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Quando unas ánimas havían acavado de purgar sus peccados mediante la sancta Passión de Nuestro Señor e ayuda de la sancta Madre Yglesia, y de todas las otras cosas que su divinal clemençia tiene otogadas para estos remedios, y por los méritos de esta bienabenturada, ýbanse estas ánimas libres de penas, y venían otras con la misma liçençia de Dios. La cantidad de las ánimas que yban y venían heran muchas, según dezía la sancta virgen. Cada vez que venían mucho número de ánimas juntas, no heran todas dellas aún libres, porque unas estavan más tiempo que otras, según tenían la neçesidad. Muchas cosas veýan manifiestamente todas las religiosas del monasterio açerca de este secreto e caridad que Nuestro Señor haçía mediante la oraçión y méritos de esta bienabenturada. Y como las ánimas viniesen tan llenas de penas y fuegos y fríos, todo muy ensufrible, e con otros muchos tormentos, luego las tomava ella e las juntava con sus dolorosos miembros, a cuya causa partiçipava en mucho grado de las penas que ellas traýan, quedándole sus miembros con [fol. 102r] con muy acreçentados y grandes dolores, y con tan reçios fuegos, que le pareçía estar ella metida en los mesmos fuegos de Purgatorio; tanto que, de neçessidad, muchas vezes le haçían ayre, e otras le ponían paños mojados en agua fría sobre sus quebradas coyunturas. Y en tiempo de calores le heran tan rezios de sufrir estos dolores y fuegos que le hazían dar muy grandes gemidos y gritos, pidiendo ayuda a la Magestad Divina para poder llevar tan ynsufribles y reçios tormentos. Y en este trabajo estava muchos días, junto sin tener alivio día ni noche ni tomando cosa con que se pudiese substener. Estando muy fatigada con estos demasiados fuegos en el mes de henero, no osando ella pedir a las religiosas algunas cosas frías, que por lo ser el tiempo se las defendían, pensando que le heran dañosas para la salud corporal, embió a llamar secretamente una religiosa de pequeña hedad, y díxole el secreto: “Ruégoos vos vays al alberca de la huerta y me trayáys un pedazo del yelo que en ella está envuelto en ''[13]'' un paño de lienzo, y no le vea nadie”. Y la religiosa, yendo con voluntad amorosa, tomó una piedra y quebró con fuerça el yelo, el qual estava grueso, ansí de ser mucha el agua como de haver muchos días y algunos que estava detenida y haver quaxado muchas noches. Y tomando un gran pedaço, envolviole en un paño, y llevole a la zelda de la sancta virgen, y díxole en secreto cómo le traýa, mas que hera tan grueso como dos dedos. Ella respondió: “Bueno es, alzá la ropa de la cama y ponedle junto a mi lado, y de aquí a un poco tened cuydado de volver acá”.
Y dende Estando muy fatigada con estos demasiados fuegos en el mes de henero, no osando ella pedir a media hora volvió. Díxole las religiosas algunas cosas frías, que por lo ser el tiempo se las defendían, pensando que le heran dañosas para la bienabenturada: “Buscadsalud corporal, amigaembió a llamar secretamente una religiosa de pequeña hedad, y díxole el secreto: “Ruégoos vos vays al alberca de la huerta y me trayáys un pedazo del yelo que en ella está envuelto en [16] un paño que truxistes de lienzo, y no le vea nadie”. Y la religiosa, yendo con voluntad amorosa, tomó una piedra y quebró con fuerça el yelo, y llevadleel qual estava grueso, ansí de ser mucha el agua como de haver muchos días y no digáys esto a nadie algunos que havemos hecho yo estava detenida y bos”haver quaxado muchas noches. Y buscándoletomando un gran pedaço, envolviole en un paño, hallole junto con las carnes y llevole a la zelda de la sancta virgen, y díxole en secreto cómo le traýa, mas que hera tan grueso como dos dedos. Y el yelo no halló, ni ninguna cosaElla respondió: “Bueno es, ni tenía mojada alzá la ropa de la camay ponedle junto a mi lado, ni la túnica que tenía vestida, ni sus carnes. El paño en que estava enbuelto el yelo estava y de aquí a un poco [¿liento?], tened cuydado de lo qual la religiosa se mucho maravilló. Y no le osó preguntar qué se havía hecho el yelovolver acá”.
Quando assí estavaY saviéndolo las religiosas dende algunos días, se lo preguntaron, leýan algunos ratos y la bienabenturada [fol. 102v] les respondió que él se havía gastado y se gastará otro que fuera mayor en su çelda −porque los grandes fuegos que las ánimas tenían, de los quales ella partiçipaba teniéndolas sobre sus miembros e coyunturas; y ellas, y ella juntamente, de lo tenía dicho para esfuerzo sano penavan. E ansí como las ánimas traýan pena de crueles fuegos, ansí otras vezes traýan de sus travajos− liçión spiritual frío muy insufrible, y le davan tanta fatiga y travaxo de padesçerlo como en la Passión de Nuestro Redemptor Jesuchristopena del calor. Y quando ya sus travajos se Porque ninguna cosa le aliviavandava calor ni descanso, aunque quedava muy enflaquezidaacaeszía tenerle puesto alrededor de su cuerpo tres o quatro cosas, permitía Nuestro Señor se elevase para dalle consolaçión y mostrarle el fruto llenas de sus doloresbrasas muy ençendidas. Y supieron esto con los demasiados fríos que las religiosasánimas partiçipaban, a causa quele creçían todos sus dolores en mucho grado, tornando ella y le causaron enfermedad en sus sentidos, traýa gran hermosura las hijadas y alegríaestómago, que pareçiera no haver padesçido ningún mal. Y inportunándola les dixese de qué tornava tan alegremuy creçidos dolores, díxoles con mucho amor e agradeçimiento [foly en toda la oquedad de su cuerpo. 103r] de lo Y tanto hera el trabajo y dolores que por ella hazían: “Señoraspadeçía, no podría yo dezir con mi lengua las grandes virtudes que la Magestad Divina resçiviódava dolorosos gritos e gemidos. Y estos travajos y tormentos acesçía algunas vezes durarle un mes, por las quales se muda mi rostro y esfuerça mi gran flaqueza para vivir otras vezes quinze días, y padesçer otra vez más y vezes los dolores que menos, según hera la voluntad de Dios me mandase. Mi alegría es Tenía ansimismo muy gran dolor de caveza, que en le durava el secreto dolor sin ningún alivio algunas vezes seys y gloria me fueron mostradas aquellas ánimas, que yo vi muy atormentadassiete días, e otras veçes más y padesçer conmigo, las quales havía muchos años que padesçían en penasmenos, según hera la voluntad de Dios y tantos que algunas la neçessidad de ellas las ánimas por quien padesçía havía quinientos añosmenester. Y quando este dolor tenía, e otras tresçientosno hablava palabra, e otras menos; y todas heran tan solas que porque el dolor no havían quién dellas se acordase para les hazer bienla dexava, ni comía ninguna cosa, sino el que la sancta Madre Yglesia haze en general por todos los difuntoshera de vever un poco de agua. Y viendo yo estas ánimas en la gloria y descanso que Diosassí como ponía los guijarros sobre los miembros de su persona e junto a su lado, por su misericordiasemejante hazía que se los pusiesen sobre las almoadas, les junto a querido dar mediante su sancta Passión, es tan grande el alegría y gozo espiritual que mi ánima resçive que no lo podría comparar”dolorosa caveza.
