelaciones que Dios le reveló es ejemplo a todos los fieles de toda virtud y santidad, y especialmente a los que desean caminar por el camino de la perfección, en que esta sierva de Dios mucho se aventajó. El estilo del autor es dulce, claro y apacible; es muy puntual en la historia, y para la inteligencia della, cuando es necesario, hace escolias y anotaciones muy doctas, con que se allanan las dificultades que cerca della se pueden ofrecer. Y ansí soy de parecer que la lección del dicho libro será muy útil y que se le debe dar licencia para que le imprima. En San Francisco de Madrid, en 3 de agosto de 1610.
El doctor Gutierre de Cetina
[h. 4v]'''Aprobación'''
Por comisión particular de Vuestra Alteza he visto y leído este libro que se intitula ''Historia, vida y milagros de santa Juana de la Cruz'', compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor y coronista del sagrado Orden del Seráfico Padre. Y quisiera —como dice el glorioso padre san Gerónimo escribiendo la vida de santa Paula— que todos los miembros del cuerpo se tornaran lenguas para engrandecer las extraordinarias mercedes que Dios comunicó a esta bendita santa. Pero el autor cumple con lo que promete explicando sus milagros, éxtasis y revelaciones con tanta erudición, dotrina y verdad, tratada con delgadeza y agudo ingenio, autorizada con las sentencias y dichos de los santos, manifestada católica y píamente. Y tengo por cierto que será muy estimada y con edificación leída de todos y de muchos imitada. Y así juzgo se le debe dar la licencia que pide. Fecha en este convento de la Santísima Trinidad, calle de Atocha de Madrid, en 6 días de agosto de 1610.
El Presentado Fray Juan Baptista
[¶1r]'''Petición del padre fray Antonio Daza dada al Consejo de la Santa General Inquisición, ante el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general, y los de su Consejo. En Madrid, a 19 de agosto de 1610'''
Muy poderoso señor:
tienen para verificar y averiguar que estas obras son sobrenatu- [¶3v] rales, divinas y hechas y comunicadas por el mismo Dios, como son ser verdaderas y ciertas las profecías y revelaciones, ser conformes a la dotrina que enseña y tiene la Iglesia católica universal y sus sagrados doctores, ser al parecer de hombres doctos y píos inspiradas del Espíritu Santo, y hallarse en ellas la verdad y pureza que es propia a cosas enseñadas por el mismo Dios, sin mezcla ninguna de falsedad ni error ''[6]''. Y finalmente ser tales que la persona y el alma en quien Dios hace estas maravillas queda con ellas mejorada en humildad, en amor de Dios, en devoción y en otras muchas virtudes ''[7]''. Todas estas señales que he considerado y notado en esta historia desta santa son las mismas que se hallan y se hallaron cuando hicieron prueba dellas en otras muchas vidas de santos y milagros y revelaciones que dellas se escriben. Tales fueron las de santa Isabel, hermana del rey Eckberto ''[8]'','' ''santísima abadesa del monasterio de Esconaugia, a quien el ángel de su guarda —como a nuestra santa Juana el de la suya— reveló muchas cosas como estas y mandó de parte de Dios que las escribiese, como se escribe en su vida ''[9]''. Tales las de la santa Ildegardis, abadesa religiosísima del monasterio de San Ruperto, en el arzobispado de Maguncia, que desde su niñez fue muy favorecida de Nuestro Señor con revelaciones y visiones del Cielo, las cuales después, a instancia y petición de nuestro glorioso padre san Bernardo, confirmó el papa Eugenio III, su dicípulo, en un concilio que celebró en la ciudad de Trebes, como lo escriben los autores que hablan de aquel concilio y desta santa ''[10]''. Tales también fueron las de la insigne y muy [¶4r] celebrada viuda santa Brígida, canonizada por el papa Bonifacio Nono, que fueron examinadas por estas mismas señales y aprobadas por diligencias que hizo el cardenal don Juan de Turrecremata ''[11]''. Y desta misma manera y como estas que he referido son las que se contienen en este libro de nuestra santa Juana, muy parecidas las unas a las otras, así en las cosas reveladas como también en el modo con que Dios las revelaba. Y así también por esta parte se hace muy verisímil que todas estas profecías, éxtasis, revelaciones y raptos desta santa fueron divinas y celestiales, y verdaderamente inspiradas por virtud de Dios y sobrenaturalmente. Y siendo así será cierto que todo lo contenido en este libro será muy provechoso para las almas y dé mucho motivo para incitar y inflamar los corazones a la virtud, según lo que dice san Pablo escribiendo a su discípulo Timoteo: ''[12]'' ''“Omnis doctrina divinitus inspirata utilis est ad docendum et ad erudiendum ad iustitiam, etc.”'' ''[13]''.
