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→Vida de Juana de la Cruz
Yo, el maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, etc. digo que por mandado del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas y Sandoval, cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos y señoríos del Rey nuestro señor, y del Consejo de Estado de Su Majestad y de los señores de la santa y general Inquisición, he visto y leído con particular atención un libro intitulado ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la [¶2v] Cruz de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco'', compuesta por el muy docto y muy erudito padre fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de su Orden, para dar acerca de él mi parecer y censura. Y no solo no he hallado en él cosa ninguna que se pueda censurar, ni que sea digna de ser notada, antes me parece que el libro será de mucho provecho y utilidad para todos los que quisieren aprovecharse de él —especialmente para la gente devota y que trata de espíritu—, y que todo lo que en él se escribe es dotrina muy buena y aprobada, y muy conforme a la que enseña la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores. Y porque se me ha mandado que demás de dar mi parecer y censura de todo este libro por mayor diga también en particular todo lo que siento de él y de los milagros y revelaciones que en él se escriben, me habré de alargar más en este mi escrito y relación, para lo cual he leído fuera de lo que contiene este libro, también las informaciones auténticas que de las cosas en él contenidas se han hecho en diversos tiempos y el libro original de donde este se sacó, que es el que escribió una discípula desta sierva de Dios y contemporánea suya llamada soror María Evangelista, a quien dicen las informaciones que desto se han hecho y la tradición de aquel monasterio que milagrosamente para este efecto dio el Señor gracia de saber leer y escribir, y me parece que cuanto me ha sido posible he averiguado ser cierto y verdad lo que en esta historia se escribe de la vida, milagros y santidad desta sierva de Dios, que es lo primero que se ha de presuponer en escribir [¶3r] las vidas de los santos y lo que el santo concilio de Trento ''[2]'' manda a los pastores y prelados miren mucho cuando se hubieren de publicar y sacar a luz historias de milagros y vidas de santos para que con verdad se publiquen las maravillas de Dios y su omnipotencia. Porque como con estas cosas descubre Dios cuán admirable es en sus santos ''[3]'', es muy de su servicio que con cosas ciertas y verdaderas le alabemos y engrandezcamos su infinita grandeza y omnipotencia, sin decir ficciones ni cosas inciertas, pues, como dice el santo Job ''[4]'', no hay necesidad dellas para lo que Dios pretende. Tengo, pues, toda esta historia por muy verdadera, y entiendo —cuanto yo alcanzo con probabilidad y fe humana— que todo lo que aquí se escribe pasó así como aquí se dice, no solo en lo que es la vida ejemplar, penitente y santa que hizo esta bienaventurada virgen y los santos ejercicios, mortificaciones y penitencias que continuamente hacía, sino también en lo que es los raptos, éxtasis, visiones, revelaciones y profecías de que en esta historia se hace mención. Y lo que destas revelaciones, visiones y éxtasis siento, y lo que me parece del grado y calidad en que las hemos de tener, es que verdaderamente las tengo todas por divinas, sobrenaturales y celestiales, hechas y inspiradas por el mismo Dios, y que en aquellos raptos y elevaciones y profundas contemplaciones hablaba Dios por boca desta su sierva como por órgano y instrumento del Espíritu Santo, porque hallo en todas ellas todas las señales que la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores ''[5]''
tienen para verificar y averiguar que estas obras son sobrenatu- [¶3v] rales, divinas y hechas y comunicadas por el mismo Dios, como son ser verdaderas y ciertas las profecías y revelaciones, ser conformes a la dotrina que enseña y tiene la Iglesia católica universal y sus sagrados doctores, ser al parecer de hombres doctos y píos inspiradas del Espíritu Santo, y hallarse en ellas la verdad y pureza que es propia a cosas enseñadas por el mismo Dios, sin mezcla ninguna de falsedad ni error ''[6]''. Y finalmente ser tales que la persona y el alma en quien Dios hace estas maravillas queda con ellas mejorada en humildad, en amor de Dios, en devoción y en otras muchas virtudes ''[7]''. Todas estas señales que he considerado y notado en esta historia desta santa son las mismas que se hallan y se hallaron cuando hicieron prueba dellas en otras muchas vidas de santos y milagros y revelaciones que dellas se escriben. Tales fueron las de santa Isabel, hermana del rey Eckberto ''[8]'','' ''santísima abadesa del monasterio de Esconaugia, a quien el ángel de su guarda —como a nuestra santa Juana el de la suya— reveló muchas cosas como estas y mandó de parte de Dios que las escribiese, como se escribe en su vida ''[9]''. Tales las de la santa Ildegardis, abadesa religiosísima del monasterio de San Ruperto, en el arzobispado de Maguncia, que desde su niñez fue muy favorecida de Nuestro Señor con revelaciones y visiones del Cielo, las cuales después, a instancia y petición de nuestro glorioso padre san Bernardo, confirmó el papa Eugenio III, su dicípulo, en un concilio que celebró en la ciudad de Trebes, como lo escriben los autores que hablan de aquel concilio y desta santa ''[10]''. Tales también fueron las de la insigne y muy [¶4r] celebrada viuda santa Brígida, canonizada por el papa Bonifacio Nono, que fueron examinadas por estas mismas señales y aprobadas por diligencias que hizo el cardenal don Juan de Turrecremata ''[11]''. Y desta misma manera y como estas que he referido son las que se contienen en este libro de nuestra santa Juana, muy parecidas las unas a las otras, así en las cosas reveladas como también en el modo con que Dios las revelaba. Y así también por esta parte se hace muy verisímil que todas estas profecías, éxtasis, revelaciones y raptos desta santa fueron divinas y celestiales, y verdaderamente inspiradas por virtud de Dios y sobrenaturalmente. Y siendo así será cierto que todo lo contenido en este libro será muy provechoso para las almas y dé mucho motivo para incitar y inflamar los corazones a la virtud, según lo que dice san Pablo escribiendo a su discípulo Timoteo: ''[12]'' ''“Omnis doctrina divinitus inspirata utilis est ad docendum et ad erudiendum ad iustitiam, etc.”'' ''[13]''.
