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Juana de la Cruz

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Vida manuscrita (1)
Entonçes el abbadessa, dando graçias a Dios, entró donde las monjas con gozos, diziendoles: “Hermanas mías, una donzella está aquí que dize que quiere ser nuestra hermana. Creo la trae Dios por milagro, porque nunca havía savido este camino ni vístole”. Y ansí les dixo y relató la manera de su venida, y cómo dezía palabras de mucha prudençia. Las religiosas, oýdas las nuevas que el habadessa les dixo, dieron graçias a Dios, y demandaron liçençia para la yr a hablar y ver. Y ordenándolo la Divina Magestad, a todas les pareçió tam bien quando la hablaron que con yntençión de la resçivir en su compañía, y tuvieron por mucho milagro que no havía sino solos ocho días qu’el perlado mayor dellas havia ydo dela casa, sin el qual perlado no la podían resçivir, o sin su liçençia y mandamiento, y vino en aquella saçón. Y habló aquella bienaventurada, y supo su yntençión y sancto deseo, y con mucha voluntad dio la liçençia y merçed al confesor de las monjas le diese el ávito. Y antes que la metiesen dentro d’el monasterio, vinieron algunos de sus parientes a la buscar y, hallándola en la casería, reprehendáronla mucho porque se havía venido sin liçençia, y les havía dado tanta pena y enoxo. La bienaventurada, pidiéndoles perdón con mucha humildad y vergüenza, les respondió que ya savían ellos su deseo y quánto lo havía demandado, y que pues hera venida a tan preçioso y sancto lugar, çierto havía de ser religiosa en él, y no en otro ninguno. Y viendo el abbadesa y monjas su constançia e lágrimas, que derramava con fervor entrar en su compañía, defendíanla a sus parientes, y conçertáronse con ellos en lo que le havían de dar.
Y dieron el ávito a la sancta virgen Virgen con mucha solenidad e alegría spiritual, en presençia dellas, e dieronle maestra que la administra- [fol.13v] se como es costumbre de dar a los que nuevamente son religiosos. Y administrándola su maestra de las cosas que havía de guardar, según Dios y la regla de su orden, que en la profesión prometen de guardar, díjole que havía de tener silençio todo un año, que no havía de hablar sino con las perladas y con ella, y quando confesase; del qual silençio ella holgó mucho, porque de natural hera muy amiga d’el. Y ansí empezó a hazer vida marabillosa y muy provechosa para los que la savían e oýan.
Su bestido hera muy pobre e humilde, muy más qu’el de las otras religiosas. Traýa túnica de sayal, e una saya muy vieja y remendada, e el ávito lo mesmo, e unos alpargatas en los pies, e lo más del tiempo andava descalza, e la más gruesa cuerda que ella podía haver se çeñía. Y en la caveça una albanega de estopa, y ençima lo más despreçiado que ella tenía y, devajo de esto, que no se lo vía nadie, un muy áspero siliçio, el qual nunca se quitava de noche ni de día. Estas muy graves e ásperas penitençias hazía. Era su paçiençia cosa maravillosa de mirar e oýr, que no solamente holgava de ser menospreçiada y reprehendida sin culpa, e levantados testimonios e ynjuriada de qualquier manera que quisiesen fatigalla: deseava tormentos e llagas, heridas, dolores, frío e cansancio, e todas maneras de penas por amor de Dios. E no solamente en el año del noviçiado tuvo esta manera de vivir e tan perfetas obras, mas todo el tiempo de su vida guardó el silençio tan perfetamente que ninguna palabra la oýan hablar en todo el año, si no hera con su maestra abbadesa e vicaria, y esto siendo preguntada.
Estando elevada esta bienabenturada, vido a Nuestra Señora la Virgen Sancta María que venía hazia donde ella estava, y traýa en los sagrados braços el Niño Jesús, hijo de Dios e suyo. Venía acompañada de muchedumbre de ángeles e vírgines. Viéndola tan çercana, assí suplicole con grande humildad [fol. 26v] y soberano desseo rogase a su preçioso hijo la quisiese tomar por esposa, aunque ella no fuese digna de tan gran niño. E la Reyna de los Çielos e Señora Nuestra le dixo le plaçía de rogarlo a su preçioso hijo, y no solamente suplicó a la madre para con el hijo, mas a los sanctos ángeles e vírgines que la ayudasen a suplicar a su Divina Magestad le otorgase el don que le pedía de tomarla por su esposa, e para ello darle su palabra e mano, e todos respondieron les plaçía. Yncontinenti, yncaron los hinojos, y suplicaron a su Divina Clemençia del poderoso Dios otorgase aquella persona la tan loable y desseada petiçión que demandava. Y estando todos en esta esclamaçión, el dulce Niño Jesús volvió sus ojos de misericordia hazia esta bienabenturada, con gesto muy alegre e amoroso, e mirándola, e díxole palabras muy entrañables, hablando a manera de niño muy graçioso, diziendo: “Pláçeme de ser tu esposo, e de tomarte por amiga y esposa”. Y estendió su mano poderosa, e diósela a ella en señal de desposorio, e mostrole señales de amor. E la bienabenturada tornó a su torno a suplicar a la Reyna de los Çielos que, pues su dulçe hijo havía tenido por bien de la tomar por esposa, su clemençia se la quisiese dar para lo tener en sus braços como a señor y a esposo suyo, e se goçar e consolar con él. Nuestra Señora le dixo le plaçía, e se le dio luego a ella en sus braços. E dándosele, habló a su preçioso hijo, diziendo: “Muy dulçe y amado hijo mío, pues havéys tenido por bien de tomar a esta persona por esposa, e os humillastis a haçer tan copiosa virtud, bien será, hijo mío, le déys alguna empresa, en señal del fiel desposorio e amor que le tenéys”. Y el dulçe Jesús hiço de señal a la sagrada madre que le plaçía, e que le diese ella de su mano alguna cosa para aquella su esposa. Nuestra Señora la Virgen María sacó de su preçioso dedo una sortija, e diola al sagrado hijo para que él de su mano la diese a su esposa. Y ansí fue hecho, que el mesmo Niño Jesús se la dio e puso en su mano.
Acaeçió que, yendo camino un padre compañero del confesor de las monjas del monasterio en que esta bienaventurada morava, por olvido llevose en la cuerda la [fol. 27r] llave de la capilla donde Nuestra Señora se havía apareçido, porque allí está el altar mayor y deçía contino la missa. Las monjas, no pudiendo oýr missa por la falta de la llave, fueron con mucha pena a la sancta virgen Virgen que rogase a Dios apareçiese la llave, que no savían si el padre se la avía llevado o si hera perdida, que estavan desconsoladas por la falta de la missa. Ella dixo le plaçía de rogar a Dios la deparase, y estando aquella noche recogida adonde acostumbrava estar, e con ella dos religiosas, a la hora de las nueve o diez, a deshora sonó un golpe de cómo la llave cayó de alto en el suelo, en presençia de aquellas religiosas que con ella estavan, que lo vieron y oyeron. La bienaventurada riose de ver caer la llabe en el suelo, porque veýa muy bien el que la traýa, que hera su sancto ángel, que por los ruegos della e consolaçión de las religiosas la tomó al padre de la cuerda e la traxo, por que no perdiesen de oýr misa. Dixo la bendita sancta a una de aquellas religiosas: “Levantaos, hermana, e toma aquella llave”. Y assí fue visto e savido este milagro. Estando el dicho padre en el camino, vido cómo llevava en la cuerda la llave, e huvo pena de la falta que en el monasterio había. Pero quando vido que la llevaba, hera ya noche, que se fue acostar, y quando a la mañana se levantó mirose acaso la cuerda e vido cómo le faltava la llave. Maravillose dello, y dende a días, quando tornó al monasterio, contó a las monjas lo que havía aconteçido con la llave, y por semejante ellas le contaron cómo a deshora, tal día en la noche, la vieron caer en la çelda de la madre Juana de la Cruz. Y assí dieron graçias a Dios por el milagro.
Perdiose un asno con que traýan las cosas de provisión al monasterio, y havía dos días que hera perdido, e le andavan a buscar e no le podían hallar. E fueron a esta bienabenturada que rogase a Dios que pareçiese, que havía mucha neçessidad de çiertas cosas, y no havía en qué las traer. Y ella respondió lo haría. Y estando en esto, elevose como acostumbrava, e quando tornó en sus sentidos, preguntó si hera pareçido el asno. Respondieron las religiosas que no. Entonçes dixo ella: “Pareçido es, e presto vernán con él”. Y dende a poco espaçio, vinieron los que le havían ydo a buscar e le traxeron bueno [fol. 27v] e sano. Y de esta calidad de saber cosas occultas y depararlas el Señor por sus ruegos acaesçió muchas vezes, no solamente en el monasterio, mas a otras personas que se venían a encommendar a ella.
Heran todas las palabras muy notables e provechosas, e saludables e consolativas a todos los oidores. Y si entre aquella gente que la estava oyendo havía tentados de qualquiera tentaçión que fuese, o encrédulos o desesperadicos, o de otra qualquier manera que tuviesen neçessidad sus almas, a todos satisfaçía y consolava, e aconsejava y reprehendía, e administrava de qué manera se havían de salvar. Y esto haçía hablando a todos en general, y a cada uno de los oydores le pareçía hablava a su propósito, según lo que tenía en su conçiençia e ánima. Yban muy edificados y consolados. Quando el Señor acavava el habla, dava su sancta bendición, diziendo: “La bendiçión del Padre, y de mí, su Hijo Jesuchristo, y del Spíritu Sancto consolador; que me voy, quedad en paz, mas no del coraçón, que bien me quisiere y me amare, y de mí no se apartare”. A esta sancta bendición toda la gente que allí estava hincava los hinojos, e los hombres, quitados los bonetes y abaxadas las caveças, la resçivían con mucha devoçión. E luego salían todos del monasterio. Y para la entrar a oýr, los prelados davan liçençia.
Duró esta graçia de hablar el Spíritu Sancto en esta bienabenturada treze años, la qual le venía algunas veçes, entre día y noche, dos vezes, y esto no haviendo tornado en sus sentidos entre la una vez e la otra; e otras vezes a terçer día, e otras vezes a quatro días, e a ocho e quinçe, como hera la voluntad de Dios. Mas las elevaçiones e arrobamientos tenía siempre día y noche, e desde su niñez hasta que Dios la llevó desta presente vida. E aunque havía çesado la graçia del habla, no careçía de sus muy altas elevaciones, e gozosas e [fol. 30v] alumbradas revelaçiones, e de ver a Dios, e gozarse con Él y con su sanctíssima madre, e con los ángeles, según en esta Vida se puede ver, y con todos los sanctos e sanctas de la corte celestial. Porque más hera su conversaçión en el Çielo que con la Tierra, que muchas veçes le acaeçía aver acavado de entrar en sus sentidos de muy larga elebaçión, e de oýr nombrar el dulçe nombre de Jesuchristo, tornarse a elevar. E otras vezes de oýr nombrar la sancta Passión, o ver alguna ymagen de Nuestro Señor apasionada, e otras vezes de goço. E quien la quería hablar cosas secretas de su ánima y conçiençia, se guardava de no nombralle cosas de devoçión, en espeçial de la Passión del Señor, porque por que no se elevase. Acaeçíale muchas veçes estar sin tomar ninguna refeçción corporal hasta terçer día, por estar elevada y no tener dispusiçión de tomar el cuerpo mantenimiento.
Viendo los prelados cómo la graçia del Spíritu Sancto creçía tanto en esta bienabenturada, y hera tan pública a grandes y menores, quisieron probarla bien en sus prinçipios por muchas maneras, que para ello hicieron públicas e secretas, con que se conoçió e afirmó muy bien, e dio testimonio de ser obra de Spíritu Sancto. Mandó el prelado, por sancta obediencia, que no la oyese nadie quando aquella habla le viniese, ni diesen lugar a ningún seglar para que la oyesen. Y assí fue obedeçido por el abbadesa y monjas, que quando le vino la graçia del habla del Señor la dexaron sola en la çelda que el abbadesa e monjas le havían dado para que allí estuviese apartada en sus elevaçiones e contemplaçiones. E le dieron una monja que tuviese cuydados della en aquellos tiempos e la acompañase e sirviese. E dexándola sola, çerraron la çelda, que ninguna ossó entrar dentro ni escucharla por de fuera. E desde a un buen plazo, mandó el abbadesa a una religiosa fuese a ver si havía acavado de fablar, o si hera tornada, [fol. 31r] o qué haçía. E yendo, vido cómo aún el Señor todavía hablaba, y el suelo de la çelda estava lleno de muchas maneras de aves volantías, e todas muy atentas y quietas, escuchando la palabra de Dios, e las más e todas estavan muy çercanas a ella y alrededor de su cama, y assí estuvieron hasta que el Señor huvo acavado de hablar e dado la bendiçión, según otras veçes ascostumbrava haçer. E quando la religiosa entró e vido aquel tan gran milagro de hablar el Señor e la çelda llena ''[1]'' de aves tan quietas oyéndole, maravillose mucho, e con muchas lágrimas fue aprisa al abadesa e le dixo el misterio. Y el abadesa fue a verlo con otras tres o quatro religiosas, las más ançianas de la casa, e todas las vieron el milagro, e se maravillaron mucho, e dieron quenta a los perlados de la gran maravilla que havían visto, e cómo pasado un poco de yntervalo, después que la habla çesó, tornó la bienaventurada en sus sentidos e se halló un paxarico dentro en la manga que se le havía quedado en testimonyo del milagro; en lo qual se vía claramente hera voluntad de Dios la tan grande obra no fuese yncubierta, pues faltando las criaturas raçionales que tienen ánimas vivientes para lo oýr y goçar, permitía Dios viniesen las aves a lo oýr y escuchar. E oyendo esto los perlados, resçivieron con humildad la reprehensión que Nuestro Señor les dava por vía de las aves, e de aý adelante tuvieron por bien que todos la oyesen, assí religiosos como seglares, e dexaron liçençia a la abbadesa para que no estorvase la entrada a todos los que viniesen con devoçión a oýrla. Y assí lo hiçieron todos los perlados que subçedieron todo el tiempo que esta graçia duró, que fue treçe años.
Hera esta sancta virgen muy ynclinada a servir e haçer piedad a los enfermos. E havía en el monasterio una enferma que estava en la enfermería, [¿hetría?] e algo penosa, y asquerosa, e serbíala esta bienabenturada quando sus elevaçiones le davan lugar. E llevándole una vez el servidor, olía muy mal. Y ella huvo asco, y empeçó a dar arcadas, y enojándose contra sí mesma e reprehendiéndose con el pensamiento he palabras, metió la caveza dentro en él, e resçivió por la boca e nariz el mal olor. Y andando más adelante con el bazín, llevándole al lugar donde le havía de alimpiar, tornó a haver muy grande asco, e moviéndosele el estómago, dio muchas arcadas como primero las havía dado. Y quiriendo vençer esta tentaçión, esforçose e tomó con la caveza a resçivir del hedor de lo que estava dentro del servidor. Y assí vençió muy poderosamente aquella tentaçión.
Vino a esta bienaventurada una religiosa con mucho frío y dolor de estómago, y díxole: “Señora, por la caridad, que pidáys para vos un trago de vino, diziendo que lo havéys menester por algún dolor que tenéys, y dármelo heys a mí, que traygo gran dolor del estómago, e no lo oso pedir”. Ella dixo que sí haría, e considerando en su coraçón que dezir tenía dolor de estómago por entonçes que no dizía verdad, e dexarlo de pedir hera falta de charidad, supplicó a Nuestro Señor, porque por que ella pudiese dezir verdad y la religiosa resçiviese refrigerio en su neçessidad, le diese a ella dolor de estómago por algún rato. Y el poderoso Dios le conçedió su petiçión, que le dio dolor en el estómago, y ansí pidió el vino con verdad, e diolo a la religiosa que se lo havía pedido.
El abbadesa y monjas del monasterio en que esta bienaventurada morava tenían desseo le dixese cómo llamavan a su sancto ángel, e preguntádoselo, respondió, diziendo: “Yo tengo el mesmo desseo, e muchas veçes se lo he suplicado, y ame respondido que no ay neçessidad de saver su nombre señalado, mas de quanto se llama ángel de Dios y spíritu çelestial”. Y el abbadesa y monjas la tornaron a ymportunar, que no çesase de suplicar le dixese su nombre, porque por que le tuviesen en memoria e hiçiesen muy señalados serviçios [fol. 33v] e conmemoraçión. E desque le tornó a ver, suplicole le dixese su nombre, que el abbadesa y monjas se lo suplicavan porque le querían hazer señalado serviçio. Y el sancto ángel se escusó como primero, diziendo se llamava ángel de Dios, y spíritu çelestial y bienaventurado. E de que vido esto esta sancta virgen, supplicó a la Emperadora de los Çielos le alcançase esta virtud que ella supiese el nombre señalado de su sancto ángel. E la Soberana Emperadora se lo otorgó luego. E para esto llamó luego al alto seraphín Sant Gabriel, y díxole: “Ven acá, Gabriel, llámame a Laurel Aureum. E obedesçiendo Sant Gabriel al mandamiento de la Madre de Dios y Señora Nuestra, fue luego, e llamó a este sancto ángel, que estava junto con esta bienaventurada su ánima, y díxole: “Señor sant Laurel Aureum, andad acá, que os llama la Reyna Nuestra Señora”. Y él obedeçió de hinojos, e a deshora voló en alto, e fue a ver lo que le mandava. Y assí conoçió esta bienabenturada que hera su sancto ángel aquel que llamavan aquel nombre. Y quando el sancto ángel bolvió donde ella estava, díxole con mucho gozo: “Señor, ya he savido vuestro nombre. Aunque vuestra hermosura nunca me lo a querido dezir, mi Señora, la Reyna de los Çielos, me a hecho esta virtud, que me encomendé yo a su clemençia y otorgó mi petiçión”. E de que tornó en sus sentidos, dixo con mucho lo que le havía aconteçido, e de qué manera havía savido el nombre de su sancto ángel. E díxosele a las religiosas, y ellas se goçaron mucho e dieron graçias a Dios, e tenían muy gran devoción a este sancto ángel, y encomendávanse a él en todas sus tribulaçiones spirituales, y él las socorría e ayudava e favoreçía e suplicava a la Divina Magestad por sus ánimas e petiçiones.