Estando Quando esta bienabenturada confesando en su camaquería que la llevasen al coro o a otra parte de la casa, el confesor mirando hazia ella vido uno de aquestos guijarros hazia quando las almoadas de su cavezera. Y muy maravillado de ver tal cosa religiosas la sentavan en cama el lugar donde havía de persona tan dolorosa y tullidaestar, poniéndole bien la ropa que llevava bestida, topavan con piadad porque los guijarros que llevava pegados a sus coyunturas, los quales no se hiriesehavían visto hasta entonçes, tomole y arroxole en el fuegobien asidos, unos devajo de las corbas y otros de manera que dio un gran golpe con éllos pies. Y la sancta virgenEllas, en su secreto, huvo gran pesar muy maravilladas de lo que ver el padre hizo. Y después que fue ydomilagro, llamó ella probavan a una religiosaquitarlos, y dixo: “Dadme ese guijarro que arrojó el padrenunca podían despegarlos, que tan angustiada he estado por el golpe que con él dio que no he savido lo que he confesado”aunque ponían fuerça. La religiosa le dixo: “No tengasancta virgen, señorasocorriéndose, pena, que no se les daña nada a las ánimas”. La bienabenturada le respondió, diziendodezía: “Porque [fol. 103v] os guardéys vos de hazer otro tanto“Dexadlas estar donde Dios les dio liçençia que estuviesen, saved que quando el padre las arrojó, gimieron las con su poder están esas ánimasque aý haçen”. Y esto se vido muchas vezes de la más parte del convento, diziendo: ‘¡Ay dolor, estos son los benefiçios e sacrifiçios que algunas de los saçerdotes resçivimos!’”todo.
E aunque a las ánimas les fuese consolaçión mudarlas en las yerbas y flores, no por eso dexava Y mirando la bienabenturada de padesçer tantos dolores y tormentos para ayudarlas como antes. Y aún mássancta virgen que otras vezes podría acaeszer lo mesmo, según buscava con su gran neçessidad pensamiento cómo lo havía menesterpudiese mudar. Y viendo y saviendo cómo las ánimas se consolavan de que vido a su sancto ángel, contole su pena, diziendo: “Señor, querría suplicar a Nuestro Señor, su poderosa Magestad, quisiese mudar esto de estos guijarros en estar otra cosa en las flores y yerbas, rogava ella a las religiosas que tuviesen cuydado de traer las rosas y flores frescasánimas pudiesen estar, y ponerlas en los jarros. Y haçiéndolo ellas como se lo encomendava, cuando traýan por evitar algunas flores frescas olían las ocasiones que de antes estavan puestascon estas piedras se pueden recreçer”. Y paresçiéndoles tener muy más subido y lindo olor El sancto ángel le respondió: “Bien será que quando las havían puestolo ruegues, rogavan y yo te ayudaré a suplicar te sea conçedida la sancta virgen les dixese qué hera la causagraçia”. E ella les respondió, diziendo: “Todos los secretos queréys saber, por qué y cómo Y rogándolo entrambos se hazen y son las cosas. Porque hazéys lo que os tengo rogado, y os otorgó Dios lo dixe, trocase ella en cada una de estas flores ay muchos ángeles, los quales fueron [follo que más consolada fuese. 104r] guardadores de estas ánimas quando vivían en sus cuerpos. Nunca las dexan ni desamparan hasta En manera que, salidas de penasaý adelante siempre tenía unas jarras con rosas e flores o yerbas frescas, según con el año las llevan a la gloriahabía, y las preguntan ante la Magestad jarras heran de Dios. Agora vienen aquí a visitarlasvidro, y por darles consolaçión tañen ynstrumentos de diversas maneras y cantan muy dulzementeo como las podía haver. Ellas también cantan con ellos. Traen los sanctos ángeles Y teniéndolas consigo muy suave olor, a su lado y permite Nuestro Señor que se pegue a estas flores algún poquito par de lo mucho que ellos en sí tienensus almoadas, porque por la voluntad de Dios todas las ánimas que se pasaron en estas flores ellas y verduras están, sean consoladas”. Dixeron se asentaron sobre las religiosas a la bienabenturada: “También será ella consolada con tal música yerbas y cantos tan dulçes”. Respondió: “Sí soyflores. Y muchas vezes cantamos todos juntos, y me consuelo de que veo a ansí mismo lo haçían las ánimas que se les van aliviando las penas y están assentadas en estas floresnuevamente venían, y verdes flores y yerbas, en figura de paxaritos de diversas maneras, cantando y loando dezían a la sancta virgen: “Mucha consolaçión havemos resçivido con esta estanzia que Diosnos a dado, que las crió y redimió, y dándole graçias porque como los guijarros sean tan duros e espesos no las condenó por sus peccados, y porque les dio lugar limitado de penitençia donde pagasen sus culpas. De que yo las veo nos consolava más en estar en este estado, resçive mi ánima gran consolaçión, porque primero que a él vienen, an padesçido muy grandes penas, e yo, peccadora, muchos dolores”ellos”.
