Mencía de San Pablo

De Catálogo de Santas Vivas
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Mencía de San Pablo
Nombre Mencía de San Pablo
Orden Jerónimas
Títulos Priora del Convento de San Pablo de Toledo
Fecha de nacimiento c. 1470
Fecha de fallecimiento 1530
Lugar de nacimiento Toledo
Lugar de fallecimiento Toledo

Vida manuscrita

Ed. de Mar Cortés Timoner; fecha de edición: julio de 2025.

Fuente

  • Biografía conservada en las páginas 165-170 del anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.T ª. San Pablo, I libro 33. La biografía fue compuesta por la monja jerónima Ana de Zúñiga (Toledo c.1540-1594) y fue copiada, en 1881, en el citado libro. Aunque hay ciertos errores de paginación en el libro, seguimos la numeración que consta en el margen superior de las hojas del mencionado libro.

Contexto material de la Biografía conservada en el anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.T ª. San Pablo, I libro 33.

Criterios de edición

Dada la fecha de la copia manuscrita, la transcripción actualiza el empleo de las letras mayúsculas y la separación o unión de palabras, pero conserva “a el” y “de el”. Asimismo, siguiendo las normas de la RAE, se moderniza la puntuación y la acentuación. Por último, se desarrollan las abreviaturas, se regulariza el empleo de “h”, el uso de b/v, c/cc, c/z, g/j, l/r, r/rr, t/d, n/m, s/x y la oscilación i/e (“decir”, “tiniendo”).

Vida de Mencía de San Pablo

[165] [1] Fue otra señora no menos ilustre y religiosa que la que acabamos de decir [2], que se llamó, según el nombre que tuvo siendo seglar, doña Mencía de Ayala, de esta ciudad de Toledo, porque fue del linaje de los señores de Ayala de esta ciudad. Y, según el nombre de religiosa, se llamó Mencía de San Pablo.

Esta sierva de Dios y santa mujer, después de haber trabajado en algunos oficios de casa sirviendo a Dios y aprovechando a el bien común con mucha observancia de religión y caridad y santidad, fue, después de esto, priora quince años. En el cual tiempo rigió con gran perfección y re[c]titud, no dejando el rigor necesario cuando era menester, porque de su condición era algo regia y rigurosa, pero tuvo tanta prudencia y sabiduría en todas las cosas que nunca en nin- [166] guna parecía exceder. Y aunque fue muy recta en las cosas de justicia, que por ninguna causa la torcían ni salía de ella, pero, con todo, era su prudencia y saber tan grande que ninguna se podía quejar de ella, antes de todas era amada y querida, porque, junto con guardar la re[c]titud que convenía, con todas tenía tanta caridad y era tan humana que, cuando era necesario reprehender alguna religiosa, luego, pasado un rato, la enviaba a llamar y la consolaba si entendía ser menester, y la regalaba con palabras y con obras, según entendía ser necesario. No permitía esta gran religiosa, con su gran caridad y amor que a todas tenía, que ninguna de sus hijas y hermanas padeciese alguna necesidad que ella pudiese remediar, en tanta manera que aun las cosas que tenía para sus necesidades propias se las quitaba y daba a las demás, queriendo padecer ella necesidades, que no [167] que las padecieran las de su co[m]pañía y hermanas. Era la oración de esta sierva de Dios muy continua y fervorosa, y era grande el ejemplo que en esto daba esta santa mujer po[r]que, si no era teniendo ocupaciones, todo lo demás de tiempo que le sobraba gastaba en estarse en el coro con Nuestro Señor. Y tenía por costumbre, cuando ella no podía estar, de proveer que alguna otra estuviese porque siempre hubiese quien estuviese delante de el Señor suplicándole por la co[n]servación y religión de la casa y por las necesidades de todo el mundo, po[r]que a todo se extendía su mucha y gran caridad. Y quería que todo fuese comunicado a todos y para todos, y aun esta caridad pareció tener después de muerta por lo que sucedió: que una religiosa grande amiga de esta sierva de Dios tenía algún temor y cuidado que, por razón de los oficios que había tenido mayores, y mayormente el de prelada, po- [168] dría tener en la otra vida alguna pena. Con la gran ansia que tenía por saber el estado en que esta su buena amiga se hallaba cuando ya era difunta, envió a pedir a una muy gran sierva de Dios, que en aquel tiempo estaba en el Monasterio de la Cruz que es junto a Cubas, que se llamaba Juana de la Cruz [3], rogase a Dios por e[ll]a [4] y supiese en qué estado estaba su ánima. Y fuele revelado a la dicha Juana de la Cruz cómo el ánima de Mencía de San Pablo estaba en el Purgatorio, y que pedía rogase a Dios por su libramiento, y que las oraciones que por ella se hiciesen y cualesquiera otros bienes espirituales fuesen también por todas las ánimas que estaban en el Purgatorio y, particularmente, por algunas, las cuales nombró la dicha Juana de la Cruz, nombrando a sí mismo a tres monjas que entonces vivían en esta santa casa y era[n] grandes siervas de Dios, a las cuales se encomenda- [169] ba particularmente, y pedía rogasen a Dios por ella y por las otras ánimas que en el Purgatorio estaban purgando sus culpas. Del cual hecho debemos entender que son mucho más aceptas a Nuestro Señor las oraciones de los más justos, y las oye con más pronta voluntad, de lo cual no hay que tener duda, sino que vale mucho delante de su Divina Majestad la oración continua del justo, porque tiene Dios en mucho a sus siervos y amigo[s], y quiéreles hacer buena amistad en oír y cumplir sus peticiones.

