Quiteria de San Francisco

De Catálogo de Santas Vivas
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Quiteria de San Francisco
Nombre Quiteria de San Francisco
Orden Jerónimas
Títulos Procuradora y tornera del Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo
Fecha de nacimiento Hacia 1513
Lugar de nacimiento Toledo
Fecha de fallecimiento Hacia 1583
Lugar de fallecimiento Toledo

Vida manuscrita

Ed. de Mar Cortés Timoner; fecha de edición: septiembre de 2025; fecha de modificación: noviembre de 2025.

Fuente

Contexto material de la Biografía conservada en el anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33.

Criterios de edición

Biografía conservada en el libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33. La composición se atribuye a la monja jerónima Ana de Zúñiga (Toledo c.1540-1594) y fue copiada, en 1881, en el citado libro manuscrito. El texto aparece, según la paginación de la fuente (que contiene varios errores), en las páginas 348-358, que hacemos corresponder (siguiendo los criterios de numeración de la edición) con los números 358-368.

Dada la fecha de la copia manuscrita, la transcripción actualiza el empleo de las letras mayúsculas, la separación o unión de palabras, pero conserva “a el” y “de el” (que alterna con “del”) y la escritura de los números. Asimismo, siguiendo las normas de la RAE, se moderniza la puntuación y la acentuación. Por último, se han subsanado las diversas erratas y, además, se ha regularizado el empleo de “h”, la oscilación vocálica “e/i” (“dirimos”) y el uso de las siguientes grafías: b/v, c/z, c/d, d/z, g/j, n/m, n/ñ, r/d, t/d, r/rr, r/l, s/x, y/ll.

Vida de Quiteria de San Francisco

[358] [1] Grande contento dan, y mucho animan y esfuerzan, los soldado[s] viejos en un ejército y compañía bien ordenada. Y así, es un sumo contento, en un convento de religiosas como aquí tratamos, ver que hay antiguas y ancianas que sean a las de menor edad ejemplo y motivo para imitarlas, bebiendo de sus benditos pechos la suave leche de la do[c]trina religiosa y o[b]servante. Tal fue la madre Quiteria de San Francisco, dando pasos toda su vida de bien a mejor por un camino real, muy agradable a los hombres y muy acepto [2] a Nuestro Redentor, que dijo: “Aprender de mí, que soy manso y humilde de corazón” [3]. Estas virtudes fuero[n] en ella tan naturales y tan impresas en su ánima que, dejándolas crecer y no ahogándolas con vicios contrarios, la guiaron suavemente a la vida eterna como dignas del premio a quien voluntariamente las ejercita.

Fue esta madre natural de Toledo, hija de padre[s] muy si- [359] ervos de Dios. Y de sus ascendientes afirman que eran unas gentes todas justas y muy cristianas, y así lo fue ella como por natural y planta de tan buenos árboles. Vinieron a la religión en esta santa casa de San Pablo ella y una tía suya, la cual se llamó Isabel [4] de la Conce[p]ción, de la cual queda dicho arriba y en este mismo libro [5] que fue de grande sinceridad, como vimos. Y su sobrina le pareció en esto bien y en otras cosas que allí se refieren. La enseñó la tía, que era muy hábil en lo que tocaba a el coro, cómo leer y cantar. Tenía tan buen sentido en el canto que, con ser muy poco lo que sabía, ayudaba mucho. También ayudaba en el canto de órgano con voz sonora y de cuerpo que acompañaba bien en el coro. Alcanzó mucho tiempo a la madre Mari García que, para criar e instruir en toda virtud y santidad, tenía don de Dios. [Quiteria de San Francisco] hizo profesión en el año de mil quinientos veinti y ocho. Y del siglo a la religión vino de catorce a quince años, y así parece que vivió en ella setenta años y algo más. Diremos cómo los empleó refiriendo algunas de las muchas virtudes que tuvo.