Preguntada esta sancta virgen E aunque a las ánimas les fuese consolaçión mudarlas en las yerbas y flores, no por eso dexava la bienabenturada de padesçer tantos dolores y tormentos para ayudarlas como antes. Y aún más, según su gran neçessidad lo havía menester. Y viendo y saviendo cómo las ánimas se consolavan en estar en las flores y yerbas, rogava ella a las religiosas si que tuviesen cuydado de traer las rosas y flores frescas, y ponerlas en los jarros. Y haçiéndolo ellas como se lo encomendava, cuando traýan algunas flores frescas olían las ánimas que nuevamente venían de voluntad de Dios para ser della ayudadasantes estavan puestas. Y paresçiéndoles tener muy más subido y lindo olor que quando las havían puesto, si venían feas o rogavan a la sancta virgen les dixese qué figuras traýanhera la causa. E ella les respondió, respondiódiziendo: “Çierto“Todos los secretos queréys saber, no vienen hermosaspor qué y cómo se hazen y son las cosas. Porque hazéys lo que os tengo rogado, y os lo dixe, en cada una de estas flores ay muchos ángeles, los quales fueron [fol. 104r] guardadores de estas ánimas quando vivían en sus cuerpos. Nunca las dexan ni blancasdesamparan hasta que, salidas de penas, ni traen buenos oloreslas llevan a la gloria, que más y las preguntan ante la Magestad de Dios. Agora vienen para dar temor aquí a visitarlas, y espanto que no por darles consolaçión. La semejanza dellas es de mucha diversidad tañen ynstrumentos de diversas manerasy cantan muy dulzemente. Ellas también cantan con ellos. Traen los sanctos ángeles consigo muy suave olor, según la calidad y permite Nuestro Señor que se pegue a estas flores algún poquito de los peccados lo mucho que ellos en sí tienen, por que las ánimas que an caýdo. Mas en estas cosas no se pueden explicar, ni menos conviene dezirlas”flores y verduras están sean consoladas”. Preguntada de qué calidad heran Dixeron las ánimas por quien rogava religiosas a la bienabenturada: “También será ella consolada con tal música y padesçíacantos tan dulçes”. Respondió: “Sí soy. Y muchas vezes cantamos todos juntos, respondió y me consuelo de que heran veo a las ánimas que havían muerto muertes desastradasse les van aliviando las penas y están assentadas en estas flores, y por justiçiaverdes flores y yerbas, en figura de paxaritos de diversas maneras, cantando y en batallasloando a Dios, que las crió y en la marredimió, y dándole graçias porque no las que más desamparadas estavan de quien les hiziese biencondenó por sus peccados, y ánimas porque les dio lugar limitado de penitençia donde pagasen sus amigos y enemigosculpas. De que yo las veo en este estado resçive mi ánima gran consolaçión, porque primero que a él vienen an padesçido muy grandes penas, e yo, y de religiosos y seglarespeccadora, según hera la voluntad de Diosmuchos dolores”.
Estando Preguntada esta bienabenturada un día sancta virgen de verano a la puerta las religiosas si las ánimas que nuevamente venían de voluntad de su çeldaDios para ser della ayudadas, si venían feas o qué figuras traýan, hechada en una camilla rodeada respondió: “Çierto, no vienen hermosas, ni blancas, ni traen buenos olores, que más vienen para dar temor y espanto que no consolaçión. La semejanza dellas es de jarras muy llenas mucha diversidad de albaaca muy fresca y creçidamaneras, cantando según la ''magníficat''calidad de los peccados que an caýdo. Mas estas cosas no se pueden explicar, oyéronla ni menos conviene dezirlas”. Preguntada de qué calidad heran las religiosas ánimas por quien rogava y fueron a verla e a oýrla con mucha alegría. Y proçediendo ella en su [fol. 104v] cantopadesçía, quando acavava la ''manifica'' respondió que heran ánimas que dixo: “''Gloria Patri''”havían muerto muertes desastradas y por justiçia, abaxáronse las ramas del albahacay en batallas y en la mar, tanto que también se abaxavan y las jarras en que más desamparadas estavan. Y estavan ansí abajadas hasta que acavava la gloriade quien les hiziese bien, y ánimas de sus amigos y enemigos, y luego se alçavan muy despaçio. Viéndolo las religiosasde religiosos y seglares, dieron muchas graçias a según hera la voluntad de Dios por tan gran maravilla como sus ojos veýan.
Entonçes, díxoles Estando esta bienabenturada un día de verano a la sancta virgen: “¿Para qué entrastis aquípuerta de su çelda, hermanashechada en una camilla rodeada de jarras muy llenas de albaaca muy fresca y creçida, que estávamos cantando yo la ''magnificat'', oyéronla las religiosas y mis compañeras, yo fueron a verla e a oýrla con mucha alegría. Y proçediendo ella en esta cama y ellas entre las yerbas verdes?”su [fol. Ymportunada 104v] canto, quando acavava la ''manifica'' que tornase a cantar Gloria Patri, dixo: “Podrá ser no querrán delante de vosotras tornar a hazer la benia”. Y ansí como empezó a dezir “''Gloria Patri''”, se abajaron abaxáronse las ramas del albaaca e albahaca, tanto que también se abaxavan las jarras con ellas, como la primera vezen que estavan. Y esto fue hecho todas las vezes estavan ansí abajadas hasta que lo tornava a deçir, lo qual fue causa de mucha admiraçión a todas las religiosas. E acavava la sancta virgen les dixo con gesto alegre: “Plázeme, amigas, aya el Señor querido ayáys visto esto, porque veáys por espiriençia que esto que está entre estas verduras son ánimas cristianas, y obedientes a su Dios, y creyentes en su sancta fee cathólicagloria, pues hazen humiliaçión y reverençia quando luego se nombra la alçavan muy alta Trinidaddespaçio. Y no es esta la primera vez que estas cathólicas ánimas reverençian Viéndolo las religiosas, dieron muchas graçias a su Dios y criador estando en estas yerbas por tan gran maravilla como havéys visto; mas otras muchas vezes lo han hecho por dar plazer a esta bienabenturada”sus ojos veýan.
Trúxole una religiosa un gran pie de albahacaEntonçes, díxoles la sancta virgen: “¿Para qué entrastis aquí, hermanas, el qual venía granado que estávamos cantando yo y no abiertas las flores. Ellamis compañeras, viéndole, mandole poner yo en una jarra de esta cama y ellas entre las yerbas verdes?”. Ymportunada que ella tenía para aquello. Otro díatornase a cantar ''Gloria Patri'', trayendo otra rama más fresca, sin dezirle ninguna cosa, quitaron aquella mata grande y hecháronla dixo: “Podrá ser no querrán delante de vosotras tornar a un rincón de hazer la mesma çelda, y pusieron la frescabenia”. Y dende ansí como empezó a dos díasdezir ''Gloria Patri'', pidió la jarra que tenía el gran pie de albahacase abajaron las ramas del albaaca e jarras con ellas, que como tenía muchas, unas tomava una la primera vez, y otras otras. Y trayéndosela, conoçió esto fue hecho todas las vezes que no hera aquella el albahaca que ella havía mandado poner allílo tornava a deçir, y pidió que se lo diesenqual fue causa de mucha admiraçión a todas las religiosas. Díxole una religiosaE la sancta virgen les dixo con gesto alegre: “Ya está seca”. Ella“Plázeme, pidiendo que se la traxesenamigas, aunque estuviese como dezíanaya el Señor querido ayáys visto esto, y traýdaporque veáys por espiriençia que esto que está entre estas verduras son ánimas cristianas, mandó quitar la fresca y poner aquella, diziéndo: “Sé que poderoso es obedientes a su Dios, y las virtudes de mis ánimas bendita, y para tornar esta albahaca creyentes en su berdor y frescor”. Y mandó que le pusiesen aquella jarra ençima de sus miembrossancta fee cathólica, pues hazen humiliaçión y túvola un gran ratoreverençia quando se nombra la muy alta Trinidad. Y antes [fol. 105r] no es esta la primera vez que se la quitasen, ya empeçava aquella rama estas cathólicas ánimas reverençian a tener un poco de vigor, su Dios y continuándola a a tomar más a menudo que las criador estando en estas yerbas como havéys visto; mas otras jarras, muchas vezes lo han hecho por dar plazer a cavo de dos días estava tan berde como si entonzes se huviera cortado de donde estava nasçido, y abrieron las floreçitas, y ansí estuvo por artos días, sin perder su verdor ni oloresta bienabenturada”.