Algunas cosas he hallado en esta historia muy particulares y muy raras que aunque son verdaderas y muy ciertas es bien que se lean con más atención y mayor consideración, porque como no son de las ordinarias ni de las que comúnmente se saben, podrían parecer dificultosas de creer si no se considerasen con alguna advertencia, y aun yo la pongo en que siendo tales y de la calidad y verdad que digo se hacen más ciertas y más creíbles por haberlas Dios revelado a esta santa. Una de ellas (''habetur capitulo 17 huius historiae'' ''[14]'') ''[15]''es que a esta santa le fue revelado que algunas almas tenían su Purgatorio en lugares fuera del que está puesto y ordenado de Dios para que lo sea generalmente de todas [¶4v] las almas que tienen que purgar, como es en ríos, hielos, piedras y otras cosas como estas. Y aunque es verdad que según la ley común y general todas las almas que tienen necesidad de purgar la pena de sus pecados van al lugar que para esto está dentro de las entrañas de la tierra, pero por particular orden y dispensación divina, muchas veces tienen su Purgatorio fuera de aquel lugar, como es en ríos, en fuentes, en baños, en hielos, como lo escribe el papa san Gregorio ''[16]'', en muchas partes de sus diálogos, Pedro Damiano ''[17]'' en sus epístolas, y otros muchos autores ''[18]'', de los cuales refiere algunos santo Tomás, príncipe de los teólogos escolásticos, y los sigue en esta parte diciendo esto mismo que yo digo porque de él lo refiero y él nos lo enseñó expresamente en sus sentenciarios ''[19]'' y a él le siguen todos los autores que después de él han escrito ''[20]''. Y no solamente enseña esta dotrina santo Tomás, sino que destas historias y revelaciones saca esta regla general: ''“De loco purgatorii —ubi non invenitur aliquid espresse determinatum— dicendum est, secundum quod consonat magis sanctorum dictis et revelationi facta multis: dicendum itaque quod locus purgatorii est duplex: unus secundum legem communem et sit locus purgatorii est locus inferior, coniuctus inferno, alius est locus purgatorii secundum dispensationem. Et sic quandoque in diversis locis aliqui puniri leguntur, vel ad vivorum instructionem, vel ad mortuorum subventionem ut viventibus eorum poena innotescens, per suffragia Ecclesiae mitigaretur”'' ''[21]''. Esto dice santo Tomás y en estas palabras no solo aprueba y enseña esto de los Purgatorios particulares y extraordinarios, sino que dice más: que destas revelaciones [¶¶ 1r] particulares hechas a varones santos se confirma que los hay. Y así en esto no hay cosa que nos obligue a dudar, sino a creer que pudo ser verdad lo que dice esta historia de los Purgatorios de las almas que Dios reveló a esta su grande sierva, y que lo es cuanto se puede alcanzar con razones y probabilidad humana.
También se hace mención en esta historia de un milagro bien raro, y es una revelación muy particular que Dios hizo y obró en esta santa, no menos digno de que se advierta y pondere bien que este que se hizo de las almas del Purgatorio, y es el de unos rosarios que el ángel de la guarda subió al cielo y trujo de allá con muchas bendiciones y virtudes que les concedió Cristo Nuestro Señor, para que la santa rezase por ellos y los repartiese entre sus monjas y otra gente devota, porque todas gozasen de los bienes e indulgencias que desde el Cielo Su Divina Majestad la enviaba, manifestando con esto lo mucho que le agrada la devoción del santo rosario de su Santísima Madre, y que quiere la alabemos con la oración del Ave María, rezándola por las cuentas de su sagrado rosario. Y aunque este milagro es muy superior a todos cuantos en esta materia yo he leído, harase fácil de creer, considerando que en las historias sagradas, en las de los concilios de la Iglesia católica y en muchos sagrados y antiguos escritores se hallan otros muy semejantes a este y otras cosas muy parecidas a esta. San Vincencio Bellovacense ''[22]'', san Helinando ''[23]'', san Cesáreo ''[24]'', Tomás Brabantino ''[25]'', Egidio Aurífico Cartusiano ''[26]''—si fue este el autor del ''Magnum ''''Speculum'''' ''''E''''xemplorumExemplorum'', como lo dice el padre Juan Mayor—, Pelbarto ''[27]'', Juan Bonifacio ''[28]'' [¶¶1v] y otros autores de nuestros tiempos escriben inumerables milagros que Dios ha hecho en confirmación y señal de lo que estima y le agrada, que con la salutación angélica del Ave María, y con rezarla con frecuencia por las cuentas del rosario, alaben los fieles a su gloriosa Madre y Señora Nuestra la Virgen María, que por ser muchos, y los autores que he referido ser muy comunes, no los refiero en particular. Uno solo referiré, por parecerme más nuevo y más parecido que los otros al que tenemos en este libro, y es el de un árbol muy prodigioso que milagrosamente nació de repente en un gran campo, en la isla de Irlanda, en el obispado de Corc y Clon, en el condado de Esmon ''[29]'', todo cargado de rosarios, como una parra cuando más cargada está de racimos de uvas, y los hilos o cordones de los rosarios estaban asidos al árbol y tan continuados con él como lo están los pezones de la fruta que nace de otro cualquier árbol. Deste milagro hace mención Francisco Belleforesto ''[30]'', autor grave, y otros que escribieron después de él ''[31]'', y todos advierten que parece que le hizo Dios para que se viese cómo favorecía el Cielo y aprobaba el uso de los santos rosarios. Porque fue esto en tiempo que se iba perdiendo Alemania con las malas setas de los herejes, que abominan la devoción y uso del rezar y el del santo rosario, y de las indulgencias