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''Versiculum:'''' Diffusa es gratia in labiis tuis.'' ''Res''''ponsaResponsa:'''' Propter'''' ''''e''''a ea benedixit te Deus in aeterum'' ''[496]''.''
→Capítulo XX
===Capítulo XX===
'''De algunos milagros que N''''''uestro Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa santa Juana, y de la incorruptibilidad de su cuerpo'''
Tratose luego de dar tierra al santo cuerpo, y por ser notable el concurso y devoción de la gente y mucha la instancia que hacían por verle, ordenaron los religiosos de la Orden que con buena guarda y seguro se sacase en procesión fuera del monasterio, para que todos le viesen. Y llegando un tullido a tocar el cuerpo de la santa, besando el hábito, quedó sano y dejó allí dos muletas con que andaba ''[482]''.
Esta revelación es digna de mucha estima, por la persona a quien se hizo —que por ser religiosa de gran santidad y virtud, y haber tenido en esta vida tantas revelaciones y raptos, se le debe todo crédito—, y por ser de la bendita santa Juana de la Cruz, carace de toda sospecha ''[487]''. Otras muchas maravillas que el Señor obró por su sierva dejo de escribir, por no cansar al letor, contentándome con las dichas, que son las más importantes, aunque por [98r] no dejarle ayuno de tan sabroso bocado, diré de la manera que está su santo cuerpo incorrupto y entero, habiendo setenta y seis años que le conserva Dios en un ser —que cuerpo que fue órgano del Espíritu Santo y lengua por donde dio sus divinos oráculos tan de asiento no se había de convertir en ceniza, ni ser comido de gusanos— . Y es este un soberano milagro, según que el año pasado constó por vista de ojos a muchos, como parece por un testimonio que está originalmente guardado en la villa de Cubas, en el oficio de Juan Fernández de Plaza, y su traslado auténtico en el archivo del convento, que es del tenor siguiente ''[488]'':
''[489]'' “En el monasterio de Nuestra Señora Santa María de la Cruz, que es de monjas profesas de la Regular Observancia y tercera Orden del seráfico padre San Francisco, cerca de la villa de Cubas, y en su término y jurisdición, a cuatro días del mes de febrero del año del Señor de mil y seiscientos y nueve años, estando en el dicho convento los reverendísimos padres fray Arcángelo de Mesina, Ministro General de toda la dicha Orden, y fray Pedro González de Mendoza, Comisario General della en la familia cismontana ''[490'''']'', habiendo tenido noticia que en el dicho convento está el cuerpo de la bienaventurada Juana de la Cruz, monja y abadesa que fue del dicho monasterio, la cual ha más de setenta años que murió, y su cuerpo está guardado en una capilla que está en el hueco de la [98v] pared de la capilla mayor de la iglesia del dicho monasterio, a la parte de Evangelio, donde siempre ha estado venerado y estimado por cuerpo santo. Y habiendo tenido el dicho reverendísimo Padre General noticia que su vida fue milagrosa y en ella fue siempre tenida y comúnmente reputada por santa, y por tal fue siempre reverenciada así de las monjas del dicho convento como de todas las personas que la conocieron. Habiéndose juntado mucha cantidad de gente así de la dicha villa de Cubas como de otras partes, pidiendo y rogando con mucha instancia que se abriese el arca donde está el dicho cuerpo de la dicha santa Juana de la Cruz. Y visto por el dicho reverendísimo Padre General la instancia y suplicación del dicho concurso de gente que a ello habían venido, y de los demás padres que se hallaron en el dicho convento, abadesa y monjas de él, para honra y gloria de Nuestro Señor, mandó abrir la dicha capilla y arca donde estaba el dicho cuerpo, lo cual poniéndose por obra, se quitó la reja de hierro que está puesta en la dicha capilla por la parte del convento, y se abrió y sacó la dicha arca, y se llevó al coro bajo del dicho convento, donde estando los dichos reverendísios padres presentes y mucha gente, que por ser tanta hubo muy grande apretura. Por ante mí, Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real y notario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, se desclavaron las barras de hierro de la dicha arca, y habiéndose quitado la tapa dellas, se halló el dicho cuerpo entero, y con muy buen olor. Y para que le viesen los que presentes estaban, los dichos reverendísimos padres le levantaron en alto algunas veces, de lo cual hubo muy grande contento así de los dichos padres como de las monjas del dicho convento, dando gracias a Dios Nuestro [99r] Señor, y dando sus rosarios para tocarlos al dicho cuerpo santo, por la mucha devoción y estima en que le tenían y reverenciaban todos los de la tierra. Y el dicho Reverendísimo Padre General me llamó a mí para que le viese, y le levantó y alzó de la dicha caja y arca donde estaba, y la meneó los brazos y manos, para que yo diese testimonio dello, e yo vi todo lo arriba dicho y referido. A todo lo cual fueron presentes fray Pablo de Chavarri, Secretario del dicho Padre General, y fray Diego de Barasa, secretario del dicho padre Comisario General, y fray Antonio Jaca y fray Pedro de Castro Juane, sus compañeros, y fray Francisco de Mora, Guardián de Pinto, y fray Luis de Mieses, Guardián de Escalona, y fray Diego de Herrera, vicario del dicho convento, y fray Bartolomé López, su compañero, y fray Pedro de Chozas, comisario de Jerusalén, y fray Pedro de Rojas, y fray Juan de Ricaro, de la Provincia de San José ''[491]'', y fray Francisco Pascual de la dicha provincia, y el licenciado Pedro González de Sepúlveda, clérigo comisario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, y Blas Martínez, clérigo de la dicha villa, y fray Blas Delgado, de la Orden de Santo Domingo, y fray Marcos Lozano, de la Orden del Carmen, y Pedro Tartalo, y Juan Martín Crespo, alcaldes ordinarios en la dicha villa de Cubas, y Diego Navarro y Francisco Hernández, regidores della, e Isidro García, escribano de la dicha villa, y otra mucha gente, y firmáronlo algunos de los susodichos de sus nombres, a todos los cuales conozco. Y así mismo lo firmaron el abadesa y discretas del dicho convento ''[492]'', fray Diego de Herrera, fray Bartolomé López, Ana de la Concepción, abadesa, Inés de la Madre de Dios, Ana de san Rafael, vicaria, María de la Purificación, Inés de Jesús, el Licenciado Pedro González de Sepúlveda, Blas Martínez, Pedro Tartalo, Juan Martínez Crespo, Isidro García [99v] escribano, ante mí, Juan Fernández de Plaza. E yo, el dicho Juan Fernández de Plaza, escribano de su Majestad Real e notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas, presente fui a lo susodicho y fice mi signo. En testimonio de verdad, Juan Fernández de Plaza”.
