Diferencia entre revisiones de «María de San Bernardo»

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Revisión del 07:05 3 oct 2025

María de San Bernardo
Nombre María de San Bernardo
Orden Jerónimas
Títulos Monja del Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo
Fecha de nacimiento Segunda mitad del siglo XV
Fecha de fallecimiento 1529
Lugar de fallecimiento Toledo

Vida manuscrita (1)

Ed. de Irati Zaitegui Blanco; fecha de edición: septiembre de 2025.

Fuente

  • Cruz, Juan de la, 1591. Historia de la Orden de S. Hierónimo, Doctor de la Yglesia, y de su fundaçión en los Reynos de España. Esc. &-II-19, fol. 367r-368v.

Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS &-II-19 (Hystoria, de la Orden de st. Hieronymo Doctor de la yglesia, y de su restauracion y fundaçión en los Reynos de España / Por fray Joan de la cruz frayle de la dicha orden, professo de st. Bartholome el Real de lupiana).

Criterios de edición

Al tratarse de una copia manuscrita de la segunda mitad del siglo XVI, basada en fuentes anteriores, se han adoptado criterios de edición de carácter conservador. Se han conservado las oscilaciones y variantes de las sibilantes —z y ç ante las distintas vocales—, así como oscilación entre i/y, g/j/x y v/b en su valor consonántico, mientras que se han regularizado las alternancias gráficas sin valor fonético, en el caso de u/v. Se han preservado los grupos geminados -cc-, -ss-, -ff- y -rr-, así como el grupo doble -ct- en formas como sanctíssimo, y se ha reproducido como ñ la n acompañada de vírgula. Se han desarrollado las abreviaturas que y San, y se han modernizado la puntuación y la capitalización según las normas de la RAE. Asimismo, se ha conservado la morfología de aquellas palabras de interés morfológico o fonológico, o que constituían cultismos, como charidad o refitorio.

Vida de María de San Bernardo

[fol. 367r] [1] Hazer también memoria que, en estos días, pasaron al Çielo otras religiosas de mucha sanctidad en el mismo Monasterio de San Pablo de Toledo. Y fue una María de San Bernardo, hermana del embaxador Roxal [2] que entró en la religión biuda y fue tan humilde en todas sus cosas que ninguna lo era más que ella, y se tenía y estimava por la menor y de menos mereçimientos. Con estas consideraçiones continuas que traýa, nunca permitió ni quiso que la occupassen en los offiçios honrrosos, sino en los que eran y pareçían de más humildad. Y así no le dieron otros, sino [fol. 367v] limpiar y adereçar las lámparas que arden delante del sanctíssimo sacramento, que, los años que vivió en el monasterio, lo hizo con mucho cuydado y soliçitud; y mayor la ponía con esta occasión de detenerse en aquel lugar en muchos ratos y horas de oraçión, con tanta deboçión que a todos ponía mucho fervor y dava que ymytar. Fue grandíssima la charidad que tuvo, y particularmente con las enfermas y neccesitadas, que, como tenía deudos que le proveýan con liberalidad y abundançia lo que avía menester, con la misma façilidad lo empleava en las enfermas y en las que lo avían menester. Y en esto no consentía que otra hiziese más que ella, ni que en su presençia huviesse falta en lo necessario. Acaesçíale muchas vezes, estando comiendo en el convento en el refitorio, ver que no comían algunas religiosas por achaques y indisposiçiones que tenían; y, en saliendo de allí, las llevava a su çelda a regalarlas con cosas que nunca para esto le faltavan, o les embiava lo que avían menester con un amor y graçia que pareçía bien el ardor del amor de Dios que traýa en su ánima. En todas las virtudes era singular y de grande menosprecio de sí misma; y así tuvo una muerte bienaventurada, que causó admiraçión.

Notas

[1] El texto se vincula a la sección presentada bajo el epígrafe: “Capítulo sexto de la sierva de Dios Mencía de San Pablo, religiossa en el Monasterio de San Pablo de Toledo y de otras de aquel tiempo”.

[2] Lo más probable es que se trate del embajador de los Reyes Católicos Francisco de Rojas y Escobar. Para profundizar en su figura, véase Antonio Rodríguez Villa, “D. Francisco de Rojas, embajador de los Reyes Católicos”, Boletín de la Real Academia de la Historia, 1896, t. 28, pp. 180-202.