E de que tornó a ver a su sancto ángel, díxole: “Señor, allá he dicho a mis hermanas vuestro nombre, y anse goçado mucho con él”. Y él respondió: “Ya lo sé, mas no me saven nombrar, que algunas me llaman Laurel y me haçen árbol, mas no yerran mucho en ello, que la sustançia de mi nombre casi eso quiere dezir, que ansí soy yo por la voluntad del muy alto reverdeçedor de ánimas e amparador de los que devajo de sus alas e de las mías se pusieren, e de los que mi nombre con devoçión e amor ynvocasen”.
Hablando el Señor por la boca de esta bienaventurada, la llamava [fol. 35r] algunas vezes por su nombre, diziéndole “Juanica”, e luego declarava que la llamava este nombre diminutivo porque aún no hera del todo nasçida su ánima de su cuerpo, ni naçida perfetamente a luz, que entonzes es digna la persona de nombre entero. Quando después de passada de esta vida el alma se salva e ba al Çielo, queda que, quando muere, si se va al Infierno, no se puede a tal dezir naçida, sino abortada, e no es dina tampoco entonzes de nombre. Algunas vezes la llamava el Señor mesmo por la mesma habla el nombre entero de “Juana”. Dezía su Divina Magestad que la llamava e dezía este nombre entero de “Juana” porque quería dezir nombre de graçia, e de conoçer e amar a Dios; e otra alguna vez la llamava “Juana”, que deçía el mesmo Señor que quiere deçir graçia, graçiosa, dada de ánima.
Dezía el Señor, quando hablava por la boca de esta sancta virgen, que quando se diçen e tratan los misterios de la sancta misa, son tan ynumerables las yndulgençias e perdones que ganan los que con devoçión y limpieza de conçiençia los oyen que no ay en la Tierra sentido humano que los pueda numerar ni deçir, por estar allí presençialmente la Magestad de Dios. Deçía el mesmo Dios e Señor que, aunque al parezer de los ojos humanos está puesto el Sancto Sacramento en altar de barro o de madera, y en los paños, y lienços e sedas, e plata e oro que acá le ponen, que también le traen los sanctos ángeles del Çielo yglesia nueva e altar nuevo, y entoldaduras nuevas e frontales, e sábanas e corporales, cáliçes e patenas, e todos los aparejos del altar he hornamentos nuevos para el preste; e aún aun guantes o sandalias para las manos, porque las manos de los sacerdotes, por limpias e sanas que sean, por ser humanas, no son dinas de tomar a Dios en ellas, e todas las cosas que acá se ponen en los altares, por valerosas e ricas que sean, no son para otra cosa perteneçientes sino para [¿foros?] de los celestiales que traen los ángeles para serviçio de Nuestro Señor. Y aun quando sean dinas las cosas e serviçios que los humanos ponen por hornamento en las yglesias y altares de Dios, an de ser muy limpias e valerosas, reverençiales; y si tales no son, pudiéndolas poner, el mesmo Dios lo demandara a cada un ánima que tiene cargo dello, así de lo mandar como de lo haçer alimpiar.
Dezía el Nuestro Señor, quexándose e reprehendiendo a los que diçen que no es bien que se ponga oro ni plata, ni brocados ni cosas valedoras en los altares para honra de culto divino, que el mesmo Spíritu Sancto responde a esto, el qual tiene cuydado de tornar por la [fol. 35v] honrra de Dios, e dize, a quién le perteneçen todas las cosas valerosas limpias e preçiosas, e dulçes ministriles e famosos cantores, e todas cosas que buenas sean, sino a solo Dios, criador e haçedor del Çielo y de la Tierra.
Dezía el Señor, a manera de quexa e reprehensión: “Dizen en la Tierra los humanos que Dios y su madre quisieron andar pobres e menospreçiados. Es verdad, empero hiziéronlo por dar exemplo, y si nos quisimos humillar, tanto más son los humanos obligados a nos ensalçar y servir con las cosas mejores y más preçiadas que tuvieren, honrar y solemnizar sus sanctos templos e altares”. Pues todos los bienes que tenemos los humanos, así spirituales como temporales son suyos, e no nuestros, e los alcançamos por ruego e ynterassión de su preçiosa madre Nuestra Señora. E por tanto, quiere su Divina Magestad e le plaçe que con todos sirvamos a su preçiosa madre junto con Él, pues se lo debemos; e que si no se quisieron tratar quando estavan en la Tierra entre sus criaturas, según su estado e dignidad lo mereçía, que nosotros, que somos sus basallos, so pena de la pena, somos obligados a los servir como siervos a señores, e como basallos a reyes, e como criaturas al Criador y madre suya e, si no lo hiçiéremos, o a lo menos todas nuestras fuerças o posibilidad −dezía el Señor− pagaremos en su juyzio divino.
Dezía hablando por la boca desta bienaventurada, que quando se dize la missa y el sancto evangelio toda persona que presente estava hera obligada a estar muy atenta y en silençio, e de hinojos y en pie, e que así como quiere el preste empezar el sancto evangelio, los ángeles que allí están presentes en la missa, que son muchos, tocan todos juntos las trompetas, hablando con los humanos, diziendo: “Levantaos todos en pie y escuchad atentos con mucha devoçión, y abrid vuestros coraçones, e orejas y sentidos, para oýr al Señor, que quiere hablar; y entended sus maravillas y secretos, que os quiere deçir e descubrir como amigos; e obrad sus exemplos, que os dexó, e tomadlos y enseñadlos vosotros, christianos, e guardadlos en vuestros coraçones. Escuchad, dichoso pueblo christiano, que os habla vuestro Dios, e os declara sus misterios, e os releva sus maravillas, e os descubre su coraçón, e os manifiesta el desseo que tiene de hazeros merçedes, e os convida al Reyno de los Çielos, que os llama [fol. 36r] para que os vengáys a Él, que se desea açercar a vosotros, christianos, que os convida a bodas divinas, e os avisa de lo que os havéys de apartar. Por eso escuchad a vuestro Dios, tan venino que vino a la Tierra por vos redimir, e os dexó en memoria lo que es su sancta voluntad que hagáys para le aplaçer, y lo que es dañoso para vuestras ánimas y conçiençias, porque por que no lo obréys y os apartéys de lo malo. Por tanto, pueblo christiano, adora y servi, y escucha al Señor Dios tuyo, que tanto le devéys”.
Declaró más el Señor, que havía Él dicho, estando en la Tierra, quando consagró su sancto cuerpo, tornando del pan en carne, y el vino en sangre: “Esto haréys en mi commemoraçión”, que quería tanto deçir como si dixera: “Cada vez que este Sancto Sacramento de mi cuerpo consagráredes, anunçiaréys y declamaréys mi muerte e Passión, e lo offreceréys al Padre mío celestial en memoria mía, y assí renovarés mi sagrada muerte e Passión para remedio e salvaçión de vuestras almas, como si yo estuviese en aquella hora puesto y colgado en la cruz, haziendo nuevamente la obra de vuestra redempçión”. Y esto deçía el Señor havía Él hecho con sobra de amor que tiene al linage humano, de querer venir en el Sancto Sacramento del Altar cada vez que es llamado con las palabras de la sancta consagraçión.
Como el Señor descubría e mostrava a esta bienaventurada algunos de sus secretos, así de los gozos çelestiales como de las penas que las ánimas padeçen por sus pecados, y aun de las ánimas que andavan por los ayres, yendo ella una noche a tañer a maytines, que hera sacristana, oyó gritos muy espantosos como de persona que se quexava muy triste y dolorosamente. Y ella, muy maravillada dello, preguntó a su sancto ángel qué voçes heran aquellas tan espantosas que havía oýdo, si se le havía antojado. El sancto ángel le respondió: “No te se antojó, que gritos heran de ánima neçessitada, que con liçençia de Dios se le venía a encomendar que la hiçieses haçer çiertos bienes. Y no te maravilles que lo oyeses tú, que María de Sant Gabriel, religiosa de tu convento, lo oyó también, aý en tu casa, quando tú la oýste”. Y dende a pocos días, apareçió aquel ánima a esta sancta virgen, la qual ánima hera una gran señora del mesmo reyno de Castilla que havía pocos días hera difunta, e padeçía muy grandes penas, la qual le dixo: “Ruégote, por amor de Dios, que ayas compasión de mí, y scrivas a tal çiudad de este reyno, a tal señora que es mi madre. E yo soy fulana, hija suya. E dile cómo te apareçí y estoy en [fol. 36v] grandes penas, e tengo neçessidad que me hagas tales y tales bienes, y abré muy gran remedio con ellos”.
Y con esta ánima desta señora venía otra ánima de un su hermano, con liçençia y voluntad, que en este mundo havía sido muy gran cavallero e havía tenido algunos cargos e viçios por lo qu’él padeçía en el otro mundo. E ansimesmo, aquel ánima habló a esta bienaventurada, e le dixo que embiase a deçir que rogasen a Dios por él, que tenía mucha neçessidad. Ella, movida de compasión y caridad ''[4]'' de aquellas ánimas, scrivió aquella señora, diziéndole que hiçiese hazer por fulana su hija, que estava en mucha neçessidad e penas de Purgatorio, tales bienes; la qual señora no lo quiso creher, ni mandar hazer ningunos bienes por el ánima de su hija. E quando esta sancta virgen vido tal respuesta, congoxose mucho, y dixo: “Pésame por haver scripto aquella señora e descubierto el secreto de aquel alma, pues a sido sin fruto e provecho. Empero, yo sé çierto que esta señora a quien yo agora scrivo no vivirá mucho en este mundo,porque, allende de ser sus días cumplidos, su mesma hija demanda justiçia de Dios della, y ruega que vaya muy presto a sentir las penas que ella siente, pues ni las creyó ni para salir dellas la quiso ayudar”. E así, cumplido por la voluntad de Dios, que luego en muy breve tiempo finó aquella señora tras su hija, e le fue revelado a esta bienaventurada cómo estava en muchas penas.
Y el ánima del cavallero, viendo que no la havían creýdo lo que havía dicho de su hermana, y que por eso no embió a dezir a su muger hiziese hazer por él los bienes que él mandava, tornó otra vez a pareçerle e mostrársele muy bravo y enojado contra ella, diziéndole: “Por çierto, tú me as sido muy cruel e sin piedad para mí, porque si mi madre no creyó lo que le embiaste a deçir de mi hermana, mi muger bien creyría lo que le embiaras a dezir. Y si no lo hazes, por çierto yo te tornaré apareçer otra vez, e te espantaré de tal manera que se te acuerde”. Y diziendo estas palabras, asió della, elevola desde el dormitorio donde estava una çelda, y díxole: “Por que veas qué son las penas que padezco, quiero demostrar algo dellas”. E sacó la mano, e tocole tan mala vez e quemole los cavellos [fol. 37r] en señal de sus muy sobradas penas e tormentos; la qual señal de quemarle los cavellos e de llevarla de una parte a otra supieron todas las religiosas, e la causa e secreto dello. E contreñida de charidad, scrivió a su muger deste cavallero, y ella lo creyó muy bien, e hiço lo que esta bienabenturada le dixo; la qual, por la graçia que le hera dada del poderoso Dios, conoçió las cosas secretas de algunas personas, e le hera revelado lo que le querían hablar antes que se lo dixesen.
Consejo a otro: una persona suplicava la respondiese el sancto ángel, por ynterçessión de esta bienabenturada, y asý fue, que digo: “Dile a esa persona que se enmiende, e guarde de ofender a Dios, que le hago saver que se demanda por hurto en el juizio de Dios qualquier tiempo e palabras mal dispendidas e habladas, e se pagan con las setenas como hurto, e se an de restituyr como fama qualquier mal exemplo o enseñamiento u ocasión que dé para que otra peque. Por eso, que se avisen hechos e horas e palabras”.
Estando aparejadas las monjas para comulgar, e juntas en un lugar que para ello tenían diputado, hallose con ellas esta sancta virgen, la qual no yba a comulgar, sino a ver y adorar este Sanctíssimo Sacramento. Y como estuviese allí, llegáronse las religiosas a ella, y ocupávanse en la hablar, encomendándole algunas cosas de sus ánimas. A deshora fue tomada y arrevatada dentre las religiosas, e de los ojos dellas, e alçada en alto. Todas, muy maravilladas, allegaron a comulgar, cada una como mejor pudo. E de que huvieron comulgado, pasado algún yntervalo, a deshora la vieron entre ellas. Todas, muy espantadas, se hallegaron çerca della, y la rogaron muy afincadamente les dixese dónde havía estado mientras ellas comulgaron, que a deshora se havía desapareçido. Y enportunándola mucho, les respondió, diziendo: “Los ángeles me llevaron porque por que no os ocupásedes conmigo, sino con solo Dios, e dixéronme: ‘Anda acá, súbete aquí, a la cumbre de la casa con nosotros, por que no se ocupen en ti las religiosas el tiempo del comulgar’. Y allí me tuvieron en el ayre entre ellos, e me cubrieron con sus hermosas alas porque por que vosotras no me viésedes. E dende allí goçávamos todos del Sanctíssimo Sacramento. E quando me bajaron, dixéronme: ‘Anda acá, que aora no estorvarás nada’. E las monjas dieron [fol. 41r] graçias a Dios por tan gran milagro, e rogaronle mucho les dixese lo que Nuestro Señor le havía mostrado en la comunión de ellas. Ella les dixo: “Las que comulgavan muy devotamente, llegava el sancto ángel su guardador e tomavale del braço, e abraçávala, e besávala e goçávase mucho con ella; e la que no comulgava devotamente, desviávase algo de ella su sancto ángel, e orava al Señor muy devotamente por ella, que la cumpliese de su graçia”.
E no solo esta vez fue esta bienabenturada alçada en cuerpo y en alma dentre las religiosas, mas otras vezes lo vieron y supieron las mismas monjas que los sanctos ángeles le alçavan en contemplaçión, y assí tenía condiçión angelical e sanctas hablas e consejos. Desde a çiertos días que este milagro vieron las religiosas de alçarla en alto los ángeles quando comulgavan, pidiola la provisora una cosa que tenía neçessidad, e deçía no la havía en la casa, y ansí lo creýa de çierto. E oyéndolo esta sancta virgen, dixo a la provisora: “Sí tenéys, hermana, aunque no se os acuerda. Que yo le vi el otro día, quando las religiosas comulgaron en tal zaquizamí, quando los sanctos ángeles me subieron en alto”. E fue la provisora, e halló lo que buscaba.
”Algunas vezes he visto juzgar y condenar ánimas de algunas personas que en esta vida havían sido hipróquitas. Y es tan reçio y espantable su juyzio, que es cosa maravillosa de ver. Después de haverlas juzgado y esaminado, traen allí los sanctos ángeles bestiduras, e coronas e adornamientos muy preçiosos, e adórnanlas con ellos, e pónenles cada cosa por sí, diziéndoles: ‘Por tal y tal obra que hiziste, que al pareçer de las gentes era muy buena, y si verdaderamente lo hiçieras por solo Dios, huvieras mereçido esto y esto, que nosotros agora te ponemos; e por tal e tal penitençia, si la hizieras por amor de Dios, tuvieras galardón de esto, y de esto con que agora [fol. 56v] te adornamos’. E desta manera adornan e coronan los sanctos ángeles aquellas tristes ánimas de todas las maneras de mereçimientos e galardones que tuvieran y poseyeran, si reta e verdaderamente lo hiziera por solo amor de Dios, e de su sagrada Passión e penitençia de sus peccados. Después tornan los sanctos ángeles a descomponer estas desdichadas ánimas, quitándoles cada cosa por sí, a manera de quando desgradúan en este mundo algún saçerdote. Y a cada cosa que les quitan, los sanctos ángeles los maldiçen de muchedumbre de maldiçiones, diziendo: ‘Yd, malditas, al fuego eterno e perdurable, que desto soys vosotras dignas e mereçedoras, que no de esta gloria e bienaventuranzas que aquí os havemos mostrado. E para mayor pena vuestra, e para que siempre lo lloréys, os vestimos e adornamos, pues por la banidad del mundo lo hiçistes. Allá resçivistes vuestro galardón, que así es la justicia de Dios, que, quien por su amor algo haçe, Él se lo bien galardona y paga, e quien por la banidad del siglo, e por su propia honra y banagloria, también se la bien demanda. Por tanto, yd, malditas, de entre la compañía de los ángeles buenos, e sed para siempre en la de los malos, que con una pena y trabajos ganastis otros. Yd adonde ay siempre dolor, e llanto, e batimiento de dientes, donde nunca alegres, ni consolados ni descansados os veréys. Mirad quán derecha es la justiçia de Dios, que por sola aquella buena haz qual fuera mostrávades, os quiso aún dar este breve espacio, e proveheros de nobles bestidos e adornamentos, como quier que por agora, ni en ningún tiempo para vosotras, esto ni ninguna otra cosa os aprovechara’. E desta manera, desnudas e maldeçidas e menospreçiadas, son hechadas estas ánimas del lugar del juyzio, e dadas a los demonios, los quales las arrebatan e llevan en sus dientes e uñas, dándoles muchas maneras de penas. E muy más estrecho es el juyzio de los hypróquitas, e más largo que no de ningunas otras ánimas, e más penado, e más maldeçido cada vno de los miembros de los tales que otros ningunos peccadores, por ser tan engañoso e falso el tal viçio e peccado. Que es cosa de que mucho se offende y enoja Dios: atormentarse a ssí mesmos por banagloria, lo que por él mesmo se les haría muy grave de hazer e se quexaría, diziendo que hera Dios cruel, pues tales cosas les mandava hazer, las [fol. 57r] quales heran insufribles.