que con ellos se nos conceden. Y es de notar que poco antes había sucedido el milagro destos rosarios y cuentas benditas que el ángel trujo del Cielo a esta santa virgen. Y así se puede creer que le obró también Dios, no solo para consuelo de su sierva y tan querida esposa, sino también [¶¶2r] como el otro de Irlanda, para mayor confirmación de la devoción de los fieles y confusión de los herejes de aquellos tiempos. Pero hay una cosa muy particular y rara en estos rosarios que el santo ángel de su guarda trujo a la gloriosa santa Juana que no la he hallado ni en los milagros que he visto y he referido de los rosarios, ni en ninguna cosa de cuantas por mano de ángeles se han traído de los cielos a la tierra. Porque de aquellos rosarios de Irlanda no se lee que los hubiesen llevado los ángeles de la Tierra al Cielo, sino que o fueron criados y hechos allí milagrosamente o traídos del cielo, como fueron traídas otras muchas cosas, como: la casulla de san Ilefonso, que trujo del cielo la Virgen gloriosa ''[32]'', la Cruz de Oviedo, la de Caravaca y otras cosas así que se dicen haber venido del cielo no porque hubiesen estado allá en el supremo cielo, sino porque por ministerio de los ángeles fueron formadas y hechas en esta región elemental y en la parte aérea que comúnmente se llama “cielo”, que por esta misma razón se dice también que el maná bajó del cielo, y la escriptura lo llama “pan del cielo” ''[33]''. Pero los rosarios de que habla nuestra historia, según que en ella se escribe, fueron llevados por el ángel de acá, de la Tierra, al Cielo, a la presencia de la majestad del Hijo de Dios, Cristo Nuestro Señor, y allá los bendijo y tocó con sus sacratísimas manos el redemptor del mundo. Y porque no pareciese al lector este milagro dificultoso de creer, bien podríamos para facilitarle traer por ejemplo lo que algunos autores dicen, y santo Tomás ''[34]'' no lo tiene por imposible, supuesta la infinita omnipotencia de Dios, que el apóstol san Pablo ''[35]'' en [¶¶2v] su misterioso rapto fue llevado al Cielo en cuerpo y en alma, así mortal y corruptible como estaba. Pero porque el mismo apóstol ''[36]'' ''dice que no sabe si aquel rapto fue “''in corpore, sine extra corpus''”—aunque ni lo niega ni lo dice como cosa imposible—, y el glorioso dotor san Agustín nos manda y advierte que: “Lo que el apóstol confiesa que no sabe no es bien que nosotros lo determinemos” ''[37]'', referiré otra historia muy auténtica y más llegada a nuestros tiempos —aunque muy antigua— de otras cosas corruptibles y terrenas que milagrosamente fueron llevadas de la Tierra al Cielo, y traídas otra vez de allí, para que esto de los rosarios de nuestra santa no parezca increíble: Muy sabida es aquella historia de aquel niño que el año 446 en Constantinopla a vista de todo el pueblo y del emperador Teodosio el Júnior y del patriarca Proclo fue llevado al Cielo hasta donde oyó a los bienaventurados que continuamente estaban alabando a Dios, y después de haber estado allí por espacio de una hora fue otra vez traído a la Tierra porque, fuera de los historiadores y coronistas griegos, Marcelino ''[38]'', Nicéforo ''[39]'', Evagrio ''[40]'', el Menologio griego ''[41]'', san Juan Damasceno ''[42]'' y otros, escríbelo también muy en particular el papa san Félix III en una epístola decretal suya ''[43]'', y escríbenla los obispos que se hallaron en el concilio constantinopolitano que se celebró en tiempo del papa Félix III contra los errores de Pedro Fullón arzobispo de Antioquía, y todos dicen que yendo en procesión toda la ciudad de Constantinopla por un gran terremoto que por seis meses continuos perseveraba en aquella ciudad, haciendo [¶¶3r] en ella gran destrozo y causando muchas ruinas de las casas y muros della, en medio de un campo donde estaba todo el pueblo con pública procesión, fue arrebatado un niño y llevado al Cielo. “''Rursusque'''' ''''“Rursusque descendens'' —dice el papa Félix— ''nuntiavit'''', ''''quae'''' in ''''a''''e''''there'''' ''''aethere audierat'''' ''''dicens'''' se ''''de ''''co''''elo'''' ''''coelo quasi'''' de ''''multitudine'''' ''''psallentium'''', ''''huiusmodi'''' laudes in ''''sonuisse'''' ''''auribus'''' ''''suis'', ''etc.''”, que oyó allá en el Cielo a los bienaventurados que alababan a Dios con aquel santísimo himno del Trifagio diciendo: “''Sanctus “Sanctus deus, sanctus ''''fort''''is''''fortis, sanctus et immortalis”''''i''''mmortalis''” ''[44]''. Escriben esto mismo los obispos que arriba referí de aquel concilio constantinopolitano: Acacio de Constantinopla, Anteón de Arsinoi, Fausto de Apollonide, Pánfilo de Avida, Asclepiade ''[45]'' y otros muchos historiadores antiguos y nuevos. Pues así como no hubo repugnancia ni imposibilidad, supuesto el infinito poder de Dios, para que aquel niño, así como estaba, fuese llevado al Cielo, tampoco la hay para que creamos que pudo ser así lo que destos rosarios de santa Juana se escribe. Y es grandísimo argumento para creer esto y todo lo demás que destos rosarios y cuentas se escribe ver los muchos milagros que con estas cuentas hace Dios cada día, de los cuales el autor refiere algunos y yo he visto por mis ojos las informaciones y probanzas auténticas y los dichos de muchos testigos jurados, de donde con mucha verdad y fidelidad ha sacado todo lo que dice. Y no quiero decir lo que he sabido que aconteció con una destas cuentas que por particular merced que Dios me ha hecho la he alcanzado y tengo en mi poder, por no alargarme más en esta mi relación. Será Dios servido que en otra ocasión se sepa.