Murió esta santa mujer en el año del Señor de mil quinientos y treinta, teniendo de edad sesenta años, poco más o menos. Tuvo una hermana que se llamó Inés de la Cruz, religiosa en esta santa casa, la cual murió muy moza de una caída que dio. También tuvo una sobrina que se llamaba Aldonza de San Gabriel, la cual murió más niña y de pocos años de edad. Y todas están gozando de aquel so- [170] berano bien para el cual fueron criados, mayormente la dicha Mencía de San Pablo, de cuya vida y virtud tenemos más noticias, y de cuyo loor y santidad solían dar gran testimonio las madres ancianas que la alcanzaron en vida y las que después de ellas sucedieron, que todas pregonaban su gran virtud, religión y o[b]servancia [5] en todas las cosas, y la gran rectitud [6] y prudencia en su gobierno y, sobre todo, la ardentísima caridad que viviendo tuvo para todas, y no menos después de pasada de esta vida, pues que p[u]esta [7] en la necesidad que estaba, penando en el Purgatorio por sus culpas, tuvo caridad con las que veía padecer y las quiso comunicar la caridad que con ella quería se hiciese, haciéndolas parcioneras [8] de las oraciones y sufragios que por ella se hiciesen. Bienaventurada tal caridad que así es de creer que la obró con ella aquel Señor de todos los bienes, Jesucristo Nuestro Dios, de quien esta su sierva goza en el Cielo por los siglos de los siglos. Laus Deu[s] [9], amen.

Notas

[1] La biografía se presenta con el siguiente epígrafe “Historia de la muy religiosa y sierva de Dios Mencía de San Pablo”.

[2] Se refiere a María de San Bernardo, religiosa perteneciente al linaje de los Rojas.

[3] Se refiere a la franciscana Juana de la Cruz (1481-1534), que fue abadesa del Convento de Santa María de la Cruz (en Cubas de la Sagra).

[4] Parece leerse “ena”. Corregimos siguiendo la coherencia semántica del texto.

[5] En el libro, se alterna la escritura “oservancia” con “observancia”.

[6] Aparece escrito “rrectitud” pero en el caso anterior “rretitud”.

