Quiteria de Santo Tomás

| Nombre | Quiteria de Santo Tomás |
| Orden | Jerónimas |
| Títulos | Beata y monja del Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo |
| Fecha de nacimiento | Segunda mitad del siglo XV |
| Fecha de fallecimiento | Segunda mitad del XVI |
| Lugar de fallecimiento | Toledo |
Contenido
Vida manuscrita
Ed. de Mar Cortés Timoner; fecha de edición: julio de 2025; fecha de modificación: noviembre de 2025.
Fuente
- Zúñiga, Ana de. Ms. A.J.T º. San Pablo, I libro 33, 1881, pp. 241-248.
Contexto material de la Biografía conservada en el anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33.
Criterios de edición
Biografía conservada en el libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33. La composición se atribuye a la monja jerónima Ana de Zúñiga (Toledo c.1540-1594) y fue copiada, en 1881, en el citado libro manuscrito. El texto aparece, según la paginación de la fuente (que contiene varios errores), en las páginas 341, 242, 243, 244, 245, 246, 237 y 238, que hacemos corresponder (considerando los criterios de numeración de la edición) con los respectivos números 241, 242, 243, 244, 245, 246, 247 y 248.
Dada la fecha de la copia manuscrita, la transcripción actualiza el empleo de las letras mayúsculas, la separación o unión de palabras, pero conserva “a el” y “de el”. Asimismo, siguiendo las normas de la RAE, se moderniza la puntuación y la acentuación. Por último, se ha regularizado el empleo de “h” y el uso de b/v, c/z, g/j, ll/y, n/m, r/rr, s/x.
Vida de Quiteria de Santo Tomás
[241] La sierva de Dios Quiteria [242] de Santo Tomás fue natural de un lugar de este reino de Toledo, y, queriéndola sus padres casar, no lo consintió ella diciendo que tenía hecho voto de guardar virginidad. El cual voto se entiende que le hizo siendo tan niña que no tenía edad suficiente para hacer voto, pero el Señor soberano que la tenía escogida para su esposa y sierva la guardaba para sí, y trájola a esta santa casa de S[a]n Pablo en el tiempo que tenían nombre de "beatas" las religiosas de ella, e hizo profesión el día de la Asunción de Nuestra Señora, año de mil quinientos y ocho. Vivió muchos años en esta santa casa sirviendo a Nuestro Señor en gran virtud y santidad.
Tenía esta sierva de Dios muy gran sinceridad en las cosas del mundo, y siempre se ocupaba en la religión en oficios de grande humildad, y escogía para sí las cosas bajas y menospreciadas. Y de aquí vino a tanta virtud del menosprecio de [243] sí misma que deseaba que todas la injuriasen, y tenía particular consolación cuando las hermanas la tenían en poco y la menospreciaban. Tenía muy gran caridad con todas, mayormente con las enfermas y necesitadas. Era muy continua en la oración, y siempre a las doce de la noche la hallaban en el coro puesta de rodillas acompañando a Nuestra Señora y adorando a el Niño Jesús Redentor Nuestro, nacido en el pesebre, porque del santo misterio del Nacimiento del Hijo de Dios humanado era muy devota esta santa mujer. Y solía decir a las otras religiosas sus hermanas que cada noche pedía allí su salvación y la de todas sus hermanas, y luego la de todos los cristianos. Y esto lo pedía a el Niño recién nacido porque, como era chiquitito, se atrevía más a pedirle mercedes para sí, para todas, en aquella hora cuando esta sierva de Dios tenía más devoción.
Despu- [244] és de muchos años que esta santa mujer vivió en mucha virtud y santidad, vino a ponerse ciega, como aquel grande amigo de Dios Tobías, de modo que se estaba la bendita mujer metida en una celdilla, y, si no la sacaban de allí las hermanas, no salía porque no podía. Y algunas veces, permitiéndolo Dios, la olvidaban y no iba nadie a sacarla, y, con el deseo que la sierva de Dios tenía de ir a el coro, salíase como podía y, finalmente, hallábanla en el coro y le preguntaban cómo había venido, y respondía que su santo ángel la adiestraba. Y así es de creer que el santo ángel de su guarda la guiaba y llevaba sin ofenderse ni hacerse mal con nada. En un tiempo que había gran necesida[d] de agua, así para los campos como para la salud [1] de los cuerpos, llevaron a esta sierva de Dios a el coro y dijéronla las hermanas que suplicase a Nuestro Señor pa- [245] ra que proveyese de agua en aquella tan grande necesidad, y la santa mujer se puso en oración. Y fue el Señor piadosísimo servido de oír a su sierva y envió, luego, gran lluvia sobre la tierra, lo cual se entendió haber hecho la Majestad Divina por los ruegos de su amada sierva.