También es necesario que se advierta y considere cómo se ha de tomar lo que se cuenta en esta historia que le fue revelado a nuestra santa que el arcángel san Miguel juzgaba las almas después que salían de los cuerpos, haciendo oficio de juez supremo, de grande poder y preeminencia, con las insignias de la corona imperial, cetro y tribunal de grande majestad (''h''''abetur'''' ''''habetur capitulo'''' ''''16 ''''huius'''' ''''hist''''oriaehistoriae'' ''[46]'') ''[47]''. Esto, tomándolo en el sentido que se debe tomar, no puede tener dificultad para que se crea, porque ni es contra lo que enseñan los dotores sagrados y los escolásticos, ni deroga nada a la potestad judiciaria de Dios, que tomándola por la suprema absolutamente está en solo Dios, y tomándola por la potestad de excelencia y singular, participada inmediatamente de aquella suprema, está tan solamente en Cristo Nuestro Señor en cuanto hombre, como lo dicen los autores que para esto exponen aquel lugar de san Juan ''[48]'': “''Omne'''' ''''“Omne iudicium'''' ''''deditfilio”'''' filio''” ''[49]''; ni se hace dificultoso de creer, porque con esto se compadece que haya otros jueces inferiores que participen del poder de Dios y se digan jueces de las almas, como no deroga nada a la eminencia y independencia de la causa primera el haber otras causas segundas con las cuales juntamente obre, concurra y haga sus efetos la primera. Y así sin ninguna repugnancia en este sentido se dice que también los santos juzgarán las naciones ''[50]''. Y a sus sagrados discípulos prometió Cristo que sentados con él juzgarían todos los doce tribus de Israel ''[51]'', pues siendo san Miguel arcángel de tanta excelencia y majestad como lo declaran muchos y muy grandes títulos que le da la Iglesia, y los epítetos honoríficos que le canta, [¶¶4r] bien fácil será de creer lo que de él dijo nuestra santa que le reveló Nuestro Señor en lo que es juzgar las almas que van a la otra vida. Llámalo la Iglesia “prepósito” y “príncipe de la Iglesia”, “primado del Cielo”, “alférez mayor del supremo emperador”, “vencedor del gran dragón Lucifer”, “capitán fortísimo”, “recebidor de las almas que salen desta vida” y “juez” dellas ''[52]''. Todos estos epítetos y otros muchos coligen los santos ''[53]'' de lo que la Escritura Sagrada dice de san Miguel ''[54]''. Y por esto y otras razones que se hallan en los autores se tiene por muy cierto que este glorioso arcángel tiene esta potestad y jurisdición sobre las almas, para que en el juicio particular dellas, que es cuando salen de los cuerpos, las juzgue pesando y ponderando los méritos de cada una dellas, pronunciando y notificándolas la sentencia difinitiva del soberano juez. Y esto quiso dar a entender Dios a esta su santa en aquella revelación y visión imaginaria en que vio a este glorioso arcángel en aquella figura y postura de grande juez, con aquellas insignias imperiales y corona real, y esto es muy conforme al estilo y uso que la Iglesia tiene para declararnos esta grandeza y este poder de san Miguel. Porque como dijo muy bien el dotísimo y muy pío dotor Juan Molano ''[55]'' en su libro de imágines, esto que hemos dicho es lo mismo que se nos representa en las pinturas con que pintan a san Miguel con un peso en la mano, porque es decirnos que como juez recto y de grande entereza primero pondera y pesa los méritos de las almas con mucha particularidad y muy por menudo, y después las pronuncia la sentencia. Lo mismo dice aquel [¶¶4v] fortísimo defensor de la fe Juan Equio ''[56]'', y otros autores que hablan desto. Y desta misma manera se ha de entender lo que en aquella revelación dice nuestra santa: que luego, al mismo instante que san Miguel ha pronunciado su sentencia contra las malas almas, otros ángeles, como ejecutores desta sentencia, comienzan a castigar con rigurosos azotes las tales almas; que quiere decir que en aquel mismo punto comienzan a sentir y padecer el riguroso azote del justo castigo de Dios, y de las penas que tiene aparejadas para ellos. Y no digo más de lo restante desta historia, porque todo es muy fácil y no hay en qué reparar, y aun confieso que si no me fuera mandado que dijera lo dicho pudiera muy bien dejarlas de decir, porque todas estas cosas declara y apoya el autor en sus lugares tan doctamente que no deja lugar para que se dude en esto, ni en otra cosa ninguna, porque no solamente en lo que es histórico procede con tanto acertamiento y seguridad en esta su obra, hablando en las más cosas della como testigo de vista, sino que también en lo que es la etiología ''[57]'' y razón de la historia procede con mucho fundamento y con razones muy sólidas y muy teólogas, por lo cual se le deben al autor muchas gracias, por haber tomado esta ocupación tan santa y tan importante para el espíritu y aprovechamiento de las almas, y para mayor gloria de Dios, y de su santa religión y del glorioso padre y patriarca san Francisco, que cada día con nuevos nacimientos y natalicios de santos suyos nos da nuevas alegrías y gozos espirituales en la Iglesia militante y triunfante. Y por todo lo dicho, merece muy bien [¶¶¶1r] que Vuestra Alteza le admita y apruebe este su libro, para que salga a luz y se comunique a todos. Esto es lo que siento, debajo de la censura y parecer muy acertado de Vuestra Alteza. En Madrid, a 16 de setiembre del año 1610,
Fray Ignacio Ibero, abad de Fitero
Miguel García de Molina
[¶¶¶2r]'''A la reina doña Marg''''''arita Margarita de Austria'''''','''''' nuestra señora'''
Muchos días ha que deseaba ocasión para manifestar al mundo las grandes obligaciones que tenemos a Vuestra Merced los hijos de mi padre san Francisco, y dejando aparte las antiguas —que en otro lugar placiendo a Dios le tendrán más de asiento—, por las recientes y nuevas está tan reconocida esta santa religión cuanto ninguna lengua lo habrá bastantemente decir, pues no hay cosa en la Tierra que tanto estime como haberle dado Vuestra Merced sus dos hijos y a sus altezas el hábito de nuestro [¶¶¶2v] seráfico padre san Francisco: al príncipe nuestro señor siendo de doce meses, y al señor infante don Carlos de dos años, consagrando al seráfico padre los dichosos principios de la edad de sus altezas con este hecho, y dando al mundo un ejemplo sin segundo de la santidad de sus padres y de la singular devoción que tienen a esta sagrada religión, en cuyo nombre, para que Vuestra Majestad goce de la santidad que por los rincones della descubre Dios cada día, por ser tan peregrina y rara la de la bienaventurada madre santa Juana de la Cruz —hija de nuestro seráfico padre y de su tercera Orden—, ofrezco a Vuestra Majestad estampa de su milagrosa vida, con grandísima confianza que pasando los ojos por ella quedará tan aficionada que no solo será parte, sino el todo para su canonización. Hágalo Dios como puede, y a Vuestra Majestad dé su gracia y tantos años de vida como este indigno siervo desea. Deste convento de Vuestra Majestad de San Francisco de Valladolid, 4 de otubre de 1610,
Fray Antonio Daza
[¶¶¶3r] '''Prólogo y advertencias al ''''''letor'''''', donde se declara qué cosa sea visión, éxtasis, raptos y otras cosas importantísimas para el entendimiento ''''''desta'''''' historia'''
Con lenguas de serafines y espíritu del Cielo, quisiera manifestar al mundo las cosas tan soberanas que para honra y gloria suya depositó Dios en su fiel y devota esposa santa Juana de la Cruz, con quien alargó tanto la mano de sus misericordias que por ser tan singulares piden singular atención para leerlas y particular devoción para escribirlas, y para tenerla yo y el acierto que deseo después de haber visitado su santo cuerpo y los lugares donde nació, vivió y murió la santa, y buscado con particular cuidado los más verdaderos papeles que se han podido haber para escribir su vida, sigo seis informaciones auténticas y un libro de mano muy antiguo ''[59]'' que —ditándole la [¶¶¶3v] misma santa por mandado del ángel de su guarda— escribió una discípula suya llamada soror María Evangelista, a quien milagrosamente para este efeto dio el Señor gracia de leer y escribir, porque antes no lo sabía, según que con muchos testigos está probado, y que después de muerta esta bendita religiosa apareció a otra en el coro vestida de resplandor y con un libro de oro abierto en sus manos, que es el mismo que escribió de las cosas de la gloriosa santa Juana. (''Estas informaciones y libro están en el archivo del ''''convento de la Cruz'') ''[59'''']''''.'' Y a toda esta autoridad, con ser tan grande, se añade otra no menor que es el milagro de la incorruptibilidad de su cuerpo, visto por mis ojos y tratado por mis manos cuando esto escribo, que está incorrupto, entero y de lindo olor, según que a honra y gloria de Dios más largamente lo diremos adelante ''[60'''']''.
