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→Capítulo XXVIII
'''Cómo fue servido Nuestro Señor de llevar a esta bienabenturada a su sancta gloria'''
Siendo esta sancta virgen de hedad de çinquenta y tres años, los quales havía vivido muy bienabenturadamente a gloria y honra de Dios, y salvaçión y mérito de su sancta alma, y aprovechamiento de sus próximos vivos y difuntos −como su historia da testimonio dello−, quiso el poderoso Dios que después de la Dominica del Buen Pastor, año de mill quinientos treynta y quatro, se le agravasen a esta bienabenturada sus enfermedades, sobreviniéndole otra nuevamente, la qual fue que estuvo sin orinar catorçe días. Y aunque ella en sus enfermedades no quería ser curada de los médicos, sino dexarse a la voluntad de Dios para que hiziese della su sancta voluntad, en esta postrera, por los ruegos que con muchas lágrimas las [fol. 129v] religiosas le haçían se quisiese curar por consejo de médico, por consolarlas consintió hiçiesen en ella lo que quisiesen. Y assí la empeçaron a curar con un buen médico, y sanándose su enfermedad, entre algunas personas generosas y devotas suyas, fue luego proveýda con mucha devoçión y desseo de su salud físicos, y de las cosas neçessarias para su cura. Y todos los físicos, juntos y conçertados, le hiçieron muchas grandes espiriençias, y la sancta virgen tomava por la consolaçión de las monjas, que se lo rogavan todo lo que los físicos le demandavan, aunque hera contra su voluntad.
Y algunas vezes, con gesto de ángel y semblante muy graçioso, se reýa con las religiosas, y deçíales palabras de muy grande amor y doctrina, y también a los físicos se les mostrava muy graçiosa, y agradeçida a su trabajo. Y viendo ellos cómo su mal yba empeorando y que hera mortal, dixéronlo a las religiosas, las quales, con muchas ansias, començaron a ynvocar la misericordia de Dios, haziendo oraçiones y derramando muchas lágrimas y sangre de sus personas, e haziendo proçesiones con grandes disçiplinas, y gemidos y sollozos, que pareçía que querían espirar, suplicando a Nuestro Señor que no quisiese su Alta Magestad quitarles tan grande amparo y consolaçión y ayuda para su salvaçión como tienen en la bienabenturada Juana de la Cruz; la qual, con muy grande fervor, mandó que le traxesen su confesor, que se quería confessar o aparejarse para morir. Y ansí lo hizo, que confesó y [fol. 130r] comulgó con admirable devoçión, y se despojó como muy pobre y perfeta religiosa, y demandó la sancta unçión.
Y todos los días que estuvo enferma de la enfermedad que murió, no pasó noche que no se elevase y hablase con su sancto ángel, el qual no le deçía ni descubría el secreto de su muerte hasta tres días antes de su bienabenturado fin. Antes le vía todos aquellos días muy alegre y resplandeçiente, con adornamientos y bestidura de gran fiesta, y deçíale al sancto ángel quando le hablava en esta su postrera enfermedad: “Muy gran compasión te tengo, criatura de Dios, de ver los grandes dolores y enfermedad que padesçes. Mucho ruego por ti al poderoso Dios te esfueçe esfuerçe y dé paçiençia, y no querría que atormentasen los físicos con espiriençias, sino déxente a la voluntad de Dios, que Él hará de ti lo que fuere más servido. Y lástima tengo de tus hermanas las religiosas, porque están muy angustiadas, y yo offrezco al Señor sus piadosas lágrimas y devotas oraçiones y caridosa penitençia, y yo tendré cuydado de rogar por ellas al Señor y a la Sancta Virgen”.
