Paula de los Ángeles

De Catálogo de Santas Vivas
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Paula de los Ángeles
Nombre Paula de los Ángeles
Orden Jerónimas
Títulos Beata del beaterio de Marcía García y monja del Monasterio de San Pablo de Toledo
Fecha de nacimiento Hacia 1475
Fecha de fallecimiento 1575
Lugar de fallecimiento Toledo

Vida manuscrita

Ed. de Mar Cortés Timoner; fecha de edición: septiembre de 2025.

Fuente

Contexto material de la Biografía conservada en el anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33.

Criterios de edición

Biografía conservada en el libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33. La composición se atribuye a la monja jerónima Ana de Zúñiga (Toledo c.1540-1594) y fue copiada, en 1881, en el citado libro manuscrito. El texto aparece, según la paginación de la fuente (que contiene varios errores), en las páginas 271-281, que hacemos corresponder (para evitar confusiones en la reiteración de cifras) con los números 281-291.

Dada la fecha de la copia manuscrita, la transcripción actualiza la puntuación, el empleo de las letras mayúsculas y la acentuación. Asimismo, se moderniza la unión o separación de palabras, pero se mantiene, como rasgo de estilo, la construcción “de el”. Por último, se ha regularizado el empleo de las consonantes: b/v, c/z.

Vida de Paula de los Ángeles

[281] [1] La sierva de Dios Paula de los Ángeles fue cuanto a el siglo de muy noble linaje y mucho más noble en las virtudes, lo cual pareció y se entenderá por todo el proceso de su vida, y cómo despreció la gloria vana de este mundo y se dio toda a el servicio de el Rey inmortal [2].

Esta santa mujer, desde su mocedad, dio [282] muestras de muy virtuosa, y siendo niña muy moza, y estando en la casa del marqués de Villena que entonces era <y> la hizo aya de su hija por la mucha virtud y honestidad que en ella había. Y anduvo de esta manera algún tiempo en la corte, en la casa del dicho marqués, pero en medio de esto no dejaba el rigor de la virtud, ni aflojaba nada a las cosas blandas del mundo; antes, muy de veras, se daba toda a el servi[cio] de Nuestro Señor, suplicándole de día y de noche la trajera adonde con más libertad le pudiese servir. Y el piadoso Señor, que no menosprecia los ruegos de los que le aman y desean recibirle, oyó a esta su sierva y la trajo a esta santa casa de San Pablo, aún contra la voluntad de sus parientes, en el tiempo que en ella florecían las santas beatas, y con ellas hizo profesión a la orden en el año de mil y quinientos seis.

Vino esta santa mujer a esta casa la víspera de la Natividad del Hijo de Dios. Y entró en tales deseos y fervor de espíritu de servir a Nuestro Señor que se cu- [283] enta de ella que toda aquella noche de la santa Natividad estuvo puesta en oración, y fue tanto el gusto espiritual que el Señor la quiso dar que se olvidó de sí misma por algunas horas. Y luego, un día de los de aquella santa Pascua, la dieron el hábito, y tal punto le tomó, y con tanta devoción, que desde aquella hora siempre fue perfe[c]tísima monja, guardando todas las cosas de la santa religión con grandísimo rigor y perfección sin faltar en cosas alguna. Lo cual no solamente guardaba, sino que, con el santo celo que tenía, hacía que las demás lo guardasen, y así era tenida de todas, porque ninguna cosa que no fuese de mucha observancia de la religión no la podía sufrir a nadie.

La oración de esta santa mujer fue muy continua toda su vida, de noche y de día, y, aunque tuviese ocupaciones de oficios o de otras cosas, no por eso dejaba su oración ordinaria. Era devotísima de la santa Pasión de Nuestro Redentor, y por esta devoción guardó silencio todos los viernes del año por toda su vida, por tener más deso- [284] cupado y aparejado el corazón y el entendimiento de las cosas exteriores, para ocuparlos y emplearlos mejor en el entendimiento de los dolores del dulcísimo Jesucristo que padeció en su dolorosa Pasión; en los cuales días, y en otros en que tenía particular devoción, se ocupaba y embebía tanto en este gusto tan santo que se olvidaba del todo de sí misma y aun del manjar corporal de que tenía necesidad. Y así le ocurría estarse todo el día sin desayunar ni salir del coro. Y este rigor guardó no solamente cuando por la poca edad tenía fuerzas corporales, sino aun en su postrera edad, según lo vimos muchas de las religiosas que ahora somos y vivimos, que, muchas veces, nos ocurría irla [a] hablar <el> los tales días de viernes y en los otros que tenía particular devoción y, después de haber estado algún espacio de tiempo con la madre santa, no poderla hablar por hallarla tan absorta y trasportada en Dios que ninguna cosa [3] de las que la decíamos las oía ni advertía [4], ni echaba de ver que estábamos allí con ella; y [285] se dice de esta santa madre que pasaba lo mismo cuando moza. Pero lo <que> experimentamos y vimos las que ahora somos que, siendo esta santa madre de mucha edad, en los días que esto la ocurría, hay algunas que certifican que después que volvía en sí para poderlas hablar, y que la hablaban de cosas de espíritus y de sus consecuencias, y que las decía cosas tan subidas que las parecía que era imposible decirlas si no con particular gracia del Espíritu Santo. Era<n> tan discreta y sabia que hablar con ella era como quien hablaba con un gran teólogo. Y así, todas íbamos a ella con todos nuestros trabajos espirituales y corporales, porque en ella hallábamos consuelo para todo.

