Diferencia entre revisiones de «Inés de la Magdalena»

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Revisión del 16:08 24 ene 2026

Inés de la Magdalena
Nombre Inés de la Magdalena
Orden Jerónimas
Títulos Corretora, maestra de novicias, vicaria y priora del Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo. Rectora del Colegio de Doncellas Nobles de Toledo.
Fecha de fallecimiento Antes o en torno a 1577
Lugar de fallecimiento Toledo

Vida manuscrita

Ed. de Mar Cortés Timoner; fecha de edición: enero de 2026.

Fuente

Contexto material de la Biografía conservada en el anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33.

Criterios de edición

Biografía conservada en el libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33. La composición se atribuye a la monja jerónima Ana de Zúñiga (Toledo c.1540-1594) y fue copiada, en 1881, en el citado libro manuscrito. El texto aparece, según la paginación de la fuente (que contiene varios errores), en las páginas numeradas como 187-193.

Dada la fecha de la copia manuscrita, la transcripción actualiza el empleo de las letras mayúsculas, la separación o unión de palabras, pero conserva “a el” y “de el”. Asimismo, siguiendo las normas de la RAE, se moderniza la puntuación y la acentuación. Por último, se ha regularizado el empleo de “h” y el uso de b/v, c/z, g/j, ll/y, n/m, r/d, r/rr, r/l, s/x.

Vida de Inés de la Magdalena

[187] [1] Dejaron aquí en esta santa casa las sobredichas otras dos monjas nietas de la sobredicha señora doña Teresa de Meneses, hijas de un hijo suyo, de las cuales la una se llamó según el siglo doña Inés de Ribera [2] y [188] del nombre de la orden se llamó Inés de la Ma[g]dalena, y la otra hermana se llamó en el siglo E<r> [l] vira de Mendoza y en la orden E<r>[l] vira de San Jerónimo.

Fue traída a esta santa casa la dicha señora doña Inés de Ribera de edad de tres años, la cual, desde sus principios empezó a s[e]r [3] muy provechosa en esta casa por ser como fue muy hábil [4] y discreta. Y, especialmente, tuvo grande habilidad para las cosas del coro, porque era muy diestra en cantar y tañer, y muy linda le[c]tora y, por esta razón [5], fue muchos años corretora [6]; pero no por esto dejaba de acudir a otros oficios y cosas de humildad, como muy buena religiosa y gran sie[r]va de Dios que era, de lo cual siempre se preció, y de mucho celo santo y muy discreto que siempre tuvo. Y cuando fue de más edad tuvo el magisterio de las novicias, adonde mostró más de veras el valor de su persona y el celo santo de su mucha religión porque enseñaba con mucho cuidado a sus novi- [189] cias lo que convenía, poniéndolo ella primero por obra, que es la verdadera manera de enseñar, mayormente en cosas de humildad.

Después de lo susodicho, y de haber trabajado mucho en el oficio de maestra, fue vicaria nueve años, y, al cabo de ellos, fue priora seis años, en los cuales oficios y cargos se portó tan prudentemente y con tanta religión y con tanto celo de las cosas de ella, y rigió tan varonilmente, que se entendió más de veras el gran ser y valor de su persona, porque verdaderamente le tenía grande y más que de mujer. De donde sucedió que, teniendo esta señora nombre y fama, no solamente en esta santa casa, sino también en otras muchas partes era sabido el talento de su persona y su mucha prudencia y ánimo, lo cual venido a noticias del rey nuestro señor don Felipe, la mandó salir de esta casa con cargo de ser rectora en un colegio de doncellas de esta ciudad [7], que es un cargo muy seña-[190] lado y principal, en el cual estuvo algunos años haciendo su oficio con mucha prudencia dando gran contento a todas las gentes; y acabó allí su vida en mucha virtud y bondad. Y fue traída a enterrar a esta casa, y fue enterrada en el capítulo.

Esta señora doña Inés de Ribera [8], entre otras virtudes que tuvo y santos ejercicios fue uno el de la santa oración muy continua en ella porque fue muy dada a ella, no solamente a la oración mental, pero a un rezo, muchos años, que fueron más de doce según se halla, que rezó las tinieblas [9] todas las semanas de aquellos años suplicando a Nuestro Señor la ayudase en la hora de su muerte eterna y la librase de las tinieblas de su muerte eterna. Y así este Señor piadoso que nunca deja de oír a sus siervos se cre[e] piadosamente que oyó a esta su sierva y alumbró su entendimiento porque entendió, cuando se puso mala de la enfermeda[d] de que murió, cómo habí- [191]a de morir y que ya estaba cercana a la muerte; y lo descubrió a su confesor, y se confesó generalmente. Y el mismo día que acabó su confesión, le dio la enfermedad según dieron de esto testimonio el dicho confesor y el a[d]ministrador que a la razón era en el colegio donde esta sierva de Dios estaba por re[c]tora [10]. Y era el canónigo Hoyos a quien ella lo dijo y manifestó, y le pidió, entonces, la trajese a enterrar a esta su casa de San Pablo sin ninguna pompa ni estruendo popular, sino como a monja y religiosa, de lo cual se preciaba esta santa mujer más que de los favores del mundo ni riquezas de él porque, aunque pudiera tener alguna parte por ser de tan ilustre gente, era muy amadora de la pobreza, y tanto que nunca quería tener sino lo muy necesario y sin lo cual no podía pasar la vida, y aun esto había de ser lo más pobre y humilde.

Fue esta santa religiosa muy devota, en especial, del glorioso [192] y bienaventurado San José, esposo de Nuestra Señora la Santa María Madre de Dios, e hizo muchos años la fiesta a este gloriosísimo santo con mucha devoción, y alcanzó licencia para poderle decir oficio propio, y así se hizo hasta que vino el breviario nuevo.

En aquellos días cuando esta sierva de Dios murió, se halló en esta ciudad una religiosa en hábito y vida extranjera que la llamaban do[ñ]a Catalina de Cardona [11], la cual había estado muchos años en un yermo haciendo vida penitente y santa. Esta dijo, después de cuatro o cinco días después que murió la sierva de Dios doña Inés de Ribera [12], que estaba gozando de Dios, y así se cre[e] porque los aparejos que había hecho antes para su muerte fueron tales y tantos, y con tantas preparaciones para haberse de morir, y entendiéndolo como lo entendía, que no se cre[e] otra cosa sino que luego se fue a gozar de Nuestro Señor.

No le faltaron a esta sierva de Dios traba- [193] jos viviendo en esta vida, así en los oficios de priora de esta casa como siendo re[c]tora en el colegio y como en otras muchas maneras, porque fuese vista y probada su paciencia y humildad, y no fuese ajena de la corona que Dios tiene para sus siervos cuando en los trabajos y adversidades de esta vida tienen paciencia y sufrimiento y los ofrecen con igualdad de corazón a la Divina Majestad. Y no solamente esta principal mujer fue probada en la vida con las adversidades que tuvo, per[o] [13] aun en la enfermedad de que murió las padeció muy [14], y en ellas y en su fin y muerte dio bien a entender cuál había sido su vida y cuá[n] [15] religiosamente había vivido, y que la tenía Nuestro Señor para el Cielo, pues así la probó en la Tierra, el cual vive y reina sin fin, amén. […][16]

Roguemos a Dios que, por su misericordia, seamos tales en vida que merezcamos hablar, y que digan bien de nosotros después de la muerte, en alabanza y gloria de Nuestro Señor, amén. Laus Deus, amen.