Bien veo que hay en este libro cosas tan altas y subidas que no eran para todos, pero con el favor divino van tan llanas y acomodadas que sin ningún peligro cualquiera las podrá leer y sacar frutos sabrosísimos dellas, advirtiendo ''[61]'' que el llamar “santa” a esta bienaventurada virgen sin estar canonizada es porque el pueblo, cuya voz es voz de Dios, se lo llama desde el día que murió, fundado en su inculpable vida y muchos milagros que hizo ''[62]'', que con estas condiciones, que son las precisas que se requieren para canonizar a un [¶¶¶4r] bienaventurado, bien le pueden llamar “santo”, como lo dicen graves autores ''[63]'', y lo hacen los concilios y martirologios romanos, y se verá más largamente en las vidas de los santos escritas por autores graves, antiguos y modernos, así en los tomos de Lipomano, Surio y fray Luis de Granada, como en las corónicas de las órdenes monacales y mendicantes. Y casi todas las iglesias matrices y catedrales de la cristiandad hacen lo mismo, y en especial las de España, que llaman “santos” a muchos de sus patrones y a otros que no están canonizados ni beatificados. Y esta costumbre de la Iglesia es tan recibida en toda ella que tiene más fuerza que ley —pues la quita, pone y explica—, la cual permite que a los siervos de Dios que viviendo con fama de santidad hicieron milagros los honremos con el título de santos. Bien es verdad que, mientras la Iglesia no hubiere calificado sus vidas y milagros, no hay obligación con pena de pecado mortal a llamarles santos, ni a tenerlos por tales no estando canonizados. Y esta sea la primera advertencia.
La segunda, que, escribiendo la vida de una santa tan llena de visiones, revelaciones, éxtasis y aparecimientos de ángeles y demonios, estoy obligado a dar alguna noticia destas cosas, siquiera lo que un breve prólogo permite ''[64]'': Será de [¶¶¶4v] mucha importancia entender muy de raíz la propiedad y fuerza de la palabra “visión” con que generalmente se comprehende y declaran todas estas cosas como con particular energía la declara la lengua santa ''[65]'', derivándola del verbo ''ra''''´''''a''''hra´ah'', que significa “ver con los ojos del cuerpo las cosas que Dios revela y entenderlas con los espirituales del alma”. Y de aquí es que a los profetas a quien Dios mostró tantas visiones y maravillas los llama “videntes” la Sagrada Escritura, con un participio del mismo verbo ''haroe'', y “visión” a la revelación que se les comunica, que es un género de conocimiento sobrenatural. Y porque hay tres principios de conocer en el hombre, que son: el sentido exterior, la imaginación y el entendimiento, así también los dotores y santos ''[66]'' reducen a tres géneros de visiones todas las maneras de revelaciones que Dios hace a sus siervos, conforme a uno de los tres principios con que el hombre las conoce:
La primera de estas visiones, que se llama “sensitiva” ''[67]'', es cuando con los ojos del cuerpo se ven algunas cosas mediante figuras sensitivas o corporales, representadas a los sentidos exteriores, que son como símbolos o semejanzas de lo que Dios significa por ellas, las cuales no se pueden ver sin luz sobrenatural, como cuando mostró Dios a Abrahán el misterio de la Pasión de su unigénito [¶¶¶¶1r] hijo en el cordero enzarzado entre las espinas. La segunda se llama “imaginaria” ''[68]'', y es cuando el alma, sin ayudarse de los ojos corporales, ve las cosas que Dios le revela mediante alguna figura imaginaria. Deste género de visiones fueron las que vio san Juan en su ''Apocalipsi'', estando en aquel destierro injusto de la ínsula de Patmos. La tercera y última destas visiones ''[69]'' es cuando el ánima ve y conoce claramente lo que Dios la revela, y llámase “intelectual” porque el entendimiento, sin que haya de por medio figura de cosas sensibles o imaginarias, conoce todo lo que Dios la revela. Y esta última se tiene por la más alta y más principal de todas, por ser la más semejante a la visión de que gozan los bienaventurados en la gloria.