En el tiempo que fue más moza comulgaba cada día, para lo cual tenía grandes y muy continuos ejercicios de penitencia que hacía con mucho rigor: por muchos días no comía sino pan y agua, y otros muchos no comía cosa alguna, y aun siendo de cien años de edad hacía, algunas veces, estos ayunos, como era el día de San [286] Acacio. Y este día y a este santo ella tenía grande devoción. Y este día no salía del coro, ni comía cosa alguna, ni [5] hablaba palabra con nadie, nada más [6] que con solo Dios. Y por que no careciese [7] esta sierva de Dios del mérito de los que sufren trabajos, permitió el Señor que en estas obras tan buenas fuese murmurada, y de tal manera que pasaba muchos trabajos, lo cual la duró muchos años. Pero todo lo llevaba la santa mujer con muchísima paciencia y santa disimulación. Y esto fue en tiempo que era más moza, y después que tuvo más edad permitió el Señor que la diese una grave enfermedad que fuese estar tullida veinte y ocho años. Lo cual llevó con grandísima paciencia, sufriendo con mucha conformidad sus trabajos y creciendo de en día en día más en santidad, adonde se entiende que tenía grandes sentimientos de Dios y que el Señor la hacía grandes mercedes. Pero, como era tan prudente y discreta, no lo comunicaba con nadie, aunque, algunas veces, con algún descuido, decía algunas cosas por donde se entendía que sa- [287] bía algunas cosas por revelación divina, como fue la muerte de un religioso que antes que se supiese por nueva lo entendía, y dijo ella que era muerto; aunque siempre trataba estas [mercedes] con muchas cautela y aviso.

Y cuando llegó el tiem[po] que Nuestro Señor quiso llevarse esta su sierva para sí, algunos tiempos antes estuvo con grandes deseos de ver a Nuestro Señor y gozarle. Y se quejaba a el Señor pareciéndola que vivía mucho. Y cuando iban a visitarla las religiosas, entonces entendían esto por las cosas [8] que las decía. Y eran tan suaves sus palabras que no se pueden decir. Y según eran los días hablaba una[s] veces de los Evangelios, otros de las fiestas que eran de Nuestro Señor o de sus santos; y así tomaba la do[c]trina, y lo que decía era tan a propósito de las que la oían que parecía un teólogo. Y también cuando ocurría que <que> eran monjas de poco espíritu las que con ella estaban, y que esta sierva de Dios entendía que no estaban tan fundadas en la religión, las decía tales cosas que las ponía gran [288] temor, porque en extremo tenía esto, que las palabras que hablaba eran con grandísima eficacia dichas, y aun cuando la parecía que era menester, a la misma prelada la decía su parecer con la moderación y caridad que se requería.

Vivió esta santa mujer en esta santa casa [9] ochenta y dos años. Y era ya muy mujer cuando a ella vino; aunque determinadamente no se puede decir la edad que tenía cuando murió, sábese, a lo menos, y es muy cierto, que pasó de cien años. Tuvo una muerte con gran suavidad y seguridad porque, sin hacer el menor [10] movi[mi]ento del mundo, entre las palabras santas del Credo y de otras recomendaciones devotas que las que allí se hallaban presentes hacían, reclinando la cabeza dio el Espíritu a el Padre eterno que la crio, quedándose con una serenidad de gesto y cara como un ángel.

Solía decir, cuando vivía, a las que la decían que era temerosa de la muerte, que viviesen bien y agradasen a Dios, y que en la hora de la muerte las iría bien. Así la ocurrió a ella, que murió bi- [289] enaventuradamente como había vivido, virtuosa y santamente, como buena y verdadera religiosa. Y se fue a gozar de los trabajos que por amor del Señor había padecido y sufrido, que vive y reina por siempre jamás, amén.

Murió esta venerable madre en el año de mil quinientos setenta y cinco en el mes de noviembre. Y fue sepultado su cuerpo en el capítulo de esta santa casa, entre < s > las madres más memorables y santas que allí están enterradas. Y ocurrió que, tres semanas después q[ue] su cuerpo fue enterrado en el dicho capítulo, se juntó en él todo el convento de la[s] religiosas estando por solo su sepultura. Y fue tan grande y tan suave el olor que todos sintieron que con grande admiración se espantaron todos y alabaron a Dios, que así honra y favorece a sus siervos aun en los cuerpos corru[p]tibles. Y para más satisfacerse, algunas de las religiosas se inclinaron hasta la tierra para ver si salía de su sepultura [a]quella suavidad de olor, y fueron ciertas, y sin ninguna duda, de [290] que salía de la sepultura.