Vida manuscrita (2)

Ed. de Mar Cortés Timoner; fecha de edición: febrero de 2025.

Fuente

Manuscrito
  • Biografía conservada en las páginas 162-164 del anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.T ª. San Pablo, I libro 33. La biografía fue compuesta por la monja jerónima Ana de Zúñiga (Toledo c.1540-1594) y fue copiada en 1881 en el citado libro. Aunque hay ciertos errores de paginación en el libro, seguimos la numeración que consta en el margen superior de las hojas.

Contexto material de la Biografía conservada en el anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.T ª. San Pablo, I libro 33.

Criterios de edición

Dada la fecha de la copia manuscrita, la transcripción actualiza el empleo de las letras mayúsculas, la separación o unión de palabras pero conserva “a el” y “de el”. Asimismo, siguiendo las normas de la RAE, se moderniza la puntuación y la acentuación. Por último, se ha regularizado el empleo de las vocales i/u y de las siguientes consonantes: h/-, b/v, c/g, g/j, r/rr, n/m.

Vida de María de San Bernardo

[162] [1] Esta gran sierva de Dios María de San Bernardo fue casada antes que viniese a la religión, y de sangre ilustre porque fue de los Rojas y hermana del embajador [2], que fue persona muy valerosa y principal entre los dichos señores que son llamados de Rojas.

Esta bienaventurada señora, cuando, según la cuenta del mundo, era de nobles y pudiera ser estimada y temida sobre todas, tanto más se humilló y mucho más en la santa re[li]gión; y se tenía en tal reputación y cuenta por la menor de todas. Y así resplandecía en esta santa mujer esta virtud de la humildad en tanto grado, y era tan de veras humilde, que nunca quiso tener otro oficio en la casa sino las lámparas que alumbraban a el Santísimo Sacramento, de las cuales tuvo cargo todo el tiempo que vivió en la religión, [163] limpiándolas y aderezándolas de todo lo que era menester con increíble devoción y humildad.

Y puesto caso que la virtud de la humildad santa resplandecía sobre todas las virtudes en esta santa mujer, no era menos su caridad, especialmente, con las necesitadas y enfermas, y con las demás religiosas que poco podían porque, como esta señora era de tan principales parientes, podía mucho, y todo cuanto ella quería y demandaba se lo daba<a>n con gran liberalidad sus deudos, y todo era para socorrer a las necesidades de las religiosas, y no permitía que padeciesen alguna necesidad, especialmente las enfermas. Y si estando comiendo en el refe[c]torio veía que alguna de las religiosas no comía, luego procuraba saber si era que no estaba buena [3] y la razón po[r] la cual no había comido, y la llevaba a su celda o la enviaba algunos regalos, según la necesidad que tenía. Y así la santa mujer socorría a todas, y era gran refugio y gran bien para todas [164]. Y en su presencia no consentía que ninguna padeciese alguna mengua o necesidad. Y por esta razón y, más principalmente, por su[s] muchas virtudes que en esta sierva de Dios había, era amada de todas y la tenían como a madre para todas sus necesidades. Bienaventurada [4] mujer, que tan de veras se quiso emplear en el servi[ci]o de el Señor Nuestro Dios, que, olvidadas todas las prosperidades del siglo, se quiso recoger a la hermandad santa y humilde de las siervas de Dios, y entre ellas ser más humilde porque mereciese ser sublimada en el Cielo e ir allá a gozar de aquel soberano Señor que, con mano larga, remunera los trabajos a sus siervos, dandóseles a sí mismo en galardón de ellos, del cual gozarán sin fin con el Padre y el Espíritu Santo, amén. Murió esta sierva de Dios en el año de mil qui<e>niento[s] veintinueve. Laus Deus, amen.

Notas

[1] La biografía va encabezada con el siguiente epígrafe “Historia de la muy religiosa y sierva de Dios María de San Bernardo”.

[2] Es muy posible que remita al embajador de los Reyes Católicos Francisco de Rojas y Escobar. Véase: Antonio Rodríguez Villa, “D. Francisco de Rojas, embajador de los Reyes Católicos”, Boletín de la Real Academia de la Historia, 1896, tomo 28, pp.180-202.

[3] Está escrito “se era que no estaba biena”.

[4] Está escrito “Rienaventurada”.