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→Capítulo XVII
'''Cómo reveló Dios a santa Juana que muchas ánimas penaban en guijarros, y de cosas maravillosas que con ellas le sucedieron'''
Aunque la verdad católica constituye y pone un lugar que del efecto se llama Purgatorio, donde penan las [77v] almas, y lo hemos visto en las revelaciones del capítulo pasado, no por eso hemos de atar las manos a Dios, para que no se le pueda dar en otras partes del mundo, donde quisiere, como lo dicen los santos, y lo hace su Majestad muchas veces ''[404]''; o por el provecho de los vivos, que viendo aquellas penas se enmienden de sus culpas, o por el que consiguen las almas, que por este camino han sido socorridas muchas veces con la piedad de los vivos, como lo muestran las revelaciones de santa Juana, cuya caridad para con las ánimas de Purgatorio fue tan compasiva y piadosa que cuantas veces le mostraba Nuestro Señor sus penas, las quisiera ella padecer por librarlas. Y esto pedía a la Divina Majestad con tantas lágrimas y perseverancia que lo alcanzó de Dios, y fue público y notorio, visto infinitas veces, en catorce años continuos que el Señor le hizo esta gran misericordia, lo cual sucedió en la manera siguiente: (''Algunas almas tienen el ''''Purgatorio'''' en particulares lugares del mundo'''' [405]''''. Y san Gregorio'''' [406]'' ''cuenta de dos ánimas que tuvieron su ''''Purgatorio'''' en uno''''s unos baños; y Pedro Dami''''ánDamián, en la ''Epístola de los milagros de su tiempo'', dice ''''que el ánima de san Severino tuvo su ''''Purgatorio'''' en un río, y Beda, que la de san ''''Furseo'''' la tuvo en este aire ''''caliginoso''''[''''407][408]'') ''[409]''.
[78r] Como los dolores desta santa virgen eran tan grandes, y algunas veces tan excesivos los fríos que padecía, para darle algún alivio calentaban guijarros, y muy albos, se los ponían entre la ropa de la cama ''[410]''. Y una vez que trujeron uno para este efecto, estándole calentando en el brasero, dijo: “¡Ay, qué crueldad usan conmigo!”. Oyó estos gritos solamente santa Juana, y revelándole Dios quién los daba, mandó luego que le trujesen el guijarro como estaba, y teniéndole consigo, dijo —sin que nadie lo entendiese—: “Yo te ruego, alma bendita, que me perdones la pena que por mi causa te han dado, y me digas cómo veniste a este lugar”. “Por la voluntad de Dios —dijo el alma— tengo mi Purgatorio en este guijarro, que poco ha estaba en el río Tajo, de donde me sacaron las bestias con sus pies, y los hombres que andan en la obra desta casa me trujeron aquí”. “¡Válgame Dios! —dijo santa Juana— ¿En guijarros penan las almas?”. “Sí —respondió la que estaba en él—, y en aquel río donde yo estuve hay infinitas, y algunas ha muchos años que están penando en ellos, y yo soy una de las que ha mucho que penan”. Y, compadeciéndose della, dijo la piadosa virgen: “Yo te ruego, alma bendita, me digas [78v] lo que quieres, que todo lo hallarás en mí”. Contó después santa Juana al ángel de su guarda todo cuanto la sucedió con el alma. Y él la dijo: “Dios te ha concedido que con tus penas puedas ayudar a las ánimas de Purgatorio, y te ha hecho espital dellas, porque así como en el espital son socorridos los pobres y necesitados a cualquiera hora que lleguen, así tú, hecha ya espital de las ánimas, debes recebir a todas horas las que el Señor te enviare, y hospedarlas con mucha caridad en tus miembros dolorosos y descoyuntados, y aumentándose a ti tus penas, quedarán ellas libres de las suyas. Esfuérzate y ten paciencia, que has de padecer mucho por las ánimas de Purgatorio, porque así lo quiere el Señor y tú se lo pediste”. (''Esta revelación de que muchas almas tienen su ''''Purgatorio'''' en este mundo concierta con lo que dicen los santos san Buenaventura'''' [411]'''', santo Tomás'''' [412]'''', san Antoni''''o Antonio [413]'''', Hugo de san Ví''''ctor'''' Víctor [414]'''','''' Bel''''armino'''' Belarmino [415]'''', Dionisio ''''Cart''''usiano'''' ''Cartusiano [416]'', Petrus ''''Damianus'''' [417]'''', Soto'''' ''''[418'''']''''; y san Gregorio'''' [419'''']'' ''cuenta muchas revelaciones muy semejantes a esta de santa Juana'') ''[420'''']''. “Gran caridad me habéis hecho, ángel bendito, con vuestro santo aviso —dijo santa Juana—. Yo me tengo por muy dichosa de que se cumpla en mí la voluntad de mi Señor, y se quiera servir desta indigna, para [79r] obra de tanta caridad. Ayudadme vos, ángel mío, y demos gracias al Señor por tan gran merced que nos hace”.