Algunas cosas he hallado en esta historia muy particulares y muy raras que aunque son verdaderas y muy ciertas es bien que se lean con más atención y mayor consideración, porque como no son de las ordinarias ni de las que comúnmente se saben, podrían parecer dificultosas de creer si no se considerasen con alguna advertencia, y aun yo la pongo en que siendo tales y de la calidad y verdad que digo se hacen más ciertas y más creíbles por haberlas Dios revelado a esta santa. Una de ellas (''habetur capitulo 17 huius historiae'' ''[14]'') ''[15]''es que a esta santa le fue revelado que algunas almas tenían su Purgatorio en lugares fuera del que está puesto y ordenado de Dios para que lo sea generalmente de todas [¶4v] las almas que tienen que purgar, como es en ríos, hielos, piedras y otras cosas como estas. Y aunque es verdad que según la ley común y general todas las almas que tienen necesidad de purgar la pena de sus pecados van al lugar que para esto está dentro de las entrañas de la tierra, pero por particular orden y dispensación divina, muchas veces tienen su Purgatorio fuera de aquel lugar, como es en ríos, en fuentes, en baños, en hielos, como lo escribe el papa san Gregorio ''[16]'', en muchas partes de sus diálogos, Pedro Damiano ''[17]'' en sus epístolas, y otros muchos autores ''[18]'', de los cuales refiere algunos santo Tomás, príncipe de los teólogos escolásticos, y los sigue en esta parte diciendo esto mismo que yo digo porque de él lo refiero y él nos lo enseñó expresamente en sus sentenciarios ''[19]'' y a él le siguen todos los autores que después de él han escrito ''[20]''. Y no solamente enseña esta dotrina santo Tomás, sino que destas historias y revelaciones saca esta regla general: ''“De loco purgatorii —ubi non invenitur aliquid espresse determinatum— dicendum est, secundum quod consonat magis sanctorum dictis et revelationi facta multis: dicendum itaque quod locus purgatorii est duplex: unus secundum legem communem et sit locus purgatorii est locus inferior, coniuctus inferno, alius est locus purgatorii secundum dispensationem. Et sic quandoque in diversis locis aliqui puniri leguntur, vel ad vivorum instructionem, vel ad mortuorum subventionem ut viventibus eorum poena innotescens, per suffragia Ecclesiae mitigaretur”'' ''[21]''. Esto dice santo Tomás y en estas palabras no solo aprueba y enseña esto de los Purgatorios particulares y extraordinarios, sino que dice más: que destas revelaciones [¶¶ 1r] particulares hechas a varones santos se confirma que los hay. Y así en esto no hay cosa que nos obligue a dudar, sino a creer que pudo ser verdad lo que dice esta historia de los Purgatorios de las almas que Dios reveló a esta su grande sierva, y que lo es cuanto se puede alcanzar con razones y probabilidad humana.
La primera de estas visiones, que se llama “sensitiva” ''[67]'', es cuando con los ojos del cuerpo se ven algunas cosas mediante figuras sensitivas o corporales, representadas a los sentidos exteriores, que son como símbolos o semejanzas de lo que Dios significa por ellas, las cuales no se pueden ver sin luz sobrenatural, como cuando mostró Dios a Abrahán el misterio de la Pasión de su unigénito [¶¶¶¶1r] hijo en el cordero enzarzado entre las espinas. La segunda se llama “imaginaria” ''[68]'', y es cuando el alma, sin ayudarse de los ojos corporales, ve las cosas que Dios le revela mediante alguna figura imaginaria. Deste género de visiones fueron las que vio san Juan en su ''Apocalipsi'', estando en aquel destierro injusto de la ínsula de Patmos. La tercera y última destas visiones ''[69]'' es cuando el ánima ve y conoce claramente lo que Dios la revela, y llámase “intelectual” porque el entendimiento, sin que haya de por medio figura de cosas sensibles o imaginarias, conoce todo lo que Dios la revela. Y esta última se tiene por la más alta y más principal de todas, por ser la más semejante a la visión de que gozan los bienaventurados en la gloria.