Después de lo susodicho, primer día de julio deste presente año de 1610, el muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, a instancia mía, para escribir con más acierto esta historia, hizo se me mostrase el cuerpo desta bienaventurada santa, hallándose su Paternidad presente, con otros religiosos. Yo le vi y toqué muchas veces, y para que le viesen los que estaban en la iglesia, levantándole en los brazos el padre provincial y yo, se le mostramos a todos por dos o tres veces, vestido y tocado como estaba, que parecía una religiosa viva. Y reparé yo mucho en una cosa digna de mucha consideración: que como la santa virgen estaba tan gafa y tullida cuando murió que con la fuerza de los dolores se le habían torcido y encogido todos sus miembros, así está ahora su santo cuerpo, torcido y encogido todo él, y con aquel suavísimo olor que tenía cuando murió, que es un olor celestial que conforta. Estaba entero, sin faltarle [100r] ninguna cosa, salvo el dedo meñique de un pie, que cierto prelado general se le quitó por su devoción; y por la de los que allí nos hallamos, le quitó el padre provincial el velo de la cabeza, que se repartió entre todos, y con la parte que le cupo puesta sobre su cabeza, se le quitó una muy recia jaqueca que tenía. Y una señora de Toledo sanó de un gran dolor de cabeza con el mismo pedazo de velo, aunque quitándosele la volvió el dolor, pero quiso Nuestro Señor, para que el milagro fuese más manifiesto, que tornándose a poner el dicho velo se le quitase el dolor de todo punto, por intercesión y méritos de la bienaventurada santa Juana, cuya historia tan milagrosa y divina, escrita con harto deseo de que sea Dios glorificado, acaba aquí. Y tras ella ofrezco al piadoso letor la cuarta parte de la Corónica General de nuestra seráfica religión, con 943 santos, todos hijos de la Regular Observancia de nuestro padre San Francisco, que en estos últimos tiempos, de 94 años a esta parte, ha dado a la Iglesia su sagrada religión, que ahora salen a luz en la historia que prometo, que se está imprimiendo ''[492]''. De las faltas desta y de aquella soy yo el autor, y de lo bueno que en ellas hubiere lo es Dios, a quien ofrezco mis trabajos, y a ellos [100v] y a mí a la corrección y censura de la Santa Madre Iglesia Católica Romana. Y para que los devotos desta santa virgen tengan especial oración con que encomendarse a ella, se pone aquí la siguiente, que rezándola en particular quien quisiere, como no sea en nombre de la Iglesia ni como ministro della, cosa es santísima y muy recebida en toda la Iglesia de Dios ''[493]''. (''Bien puede uno encomendarse a cualquier santo, aunque no esté canonizado ni beatificado'') ''[494].''
'''Comemoración'''
''O, Sancta Dei ''''inclyta'''' Cristi ''''sponsa'''' ''''deuotisima'''' Beata ''''Ioanna'''', ''''organum'''' et ''''lingua'''' ''''Spiritus'''' Sancti ''''benedictu'''': ''''animarum'''' in ''''Purgatorio'''' ''''existentium'''', ''''solatium'''' et ''''requies''''.'''' ''''Ora pro'''' ''''nobis Dominum, ut digni'''' efficiamur gratia Dei.''Versiculum: Diffusa es gratia in labiis tuis.
'''Oración'''
''Deus qui ineffabili prouindentia, beatam Ioanam miris illustrationibus decora''''s''''tidecorasti, et ei tantam gratiam contulisti, ut non solum specialisimo modo sponsa tua effici mereretur, sed etiam ad nostram utilitatem, precibus suis, rosaria miris virtutibus a'''' ''''te ipso benedic''''ta benedicta concedere'''' voluisti: praesta q''''uaesumusquaesumus, ut eius meritis, et intercesione indulgentiam gratia''''e'''' tua''''e'''' gratiae tuae consequi mereamur Per Dominum nostrum'', etc ''[497]''.
Fin
[101r] '''Razón de la verdad y autoridad ''''''desta'''''' historia'''
La verdad es el alma de la historia, y la que carece della es como cuerpo sin alma, que no merece nombre de historia, mayormente si es de santos, donde el mentir es sacrilegio, porque no se honran ellos sino con llaneza y verdad; la que se ha guardado en escribir la vida desta santa virgen es la mayor que en ley de historia se puede hallar, colegida de los papeles siguientes: