Cecilia de Santa Catalina

| Nombre | Cecilia de Santa Catalina |
| Orden | Jerónimas |
| Títulos | Hermana mayor del beaterio de María García y monja del Monasterio de San Pablo de Toledo |
| Fecha de nacimiento | Antes de 1469 |
| Fecha de fallecimiento | 1539 |
| Lugar de fallecimiento | Toledo |
Vida manuscrita (1)
Ed. de Mar Cortés Timoner; fecha de edición: diciembre de 2024; fecha de modificación: noviembre de 2025.
Fuente
- Zúñiga, Ana de. Ms. A.J.T º. San Pablo, I libro 33, 1881, pp. 143-147.
Contexto material de la Biografía conservada en el anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33.
Criterios de edición
Biografía conservada en las páginas 143-147 del anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33. La biografía fue compuesta por la monja jerónima Ana de Zúñiga (Toledo c.1540-1594) y fue copiada en 1881 en el citado libro (que contiene varios errores de paginación).
Dada la fecha de la copia manuscrita, la transcripción actualiza el empleo de las letras mayúsculas, la separación o unión de palabras pero se conserva “a el” y “de el”. Asimismo, siguiendo las normas de la RAE, se moderniza la puntuación y la acentuación. Por último, se han subsanado las erratas evidentes y se ha regularizado el empleo de las vocales o/u y de las siguientes consonantes.
Vida de Cecilia de Santa Catalina
[143] [1] Fue en aquellos santos tiempos cuando en esta santa casa de San Pablo florecían aquellas santas beatas, una de ellas llamada Cecilia de Santa Catalina, gran sierva de Nuestro Señor, muy amada de todas las hermanas por su muy sua- [144] ve y amigable condición que tenía para todas, y por la grande humildad que sobre todas las otras virtudes moraba en ella. A esta sierva de Dios amó mucho la muy religiosa y bienaventurada doña Teresa de Guevara [2], de quien atrás se dijo. Y la crio y la tuvo siempre en su compañía, y se sirvió de ella, y la tenía para su regalo espiritual.
Y así a esta santa mujer se le pegaron bien en el ánima las virtudes y amor celestial de su buena y santa madre doña Teresa de Guevara, porque con ella hablaba y comunicaba todos los regalos y amores divinos que el Señor la hacía. Y a esta revelaba todos sus secretos, porque era tan prudente y tan santa la buena Cecilia que, aun no siendo de mucha edad, se podía tratar con ella cosas graves y de mucho espíritu de manera que fue su secretaría y la sabedora de toda su vida. Y así la escribió [3] ella como persona que había visto y palpado la santa vida y loable conversación de su señora y madre doña Teresa. [145] [4] Fue esta santa religiosa de quien hablamos de muy puro y limpio espíritu, y en su ánima moraba Dios. Y dende su niñez fue de mucha oración y mereció por la bondad divina, que favorece a sus siervos, alcanzar por la santa oración muchas mercedes y favores de Dios. Onde se dice de ella que, siendo muy niña, la pidieron que hiciese oración a el Señor por cierta necesidad de una persona y, no la manifestando la necesidad qué era, dijéronla otra cosa, y no quisieron decirla la verdadera necesidad por ser tan niña. Y ella hizo su oración, y fuele mostrado en ella y dado a entender la necesidad verdadera de aquella persona por quien la pidieron que rogase. Y así la dijo y manifestó la sierva de Dios a quien se la había encomendado, declarando la necesidad, de lo cual se espantaron todos los que este caso supieron, y se entendió haber si[d]o [5] por la gracia muy particular de Dios que moraba en esta su sierva. Hizo profesión [146] esta sierva de Dios a diez y seis de el mes de abril del año de mil quinientos y seis.
