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Juana de la Cruz

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Capítulo XV
'''De cómo quitaron de abbadesa a esta bienaventurada, y qué fue la causa'''
Como esta sancta virgen, siendo abadesa, oyó dezir que personas eclesiásticas conduzía de aver para sí un beneffiçio que el monasterio tenía de un lugar muy çercano a el él llamado Cubas, y que [fol. 77v] ordenavan de embiar a Roma por bulla para ympetrar el benefiçio al monasterio, diziendo que las mugeres, aunque fuesen religiosas, no heran sufiçientes para ser cura de ánimas de personas seglares ausentes dellas, pesole mucho, por la neçessidad que las religiosas tenían d’él, y desseava saver alguna manera con que pudiese remediar. E fuele dicho por algunas personas eclesiásticas letradas que no havía otro remedio para escusar este peligro, que tan a la mano estava, ni ymbiar por una bulla al Papa, señalando persona sufiçiente para estar en el serviçio curado por el monasterio , y, siendo tal, no le pudiesen [¿evitar?] evitar las monjas mientras viviese, no haziendo cosa de mal exemplo después de esta persona difunta, el monasterio proveyese otro [¿?] con las condiçiones susodichas. Y de esta manera, le podrán tener muy seguro.
Y esta bienabenturada, oyendo el tal consejo, holgó dello, por el remedio que dezían, mas no lo quiso efetuar sin consejarse primero con su santo ángel, al qual dixo lo que le havían consexado, suplicándole su hermosura le dixese si hera peccado haçerlo. El sancto ángel, dixo esta bienabenturada, que le respondió: “No es peccado, sino caridad; mas podría ser venirte por ello alguna reprensión o menospreçio a tu persona”. Ella le dixo: “Pues dezís, señor, que no es peccado, e lo demás quiérome atrever por el remedio del monasterio, aunque por ello aya de resçivir reprehensión e menospreçio. Eso desseo, más que ser querida y estimada”. Y satisfecha por el sancto ángel no ser peccado, antes buena obra, hizo llamar a su bicaria con algunas religiosas, y en su presencia, con su consentimiento, ordenó una petiçión para el Papa. Y firmola esta bienabenturada como abbadesa, e su vicario, y otras tres religiosas en nombre del convento. E diola a una persona, que a la saçón yba a Roma, devoto del monasterio, el qual la traxo más por limosna [fol. 78r] pagando él la más parte, y el monasterio solamente dio siete ducados para ella.
Y el demonio, el qual pidió liçençia a Nuestro Señor para perseguir a esta bienabenturada, puso en el corazón de esta su vicaria muchos pensamientos y juyzios maliçiosos, la qual de secreto yndinó a otras personas con sus malos consejos, por cuya vía secreta hizo saber a los perlados cómo esta sancta virgen havía traído bulla para dar el serviçio del curado sin liçençia dellos; la qual bulla causava peligro para perder el beneffiçio , el qual peligro remediasen. Y no solamente dañó la yntençión, mas creçió el preçio de la bulla haver dado el monasterio más de los siete ducados. E la persona que al presente que en ella venía señalada para en quanto al servicio, hera un hermano de esta sancta virgen, porque de antes de esto residía en el curado, puesto por mano y voluntad de los perlados, porque hera persona sufiçiente y aparejado a toda virtud, y el pueblo estava contento d’él.
Y estando todos los perlados y discretos de la orden sabidores de esta bulla, por la informaçión secreta vino una persona de los perseguidores de esta bienabenturada a hablar con ella, diziéndole hiziese quemar la bula que tenía del Papa, y quemada se podría remediar algo de lo que contra ella hera levantado. Y viendo ella no le convenía husar de este consejo, respondiole, diziendo: “Nunca Dios querrá tengan tan poco temor d’Él mesmo que queme las letras apostólicas con tan buena yntençión y líçita causa pedidas. Aquí estoy aparejada a padeçer por amor de mi Señor señor Jesuchristo lo que me viniere”.