Aunque con mucha flaqueza, no faltando la charidad y compasión de sus hermanas, contoles estas palabras que su sancto ángel le havía dicho, porque por que con ellas se consolasen. Y açercándose el día de su glorioso pasamiento, tuvo una revelaçión, jueves en la anoche, vigilia de los gloriosos apóstoles Sant sant Phelipe y Sanctiago, en la qual conoçió que hera la voluntad de Dios llevarla de esta vida. Y súpolo en spíritu, por quanto aquella misma noche estuvo elevada desde las onze hasta la una. Y vido en esta [fol. 130v] elevaçión a los gloriosos apóstoles, Sant sant Phelipe y Santiago, y a su propio ángel della, al qual dixo que viese quál estava, y le suplicava rogase al Señor por ella y por los religiosos de su casa, y por sus hermanos, y parientes y amigos, y por todas las personas que a ella se encomendavan. Y el sancto ángel le respondió: “Bienabenturados son los que viven y mueren en Dios, y malabenturados se pueden llamar los que viven fuera de Dios. Tú, criatura de Dios, esfuérçate y ten paçiençia, y encomiéndate a Dios y confórmate con su sancta voluntad, y arrepiéntete de tus peccados y de las cosas que pudieres haver hecho en serviçio de Dios y no las has hecho”. La bienabenturada dixo entonçes al sancto ángel: “Pues, ¿cómo, señor, tan tarde me lo diçes?”. Y respondió él: “No es tarde, que tiempo tienes para que lo puedas haçer. E yo haré lo que me diçes, ruegue por las religiosas, y por tus hermanos, y parientes y amigos, y personas que a ti se encomendaren. Tú, amiga de Dios, confórmate con todo lo que Nuestro Señor quisiere haçer de ti, y suplica a su Divina Magestad se cumpla en ti, en bien y salvaçión tuya, la sentençia que está dada, la qual sentençia puede revocar el poderoso Dios; mas creo no lo hará, porque va ya Él aya sobre tres[¿tres?], que a tiempo es , amiga de Dios , de goçar de las cosas prometidas y a Dios pedidas y demandadas y por él otorgadas”.
Dixo la sancta virgen a los gloriosos apóstoles que rogasen al Señor por ella, que ella no deseava la muerte por vía de su desesperaçión, ni por muerte viçiosa, sino por muerte de penitençia y de contrición, y de arrepentimiento y sus peccados, que fuese la voluntad de Dios cumplida en ella. Los sanctos apóstoles le respondieron: “Así a á de ser para ser la muerte sagrada, e ynoçente y sin peccado. Y agora es tiempo de padesçer los penitentes y [fol. 131r] amigos, y bien querientes y bien hazientes, y gozen los que son floridos de los mayos floridos e goços del Çielo; y las verdes flores son las ánimas sanctas y bienabenturadas”.
Y tornando esta bienabenturada en sus sentidos, llamó a una religiosa parienta suya, que dende niña se havía criado en la orden, y ella le tenía mucho amor, y díxole: “Hagoos “Hágoos saver, hermana, que según me an dicho por una revelaçión que he visto, es la voluntad de mi Señor Jesuchristo yo muera de esta enfermedad, de lo qual yo mucho me he consolado”. Y contole la susodicha revelaçión, y díxole muchas cosas de gran doctrina, aconsejándola tuviese paçiençia y se conformase con la voluntad de Dios.
Y luego, viernes por la mañana, día de los sanctos apóstoles, entrado el médico a visitarla, dixo que le quería hablar en secreto. Y llegándose çerca de su cama, díxole: “Señor, ruégoos por amor de Nuestro Señor, no me curéys ya más, ni me hagáys ningún benefiçio, porque raçón es que se cumpla en mí la voluntad de Dios, que yo sé que tengo de morir de esta enfermedad, y todo aprovechará poco, sino si no es darme más tormento. Paréçeme que todo mi cuerpo le meten en un grano de mostaza, y allí le aprietan, según lo que yo siento”. Y assí estuvo todo aquel día, con alguna fatiga causada por la enfermedad.
Y como se sonase mucho que esta bienabenturada estava tan al cavo de su fin, muchas señoras generosas deseavan estar presentes a su glorioso tránsito, y assí lo pusieron por obra, y vinieron con liçençia de sus prelados. Y no todos llegaron a tiempo, a causa que algunas venían de lejos; sino , si no fue una muy cathólica, sancta, y devota de esta sancta virgen, que se llamava doña Ysabel de Mendoça, hija del [fol. 131v] conde de Monteagudo, muger de don Gonçalo [¿e Haión?]Chacón, señor de Casarrubios de el Monte, que se apresuró y llegó a tiempo, y estuvo presente a todas las cosas y maravillas que acaesçieron en su bienabenturado fin, y tuvo muchas lágrimas y devoçión, como persona tan cathólica.