En la obediencia [360] fue de tanta prontitud, y con tanta<n> sinceridad, que entiendo que sus buenas obras fueron acer[tadí]simas [6] y muy meritorias ante el Señor. Todo lo que la mandaban hacía con singular agrado y contento de sus prelados. Decía de ella una madre que fue muchos años priora que, donde quiera que ponía a Quiteria de San Francisco, venía y encajaba muy bien, y muy a el propósito de los oficios, haciéndolos todos con gran ejemplo y con gran caridad. Fue procuradora, tornera de la escala y compañera, y todos los demás oficios de la casa sino fue priora y vicaria. En la santa religión no hay oficio vil, ni bajo, antes todos son muy calificados si se hacen por la obediencia, pues por ella se gana el Cielo. En grandes cosas vive el buen obediente, no teniendo cargo ni cuidado de nada, poniendo su propia voluntad en la de su prelado, para que así pueda darse más libremente a el espíritu.

Fue humilde, mansa y de gran sosiego y quietud. Y así, tenía siempre verdadera paz, sujetando su voluntad a la de Dios, conformándose con su Divina Majestad en los bienes y en los males. Se despreciaba a sí misma, y todo lo que desasosiega debajo del Cielo, [361] poniendo toda su esperanza en solo Dios. Era diligente en obrar bien, en sufrir trabajos, recibiéndolo todo como venido de la mano de Dios, con igualdad de ánimo, deseando agradarle y vivir en paz. Su silencio y callar que naturalmente tenía la ayudaba[n] para la paz del corazón. Con el callar se atajan muchas contiendas, guerras y porfías; la muerte y la vida están en las manos de la lengua. Muchas [son] que tienen excusa en el callar y guardan la lengua, y tienen paciencia, que es árbol precioso y q[ue] produce [7] de sí la paz.

Con tan buenos y tan firmes fundamentos como de suyo son las virtudes que de esta sierva de Dios tenemos dicho que son: humildad, mansedumbre, obediencia y paz, bien podemos ya tratar de la< s > más excelentes de la< s > virtudes que es caridad, porque amó a su Criador con todo su corazón, en donde halló más consolación, suavidad y deleite que en todo el mu[n]do junto se pueda gozar, porque todo el mundo no puede dar ni una sola gota de gozo. Y así, con razón amó a su Criador, que está [8] cerca de todos los que le llaman. Como amaba a Dios, hallaba sua- [362] [9] vidad en todas las cosas que a veces la daban molestia. Vencida [10] de este amor, no era su corazón cautivo del amor de las vanidades del mundo. Como buena amadora, no se cuidaba de otra cosa sino solo lo que a Dios pertenecía y de lo que sabía que a Él daba gusto.

Con el prójimo era muy piadosa, inclinada a hacer bien a todos, y muy amiga de proveer a los pobres con la limosna que podía. Como naturalmente era pobre de espíritu<d> y también lo era de bienes temporales, pero parecía que todo la venía a la mano como lo era menester, en todo parece q[ue] tenía una seguridad y posesión sin pleitos ni demandas, y así es que lo que quería, tenía, y lo que no quería, no tenía. Dichosa la pobreza voluntaria, porque ella abre las puertas del Cielo.

En sus devociones y oraciones fue siempre muy co[n]stante, nunca las dejaba por muy ocupada que estuviese. Era muy devota del Santísimo Sacramento y de la Santa Pasión del Señor. Rezaba cada día sus oficios; para esto, tenía un muy pobre libro hecho y cosido de su mano, aumentado con muchas oraciones y devociones; y este era su tesoro y sus cuentas [363]. No tenía más libros ni curiosidades ni preguntas, en lo cual la criaron desde niña, y en lo mismo acabó. Lo que más fijo tuvo en su corazón era Aquel q[ue] por ella y por todos estuvo fijo en la cruz. En esta memoria hallaba grandes tesoros celestiales; aquí hallaba: caridad, humildad, paciencia, obediencia y todas las virtudes. Este era el libro y compañero de su peregrinación, adonde tenía su lec[c]ión ordinaria, y, así, no procuraba de buscar otra escuela. Verdad es que no la daba lugar su santa rudeza y natural sinceridad a que investigase y adquiriese curiosamente vivezas, sin las cuales podía pasarse contenta con solo lo que es necesario saber, que es servir y amar a Dios, para lo cual tenía bien cumplida razón y entendimiento. No condeno con esto a las que con más latitud salen y se mueven con agudeza de ingenio, mas deseo que se excusen demasías y que no se procure saber más de lo que conviene a religiosas, recogidas y mortificadas, firmes y muy fundadas en las cosas que nuestra santa religión nos enseña a creer y a obrar, conforme siempre a lo que nuestra santa madre la [364] Iglesia cree y tiene.

Volviendo a decir de la devoción que esta bendita madre tenía, era de tanto sosiego y de un paso tan llano, y de una manera [11] siempre, que ni de su boca ni semblante pudimos entender los gustos secretos que en ella pasaban; de entender es que una alma tan sincera y tan amiga de Dios, y que tanta devoción tenía en todos los misterios sobredichos con tanta constancia y tanto[s] años, que no pasase sin algún gusto interior que fuese como prenda y muestra de su amor. Las lágrimas las tuvo siempre en grande abunda[n]cia y mucho más en sus últimos años. Como era tan buena, todas la< s > amábamos y la decíamos la “abuela”. Y ello lo ría mucho y gustaba de ello, como si fuera una niña de tres años.

Enfermedades tuvo pocas, aunque las pocas fueron graves. La sacaron dos zaratanes, pero acudieron a buen tiempo de manera que quedó sana. Tuvo perlesía aunq[ue] no tan trabada ni ligada que no anduviese toda la casa. Y tuvo la llave principal de la escala hasta que cayó en la cama para no levantarse más en esta manera. El viernes por la noche se acostó [12] es- [365] tando buena para dormir y de me< i >dia noche arriba, día de San Sebastián, la dio la perlesía en el lado izquierdo. Y luego, a la mañana, visitándola muchas religiosas, la hallaron como embelesada en el aspecto, mas bien entendía lo que le decían y respondía, aunque con trabajo, porque tenía la boca y lengua impedida[s] por la perlesía, pero las hermanas la entendían. Por orden del médico se confesó, y la dimos el Santísimo Sacramento y la extremaunción.

Ya hemos llegado a lo que será en mano del que lo leyera creerlo o [no] creerlo, pero no usaremos de esta libertad los que vimos y conocimos su gran virtud y bondad y verdad, de que siempre fue acreditada. El caso es que la mañana que amaneció con la perlesía, visitándola todas las religiosas y preguntándola que qué sentía y cómo estaba, ella respondió a todas y las dijo que San Sebastián, a quien tenía mucha devoción, la había aparecido y la había tomado de la mano, y la había dicho que se confesase, y que [un] viernes había de morir. A mí me lo dijo también. Y cada uno lo tomaba como la parecía, y todas hacíamos conversación de ello, pero ella siempre, por [366] to[do] el tiempo que después vivió, lo contaba de la misma manera. Su confesor se lo preguntó, y afirmó que era verdad. Y, desde entonces, quedó perlática de aquel lado, y estuvo en la cama cinco meses, sin oírla quejarse, ni de noche ni de día; y tenía muy bien de qué, estando toda llagada, reventada y quebrantada de la cama continua. Todo este tiempo pasó con grandísima paciencia, con un rostro y aspecto i<n>nocentísimo que a todas nos ponía en admiración. Parecía una criatura de dos años. Y quien no la conocía, le pareciera que estaba sin sentido, mas no era así, antes entendíamos, y nos parecía, que estaba algo más viva en el entendimiento que cuando tenía salud. Pedía los sacramentos con la frecuentación que solía estando buena, y los recibía con lágrimas y mucha devoción.

Seis o siete días antes que muriese la dieron calent[u]ras muy recias y dolor de costado, y la perlesía la ligó del todo. Y comenzó de veras allegarse su término. Jueves, en la mañana, se aumentó su traspassamiento, [13] y expiró a las cinco de la tarde con un gran sosiego y sin agonizar, más que dos o tres boquea- [367] das que dio. Aquí concurren algunas cosas de notar, y son que, como era devota del jueves por el Santísimo Sacramento, y de el viernes por la Pasión del Señor, vino a morir entre los dos días. Y podemos decir que murió el viernes porque aquella noche la velaron y en viernes la enterraron. Tenía tanta devoción a el viernes que lo guardaba como el día del domingo, y se pasaba todo el día en el coro delante del Santísimo Sacramento, y no hacía labor. Le ayunó muchos años a pan y agua, y más hubo aquel viernes, que fue la fiesta de los innumerables mártires de quien tenía singular devoción. Y expiró la tarde antes después de ser dichas sus vísperas, cuya fiesta celebran en San Pablo, con vísperas y misa, aunque no rezamos de ellas [14] en el Romano [15]. Llegado ya el término [de] si es ida o no es ida, la cantaron las monjas el Pangue Lingua [16] en su tono solemne. Y algunas religiosas oyeron músicas suavísimas, más divinas que humanas. Y alguna< s > fue que entró en el dormitorio, espantada y turbada, preguntando y diciendo: “Señoras, ¿qué es esto que oigo que me parece que son vihuelas [17] de arco [368] que no sé cómo explicarme?”. Lo mismo oyeron otras por aquí a el rededor. Una enfermera lo cayó en su cama, otra estando en la cocina, un fraile de la Sisla, que, causalmente, estaba en la portería de San Pablo, y dijo que había oído una música concertada, pero que había pensado que era de hombres por allí cerca. De manera que todas la oyeron a un mismo tiempo. Las personas que lo oyeron fueron más de seis de buen crédito. Y todo es creíble a los que conocimos su bondad y santidad. Un hermano tiene en la Santísima Trinidad, todo como ella, y ha sido ministro muchas veces y tenido en mucho.

Dichosa ánima que moras en el Cielo, morada no hecha de mano humana, sino por el mismo Dios, donde siempre alabarás a tu Criador, y le darás gracias por tan grande beneficio como te hizo para que gozases de Él para siempre, amén [18].

Su muerte de esta bendita madre fue el día [19] veinti y uno de junio del año de mil y quinientos ochenta y tres, teniendo de edad setenta años, pocos más o menos [20].

Laus Deus, amen.

Notas

[1] El epígrafe que presenta la vida expone: “Historia de la sierva de Dios y devota religiosa Quiteria de San Francisco”. Posiblemente, esta biografía fue la que influyó a Alonso de Villegas para componer su breve relato en torno a Quiteria de San Francisco (para la Adición a la Tercera parte de su florilegio) que puede leerse en el Catálogo de Santas Vivas: <https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Quiteria_de_San_Francisco> Véase: M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el Flos sanctorum de Alonso de Villegas”, Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica, vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: <https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403>.

[2] Corregimos “acecto”.

[3] San Mateo 11, 29: “Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas”. Véase, Sagrada Biblia, Conferencia Episcopal Española, Madrid, 2025. <https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/> [septiembre 2025].

[4] Está escrito “Isaber”. La vida de esta religiosa se halla editada, también, en el Catálogo de Santas Vivas: https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Isabel_de_la_Concepci%C3%B3n

[5] Aparece copiada en las páginas 239, 240 y 241 del libro A.J.T ª. San Pablo, I libro 33 y se ha editado en el Catálogo de Santas Vivas: <https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Isabel_de_la_Concepci%C3%B3n> [septiembre 2025]

[6] Se ha transcrito la palabra incompleta como “acertadísimas” teniendo en cuenta el sentido de la oración.

[7] Se ha transcrito “prodice” como “produce”.

[8] Está escrito “es la cerca”, que se corrige por “está cerca” teniendo en cuenta el significado de la oración.

[9] Por error en la paginación, se repite en la parte superior la cifra “351” (que, además, debería ser “362”). La siguiente página, en cambio, está numerada como “353” (y la hacemos corresponder con el número 363 según los criterios de numeración seguidos para la presente edición).

[10] Está escrito “rencida”, que hemos corregido por “vencida”.

[11] Está escrito “marera”.

[12] Se ha corregido la palabra escrita: “agosto”.

[13] Está escrito “pasatienpo”, que se ha corregido por la palabra “traspassamiento” (con el sentido de “fallecimiento”). Véase: REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CORDE) [en línea]. Corpus diacrónico del español. <https://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll?MfcISAPICommand=buscar&tradQuery=1&destino=1&texto=traspassamiento&autor=&titulo=&ano1=&ano2=&medio=1000&pais=1000&tema=1000>

[14] Se subsana la errata “ellos”.

[15] Posiblemente se expone que no rezaron oraciones que se hallan en el libro litúrgico conocido como Breviario Romano.

[16] Himno eucarístico escrito por santo Tomás de Aquino para celebrar la festividad del Corpus Christi.

[17] Siguiendo los criterios de edición, se ha actualizado la escritura de “viguela”.

[18] No acaba de leerse bien la posible palabra “amén”.

[19] Está escrito “did”. Se ha subsanado la errata.

[20] Se ha corregido la errata en la palabra “monos”.

Vida impresa

Ed. de Mar Cortés Timoner; fecha de edición: diciembre de 2019; fecha de modificación: octubre de 2020.

Fuente

  • Villegas, Alonso de Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes... Toledo: por Juan y Pedro Rodríguez hermanos, 1589.

Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes....

Criterios de edición

El relato aparece a partir de la impresión de 1589 de la Adición de la Tercera Parte del Flos Sanctorum (cuya primera impresión está fechada en 1588) de Alonso de Villegas. Se integra en el apartado 193, que está dedicado a María García y María de Ajofrín y destaca la ejemplaridad de religiosas relacionadas con el convento de jerónimas de San Pablo de Toledo.

Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas pero se han mantenido las contracciones. Además, para facilitar la localización de los textos, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).

Vida de Quiteria de San Francisco

[Fol. 66r col. a] Quiteria de San Francisco fue natural de Toledo, hija de padres muy virtuosos. Vino a la religión de catorce años en el de Cristo de 1528 y vivió hasta edad de setenta muy en servicio de Dios.

Era obedientísima a su perlada, y decía della una que lo fue muchos años que adonde quiera ponía Quiteria de San Francisco venía y encajaba muy al proprio. Conformábase mucho con la voluntad de Dios, despreciábase a sí misma, era muy callada, que ayuda para la paz del corazón. En todo parecía una segura posesión sin pleitos ni demandas: lo que no quería no tenía y tenía cuanto quería. En sus devociones y oraciones era muy constante, nunca las dejaba por muy ocupada que estuviese. Era muy devota de la Santa Pasión y rezaba cada día su oficio. Y para esto tenía un pobre libro hecho y cosido de su mano en que había diversas oraciones: este era su tesoro y sus cuentas sin tener otras. Diole [fol. 66r col. b] perlesía en el lado izquierdo noche de San Sebastián; y visitándola a la mañana estaba como embelesada, mas bien entendía y respondía, entendiéndola con dificultad por tener la boca y la lengua impedida con aquel mal. Confesó y recibió los Sacramentos por orden del médico y dijo muy en su sentido que San Sebastián, con quien tenía particular devoción, le había aparecido, asidole la mano y dicho que se aparejase para un viernes. Cada uno tomaba esto como le parecía. Estuvo paralítica [1] en la cama cinco meses padeciendo graves dolores aunque con singular paciencia, y murió jueves por la tarde. Veláronla aquella noche y fue sepultada viernes. A la hora [2] de su muerte se oyeron en su celda músicas maravillosas y dulcísimas, oyéronlo algunas monjas y andaban como espantadas preguntando: “¿Dónde estaba aquella música de vihuelas de arco?”. Oyola una enferma en su cama lejos de allí y otra en la cocina y un fraile de la Sisla que acaso estaba en la portería de San Pablo. Fueron seis personas, todas de crédito, las que lo oyeron a un mismo tiempo y de una misma manera.

La muerte desta sierva de Dios fue en 21 de junio, año de 1584 [3], todo lo dicho es del lugar alegado y casi por las mismas palabras que allí se refieren.

Notas

[1] Está escrito “parlatica”: término no documentado en CORDE. En el ejemplar B- 50/5/11 de la Biblioteca de la Universitat de Barcelona, que responde a una impresión de 1595, se mantiene la palabra.

[2] Está escrito “hrao” pero, en la mencionada impresión de 1595, se ha corregido por “hora”.

[3] En el margen derecho se lee: “Año de 1584.”