Muchas personas venían a esta santa mujer con diversas necesidades, así de salud como de otras cosas, y la pedían el favor de su santa oración, y a todos socorría el Señor piadoso por los méritos de esta su sierva.
No supo leer esta santa religiosa y algunas veces estuvo desconsolada por ello, mayormente cuando estaba ciega, que no podía ir al coro a oír el oficio divino, y dábale mucha pena esto. Y el Señor clementísimo la consolaba porque muchas veces, según esta sierva de Dios reveló y dijo a una religiosa grande amiga suya, <que> [2] oía adonde estaba [246] de cantar a los ángeles, especialmente, a la hora de los maitines. Y, especialmente, en una noche de la Pascua de la Santa Resurrección del Señor los oyó cantar a los ángeles, y fue consolada su ánima en gran manera. Y todas estas consolaciones y otras semejantes comunicaba y trataba esta santa mujer con su gran amiga Lucía de los Ángeles [3], que era muy gran religiosa.
Ocurrió una vez que una religiosa perdió las llaves de cierto oficio que tenía y se fue a la sierva de Dios y la dijo que pidiese a Dios que pareciesen [4] sus llaves. Y la santa mujer, pasado un rato, envió a llamar a la religiosa que había perdido las llaves y la dijo que hallaría las llaves en un[a] tinaja de agua donde se le habían caído. Y luego que fue las encontró donde la sierva de Dios había dicho, y túvose por milagro, porque no pudo esta sierva de Dios saber de las llaves por otra parte.
De esta santa mujer se afirma y se dice que, entre otras [247] [5] cosas maravillosas que el Señor obró por ella fue que, cuando a las completas [6] decían las religiosas la Salve que se acostumbra a decir, veía esta bienaventurada mujer cómo se volvía la imagen de Nuestra Señora hacia las monjas que decían la Salve, y de aquí q[ue]dó por costumbre, y es una costumbre muy santa y devota, de venir siempre a el coro cuando tañen la campana para la Salve (aun las religiosas que estuviesen ocupadas en algunos oficios por la obediencia), lo cual solían guarda[r] con mucho fervor y devoción las religiosas de aquellos tiempos, y sería muy justo que así se hiciese también en los tiempos presentes. Muchas otras cosas se pudieran contar de la santidad de esta sierva de Dios que, por evitar prolijidad, se callan, aunque, para concluir, diré que [de] esta sierva de Dios se tuvo por muy cierto q[ue] supo la hora de su muerte, y así la tuvo con gran suavidad. Murió de edad de ochenta años, llena de virtudes y merecimientos [248] y se fue a gozar de Jesucristo Redentor y Señor Nuestro, que vive y reina por siempre jamás, amén.
Laus Deus, amen.
Notas
[1] A lo largo del texto hallamos la palabra “salud” escrita como “saluz”.
[2] Se ha eliminado el “que” para facilitar la comprensión aunque podría conservarse como posible rasgo de oralidad.
[3] La biografía de Lucía de los Ángeles (1453-1557) − que también se ha publicado en el Catálogo de Santas Vivas− inspiró a la que compuso Alonso de Villegas para la Adición a la Tercera parte de su florilegio. Véase: https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Luc%C3%ADa_de_los_%C3%81ngeles
[4] Entiéndase “apareciesen”. Véase REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Corpus Diacrónico del Español (CORDE). <https://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll>
[5] Subsanamos la errata en la paginación, ya que aparece, en la parte superior de la hoja, el número “237”.
[6] Oración que se realiza antes del descanso nocturno.