“Y ”Y los sanctos le dieron muchas graçias, y suplicaron a su preçiosa madre, que a su lado estava, quisiese yr con ellos, la qual se volvió hazia Nuestro Señor Dios, y le dixo: “Hijo mío muy amado, estas sanctas benditas me ruegan vaya con ellos a Purgatorio. Si me dáys, hijo mío, liçençia, yré de buena voluntad”. Y Nuestro Señor le respondió: “Madre mía, si vos queréys, yd en buena ora, que ellos ganarán en llamaros, que solos vuestros mereçimientos son bastantes para robar todo el Purgatorio y traerle con vos a los Çielos”. Y luego la muy poderosa Reyna del Çielo, puesta en muy grande trono, y estos gloriosos sanctos con ella, y muchos millares de ángeles de la hierarchía elegida para su poderosa guarda, y mandó llevar muchas trompetas e atabales, e otros muchos ynstrumentos de dulze melodía. Y ansí desçendieron al lugar del Purgatorio, y dende camnino pasaron por donde yo estava.
“Y ”Y díxome la muy piadosa madre de Dios, mirándome con sus ojos de misericordia: ‘Anda acá, amiga, vete con [fol. 106v] nosotros’. E yo holgué mucho de oýrlo, y tomándome de la mano mi sancto ángel, fuymos todos. Y a la entrada de Purgatorio, mandó su Real Magestad tocar todos los ynstrumentos, lo qual hera muy admirable cosa de oýr, porque por que las ánimas sintiesen el socorro que les yba, y se esforçasen con el sonido de las trompetas, y con la melodía de la dulze música se consolasen. Y entrando con este gran poder, los demonios empezaron a aparejarse como de guerra, con muchos tiros y armas, haziendo muy grande ruydo, y poniendo las ánimas en gran cobro, dando muy grandes alaridos. Nuestra Señora mandó empezar la pelea, y que no çesasen de tañer. Y Su Magestad los estava mirando, y los sanctos y sanctas susodichas con ella, y los Ángeles de su reguarda, unos tañendo, e otros con espadas muy luçidas peleavan muy reziamente con los demonios. Pareçíame que los ángeles con las espadas partían los demonios por medio, e caýan en el suelo. Y de verlos yo assí caýdos y partidos por medio havía yo muy gran plazer.
“Y ”Y mientras que estos ángeles peleavan con los demonios, otros ángeles yban a los lugares donde estavan penando las ánimas, y traýan muchos brazados dellas, y poníanlas delante de Nuestra Señora, y volvían por más. Y otras venían huyendo adonde estava Nuestra Señora, y ellas las resçivía con ymmensa caridad, hablándoles palabra con mucho amor, y caridad y piedad. Y ansí llegaron alrededor de Nuestra Señora trezientas mill ánimas. Y conoçiendo la Reyna del Çielo que hera cumplida la voluntad de Dios para no salir ya más ánimas por entonzes, mandó çesar la pelea, y a los sanctos ángeles que tomasen las ánimas. Y ansí salimos del lugar del Purgatorio con muy grande alegría.
“Nuestra ”Nuestra Señora mandó venir ante sí los ángeles guardadores de aquellas ánimas, e dixo a los ángeles: ‘Benditos, tomad cada uno de vosotros el ánima de estas que tuvistes a cargo y [¿revaldas?] levaldas a Jerusalem, y tenedlas esta Semana Sancta en aquellos preçiosos lugares. Y las que estuvieren para yr al Çielo, yo terné cyudado dellas que no estuvieren. Para ello, llévamelas a Paraýso terrenal, que , con los méritos de la Passión de mi preçioso hijo, y mis ruegos e los de estos benditos sanctos que conmigo están. Ellas , ellas subirán al Çielo para la asçensión del poderoso Dios’. Y Nuestra Señora, con toda su hueste, se subieron a los Çielos, e las ánimas lleváranlas los sanctos ángeles a Jerusalem, e a mí, peccadora, tornáronme a este cuerpo apadesçido dolores por mis peccadospeccados”. [fol. 107r]
→Capítulo XXI
===Capítulo XXI===
'''De la gran caridad con que esta bienabenturada rogó al Senor por la salvaçión de la religiosa que havía sido causa de su persiguimiendopersiguimiento, a la qual tenía por abbadesa'''
Como esta bienabenturada rogó al Señor con mucho fervor su Divina [fol. 98v] Magestad quisiese dar aquella religiosa que havía sido causa de sus travajos, que entonzes hera su perlada, conoçimiento de sus peccados con grande arrepentimiento y dolor por los haver hecho, y fue tan grande este arrepentimiento que mereçiese salvarse, y que assí como su gran misericordia quiso convertir y convirtió a Sant Pablo sin que él solo pidiese, ni se lo rogase, assí suplicava esta bienabenturada, dixo ella mesma a Nuestro Señor, conviertese a esta su madre y hermana, aunque ella no se lo pidiese ni rogase; ni que ella no se consolaría ni alegraría si esta virtud no le otorgase su Divina Magestad.
Y haziendo esta oraçión con tanto ferbor y caridad, le otorgó Nuestro Señor su petiçión, haziendo milagro tan público y manifiesto que en muy breves días mudó el corazón, hiriéndola con enfermedad y temor de su justiçia, y herida del mal de la muerte. Y temerosa del poderoso juyzio de Dios, antes que se fuese a la enfermería adonde havía de ser curada, fue a la zelda de la sancta virgen. Díxole llorando: “Señora mía, yo me siento muy mala. Suplícole, por amor de Dios, ruegue por mí a Nuestro Señor con mucho cuydado que me dé salud, si fuere servido, y conocimiento de mis peccados e conformidad con los que quisiere hazer de mí ser”mí”. La Esta bienabenturada le respondió con lágrimas de sus ojos, diziendo: “Señora, madre mía, esfuérçese por la caridad, y tenga paçiençia con la enfermedad, que yo rogaré por ella con muy gran cuydado a Nuestro Señor por su salud y consolaçión espiritual”.
E oýda el abbadesa la respuesta de la bienabenturada, se fue con acreçentamiento de contriçión y de amor con la sancta virgen. E creçiéndole mucho la enfermedad, la qual hera dolor de costado, mandó que llamasen al vicario del monasterio, e confesó con mucha devoçión y contriçión de sus peccados. E trayéndole el Sanctíssimo Sacramento para le resçivir, ansí como le vido venir, hiriéndose en sus pechos con muy gran clamor y lágrimas, se confesava por muy gran peccadora. Y rogó a las monjas la perdonasen los agravios y sinrazones que les havía hecho y a su causa havían resçivido. Y diziendo su culpa a Dios y a las religiosas, comulgó con muy gran devoçión.
Y después que huvo comulgado el abadesa, rogó la sancta virgen [fol. 99r] e las religiosas que la llevasen a verla. Y llevada, la habló con grande amor y caridad y compasión, diziéndole las palabras de mucho esfuerço. Y el abadesa se consoló, e le alegró en grande manera con su vista, y entre otras cosas que le dixo, le rogó que le dixese que se havía de morir de aquella enfermedad. La bienabenturada le respondió: “Hasta ahora, madre mía, no le me lo a mostrado Nuestro Señor, mas aparéxese vuestra reverençia a lo que quisiere hazer Su Magestad della”. Y tornola a ymportunar con mucho aýnco lo procurase de saver, y saviéndolo se lo embiase a dezir, diziendo que ya hera tiempo de aparexo, que ella lo entendería porque se lo embiaba a dezir. La sancta virgen la respondió: “Yo, señora, trabajaré en ello, e lo suplicaré a Nuestro Señor con mucho afeto plegue a Él de me lo mostrar; que de : quede así, que si yo le embiare a dezir que es tiempo se apareje, que crea que ay neçessidad dello”.
Y la bienabenturada se tornó muy triste a su çelda, quan peligrosa estava la enferma, y con mucho cuydado de rogar por ella, y recaudó aquella noche maytines con dos monjas que la acompañavan. Alzó los ojos en alto, e dexó de rezar por algún espacio, e assí estuvo en silençio sin hablar; e tornando en sí, dixo con lágrimas e mucho sentimiento: “Ay, qué dolor tan grande y de sentir mucho”. Las monjas que estavan con ella, ymportunándola, les dixo por qué llorava con tanto sentimiento. Respondioles: “Ay, amigas mías, pienso, según lo que agora he visto, que Nuestro Señor nos quiere llevar a nuestra madre, el abadesa”. Las monjas le dixeron: “¿Eso es, señora, la causa de su llanto e angustia? Haga el Señor d’ ella e de nosotras su sancta voluntad”.
Entonzes, la sancta virgen llamó a una religiosa en secreto, y díxole: “Amiga, yd a la madre abadesa, y encomendádmela mucho, y deçilde de mi parte que yo he tenido mucho cuydado de rogar al Señor por ella, y que ya es tiempo que se apareje”. E la enferma, entendiendo lo que le embiava a dezir, hizo en sí una gran mudanza, a manera de mucho sentimiento, y con mucho esfuerço se tornó a confesar, e resçivió el Sancto Sacramento con mucha devoçión, e renunçió el cargo y todas las cosas que poseýa, e según religiosa pobre, pidió por amor de Dios el ábito e cuerda de sepultura a las religiosas. E resçiviendo [fol. 99v] la estrema unçión muy católicamente, espiró.
Quando le hera mostrado a esta sancta virgen, por la voluntad de Dios, algo de las penas que las ánimas por sus peccados padesçen, si le fuera dada liçençia de Dios ella tomara las penas sobre sí, porque ellas tuvieran descanso, aunque son muy insufribles; lo qual hiço esta bienabenturada muchas veçes, dándole Dios para ello liçençia y esfuerço caudoso. Que suplicándole ella a Nuestro Señor huviese piedad de las ánimas que ella havía visto en tan grande pena y tormentos, y le hiçiese a ella tan gran virtud que pudiese ayudarles a padesçer sus penas −aunque fuese acreçentándole a ella sus dolores, aunque los tenía muy grandes y a su pareçer ynsufribles−, todo lo padesçería por la consolaçión y quitamiento de penas de las ánimas de Purgatorio; y si para otorgarle su Divina Magestad esta virtud le quiere dar nuevas enfermedades, que con su graçia e ayuda estava aparejada para todo.
Y continuando esta bienabenturada en su oraçión, e ayudándole a rogar su sancto ángel, fuele otorgada su petiçión de caridad exerçitada en los próximos, vivos e difuntos; la qual ella exerçitó muy enteramente todos los días de su vida. Y exerçitando esta caridad con las ánimas, le acaesçió una cosa por donde se le descubrió un secreto açerca de las ánimas de Purgatorio. Y fue en esta manera: que teniendo esta sancta virgen a causa de sus enfermedades los miembros fríos, pareçiole a ella que unos guijarros calientes entre la ropa de su cama le darían algún refrigerio en aquella neçessidad que tenía. Rogó que se los buscasen, si los havía en el monasterio; y haviendo traýdo para una obra que haçían en la casa una carretada dellos, muchos tiempos antes de sus enfermedades, y de estos guijarros havía algunos por la casa, y buscándolos a su pedimiento, hallaron uno muy grande a una puerta de una cueva, con el [fol. 100r] qual havían molido muchas vezes pez. Y llevándole a esta bienabenturada, dixo que hera muy bueno, y mandó allí en su presençia le calentasen en un brasero de lumbre. De que fue empeçado a calentar y calentado, empeçó a oýr unos muy dolorosos gemidos, formando manera de palabras, en las quales deçía: “Ay, crueldad tan grande, ay”. Esto no lo oýa ninguna de las monjas que allí estavan, sino la sancta virgen, que dende su cama lo mirava e oýa, e le pareçía ser ánima de Purgatorio. Y mirando con su entendimiento de dónde salían aquellos gemidos e palabras, sintió salían del guixarro que a la lumbre estava. Y no diçiendo por entonçes la causa de ello, mandó aprisa no le calentasen más, y le quitasen luego, y enbuelto en un paño se le pusiesen sobre sus manos. Y de que le tuvo allí, le dixo en silençio: “Ánima, yo te ruego me perdones la pena que he sido causa resçivas. E dime, ¿cómo as venido a estar aquí?”. El ánima le respondió: “Ruégote no mandes calentar más este guijarro, donde estoy por mandato de Dios, que si quisieres calor yo se te le daré, y también frío. Y a lo que preguntas, cómo estoy aquí, ya te he dicho que es voluntad de Dios. Mas primero que a este monasterio me truxesen, estava en un río que se llamava Xó, e las bestias con sus pies me sacaron d’él, e los hombres peccadores me truxeron a esta casa”.
La bienabenturada le dixo: “¿En guijarros y en piedras están y penan ánimas?”. Respondiole: “Sí, que muchas están en piedras y en guijarros. Y en aquel río adonde yo estava, havía gran número de ánimas metidas en guijarros, y ellas y yo á muchos años que estamos allí”. Díxole la sancta virgen: “Ruégote, amiga, me digas tu neçessidad y me pidas el ayuda que quisieres”. El ánima le respondió lo que Dios le dio liçençia.