Y viniendo el perlado al monaterio, disimulando que no savía de esta bulla, hablole esta sancta virgen en secreto. Y con mucha humildad le dixo su culpa, manifestando la yntençión con que le havía pedido, y cómo en ella havía señalado a su hermano, porque hera persona fiel al monasterio, y residía en el serviçio de la mano de voluntad de perlados pasados e acontentamiento de todo el [fol. 78v] convento. E diziendo esto, diole la bulla en sus manos para que hiçiese della lo que fuese su volutnad; el qual le respondió que él lo haría lo mejor que pudiese, e lo comunicaría con los discretos de la orden, e todos se la tornarían con condiçión. E llevando consigo la bulla, ayuntó los discretos de ella e letrados religiosos e seglares, en la qual congregaçión fueron hechas grandes acusaçiones contra esta sancta virgen, dañando su yntençión e perfetas obras; las quales acusaçiones plugo a Nuestro Señor mostrárselas a ella en spírictu quando se tratavan, y vio, y vio y conoçió todas las personas que allí heran, e lo que a cada una le acusava.
E visto todo lo que pasava, díxole su sancto ángel: “¿As entendido por qué te an sido mostradas estas cosas?”. Díxole ella: “Dígamelas vuestra hermosura, y entenderlo he”. El sancto ángel le resplicó: “Esto es para que conozcas estas personas que te son causa de ganar coronas de gloria, y les agradezcas tam buena obra como tú aquí resçives con las cosas que te son levantadas, y ruegues a Dios por ellas, les dé su graçia, con que enmienden sus vidas, e amen a sus próximos con caridad, según Dios lo manda”.
Estando esta bienabenturada en su çelda orando una noche delante una ymagen del Señor del Huerto, suplicándole con muchas lágrimas por socorro y ayuda en las presentes tribulaçiones que tenía, fue tan grande su llanto e sollozos que pareçía quería espirar. Y de rato en rato dezía, como entre sí: “Qué triste relación”. Y esto oyó una de las religiosas que la meneavan e rodeavan de noche, por su enfermedad e tullimiento, la qual estava despierta quando la sancta virgen hazía sus esclamaçiones y llanto. Y esta religiosa estava muy angustiada, deseando saber la causa de su tan grande pena. Y çesando esta bienabenturada de llorar, llamó para que la volviesen. E yendo la religiosa que la havía oýdo, suplicole le dixese la causa de su tan grande llanto. La sancta virgen le respondió: “No tengo qué deziros. Llorava porque soy peccadora”. [fol. 79r] E tornándola a importunar diziendo cómo la havía oýdo dezir de rato en rato “O, qué triste revelaçión”, dixo la bienabenturada: “Verdad es que yo dezía esas palabras, y con mucha raçón, porque estando yo en mis esclamaçiones, salió de la ymagen del Señor del Huerto una voz que pareçía a manera de lloro, diziendo: ‘Mançilla tengo de ti, viendo las sentençias que sobre ti están dadas por el mi Padre çelestial. E assí como no fue [¿?] revocada la mía en el tiempo de mi Passión, aunque yo solo rogué y lloré, no quiere la divina clemençia no revocar, ni dexar de executar tus penas, las quales no pasarán por ti sola, pues muchas ánimas se te an encomendado, de cuyos peccados las penas todas de ese mundo son pequeñas para satisfazerse. E otra vez te digo, lloro por ti, y ruego por ti, mas tus alas serán quebradas , no solamente las quatro, y las seys que tienes, mas las doze. E todos los miembros e tu cuerpo será como trillado, assí como hazen al pan para sacallo el grano’. Yo respondí: ‘Señor, arto quebradas veo mis alas y triste cuerpo tullido’. Respondió la sancta voz: ‘No es eso nada a lo que se a de quebrar y deshacer, e saber e é que creçerán’. Yo le dixe: ‘Señor, ¿pues pues los sanctos a quien yo me encomiendo en sus fiestas, no ¿no ruegan por mí?’. Respondió la voz que salía de la ymagen: ‘Si quieres rogar a los sanctos, no se lo vedo, empero agora no se te escusará creçerte el mal, e las personas antes no podrán darte remedio ninguno para el cuerpo, aunque su oraçión dellas aprovecha para el alma, porque quando tal sentençia es dada, solo Dios la puede revocar. Mas no dexes de clamar a los sanctos rueguen por ti, y más a mi madre Sancta María e a mí, que lloro lágrimas dulzes por ti’. E oyendo tales palabras fue tanto mi llanto que quería espirar, e dezía las palabras que dezís me oýstes”.