”Haviendo sentençiado vnas ánimas de unos hipróquitas, díxome mi sancto ángel: ‘¿Qué te pareçe de estas cosas, o qué tomas dellas para tu aviso?’. Yo le respondí: ‘Dígame, vuestra hermosura, su alumbrado consejo’. Respondiome: ‘No se te entiende que este fuerte juyzio se da de sentençia sobre los hypróquitas. Son obligados, los juezes de la Tierra o otras personas, a sentençiar y juzgar a sus próximos quando los vean haçer alguna obra justa y sancta, en serviçio de Dios e salvaçión de sus ánimas e buena edificaçión del próximo. Porque no son todos hipróquitas ni falsos christianos. Y pues la cosa es secreta y está solo en la yntençión e condiçión del que la obra, e Dios solo lo save e juzga al tal, según su yntençión e obras buenas o malas, a solo Él se deve dar el juyzio dello, pues es verdadero juez, executor poderoso e galardonador de qualquiera buena obra hecha puramente por su serviçio. E las personas malévolas, que se meten en juzgar e mormurar, peor lo librarán con Dios que los hypróquitas el día del juyzio, e con los ángeles, que no avrá quien abogue ni ruegue por las tales personas, y ternán sobre sí muy cruel sentençia de Dios, porque se atrevieron a robar e tomar el juyzio para sí en cosas. Que a solo Dios pertenece el saber lo çierto de aquello que los hombres o gentes juzgan sobre sospecha, no saviendo la verdad e como Dios, y el buen christiano, que obra las obras de virtud, aunque sean exemplares, públicamente, según el evangelio que dize: ‘Luzga vuestra lumbre delante de los hombres, porque por que vean vuestras buenas obras e glorifiquen a vuestro Padre, que es en los Çielos’, e en otra parte dize: ‘No arranquéys la çizaña o ballico, mas dexaldo creçer juntamente’, porque a bueltas de la çiçaña no se arranque el trigo bueno y perfeto que perteneçe para mi granero, que el día del juyzio los ángeles harán manojos de lo uno, de lo otro, e la çizaña será hechada en el Infierno por que allí se queme, y el trigo apartado y escogido será puesto en el alholí de Dios’, conviene a saver, que los ángeles apartarán los malos de los buenos [fol. 57v] por mandado de Dios, e será puesta cada ánima en el lugar que mereçieren, Paraýso o en el Infierno, del qual Dios nos libre a bien’.
”Aquel lugar del juyzio, con el señor san Michael, otro çierto número de ángeles, que heran scrivanos, y otros notarios, e otros vehedores, e otros examinadores, y estos scriven, y notan y examinan todo lo que los sanctos ángeles e los demonios dizen de las ánimas que al presente están en juyzio, en las cosas que les acusan o abogan para ellas, e la sentencia, e causas et raçones, que Sant Miguel dize o da para salvar o condenar las ánimas. Y assí lo toman por testimonio y lo llevan a presentar delante el trono real de la Sanctíssima Trinidad, porque assí lo quiere Su Magestad Divina se haga. E otros sanctos ángeles están en el lugar de juyzio a manera de gente armada de pelea: y estos para defender las ánimas que allí están presentes, assí buenas como malas, de los demonios, que allí van gran multitud dellos deseándolas tragar. Que como las ánimas, por buenas que ayan sido en este mundo, ninguna se halla assí justa, atrévense algunas vezes los demonios a arremeter a ellas, y los sanctos ángeles no consienten que las toquen, ni enpezcan ni lleguen a ellas hasta que el juyzio dellas sea difinido. Y assí están allí los sanctos ángeles, en honor y serviçio del soberano Dios, y en ayuda y favor de san Michael, e reguarda de las ánimas. E quanto mejores obras been en el juyzio los demonios que tienen las ánimas, tanto más gritos e aullidos dan, diziendo se las den, que suyas son; e viendo que no lo pueden alcanzar, travajasen travájasen allí donde están, en juyzio, demoderlas [sic] de moderlas e asombrarlas. Todos los sanctos ángeles que en el lugar del juyzio están son de los nueve choros del Çielo.
”Tienen los demonios muy grande enemistad y miedo a Sant Michael dende que peleó con Luçifer y le hechó del Çielo. Tienen gran pesar y enojo de ber que Sant Miguel tiene la sancta Madre Yglesia de los christianos a cargo, y le tiene Dios dado por prínçipe e defensor dellos, e por juez de todas las ánimas, e aún por su abogado e favoreçidor. Pero antes que el ánima vaya a ser juzgada [fol. 58r] de los ángeles, la tiene ya Dios juzgada y sentençiada para condenaçión o salvación. Entre Él y el ánima, por quanto en el tiempo que cada una persona muere, antes que del todo sea acavada de arrancar el ánima del cuerpo, le apareze Nuestro Señor Jesuchristo en la manera que estava en la cruz, padesçiendo la Passión, porque esta es su sancta voluntad: que todos sus redemidos sepan, y vean y conozcan, que tuvieron redemptor que los redimiese, si ellos dello se quisiesen aprovechar. Y este aperçivimiento, que Nuestro Señor Jesuchristo haze a qualquiera de sus criaturas raçionales que Él crió, haze tan general, que moros e judíos e christianos le veen en aquella ora de su pasamiento de esta vida a la eterna, buena o mala, y en solo una palabra que le diçe quando ella le ve, que es: ‘Bendita eres por tus obras, o heres por tus obras maldita’, la sentençia y juzga, e luego vuelve las espaldas e desapareçe, que no le ven más”.
”E ansí çesó por entonzes el habla del Señor, y desapareçió. E yo quedé muy maravillada y consolada, e pensava en mi coraçón si esta revelaçión me havía sido mostrada en el cuerpo o fuera del cuerpo. Empero no me havía visto en aquellas partes altas del Çielo adonde otras veçes me solía ver y gozar la visión divina, que dende mi cama lo vi e gozé agora. Y estando yo tan pensativa e sospechosa, a causa de los muchos e grandes dolores que tengo, que el Señor está enojado conmigo, y que por eso me los da, a deshora le torné a ver en la forma primera, muy triunfamte e glorioso. Y me habló su Divina Magestad con gesto muy amoroso. E sus sagradas palabras heran muchas, y muy notables e ordenadas, a manera de sermón, y entreponiendo en ellas, para exemplo y doctrina, algunas palabras de la sagrada scriptura e sagrados evangelios, las quales palabras me gozava yo mucho de oýr, por ser habladas de la boca de Dios y endereçadas a mi consolaçión e propósito. E no hablava el Señor esta segunda vez conmigo sola, que también hablava con todos los bienaventurados çelestiales que con Él venían. No pude retener en la memoria sino una o dos comparaçiones de las muchas que habló: la una, que si los hombres de la Tierra tienen cuydado y travajan por que sus hijos sean muy prósperos, y el cuydado que aquellos hijos tienen es casi ninguno en comparaçión de lo que [fol. 62r] tiene el padre, que mucho los ama, que por les alcançar prosperidades e bienabenturanzas se pone a muchas afrentas e travajos, que quánto más cuydado y amor a tenido y tiene Dios de sus hijos, que es todo el linaje humano; e quánto mejor se supo poner por él a penas, e tormentos e injurias, e fatigas e neçessidades, tanto que, por subir sus hijos al Çielo, desçendió Él a la Tierra. Y por librarlos de la muerte del Ynfierno, murió Él muerte muy cruel de cruz; e por haçerlos muy ricos en las almas, se hizo Él pobre en el cuerpo; e por haçerlos señores en el Paraýso, e yguales con los ángeles, se hizo Él, en quanto hombre, como sierbo sujeto a muchas neçessidades y a las cosas de la ley.
‘E por mucho que los mis hijos de los mis redemidos se pueden querer o se quieren ellos mesmos, y desean su bien e su salvaçión, mucho más los quiero yo. Y estoy aparejado para les dar la gloria e grados de bienabenturanças, e hazerlos herederos de mi reyno. E por sus amores dellos, siendo criador, me hize criatura, porque a todos mis fieles e leales hijos christianos me puedan mejor comprehender e gozar. Mas tengo gran queja: que este linaje humano es muy yngrato y asido, y pocos de estos mis hijos quieren pasar, ni sufrir ni haçer, ninguna cosa penosa por mí. Y lo que es peor es que están contino quejosos, lo qual havía yo de estar, porque me ofenden, e no ellos, que lo haçen sin raçón. Empero, ni aun por todo esto, pues lo crié y redemí, no dexaré de los esperar para que se enmienden, e de les offreçer e otorgar graçia de los perdonar, e resçivir cada vez que fielmente a mí se conviertan, e aún de los mantener e dar corporalmente lo que an menester sin ellos mereçerlo. Que yo, su padre Dios, sé mejor lo que cumple a mis [fol. 62v] hijos que ellos lo que me piden. E contino los llamo, e les doy vezes que se vengan para mí, a vezes con halagos, dándomeles yo mesmo, assí en graçia espiritual como en manjar del Sanctíssimo Sacramento, e a vezes con azotes, porque por que sean buenos e perfetos en la virtud, ansí en la paçiençia como en las otras virtudes, las quales enseña el Spíritu Sancto, junto con la prudençia en las personas discretas’.
”Y ansí cesó el habla del Señor, y desapareció, y toda la hueste çelestial que con Él havía venido y estado. E yo, su sierva, quedé muy consolada para sufrir mis dolores y penas, e muy satisfecha de las dudas e pensamientos que tenía. E bien supe e conoçí que aquel que me apareçió e habló hera Dios verdadero. Que como yo, en los prinçipios de mi enfermedad me acaezía estar dos o tres días que no me elevava con la reçiura de los grandes dolores que sentía, tenía muy grandes combates en mi corazón, e quexábame a mi sancto ángel, diziéndole cómo ya no gozava de las dulçedumbres e arrovamientos e vista comunicable de Dios, como solía antes que tuviese la enfermedad, respondiome, diziendo: ‘Anímate, no te maravilles de lo que el Señor haze contigo, que assí lo acostumbra su Divina Magestad provar a sus amigos, que a su muy amadora sancta madre Madalena, al prinçipio de su conversión, con muchos alagos, e dulçedumbres et asimientos de sí mesmo, la llevó, e después de tenerla bien confirmada en su amor, quando se quiso subir a los Çielos y asconder su divinal presençia della y de los otros, después de su gloriosa resurecçión, no consintió le tocase, sino apartola de sí. E subiose a los Çielos, y mandole a ella hazer penitençia en el desierto por çierto tiempo, donde no gozava sino algunas veçes de bisiones de ángeles. Empero, después la tornó a abastar de sí mesmo en el Reyno [fol. 63r] de los Çielos para siempre. Por semejante, agora a ti no quiere el Señor le tengas por çierto tiempo, hasta que su divinal sabiduría otra cosa ordene. Y, entre tanto, harás penitençia en la esterilidad de los dolores. E según veo, te a mudado tus miembros, e toda tu persona, e te quiere ansimesmo mudar la sustançia de las cosas spirituales; empero, no te faltarán misterios en que contemples, e alguna obra pía en que spiritualmente aproveches a las ánimas. E la voluntad de Dios es que estés al pie del árbol de la cruz, padesçiendo qualesquier manera de tormentos que tuviere por bien de te dar. Que ansí lo estuvo su sacratíssima madre Nuestra Señora, e su muy amado primo Sant Juan, que tan grande fue el mereçimiento que allí mereçieron e ganaron, e acompañaron a su Dios e conpadeçerse d’Él, que fueron contados por más que mártires. No quiso Dios que para pasar de ese mundo al Çielo derramasen sangre de martirio, pues por la voluntad la derramaron, y quisieran ellos morir más aquella muerte que vérsela morir a Él con tanto dolor como le veýan’.
Y pasadas todas las cosas ya dichas, tornó el perlado al monasterio muy acompañado de frayles para que él y ellos fuesen en el quitamiento de esta bienabenturada, los quales venían muy indignados por las grandes acusaçiones que les havían dicho della. Trayendo el perlado voluntad de executar en la sancta virgen la bara de su justicia −lo qual puso en obra, que, ayuntadas las monjas a capítulo donde esta bienabenturada estava, hizo su plática reprehendiéndola muy ásperamente, como si por obra huviera hecho todos los levantamientos que contra ella heran dichos−, e por mostrar que ella tenía culpa y él raçón de reprehenderla, diole una disçiplina en el hombro, sobre la ropa de la cama. Viendo las monjas la reprenhensión que el perlado le dava sin ella mereçerla, y cómo se la quitava de abbadessa, lloravan sin poderse sufrir, por lo mucho que la amavan, por la sanctidad que en ella siempre havían visto. Y no queriendo ellas dar votos para elegir otra abbadessa, aunque el perlado se los demandava por semejante, las maltrató con reprehensión e hirimento de palos, él y los frayles que con él venían, en tanta manera que en algunas hizieron sangre e[n] las caras y cavezas, e puso por presidente a la religiosa que havía sido causa del perseguimiento e daños [fol. 81r] que contra esta bienabenturada se hizieron, mandando por obediençia a las monjas la obedeçiesen por su presidente. Y hecho esto, fuese el perlado.
Y las monjas quedaron muy angustiadas e llorando, a las quales consolava la sancta virgen, diziendo: “Ruégoos, hermanas mías, que os consoléys y çesen vuestras lágrimas, que me days mucha pena en veros tan fatigadas por cosa que a mí toque. Poneos, señoras, al pie de la cruz con toda paçiençia, y padeçed lo que os viniere por amor de Jesuchristo, cuyas esposas soys, obedeçiendo a vuestros perlados en todo lo que os mandasen, no siendo cosa en que Dios sea offendido. N’os curéys de poneros en pena por mí desculpándome, que si en estas culpas no estoy caýda, podrá ser que aya hecho alguna cosa ante el acatamiento de Dios digna de reprensión. Obedeçed de buena gana e voluntad a la madre presidenta, tenedle mucho amor e reverençia, que yo nunca tanto amor le tuve como aora le tengo, y con los ojos querría haçer lo que su reverençia me mandase. En lo que me dixistes no me olvide de rogar a Dios os consuele, yo me tengo cuydado, que más é sentido vuestras penas que las mías. Y porque por que veáys si no me olvido, estando un día elevada donde Dios tiene por bien de ponerme, suplicando con mucho ahínco a Nuestra Señora la Virgen María Su Magestad tuviese por bien de consolaros e rogar a su preçioso Hijo por vosotras, pareçiome que veýa un trono muy resplandeçiente, e adornado y enriquezido de admirable hermosura, y en él assentado a Nuestro Señor con muy gran poderío y magestad, y su gloriosa madre y Señora Nuestra assentada a su lado; y rogava por los peccadores como contino haze, y por vosotras, hijas de su amparo. E respondía el Señor a su preçiosa madre como a manera de canto, diziendo:
‘Callad, Señora, Señora ýnclita,
Dixo esta sancta virgen al ángel: “Ay, dolor, dízese entre los frayles de nuestra sancta religión del bienabenturado padre nuestro sant Francisco, y casi en toda la orden, que yo no tenía buen regimiento ni buenas costumbres en mí mesma ni en mis religiosas. Y dízeme vuestra señoría esas cosas, las quales parezen contrarias, y lo son a los juyzios humanos, en espeçial a los que juzgaron así, religiosos como seglares, y aun mis propias hermanas, algunas pocas y no muchas, ni todas de las quales tuve sospecha me havían juzgado o causado. Y en las tales ocasiones me a faltado la paçiençia, y fáltame contino. Tengo en esto mucho que confesar. Rogá, señor, por mí al Señor”. Respondió el sancto ángel: “Consuélete Dios, hija de Dios, no me maravillo que tengas pena y algunas faltas de perfeçión que mientras estás en la carne caýble tienes. Y Sansón, con quánta graçia Dios le dio desde el vientre de su madre, no le sanctificó Dios en manera que no pudiese peccar si él quisiese errar; y Salomón, comoquier que sus fines [fol. 84v] fueron malos, no por eso dexaron de ser buenos los dones que Dios le dio por la graçia del Spíritu Sancto. Y ansí, tú no temas, aunque seas juzgada, que Dios sabe tu coraçón reconoçe, y los sanctos no pueden conoçerse ni ningún juyzio humano puede dar sentençia sin saver lo que juzga; e si da sentençia sin saber el mal, pecca en dar la tal sentencia. Por eso es bueno dexar el juyzio a Dios de las cosas secretas y no sabidas, y no curar de dar sentencia condenable con sola sospecha, pues Dios es el savedor de las verdades, mejor que los jueçes de la Tierra, y muchas veçes aconteze que testigos falsos matan los cuerpos a los hombres, mas no pueden matar las ánimas que delante Dios son puras e salvas de los delitos que fueron acusadas o sentençiadas”.
Dixo esta bienabenturada al ángel: “Ay, señor, que aquel yerro que yo hiçe, o peccado que me havéys dicho, verdad fue que le hize yo no pensando que haçía tanto mal como me havéys dicho que pareçió el de Eva. Y en ser tan malo, diría fuy, y soy, de gran penitençia. Creo que aunque me costase la vida lo mereçía todo, y después en el otro mundo donde las ánimas penan después de muertas”. El sancto ángel respondió: “Ya saves tú qué te dixe yo quando me preguntaste si hera peccado, y te dixe que no, sino caridad, mas que podría ser venirte por ello alguna reprehensión y menospreçio a tu persona. Tú dixiste que si no hera peccado en lo demás, tú te querías atrever, aunque hubieses de resçivir reprehensión y menospreçio, que eso hera lo que deseavas, más que ser preçiada y estimada”. La bienabenturada le preguntó: “Señor, ¿pequé yo más por ser mi hermano aquel que si fuera otra persona para la qual se procurava aquella bula?”. Respondió el ángel, y dixo: “Si para alguno otro los procuraras que no fuera tu hermano, mi deudo, también peccaras, y más, salvo si no ocurriera en el caso alguna buena yntençión, simple y sin [fol. 85r] maliçia, y con codiçia de hazer bien al monasterio y no mal, como pensaste ser al monasterio en lo temporal aquella procuraçión, de la qual te culparon con razón, puesto que él tornó a deçir que la yntençión no fue peccado, mas púdose juzgar por peccado entre las gentes, en espeçial no saviendo enteramente el secreto de tu yntençión, e no se creyendo tus palabras que en su salvaçión de tu culpa dixiste; las quales yo sé que heran verdaderas, y soy testigo que lo hiçiste por dos cosas: la una, porque fuiste consejada, y la otra, por miedo que te ponían que te podía ympetrar aquel benefiçio o pitanza eclesiástica por tiempo. Y puesto que por vía de afiçción te ynclinaras a darlo a persona de tu sangre o parentela, siendo la yntençión recta y sin engaño, hera mérito y no peccado. Esto digo porque por que te consueles, y resçivas la penitençia fructuosamente y sin desesperaçión, pensando que por aquel peccado heres condenada. Dios te lo perdonó Él, y los otros”.
Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Señor, yo os doy muchas graçias por las virtudes de mi Señor Dios, y por esta consolaçión, que muy grande es para mí, y mi ánima a resçivido en ella grande consolaçión sin medida, según estava angustiada e ayrada conmigo mesma, y en tanta manera penada”. Respondió el sancto ángel: “No te deseo penes por ninguna cosa, que mejor es esperando en Dios padeçer que desesperando peccar, que es añidir peccado sobre peccado”.
Dixo la sancta virgen: “Señor, mi menospreçio y murmuraçiones contra mí hechas, yo mesma me los ganado con mis peccados y defetos y tachas malas que ay en mí, y a havido, por ser yo tan peccadora, como dicho tengo y me he confesado con vos, señor”. Dixo el sancto ángel: “No digas que tienes malas tachas, que es cosa de animales brutos sin conoçimiento de Dios, que si tú as offendido como peccadora y criatura caýble, tan poco a sido en tanto grado quanto ''[14]'' tú te acusas e pones los defetos, e si otras personas te los an puesto y tales ayudas, no quiero yo favoreçer en eso e tan demasiado grado, que persona que ve a Dios y a mí, que soy ángel y tiene graçia [fol. 94r] de ver los demonios, no es razón desfavoreçerle en tanto grado. Y si las gentes desfavoreçieren, Dios no desampara del todo a sus amigos. Y si en esa vida quedan vençidos o muertos de sus enemigos, visibles delante de Dios, los muertos sin culpas ''[15]'' quedan venzedores, y con gloria triunfadores, y los vivos, aunque victoriosos al parezer visiblemente, quedan muertos y sepultados en el peccado de su omiçidio y malquerençia y crueldad”. Dixo la sancta virgen: “Señor, cosas maravillosas me dize vuestra señoría, que mi entendimiento no basta para entenderlas”. Dixo el sancto ángel: “Capaz está tu entendimiento de entender y sentir bien de Dios y de esas cosas y escondidas sçiençias si quieres usar tú de la virtud y lumbre que Dios te dará, con la qual alumbra su sancta fee cathólica, la qual te consejo reluzga en ti como piedra preçiosa puesta en oro o en plata, o como el luzero planeta del çielo”.
La bienabenturada preguntó al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque por que el Señor permitió sobre mí fuese atormentada en vida como Job, que ansí me pareze que estoy cubierta de dolores y ansí me duelen como si fuesen llagas o lepra?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Da graçias a Dios trino y uno y verdadero por todos los dolores que te dio, secos y sin llagas. Y aunque fueran llagas y lepra, es más ydiondo y feo el peccado que afea el alma que no la lepra y hedor que atormenta el cuerpo. Antes muchas vezes da Dios las tales cosas para purificaçión y hermoseamiento del alma. Y acordarte deves de cuando yo te dixe que havía el demonio demandado liçençia a Dios para perseguirte y tentarte de diversas maneras ansí como lo hizo. Contraxole, comoquier que le fue dado algún poder y liçençia, no fue en tanta cantidad como el mesmo demonio pedía. Tú sanctíguate d’él y no le ayas miedo, que si fee y devoçión tienes en las virtudes de la cruz, valerte an ante Dios, y el demonio no avrá poder sobre ti en grado enpezible a tu ánima, aunque el cuerpo padezca y sea atormentado. Y sé fiel a Dios, enbuélbete en su amor, afórrate en su esperanza, consuélate en su serviçio. Esto haciendo, y siendo Dios contigo, no temerás cosa que los [fol. 94v] hombres te hagan, que, quando te mataren, heres viva; quando te dieren vida los hombres y no Dios, quedas muerta. Ansí están muertos los favoreçidos de los hombres, mas los favoreçidos de Dios, aunque sean muertos, quedan vivos”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, mucho me consuelo oyendo palabras, sanctas palabras, mas miedo he a los hombres, y asombrada me tienen los sanctos e humildes religiosos e religiosas. ¿Qué haría, y en quánto grado más abría miedo a los crueles seglares, si, a desdicha mía, por sus manos huviese de ser castigada o penitençiada? Que aunque fuese permisión del Señor, y por bien de mi alma, en tales cosas no sé si avría paçiençia y si el tal martirio sería en mí meritorio”.
El sancto ángel respondió, diziendo: “Grande es la pequeñez de tu coraçón, pues no estás aparejada para con todo esfuerço e amor de Dios sufrir las fatigas. Esfuérçate, que la sancta religión christiana piadosa es. Y las personas que son christianas y desapiadadas quedan deudoras a Dios en mayor grado que los infieles, en espeçial quando hazen mal a los amigos e sierbos de Dios, pues los religiosos e de orden sacra, ¿cómo te an de hazer a ti mal? No tengas tantos temores, ánima de Dios, que me das congoja y me hazes llorar”. La bienabenturada respondió al sancto ángel, diziendo: “Señor, no puedo más sino sentir en mí este temor, acordándome de las cosas profetizadas sobre mí, como vuestra señoría me a dicho artas; e otras me an contado mis hermanas las religiosas, las quales dizen haver ellas oýdo por sus oýdos profeçías salidas por la palabra dada de graçia del Señor en tiempos passados, las quales profeçías en mí dichas y para mí profetiçadas dizen ellas se cunplen agora y se an cumplido largamente, y aún ay más por cumplirse, y con esto estoy tan temerosa, no sé qué son”.
El sancto ángel dixo: “No tengas tantos temores, porque por que no pierdas el tiempo ni le gastes mal gastado con el demasiado temor, olvidando y dexando de usar el fervoroso amor de Dios, el qual tú solías tener en otro tiempo y te vi yo con más ánimo y fortaleza y cuydado de Dios, y no con el relaxamiento y tibieza que agora está aposentado en tu ánima. Muchas vezes me haçes estar cuydadoso de ti, y maravillado cómo heres tan floxa, enbuelta en esos temores que te an de haçer mal las gentes. Falta el spíritu de obra en la caridad y amor de Dios, y la hambre y sed que los próximos se salven; falta en ti la oraçión devota y penetrativa, la qual es agradable a Dios, quando limpia y sin peccado vuela al Çielo, adonde Dios está assentado en su real trono, y como el [fol. 95r] humo del inzienzo es sin fastidio quando ordenadamente es quemado ante Dios y es dino sacrifiçio, ansí la oraçión es honrrosa a su alta y gran Magestad y sube bolando, no parando hasta los brazos y persona de quien ama el que la haze. Y por eso, si tú amas a Dios cruçificado, que fue en ese mundo y glorificado que está, oyrá en el Çielo tu oraçión, que es el mensagero de tu coraçón. Hasta allá sube, donde ese mesmo Dios está y mora; y ansí la oraçión de qualquier ánima devota, aunque esté en el cuerpo, e mientras más limpia y sancta vida haze, e religiosa, más açeta e sancta al acatamiento de Dios”.
'''Capítulo IXXXIX'''
'''De otras preguntas que esta bienabenturada hizo a su sancto ángel'''
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, mis hermanas las religiosas tienen un defeto muy grande, y es que me desean a mí por su perpetua perlada, y esto es contra la voluntad de nuestros perlados. Y algunas veçes no se lo conçeden, y con su ymportunaçión los enojan. Este peccado, ¿perdonársele a Nuestro Señor? Que yo por grave le tengo en ellas”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Otros peccados avrá en el mundo tan graves y más, que no ese, puesto que ellas deven, como sierbas de Dios, obedeçer lo que les mandaren, y esforçarse a cumplir la voluntad de los perlados, en espeçial cuando no les mandan cosa que sea ofensa del señor Dios ni contra sus almas propias y su perfeta y frutuosa conçiençia e aprovechamiento spiritual en el mayor y mejor serviçio de Dios”.
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, el tiempo que yo he sido perlada, ¿é servido a Dios en el tal offiçio?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Gran soberbia sería la tuya si pensases havías servido a Dios sin offensa e sin defeto. Mas de una cosa te hago çierto, porque por que te alegres en la virtud y te enmiendes del defeto, e te duelas quando te falta la virtud: que tu ánima siempre a sido por la graçia del Señor ynclinada a buenas obras antes que a malas, y a un zelo que se sirva el Señor de todas las criaturas, y que no se offenda dellas, ni de tu ánima mesma, la qual deseas salvar con fe verdadera christiana, devota a Dios y a su Madre, y a los sanctos ángeles y soberana corte çelestial. Y las offensas que as hecho no an sido de propia voluntad, ni perdiendo la reverençia e amor de Dios, ni a Él temor reverençial e piadoso, comoquier que atrevidamente y con agudez demasiada o pensando no ser peccado algunas cosas as offendido, e por eso mereçes penitençia. Y si la de la vida presente no bastare, en el otro mundo yrás a penar. ¡Sálvete Dios, ánima mía, encomendada! Que te salve Dios del Çielo, yo lo quiero suplicar, y entiendo ganarte graçia. Tú te deves ayudar”.
La bienabenturada, muy consolada de estas piadosas y sanctas palabras, dio graçias al sancto ángel, [fol. 96r] y tornole a preguntar si havía sido servida Nuestra Señora traerla a su sancta casa de la cruz y que morase en ella para siempre. El sancto ángel respondió, diziendo: “¿Por qué hazes pregunta a la cosa que bien saves? Acuérdate de aquel día quando yo te apareçí en casa de una tu tía, estando tú en oraçión delante Sancta María, e yo offreçía tu devoçión y pedías con lágrimas serbir a Dios te otorgó y te llamó para su casa, y a mí me mandó guiarte. Y ansí se hizo. ¿Qué más señales quieres para conoçer que ella fue servida traerte a su sancta casa, la qual estava derribada y arto caýda en quanto a lo temporal, que en lo spiritual su virtud se tenía? Mas fue aumentada la devoçión junto con la graçia, más contigo que sin ti”. La virgen le dixo: “Señor, ¿pues cómo agora a caýdo en mí la graçia?”. Respondió el sancto ángel: “Siempre acostumbró Dios, en el prinçipio, de dar su graçia alterada y fervorosamente, sin poderse encubrir ni meterse la candela devajo del celemín; mas de que se va haziendo ascua creçida y maçiça, puedes encubrir con la ceniça de la discreçión e abituaçión, sin que se parezca descubiertamente la luz que está en el ánima hecha ascua biba sin llama”.
Respondió el sancto ángel: “Esa también es graçia del Señor, que toda su Divinal Magestad por mexor dé tu ánima. Y las penas que te dan las criaturas, y los dolores y enfermedades, harán para tu ánima, y la limpiarán, y las bescosidades que se le pegan por los defetos que confiesas tener y hallarte culpada dellos. Y más perfiçión es acusarte de los peccados y defetos que no confesar virtudes y manifestallas, aunque las huviese y sean verdaderas. Conózcolas Dios, que las save, pues Él las da por su virtud y misericordia, y Él solo [fol. 97r] las alave como lo hará en el otro mundo, si fueren dinas, y en este las otras personas que te conoçiere. Y ese mesmo Dios, si lo permitiere, es bien que te alaben, mas no tú mesma, porque es bana y engañosa la lengua del que se alava a sí mismo sin que Dios le alave, o las criaturas con verdadero testimonio”.
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque fuy en mis prinçipios en mucho tenida y alabada de sancta y de sierba de Dios, más que deçía ni mereçía?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor lo permitió porque por que lo pareçieses en la perfecçión y travajos dignos de memoria. E ansí como su Divinal Magestad, después de nasçido en ese mundo de aquella Reyna del Çielo puríssima y sagrada donzella −que no ay vocablos perteneçientes en la Tierra ni lenguas bastantes para alabarla−, dende el prinçipio ese mismo Dios fue conoçido y alavado de muchos justos del Testamento Viejo, y de los ángeles y pastores, y después de muchos mártires y gentes que se convirtieron a su sancta fee, hombres, y mugeres, y vírgines y no vírgines, y antes de su sagrada Passión fue en mucho tenido Jesuchristo, rey de gloria, y conoçido Dios y hombre, como se muestra en la honra que le fiçieron el día de los ramos y el día de los panes y pocos pezes, y en otros muchos milagros que el Salvador hiço en el mundo, en que fue honrado y ensalçado de las gentes, y después se vino el menospreçio, quando le dieron la Passión no por peccados ni defetos suyos, mas por la maliçia de las gentes, porque hera menester su sancta Passión para salvar el mundo, o por mejor decir, las ánimas justas, conviene a saver, creyendo en el mesmo Dios y honrando su sancta fee católica”.
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, preçiosa es vuestra respuesta para mí, y muy consolatoria. Bien parecéys vos sancto ángel y bendito, que tales palabras me dezís, según yo las he menester. Mas suplícoos me dygáys si son provechosas mis penas, y si se sirve el Señor dellas, porque, si ansí es, consolarme he yo sin desfalleçer”. Dixo el sancto ángel: “Bien dizes, dándote el Señor su sancta graçia, porque sin su voluntad y mandamiento e obramiento de ese mesmo Dios no ay virtud alguna, ni se puede nadie salvar sin su querer y poderoso poder y graçia, misericordiosamente usado e obrado. E por eso no se deve engañar nadie ni confiar en sus virtudes propias, ni en su saber ni [fol. 97v] sciençias, que más seguro es siempre dudar no hallándose dino del Paraýso ni de los méritos de la sagrada Passión con que se compró y ganó que no tener por muy çertificada la salvaçión, en espeçial quando no ay méritos delante el acatamiento de Dios. Y quien pensare que los tiene dignos, él mesmo se engaña, si no es por virtud de esa mesma sagrada Pasión”.
Entonzes, la sancta virgen llamó a una religiosa en secreto, y díxole: “Amiga, yd a la madre abadesa, y encomendádmela mucho, y deçilde de mi parte que yo he tenido mucho cuydado de rogar al Señor por ella, y que ya es tiempo que se apareje”. E la enferma, entendiendo lo que le embiava a dezir, hizo en sí una gran mudanza, a manera de mucho sentimiento, y con mucho esfuerço se tornó a confesar, e resçivió el Sancto Sacramento con mucha devoçión, e renunçió el cargo y todas las cosas que poseýa, e según religiosa pobre, pidió por amor de Dios el ábito e cuerda de sepultura a las religiosas. E resçiviendo [fol. 99v] la estrema unçión muy católicamente, espiró.
Quando le hera mostrado a esta sancta virgen, por la voluntad de Dios, algo de las penas que las ánimas por sus peccados padesçen, si le fuera dada liçençia de Dios ella tomara las penas sobre sí, porque por que ellas tuvieran descanso, aunque son muy insufribles; lo qual hiço esta bienabenturada muchas veçes, dándole Dios para ello liçençia y esfuerço caudoso. Que suplicándole ella a Nuestro Señor huviese piedad de las ánimas que ella havía visto en tan grande pena y tormentos, y le hiçiese a ella tan gran virtud que pudiese ayudarles a padesçer sus penas −aunque fuese acreçentándole a ella sus dolores, aunque los tenía muy grandes y a su pareçer ynsufribles−, todo lo padesçería por la consolaçión y quitamiento de penas de las ánimas de Purgatorio; y si para otorgarle su Divina Magestad esta virtud le quiere dar nuevas enfermedades, que con su graçia e ayuda estava aparejada para todo.
Y continuando esta bienabenturada en su oraçión, e ayudándole a rogar su sancto ángel, fuele otorgada su petiçión de caridad exerçitada en los próximos, vivos e difuntos; la qual ella exerçitó muy enteramente todos los días de su vida. Y exerçitando esta caridad con las ánimas, le acaesçió una cosa por donde se le descubrió un secreto açerca de las ánimas de Purgatorio. Y fue en esta manera: que teniendo esta sancta virgen a causa de sus enfermedades los miembros fríos, pareçiole a ella que unos guijarros calientes entre la ropa de su cama le darían algún refrigerio en aquella neçessidad que tenía. Rogó que se los buscasen, si los havía en el monasterio; y haviendo traýdo para una obra que haçían en la casa una carretada dellos, muchos tiempos antes de sus enfermedades, y de estos guijarros havía algunos por la casa, y buscándolos a su pedimiento, hallaron uno muy grande a una puerta de una cueva, con el [fol. 100r] qual havían molido muchas vezes pez. Y llevándole a esta bienabenturada, dixo que hera muy bueno, y mandó allí en su presençia le calentasen en un brasero de lumbre. De que fue empeçado a calentar y calentado, empeçó a oýr unos muy dolorosos gemidos, formando manera de palabras, en las quales deçía: “Ay, crueldad tan grande, ay”. Esto no lo oýa ninguna de las monjas que allí estavan, sino la sancta virgen, que dende su cama lo mirava e oýa, e le pareçía ser ánima de Purgatorio. Y mirando con su entendimiento de dónde salían aquellos gemidos e palabras, sintió salían del guixarro que a la lumbre estava. Y no diçiendo por entonçes la causa de ello, mandó aprisa no le calentasen más, y le quitasen luego, y enbuelto en un paño se le pusiesen sobre sus manos. Y de que le tuvo allí, le dixo en silençio: “Ánima, yo te ruego me perdones la pena que he sido causa resçivas. E dime, ¿cómo as venido a estar aquí?”. El ánima le respondió: “Ruégote no mandes calentar más este guijarro, donde estoy por mandato de Dios, que si quisieres calor yo se le daré, y también frío. Y a lo que preguntas, cómo estoy aquí, ya te he dicho que es voluntad de Dios. Mas primero que a este monasterio me truxesen, estava en un río que se llamava Xó, e las bestias con sus pies me sacaron d’él, e los hombres peccadores me truxeron a esta casa”.