E de que la bienabenturada vido a su sancto ángel, díxole: “Señor, muy [fol. 100v] maravillada estoy de una cosa: que he savido que las ánimas penan en guijarros y en piedras, y en cosas semejantes”. E diziéndole en qué manera lo havía savido, díxole el sancto ángel: “¿De eso te maravillas, criatura de Dios? Bien puedes crer que muchas son las que de esa manera padesçen y penan, porque Nuestro Señor les diputó por hospital cada piedra e lugar donde las ánimas están por voluntad del mesmo Dios. Una cosa te hago saber, que , después que el poderoso Dios te otorgó que pudieses ayudar a pagar a las ánimas de Purgatorio lo que por sus culpas y peccados mereçen, heres estableçida y hecha por la voluntad de Dios hospital de las ánimas que tienen penas; y esto se entiende las que su sancta voluntad quisiere y diere liçençia, o quien yo y tú pidiéremos a su poderosa misericordia. Porque ansí como el hospital se haçe para los pobres e neçessitados, e día y noche resçiven, así tu resçivirás día y noche las ánimas que Dios, por su voluntad, te embiare para que las ayudes e alibies sus travajos con los tuyos. E mira que acaeçe ban los pobres al hospital, unos con sed, otros con ambre, y otros con demasiada calor, e otros con demasiado frío, e otros con muchos géneros de neçessidades causados por las diversas enfermedades que consigo traen. Ansí te digo, criatura de Dios, bendrán a ti muchas ánimas con demasiados calores de fuegos, y fríos entolerables, y con otras diversas penas que por sus peccados mereçen. Y tú, hospital por la voluntad de Dios y por tu consentimiento, las resçivirás con mucha caridad, y los aposentarás sobre tus miembros y coyunturas muy dolorosas y desconconyuntadas de las neçessidades que traen, y ellas serán allí recreadas y consoladas de las neçessidades que traen, en la cantidad y manera que fuere la voluntad de Dios. Y tú, sierba suya, esfuérçate en la paçiençia y [fol. 101r] caridad, que mucho as de partiçipar y sentir las penas de estas ánimas. E sávete estás tan sujeta por la voluntad de Dios a padesçer por las ánimasque, que aunque agora te faltase la caridad para padesçer esto de grado, por fuerça lo padeçerías, porque ansí lo quiere el Señor Dios, pues tú lo pediste con tanto afinco”. Respondió la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, muy gran virtud me a hecho vuestra gran hermosura con su habla e aviso. Yo me tengo por dichosa de cumplir la voluntad de Dios, y supplico a vuestra señoría le ruegue me dé graçia para ello”.
Y de aý adelante rogava a las religiosas le traxesen los guijarros que por el monasterio hallasen, y ellas con mucho cuydado lo haçían, aunque no savían para qué hera. E quando alguno le traýan, mandavan que se le pusiesen en la cama, y teniéndole allí, conoçía si tenía dentro algunas ánimas. E las más tenían una y muchas, y las que no tenían ninguna mandávalos sacar de su çelda. Y no contenta ni satisfecha su caridad con los que en el monasterio estavan, rogó que le hiziesen traer algunas de un río que ella señaló, del qual truxeron muchos. Y todos venían con muchas ánimas de dentro de sí, de manera que siempre tenían en el hospital de sus caridosos miembros bastamiento de ánimas, e por la voluntad de Dios, y con su poder, siempre venían ánimas, y vinieron a esta sancta virgen hasta en fin de sus días a ser ayudadas por su oraçión y méritos. Quando ella las vía venir, dezíales que tomasen por lugar en que estuviesen los guijarros, donde estavan las otras que antes que ellas havían venido por la voluntad de Dios. Y aunque en cada una de aquellas piedras estavan muchas ánimas, cada una tenía la pena en sí propia que por sus peccados mereçía, diferentes unas de otras.
Y como esta bienabenturada no tenía manos con que poner sobre sus miembros las piedras de neçessidad, preguntándoselo las religiosas, les descubrió el secreto, e les rogó que todas las vezes que ellas los pidiese se los diesen [fol. 101v] e pusiesen donde ella les dixese. Las religiosas, mucho maravilladas de saver tal secreto, le dixeron que lo harían de voluntad. Y dende entonzes, empezó esta bienabenturada a poner sobre su persona y miembros aquellas piedras, e por su desseo y voluntad, ayudarles a padesçer sus penas, offreçiendo sus dolores y pidiendo a Nuestro Señor se le acrecentasen, porque aquellas ánimas, que consigo tenía, fuesen recreadas y alibiadas sus penas; , y por su piadosa misericordia y sancta Passión fuesen libres de todas ellas. Aunque havían sido peccadoras, hera mayor su piedad para las perdonar y haçer virtudes, y que allí estava su cuerpo doloroso y tullido para pagar por ellos lo que su Divina Magestad mandase.
Y puniéndose esta sancta virgen estas piedras alrededor de su cuerpo y miembros, sentían mucha consolaçión e alibiamiento de penas las ánimas que dentro dellas estavan. Y acaesçía elevarse, y esto muy contino, teniendo contino mucha de esta compañía. Y aunque los guijarros heran grandes, y sus miembros muy delicados, no se los osaban quitar las monjas hasta que Nuestro Señor la volvía en sus sentidos. Hera muy grande admiraçión y causa de mucha devoçión verla estar ansí de esta manera.
Quando unas ánimas havían acavado de purgar sus peccados mediante la sancta Passión de Nuestro Señor e ayuda de la sancta Madre Yglesia, y de todas las otras cosas que su divinal clemençia tiene otogadas para estos remedios y por los méritos de esta bienabenturada, ýbanse estas ánimas libres de penas, y venían otras con la misma liçençia de Dios. La cantidad de las ánimas que yban y venían heran muchas, según dezía la sancta virgen. Cada vez que venían mucho número de ánimas juntas, no heran todas dellas aún libres, porque unas estavan más tiempo que otras, según tenían la neçesidad. Muchas cosas veýan manifiestamente todas las religiosas del monasterio açerca de este secreto e caridad que Nuestro Señor haçía mediante la oraçión y méritos de esta bienabenturada.
