3936
ediciones
Cambios
m
→Capítulo XXIV
Acaesçió que enfermó una gran señora en el palaçio del emperador, estando la corte en Madrid, que se llamava Doña Ana Manrique, la qual tenía gran devoçión y crédito con las graçias que conoçía que Dios havía puesto en esta bienabenturada, a causa la amava mucho, e la tenía por su madre espiritual, y se comunicava con ella assí con cartas como por visitaçión con su propia persona. Y estando enferma de un peligroso dolor de costado, hizo ella luego mensagero a esta sancta virgen, diziendo quán mala estava, de las quales nuevas la bienaventurada se compadesçió, y con entero cuydado rogó por su salud. Y llegada esta señora al punto de morir, resçividos los sacramentos de la sancta madre Yglesia, teniéndola ya por muerta, plugo a Dios por su misericordia y ruegos de esta sancta virgen dalle mexoría. Y de que estuvo algo aliviada de su enfermedad, embió mensajero con carta a esta sancta virgen, que por madre tenía, diziendo por su letra que estava mejor de su enfermedad, lo qual creýa y savía también como ella, que la havía ydo ha ver en espíritu y la havía dado salud con el poder de Dios; y esto no le negase, pues savía dezía verdad, que la havía visto y conoçido el día seteno de su dolor de costado. Haviendo resçivido la sancta unçión, desauçiada de los físicos, estando muy congojada haçia la noche, ençendida ya candela, assentada en la cama, le pareçió por la delantera de la cama haverla visto, con su ábito y escapulario e tocas, subir sobre su cama, pasando por ençima de su persona, y la tomó por las espaldas, y la apretó en espeçial en el lado, donde tenía el dolor; y con gran plazer, havía dicho ante todos, lo más alto que pudo: “Havéys visto a mi madre Juana de la Cruz, verdaderamente ella es, que yo he sentido me a tocado por las espaldas, y súpitamente se me a quitado el dolor. Y desde aquella hora estoy mejor, y puedo comer, y voy cobrando salud. A Nuestro Señor muchas graçias por ello. Y vos, madre mía, no me neguéys esta verdad que digo y por tal la tengo pública”.
Y la bienabenturada se maravilló de lo que esta señora le scrivía, y dixo no creyese en tal cosa [fol. 114r] como aquella. Y enportunada de las religiosas les dixese cómo havía sido, pues en la corte estava público, respondioles: “No penséys, amigas, salió de mí esta caridad de yr a ver aquella señora, sino de mi sancto ángel, porque estándole yo suplicando rogase a Dios por su salud, dixo: ‘Bien será que la vamos a ver, pues es tan tu devota, y está agora en tan estrema necçessidad, que para el tiempo de las neçessidades es el socorro de las buenas amigas’. Y assí fuymos a verla. Y quería anocheçer quando fuymos, que en su cámara ya tenían ençendidas candelas, y mandome mi sancto ángel subiese sobre su cama y la tomase por las espaldas, y la sanctiguase en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Spíritu Sanctosancto, y también la sanctiguó mi sancto ángel. Y si ella sanó, fue porque ella sanctiguó. Y estoy maravillada permitir Nuestro Señor me viese ella a mí, y no a mi sancto ángel, que yo creýdo tenía no me havía visto. Ya que veníamos de ver a esa señora, mostrome en la misma villa de Madrid un hombre que estava espirando. Y en acabando de espirar, vi cómo vinieron los clérigos con la sancta cruz, y entraron en la casa del difunto a encomendarle el cuerpo. Y yo pregunté a mi sancto ángel quién hera aquella persona difunta. Respondiome: ‘Persona es que te pesará arto dello’. E no me dixo más. Y tornando yo en mis sentidos, conoçí era nuestro devoto Gonçalo de Durango, y por eso dixe entonçes hera difunto”.
Estando una religiosa en pasamiento, la qual hera del monasterio y compañía de esta bienabenturada y havíanla sacado a fundar otra casa y murió allá; y estando ya çerca del fin de su vida, tenía muy gran desseo de ver a esta bienabenturada, porque la amava mucho, por la graçia de Dios que morava en ella. Y estando con este desseo, dixo como a manera de alegría: “Ela, ela allí, a mi madre Juana de la Cruz”. Y diziéndole que no lo creyese, que antojo hera, respondió: “Por çierto no se me antoja, que muy bien la conozco, y conozco ser verdad en lo mucho que mi ánima se a consolado con su vista”.