Los raptos que los hebreos llaman ''tardemah'', que quiere decir “sueño profundo”, y los griegos ''extasis'' ''[70]'', que significa “salida o vuelo del alma”, no porque el alma salga del cuerpo y vuelva a él —que sería conceder un grande error y a cada paso la muerte y resurrección de los cuerpos—, sino porque en los raptos está el que los padece como si estuviese muerto o dormido, efeto propio de amor que según san Dionisio ''[71]'' es el que causa éxtasis en el alma y saca al hombre de sí, trasformándole en la cosa que ama, y a esta elevación llaman [¶¶¶¶1v] los teólogos “éxtasis”, sobre la cual añade el rapto ''[72]'' ''[73]'' cierto género de violencia de parte del objeto que mueve la potencia del alma, que la arrebata y atrae fuertemente a sí, aunque con grandísima suavidad, abstrayéndola de sus sentidos, la cual, cuando se arroba en Dios con la fuerza del amor, de tal forma se transforma en él que, suspendiendo sus potencias, acude a favorecer la porción superior del alma; y, como no tiene fuerzas para resistir al ímpetu sobrenatural y acudir juntamente a sus sentidos corporales, falta a estos y no les da virtud, ni envía la facultad animal a las partes el cuerpo, sin la cual ni los oídos pueden oír, ni los ojos ver, ni las narices oler, ni el gusto gustar, ni el tacto tocar. Y así, los que están arrobados ni sienten frío, ni calor, ni hambre, sed, ni cansancio, por lo cual piensan algunos que cuando el alma goza destos éxtasis, arrobamientos y raptos no merece en ellos ni desmerece, pensando que no la queda entera libertad para usar libremente de razón, como el que duerme ''[74'''']'', pero no se ha de hacer dellos el mismo juicio que se hace de los sueños ordinarios y comunes, que si en estos está impedido el uso de la razón y el entendimiento, en los raptos no lo está, sino más libre y desembarazado para entender y contem- [¶¶¶¶2r] plar las cosas que Dios comunica al alma, y se deja fácilmente entender mirando al fin que Dios tiene en estos éxtasis y raptos, que no los da para que sus amigos pierdan tiempo en ellos y estén aquel rato faltos de juicio, sino para que, recogida el alma, desatada y libre de la inquietud de los sentidos, obre más fervorosa y libremente. Y así las obras que hacen en los éxtasis y raptos son de virtud y hechas con mayor luz y claridad que las que se hacen fuera dellos, según que se colige de la dotrina de los santos ''[75'''']'' y nos lo enseñan personas a quien Dios hace esta tan señalada merced. Y así podríamos decir que “éxtasis” es un profundo sueño del alma, en el cual el entendimiento y voluntad están velando, y, ocupándose en tan alta obra, desfallecen los sentidos corporales y quedan como dormidos a las cosas exteriores.
Para concluir con esta materia de visiones —que no querría alargarme en ella, ni dejarla ayuna de tan sabrosos bocados—, se advierta que cuando Dios habla a los hombres ''[76]'', lo más ordinario suele ser por ministerio de ángeles que representan la persona divina, y en su nombre reciben recaudos y los despachan hablando, no en tercera persona —como los mensajeros, que, en nombre ajeno, dan el recaudo y llevan también la respuesta— [¶¶¶¶2v], sino como los legados y virreyes, que tienen vez y lugar del mismo que los envía. Y esto fue más usado en la Ley Vieja que en la de Gracia, en la cual, por su dignidad y por el amor que Cristo tiene a las almas, algunas veces Él mismo se las aparece ''[77]'', las visita y consuela, como consta por lugares expresos del Testamento Nuevo ''[78]'' y los santos ''[79]'' refieren muchas historias de semejantes aparecimientos, y en esta se hallarán algunos, lo cual hace Su Divina Majestad bajando a la Tierra y quedándose juntamente en el Cielo, que —aunque dificultoso a nuestro parecer— no le es a Dios imposible, antes entre hombres doctos ''[80]'' es una opinión muy probable y segura, como lo es en buena Física y Teología la que enseña Escoto ''[81]'', con otros muchos que le siguen, que un mismo cuerpo por la virtud y potencia divina puede estar ''quantitativo modo'' ''[82]'' juntamente en dos lugares distintos y diferentes.