Los raptos que los hebreos llaman ''tardemah'', que quiere decir “sueño profundo”, y los griegos ''extasis'' ''[70]'', que significa “salida o vuelo del alma”, no porque el alma salga del cuerpo y vuelva a él —que sería conceder un grande error y a cada paso la muerte y resurrección de los cuerpos—, sino porque en los raptos está el que los padece como si estuviese muerto o dormido, efeto propio de amor que según san Dionisio ''[71]'' es el que causa éxtasis en el alma y saca al hombre de sí, trasformándole en la cosa que ama, y a esta elevación llaman [¶¶¶¶1v] los teólogos “éxtasis”, sobre la cual añade el rapto ''[72]'' ''[73]'' cierto género de violencia de parte del objeto que mueve la potencia del alma, que la arrebata y atrae fuertemente a sí, aunque con grandísima suavidad, abstrayéndola de sus sentidos, la cual, cuando se arroba en Dios con la fuerza del amor, de tal forma se transforma en él que, suspendiendo sus potencias, acude a favorecer la porción superior del alma; y, como no tiene fuerzas para resistir al ímpetu sobrenatural y acudir juntamente a sus sentidos corporales, falta a estos y no les da virtud, ni envía la facultad animal a las partes el cuerpo, sin la cual ni los oídos pueden oír, ni los ojos ver, ni las narices oler, ni el gusto gustar, ni el tacto tocar. Y así, los que están arrobados ni sienten frío, ni calor, ni hambre, sed, ni cansancio, por lo cual piensan algunos que cuando el alma goza destos éxtasis, arrobamientos y raptos no merece en ellos ni desmerece, pensando que no la queda entera libertad para usar libremente de razón, como el que duerme ''[74'''']'', pero no se ha de hacer dellos el mismo juicio que se hace de los sueños ordinarios y comunes, que si en estos está impedido el uso de la razón y el entendimiento, en los raptos no lo está, sino más libre y desembarazado para entender y contem- [¶¶¶¶2r] plar las cosas que Dios comunica al alma, y se deja fácilmente entender mirando al fin que Dios tiene en estos éxtasis y raptos, que no los da para que sus amigos pierdan tiempo en ellos y estén aquel rato faltos de juicio, sino para que, recogida el alma, desatada y libre de la inquietud de los sentidos, obre más fervorosa y libremente. Y así las obras que hacen en los éxtasis y raptos son de virtud y hechas con mayor luz y claridad que las que se hacen fuera dellos, según que se colige de la dotrina de los santos ''[75'''']'' y nos lo enseñan personas a quien Dios hace esta tan señalada merced. Y así podríamos decir que “éxtasis” es un profundo sueño del alma, en el cual el entendimiento y voluntad están velando, y, ocupándose en tan alta obra, desfallecen los sentidos corporales y quedan como dormidos a las cosas exteriores.
Para concluir con esta materia de visiones —que no querría alargarme en ella, ni dejarla ayuna de tan sabrosos bocados—, se advierta que cuando Dios habla a los hombres ''[76]'', lo más ordinario suele ser por ministerio de ángeles que representan la persona divina, y en su nombre reciben recaudos y los despachan hablando, no en tercera persona —como los mensajeros, que, en nombre ajeno, dan el recaudo y llevan también la respuesta— [¶¶¶¶2v], sino como los legados y virreyes, que tienen vez y lugar del mismo que los envía. Y esto fue más usado en la Ley Vieja que en la de Gracia, en la cual, por su dignidad y por el amor que Cristo tiene a las almas, algunas veces Él mismo se las aparece ''[77]'', las visita y consuela, como consta por lugares expresos del Testamento Nuevo ''[78]'' y los santos ''[79]'' refieren muchas historias de semejantes aparecimientos, y en esta se hallarán algunos, lo cual hace Su Divina Majestad bajando a la Tierra y quedándose juntamente en el Cielo, que —aunque dificultoso a nuestro parecer— no le es a Dios imposible, antes entre hombres doctos ''[80]'' es una opinión muy probable y segura, como lo es en buena Física y Teología la que enseña Escoto ''[81]'', con otros muchos que le siguen, que un mismo cuerpo por la virtud y potencia divina puede estar ''quantitativo'''' modo'' ''[82]'' juntamente en dos lugares distintos y diferentes.
Los ángeles, cuando aparecen y hablan a los santos y los demonios que los atormentan y azotan, toman para ejercitar estas acciones cuerpos aparentes y fantásticos del aire, imperfectamente mixto, aplicando ''activa ''''passivis'' ''[83]'', como lo enseña la sutileza de Escoto ''[84]'' y el ingenio soberano [¶¶¶¶3r] del glorioso padre san Augustín ''[85]''. Y, aunque es verdad que estos cuerpos en que se muestran y aparecen no son verdaderos cuerpos de carne y sangre como los nuestros, con todo eso, es tanta la fuerza que los espíritus tienen sobre todas las cosas corporales y visibles, que hacen dellos lo que quieren, moviendo la lengua del cuerpo fingido para hablar, los pies para andar y el ojo para ver, porque, con la misma facilidad —y mayor— que el alma se sirve de sus miembros, se sirve el espíritu de aquellos que hace, porque a tanto como esto llega el poder del ángel bueno o malo. Y esto sirva al curioso letor para entender muchas cosas que se le ofrecerán en el discurso de la vida desta santa. [¶¶¶¶3v] [en blanco] [h. 1r] [en blanco]
[h. 1v] [xilografía con imagen de la virgen Juana con cuentas al cuello, arodillada y abrazando la cruz a la derecha, la custodia a la izquierda y arriba el ángel de su guarda —pone encima: “san Laruel Áureo”— llevándole al Padre las cuentas de Juana para que las bendiga. Debajo de la escena consta: “La Vuestra Merced y sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa del Orden Tercera de nuestro padre San Francisco, de la santa Provincia de Castilla, abadesa que fue en el convento de Nuestra Señora de la Cruz 17 años a los 28 de su edad, y fue electa en 3 de mayo año de 1499, día de la Invención de la Santa Cruz, y nació en el mesmo día el año de 1481, tomó el hábito en el mesmo día, año de 1496, profesó dicho día el año de 1497, murió en el mesmo día el año de 1534, a los 53 años de su edad”]
[¶¶¶¶4r] '''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, ''''''de la Tercera Orden de nuestro p''''''adre ''''''padre San Francisco'''
===Capítulo I===
Cinco leguas de Madrid, corte famosa de los Católicos Reyes de España, está la villa de Cubas; y aunque pequeña y pobre, felicísima y muy dichosa, por haber escogido junto a ella la Virgen Nuestra Señora su habitación y morada tan cerca que solos quinien- [¶¶¶¶4v] tos pasos deste lugar quiso tener su casa, como señora y vecina del pueblo, en cuya juridición y términos se apareció la soberana Virgen nueve veces, en los primeros nueve días de marzo del año de 1449, a una pastorcica de trece años llamada Inés, guardando un ganadillo de cerda, tan devota de Nuestra Señora que rezaba su rosario cada día, y le ayunaba sus fiestas y la mitad de la Cuaresma desde que tuvo siete años, y ahora que era mayor comulgaba a menudo y frecuentaba mucho la iglesia. Y aunque de las informaciones que se hicieron sobre este caso (''capítulo 8'') ''[86]'', no conste sino de los cinco o seis aparecimientos, es cierto que fueron nueve, según que se lo reveló Dios a la bienaventurada santa Juana por el ángel de su guarda, y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año desde entonces la fiesta destos nueve aparecimientos de Nuestra Señora con grande solenidad y concurso de muchos pueblos.
La verdad desta historia se ha colegido de una información hecha por mandado del ilustrísimo señor don Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, cometida a Juan Núñez, arcipreste de la villa de Madrid, y a Juan Gonzá- [1r] lez Morejón, arcipreste de la villa de Illescas, por particular provisión del dicho arzobispo, dada en la villa de Benavente, a siete de abril, del año de 1449, refrendada por Gómez de Córdoba, su secretario, y autorizada por Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, y notario público en su Corte y en todos sus reinos. (''Esta información está en los archivos del ''''convento de la Cruz'''', junto a Cubas'') ''[87]''. Y para escribir historia tan grave como esta de los nueve aparecimientos de Nuestra Señora, no hallo palabras más a propósito, ni más graves, ni verdaderas, que las propias con que la misma Inés la contó, siendo examinada sobre este artículo, que por ser suyas hacen mucho al caso, y por la llaneza y antigüedad del lenguaje darán gusto a quien las leyere, que son las siguientes ''[88]'':
“E luego la dicha Inés dijo que este lunes que ahora pasó, que se contaron tres días del mes de marzo, estando ella en el campo guardando los puercos, al campo que se llama la Fuente Cecilia, a la hora del mediodía, poco más o menos, vino a ella una mujer muy fermosa vestida de paños de oro e le dijo: “¿Qué faces aquí, charita?”. (''Decía Inés que Nuestra Señora hablaba muy lindamente, que tenía suavísima voz y muy delgada'') ''[89]''. E que le respondió: “Guardo estos puercos”. Y que la dicha señora la dijo que por qué ayunaba los días de Santa María en viernes.[1v]E que respondió que ge lo mandaban sus padres. Y luego dijo la señora que bien facía e que pocos viernes la quedaban ya que ayunar en este año, pero que de allí adelante ayunase las fiestas de la señora Santa María en los mismos días que cayesen, porque los que así ayunaban ganaban ochenta mil años de perdón.'' ''(''Esto se debe entender de la'''' fiesta de la Anunciación de Nuestra Señora'') ''[90]''. ''E que también le mandó dijese a todas las gentes se confesasen y enderezasen sus ánimas, porque vendría sobre ellos grande pestilencia, e dolor de costado ''[91]'', e muchas piedras rojas envueltas en sangre, de lo cual moriría mucha gente. E luego desapareció. E dijo la dicha Inés que estas cosas no las había osado decir a su padre, ni a su madre, ni a ninguna persona. E que luego el martes siguiente dijo que andando con los dichos puercos en el pavo del arroyo de Torrejón a la hora de mediodía, volvió a ella la dicha señora en la manera que de antes la había aparecido, e le dijo: “Fija, ¿por qué no dijiste lo que te mandé ayer?”. E que respondió que no lo osó decir, pareciéndola que no sería creída. E que entonces le dijo la dicha señora: “Cata que te mando que lo digas, e si no te creyeren, yo te daré señal con que te crean”. Y entonces la dicha Inés le preguntó quién era. Y le respondió que no se lo quería decir ahora. Y con esto desapareció''.''''''' '''''(''Decía Inés que todas las veces que vio a Nuestra Señora venía con tan gran resplandor que la ''''dislumbraba'''','''' de suerte que por aquel día casi quedaba sin vista'') ''[92]''. Y el viernes siete días del dicho mes, dijo[2r]la dicha Inés que andando guardando los puercos al prado nuevo cerca del dicho lugar del Cubas, vino a ella la dicha señora la tercera vez a la dicha hora, vestida como dicho tiene, e le dijo que si había dicho lo que la había mandado. Y respondió que lo había dicho a su padre, y a su madre, y a otras personas del lugar (''Su padre ''''le ''''dijo que mentía y'''' que'''' callase y no lo dijese a ninguna persona'') ''[93]''. Y entonces la dijo la dicha señora que lo publicase, e lo dijese al clérigo e a las gentes sin ningún miedo ni temor. E después desto dijo la dicha Inés que el domingo que ahora pasó que se contaron nueve días del dicho mes, estando guardando los dichos puercos al pavo que dicen de la Cirolera, y estando fincadas las rodillas y puesta la boca con el suelo ofreciendo las oraciones e rogando que apareciese la dicha señora, que vino a ella en la forma que otras veces le había aparecido, e le dijo: “Levántate, fija”. E que estonces hubo miedo, y se levantó. Y que la dicha señora la dijo: “No hayas temor”. E la preguntó luego quién era, y le respondió: “Yo so la Virgen Santa María” ''[94]''. Y se llegó a la dicha Inés, e la tomó su mano derecha, e ge la apretó con el pulgar, e la dejó los dedos della juntos y pegados, fechos a manera de cruz, según que lo mostró, y vimos todos los que ahí estábamos (''Esta señal vieron muchos, y aunque la probaron a deshacer no pudieron'') ''[95]''. Y que cuando le juntó los dichos dedos, se quejó la dicha Inés, e la dijo la dicha señora: “Con [2v] esta señal te creerán, y esto pasarás tú por ellos. Vete a la iglesia, y llegarás cuando salgan de misa, e enséñalo a todas las gentes, porque crean lo que dijeres”.'' ''(''Dolíala'''' todo el brazo hasta el codo y la parecía que le tenía seco'') ''[96]''. '' ''Y así se fue luego a la iglesia, e llegó al tiempo que la dicha señora había dicho. Y en entrando en la iglesia, fincó los finojos ante el altar de la Virgen María, e dijo públicamente al clérigo e a todo el pueblo todo lo susodicho. E luego el clérigo, e alcaldes, e regidores, e omes buenos del dicho lugar, habiendo mucha devoción en la dicha señora Virgen Santa María, que tal miraglo mostraba en la dicha Inés, se movieron con gran devoción con las cruces e con candelas e hachas encendidas en las manos, y descalzos todos en procesión con los más niños que se pudieron haber en el dicho lugar e con la dicha Inés, y llevaron una cruz de palo, para ponerla donde Nuestra Señora le había tomado la mano, y fecho en ella la dicha señal. Saliendo de las eras, e queriendo entrar en las viñas, la dicha Inés, que iba adelante de los niños, volvió la cabeza e dijo a Lope de Lorbes y a Andrés Ferrandes Regidor, que iban ordenando la procesión de los dichos niños, que estuviesen quedos, que había oído una voz que la llamaba la dicha señora Virgen Santa María y que le dijera dos veces: “Anda acá”. E quería [3r] ir a ver lo que le mandaba la dicha señora. E que luego el dicho Andrés Ferrandes, que llevaba la cruz de palo, se la dio a la dicha Inés, la cual se fue con la cruz e dijo que, así como se apartó de la procesión, vino la Virgen Nuestra Señora y se fueron juntas al lado derecho de la dicha Inés, e que nunca la fabló ninguna palabra, fasta que llegaron al lugar donde le había dado la dicha señal, e que entonces la dicha señora Virgen Santa María tomó la cruz en sus manos, e fincando los hinojos, la fincó en el suelo enhiesta, e la mandó a ella fincar las rodillas de cara la procesión, y que dijese a los del pueblo que la ficiesen allí una iglesia que llamasen Santa María. (''Decía Inés que tomó Nuestra Señora con la mano derecha la cruz por el medio y la hincó palmo y medio en la tierra''. ''Estando Inés de rodillas al pie de la cruz, dijo: ''''“''''Este “Este es el lugar donde la ''''Virgen María'''' manda que la hagan la iglesia''''”''''iglesia”. Y aquí hincó su rodilla y señalando con el dedo dijo: ''''“''''Veis “Veis aquí dónde puso sus pies''''”''''pies”. Y vieron señaladas dos pisadas muy pequeñas en la arena'') ''[97]''. E le mandó que se tornase con la procesión a la iglesia del lugar, y estuviese en ella ante el altar de Santa María con algunas criaturas inocentes, y que estuviese allí aquel día y aquella noche hasta hoy dicho día en que la dijesen dos misas de Santa María en su altar, e que pusiesen a la dicha Inés debajo de los evangelios cuando se dijesen las dichas misas, y la llevasen a Santa María de Guadalupe, donde estaría dos días, e que llevasen con ella cuatro libras de cera, e luego sería sana, e se desataría la mano, e se quitaría la señal”.
[3v] Esto es lo que dijo Inés debajo de juramento. Y el pueblo viendo estas maravillas, adoró el lugar donde la Virgen puso sus benditísimos pies; y, con los granos del arena en que quedaron estampadas las señales de sus plantas, sanaron muchos enfermos. Adoraron también la santa cruz; y, poniendo hombres que la guardasen, se volvió la procesión a Cubas con la niña. Y, hecho con ella todo lo que la Virgen mandó, la llevaron sus padres a Guadalupe. En este camino hizo algunos milagros en la cura de los enfermos, y a la vuelta sanó de dolor de costado a un hombre de los que venían con ella. Estuvo en Guadalupe tres días, y al segundo se le desató la mano, y quedó perfetísimamente sana, siendo el milagro muy público y patente, porque le vieron el prior y religiosos de aquella casa, con otras muchas gentes, y le tomaron por testimonio. Y cuando Inés volvió de Guadalupe, fue primero que a su pueblo al lugar donde Nuestra Señora puso la cruz, y estándola adorando se le apareció otra vez la santísima Virgen, y la habló. Y de aquí se volvió Inés con sus padres a su casa.
Tan favorecidos se hallaban los de Cubas con haberles la Madre de Dios visitado nueve [4r] veces, que dentro de un año la hicieron una iglesia con título de Santa María de la Cruz, y en ella la santísima Virgen hizo tantos milagros que pasan de setenta y seis los que por ante escribano y notario público se hallan comprobados. (''La información ''''destos'''' milagros está en el archivo del ''''convento de la Cruz'') ''[98]''. Y entre ellos doce tullidos sanos, ocho libres de manifiesto peligro de muerte y once muertos resucitados. Y a la fama destas maravillas y aparecimientos de Nuestra Señora, algunas mujeres devotas que había en aquellos lugares en el contorno de Cubas se vinieron a él, y de su pobreza edificaron una casa junto a esta iglesia, la cual después les fue dada con la cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos, y ellas dieron la obediencia a la Orden de nuestro padre San Francisco, y tomando su hábito, profesaron la Tercera Regla. (''Esta cruz se muestra en el Convento'') ''[99]''. Tomole también la pastorcica Inés, y, andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su cabeza y prelada, por la santidad y virtudes que en ella resplandecían. Mas como el demonio donde halla mayor perfeción procura más la caída, solicitó la destas pobres mujeres, ocasionándolas con algunos tratos y amistades de seglares, de suerte que en breve tiempo desdijeron de aquel buen olor de santidad y virtud en que se habían criado, hasta [4v] salirse del monasterio. Y la triste Inés, que otro tiempo había sido la primera en la virtud, vencida del enemigo, vino también a pervertirse y apostató del convento. Pero, favorecida de la Reina de los Ángeles, hizo penitencia de su pecado y tan buena vida, según se sabe por tradición, que a la hora de su muerte milagrosamente se tañeron las campanas.
===Capítulo II===