Así como supo la santa abadesa que penaban almas en aquellos guijarros, mandó a las religiosas trujesen a su celda todos los que hallasen por el convento. Y cuantos la traían hacía poner sobre su cama, y luego conocía si había en ellos ánimas o no: algunos tenían muchas; y los que estaban sin ellas mandaba echar fuera de la celda y traer otros del río, señalando que fuese de tal y de tal parte. Y en estos venían muchas almas, y como salían unas purgadas para irse al Cielo, enviaba Dios a ellos otras infinitas de nuevo ''[421]''. Y porque esta bienaventurada estaba tan gafa ''[422]'' que no podía con sus manos poner sobre sí los guijarros ni aplicárselos al cuerpo, cada momento era necesario que las otras religiosas se los pusiesen y quitasen, y así las declaró el misterio rogándoles con mucha humildad que, pues la causa era tan piadosa, no se cansasen en quitar y poner aquellos guijarros. Y sentían tan grande alivio en sus penas las ánimas que penaban en ellos, cuando la santa virgen las ponía sobre sus miembros descoyuntados y [79v] doloridos, que no quisieran apartarse dellos. Y aunque algunos guijarros eran grandes —como se ve hoy en los que están guardados en el convento— y sus miembros estaban muy delicados y enfermos, se arrobaba con ellos ''[423]''. Y era cosa maravillosa y para alabar al Señor verla elevada en aquella cama y sepultada entre guijarros. Vieron las monjas esta maravilla y otras muchas acerca deste misterio de las almas y de las misericordias que les hacía el Señor por los méritos de su sierva, y participaba tanto de sus penas, de sus fríos y calores, que aunque muy sufrida le hacían levantar el grito. Y acontecía muchos días estar en un continuo gemido, sin tener remisión, ni género de alivio: no dormía, ni podía comer, ni reposar ''[424]''. Y estando una vez fatigadísima con el calor destos recios fuegos, por el mes de enero hizo que la subiesen un yelo del estanque de la huerta, y puesto sobre sus carnes, envuelto en un paño, en breve tiempo se consumió, como si le hubieran puesto en un horno de fuego muy encendido ''[425]''.
Otras ánimas había por el contrario cuyas penas eran de frío, y este era tan excesivo que solo juntar a santa Juana los guijarros en [80r] que estaban le aconteció quedar tan helada que, con ponerle cuatro braseros de lumbre alrededor de la cama y sobre su cuerpo unos paños llenos de mucho trigo tostado, tan caliente y quemado como brasas encendidas, no le daban género de calor. Y lo que es más misterioso que, estando en lo más riguroso destos dolores, se arrobaba y quedaba su rostro resplandeciente ''[426]'', tan apacible y alegre que cuando tornaba en sus sentidos, a las monjas que la preguntaban la causa de su alegría decía: “No hay lengua, hermanas mías, que pueda declarar las misericordias que hace Dios a esta miserable, y el gozo que recibo cuando estas benditas almas que han penado conmigo salen de penas, mayormente cuando veo algunas que ha cien años que las padecen, y otras trecientos y muchas quinientos, sin que ninguno de los vivientes se haya acordado dellas ''[427]''. Y cuando el Señor me las muestra gloriosas en la bienaventuranza, así me regocijo como si yo mesma la gozase, y doy por bien empleados todos los dolores que por ellas he [80v] padecido, y querría sufrir muchos más por las que quedan conmigo, y por las que de nuevo me envía Nuestro Señor. He os dicho esto hermanas para que os consoléis de verme padecer tantos tormentos, pues son tan bien empleados, y roguéis a la Divina Majestad me dé paciencia, que la he mucho menester, porque me hallo muy necesitada y falta desta preciosa virtud”. [80r] (''No solo algunas almas de cristianos son condenadas a trecientos y a quinientos años de ''''Purgatorio'''', como fue revelado a santa Juana, sino muchas hasta fin del mundo. Así lo dice el venerable Beda'''' [428]'''', Dimas ''''Serpi'''' [429]'''', Ricardo ''''de san Víctor y Belarmin''''o'''' Belarmino [430]''''. Y lo mismo le fue revelado a san Vicente Ferrer, y que su hermana'' ''[''''431'''']'' ''Francisca Ferrer estaba en el ''''Purgatorio'''' y condenada a sus penas hasta ''''la fin'''' del mundo, de las cuales fue libre dentro de pocos días, por las oraciones y misas de su santo hermano. Véase el Maestro Diego en la vida de san Vicente Ferrer''''.'''' Cesáreo, en sus ''Diálogos'', cuenta de otra ánima que fue condenada al ''''Purgatorio'''' por dos mil años, y por los sufragios que se hicieron por ella salió de él dentro de dos años. Y el venerable ''''Ioan'''' ''''Herolt'''' ''[432]'' ''dice que algunas han sido condenadas por mil años, y en los ejemplos cuenta de un religioso que fue condenado al ''''Purgatorio'''' hasta el día del juicio, porque cumplía las penitencias tibia y relajadamente'''' [433]''''. Soto'''' [434]'''', de puro piadoso, vino a decir que ninguna ánima puede estar en penas de ''''Purgatorio'''' a lo sumo más de diez años. N''''o No funda su parecer ni es seguido'''' de ninguno, sino impugnado de muchos'''' [435]'') ''[436].''.