[7] Está escrito “presta” pero se ha corregido, considerando el sentido del texto, por “puesta”.

[8] Entiéndase “participantes”.

[9] Leemos “Laus Deum” pero se corrige por “Laus Deus” (y no “Laus Deo”) porque es la locución latina laudatoria que suele cerrar las biografías que recoge el libro.

Vida impresa

Ed. de Lara Marchante Fuente; fecha de edición: mayo de 2018; fecha de modificación: junio de 2023.

Fuente

  • Sigüenza, Fray José de, 1605. “Libro Segundo de la Tercera parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo”, Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, doctor de la Iglesia, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III. Madrid: Imprenta Real, 505-506.

Contexto material del impreso Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, doctor de la Iglesia, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III.

Criterios de edición

Para facilitar su lectura, esta edición moderniza el texto en aquellos puntos que no suponen una pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos del periodo y conserva la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico o por tratarse de cultismos (como agora, ansí, monesterio, recebir, redemptor u obscuro).

Se adaptan, por tanto, las grafías a las normas de ortografía vigentes (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y a la acentuación y puntuación de las normas gramaticales actuales. Igualmente, el uso de las mayúsculas y minúsculas respeta los criterios presentes del español, si bien se mantienen las mayúsculas como signos de respeto o de diferenciación con la palabra escrita en minúscula (Cielo, Esposo, Señor, Profeta, Reina del Cielo).

También se introducen las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En este sentido, conviene apuntar que, dentro de esta edición y en base a sus particularidades, se han incluido notas al pie en las que se especifican y desarrollan algunas ideas o palabras del texto impreso original.

Vida de Mencía de San Pablo

CAPÍTULO LI [1]

[505] De otras muchas siervas de Dios que han florecido con gran ejemplo en el mismo Convento de San Pablo

No será posible referir por menudo las vidas de tantas siervas de Dios como se han criado en este monasterio que pudiera cada una enriquecer una provincia, iré haciendo una memoria y relación breve de las más notables, podrá ser a alguno le dé codicia de celebrar su santidad más despacio, y hacer no un prado, sino un jardín espiritual de tan varias flores. La primera sea Mencía de San Pablo, natural de Toledo, del linaje antiguo de los Ayalas, desde niña criada en el monasterio. Corrió casi por todos los oficios de la obediencia, con singular aprobación y ejemplo; después fue quince años priora del mismo convento. Celosa y aun rigurosa en lo que tocaba a la observancia, aunque sin agravio y con mucha prudencia, templando el rigor cuando convenía. De aquí venía que la amaban todas, aunque la temían.

Cuando vacaba su oficio no sabían elegir a otra, porque conocían la razón y la justicia, y que ejecutaba primero lo que mandaba a las otras; con esto ningún mandato hay tan grave que no se haga ligero. Era de ardiente caridad, porque sentía las cuitas y trabajos ajenos más que los propios, ni [506] descansaba hasta remediarlos, que en esto se diferenció el buen samaritano del sacerdote y del levita. En no ocupándola las cosas forzosas del oficio de priora, la hallaran siempre orando y meditando en el coro o en la celda; lo más ordinario era en el coro, y, si la sacaban de allí a negocios precisos, procuraba quedase otra en aquel lugar, porque no faltase jamás quien hiciese estado y presencia a tan soberano Rey en aquel su palacio real. Pasó desta vida santamente cuando llegó el plazo difinido por aquel Señor de las vidas y de las muertes; hubo alguna certeza y revelación que estuvo algún tiempo en purgatorio, y que ella misma pidió rogasen a Dios por ella y por otras hermanas que estaban allí detenidas, hasta purgar las imperfecciones que se pegan en el trato humano, aun donde más limpio parece que corre. […]

Notas

[1] Figura en el texto como Capítulo LI pero debería ser el LII, debido al error señalado en la edición de la vida impresa de María de Ajofrín por Sigüenza, pues repite el número de capítulo XLIV.