Era tanta la humildad de esta santa mujer que, siendo hermana mayor en el convento de las bienaventuradas beatas, que la eligieron por su mucha religión, queriendo ella ser antes la menor de todas que tener el nombre y cargo de hermana mayor, alcanzó absolución de el voto pasivo por que no pudiese volver a ser elegida, de donde se entenderá su espíritu, y como todo su intento p[r]incipal era vacar a Dios y ocuparse toda en Él, pues así desechaba los favores y honras de la vida que suelen ocupar y aun apartar los ánimos de las casas de Dios.
Murió esta santa mujer en el año de mil quinientos treinta y nueve siendo de edad de más de setenta años. Fue muy hermosa por que correspondiese la hermosura de el cuerpo a la de el alma. Tuvo gran caridad con todas, mayormente estando enfermas y necesitadas [147] y que podían poco. Y socorría a todas en cuanto podía, y todas hallaban en ella gran socorro en todas sus faltas y necesidades, porque con su gran amor y caridad que con todas tenía no daba lugar a que <que> hubiese ninguna falta.
Bienaventurada tú, sierva leal de Jesucristo, que así te esforzastes tan varonilmente a servirle en esta vida que mereciste gozarle en la otra perpetua del Cielo con todas tus herma[na]s y compañeras. Con toda tus hermanas le gozas por todos los siglos, amén. Laus Deus, amen.
Notas
[1] La biografía se presenta con el siguiente epígrafe “Comienza la historia de la santa y muy sierva de Dios Cecilia de Santa Catalina”.
[2] A Teresa de Guevara y su hija la condesa de Fuensalida, el libro le dedica el apartado (que ocupa las páginas 101-122) encabezado con el epígrafe: “Síguese la historia de la muy religiosa y sierva de Dios doña Teresa de Guevara y de la condesa su hija, que también fue religiosa en esta santa casa”.
[3] Aunque se ha consultado el Archivo del Monasterio de San Pablo de Toledo, no se ha logrado encontrar esta posible biografía de Teresa de Guevara que habría escrito Cecilia de Santa Catalina y que bien pudo inspirar el texto que, posteriormente, compuso Ana de Zúñiga para su libro hagiográfico.
[4] En el margen interior inferior (fuera de la caja de escritura) aparece escrito el número 8 y en la siguiente página, también en el margen inferior interior, el número 9. En ambos casos, parece tratarse de la misma mano que numera y transcribe el contenido del libro.
[5] Corregimos “sino” en función del sentido de la oración.
Vida manuscrita (2)
Ed. de Irati Zaitegui Blanco; fecha de edición: septiembre de 2025.
Fuente
- Cruz, Juan de la, 1591. Hystoria, de la Orden de st. Hieronymo Doctor de la yglesia, y de su restauracion y fundaçion en los Reynos de España / Por fray Joan de la cruz frayle de la dicha orden, professo de st. Bartholome el Real de Lupiana. Esc. &-II-19, fol. 374v-375v.
Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS &-II-19 (Hystoria, de la Orden de st. Hieronymo Doctor de la yglesia, y de su restauracion y fundaçion en los Reynos de España / Por fray Joan de la cruz frayle de la dicha orden, professo de st. Bartholome el Real de Lupiana).
Criterios de edición
Al tratarse de una copia manuscrita de la segunda mitad del siglo XVI que bebe de fuentes primitivas, se han adoptado criterios de edición de carácter conservador. Se han conservado las oscilaciones y variantes de las sibilantes —z y ç ante las distintas vocales—, el grupo doble -ct- en formas como sancta, la la s líquida en palabras como spíritu o spiritual y el uso de qu- por cu- (quando). Asimismo, se ha mantenido la forma culta -th- en Cathalina y Theresa, se ha reproducido como ñ la n acompañada de vírgula. Por otro lado, se ha mantenido la oscilación v/b en su valor consonántico, así como la alternancia entre i/y y la variación gráfica entre g/j/x. Se han conservado los grupos geminados -ss-, -ll-, -cc- y -rr-, junto con las formas aglutinadas dellas y desta, y se ha preservado la morfología de aquellas palabras de interés morfológico o fonológico, o bien por tratarse de cultismos, como ansí, escripta o charidad. Por último, se han desarrollado las distintas abreviaturas (Santa, San y Nuestro) y se han regularizado las alternancias gráficas sin valor fonético (u/v), mientras que se ha modernizado la acentuación, la puntuación y la capitalización conforme a las normas de la RAE, respetándose, no obstante, las mayúsculas reverenciales o de respeto, como en Nuestro Señor.