Y saviéndolo las religiosas dende algunos díasa media hora volvió. Díxole la bienabenturada: “Buscad, se lo preguntaronamiga, y la bienabenturada [fol. 102v] les respondió el paño que él se havía gastado y se gastará otro que fuera mayor en los grandes fuegos que las ánimas teníantruxistes con el yelo, de los quales ella partiçipaba teniéndolas sobre sus miembros e coyunturas; y ellasllevadle, y ella juntamente, de lo sano penavan. E ansí como las ánimas traýan pena de crueles fuegos, ansí otras vezes traýan de frío muy insufrible, no digáys esto a nadie que havemos hecho yo y le davan tanta fatiga y travaxo de padesçerlo, como en la pena del calorbos”. Porque ninguna cosa le dava calor ni descansoY buscándole, aunque acaeszía tenerle puesto alrededor de su cuerpo tres o quatro cosas, llenas de brasas muy ençendidas. Y hallole junto con los demasiados fríos que las ánimas partiçipaban, le creçían todos sus dolores en mucho grado, y le causaron enfermedad en las hijadas y estómago, carnes de muy creçidos dolores, y en toda la oquedad de su cuerposancta virgen. Y tanto hera el trabajo y dolores que padeçíayelo no halló, que dava dolorosos gritos e gemidos. Y estos travajos y tormentos acesçía algunas vezes durarle un mesni ninguna cosa, y otras vezes quinze días, y más y menos, según hera ni tenía mojada la voluntad ropa de Dios. Tenía ansimismo muy gran dolor de cavezala cama, ni la túnica que le durava el dolor sin ningún alivio algunas vezes seys y siete díastenía vestida, e otras veçes más y menos, según hera la voluntad de Dios y la neçessidad de las ánimas por quien padesçía havía menesterni sus carnes. Y quando este dolor tenía, no hablava palabra, porque El paño en que estava enbuelto el dolor no la dexava, ni comía ninguna cosa, sino hera de vever yelo estava un poco liento, de agualo qual la religiosa se mucho maravilló. Y assí como ponía los guijarros sobre los miembros de su persona e junto a su lado, por semejante hazía que no le osó preguntar qué se los pusiesen sobre las almoadas, junto a su dolorosa cavezahavía hecho el yelo.
Quando esta bienabenturada quería que assí estava, leýan algunos ratos en su çelda −porque ella lo tenía dicho para esfuerzo de sus travajos− liçión spiritual y en la llevasen al coro o a otra parte Passión de la casaNuestro Redemptor Jesuchristo. Y quando ya sus travajos se le aliviavan, aunque quedava muy enflaquezida, quando permitía Nuestro Señor se elevase para dalle consolaçión y mostrarle el fruto de sus dolores. Y supieron esto las religiosas la sentavan , a causa que, tornando ella en el lugar donde havía sus sentidos, traýa gran hermosura y alegría, que pareçiera no haver padesçido ningún mal. Y inportunándola les dixese de estarqué tornava tan alegre, poniéndole bien la ropa díxoles con mucho amor e agradeçimiento [fol. 103r] de lo que llevava bestidapor ella hazían: “Señoras, topavan no podría yo dezir con los guijarros mi lengua las grandes virtudes que llevava pegados a sus coyunturasla Magestad Divina resçivió, los por las quales no havían visto hasta entonçes, se muda mi rostro y esfuerça mi gran flaqueza para vivir y bien asidos, unos devajo de las corbas padesçer otra vez y otros de vezes los piesdolores que Dios me mandase. EllasMi alegría es que en el secreto y gloria me fueron mostradas aquellas ánimas, que yo vi muy maravilladas atormentadas y padesçer conmigo, las quales havía muchos años que padesçían en penas, y tantos que algunas de ver el milagroellas havía quinientos años, probavan a quitarlose otras tresçientos, e otras menos; y nunca podían despegarlostodas heran tan solas que no havían quién dellas se acordase para les hazer bien, aunque ponían fuerçasino el que la sancta Madre Yglesia haze en general por todos los difuntos. La sancta virgenY viendo yo estas ánimas en la gloria y descanso que Dios, socorriéndosepor su misericordia, les dezía: “Dexadlas estar donde Dios les dio liçençia que estuviesena querido dar mediante su sancta Passión, es tan grande el alegría y gozo espiritual que con su poder están esas ánimas mi ánima resçive que aý haçen”. Y esto se vido muchas vezes de la más parte del convento, e algunas de todono lo podría comparar”.
Estando esta bienabenturada confesando en su cama, el confesor mirando hazia ella vido uno de aquestos guijarros hazia las almoadas de su cavezera. Y muy maravillado de ver tal cosa en cama de persona tan dolorosa y tullida, con piadad por que no se hiriese tomole y arroxole en el fuego, de manera que dio un gran golpe con él. Y mirando la sancta virgen que otras vezes podría acaeszer lo mesmo, buscava con en su pensamiento cómo secreto, huvo gran pesar de lo pudiese mudarque el padre hizo. Y de después que vido fue ydo, llamó ella a su sancto ángeluna religiosa, contole su pena, diziendoy dixo: “Señor“Dadme ese guijarro que arrojó el padre, querría suplicar a Nuestro Señor, Su poderosa Magestad, quisiese mudar esto de estos guijarros en otra cosa en que las ánimas pudiesen estar, tan angustiada he estado por evitar algunas ocasiones el golpe que con estas piedras se pueden recreçer”él dio que no he savido lo que he confesado”. El sancto ángel La religiosa le respondiódixo: “Bien será “No tenga, señora, pena, que lo ruegues, y yo te ayudaré no se les daña nada a suplicar te sea conçedida la graçia”las ánimas”. Y rogándolo entrambos se lo otorgó Dios lo trocase ella en lo que más consolada fueseLa bienabenturada le respondió, diziendo: “Porque [fol. En manera que 103v] os guardéys vos de aý adelante siempre tenía unas jarras con rosas e flores o yerbas frescashazer otro tanto, según con saved que quando el año padre las había, y las jarras heran de vidro, o como las podía haver. Y teniéndolas consigo, a su lado y par de sus almoadasarrojó, por la voluntad de Dios todas gimieron las ánimas se pasaron en ellas y se asentaron sobre las yerbas y flores. Y ansí mismo lo haçían las que nuevamente venían, y dezían a la sancta virgendiziendo: “Mucha consolaçión havemos resçivido con esta estanzia que Dios nos a dado‘¡Ay dolor, estos son los benefiçios e sacrifiçios que como de los guijarros sean tan duros e espesos no nos consolava más en estar en ellos”saçerdotes resçivimos!’”.