Y de aý adelante rogava a las religiosas le traxesen los guijarros que por el monasterio hallasen, y ellas con mucho cuydado lo haçían, aunque no savían para qué hera. E quando alguno le traýan, mandavan que se le pusiesen en la cama, y teniéndole allí, conoçía si tenía dentro algunas ánimas. E las más tenían una y muchas, y las que no tenían ninguna mandávalos sacar de su çelda. Y no contenta ni satisfecha su caridad con los que en el monasterio estavan, rogó que le hiziesen traer algunas de un río que ella señaló, del qual truxeron muchos. Y todos venían con muchas ánimas de dentro de sí, de manera que siempre tenían en el hospital de sus caridosos miembros bastamiento de ánimas, e por la voluntad de Dios, y con su poder, siempre venían ánimas, y vinieron a esta sancta virgen hasta en fin de sus días a ser ayudadas por su oraçión y méritos. Quando ella las vía venir, dezíales que tomasen por lugar en que estuviesen los guijarros, donde estavan las otras que antes que ellas havían venido por la voluntad de Dios. Y aunque en cada una de aquellas piedras estavan muchas ánimas, cada una tenía la pena en sí propia que por sus peccados mereçía, diferentes unas de otras.
Y como esta bienabenturada no tenía manos con que poner sobre sus miembros las piedras de neçessidad, preguntándoselo las religiosas, les descubrió el secreto, e les rogó que todas las vezes que ellas los pidiese se los diesen [fol. 101v] e pusiesen donde ella les dixese. Las religiosas, mucho maravilladas de saver tal secreto, le dixeron que lo harían de voluntad. Y dende entonzes, empezó esta bienabenturada a poner sobre su persona y miembros aquellas piedras, e por su desseo y voluntad ayudarles a padesçer sus penas, offreçiendo sus dolores y pidiendo a Nuestro Señor se le acrecentasen, porque por que aquellas ánimas, que consigo tenía, fuesen recreadas y alibiadas sus penas, y por su piadosa misericordia y sancta Passión fuesen libres de todas ellas. Aunque havían sido peccadoras, hera mayor su piedad para las perdonar y haçer virtudes, y que allí estava su cuerpo doloroso y tullido para pagar por ellos lo que su Divina Magestad mandase.
Y puniéndose esta sancta virgen estas piedras alrededor de su cuerpo y miembros, sentían mucha consolaçión e alibiamiento de penas las ánimas que dentro dellas estavan. Y acaesçía elevarse, y esto muy contino, teniendo contino mucha de esta compañía. Y aunque los guijarros heran grandes, y sus miembros muy delicados, no se los osaban quitar las monjas hasta que Nuestro Señor la volvía en sus sentidos. Hera muy grande admiraçión y causa de mucha devoçión verla estar ansí de esta manera.
Quando esta bienabenturada quería que la llevasen al coro o a otra parte de la casa, quando las religiosas la sentavan en el lugar donde havía de estar, poniéndole bien la ropa que llevava bestida, topavan con los guijarros que llevava pegados a sus coyunturas, los quales no havían visto hasta entonçes, y bien asidos, unos devajo de las corbas y otros de los pies. Ellas, muy maravilladas de ver el milagro, probavan a quitarlos, y nunca podían despegarlos, aunque ponían fuerça. La sancta virgen, socorriéndose, les dezía: “Dexadlas estar donde Dios les dio liçençia que estuviesen, que con su poder están esas ánimas que aý haçen”. Y esto se vido muchas vezes de la más parte del convento, e algunas de todo.
Estando esta bienabenturada confesando en su cama, el confesor mirando hazia ella vido uno de aquestos guijarros hazia las almoadas de su cavezera. Y muy maravillado de ver tal cosa en cama de persona tan dolorosa y tullida, con piadad por que no se hiriese tomole y arroxole en el fuego, de manera que dio un gran golpe con él. Y la sancta virgen, en su secreto, huvo gran pesar de lo que el padre hizo. Y después que fue ydo, llamó ella a una religiosa, y dixo: “Dadme ese guijarro que arrojó el padre, que tan angustiada he estado por el golpe que con él dio que no he savido lo que he confesado”. La religiosa le dixo: “No tenga, señora, pena, que no se les daña nada a las ánimas”. La bienabenturada le respondió, diziendo: “Porque “Por que [fol. 103v] os guardéys vos de hazer otro tanto, saved que quando el padre las arrojó, gimieron las ánimas, diziendo: ‘¡Ay dolor, estos son los benefiçios e sacrifiçios que de los saçerdotes resçivimos!’”.
Y mirando la sancta virgen que otras vezes podría acaeszer lo mesmo, buscava con su pensamiento cómo lo pudiese mudar. Y de que vido a su sancto ángel, contole su pena, diziendo: “Señor, querría suplicar a Nuestro Señor, su poderosa Magestad, quisiese mudar esto de estos guijarros en otra cosa en que las ánimas pudiesen estar, por evitar algunas ocasiones que con estas piedras se pueden recreçer”. El sancto ángel le respondió: “Bien será que lo ruegues, y yo te ayudaré a suplicar te sea conçedida la graçia”. Y rogándolo entrambos se lo otorgó Dios lo trocase ella en lo que más consolada fuese. En manera que de aý adelante siempre tenía unas jarras con rosas e flores o yerbas frescas, según con el año las había, y las jarras heran de vidro, o como las podía haver. Y teniéndolas consigo, a su lado y par de sus almoadas, por la voluntad de Dios todas las ánimas se pasaron en ellas y se asentaron sobre las yerbas y flores. Y ansimismo lo haçían las que nuevamente venían, y dezían a la sancta virgenVirgen: “Mucha consolaçión havemos resçivido con esta estanzia que Dios nos a dado, que como los guijarros sean tan duros e espesos no nos consolava más en estar en ellos”.
E aunque a las ánimas les fuese consolaçión mudarlas en las yerbas y flores, no por eso dexava la bienabenturada de padesçer tantos dolores y tormentos para ayudarlas como antes. Y aún más, según su gran neçessidad lo havía menester. Y viendo y saviendo cómo las ánimas se consolavan en estar en las flores y yerbas, rogava ella a las religiosas que tuviesen cuydado de traer las rosas y flores frescas, y ponerlas en los jarros. Y haçiéndolo ellas como se lo encomendava, cuando traýan algunas flores frescas olían las que de antes estavan puestas. Y paresçiéndoles tener muy más subido y lindo olor que quando las havían puesto, rogavan a la sancta virgen Virgen les dixese qué hera la causa. E ella les respondió, diziendo: “Todos los secretos queréys saber, por qué y cómo se hazen y son las cosas. Porque hazéys lo que os tengo rogado, y os lo dixe, en cada una de estas flores ay muchos ángeles, los quales fueron [fol. 104r] guardadores de estas ánimas quando vivían en sus cuerpos. Nunca las dexan ni desamparan hasta que, salidas de penas, las llevan a la gloria, y las preguntan ante la Magestad de Dios. Agora vienen aquí a visitarlas, y por darles consolaçión tañen ynstrumentos de diversas maneras y cantan muy dulzemente. Ellas también cantan con ellos. Traen los sanctos ángeles consigo muy suave olor, y permite Nuestro Señor que se pegue a estas flores algún poquito de lo mucho que ellos en sí tienen, por que las ánimas que en estas flores y verduras están sean consoladas”. Dixeron las religiosas a la bienabenturada: “También será ella consolada con tal música y cantos tan dulçes”. Respondió: “Sí soy. Y muchas vezes cantamos todos juntos, y me consuelo de que veo a las ánimas que se les van aliviando las penas y están assentadas en estas flores, y verdes flores y yerbas, en figura de paxaritos de diversas maneras, cantando y loando a Dios, que las crió y redimió, y dándole graçias porque no las condenó por sus peccados, y porque les dio lugar limitado de penitençia donde pagasen sus culpas. De que yo las veo en este estado resçive mi ánima gran consolaçión, porque primero que a él vienen an padesçido muy grandes penas, e yo, peccadora, muchos dolores”.
Preguntada esta sancta virgen de las religiosas si las ánimas que nuevamente venían de voluntad de Dios para ser della ayudadas, si venían feas o qué figuras traýan, respondió: “Çierto, no vienen hermosas, ni blancas, ni traen buenos olores, que más vienen para dar temor y espanto que no consolaçión. La semejanza dellas es de mucha diversidad de maneras, según la calidad de los peccados que an caýdo. Mas estas cosas no se pueden explicar, ni menos conviene dezirlas”. Preguntada de qué calidad heran las ánimas por quien rogava y padesçía, respondió que heran ánimas que havían muerto muertes desastradas y por justiçia, y en batallas y en la mar, y las que más desamparadas estavan de quien les hiziese bien, y ánimas de sus amigos y enemigos, y de religiosos y seglares, según hera la voluntad de Dios.
Estando esta bienabenturada un día de verano a la puerta de su çelda, hechada en una camilla rodeada de jarras muy llenas de albaaca muy fresca y creçida, cantando la ''magnificat'', oyéronla las religiosas y fueron a verla e a oýrla con mucha alegría. Y proçediendo ella en su [fol. 104v] canto, quando acavava la ''manifica'' que dixo: “''Gloria Patri''”, abaxáronse las ramas del albahaca, tanto que también se abaxavan las jarras en que estavan. Y estavan ansí abajadas hasta que acavava la gloria, y luego se alçavan muy despaçio. Viéndolo las religiosas, dieron muchas graçias a Dios por tan gran maravilla como sus ojos veýan.
Entonçes, díxoles la sancta virgen: “¿Para qué entrastis aquí, hermanas, que estávamos cantando yo y mis compañeras, yo en esta cama y ellas entre las yerbas verdes?”. Ymportunada que tornase a cantar ''Gloria Patri'', dixo: “Podrá ser no querrán delante de vosotras tornar a hazer la benia”. Y ansí como empezó a dezir ''Gloria Patri'', se abajaron las ramas del albaaca e jarras con ellas, como la primera vez. Y esto fue hecho todas las vezes que lo tornava a deçir, lo qual fue causa de mucha admiraçión a todas las religiosas. E la sancta virgen les dixo con gesto alegre: “Plázeme, amigas, aya el Señor querido ayáys visto esto, porque por que veáys por espiriençia que esto que está entre estas verduras son ánimas cristianas, y obedientes a su Dios, y creyentes en su sancta fee cathólica, pues hazen humiliaçión y reverençia quando se nombra la muy alta Trinidad. Y no es esta la primera vez que estas cathólicas ánimas reverençian a su Dios y criador estando en estas yerbas como havéys visto; mas otras muchas vezes lo han hecho por dar plazer a esta bienabenturada”.
Trúxole una religiosa un gran pie de albahaca, el qual venía granado y no abiertas las flores. Ella, viéndole, mandole poner en una jarra de las que ella tenía para aquello. Otro día, trayendo otra rama más fresca, sin dezirle ninguna cosa, quitaron aquella mata grande y hecháronla a un rincón de la mesma çelda, y pusieron la fresca. Y dende a dos días, pidió la jarra que tenía el gran pie de albahaca, que como tenía muchas unas tomava una vez, y otras otras. Y trayéndosela, conoçió que no hera aquella el albahaca que ella havía mandado poner allí, y pidió que se lo diesen. Díxole una religiosa: “Ya está seca”. Ella, pidiendo que se la traxesen, aunque estuviese como dezían, y traýda, mandó quitar la fresca y poner aquella, diziendo: “Sé que poderoso es Dios, y la virtud de mis ánimas bendita, y para tornar esta albahaca en su berdor y frescor”. Y mandó que le pusiesen aquella jarra ençima de sus miembros, y túvola un gran rato. Y antes [fol. 105r] que se la quitasen, ya empeçava aquella rama a tener un poco de vigor, y continuándola a a tomar más a menudo que las otras jarras, a cavo de dos días estava tan berde como si entonzes se huviera cortado de donde estava nasçido, y abrieron las floreçitas, y ansí estuvo por artos días, sin perder su verdor ni olor.
Acaesçíale algunas vezes estar apartada de donde estavan las jarras, y haver gran rato que no las havía tornado consigo, e oýr los gemidos de las ánimas y palabras que dezían en que mostravan el desseo y neçessidad que tenían de ser recreadas dellas. La sancta virgen entonzes les deçía: “Venid, venid, ánimas cristianas y cathólicas, con el poder que Nuestro Señor Jesuchristo os a dado, que os aprovechéys de mí, su yndigna sierva”. Al qual clamamiento todas quantas ánimas que en las yerbas de las jarras yban e se le ponían ençima de los miembros, desde los pies hasta la caveza. Y ella les preguntava, diziendo: “¿Havéys os consolado, amigas?”. Las ánimas dezían: “Sí, criatura de Dios e ayudadora nuestra. Muchos más havemos consolado, pues nuestras penas y tormentos se an aliviado y alivian todas las vezes que contigo nos tienes. Muchas graçias sean dadas al poderoso Dios, [por] esta misericordia, y por todas las que de su alta Magestad magestad havemos resçivido”.
Bolviendo un día esta bienabenturada muy alegre de la elevaçión, preguntáronle las religiosas que les dixese la causa de su alegría, si hera de libramiento de ánimas de Purgatorio, que en ella conoçían que havía ydo al lugar de las penas. Muy ymportunada, respondió: “Sí, que como el poderoso Dios a otorgado a mi sancto ángel custodio muy grandes previlegios, entre los quales le otorgó fuese a Purgatorio çiertos días de la semana, en espeçial miércoles y viernes en reverençia de la sancta Passión, y el sávado por lo masmo y por los mereçimientos de la Virgen Sancta María, su madre, y llévame consigo para que le guarde el pescado que jara de los lagos del Purgatorio. Y como él lleva el poder de Nuestro Señor, no le vedan los demonios la entrada, ni podrían, aunque mucho les pesa dello, y hazen muy grandes ruydos, y estruendos espantosos de oýr. Mas mi señor sancto ángel pásase de largo, llevándome a mí guardada dellos entre sus muy hermosas alas, y vamos a unos muy espantosos lagos y ríos, los quales son negros como la pez, y muy pesados, y de horrible hedor. E toma mi sancto ángel una grande viga llena de anzuelos muy grandes, y hechados en aquellos lagos y ríos, en el [fol. 105v] nombre de Dios y de su sancta Passión, y tiénelos allí un poco. Entre tanto, ruega al Señor y a Nuestra Señora, y yo también. Dende a un poco, tira aquella viga hazia fuera, y saca asida algún ánima o ánimas de aquellos anzuelos, e quítalas, y dámelas a mí que se las guarde de los demonios. Y torna a hechar los anzuelos, y entre tanto que él saca, más meto yo aquellas ánimas en una estançia que allí tenemos para esto, la qual llena cada vez que va a haçer esta obra de caridad. Y de esta manera saca muchas ánimas cada vez, y estas son las que la voluntad de Dios permite, y las que an sido más devotas de su sagrada Passión, y en que en semejantes, viviendo en la carne, hizieron alguna buena obra por su amor e murieron en día de viernes.
”Y los sanctos le dieron muchas graçias, y suplicaron a su preçiosa madre, que a su lado estava, quisiese yr con ellos, la qual se volvió hazia Nuestro Señor Dios, y le dixo: “Hijo mío muy amado, estas sanctas benditas me ruegan vaya con ellos a Purgatorio. Si me dáys, hijo mío, liçençia, yré de buena voluntad”. Y Nuestro Señor le respondió: “Madre mía, si vos queréys, yd en buena ora, que ellos ganarán en llamaros, que solos vuestros mereçimientos son bastantes para robar todo el Purgatorio y traerle con vos a los Çielos”. Y luego la muy poderosa Reyna del Çielo, puesta en muy grande trono, y estos gloriosos sanctos con ella, y muchos millares de ángeles de la hierarchía elegida para su poderosa guarda, y mandó llevar muchas trompetas e atabales, e otros muchos ynstrumentos de dulze melodía. Y ansí desçendieron al lugar del Purgatorio, y dende camnino pasaron por donde yo estava.
”Y díxome la muy piadosa madre de Dios, mirándome con sus ojos de misericordia: ‘Anda acá, amiga, vete con [fol. 106v] nosotros’. E yo holgué mucho de oýrlo, y tomándome de la mano mi sancto ángel, fuymos todos. Y a la entrada de Purgatorio, mandó su Real Magestad tocar todos los ynstrumentos, lo qual hera muy admirable cosa de oýr, por que las ánimas sintiesen el socorro que les yba, y se esforçasen con el sonido de las trompetas, y con la melodía de la dulze música se consolasen. Y entrando con este gran poder, los demonios empezaron a aparejarse como de guerra, con muchos tiros y armas, haziendo muy grande ruydo, y poniendo las ánimas en gran cobro, dando muy grandes alaridos. Nuestra Señora mandó empezar la pelea, y que no çesasen de tañer. Y Su Magestad los estava mirando, y los sanctos y sanctas susodichas con ella, y los Ángeles ángeles de su reguarda, unos tañendo, e otros con espadas muy luçidas peleavan muy reziamente con los demonios. Pareçíame que los ángeles con las espadas partían los demonios por medio, e caýan en el suelo. Y de verlos yo assí caýdos y partidos por medio havía yo muy gran plazer.
”Y mientras que estos ángeles peleavan con los demonios, otros ángeles yban a los lugares donde estavan penando las ánimas, y traýan muchos brazados dellas, y poníanlas delante de Nuestra Señora, y volvían por más. Y otras venían huyendo adonde estava Nuestra Señora, y ellas las resçivía con ymmensa caridad, hablándoles palabra con mucho amor, y caridad y piedad. Y ansí llegaron alrededor de Nuestra Señora trezientas mill ánimas. Y conoçiendo la Reyna del Çielo que hera cumplida la voluntad de Dios para no salir ya más ánimas por entonzes, mandó çesar la pelea, y a los sanctos ángeles que tomasen las ánimas. Y ansí salimos del lugar del Purgatorio con muy grande alegría.