Vida de Cecilia de Santa Catalina
[Fol. 374v] [1] Estas dos religiosas entraron en el Monasterio de San Pablo de Toledo quando tenían nombre de beatas, y hicieron professión con otras el año de mill y quinientos y seis. Çeçilia de Sancta Cathalina fue querida y amada de todas las hermanas religiosas por su suave y amigable condiçión, y por la mucha humildad que en todo mostrava. Muy en particular la quería la religiosa y sancta Doña Theresa de Guevara, madre de la condesa de Fuensalida, que la crió desde pequeña y tuvo en su compañía y serviçio; y más la tenía para su regalo spiritual por lo que [fol. 375r] veýa en ella de sanctidad, que no para servirse della en lugar de criada. Asentáronsele también a Çeçilia de Sancta Cathalina las virtudes de su madre, doña Theresa de Guevara, y los exerçicios de oraçión y meditaçión, que cada día se le veýa que creçía en el consuelo del alma. Era muy prudente, discreta y avisada; y con esto le confiava y descubría doña Theresa todos sus secretos y como si fuera otra ella misma, porque desde niña se podían tractar con ella cosas graves y de mucho spíritu. Y ansí pudo bien Çeçilia de Sancta Cathalina escrivir la vida muy sancta de su querida y amada doña Theresa, que, como ella la dejó escripta, se puso en su lugar. Fue Çeçilia de puro y limpio spíritu y, desde muy pequeña, se exercitó en gran continuaçión de la oraçión, y por ella mereçió alcançar de Dios grandes merçedes y favores. Pidiéronle una vez (aun siendo de poca edad) que hiziesse oraçión a Nuestro Señor por çierta necesidad de una persona; y trocaron la neçessidad y dixéronle una por otra, o por descuydo, o por no le querer manifestar lo que era en hecho de verdad, o por probar su sanctidad y la opinión que se platicava della. Al fin, ella hizo su oraçión con grande entereza de fervor y devoçión, pidiendo a Dios se sirviese conçeder la petiçión de aquella persona; y fuele revelado que no era la necessidad de aquella persona la que le avían manifestado, sino otra muy differente que padescía, de que tuvo verdadera notiçia en la revelaçión. Acabada la oraçión, manifestó la sierva de Dios lo que se le avía conçedido y la neçessidad verdadera que tenía la persona que se le encomendó, de que fueron maravillados y espantados todos los que este casso supieron; y por él entendieron la graçia tan particular de Nuestro Señor, que morava en el alma desta su sierva, Çecilia de Santa Cathalina.
[Fol. 375v] Quando llegó a la edad de poder ser Priora o hermana mayor, como la solían llamar antes de la professión, eligieron en aquel convento a esta religiosa por su prelada con mucha voluntad y conformidad, que lo açeptó con desabrimiento y descontento. Y las religiosas estavan con mucho consuelo, porque tenía para ello grandes partes de prudençia, virtud y sanctidad; y que particularmente se señalava en la humildad, que la seguía ella y amava, más que verse en lugar de superioridad y en offiçios honrrosos que estorvan los exerçicios della, y aún suelen apartar los ánimos de las cosas de Dios. Y ansí porque no la compeliesen a bolver otra vez a açeptar el offiçio de Priora, alcançó de su superior la renunçiaçión del voto passivo, porque todos sus intentos eran vacar a las cosas de Dios y occuparse toda en él. Tuvo gran charidad y compadeçíase mucho de las enfermas y neçessitadas que podían poco; y a todo acudía y proveýa, y todas hallavan en ella obras de madre piadosa y de grande amor y charidad. Murió el año de mill y quinientos y treinta y nueve, siendo de edad de más de setenta años. Y en el aspecto fue muger hermosa, y más lo fue en el alma, pues mereçió alcançar tanta graçia de Nuestro Señor.