Trúxole una religiosa un gran pie de albahaca, el qual venía granado y no abiertas las flores. Ella, viéndole, mandole poner en una jarra de las que ella tenía para aquello. Otro día, trayendo otra rama más fresca, sin dezirle ninguna cosa, quitaron aquella mata grande y hecháronla a un rincón de la mesma çelda, y pusieron la fresca. Y dende a dos días, pidió la jarra que tenía el gran pie de albahaca, que como tenía muchas unas tomava una vez, y otras otras. Y trayéndosela, conoçió que no hera aquella el albahaca que ella havía mandado poner allí, y pidió que se lo diesen. Díxole una religiosa: “Ya está seca”. Ella, pidiendo que se la traxesen, aunque estuviese como dezían, y traýda, mandó quitar la fresca y poner aquella, diziendo: “Sé que poderoso es Dios, y la virtud de mis ánimas bendita, y para tornar esta albahaca en su berdor y frescor”. Y mandó que le pusiesen aquella jarra ençima de sus miembros, y túvola un gran rato. Y antes [fol. 105r] que se la quitasen, ya empeçava aquella rama a tener un poco de vigor, y continuándola a a tomar más a menudo que las otras jarras, a cavo de dos días estava tan berde como si entonzes se huviera cortado de donde estava nasçido, y abrieron las floreçitas, y ansí estuvo por artos días, sin perder su verdor ni olor.
Acaesçíale algunas vezes estar apartada de donde estavan las jarras, y haver gran rato que no las havía tornado consigo, e oýr los gemidos de las ánimas y palabras que dezían en que mostravan el desseo y neçessidad que tenían de ser recreadas dellas. La sancta virgen entonzes les deçía: “Venid, venid, ánimas cristianas y cathólicas, con el poder que Nuestro Señor Jesuchristo os a dado, que os aprovechéys de mí, su yndigna sierva”. Al qual clamamiento todas quantas ánimas que en las yerbas de las jarras yban e se le ponían ençima de los miembros, desde los pies hasta la caveza. Y ella les preguntava, diziendo: “¿Havéys os consolado, amigas?”. Las ánimas dezían: “Sí, criatura de Dios e ayudadora nuestra. Muchos más havemos consolado, pues nuestras penas y tormentos se an aliviado y alivian todas las vezes que contigo nos tienes. Muchas graçias sean dadas al poderoso Dios, esta misericordia, y por todas las que de su alta Magestad havemos resçivido”.
Bolviendo un día esta bienabenturada muy alegre de la elevaçión, preguntáronle las religiosas que les dixese la causa de su alegría, si hera de libramiento de ánimas de Purgatorio, que en ella conoçían que havía ydo al lugar de las penas. Muy ymportunada, respondió: “Sí, que como el poderoso Dios a otorgado a mi sancto ángel custodio muy grandes previlegios, entre los quales le otorgó fuese a Purgatorio çiertos días de la semana, en espeçial miércoles y viernes en reverençia de la Sancta Passión, y el sávado por lo masmo y por los mereçimientos de la virgen Virgen Sancta María, su madre, y llévame consigo para que le guarde el pescado que jara de los lagos del Purgatorio. Y como él lleva el poder de Nuestro Señor, no le vadan vedan los demonios la entrada, ni podrían, aunque mucho les pesa dello, y hazen muy grandes ruydos, y estruendos espantosos de oýr. Mas mi señor sancto ángel pásase de largo, llevándome a mí guardada dellos entre sus muy hermosas alas, y vamos a unos muy espantosos lagos y ríos, los quales son negros como la pez, y muy pesados, y de horrible hedor. E toma mi sancto ángel una grande viga llena de anzuelos muy grandes, y hechados en aquellos lagos y ríos, en el [fol. 105v] nombre de Dios y de su sancta Passión, y tiénelos allí un poco. EntretantoEntre tanto, ruega al Señor y a Nuestra Señora, y yo también. Dende a un poco, tira aquella viga hazia fuera, y saca asida algún ánima o ánimas de aquellos anzuelos, e quítalas, y dámelas a mí que se las guarde de los demonios. Y torna a hechar los anzuelos, y entre tanto que él saca, más meto yo aquellas ánimas en una estançia que allí tenemos para esto, la qual llena cada vez que va a haçer esta obra de caridad. Y de esta manera saca muchas ánimas cada vez, y estas son las que la voluntad de Dios permite, y las que an sido más devotas de su sagrada Passión, y en que en semejantes, viviendo en la carne, hizieron alguna buena obra por su amor e murieron en día de viernes.
”Otras vezes va más a los fuegos de Purgatorio, los quales son muy terribles y de muy espantosas llamas, e muy altas y grandes, y son muy coloradas e escuras. Y andan las ánimas entre estas llamas a manera de çentellas de fuego vivo, como quando entre una gran llama saltan zentellas. Y mi señor sancto ángel lánzase en aquellas llamas, y travaja por asir de aquellas çentellas que entre las llamas andan, las quales son muchas, y ase la que es voluntad de Dios, y viene a dármela a mí, en el lugar que he dicho, para que la guarde. Y qué tales ellas salen, bien se os pueden figurar. Y luego torna el sancto a lanzarse en las llamas, y assí saca las que Dios es servido que salgan cada vez. E algunas vezes me pareze a mí que le ha hecho ympresión el grande y espeso humo donde tantas vezes se a metido, como que le a escureçido algo de los resplandores que salen de su hermoso bulto. Y díçeme él entonzes: ‘Mucho estás maravillada de ver que siendo yo ángel, te pareçe me an hecho ympresión estos fuegos espesos: pues mira cómo no me an hecho ynpresión estos fuegos espesos, pues mira cómo no me an tocado’. E menea sus muy hermosas alas, e queda muy más resplandeçiente que antes estava. Y estas ánimas que sacamos con el poder de Dios, entrégalas mi sancto ángel a los ángeles, sus guardadoras dellas, que tengan cuydado dellas y de las presentar al poderoso Dios, porque estas ánimas que mi sancto ángel saca no vuelven más a ellas, de las quales [fol. 106r] nos guarde Dios”.
Tornando esta bienabenturada de su elevaçión con gesto alegre, dixéronle unas religiosas enfermas que a la sazón se yban a consolar con ella: “Señora, pues viene del Çielo, díganos alguna cosa”. Respondió: “Porque estáys enfermas os quiero consolar, pues es obra caridosa apiadar a las enfermas, lo que el Señor me mostró agora, estando yo en aquel lugar, que es voluntad de Dios. Es que vi estar de hinojos al señor Sant Juan evangelista, e a Sant Lázaro, el que resuçitó Nuestro Señor, e a Sancta María Magdalena, e a Sancta sancta Marta, e a Sancta Marzela, delante la Divina Magestad, a los quales tiene otorgado un privilegio: que por este tiempo de la Semana Sancta puedan yr a Purgatorio con su poder a sacar ánimas de purgatorioPurgatorio, las que fuesen su sancta voluntad. Y quando yo las vi de hinojos, dezíanle que les diese liçençia que querían yr a Purgatorio, y su poderosa bendiçión. E respondió el Señor, diziendo: ‘Yd en buen ora, mis amigos, y sacad las que pudiéredes e yo quisiere. Pues vosotras, quando yo estava en la tierraTierra, me hospedastis e acompañastis, yo hospedaré e resçiviré por amor de vosotros a las ánimas que sacáredes por estos tiempos, para siempre jamás, en mi sancto reyno’.
===Capítulo XXII===