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Juana de la Cruz

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Capítulo V
===Capítulo V===
'''Cómo santa Juana recibió el hábito, y de algunas cosas que la sucedieron siendo novicia'''
En el estado que digo estaban las cosas de la bendita doncella, y ella con las monjas y con su padre tratando de su recibimiento, cuando [15r] llegó al monasterio el provincial. Y fue providencia del Cielo, por haber solos ocho días que había salido de él con ánimo de no volver en muchos meses, y sin su licencia no la podían recebir. Pidiósela el abadesa y diole cuenta del caso y muchas gracias a Dios por haber traído a su convento persona de tal espíritu. Viola el provincial y, satisfecho della y movido de su devoción y de las lágrimas con que le pedía el hábito, mandó al vicario del convento se le diese, y él prosiguió su camino ''[134]''. Y la santa virgen fue admitida en el convento y recibió el hábito en presencia de su padre y parientes, y comenzó desde luego a señalarse entre todas las otras religiosas, como el sol entre las estrellas. Y entregándola a la maestra de novicias, la mandó que en todo el año del noviciado no hablase sino con ella, con la abadesa o vicaria, o con su confesor, de lo cual la bendita novicia se holgó en estremo, porque naturalmente era inclinadísima a hablar poco. Y así lo guardó tan puntualmente que en todo el año del noviciado nunca habló salvo con las sobredichas personas, y eso solamente siendo preguntada o confesándose ''[135]''. Y con tanto rigor guardaba las cosas que la enseñaban, que antes se dejara matar [15v] que quebrantar sola una, por mínima que fuera. Y como deseaba tanto agradar a Dios, no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquiera virtud que oyese de otra persona la procuraba imitar en sí tanto que, oyendo leer en un libro que nuestro padre san Francisco mandó a un fraile ir a predicar desnudo, dijo: “Si mi padre san Francisco manda esto a un fraile que no tiene pecados, yo que estoy tan llena dellos, bien será me desnude para irlos a confesar”. Y, entrando en el confesionario —que de todas partes estaba cerrado y a escuras—, se desnudó; y, arrodillándose en tierra, comenzó su confesión con tan grandes temblores de frío —por ser en el rigor del invierno— que pensó el confesor le había dado aquel acidente causado de alguna nueva enfermedad, y así se lo preguntó a la santa virgen. Y, entendiendo qué era, la reprehendió por ello y mandó que no lo hiciese otra vez ''[136]''.

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