Notas
[1] El texto se vincula a la sección presentada bajo el siguiente epígrafe: “Capítulo nono de dos siervas de Dios, Çeçilia de Santa Cathalina y Magdalena de la Cruz, que murieron en el Monasterio de San Pablo de Toledo. Y Fray Rodrigo de Vivar, professo de San Hierónymo de Guisando”.
Vida impresa
Ed. de Lara Marchante Fuente; fecha de edición: mayo de 2018; fecha de modificación: junio de 2023.
Fuente
- Sigüenza, Fray José de, 1605. “Libro Segundo de la Tercera parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo”, Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, doctor de la Iglesia, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III. Madrid: Imprenta Real, 505, 506-507.
Contexto material del impreso Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, doctor de la Iglesia, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III.
Criterios de edición
Para facilitar su lectura, esta edición moderniza el texto en aquellos puntos que no suponen una pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos del periodo y conserva la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico o por tratarse de cultismos (como agora, ansí, monesterio, recebir, redemptor u obscuro).
Se adaptan, por tanto, las grafías a las normas de ortografía vigentes (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y a la acentuación y puntuación de las normas gramaticales actuales. Igualmente, el uso de las mayúsculas y minúsculas respeta los criterios presentes del español, si bien se mantienen las mayúsculas como signos de respeto o de diferenciación con la palabra escrita en minúscula (Cielo, Esposo, Señor, Profeta, Reina del Cielo).
También se introducen las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En este sentido, conviene apuntar que, dentro de esta edición y en base a sus particularidades, se han incluido notas al pie en las que se especifican y desarrollan algunas ideas o palabras del texto impreso original.
Vida de Cecilia de Santa Catalina
CAPÍTULO LI [1]
[505] De otras muchas siervas de Dios que han florecido con gran ejemplo en el mismo Convento de San Pablo
[506] […] Cecilia de Santa Catalina pudiera detenernos en un capítulo largo si hubiéramos de contar por sus puntos los de su excelente vida, pues fue una gran sierva de Dios. Entró en esta casa y en la religión en compañía de doña Teresa de Guevara, que, aunque era en efeto su doncella, no le servía sino de hija y consorte en sus santos ejercicios. Mujer de mucha discreción y prudencia, desde pequeña se dio por algún impulso divino a los ejercicios de oración y meditación y cosa de vida espiritual, y así vino a ser señalada, y alcanzar de [507] Dios particulares mercedes y regalos.
Eligiéronla sus hermanas por priora, conociendo en ella tantas y tan legítimas partes; sintiolo mucho y en las entrañas, donde tenía un asentado y firme hábito de postrera y de humilde. Acabó su trienio con mucha loa y aun provecho de la casa, y prevínose con el General, importunándole mucho le aceptase la renunciación del voto pasivo, temiendo no la tornasen a elegir, deseando ejercitarse en otros ministerios humildes. Concediéronselo, y en ellos acabó su vida santamente, llena de obras de caridad y obediencia, camino seguro; y he considerado en muchas vidas de mujeres santas que, con más eficacia y aun con más frecuencia, desechan estas dignidades y cargos que no los varones, aunque sean santos. No hallo ahora otra razón que más me satisfaga que decir en los hombres no para allí la pretensión y el deseo de mandar, de priores particulares se levantan a generales y a obispos, y más arriba, según son locas nuestras fantasías y altas nuestras torres de viento. En las mujeres allí para; no hay adónde volar ni sus oficios son de tanta ostentación, ni campean tanto; valga esto lo que valiere, querría a lo menos que en esto nos les pareciésemos, porque veo muy pocas renunciaciones destas que lleguen entre nosotros a colmo, y algunas deben de ser envites de falso. […]
Notas
[1] Figura en el texto como Capítulo LI pero debería ser el LII, debido al error señalado en la edición de la vida impresa de María de Ajofrín por Sigüenza, pues repite el número de capítulo XLIV.