El mesmo día de los apóstoles, antes de vísperas, estando en sus sentidos, vido algunas revelaçiones, las quales ella no dixo claramente, aunque mucho la ymportunaron y rogaron este mismo día. Ya que quería anocheçer, le dieron la sancta unçión, la qual resçivió con muy gran devoçión. Y dende a un rato, dixo con gran gemido y contiçcióncontriçción: “Ay, ay de mí, cómo me he descuydado”. Pasada una ora de yntervalo después de haver resçivido la sancta unçión, le subçedió una yndispusiçión, que pensaron hera desmayo. Y viéndola el médico, dixo que no tenía pulsos, que verdaderamente se muría. Y estuvo ansí un rato. Y tornando sobre sí, empeçó de hablar con buen semblante, en lo qual conoçieron havía sido arrobamiento, y de estos tuvo muchos aquella noche.
Y empeçó a hablar, diziendo lo que havía visto, como quien responde a lo que le deçían. Y pareçía a todos los que la veýan lo que hablava eran respuestas que dava a quien la hablava, y dixo como persona muy admirada: “O, qué cruel espada. Ténemele, ténemele, no me mate con ella”. Y assí estuvo sosegada un rato en silençio, como persona que veýa grandes cosas. Y después dixo, con gran sosiego y manera paçífica: “Tené ese cuchillo, tenedle”. Y alçando un poquito la voz, deçía: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién le havían de llamar, respondió: “A la Sancta Magdalena” −dixo− , “la que estuvo al pie de la cruz, que viene del sepulcro”. Y deçía: “Ay, ay, amiga mía de mi alma”. Preguntándole si estava allí la Magdalena, respondió: “Sí”. Y de rato en rato deçía, a manera de mucho deseo: “Pues vamos, Madre de Dios, vamos”. Y esto deçía [fol. 132r] muchas vezes, y algunas añadía: “Vamos a casa, Madre de Dios, que es tarde”, y con manera de afinco y esfuerço fervoroso, dezía: “Hechalde de aý, hechalde de aý. Ay, por qué me dexáys, por qué me dexáys, por qué me dexáys”. Y pareçía que estava angustiada, y que peleava con el Demonio. Y para esta pelea la dexaron sola, la qual vençió valerosamente, según pareçió en la plática que ella tenía con el Demonio. Que ansí como el poderoso Dios le dio graçia y fortaleza que en su vida la vençiese, por semejante en la hora de la muerte, que es en la mayor neçessidad, no la desamparó, que maravillosamente salió vençedora, lo qual muy claramente se conoçió, porque estando en la pelea se deçía entre sí misma: “O, a qué mal tiempo me havéys dexado”. Y esto dixo algunas vezes, y callando un rato, tornó a hablar con el que la havía dexado, diziendo assí: “Señor, me dexastes sola, hechad de aý ese demonio que no tiene parte aquí, mal año para él”. Y volviendo la plática a las religiosas, les dixo con admirable fervor: “Señoras y hermanas mías, levantadme de aquí, daré mi alma a Dios en sacrifiçio”. Y dende a un poco, empeçó a deçir apriesa, como quien hablava con otras personas: “Búscamele, búscamele a mi Señor. BuscáreleBuscarele, buscárelebuscarele, y yo… halleme hálleme Él a mí, y hallarlo he yo a Él. ¿Por qué me le llevastis? Déxame, yrle he yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Y preguntándole las religiosas a quién le havían de buscar, dixo: “A mi Señor”. Y tornándole a deçir dónde le hallarían, respondió: “En el huerto le hallaréys”. Y deçía: “Ay, Madre de Dios, Jesuchristo, qué crueldad”. Y con gran fervor otra vez deçía: “Mi Señor, sobre la misericordia a la justiçia, Jesuchristo, y qué angustia”. Y muy fatigada, volvió el rostro a las [fol. 132v] religiosas, y díxoles: “Amigas, ayudadme a rogar”. Dixéronle: “¿Qué quieres, señora, que roguemos y pidamos?”. Respondió: “Misericordia y piedad, y que sobre la misericordia a la justiçia”. Y deçía muchas vezes: “Vamos, vamos; o, o qué punto; o, o qué punto”.