Prosiguiendo esta sierva de Dios en sus obras de tan gran piedad y misericordia con las ánimas, permitió Nuestro Señor que las religiosas viesen algunas cosas visibles, por donde creyesen otras invisibles que no veían, en cuya confirmación sucedió hartas veces, siendo abadesa esta tan caritativa criatura, que, llevándola al coro en una silla, la hallaban guijarros pegados en las coyunturas de su cuerpo, y que- [81r] riéndoselos despegar, no había fuerza humana que pudiese, y sonriéndose la bendita prelada de ver la congoja, solicitud y fuerza con que las religiosas procuraban despegar de su cuerpo los guijarros, decía con gran donaire: “Dejaldos amigas, que estén donde Dios les da licencia, que por su misericordia se consuelan ahí esas almas”.
Confesándose una vez la sierva de Dios, vio el confesor uno de aquellos guijarros en su cama, y compadeciéndose della, porque no se hiriese con él, le arrojó en el suelo. Sintiolo la piadosa enferma más que sus dolores, y disimuló cuanto pudo hasta que el padre se fue, y entrando en la celda una religiosa, dijo: “Dame, hermana, ese guijarro, que he tenido tanta pena por haberle arrojado el padre vicario en el suelo que no he sabido lo que me he confesado”. “No se fatigue, madre, de eso —replicó la religiosa, que sabía el misterio de los guijarros—, que poco se les da de eso a las almas”. “Mucho lo sintieron —dijo la santa abadesa—, y tanto que con muy triste gemido dijeron: ‘¡Ay, dolor, estos son los sacrificios y sufragios que recebimos de los sacerdotes y ministros de Nuestro Señor!’” ''[437]''. Tanto sintió la piadosa virgen este su- [81v] ceso, que cuando después vio al ángel de su guarda, consolándose con él y contándole su pena, dijo: “Señor, he sentido esto de suerte que, si a su hermosura le parece, querría suplicar a mi Señor —por muchos inconvenientes que hay en ello— que mude Su Majestad estas ánimas de los guijarros en otra cosa”. “Ruégaselo tú a Dios, que yo te ayudaré”, dijo el ángel. Y pareciéndola que en ninguna cosa podrían estar más cómodamente que en unas jarras de ramilletes y flores que de ordinario tenía la santa virgen en su celda, se lo suplica a Nuestro Señor, y concediéndolo Su Divina Majestad, se pasaron las ánimas a las jarras, y allí tuvieron desde entonces su Purgatorio, como le tenían en los guijarros ''[438]''. Y, libres de sus penas, venían otras de nuevo que Nuestro Señor enviaba.
Las religiosas, que imaginaban gran misterio en estas flores —porque cuanto más estaban en las jarras, aunque lacias y marchitas, tanto más olorosas las hallaban— rogaron a su bendita prelada les dijese el secreto que había en ellas. Y ella, sonriéndose, dijo: “¡Jesús, amigas, todo lo quieren saber! Mas, por el cuidado que tienen en coger las flores, no se lo puedo negar. En cada una dellas [82r] hay muchos ángeles custodios de las ánimas que aquí penan, que no las desamparan hasta llevarlas al Cielo, y se las presentan a Dios, y ahora las vienen a visitar, y consolándolas en sus penas, las dan dulcísima música. '' ''(''Ángeles custodios de las ánimas las acompañan y consuelan en sus penas'''' [439]'') ''[440]''. Y del olor que los ángeles traen consigo permite Dios que se les pegue algo a estas flores, porque se recreen las ánimas que están en ellas”. “También se consolará vuestra reverencia con la suavidad desa música”, dijeron las monjas. “Sí hago por cierto, hermanas —respondió la santa—, y muchas veces cantamos juntos los ángeles, y las ánimas y yo. Y mucho más me consuelo cuando veo que se les alivian sus penas”'' [441]''.
Algunas veces estando esta sierva de Dios muy apartada de las jarras, y las ánimas deseosas de juntarse con ella, las oía quejar con muy tristes y dolorosos gemidos ''[442]'', y compadeciéndose dellas decía: “Venid, ánimas católicas, fieles y benditas, y con el poder que mi Señor os ha dado, aprovechaos de mí, su indigna sierva”. Y entonces por la voluntad divina, venían todas las que estaban en las flores y hierbas, y cuando las tenía consigo, con entrañable amor las [82v] decía: “¿Habéisos consolado, amigas?”. “Sí, criatura de Dios y ayudadora nuestra —respondían las almas—, que por tus méritos y penas se alivian las nuestras, y nuestros grandes dolores”.