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→Capítulo XXIII
”Díxome la Reyna del Çielo: ‘No temas, ¿por qué temes? Yo te digo Dios te pone ese temor porque le ayas de mí, que tengo aora sus vezes de juzgar mientras Él está en figura de niño chiquito. E ansí como delante de un alcalde mayor y otra justiçia es devida reverençia e miedo, assí a mí este tiempo del naçimiento de mi hijo, nasçido de mis entrañas enxendrado por Spíritu Sancto, algunas vezes, e todas las que yo quiero, me da auctoridad que juzgue y reprehenda si quisiere a las ánimas vivas, y a los que an salido del mundo, y que mande a los ángeles malos y buenos y los castigue si yo quisiere. Por eso, hija, con raçón temes tú, y aun tus hermanas también, las quales quiero yo que parezcan aquí ante mí’. Y diziendo esto, a deshora pareçieron allí unas ymágines o estatuas, las quales estavan en figura de las mismas personas, e pareçiome conoçía cada una. E la Reyna del Çielo no hablava ante ninguna dellas por entonzes sino a mí, su sierba, diziendo: ‘Dime, hija, los agravios que te an hecho tus hermanas o quejas que tienes dellas’. Yo le respondí: ‘Señora, a mi pensar no me an hecho ningún agravio, ni tengo ninguna queja, ni raçón para ello’. Y dixo la Reyna y Señora Nuestra: ‘Todas se aparten allá y quede aquí sola una contigo’. Y apartadas, dixo: ‘De esta, ¿qué quexa tienes?’. Respondí: ‘Como de primero, no tenía ninguna’. Y mandó se apartase aquella, y viniese otra. Y vino luego, y preguntome qué quexa tenía de aquella. Por semejante, respondí que ninguna tenía. Y assí vinieron todas, una a una, y me preguntó la Señora las palabras ya dichas de cada una, y respondí como a las primeras, no acusando a ninguna.
”Entonzes, Nuestra Señora replicó, diziendo: ‘No acuses a ninguna de ninguna cosa, ni de alguna cosa te quexas, pues razón tienes de quexarte, y bien hazes de dexar a Dios la venganza y el juyçio. Y yo te digo que tienes previlegio de Dios todopoderoso y glorioso, hijo mío, que las ánimas que tú bendixeres serán bendeçidas, y las que maldixeres, serán maldezidas. Y tú no tienes condiçión para maldezir, y por eso no maldizirás sino lo que [fol. 111v] Dios quisiere, ni bendizirás sino lo que le pluguiere. Y las que maldixeres, serán maldeçidas. Y las que amaren y apiadaren, serán d’Él amadas e apiadadas; y las que te aborreçieren, ternán juyzio delante d’Él quando tú no las dieres causas justas para odio, porque su maliçia las condenará más que tu culpa. Por eso tú, agora, bendízelas, y no pienses que las bendizes tú sola, que yo contigo las estaré bendiçiendo. Y esta se entiende a las que tuvieren verdadera devoçión e fee, y limpieza de coraçón. Y a mi hijo rogaré por ellas y por ti, que heres llave de mi casa, y tú la tienes dada de parte de mi hijo y mía. Y bien saven tus hermanas la caýda de la primera muger a quien yo me apareçí para fundar esa mi casa, llamada Ynés, en cuyo reparo pedí yo a Dios, mi hijo, a ti, en quien se renovase mi apareçimiento y se descubriese y honrase mejor que antes estava, y tomase comienzo para yr de bien en mejor. Y por tanto, hija, como a segunda fundadora de morada, y en lugar de la primera, reestableçí, como hiço el Spíritu Sancto sancto a Sancto sancto Mathía en lugar de Judas, y como Sant sant Michael en lugar de Luçifer’. Yo dixe a Nuestra Señora: ‘Suplico a vuestra Magestad las bendiga, pues las tiene aquí, y las hable’. Respondiome: ‘Hija, no se dan estos dones y graçias generalmente a todas personas, sino particular a algunas; y pues tú heres una dellas, da graçias a Dios por ello, y no seas yngrata a sus misericordias y benefiçios’.
