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Catalina de los Reyes

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Vida manuscrita
Finalmente, en su postrera edad, fue priora tres años. Y rigió con grande celo de la santa religión y con [271] deseos ferventísimos de su aumento, y tanto que lo que la santa mujer no podía con sus fuerzas corporales se iba a Dios a pedirle favor y ayuda para hacer lo que ella por sí sola no podía, y suplícábale con muchas lágrimas que quitase a las monjas todas las ocasiones que las apartasen de Él y que la tomase todas para sí, y, no advirtiendo ella que la oían las que estaban cerca de ella, entendían todo lo que trataba con Dios y las razones que le decía por sí misma y por sus hijas. Amaba a sus hijas las religiosas con amor de verdadera y espiritual madre, y tanto que, cuando alguna vez la iban a decir alguna cosa de quejas de alguna monja o de murmuración, metía otra plática espiritual para divertir y estorbar aquella otra cosa. Y, después llamaba en secreto a la monja de quien la daban la queja y la corregía. Guardaba esta sierva de Dios gran prudencia en todas las cosas juntamente con la caridad y amor maternal q[ue] a todas tenía, y, porque no se sintiesen las fal- [272] tas de ellas, muchas noches, después de acostadas todas las de su celda, se levantaba la prudente madre sin que la sintiese nadie y celaba toda la casa. Y hacía esto con este recato por que, si algún defecto hallaba, lo pudiese corregir y enmendar sin que nadie lo entendiese por que las faltas ajenas no se supiesen. Lo cual, con grande amor de sus hijas, procuró siempre guardar su honor y buen nombre, para que toda sintiesen bien de ellas <y ninguna> y de ninguna se dijese mal. Y así hizo esta sierva de Dios su priorato con tanta paz y consolación de todas, como su virtud y santidad lo requería, y con mucho aumento de lo espiritual y temporal porque, en el tiempo que fue priora, ordenándolo el Señor, por los méritos de esta su sierva, tuvo limosnas con que renovó y aderezó la iglesia para servicio de Nuestro Señor.
Acabado el priorato de esta santa mujer, muy pocos días después, la visitó el Señor piadoso con una enfermedad de la cual murió. Y tuvo grandes tentaciones a la hora de la muerte [273], tanto que veía a el demonio; y le respondió a las tentaciones que la ponía con grande esfuerzo, y daba voces y decía a las religiosas que con ella estaban que echasen agua bendita para que se fuese de allí el demonio. Y todo esto hacía con tanto sentido y tanta advertencia ''[5]'' que la preguntaban las religiosas, cuando estaba sosegada, si se había ido ya el demonio, y ella respondía que sí, pero que estuviesen con cuidado para cuando volviese; y esto acaeció así algunas veces. Y con esto acabó la sierva de Dios la vida muy bien y con mucha fee y fortaleza, dic[< i]>iendo el credo muchas veces con las religiosas que con ella estaban con tanto espíritu como ella misma. Y, de esta manera, dio el espíritu a su Criador y Redentor en tres las palabras de la confesión de la santa fee ''[6]'', y se fue a gozar de aquel Soberano Señor a quien viven todas las cosas.
Murió esta venerable madre Catalina de los Reyes en el mes de enero del año de mil quinientos setenta y dos, día de Santa Inés, y el Viernes Santo adelante de aquel mis- [274] mo año se apareció la santa mujer a la madre Paula de los Ángeles estando sola en su aposento ''[7]''. Y la habló con mucha afabilidad y dulzura, y la dijo cómo se iba a la gloria y que había hallado muy grande misericordia delante de Dios por lo que le había servido en el coro en los años que fue corretora. Y la dio ciertos avisos para otra religiosa que ella había criado y la quería mucho, y que la dijese que no había hablado porque no había tenido corazón para esperarla. Y se apareció la santa mujer en una nube muy clara y resplandeciente. Según de esto y de todo lo dicho dio testimonio la madre Paula de los Ángeles; también afirmó la misma religiosa a quien ella había criado la dicha madre Catalina de los Reyes, la cual también vio a esta santa mujer, aunque no tuvo valor ni ánimo para esperarla, antes dio muchos y grandes gritos diciendo que veía a su madre Catalina de los Reyes; de lo cual fueron testigos todas las religiosas que al presente se hallaron, y oyeron y entendieron todo lo sobredicho acerca de este aparecimiento.

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