Estando una religiosa lavándole la boca, díxole: “Sancta Virgen, quitá de aý, que mi Señor me la labará y besará”. Y desde aý a un poquito, con mucha graçiosidad y mesura, sacó la lengua a manera de persona que comulga. Y preguntándole las religiosas si havía comulgado, respondió con hermoso semblante: “Sí”. Dixéronla si havía comulgado por todos los que allí havían , estaban: dixo que sí. El médico, que la curava, viendo todas estas cosas, dixo con gran devoçión y lágrimas: “Bienabenturado [¿colesio?], que tal ánima como esta embía al Çielo. Por çierto, señoras, que creo yo serán mayores los favores que de esta señora resçivirán desde el Çielo que los que an resçivido en la tierraTierra, aunque an sido muchos”. Respondió la bienabenturada: “Podrá ser”. Que todo esto pasaba quando estava sin pulsos en ninguna parte de su cuerpo. Estando todos mirándola, empeçó a mazcar, como persona que comía con mucho savor, y durole porquito espaçio. Y de que huvo çesado, preguntole un médico, diziendo: “Señora, pareze que come, ¿es verdad?”. Respondió la sancta virgen: “Sí”. Tornándola a ymporturar que dixese quién le havía dado, y qué hera: “El ángel me dió el fruto de la sancta vera cruz”. Dixéronle: “Con tal manjar, muy esforçada estará”. Respondió: “Sí, estoy”.
Y tomándole el médico el pulso, dixo que se le havía tornado muy esforçado y grande, que pareçía ''[1518]'' que de nuevo le havían dado vida, porque havía más de quatro horas que estava sin él, y dende el día [fol. 133r] de los Sanctos Apóstoles no havía pasado ninguna sustançia. Y después de esto, empezó deçir con muy hermoso gesto: “Amigas mías y señoras mías, llevadme, llevadme, ca pues avía presto”. Preguntándole con quién hablava, dixo: “Con las sanctas vírgines”. Y ymportunada dixese con quién havía de yr y a dónde adónde la havían de llevar, respondió: “Con mi verdadero esposo y marido Jesuchristo”. Y deçía: “¿Por qué me escondéys a mi Señora y mi Reyna, por qué me la escondéys?”. Oyendo estas las religiosas, pusiéronla delante una ymagen de Nuestra Señora, y de que la vido, ynclinole la caveça y dixo: “No es esa, vuélvemela, vuélvemela a mi Reyna y mi Señora”. Y preguntada si estava allí Nuestra Señora, respondió con mucha alegría y prudençia: “Sí, y mis ángeles, y mis sanctos”. Y tornando a dezir de rato a rato: “Pues vamos, señora mía, vamos”, dixo con grande alegría: “Ea cavallero, ea cavallero, hazedle lugar aquí, aquí a mi lado”. Y dende a poquito dixo, a manera de reverente: “O, padre mío”. Y en este deçir padre mío, pensaron las religioas que lo deçía por el glorioso padre Sant sant Françisco.
Y quando esto pasava ya venía el día, y hera sávado. De todos los que havían estado allí aquella noche, assí a las religiosas, como a las personas, de otra manera no se les hiço , pareçió ser aquella noche dos horas. Estando ansí esta bienabenturada, dixo: “Ea, pues, ea, pues, Jesuchristo, vamos de aquí, vamos presto, Señora, Señora mía; vamos, vamos, mi redemptor”. Entonçes, las religiosas se levantaron con muchas lágrimas y grandes sollozos, que pareçía querían espirar, y la besaron la mano con mucha devoçión. Y ella las bendixo, a presentes y ausentes, y a sus amigos y conoçientes, y tornó a deçir: “Vamos, vamos, rector mío, vamos de aquí”. Y preguntándole si estava allí el Señor, dixo: “Sí, y Nuestra Señora, y los ángeles, [fol. 133v] y toda la corte çelestial”.
Y empezó a mazcar un poquito, y esto hizo por dos vezes, por yntervalo de tiempo. Y los que allí estavan, dixeron: “Pareze que torna a comer del fruto de la cruz”. Respondió la sancta virgen: “Ayer lo comí otra vez”. Y llegando a ella el médico, otro día sábado por la mañana, preguntole con gran devoçión: “Señora, ¿Va al Çielo? ¿Quién va con ella y la acompaña en ese camino?”. Dixo: “Mi Señora, la virgen María, y mi ángel, y mis ángeles y mis sanctos”. Y callando por un rato, tenía mucha hermosura y lustramiento de gesto, como quando estava elevada. Y pasado poco yntervalo, tornó a decir, con manera alegre: “Dadme albriçias”. Y pareçía lo deçía a las personas que con ella estavan. Y con admiraçión y alegría dixo: “Hasta çapatos”. Y esto replicó por dos o tres veçes, y los que esto veýan: “Según pareze, ya le embía su esposo a esta dichosa alma los adornamientos”.
Y el médico que estava más çercano a esta bienabenturada, hablándola, conoçió y resçivió el aliento que de la boca le salía. Y dixo a los que allí estvan: “No pude conoçer ni alcançar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, y suavemente”. De lo qual estava admirado, porque hasta aquella hora havía tenido mal olor en el aliento, que le proçedía de la podriçión y corrupçión de los humores, y entonçes le tenía bueno. Y todos los que allí estavan, oyendo lo que el médico deçía, se hallegaron a la sancta virgen con mucha devoçión, y resçivieron su huelgo, y conoçieron no ser de los olores de este mundo por buenos y finos que sean. Y toda su persona estava con muy grande olor y hermosura.
Y dende el sávado en la tarde hasta el día siguiente domingo, después de la víspera día de la Ynvençión de la Sancta Cruz de Mayo, no habló esta bienabenturada. E antes que entrasen por la puerta de su çelda, se olían las [fol. 134r] maravillosas maravillosos olores que de ella salían, y algunas partes les pareçía, entrando donde ella estava, olía como vergel de muchas flores. Y siendo la hora de las seys, depués de mediodía domingo, día de la Sancta Cruz, que fue a tres de mayo de mill y quinientos treynyta y quatro años, acompañada su sancta ánima de muy buena buenas y sanctas obras, y ansimismo de su cuerpo, acompañado de frayles de su horden, y de todas las religiosas de la casa, las quales con candelas ençendidas en sus manos, y leyendo la Passión los padres que allí estavan, dio esta bienabenturada el alma en manos del poderoso Dios que la crió y redimió, quedando su gesto con hermosura y compostura admirable, quedándole la boca muy bien puesta, a manera de sonrisa.
Y muy admirados los padres que allí estavan, con gran reverençia llegaron a mirarle los ojos. Y alçando los párpagos, vieron que no los tenía quebrados, sino con aquella hermosura y graçiosidad que los tenía quando estava viva. Que assí como aplaçió mucho a Dios con ellos y con los juyçios suyos, assí permitió su Divina Magestad que en la hora de su muerte no fuesen quebrados, en el tiempo de las buenas obras que con ellos havía hecho, del qual milagro todos se maravillaron mucho y dieron graçias a Nuestro Señor, por las grandes maravillas y virtudes que con sus fieles amadores haze.
Salió de esta vida esta bienabenturada el año de mill y quinientos y treyta y quatro años, hora, día y mes arriva dichos. Como esta sancta virgen espirase, hallegáronse con muy grande ansia todas las religiosas, llorando lágrimas muy dolorosas, a ver y besar el sancto cuerpo. Y como se açercaron a él, [fol. 134v] heran tan grandes los olores que d’él salían, y tan subidos, que no se podían comparar con cosa desta vida. Y a las religiosas que estuvieron y vistieron el sancto cuerpo, las quedó por más de tres días muy admirable olor en sus personas y manos. Y en qualquiera cosa que le ponían ençima quedava el mesmo olor, y assí le tuvo en su persona y hábito que estuvo por sepultar, que fueron çinco días.
Y yendo una religiosa con gran fervor a besarle los pies quando la estavan vistiendo el ábito, cayó en la tarima de su propia cama, de manera que se lisió muy malamente en el vientre, y luego se le hizo un bulto tan grueso como el puño y con muy gran dolor. Y estando tan fatigada, cresçiéndole los dolores, pusiéronle ençima la camisa con que havía espirado la bienabenturada, y luego se le aliviaron los dolores, y pudo estender la pierna, la qual no podía menear, y se pudo levantar y andar sin pena. Y otro día tenía desenconada la herida, y casi deshecho el bulto. Y assí fue sana por la bondad de Dios y méritos de la sancta virgen.