'''De una revelaçión que esta bienabenturada vido estando enferma'''
Estando esta bienabenturada en su cama enferma de calenturas de más de todas las enfermedades que tenía, vino a ella el padre nuestro, el glorioso sant Françisco, muy glorioso y acompañado de muchos sanctos bienabenturados. E saludola y convidola, diziéndole que se fuese con él al Paraýso, si pudiese y tiene esfuerzo para ello; y si no podía, por su mucha enfermedad, se tuviese en su cama, la qual le havía dado el Señor por nido como a páxara o gallina que está empollando sus huebos, porque por que dellos nazcan páxaron vivos o pollicos, de dolores salidos de los sus huebos, los quales se crían pasçiendo en las yerbas buenas.
Y diziéndole esto, le hechó con sus benditas manos en la cama tres dozenas de huevos, unos tan grandes como de abestruz, e otros medianos, e otros más pequiñitos, los quales huevos heran muy blancos, y claros y limpios, que pareçían de nácar o aljófar. Y la sancta virgen les resçivió de muy buena voluntad, y la bendiçión que el glorioso sant Françisco le dio, e le rogó por toda su orden de frayles e monjes, en espeçial por sus hermanas y compañeras, le diese su bendición. Y bendiciendo a las religiosas, despidiose el glorioso padre, y la bienabenturada, en el despedimiento, besole sus sanctos pies, y él a ella en la caveça, diziendo: “Quiero yo besas los dolores de mi Señor Jesuchristo en ti, ''filia mea'', por su misericordia transformados”.
Y la sancta virgen, muy admirada de ver ansí aquella ánima tan despedazada, y que todos los pedazos gemían y gritaban, dixo a su sancto ángel: “Señor, muy maravillada estoy de ver cómo un ánima pereze en muchas, porque en cada pedazo pareze estar un ánima, y en él llora, como quando estava en el vigor del padesçer entera antes que la partiesen”. Respondió el sancto ángel: “No te maravilles de oýr gemir y llorar cada taxada por sí, que como el ánima es hecha a semejanza de Dios, en el qual está todo entero en Su Magestad, aunque está en muchos pedazos de hostias en todo el mundo, en todos los pedazos está entero; assí el ánima está enteramente dondequier que está su presençia y potençia y sentimiento. Y como en cada pedazo de estos están estas tres cosas, presençia y potençia y sentimiento, por chico que sea el pedazo, tiene sentimiento de entera ánima”.
Y estando en esta plática, vino un gran dragón muy espantable, que con sus crueles manos e uñas la la agarró, y todos los pedazos y migajas, los quales bullen todos como gusanos, con mucha rabia y crueldad, los apretó y trujó, y se los comía. Y teniéndolos assí en la boca, mazcando reçiamente, se tornava entera aquella ánima, como antes estava, y el cruel dragón la hechava fuera de la boca algo della. Y otros muy espantosos dragones se la yban a tomar, y todos asían de aquella triste ánima, unas de una parte y otras de otra, hasta que la tornavan a despedazar muy crudamente, y tragaban y mazcaban della, y después la vi entera como de primero. Y venían otros demonios, como negros como hollín, y muy crueles, y tomábanla. Poníanla en tormento de bergas de yerro, a manera de sogas, y liábanla toda, y apretávanla tanto que le hazían sobrepujar el vulto entre soga y soga un palmo [fol. 108r] más, y apretaban tanto que la partían y cortaban como con sierra. Y de que los unos estavan cansados de atormentar aquella triste ánima, tomávanla otros. Y ella dava tan espantosos gritos y gemidos que no se podrían dezir, y se maldecía, y no la valía nadie, y se desesperava, y no la aprovechava ni la consolava nadie, ni sus penas çesaban, ni se le aliviaban, sino de esta manera susodicha, y muy más cruelmente hera contino atormentada aquella triste ánima hasta que se cumplió la voluntad de Dios de sacarla dellas.
Héranle mostradas muchas vezes a esta bienabenturada penas de Purgatorio por su sancto ángel, porque yendo él a visitar las ánimas y llevarles refeçción, la llevava consigo, en espeçial los lunes. Y le mostrava en Purgatorio los lugares muy tristes y escuros, y feos y muy espantables, en los quales vía padesçer las ánimas de muchas maneras, y cómo los demonios les demandavan los peccados que hizieron. Y las penas que les davan por ellos a las ánimas que havían peccado en el peccado de la soberbia, por quantas vezes cayeron en este peccado, aunque le havían confesado viviendo en la carne, si no tuvieron gran contriçión no se escusa de pagado en Purgatorio, porque la contriçión destruye el peccado; empero, si no ay grande arrepentimiento, por fuerças á de estar la tal ánima siete años en penas, por cada vez que cae en este peccado de la soberbia, la caveça ayuso colgada de los pies, dándole muy reçios tormentos y diziéndole muchos vituperios e ynjurias y menospreçios los demonios. Y ansimismo por cada peccado le dan pena de su manera.
Y fue en esta manera: que primero que la viese, oyó muy gran ruydo y espantosos estruendos, en muy gran cantidad. Y estando la sancta virgen muy espantada de oýr tales cosas, a deshora vido entrar por la çelda un hombre muy espantable y grande, y los pies y manos heran muy terribles y feos, y el gesto como de león muy feroz, y los ojos muy espantosos y encarniçados, y en la boca traýa unos gruesos garrotes, y traýa por bestidura un sayuelo como de sayal muy [fol. 109r] corto, que no le llegava más de hasta la çintura y las partes vergonçosas de fuera. Y a esta causa venía más espantosso y feo que si viniera en otra figura. Andava con pies y manos, a manera de bestia, y traýa sobre sí muchos demonios, y todos los agravios y sinrazones que havía hecho en su vida a las personas que tenía a cargo, las quales offendieron a Dios a su causa. Y las que heran difuntas, traýalas sobre sí, penando por los peccados que a su causa havían hecho. Y esta ánima padezía juntamente con ellas las ocasiones que les havía dado. Y las que heran vivas, traýan sus figuras con las mismas penas que las otras traýan. Y traýa todas las ánimas que por su consejo havían offendido a Dios y hecho agravio a sus próximos, de manera que traýa sobre sí ynnumerables penas y tormentos. Y los demonios le dezían muchos vituperios, pregonando todos sus yerros y peccados para más atormentarle, y luego allegavan y desquixábanle la boca en tal manera que le partían por medio hasta los pies, diziendo: “Quien tal haze, que tal pague”.
Y conoçiendo la bienabenturada aquella ánima ser la por quien ella mucho rogava a Dios, deseava oýrla hablar alguna palabra, por conoçer si estava salva, porque la veýa tan espantable y tan grandes penas que no podía conoçer si lo hera. Y viéndola çerca de sí, mirola con muy grande compasión. Y el ánima miró a la sancta virgen Virgen con ojos muy espantables, y bramava como toro hazia ella; y lo mesmo hazía quando le davan los palos, porque no tenía lengua para poderse quejar ni hablar, sino hera bramar como animalía. Y quitáronle los garrotes de la boca, y pusiéronle una voçina, por la qual salía muy espantosa voz, que dezía: “Esta, esta es de mi herençia”. Y sonava a manera de trompeta muy espantable. Y no pudiendo conoçer si aquella ánima hera salva, quedó muy angustiada. Y quando vido a su sancto ángel, contole [fol. 109v] cómo havía visto aquella ánima, y que no havía podido entender por qué causa havía sonado por bozina: “Esta es de mi herenzia”.
Respondiole el sancto ángel, diziendo: “Algunas vezes permite Dios que las mesmas ánimas que padezen, y los demonios que las atormentan, manifiesten la justiçia de Dios. E dezir esa ánima que la vozina o trompeta que le pusieron en la boca hera de su herençia, díxolo porque con el sonido de su voz, y palabra de su lengua, hizo muchas offensas a Dios, y con sus mandamientos y consejos agravió a sus próximos. Y llamar herençia a las graves penas que con sus malas obras merezió, eso, aunque no quisiese, se lo haría dezir la justiçia de Dios”. La sancta virgen le preguntó: “Señor, ¿es salva esta ánima de quien hablamos?”. El sancto ángel le respondió: “Ya te he dicho no me lo preguntes, que Dios te lo alumbrará quando Él sea servido”.
”Estando en estos coloquios, con más gozo que se puede pensar, hizo la Reyna del Çielo señal para silençio, y llamó a mí, su yndigna sierva, que lo estava mirando. Y fuy postrada de hinojos delante las gradas, donde la poderosa Reyna estava, y díxome su Real Magestad: ‘¿Viste cómo mi hijo está aora niño chiquito?’. Respondí: ‘Sí, Señora’. ‘¿Pareçete bien mi hijo?’. Yo le dixe: ‘Sí, Señora’. ‘¿Quiéresle mucho?’. Tornele a dezir: ‘Él, señora, lo save’. Dixo ella: ‘Yo no lo savré’. ‘Pienso sí savrá Vuestra Magestad, y también las faltas más’. [fol. 111r] Y diziendo esto, huve un gran temor y vergüenza acordándome de mis faltas y defetos, viéndome en tan alto lugar no siendo yo digna.
”Díxome la Reyna del Çielo: ‘No temas, ¿por qué temes? Yo te digo Dios te pone ese temor porque por que le ayas de mí, que tengo aora sus vezes de juzgar mientras Él está en figura de niño chiquito. E ansí como delante de un alcalde mayor y otra justiçia es devida reverençia e miedo, assí a mí este tiempo del naçimiento de mi hijo, nasçido de mis entrañas enxendrado por Spíritu Sancto, algunas vezes, e todas las que yo quiero, me da auctoridad que juzgue y reprehenda si quisiere a las ánimas vivas, y a los que an salido del mundo, y que mande a los ángeles malos y buenos y los castigue si yo quisiere. Por eso, hija, con raçón temes tú, y aun tus hermanas también, las quales quiero yo que parezcan aquí ante mí’. Y diziendo esto, a deshora pareçieron allí unas ymágines o estatuas, las quales estavan en figura de las mismas personas, e pareçiome conoçía cada una. E la Reyna del Çielo no hablava ante ninguna dellas por entonzes sino a mí, su sierba, diziendo: ‘Dime, hija, los agravios que te an hecho tus hermanas o quejas que tienes dellas’. Yo le respondí: ‘Señora, a mi pensar no me an hecho ningún agravio, ni tengo ninguna queja, ni raçón para ello’. Y dixo la Reyna y Señora Nuestra: ‘Todas se aparten allá y quede aquí sola una contigo’. Y apartadas, dixo: ‘De esta, ¿qué quexa tienes?’. Respondí como de primero, no tenía ninguna. Y mandó se apartase aquella, y viniese otra. Y vino luego, y preguntome qué quexa tenía de aquella. Por semejante, respondí que ninguna tenía. Y assí vinieron todas, una a una, y me preguntó la Señora las palabras ya dichas de cada una, y respondí como a las primeras, no acusando a ninguna.
”Entonzes, Nuestra Señora replicó, diziendo: ‘No acuses a ninguna de ninguna cosa, ni de alguna cosa te quexas, pues razón tienes de quexarte, y bien hazes de dexar a Dios la venganza y el juyçio. Y yo te digo que tienes previlegio de Dios todopoderoso y glorioso, hijo mío, que las ánimas que tú bendixeres serán bendeçidas, y las que maldixeres, serán maldezidas. Y tú no tienes condiçión para maldezir, y por eso no maldizirás sino lo que [fol. 111v] Dios quisiere, ni bendizirás sino lo que le pluguiere. Y las que maldixeres, serán maldeçidas. Y las que amaren y apiadaren, serán d’Él amadas e apiadadas; y las que te aborreçieren, ternán juyzio delante d’Él quando tú no las dieres causas justas para odio, porque su maliçia las condenará más que tu culpa. Por eso tú, agora, bendízelas, y no pienses que las bendizes tú sola, que yo contigo las estaré bendiçiendo. Y esta se entiende a las que tuvieren verdadera devoçión e fee, y limpieza de coraçón. Y a mi hijo rogaré por ellas y por ti, que heres llave de mi casa, y tú la tienes dada de parte de mi hijo y mía. Y bien saven tus hermanas la caýda de la primera muger a quien yo me apareçí para fundar esa mi casa, llamada Ynés, en cuyo reparo pedí yo a Dios, mi hijo, a ti, en quien se renovase mi apareçimiento y se descubriese y honrase mejor que antes estava, y tomase comienzo para yr de bien en mejor. Y por tanto, hija, como a segunda fundadora de morada, y en lugar de la primera, reestableçí, como hiço el Spíritu sancto Sancto a sancto Mathía en lugar de Judas, y como Sant Michael en lugar de Luçifer’. Yo dixe a Nuestra Señora: ‘Suplico a vuestra Magestad las bendiga, pues las tiene aquí, y las hable’. Respondiome: ‘Hija, no se dan estos dones y graçias generalmente a todas personas, sino particular a algunas; y pues tú heres una dellas, da graçias a Dios por ello, y no seas yngrata a sus misericordias y benefiçios’.
”Y luego, mandó a mi sancto ángel me volviese a mis sentidos y naturaleza corporal, y assí no vi la adoraçión de los reyes, ni su venida ni entrada por entonzes, lo qual yo deseava y esperaba, según las señales veýa y las palabras que oýa en las cançiones de los gloriosos ángeles. Muchas veçes en el año he visto a Nuestra Señora venir a visitar a esta sancta casa, de la qual muestra tener espeçial cuydado y deseo. Y su santo apareçimiento se a estimado y venerado, porque no fue una vez sola la que Su Magestad se apareçió en este lugar, mas nueve días arreo, me ha dicho mi sancto ángel, fueron los que se apareçió. Y el primero se empieza, y fue el primero día del mes de marzo hasta el noveno, que es el postrero, y más preçiado, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quiere que le hiziesen allí su yglesia cada año. En este día, en el qual se çelebra su sancto apareçimiento, la he visto venir a ora de la medianoche en una proçessión muy admirablemente hordenada, solemníssima y enriqueçida, apos- [fol. 112r] tada de muchos resplandores y riquezas de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y de sanctos y sanctas. Y también vienen con Su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio, salvas por la misericordia de Dios, y ansimismo vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del sancto apareçimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas, algunas dellas son libradas de penas, y otras no. Tráelas Nuestra Señora con liçençia de su preçioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preçiosa proçessión viene al monasterio con muy grandes cánticos, y músicas çelestiales, y ynstrumentos de diversas maneras de melodía. Y antes que entre en la yglesia y casa, da una buelta alrededor, y vendize Nuestra Señora los campos, e tierras y frutas en ellas apareçidas media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio, y vendize las religiosas con grande amor, y diçe:
no quiero dexarle de visitar’.
’Estad constantes en los travajos y penas presentes y advenideras, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito si os contentáys, siervas mías, con mi depósito; si no, dadlas a quien os las guarde. Y guardadlas vosotras, porque por que déys buena quenta a Dios, mi hijo, el día del juyzio, y merezcáys reynar y goçar con Él para siempre’.
”E manda algunas vezes a los sanctos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabezas, de rosas blancas e coloradas. Y de estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la sancta proçessión al coro, y allí está hasta que se dizen los maytines. Y ansimismo está Nuestra Señora, con toda la preçiosa compaña en toda la misa y sermón, y bendize los pueblos que vienen en proçessiones a çelebrar su sancto apareçimiento, y a todos los demás; y ruega a su preçioso hijo, estando en el Sancto Sacramento del Altar, por las religiosas que avitan y moran en su casa, e por todos sus devotos, y muy en espeçial por los que allí presentes [fol. 112v] están les otorguen los perdones de su sancta Yglesia. Y dize Nuestra Señora:
Estando elevada esta sancta virgen, hizo una pregunta a su sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿cómo quedastis vosotros los ángeles [fol. 116r] tan hermosos, poseyendo cada uno la bienabenturanza de no poder peccar, y el claro resplandor y fineza de colores que, a mi parezer, en espaçio de çierra ojo e abre se mudan y difieren los colores en diversas maneras, que se admira el entendimiento y transforma sin saverse entender? ¿Y cómo los demonios infernales, espíritus malignos, quedaron tan abominables y feos, y suçios e hidiondos y peccadores, los quales ellos, dañados, procuran dañar a todo el mundo y humanal linaje”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Cosas son esas que para te las declarar hera menester mucho espaçio, y tú alcanzar alto entendimiento. Porque las cosas que en el Çielo pasaron y se contrataron entre Dios y los ángeles, buenas y malas, antes que cayesen los dañados en el hondón del Infierno y quedasen las buenas, piadosas y justas limpias con su Dios y Criador −el qual entonçes los sanctificó en galardón de no haver consentido con Luçifer en el menospreçio de Dios, criador dellos y de todas las cosas çelestiales e terrenales, e ynfernales−, no se podían scrivir por vía humana, ni bastaría papel ni tinta, ni abría péndola que lo sufriese”.
Replicó la bienabenturada, diziendo: “Dígame, señor, siquiera alguna parteçita por me hazer virtud”. Respondió el sancto ángel: “Algo te diré en declaraçión de lo que preguntas. Quando el señor Dios, trino y uno, estava en el abismo de su deydad y magestad yncomprehensible, holgávase en sí mesmo y deleytávase en su muy alta divinidad y hermosura, y grandeza e ynumerable potençia, y contemplando en sí mesmo, y gozándose de su propio conoçimiento, y balor y dinidad, sin tener neçessidad de ninguna criatura çelestial ni terrenal para su servicio; porque Él, a ssí mesmo, con su alto poder se sabe goçar e amar e contemplar, y considerar todo lo que es menester para su alabanza y ensalçamento de honra. Y cada una de las tres personas divinales se holgaban, y se amaban y se querían la una a la otra, y con toda la alteza [fol. 116v] yncomprehensible con el poderoso, y [¿?] conoçimiento que Dios en sí mismo tiene, sin le faltar cosa alguna. Y conçertándose el Padre y el Hijo y el Spíritu Sancto, movidos de misericordia, esta muy alta Trinidad acordó de dar parte de aquellos sus gozos a quien supiese gozar dellas, e usar de justiçia e verdad y bondad. Quiso el poderoso mostrar su potencia, sapiençia y magnifiçençia, largo e yncomprehensible poderío, summa clara y altíssima bondad, justiçia, verdad, piedad, libre alvedrío, discreçión, capaçidad secreta, justo juez comprehendedor y esaminador de las cosas secretas, rico, largo, franco, poderoso en toda virtud y grandeza y saver. Plúgole, primeramente, criar el Paraýso glorioso de su reyno, por arte admiravilíssima. Y esto hizo, como buen Padre codiçioso, que sus hijos hereden [¿aser¿en ser?], aunque los enjendre, y dessea para ellos muchas riquezas perpetuas sin fin, prosperidad, lindeza, hermosura, proveymiento eterno de todo lo neçessario.
