Diferencia entre revisiones de «Teresa de Guevara»
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Desta manera pasaba el curso de su santa vida esta santa y suplicaba continuamente al Señor por la salud espiritual de los hijos que había dejado en el siglo, principalmente por la de su hija doña [[Aldonza Carrillo]], a quien amaba mucho porque había sido siempre muy verdadera hija de sus santos propósitos, aunque al presente estaba casada con el Conde de Fuensalida. Oyó el Señor clementísimo las oraciones de su humilde sierva. Llevó desta vida al conde, y luego la condesa dispuso de todo cuanto en su casa tenía y se fue a seguir los pasos de la madre. Renunciando el siglo valerosamente, vínose luego al Monasterio de San Pablo y recibió el hábito con gran admiración y ejemplo de toda aquella ciudad de Toledo, viendo una señora criada en tanto regalo, y mandó renunciarlo todo varonilmente y abrazarse en lo más florido de su edad, con la aspereza de la cruz de Jesucristo, y sujetarse a la obediencia de quien pudiera ser criada suya en el mundo y en sus leyes. | Desta manera pasaba el curso de su santa vida esta santa y suplicaba continuamente al Señor por la salud espiritual de los hijos que había dejado en el siglo, principalmente por la de su hija doña [[Aldonza Carrillo]], a quien amaba mucho porque había sido siempre muy verdadera hija de sus santos propósitos, aunque al presente estaba casada con el Conde de Fuensalida. Oyó el Señor clementísimo las oraciones de su humilde sierva. Llevó desta vida al conde, y luego la condesa dispuso de todo cuanto en su casa tenía y se fue a seguir los pasos de la madre. Renunciando el siglo valerosamente, vínose luego al Monasterio de San Pablo y recibió el hábito con gran admiración y ejemplo de toda aquella ciudad de Toledo, viendo una señora criada en tanto regalo, y mandó renunciarlo todo varonilmente y abrazarse en lo más florido de su edad, con la aspereza de la cruz de Jesucristo, y sujetarse a la obediencia de quien pudiera ser criada suya en el mundo y en sus leyes. | ||
Puesta en este estado, le pareció que persona de sus prendas no había de hacer aquella mudanza para caminar por un curso ordinario en que se embarazan y contentan muchas que entran en religión o por necesidad o por violencia, pretendiendo vivir allí con una mediana vida, cuanto basta para llamarse religiosas, determinadas miserablemente a sufrir aquel encerramiento o privación de sus gustos con la mejor comodidad que pudieren. Nuestra doña [[ | Puesta en este estado, le pareció que persona de sus prendas no había de hacer aquella mudanza para caminar por un curso ordinario en que se embarazan y contentan muchas que entran en religión o por necesidad o por violencia, pretendiendo vivir allí con una mediana vida, cuanto basta para llamarse religiosas, determinadas miserablemente a sufrir aquel encerramiento o privación de sus gustos con la mejor comodidad que pudieren. Nuestra doña [[Aldonza Carrillo]] tenía más generosos pensamientos. Y, conociendo cuánto se había mejorado en estado, pasando de Condesa de Fuensalida a esposa de Jesucristo, se determinó caminar por una senda más alta y merecer tan alta dignidad, teniendo tanta certeza de que no le faltaría para la ejecución de sus propósitos la gracia y merced del Cielo. | ||
Era esta señora de grande entendimiento y valerosa, de singular prudencia y madurez, y echósele luego de ver que emprendía aquella vida con altos propósitos de virtud y penitencia. Ansí fue que luego comenzó a hacer una vida muy santa, adelantándose a todas en muchas cosas que, si no era emprendiéndose con un corazón tan generoso como el suyo, no eran fáciles de acabarse. Fue muy penitente y rigurosa consigo misma, dábase a muchas asperezas para esquitar parte del mucho regalo en que se había criado. Oraba continuamente: apenas sabían cuándo dormía ni comía. Con estas dos nuevas Paula y Eustochio ''[2]'', doña Teresa y doña [[Aldonza|Aldonza Carrillo]], cobró aquel monasterio nuevos bríos y, aunque hasta allí había vivido santamente, ahora, con tan vivos ejemplos, corrían las esposas más ligeras al olor de la suavidad del Esposo Jesucristo. | Era esta señora de grande entendimiento y valerosa, de singular prudencia y madurez, y echósele luego de ver que emprendía aquella vida con altos propósitos de virtud y penitencia. Ansí fue que luego comenzó a hacer una vida muy santa, adelantándose a todas en muchas cosas que, si no era emprendiéndose con un corazón tan generoso como el suyo, no eran fáciles de acabarse. Fue muy penitente y rigurosa consigo misma, dábase a muchas asperezas para esquitar parte del mucho regalo en que se había criado. Oraba continuamente: apenas sabían cuándo dormía ni comía. Con estas dos nuevas Paula y Eustochio ''[2]'', doña Teresa y doña [[Aldonza|Aldonza Carrillo]], cobró aquel monasterio nuevos bríos y, aunque hasta allí había vivido santamente, ahora, con tan vivos ejemplos, corrían las esposas más ligeras al olor de la suavidad del Esposo Jesucristo. | ||