Estando esta bienabenturada [fol. 79v] en su zelda otro día, viernes a la medianoche, le fue mostrada una visión muy dolorosa, que le pareçía se avría todo el Ynfierno, o veýa los demonios d’él en el monasterio. E havía tantos y tan espesos, que desde el suelo de la casa hasta la cumbre de los texados, y en los ayres, los veýan tan espesos como andan las matas muy espesas en el rayo del sol. Y veýanlos en muchos géneros de figuras, el suelo del monasterio estar lleno dellos, a manera de animalías animalias rastables como culebras, lagartos e sapos, e salamanquesas e de otras muchas maneras de sabandixas ponzoñosas. Ansimismo, veýa dellos como canes, lobos, toros e leones, e osos e todo género de bestias bravas e de carga. Veýalos en el ayre a manera de cuerbos e buytres, y murciégalos y de otras figuras todas muy temerosas y feas. Y todas e cada una, según su espeçie, bramavan, e aullavan, e graznaban, de manera que deçía esta bienabenturada era cosa muy espantosa de oýr.
Y estando muy atormentada de ver cosas tan temerosas, empezó con mucho aýnco en lágrimas a rogar e suplicar a Dios de su poderosa mano le ymbiase socorro, y quién quien le hechase aquella tan mala hueste que delante de sí veýa. Y estando por algún espaçio de tiempo sin ser socorrida, e creçiéndole mucho el temor e afliçión en su ánima, plugo a Nuestro Señor oýrla su oraçión en lágrimas y enbialle a su sancto ángel y a otros muchos ángeles que venían con él, para la favoreçer en su tribulaçión, entre los quales vino el archángel Sant Miguel, e otro ángel muy alto, a quien Nuestra Señora la Virgen María tiene encomendada la guarda de su bendita casa. Y estos sanctos ángeles pelearon fuertemente contra la malina hueste. Y como la hueste de los demonios hera mayor en mucha cantidad que los sanctos ángeles, deteníanse a pelear los demonios con ellos, haçiéndoles cara a los ángeles. Viendo su atrevimiento, fueron a la iglesia, por mayor socorro, [fol. 80r] e tomaron con mucha reverençia el Sanctíssimo Sacramento en sus manos, y vinieron con él a la zelda de esta bienabenturada, a la qual dixo su sancto ángel: “Pues heres christiana, adora al Sanctíssimo Sacramento. Y yo te ruego a ti y a tus hermanas os esforçéys a obrar toda virtud, e apartad de vosotras toda cosa en que Dios sea offendiddo”.