”Assí Dios, antes que criase los ángeles, crió el Paraýso, real, triunfal, claro, próspero, ancho, luengo, fuerte, bien labrado, más que mill maravillas compuesto, adornado, rico, valeroso, digno de ser deseado a toda criatura çelestial y terrenal, pues crió a nos, los ángeles, por muy alta manera y artifiçio, e sabidos grados y premios, púsonos mandamiento que nos conoçiésemos a nos mesmos, pues nos dio entendimiento, memoria, voluntad, libre alvedrío, discreçión, saber, libertad, juyzio, conoçimiento, raçón para saver distinguir el bien y el mal, y el mal del bien, y disçernir, y mirar, y tantear, y escoger cada uno para sí lo bueno. Y por tanto, nos mandó Dios conoçiésemos a Él y le adorásemos, y obedeciésemos y honrrásemos, pues savíamos hera nuestro Dios y criador, y bienhechor y poderoso, e nosotros y en todas las cosas criadas y por criar, visibles y ynvesibles. Y amonestonos mirásemos nuestra hermosura y claridad, y ansimesmo delas sillas [fol. 117r] y aposentos que nos havía dado, y edifiçios no hechos de mano, criados y hechos por muy alta sçiençia, por la qual conoçiésemos que el sol es Dios, y otro no ay; que Él nos crió, y nosotros no nos criamos, ni podríamos ni savríamos haçer nada; y que le devíamos serviçio, adoraçión, obediençia, reverençia.
”Estas cosas dichas, tornó a preguntar el mesmo Dios si héramos contentos aquel dicho hombre entrase en nuestra compañía, el qual hombre él tenía escogido e ungido de sí mesmo para ser nuestro prínçipe y Señor: y esto dezía el Señor Dios por Jesuchristo salvador, cuya sancta encarnaçión fue consentida primeramente en los Çielos y determinada de Dios Padre muchos años primero que en la Tierra fuese hecho, al qual hombre, Verbo encarnado, por entonzes Dios no declaró sus secretos, juyçios, sentençias, maravillas, que entendía hazer salvo. Tornó a preguntar si héramos contentos entrase el dicho hombre en la Yglesia consagrada, triunfante, palaçio real, a señorear, mandar y vedar, al qual Prínçipe havíamos de adorar como al mismo Dios. Y comenzó con gran tronado, sin ser [fol. 117v] vista de nosotros, la Magestad Divina, la qual estava esperando a los que serían dignos de ver a Dios para mostrárseles y santificarlos.
”Comenzó a dezir: ‘Mi voluntad es que aquel Prínçipe prínçipe que dicho tengo, hombre que á de subir de la Tierra hecho Dios, le adoréys vos y todas las nasçiones: que a su nombre toda rodilla se yncline, ansí de los çelestiales como de los terrenales e infernales’. Esto dicho, luego comenzó Lucifer, que él hera prínçipe mayor en hermosura y valor: ‘No consintáys que entre aquí otro prínçipe ninguno sino yo, que a mí perteneçen estas dignidades y reverençias que Dios manda que hagan a otro. Y vosotros, respondelde que ya tenéys prínçipe, pues tenéys a mí, que yo responderé lo mesmo. Que a mí conviene ser ensalçado y puesto a la diestra de Dios, y no a otro ninguno’. Entonçes híçose tinieblas todo aquel reyno y corte, en que assí los buenos como los malos perdimos la claridad, empero no la sanctidad, en los que la quisieron; que no estávamos en más de ser obedientes a la voluntad de Dios y dezir que les plaçía entrase Jesuchristo o otro hombre qualquier que ordenase la divina potençia. E los que esto diximos, quedamos salvos y dignos de ver a Dios y goçarle para siempre. Luçifer, que estuvo soberbio, con todos los que con él consintieron, cayeron al Infierno, derrivándolos Dios”.
Dixo el sancto ángel: “Y tú, sírvele y ámale, e témele. Vive sin offenderle, que no abrás miedo a su yra, pues es piadoso y justíssimo”. Tornando la bienabenturada a preguntar a su sancto ángel: “¿Pues cómo, señor, se le tornó la claridad a los que ansí escuros estavan, según dize vuestra señoría?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “En la hora que el Señor se nos mostró en su esençia y exçelençia, y claridad y hermosura, luego nos vimos todos claros, y a nos mesmos se nos tornó la claridad en viendo la de Dios. Y partiçipose con nosotros, y bendíxonos, y llenonos de la graçia del Spíritu Sancto repar- [fol. 118r] tiendo sus dones, según convenía a nuestra alta capaçidad. Que por ser spíritus çelestiales, héramos muy altos, aunque unos más que otros. Empero, los menores de los ángeles son mayores que los hombres, aunque tienen el premio y señorío grande para en este mundo, y para el otro los que son buenos y cathólicos christianos, los quales gozan en la gloria de Dios con Él mesmo y con los sanctos ángeles.
Y traýda la ymagen a la çelda de la sancta virgen, y puesta en el altar, rogolas que la dexasen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplaçión, vido Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníase enzima de la ymagen suya, y dezía: “Yo me contento de esta ymagen, y la escogo y açeto para mi morada y aposento, y como en trono mío resplandezco en ella y en mi spíritu se [fol. 120r] goza, porque los peccadores conmigo abrán refugio y consolaçión, y yo les ganaré del mi Hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”.
Y esta bienabenturada que lo veýa, suplicava a Nuestra Señora que entrase dentro de la ymagen su spíritu, pues hera tan hermosa, y dende allí escuchase las oraçiones que le hazían, y en espeçial las suyas, porque por que ella viese que no caýa en vaçío hechos delante su preçiosa ymagen, como algunas vezes tienen las gentes crédito, que no está allí donde la llaman. A los quales pensamientos y suplicaçiones, respondió Nuestra Señora, y dixo: “Por estar nuevamente puesto este madero en esta ymagen mía, no quiere Dios, ni a mí plaze, entrar dentro en ella hasta que se consagre o vendiga, de manera que se haga digna e perteneçiente de mí por virtud de la consagraçión justa que devidamente deven tener las ymágines, e yglesias enteras, y altares aparejados y limpios al culto divino”.
Y la noche siguiente vido la bienabenturada, a ora de los maytines, una visión muy gloriosa. Y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico, en bestiduras pontificales, çercado y acompañado de muchedumbre de ángeles, y sanctos y sanctas. Y estava junto a la dicha ymagen de Nuestra Señora, a la qual bendeçía con palabras muy devotas e reverençiales, y cantares y dulçes sones que hazían los ángeles con diversos ynstrumentos, de las quales palabras y cançiones no pudo colegir esta bienabenturada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelaçión, hera octava de la dedicaçión de la yglesia, y las çeremonias que Nuestro Señor hizo en la consagraçión de esta sancta ymagen fueron muchas. Estava bestido como obispo, y la ymagen, que estava bestida de sedas, según es uso adereçar las ymágines, a deshora pareçió toda desnuda y alçada en alto, teniéndose con el poder de Dios. Esto hera antes que el Señor la bendixese, el qual día hizo llamamiento a los sanctos ángeles para que viesen lo que hazía en aquella ymagen, y assimismo los demonios, para que huviesen miedo y viesen la virtud que Dios ponía en su sancta Yglesia e ymágines y altares. E por fuerça se lo hazían mirar y reverençiar, que dava poderío a la sancta Madre Yglesia que vençiese ella al demonio, e deshechase con baldón, y resçiviese a Dios Jesuchristo y a su sancta Madre con reverençia e honor.
E para esto bendeçía y deçía a altas vozes el mesmo Señor, desde su alto trono: “''Ego sum quis me et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir: “Yo [fol. 120v] só Yabé, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Çielo moro, soy rey eterno que rixo los coraçones cathólicos y devotos. El mi adversario los perturba, empero yo soy el que los agosiego; él los derrama, yo los allego; y él los disipa, yo los proqueo; él los destruye, yo los edifico; él los ensuçia, yo los alimpio; él los enturbia y revuelve y haze oler mal, yo los purifico y hago bien oler suavíssimo. Sé de lo malo hazer bueno. Y de lo no lympio, hazer limpio. Y de lo ymperfeto, hazer perfeto, e loable y agradable”. Y volvía sus preçiosos ojos a la ymagen de Nuestra Señora, e dezía: “¿Quién te deçía madre mía?”. E poníale muchas cruzes hechas joyeles. Estando ella ansí desnuda, la çercava toda, espeçialmente la caveça, frente y gesto, y los pechos y espaldas, e hombros y braços y manos, con todo el cuerpo hasta los pies, que significavan los çimientos de la sancta Madre Yglesia. Y después de muchas bendiçiones que el Señor deçía, dixo cantando aquella antíphona que dize: “''Hanc quam tu des picies, Maniche, & mater mea est, & de manu mea fabricata''”. Y respondían los ángeles con muy claras vozes, diziendo: “''Fons hortorum, redundans gratia mundum, replens celi numeribus, mater Dei fecundans, omnia nos instarams, supernis sedibus flores hortum, mox ab infantia admirandus fulsit virtutibus, eam dian candens flos multiplicat virgule decorem, conceptus glorificat Maria pudorem''”. Y mientras estas antíphonas y cançiones se deçían, pareçió a deshora la ymagen de Nuestra Señora, bestida de las mesmas bestiduras de muger, y puesta en su altar como primero estava. Y los demonios quedáronse mesando y arañando, y dando gritos e aullidos, y la visión de Nuestro Señor desapareçió, roçiando la casa con agua bendita, y la bienabenturada quedó muy consolada.
Y pasados los dos días que la sancta ymagen estava en su çelda, ayuntáronse allí el abbadesa y monjas, diziendo a la sancta virgen Virgen que yban por la ymagen, ymportunándola el abbadesa que, pues estavan allí todas, les dixese alguna cosa de las que Dios les mostrava. Respondió, diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las ymágenes, y se sirve que las aya en la sancta Madre Yglesia, y que sean honradas y beneradas por nosotros peccadores, pues el mesmo Dios de los Çielos vino a la [fol. 121r] vendecir y a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud y devoçión quando se tiene en el coraçón; y bien se pareze, según yo vi en una revelaçión que el Señor fue servido de me mostrar, quánto Él ama y honra la sancta Madre Yglesia y a sus sanctas ymágines por amor della”.
Y dixo la revelaçión susodicha, y añidió, diziendo: “Me dixo mi sancto ángel, después que desapareçió el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios, que si en un madero alla Dios bescosidad y no quiere que su sancta madre le quiera y tenga por su ymagen, hasta le haver alimpiado y puesto en él dignidad de bendiçión suya, como la tiene la sancta Yglesia, ¿qué tales estarán las ánimas, que llenas de pecados, están ensuçiadas y asquerosas?, ¿cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas, ni su sancta Madre con graçia y piadosa caridad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas peccadoras por espeçial graçia de Spíritu Sancto, sin el qual ninguna cosa es buena, ni justa ni sancta, ni digna ni açepta a Dios? Y por semejante, con los dones del Sancto Spíritu, las cosas que son d’él preçiadas e baxas, Dios las ensalça y tiene en ellos thesoros muy grandes, aunque ascondidos a los ojos de las personas de la Tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los sanctos en sus obras, y las ymágines en sus altares, y los altares en sus yglesias, y las yglesias en sus sacramentos, y los sacramentos en la cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en el sancto baptismo y remisión de los peccados’”. Y acavado esto, dixo la bienabenturada: “Bien se pueden llevar la sancta ymagen”; la qual llevaron el abbadesa y monjas con mucha devoçión y reverençia con candelas ençendidas, cantando el ‘''Te Deum laudamus''’, al coro, y la pusieron en el altar acostumbrado. Y de aý adelante, se consolaron mucho las monjas con esta ymagen.
Deçía el sancto ángel de su guarda a esta sancta virgen: “Yo te amonesto que las graçias que resçives del poderoso Dios las guardes con humildad y las hagas creçer con agradeçimiento, porque todo lo que tienes es suyo. Mira cómo negoçias con ello, que muchas vezes estoy admirado de las cosas que la clemençia de Dios haze contigo, entre las quales te quiero dezir una, y más porque por que no seas yngrata ante su Real Magestad, mas singularmente le des graçias por ello: y es que muchas vezes [fol. 121v] te veo en tu cama hechada, padesçiendo muchos dolores, y que en tu entendimiento y voluntad estás gozando y viendo cosas muy grandes, çelestiales, y que las ánimas de Purgatorio te llaman y piden que las ayudes en sus neçessidades, y las gentes de la Tierra están hablando contigo, contándote las cosas secretas de sus ánimas y consçiençias, pidiéndote consejo y ayuda con tus ruegos e consuelos. Con tus palabras veo la graçia de Dios puesta en ti, que con todo cumples enteramente. No es esta pequeña graçia, avísote no seas yngrata a tan grandes benefiçios hechos en ti por la voluntad de Dios”.
E tornando en sus sentidos, esta bienabenturada llorava con muy grande humildad y contriçión, y con muchos gemidos se llamava peccadora y yngrata a los dones que de Dios tenía resçividos. Y con palabras muy amorosas y dulces, haçía grandes esclamaçiones al Señor, supplicando a su Alta Magestad le perdonase las faltas que havía tenido en no serle tan agradeçida como hera obligada a los benefiçios d’Él resçividos, y le diese graçia se encomendase, que tal propósito tenía con su ayuda.
La sancta virgen, oýda la respuesta del Señor, suplicó, diziendo: “Mi Señor, la alma endureçida, ¿qué remedio o penitençia podría hazer para alcanzar la graçia y perdón de vuestra gran clemençia?”. Respondió su Divina Magestad: “La tal alma á menester desollar el pellejo y apartarlo de sí, assí como se aparta el jabón del paño de que está jabonado, y como se aparta la mano de la masa de que está amasada, y como se aparta el suero de la quajada de que es bien apretada”. La bienabenturada tornó a preguntrar al Señor, diziendo: “Señor mío y Dios mío, ¿de qué manera se á de desollar la misma persona el pellejo?”. Respondió el Señor: “Con apartar y deshechar de sí la vieja y mala costumbre del peccado, porque yo estoy mirando y contemplando toda ánima devota, y veo todos sus buenos desseos, y pensamientos y cogitaçiones, y me deleyto y goço con ellos. Y por semejante, miro el ánima endureçida en mal obrar, y la contemplo, y ayrado le estoy diziendo: ‘Conviértete, ánima, a mí, mira que soy tu Dios, y tu criador y redemptor. Conviértete a mí’. E aunque me aýro contra la tal ánima viviendo en la carne, no me aýro del todo hasta que sale del cuerpo. Y quando estoy ayrado contra las tales ánimas que no se enmiendan ninguna vez, alço mi poderoso brazo en mano, con yra, para castigar mis offendedores. Mas los abogados çelestiales, en espeçial mi madre Sancta María, con sus muy humildes ruegos, me haze abajar la mano; y algunas vezes me escondo a mi piadosa madre, por que no me ruegue ni pida virtudes para las ánimas injustas. E asta ora la veo cave mí, de rodillas, rogando por todo el humanal linaje”.
Y dixo la bienabenturada: “Mi Señor, ¿con qué castigará vuestra Divina Magestad?”. Respondió su gran clemençia: “Con una bara que yo tengo de yerro para castigar a quien yo quiero”. Y dixo la sancta virgen: [fol. 126r] “¿Cómo, mi Dios y Señor, vara tiene de yerro, y no de oro?”. Respondió el poderoso Dios: “Quando quiero, la torno de oro, y de azero u de plomo, y de otros metales, según la manera de castigar; porque algunas personas castigo con bara de oro, y a otras con bara de yerro, o de azero o plomo. Esto es para las personas muy reveldes y duras en la enmienda de sus peccados, y en esto no te quiero más declarar. Quando yo estava subido y enclavado en la cruz, tuve capítulo general a todo el mundo, assí çelestiales como terrenales e infernales, y púseme en medio de todo el mundo en aquella cruz muy alta para que me viesen y conoçiesen todos cómo hera yo, su redemptor. Porque assí como el perlado se asienta a tener capítulo en lugar donde todos sus súbditos le vean y conozcan, assí, por semejante, estuve yo en la cruz, diziendo a los ángeles y a las criaturas, y a las aves y a las piedras: ‘Ansí que muero, ¿quién me á compasión?’. Y por cada una de mis llagas y heridas salían sermones y palabras, las quales embiava el Padre mío çelestial, como ruydo de muchas aguas, las quales palabras oyen los ángeles. Y por las unas llagas, salían palabras pidiendo al Padre mío misericordia para mis atormentadores, y por las otras llagas salían palabras pidiendo justiçia, y no para que se condenasen, mas para que en esta vida les diese a sentir mi Padre çelestial qué cosa heran llagas y conoçiesen y sintiesen qué cosa heran dolores, los quales yo padesçía por ellos, y porque por que se mereçiesen salvar. Y por la boca me salieron siete palabras, que cada una hera un sermón, que nunca se olvidó ni olvidará, hasta la fin del mundo. Y assí estava puesto en la cruz, rogando por todas las penas nasçidas y por nasçer”.
