Cambios

Saltar a: navegación, buscar

Juana de la Cruz

21 bytes eliminados, 15:57 27 jul 2025
m
Capítulo X
===Capítulo X===
''''''De los muchos milagros con que N''''''uestro Nuestro Señor ha confirmado las cuentas de'''''' la gloriosa'''''' santa Juana'''
Son tan excelentes y pocas veces vistas en el mundo, maravillas tan soberanas y divinas como las que Nuestro Señor ha obrado por intercesión de su santa esposa, que parecen increíbles a las gentes, si los testimonios de donde se han sacado no fuesen muy sin sospecha. Y [39v] porque ninguno la pueda tener destas cuentas, a lo menos con razón, diré, para honra y gloria de Dios, algunos de los muchos milagros, con que la Divina Majestad las ha confirmado, por ser estos la piedra del toque con que se conocen y aprueban las cosas sobrenaturales y las verdaderas divinas, porque nunca hace Dios milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de cualquiera verdad la hace evidentemente creíble, como consta de los hechos en confirmación de la fe y de los muchos que la Divina Majestad hace cada día, aprobando la santidad de algunos santos. Y lo mismo se debe juzgar de los milagros que Dios ha hecho en confirmación destos rosarios y cuentas, que hacen su verdad tan evidentemente creíble que no queda lugar a la malicia humana para dejarlo de creer. Y porque los milagros nuevos y de nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos todos los que aquí dijere que los testigos, jueces y escribanos ante quien pasaron las informaciones de donde se sacaron los dichos milagros están todos al presente vivos ''[235]''. Primeramente don Francisco de Rojas, señor de Mora, tenía una destas cuentas de santa [40r] Juana, y pasando por donde conjuraban una endemoniada, así como se acercó a ella, comenzó el demonio a dar grandes gritos diciendo: “Echenme de ahí ese hombre, que me causa nuevos tormentos” ''[236]''. Y preguntando el clérigo al demonio por qué lo decía, respondió que lo hacía porque aquel hombre traía consigo una cuenta de Juanilla de la Cruz ''[237]''. Y oyéndolo el sobredicho don Francisco, quitándola del rosario, se la dio al sacerdote que conjuraba, y así como se la puso a la endemoniada, salió della el demonio, y quedaron todos alabando a Dios y dándole muchas gracias por la virtud que había puesto en aquellas cuentas. Y el sobredicho don Francisco dejó esta cuenta a la endemoniada porque no la volviese a fatigar el demonio, y fue a pedir otra al monasterio de la Cruz, y dio fe deste milagro.

Menú de navegación