3936
ediciones
Cambios
m
→Vida manuscrita (1)
Fue esta sierva de Dios muy rigurosa y áspera para sí misma en el tratamiento y regalo de su persona, que ninguno tomaba para sí, aunque era amiga de darle a las otras. Y con estos rigores y asperezas que consigo usaba, y con las muchas penitencias que hacía y la mala vida que se daba, vino esta religiosa a caer en grandes enfermedades y a ser muy enferma y, al cabo, vino a perder la vista y quedó ciega por algunos años. Y todo lo llevaba y sufría la santa mujer con mucha paciencia y sufrimiento conformándose en todo con la voluntad divina; no sabía decir ni abrir su boca sino para decir a todo: “sea por amor de Dios”. Bienaventurada tal ánima que tan allegada estaba a Dios y también a su santa voluntad que en ninguna cosa se sabía apartar de ella, ni por ninguna ocasión que se le ofreciese perdió la paciencia [156], ni la oyeron decir otra cosa a todo sino: “sea por amor de Dios”.
Fue esta santa mujer, entre otras devociones que tenía, muy devota de las ánimas de el Purgatorio, en lo cual se entiende su gran caridad. Continuamente le rogaba a Dios por ellas y por su libramiento para que la Majestad Divina las sacase de la cárcel en que estaban y las llevase a el descanso de su gloria. Y era esta su oración y petición muy continua, y con tanta devoción y fe<e> lo hacía que, por la Misericordia misericordia de Dios y por los méritos de esta su sierva, eran libradas muchas ánimas por quien la santa mujer rogaba. Y después de libradas aparecían a esta sierva de Dios y la daban las gracias por la ayuda que en ella habían tenido para su libramiento. Y así, entendiendo la fuerza de la oración y devoción de esta santa, muchas ánimas le aparecían a quien la Misericordia misericordia de Dios tenía por bien que fuesen ayudadas y se encomendasen en sus o- [157] raciones para que rogase a Dios por ellas, y la sierva de Dios, con su mucha caridad, rogaba. Y es de creer muy justa y piadosamente que las santas ánimas, después que estaban en el divino acatamiento gozando de aquel sumo Bien que es el Dios mismo, pagábanle a la sierva de Dios la buena obra que de ella, y por sus oraciones, habían recibido suplicando a el Señor la co[n]cediese toda virtud y santidad. Por lo cual es averiguado, en esta devoción de rogar por los difuntos, [ser] muy acepta a Nuestro Señor, en la cual se merece mucho por ser obra de tanta caridad.
Cuando vino a la hora de su muerte, esta sierva de Dios tuvo muy largo ''[4]'' y penoso padecimiento, porque la duró tres días en los cuales tuvo grandes tentaciones y combates de demonio, tanto que la sierva de Dios daba a entender a las circu[n]stantes como cómo el demonio la aparecía allí, y muy manifiestamente lo daba ella a [158] entender a todos. Y por esta razón, siempre estuvieron en su compañía, mientras padecía esta batalla, alguno[s] sacerdotes para confortarla. Pero el Señor perdurable, a quien esta santa religiosa había servido, no dio lugar a el demonio para que de allí llevase ninguna ganancia, sino toda confusión, porque le venció la virtud divina en esta su sierva, y así alcanzó la victoria y se fue a gozar de Jesucristo en el año de mil quinientos cincuenta y cuatro.
Y fue la primera religiosa que se enterró en el enterramiento donde ahora se entierran las religiosas, en la bóveda que para esto está hecha debajo de la sacristía, y, entonces, la bendijo el obispo que residía en esta ciudad y la llamó de San Juan Bautista. A Gloria , a gloria y honra por siempre jamás, amén.
''Laus Deus, amen''.