Dezía esta sancta virgen que le pareçía venía la sancta hostia tan grande como una rueda de molino, y toda hecha carne, con admirables resplandores. Traýla el sancto ángel, su guardador, y Sant Miguel traýa el peso, hecho a manera de arma, con que hería a los demonios, ; los quales, quando vieron venir a los ángeles con el Sanctíssimo Sacramento, empezaron a uýr. Y los ángeles fueron en pos dellos, yriéndolos y hechándolos del monasterio, y los demonios yban uyendo, diziendo con gran grita: “Aunque nos hechas, no nos tenemos por venzidos, que nosotros volveremos. Que la maliçia que está levantada en algún corazón o corazones nos tornará”. De manera que , aunque hecharon muy gran número dellos, algunos quedaron escondidos en çiertas partes y rincones del monasterio, y muy en espeçial en el confesorio y cozina. Y los sanctos ángeles tornaron el Sanctíssimo Sacramento a la custodia. Y esta bienabenturada hizo luego, otro día, tañer a capítulo. Y llegadas las monjas en el lugar para ello diputado, hablolas con semblante triste e ojos muy llorosos, diziendo: “Señoras y hermanas, mas aunque quiero callar no puedo, y callando doy grandes vozes e gemidos muy dolorosos salidos de lo ynterior de mi corazón con mucho dolor, y para ello tengo gran causa. Otras algunas vezes, señoras, me soléis rogar e ymportunar os diga algunas cosas para vuestra consolaçión, de lo que el Señor por su misericordia me muestra, y algunas vezes lo hago por consolaros. Y agora, sin que me lo roguéys, os quiero dezir una muy triste revelaçión [fol. 80v] que me fue mostrada esta noche”. Y contoles la susodicha revelaçión. E dezía con muchas lágrimas: “O, hermanas, mas qué buelta tan dolorosa a venido en esta casa. Solía ver yo este monesterio todo lleno de ángeles, y esta noche me pareçe veýa lo más del Infierno en él. Pienso lo causan mis peccados, y no los vuestros; y si de consuno, los míos y los vuestros. Enmendémonos, hermanas mías, y la que es sobervia, sea humilde; y la que es maliçiosa, travaje de ser buena yntençión; e la que aborreze a su próximo, ámele como a ssí”. Y estas cosas y otras muchas les dixo, de gran doctrina e lumbre, mostrando la gran caridad con que desseava la salvaçión de las almas.
Y pasadas todas las cosas ya dichas, tornó el perlado al monasterio muy acompañado de frayles, para que él y ellos fuesen en el quitamiento de esta bienabenturadahizo luego, otro día, los quales venían muy indignados por las grandes acusaçiones que les havían dicho dellatañer a capítulo. Trayendo el perlado voluntad de executar en la sancta virgen la bara de su justicia −lo qual puso en obra, que ayuntadas Y llegadas las monjas a capítulo donde esta bienabenturada estavaen el lugar para ello diputado, hizo su plática reprehendiéndola hablolas con semblante triste e ojos muy ásperamentellorosos, diziendo: “Señoras y hermanas, como si por obra huviera hecho todos los levantamientos que contra ella heran dichos−mas aunque quiero callar no puedo, y callando doy grandes vozes e por mostrar que ella tenía culpa gemidos muy dolorosos salidos de lo ynterior de mi corazón con mucho dolor, y él raçón de reprehenderlapara ello tengo gran causa. Otras algunas vezes, diole una disçiplina en el hombroseñoras, sobre la ropa me soléis rogar e ymportunar os diga algunas cosas para vuestra consolaçión de la cama.Viendo las monjas la reprenhensión lo que el perlado le dava sin ella mereçerlaSeñor por su misericordia me muestra, y como se la quitava de abbadessaalgunas vezes lo hago por consolaros. Y agora, lloravan sin poderse sufrirque me lo roguéys, por lo mucho os quiero dezir una muy triste revelaçión [fol. 80v] que me fue mostrada esta noche”. Y contoles la amavansusodicha revelaçión. E dezía con muchas lágrimas: “O, hermanas, mas qué buelta tan dolorosa a venido en esta casa. Solía ver yo este monesterio todo lleno de ángeles, por la sanctidad que y esta noche me pareçe veýa lo más del Infierno en ella siempre havían vistoél. Y Pienso lo causan mis peccados, y no queriendo ellas dar votos para elegir otra abbadessalos vuestros; y si de consuno, aunque el perlado se los demandava por semejantemíos y los vuestros. Enmendémonos, las maltrató con reprehensión e hirimento de paloshermanas mías, él y los frayles la que con él veníanes sobervia, en tanta manera sea humilde; y la que en algunas hizieron sangre e las caras y cavezases maliçiosa, travaje de ser buena yntençión; e puso por presidente a la religiosa que havía sido causa del perseguimiento e daños [fol. 81r] que contra esta bienabenturada se hizieronaborreze a su próximo, mandando por obediençia ámele como a las monjas la obedeçiesen por su presidentessí”. Y hecho estoestas cosas y otras muchas les dixo, de gran doctrina e lumbre, fuese el perladomostrando la gran caridad con que desseava la salvaçión de las almas.