Dixo la bienabenturada: [fol. 126v] “O, Señor mío, ¿quién supiese quándo está el alma en estado de graçia?”. Respondió: “Ese secreto guardo yo para mí, que no le he revelado a ninguno, ni aun a sant Françisco, con quantos secretos se le mostraron. Mas puede tener esperança el alma que está en estado de graçia cuando se viere que tiene fee y amor de Dios, y devoçión”. Dixo la sancta virgen: “Mucho supplico a vuesa Divina Magestad, mientras yo viviere no me dexe sin dolores, y enfermedades y persecuçiones que padezca por vuestro sancto amor, por que cada día y hora tenga muchas cosas sufridas y padesçidas con paçiençia para le offreçer. En mucho le encomiendo, Señor, a mis hermanas las religiosas, las quales le aman mucho, y por su amor se dan muchos azotes y le hazen otros serviçios”. Respondió el Señor, diziendo: “Los azotes que tus hermanas se dan poco les duelen, que no las hazen llorar; mas las que sus próximos les dieren las harán llorar”. Y volviéndose a su bendita madre, dixo: “Por esta preçiosa muger y madre mía tan amada, soy amigo del femíneo linage de las mujeres, y huelgo de estar con ellas y a par de ellas”. Dixo la bienabenturada: “¿Y a los hombres, mi Señor, no los quiere Vuestra Magestad también?”. Respondió: “El coraçón del hombre téngole yo en mi mano, y métole yo en el mío, y hágole una cosa con él”. Dixo la sancta virgen: “Señor, y los nuestros de las mugeres, ¿no los mete también en su real coraçón?”. Respondió: “Sí, porque todo coraçón de hombre o muger se entiende por el afiçción y voluntad devota, que el coraçón de carne los gusanos se le comen; y los que son malos, assí de hombre como de muger, tan apartados están de mí como el Çielo de la Tierra. Y pues diçes que tus hermanas las religiosas me quieren tanto, diles que, pues yo soy Rey y Señor, en este [fol. 127r] sancto tiempo de Quaresma me adereçen dentro en sus coraçones aposento limpio y enparamentado, con paramientos limpios y afinados y pintados, y la casa de la consçiençia barrida, con la confisión devota, y regadas con aguas olorosas de lágrimas amorosas y piadosas; y los paramentos an de ser virtudes, las quales son penitençia, humildad y ayuno, silençio y oraçión; y ponerle muchos ramos y rosas en la casa, assí adereçada, los quales an de ser buenos pensamientos y desseos. Y acordaos, tú y ellas, que escogí çenáculo emparamentado, en el qual se justificaron y sanctificaron los Apóstoles, los que lo mereçieron −aunque algunos dellos estavan ya sanctificados, se sanctificaron más−. Y también quiero me den sepultura limpia y virgen dentro de sí, que no haya nadie entrado en ella, como hizo aquel mi amigo que me dio sepultura virgen: esto se entiende por el coraçón y voluntad, que no aya amado otra criatura más que a mí”.
Deseando la bienabenturada saver de qué genero de peccados están las llagas afistoladas y arraygadas, supplicó al Señor que Su Magestad se lo dixese, y respondiole: “De los siete peccados mortales, y de sus ramos y çircunstançias, y porque soy esposo vergonçoso, y la calidad de los peccados es vergonçosa y suçia, no quiero hablar en la maliçia dellos y qualquier alma peccadora y suçia, y deshonesta y desvergonçada. Y en esto puedes ver quánta cosa es el peccado. Y ese mundo en que vivís los humanos es dicho monte: es, a saber, cada alma buena se puede deçir monte sancto del Señor, porque así como el árbol tiene raýçes y frescor, y está verde y hecha flores y ojas, assí el alma que tiene sus raýçes en Dios hecha buenos desseos y pensamientos y obras, y a esta tal tómola yo para mí”.
Dixo la sancta virgen: “Mi Señor, ¿pues yo y mis hermanas no somos monte de Vuestra Magestad?”. Respondió el Señor: “Monte soys, aunque pequeño, en el qual ay árboles frondosos. Y árbol frondoso quiere deçir árbol ancho y de grandes ramas, los quales árboles no se pueden quejar no les he hecho grandes merçedes y espeçiales en sus ánimas”. Dixo la bienabenturada: [fol. 128r] “Supplico a vuestra Divina Magestad dé a este monte de mis hermanas, las religiosas, graçia con que retengan en su memoria los sus consejos y mandamientos”. Respondió el Señor: “Doyte, doyte por respuesta lo que dixese en la Tierra a la muger que me dixo: ‘Bendito sea el vientre en que anduviste y las tetas que mamaste, y todo lo demás que te dio refeçión’. Assimismo, sea bendito el que mis palabras oye, y las guarda en su coraçón. Y assí digo a tus hermanas las guarden en sus coraçones hasta la fin de sus días, y las pongan por obra, porque por que merezcan la vida eterna”.
Estando esta bienabenturada virgen elevada, vio un saçerdote, el qual perdió los sentidos corporales diziendo misa, a manera de elevaçión. Y estando assí por un breve espaçio, tornó en sí, y hallose a la otra parte del altar, y dixo al Señor: “Señor mío, ¿qué es esto que a pasado por mí, que no lo entiendo?”. Y respondiole el poderoso Dios: “Como tú me havías de comer a mí, he te yo comido a ti primero. Y dígote que ansí me he deleytado, y tanto gusto he tomado en comerte como un buen panar de miel, esto a quanto comparaçión de gusto. Agora cómeme e gústame tú a mí, y deléytate conmigo”. Y assí acavó este saçerdote su misa con mucha consolaçión espiritual.
Assimismo, vido esta sancta virgen cómo los sanctos ángeles resçiven las palabras doctrinales y fructuosas para las almas, e salen por la boca del predicador en paniçuelos muy blancos, labrados de letras cordiales. Y cada uno de los ángeles [fol. 128v] envolvía el coraçón del alma que tenía a su cargo, y le recogía los sentidos para oýr las palabras de Dios; otrosí ponía en una tovaja grande y ancha, a manera de quando quieren comulgar, la qual tenía una cruz de oro en medio muy resplandeçiente, en la qual tovaja caýan todas las sanctas palabras, que salían de la boca del predicador. Algunas pareçían sacramentos, y otras rosas y flores, y otras como nieve llena de maná o roçío. Y tornávanse confites sabrosos y olorosos, e otras como manera de oro, e como joyeles hechos relicarios. E viendo la bienabenturada cómo las sanctas palabras pareçían de tantas maneras, preguntó al sancto ángel qué figura hera aquella, el qual respondió: ‘Que assí se an de aparejar las almas justas y devotas para resçivir las palabras de Dios en sus coraçones como en relicario, y tenerlas en tanto y favoreçerse con ellas contra toda la adversidad que a la alma puede empeçer, y para tener muy çierta salvaçión. Y hágote saver que la palabra de Dios, resçivida con devoçión, fructifica y haçe raíz sembrada en el coraçón. Y qualquier persona que menospreçia la palabra de Dios, offende mucho en ello a ese mismo Dios; y por semejante quien la tiene en mucho y la guarda, le agrada y sirve en ello”.
Tenía esta virgen graçia de entender las aves e los animales, e de oýrlas se consolava mucho y loava al Señor, que las crió. Havía gran compasión de los animales, en espeçial de los que trabajan, y deçía: “Más lástima y compasión tengo de los [fol. 129r] animales que de mí, que, aunque estoy tullida, tengo lengua con que pido lo que he menester, y estoy entre personas piadosas; y los animales no tienen lengua con que se quejen, ni piden su neçessidad, y con mucha ambre, y sed y cansançio les hechan ençima grandes cargas, y los dan reçios palos cuando no lo pueden llevar. E no se deven engañar en esto las gentes, [¿puesto?] que porque en el juyçio de Dios toda crueldad se demanda, aunque sea hecha a las bestias, porque el Señor no las crió para que las traten y maten cruelmente, sino para que se aprovechen y sirvan dellas”. A muchos sanctos ymitaba en graçia esta sancta virgen.
'''Capítulo XXVIII'''
Y algunas vezes, con gesto de ángel y semblante muy graçioso, se reýa con las religiosas, y deçíales palabras de muy grande amor y doctrina, y también a los físicos se les mostrava muy graçiosa, y agradeçida a su trabajo. Y viendo ellos cómo su mal yba empeorando y que hera mortal, dixéronlo a las religiosas, las quales, con muchas ansias, començaron a ynvocar la misericordia de Dios, haziendo oraçiones y derramando muchas lágrimas y sangre de sus personas, e haziendo proçesiones con grandes disçiplinas, y gemidos y sollozos, que pareçía que querían espirar, suplicando a Nuestro Señor que no quisiese su Alta Magestad quitarles tan grande amparo y consolaçión y ayuda para su salvaçión como tienen en la bienabenturada Juana de la Cruz; la qual, con muy grande fervor, mandó que le traxesen su confesor, que se quería confessar o aparejarse para morir. Y ansí lo hizo, que confesó y [fol. 130r] comulgó con admirable devoçión, y se despojó como muy pobre y perfeta religiosa, y demandó la sancta unçión.
Y todos los días que estuvo enferma de la enfermedad que murió, no pasó noche que no se elevase y hablase con su sancto ángel, el qual no le deçía ni descubría el secreto de su muerte hasta tres días antes de su bienabenturado fin. Antes le vía todos aquellos días muy alegre y resplandeçiente, con adornamientos y bestidura de gran fiesta, y deçíale al sancto ángel quando le hablava en esta su postrera enfermedad: “Muy gran compasión te tengo, criatura de Dios, de ver los grandes dolores y enfermedad que padesçes. Mucho ruego por ti al poderoso Dios te esfuerçe y dé paçiençia, y no querría que atormentasen los físicos con espiriençias, sino déxente a la voluntad de Dios, que Él hará de ti lo que fuere más servido. Y lástima tengo de tus hermanas las religiosas, porque están muy angustiadas, y yo offrezco al Señor sus piadosas lágrimas y devotas oraçiones y caridosa penitençia, y yo tendré cuydado de rogar por ellas al Señor y a la Sancta sancta Virgen”.
Aunque con mucha flaqueza, no faltando la charidad y compasión de sus hermanas, contoles estas palabras que su sancto ángel le havía dicho, por que con ellas se consolasen. Y açercándose el día de su glorioso pasamiento, tuvo una revelaçión, jueves en la anoche, vigilia de los gloriosos apóstoles Sant Phelipe y Sanctiago, en la qual conoçió que hera la voluntad de Dios llevarla de esta vida. Y súpolo en spíritu, por quanto aquella misma noche estuvo elevada desde las onze hasta la una. Y vido en esta [fol. 130v] elevaçión a los gloriosos apóstoles, Sant Phelipe y Santiago, y a su propio ángel della, al qual dixo que viese quál estava, y le suplicava rogase al Señor por ella y por los religiosos de su casa, y por sus hermanos, y parientes y amigos, y por todas las personas que a ella se encomendavan. Y el sancto ángel le respondió: “Bienabenturados son los que viven y mueren en Dios, y malabenturados se pueden llamar los que viven fuera de Dios. Tú, criatura de Dios, esfuérçate y ten paçiençia, y encomiéndate a Dios y confórmate con su sancta voluntad, y arrepiéntete de tus peccados y de las cosas que pudieres haver hecho en serviçio de Dios y no las has hecho”. La bienabenturada dixo entonçes al sancto ángel: “Pues, ¿cómo, señor, tan tarde me lo diçes?”. Y respondió él: “No es tarde, que tiempo tienes para que lo puedas haçer. E yo haré lo que me diçes, ruegue por las religiosas, y por tus hermanos, y parientes y amigos, y personas que a ti se encomendaren. Tú, amiga de Dios, confórmate con todo lo que Nuestro Señor quisiere haçer de ti, y suplica a su Divina Magestad se cumpla en ti, en bien y salvaçión tuya, la sentençia que está dada, la qual sentençia puede revocar el poderoso Dios; mas creo no lo hará, porque Él aya sobre [¿tres?], que tiempo es, amiga de Dios, de goçar de las cosas prometidas y a Dios pedidas y demandadas y por él otorgadas”.
Estando una religiosa lavándole la boca, díxole: “Sancta Virgen, quitá de aý, que mi Señor me la labará y besará”. Y desde aý a un poquito, con mucha graçiosidad y mesura, sacó la lengua a manera de persona que comulga. Y preguntándole las religiosas si havía comulgado, respondió con hermoso semblante: “Sí”. Dixéronla si havía comulgado por todos los que allí havían, estaban: dixo que sí. El médico, que la curava, viendo todas estas cosas, dixo con gran devoçión y lágrimas: “Bienabenturado [¿colesio?], que tal ánima como esta embía al Çielo. Por çierto, señoras, que creo yo serán mayores los favores que de esta señora resçivirán desde el Çielo que los que an resçivido en la Tierra, aunque an sido muchos”. Respondió la bienabenturada: “Podrá ser”. Que todo esto pasaba quando estava sin pulsos en ninguna parte de su cuerpo. Estando todos mirándola, empeçó a mazcar, como persona que comía con mucho savor, y durole porquito espaçio. Y de que huvo çesado, preguntole un médico, diziendo: “Señora, pareze que come, ¿es verdad?”. Respondió la sancta virgen: “Sí”. Tornándola a ymporturar que dixese quién le havía dado, y qué hera: “El ángel me dió el fruto de la sancta vera cruz”. Dixéronle: “Con tal manjar, muy esforçada estará”. Respondió: “Sí, estoy”.
Y tomándole el médico el pulso, dixo que se le havía tornado muy esforçado y grande, que pareçía ''[19]'' que de nuevo le havían dado vida, porque havía más de quatro horas que estava sin él, y dende el día [fol. 133r] de los Sanctos Apóstoles no havía pasado ninguna sustançia. Y después de esto, empezó deçir con muy hermoso gesto: “Amigas mías y señoras mías, llevadme, llevadme, ca pues avía presto”. Preguntándole con quién hablava, dixo: “Con las sanctas vírgines”. Y ymportunada dixese con quién havía de yr y adónde la havían de llevar, respondió: “Con mi verdadero esposo y marido Jesuchristo”. Y deçía: “¿Por qué me escondéys a mi Señora y mi Reyna, por qué me la escondéys?”. Oyendo estas las religiosas, pusiéronla delante una ymagen de Nuestra Señora, y de que la vido, ynclinole la caveça y dixo: “No es esa, vuélvemela, vuélvemela a mi Reyna y mi Señora”. Y preguntada si estava allí Nuestra Señora, respondió con mucha alegría y prudençia: “Sí, y mis ángeles, y mis sanctos”. Y tornando a dezir de rato a rato: “Pues vamos, señora mía, vamos”, dixo con grande alegría: “Ea cavallero, ea cavallero, hazedle lugar aquí, aquí a mi lado”. Y dende a poquito dixo, a manera de reverente: “O, padre mío”. Y en este deçir padre mío, pensaron las religioas religiosas que lo deçía por el glorioso padre sant Françisco.
Y quando esto pasava ya venía el día, y hera sávado. De todos los que havían estado allí aquella noche, assí a las religiosas, como a las personas, de otra manera no se les hiço, pareçió ser aquella noche dos horas. Estando ansí esta bienabenturada, dixo: “Ea, pues, ea, pues, Jesuchristo, vamos de aquí, vamos presto, Señora, Señora mía; vamos, vamos, mi redemptor”. Entonçes, las religiosas se levantaron con muchas lágrimas y grandes sollozos, que pareçía querían espirar, y la besaron la mano con mucha devoçión. Y ella las bendixo, a presentes y ausentes, y a sus amigos y conoçientes, y tornó a deçir: “Vamos, vamos, rector mío, vamos de aquí”. Y preguntándole si estava allí el Señor, dixo: “Sí, y Nuestra Señora, y los ángeles, [fol. 133v] y toda la corte çelestial”.
Y empezó a mazcar un poquito, y esto hizo por dos vezes, por yntervalo de tiempo. Y los que allí estavan, dixeron: “Pareze que torna a comer del fruto de la cruz”. Respondió la sancta virgen: “Ayer lo comí otra vez”. Y llegando a ella el médico, otro día sábado por la mañana, preguntole con gran devoçión: “Señora, ¿va al Çielo? ¿Quién va con ella y la acompaña en ese camino?”. Dixo: “Mi Señora, la Virgen María, y mi ángel, y mis ángeles y mis sanctos”. Y callando por un rato, tenía mucha hermosura y lustramiento de gesto, como quando estava elevada. Y pasado poco yntervalo, tornó a decir, con manera alegre: “Dadme albriçias”. Y pareçía lo deçía a las personas que con ella estavan. Y con admiraçión y alegría dixo: “Hasta çapatos”. Y esto replicó por dos o tres veçes, y los que esto veýan: “Según pareze, ya le embía su esposo a esta dichosa alma los adornamientos”.
Y el médico que estava más çercano a esta bienabenturada, hablándola, conoçió y resçivió el aliento que de la boca le salía. Y dixo a los que allí estvan: “No pude conoçer ni alcançar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, y suavemente”. De lo qual estava admirado, porque hasta aquella hora havía tenido mal olor en el aliento, que le proçedía de la podriçión y corrupçión de los humores, y entonçes le tenía bueno. Y todos los que allí estavan, oyendo lo que el médico deçía, se hallegaron a la sancta virgen Virgen con mucha devoçión, y resçivieron su huelgo, y conoçieron no ser de los olores de este mundo por buenos y finos que sean. Y toda su persona estava con muy grande olor y hermosura.
Y dende el sávado en la tarde hasta el día siguiente domingo, después de la víspera día de la Ynvençión de la Sancta Cruz de Mayo, no habló esta bienabenturada. E antes que entrasen por la puerta de su çelda, se olían las [fol. 134r] maravillosos olores que de ella salían, y algunas partes les pareçía, entrando donde ella estava, olía como vergel de muchas flores. Y siendo la hora de las seys, depués de mediodía domingo, día de la sancta Cruz, que fue a tres de mayo de mill y quinientos treynyta y quatro años, acompañada su sancta ánima de muy buenas y sanctas obras, y ansimismo su cuerpo, acompañado de frayles de su horden, y de todas las religiosas de la casa, las quales con candelas ençendidas en sus manos, y leyendo la Passión los padres que allí estavan, dio esta bienabenturada el alma en manos del poderoso Dios que la crió y redimió, quedando su gesto con hermosura y compostura admirable, quedándole la boca muy bien puesta, a manera de sonrisa.

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