Y muchas de las religiosas que tuvieron noticias de su santidad se han ido a su sepultura a encomendarse a ella y han hallado gran consuelo en sus trabajos y necesidades, según consta por el testimonio de muchas. Y así mismo se han llevado algunas cosas de sus vestidos para enfermos, los cuales se sabe que sanaron por los méritos de esta santa mujer, como fue que una doncella estaba con modorra y la llevaron un escapulario pequeño con que solía dormir [11] la sierva de Dios, y se le pusieron a esta enferma y luego estuvo buena. Ítem. A un hombre que estaba tullido le llevaron una de las muletas con que andaba esta sierva de Dios, y sanó el hombre de su enfermedad. Y no solamente ocurrió esto después de su muerte, sino también viviendo ocurrió ir a ella personas enfermas y quedar sanas por las oraciones de esta santa mujer, como ocurrió que una religiosa se cortó un dedo y estaba muy acongojada y llorosa por ello, y, sabiéndolo la santa madre, la hizo venir a su celda, y to- [291] mola el dedo entre sus manos y de tal manera sanó que a otro día pudo mandar la mano. Y así iban otras con devoción y fe, y sanaban por la gracia de Dios y por los méritos de esta sierva, para gloria y alabanza de la Majesta[d] Divina, que vive y reina por todos los siglos, amén.

Laus Deus, amen.

Notas

[1] El epígrafe presenta el texto de la siguiente manera: “Historia de la madre santa Paula de los Ángeles”.

[2] Teniendo en cuenta los criterios de edición, corregimos “inmortar”.

[3] Corregimos “casa” por considerarlo una errata.

[4] En el libro está escrito “arbertía”, que transcribimos por “advertía” teniendo en cuenta el significado de la oración.

[5] Corregimos “na”.

[6] En el Corpus Diacrónico del Español está recogida la forma “damás” (de una obra del siglo XVI) con el significado de “demás”. Véase REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CORDE) [en línea]. Corpus diacrónico del español. <https://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll?MfcISAPICommand=buscar&tradQuery=1&destino=1&texto=dam%E1s&autor=&titulo=&ano1=&ano2=&medio=1000&pais=1000&tema=1000> [septiembre 2025]

[7] Se ha transcrito “cadeciese” por “careciese”.

[8] Se corrige “casas”.

[9] Se corrige “caso”.

[10] Corregimos “menor”, siguiendo los criterios de edición.

[11] Se subsana la errata “dormin”.

Vida impresa

Ed. de Mar Cortés Timoner; fecha de edición: diciembre de 2019; fecha de modificación: octubre de 2020.

Fuente

  • Villegas, Alonso de, Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes... Toledo: por Juan y Pedro Rodríguez hermanos, 1589.

Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes....

Criterios de edición

El relato aparece a partir de la impresión de 1589 de la Adición de la Tercera Parte del Flos Sanctorum (cuya primera impresión está fechada en 1588) de Alonso de Villegas. Se integra en el apartado 193, que está dedicado a María García y María de Ajofrín y destaca la ejemplaridad de religiosas relacionadas con el convento de jerónimas de San Pablo de Toledo.

Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas pero se han mantenido las contracciones y se ha añadido el apóstrofo clarificador en “del” (para escribir “d´él”). Además, para facilitar la localización de los textos, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).

Vida de Paula de los Ángeles

[Fol. 65v col. b] Paula de los Ángeles fue aya de las hijas del marqués de Villena. Entró religiosa [1] en San Pablo, contra voluntad de sus parientes, y profesó el año de 1506, cuando las beatas profesaron y se hicieron monjas. Diose a mucha oración. Los viernes guardaba silencio por respeto de la Santa Pasión y estábase en el coro sin salir d´él ni comer cosa alguna. En semejantes días, siendo ya vieja, se trasportaba de suerte que aunque la hablaban no oía, después desto decía cosas tan levantadas y de espíritu que parecía no ser posible decirlas sin particular gracia del Espíritu Santo. Su discreción era de suerte que hablar con ella era como tratar con algún insigne teólogo. Con el parecer de sus perlados comulgaba cada día, y de ordinario ayunaba: unos días a pan y agua, y otros se le pasaban sin comer cosa alguna. Era muy devota de San Acacio, y aquel día ni comía ni hablaba palabra, todo le pasaba en oración y aun siendo de edad de cien años. Estuvo veinte y ocho tullida en cama y llevó este trabajo con mucha conformidad y paciencia. Hablaba de Dios y de sus santos, estando en la cama, a los que la visitaban, tan altamente como un famoso predicador de modo que todos eran edificados de sus razones. Fue monja ochenta y dos años.

Murió con mucha suavidad y reposo en el mes de no- [fol. 66r col. a] viembre, año de 1575, y sepultáronla en el capítulo [2]. Y de su sepultura, luego que fue sepultada, salía olor suavísimo por donde algunas monjas, en necesidades particulares, iban allí y, como si estuviera viva, platicaban con ella; y Dios por su intercesión, piadosamente, se cree, las daba remedido.

Notas

[1] En el margen derecho aparece escrito el nombre de la religiosa.

[2] En el margen derecho: “Año de 1575.”