Y adereçado el sancto cuerpo, el abbadesa y todo el convento de las monjas, con candelas ençendidas y rezando como es costumbre, le llevaron al coro, y allí le fue dicho el offiçio por las monjas muy solemnemente. Y estuvieron aquella noche con él, acompañándole con mucho dolor y lágrimas. Y con ella, la dicha señora y generosa de la orden y devota de esta bienabenturada, que con mucha devoçión estuvo en su tránsito, y consolándose cómo hera pasada de esta vida a la gloria y bienabenturança.
Ocurrió mucha [fol. 135r] gente de todos los rededores, y venían con gran devoçión de ver el sancto cuerpo. Assimismo, vinieron muchos padres de la orden a hazer sus obsequias y enterramiento. Y como la gente hera tanta, davan liçençia a los más prinçipales que entrasen en el monasterio, los quales, quando veýan el cuerpo y olían los olores que tenía, davan muchas graçias a Nuestro Señor, derramando lágrimas de mucha devoçión; entre las quales personas, entró un mensajero que dende Toledo embió una gran señora, que hera Virreyna de las Yndias, a saber de la salud de esta bienabenturada, el qual traýa gran dolor de muelas, en manera que no podía comer, ni vever ni dormir. Y en llegando a besalle los pies y ábito a esta sancta virgen, se le quitó. Y con gran devoçión dixo el benefiçio y milagro que havía resçivido, y salud que en su persona havía sentido.
Y como el día siguiente lunes fuese, casi hora de vísperas, y los campos estuviesen llenos de gente clamando les mostrasen el sancto cuerpo y se le dexasen tocar, los reverendos padres, por satisfaçer su devoto desseo, tomaron el sancto cuerpo y sacáronle fuera, con mucha reverençia, donde todos le pudiesen ver. Y viniendo la gente como los frayles le sacaron, eran tan grandes los clamores y gemidos que todos davan con muchas lágrimas, que muy lejos se podía oýr. Y llegando todos apriesa, los [fol. 135v] frayles, que guardavan el sancto cuerpo, no consentían llegar sino al ábito. Y sintiendo el muy suave olor que del cuerpo salía, con mucho maravillamiento davan graçias a Dios, y ponían ençima cuentas y cosas que traýan, en las quales se pegava el mesmo olor. Y entre los que llegaron a tocar el sancto cuerpo, llegó un hombre que havía venido sobre dos muletas, con mucho trabajo, de Torrejón de Velasco. Y en vesando el ábito de la virgen, dixo que havía sentido tan grande aliviamiento en sus dolores y tulliçión, que le pareçía que pudiera andar tres leguas sin ningún cansançio ni dolor.
Y consolada la gente, tornaron el sancto cuerpo al monasterio, y a ora de conpletas, a la qual hora llegaron çiertos mensageros rogando que detuviesen el sancto cuerpo, hasta que ellas le viesen. Y assí se hiço. Y hecho el offiçio de los padres, fueron a sus monasterios, y dexaron el cuerpo sin enterrar. Y assí estuvo por cinco días, no perdiendo los buenos olores que tenía. Y venidas las señoras por cuyo ruego el sancto cuerpo estava detenido, con el qual mucho se consolaron de ver las maravillas que Dios mostrava en él, pareçioles hera bien, porque por que las gentes goçasen de esta sancta reliquia, se enterrase en la yglesia y capilla del Sanctíssimo Sacramento. Pero las religiosas, no consintiendo sacar el sancto cuerpo de entre ellas, huvieron de entender en ello los prelados. Y se hiço lo que las [fol. 136r] monjas quisieron, porque hera más justo. Y pusiéronle en una parte donde las religiosas comulgavan, en un hoyo pequeño, quanto cupo el ataudataúd, y ençima cubierto con yeso de altura de dos dedos, en el qual lugar manifiesta el Señor la sanctidad de esta bienabenturada, sintiendo muy buenos y suaves olores.