Y pasadas todas las cosas ya dichas, tornó el perlado al monasterio muy acompañado de frayles para que él y ellos fuesen en el quitamiento de esta bienabenturada, los quales venían muy indignados por las grandes acusaçiones que les havían dicho della. Trayendo el perlado voluntad de executar en la sancta virgen la bara de su justicia −lo qual puso en obra, que, ayuntadas las monjas a capítulo donde esta bienabenturada estava, hizo su plática reprehendiéndola muy ásperamente, como si por obra huviera hecho todos los levantamientos que contra ella heran dichos−, e por mostrar que ella tenía culpa y él raçón de reprehenderla, diole una disçiplina en el hombro, sobre la ropa de la cama. Viendo las monjas la reprenhensión que el perlado le dava sin ella mereçerla, y cómo se la quitava de abbadessa, lloravan sin poderse sufrir, por lo mucho que la amavan, por la sanctidad que en ella siempre havían visto. Y no queriendo ellas dar votos para elegir otra abbadessa, aunque el perlado se los demandava por semejante, las maltrató con reprehensión e hirimento de palos, él y los frayles que con él venían, en tanta manera que en algunas hizieron sangre e[n] las caras y cavezas, e puso por presidente a la religiosa que havía sido causa del perseguimiento e daños [fol. 81r] que contra esta bienabenturada se hizieron, mandando por obediençia a las monjas la obedeçiesen por su presidente. Y hecho esto, fuese el perlado.  Y las monjas quedaron muy angustiadas e llorando, a las quales consolava la sancta virgen, diziendo: “Ruégoos, hermanas mías, que os consoléys y çesen vuestras lágrimas, que me days mucha pena en veros tan fatigadas por cosa que a mí toque. Poneos, señoras, al pie de la cruz con toda paçiençia, y padeçed lo que os viniere por amor de Jesuchristo, cuyas esposas soys, obedeçiendo a vuestros perlados en todo lo que os mandasen, no siendo cosa en que Dios sea offendido. N’os curéys de poneros en pena por mí desculpándome, que si en estas culpas no estoy caýda, podrá ser que aya hecho alguna cosa ante el acatamiento de Dios digna de reprensión. Obedeçed de buena gana e voluntad a la madre presidenta, tenedle mucho amor e reverençia, que yo nunca tanto amor le tuve como aora le tengo, y con los ojos querría haçer lo que su reverençia me mandase. En los lo que me dixistes no me olvide de rogar a Dios os consuele, yo me tengo cuydado, que más é sentido vuestras penas que las mías. Y porque veáys si no me olvido, estando un día elevada donde Dios tiene por bien de ponerme, suplicando con mucho ahínco a Nuestra Señora la Virgen María, su Su Magestad tuviese por bien de consolaros e rogar a su preçioso Hijo por vosotras, pareçiome que veýa un trono muy resplandeçiente, e adornado y enriquezido de admirable hermosura, y en él assentado a Nuestro Señor con muy gran poderío y magestad, y su gloriosa madre y Señora Nuestra assentada a su lado; y rogava por los peccadores como contino haze, y por vosotras, hijas de su amparo. E respondía el Señor a su preçiosa madre como a manera de canto, diziendo:
‘Callad, Señora, Señora ýnclita,
aunque maltratadas con gran desamor,
muy atormentadas y afligidas, según mi Pasión,
e mucho desagradeçidas, mereçiendo con el disfavor,
padesçiendo penas por amor de mí.
Las penas passadas ya hizieron fin ,
las aparejadas que an de sufrir:
creyendo ser çelo de mí.
Los que a mi casa tienen devoçión,
nunca su alma verán en perdiçión,
ni en el gran infierno Infierno de cautibaçión,
donde es llamada la perpetuydad.
Para esto Dios quiso a mí embiar,
''un y cunde y fili, un in plenam amore
pro te mia peccatore''’”.

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