”Y luego, mandó a mi sancto ángel me volviese a mis sentidos y naturaleza corporal, y assí no vi la adoraçión de los reyes, ni su venida ni entrada por entonzes, lo qual yo deseava y esperaba, según las señales veýa y las palabras que oýa en las cançiones de los gloriosos ángeles. Muchas veçes en el año he visto a Nuestra Señora venir a visitar a esta sancta casa, de la qual muestra tener espeçial cuydado y deseo. Y su santo apareçimiento se a estimado y venerado, porque no fue una vez sola la que Su Magestad se apareçió en este lugar, mas nueve días arreo, me ha dicho mi sancto ángel, fueron los que se apareçió. Y el primero se empieza, y fue el primero día del mes de marzo hasta el noveno, que es el postrero, y más preçiado, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quiere que le hiziesen allí su yglesia cada año. En este día, en el qual se çelebra su sancto apareçimiento, la he visto venir a ora de la medianoche en una proçessión muy admirablemente hordenada, solemníssima y enriqueçida, apos- [fol. 112r] tada de muchos resplandores y riquezas de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y de sanctos y sanctas. Y también vienen con Su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio, salvas por la misericordia de Dios, y ansimismo vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del sancto apareçimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas, algunas dellas son libradas de penas, y otras no. Tráelas Nuestra Señora con liçençia de su preçioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preçiosa proçessión viene al monasterio con muy grandes cánticos, y músicas çelestiales, y ynstrumentos de diversas maneras de melodía. Y antes que entre en la yglesia y casa, da una buelta alrededor, y vendize Nuestra Señora los campos, e tierras y frutas en ellas apareçidas media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio, y vendize las religiosas con grande amor, y diçe:
verdadero hombre çelestial,
a estar con el Sancto sancto Sacramento del Altar.
Y en él la corte çelestial
Y quando estas cosas veo y oygo que este día Nuestra Señora dize y haze, ando en la proçesión que viene con Su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su yglesia y casa, plaze a Dios que lo vea estando en mis sentidos, y que a la despedida me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e graçias que Nuestra Señora tiene alcançadas del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa Yglesia donde ella se apareció que, si las gentes lo supiesen, vendrían de muchas partes de rodillas, por ganar tanto bien para sus ánimas. Que como Nuestra Señora se apareçió aquí, con tan gran desseo y caridad que las ánimas se aprovechasen, pedía una muy sublimada virtud a su preçioso hijo: y es le otorgase tantos perdones en esta su sancta yglesia como hebras de yerbas y de cosas de flores e ojas estuvieren nasçidas en la tierra media legua alrededor del lugar donde ella yncó la cruz con sus preçiosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto dende que se edificó esta sancta yglesia y casa.
”Y más me a dicho mi sancto ángel: que están conçedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de Sancta sancta María de los Ángeles. En Assís, entiéndese, aunque no vengan confesados ni rezen cosa señalada, sino viniendo con devoçión a visitarla. Ansimesmo, me dixo que quien rezare nueve Avemarías, o nueve hymnos, o otras qualesquier oraçiones de Nuestra Señora, en tal que no sean menos de nueve offreçidas a los nueve apareçimientos que se apareçió a Ynés, ganará muchas graçias y le [fol. 113r] será otorgada la petiçión que justamente pidiere a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren. Y muy más lo ganaran rezándolo los propios días, que es el primo día del mes de marzo hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo, y quien hiziere dezir nueve misas a Nuestra Señora, en reverençia de estos apareçimientos, será socorrida en su tribulaçión y aprovechará mucho a los difuntos.
”La manera en que se mostrava Su Magestad cada día de estos apareçimientos: fue el primero de pequeñito bulto, como quando fue conçepta; el segundo, como quando hera niña reçién nasçida; el terçero, como de tres años, que la offreçieron al templo; el quarto, como de la hedad que fue a visitar a sancta Iasabel; el sesto, como quando parió al Hijo de Dios −en este día, quien rezare, es bien tenga memoria de la fiesta dela−; el séptimo, como quando le presentó en el templo; el octavo, como quando fue uyendo a Egipto −en este día, quien rezare, tenga memoria del la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves−; el noveno y último, como quando estava al pie de la cruz, y a este misterio sirvió la sancta cruz, y quien rezare, tenga memoria de su muy gloriosa asumpçión, porque estos sanctos apareçimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.