En la çiudad de Almería havía una sancta muger que tenía revelaçiones muy verdaderas y comunicava Nuestro Señor con ella muchos secretos, la qual se llamava María de Sant Juan. Hera religiosa de la orden de la Sancta Conçepçión, y natural de Casarrubios del Monte. Y como esta sancta muger tenía graçia de arrobarse también, como la bienabenturada Juana de la Cruz, comunicávanse ambas, y estando elevadas en spíritu en el lugar que Dios hera, quiso de ponerlas, y hiziéronse hermanas spirituales. Y yendo todos padres de la orden del glorioso padre Sant Françisco, y el uno dellos havía sido perlado mayor de la provinçia de Castilla, persona de mucha auctoridad y letras, a negoçiar con esta sancta muger, María de Sant Juan, a un mes que havía pasado de esta vida la bienabenturada Juana de la Cruz. Y , y preguntándole el dicho prelado le dixese del estado del ánima de la madre Juana de la Cruz, respondiole con mucha alegría que “tenía : “Tenía mucha gloria, tanta y tan grande como el [fol. 136v] poderoso Dios la da a sus escogidos y los méritos de la bienabenturada Juana de la Cruz mereçieron. Y luego que esta sancta ánima salió de las carnes, voló derecha al Paraýso, y tiene tanta gloria que exçede a muchos sanctos y sanctas, e yguala con los ángeles. Y más os quiero deçir, que por la bondad de Dios yo la he visto estando elevada el día del señor Sant Juan evangelista de mayo, que aora hiço quatro días, después de la ynvençión de la Sancta Cruz de mayo, quando esta bienabenturada salió de las carnes. Y yo la vi en la gloria, tan sublimada, que tiene en muy mayores grados que la solía ver. Y maravillándome mucho, pregunté a mi sancto ángel cómo havía tan grande diferençia en la gloria que aora veo a la Juana de la Cruz, que otras vezes no la solía yo ver en gloria tan sublimada. Respondió el sancto ángel que ‘está ya desatada de las carnes, y está en la gloria para siempre’. Oyendo esto, vínome gran desseo de hablarla. Y estando en este desseo, vi a deshora abajada esta bendita ánima donde yo estava, y con mucha alegría me abraçó, e yo ansimismo a ella, y la dixe: ‘¿Cómo, hermana mía, y esto sin mí?’. Respondiome: ‘Sí, hermana mía, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios’. Y dixo havía quatro días hera pasada de esta vida, y en ella havía tenido su Purgatorio, [fol. 137r] y assimismo havía sido juzgada en la carne antes que della saliese. Y dos días antes que espirase, havía empeçado a goçar su ánima de la gloria del Çielo, aunque al pareçer de quien la veýa tenía pena en el cuerpo, porque hera la voluntad de Dios que estuviese detenida aquellos dos días. Y quisiera ella mucho dezir lo que goçava, sino que no podía, ni le es dada liçençia”.
E otras muchas maravillas y milagros se podrían deçir que Nuestro Señor mostró en este tránsito del cuerpo de esta bienabenturada, y después d’él. Por evitar prolixidad,
''Laus deo.''
''[1]'' Repetido en escritura al margen. ''[2]'' Este adjetivo aparece en una nota al margen. ''[3]'' Anotado arriba. ''[4]'' Anotada arriba.
''[25]'' Anotado arribaRepetido en nota al margen.
''[36]'' Anotada arribaPor “gran despojo”.
''[47]'' Repetido Apuntado en nota al margen.
''[58]'' Apuntado en nota Corregido al margen: ''Divina''.
''[69]'' Secuencia repetida: “''que otro día de la fe mana el árbol de la vida son más subblimadas''”.
''[710]'' La palabra oración aparece anotada al margen.
''[811]'' Palabra repetida.
''[912]'' Secuencia repetida: “''dixo el sancto ángel: si lo as de scrivir''”.
''[1013]'' Escrito en el margen.
''[1114]'' Palabra escrita encima de las otras.
''[1215]'' Falta lo que dijo.
''[1316]'' ''En'' está escrito encima de me ''trayáys'', que aparece tachado por un lapsus del copista, que copió el ''trayáys'' precedenete.
''[1417]'' Secuencia repetida: “''lo que Dios''”.
''[1518]'' Secuencia repetida: “''que parecía''”.
= Vida manuscrita (2)=