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→Capítulo XXVIII
Y el médico que estava más çercano a esta bienabenturada, hablándola, conoçió y resçivió el aliento que de la boca le salía. Y dixo a los que allí estvan: “No pude conoçer ni alcançar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, y suavemente”. De lo qual estava admirado, porque hasta aquella hora havía tenido mal olor en el aliento, que le proçedía de la podriçión y corrupçión de los humores, y entonçes le tenía bueno. Y todos los que allí estavan, oyendo lo que el médico deçía, se hallegaron a la sancta virgen con mucha devoçión, y resçivieron su huelgo, y conoçieron no ser de los olores de este mundo por buenos y finos que sean. Y toda su persona estava con muy grande olor y hermosura.
Y dende el sávado en la tarde hasta el día siguiente domingo, después de la víspera día de la Ynvençión de la Sancta sancta Cruz de Mayo, no habló esta bienabenturada. E antes que entrasen por la puerta de su çelda, se olían las [fol. 134r] maravillosos olores que de ella salían, y algunas partes les pareçía, entrando donde ella estava, olía como vergel de muchas flores. Y siendo la hora de las seys, depués de mediodía domingo, día de la Sancta sancta Cruz, que fue a tres de mayo de mill y quinientos treynyta y quatro años, acompañada su sancta ánima de muy buenas y sanctas obras, y ansimismo su cuerpo, acompañado de frayles de su horden, y de todas las religiosas de la casa, las quales con candelas ençendidas en sus manos, y leyendo la Passión los padres que allí estavan, dio esta bienabenturada el alma en manos del poderoso Dios que la crió y redimió, quedando su gesto con hermosura y compostura admirable, quedándole la boca muy bien puesta, a manera de sonrisa.
Y muy admirados los padres que allí estavan, con gran reverençia llegaron a mirarle los ojos. Y alçando los párpagos, vieron que no los tenía quebrados, sino con aquella hermosura y graçiosidad que los tenía quando estava viva. Que assí como aplaçió mucho a Dios con ellos y con los juyçios suyos, assí permitió su Divina Magestad que en la hora de su muerte no fuesen quebrados, en el tiempo de las buenas obras que con ellos havía hecho, del qual milagro todos se maravillaron mucho y dieron graçias a Nuestro Señor, por las grandes maravillas y virtudes que con sus fieles amadores haze.
Y consolada la gente, tornaron el sancto cuerpo al monasterio, y a ora de conpletas, a la qual hora llegaron çiertos mensageros rogando que detuviesen el sancto cuerpo, hasta que ellas le viesen. Y assí se hiço. Y hecho el offiçio de los padres, fueron a sus monasterios, y dexaron el cuerpo sin enterrar. Y assí estuvo por cinco días, no perdiendo los buenos olores que tenía. Y venidas las señoras por cuyo ruego el sancto cuerpo estava detenido, con el qual mucho se consolaron de ver las maravillas que Dios mostrava en él, pareçioles hera bien, por que las gentes goçasen de esta sancta reliquia, se enterrase en la yglesia y capilla del Sanctíssimo Sacramento. Pero las religiosas, no consintiendo sacar el sancto cuerpo de entre ellas, huvieron de entender en ello los prelados. Y se hiço lo que las [fol. 136r] monjas quisieron, porque hera más justo. Y pusiéronle en una parte donde las religiosas comulgavan, en un hoyo pequeño, quanto cupo el ataúd, y ençima cubierto con yeso de altura de dos dedos, en el qual lugar manifiesta el Señor la sanctidad de esta bienabenturada, sintiendo muy buenos y suaves olores.
En la çiudad de Almería havía una sancta muger que tenía revelaçiones muy verdaderas y comunicava Nuestro Señor con ella muchos secretos, la qual se llamava María de Sant sant Juan. Hera religiosa de la orden de la Sancta sancta Conçepçión, y natural de Casarrubios del Monte. Y como esta sancta muger tenía graçia de arrobarse también, como la bienabenturada Juana de la Cruz, comunicávanse ambas, y estando elevadas en spíritu en el lugar que Dios hera, quiso de ponerlas, y hiziéronse hermanas spirituales. Y yendo todos padres de la orden del glorioso padre Sant sant Françisco, y el uno dellos havía sido perlado mayor de la provinçia de Castilla, persona de mucha auctoridad y letras, a negoçiar con esta sancta muger, María de Sant sant Juan, a un mes que havía pasado de esta vida la bienabenturada Juana de la Cruz, y preguntándole el dicho prelado le dixese del estado del ánima de la madre Juana de la Cruz, respondiole con mucha alegría que: “Tenía mucha gloria, tanta y tan grande como el [fol. 136v] poderoso Dios la da a sus escogidos y los méritos de la bienabenturada Juana de la Cruz mereçieron. Y luego que esta sancta ánima salió de las carnes, voló derecha al Paraýso, y tiene tanta gloria que exçede a muchos sanctos y sanctas, e yguala con los ángeles. Y más os quiero deçir, que por la bondad de Dios yo la he visto estando elevada el día del señor Sant sant Juan evangelista de mayo, que aora hiço quatro días, después de la ynvençión de la Sancta Cruz de mayo, quando esta bienabenturada salió de las carnes. Y yo la vi en la gloria, tan sublimada que tiene en muy mayores grados que la solía ver. Y maravillándome mucho, pregunté a mi sancto ángel cómo havía tan grande diferençia en la gloria que aora veo a la Juana de la Cruz, que otras vezes no la solía yo ver en gloria tan sublimada. Respondió el sancto ángel que ‘está ya desatada de las carnes, y está en la gloria para siempre’. Oyendo esto, vínome gran desseo de hablarla. Y estando en este desseo, vi a deshora abajada esta bendita ánima donde yo estava, y con mucha alegría me abraçó, e yo ansimismo a ella, y la dixe: ‘¿Cómo, hermana mía, y esto sin mí?’. Respondiome: ‘Sí, hermana mía, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios’. Y dixo havía quatro días hera pasada de esta vida, y en ella havía tenido su Purgatorio, [fol. 137r] y assimismo havía sido juzgada en la carne antes que della saliese. Y dos días antes que espirase, havía empeçado a goçar su ánima de la gloria del Çielo, aunque al pareçer de quien la veýa tenía pena en el cuerpo, porque hera la voluntad de Dios que estuviese detenida aquellos dos días. Y quisiera ella mucho dezir lo que goçava, sino que no podía, ni le es dada liçençia”.
E otras muchas maravillas y milagros se podrían deçir que Nuestro Señor mostró en este tránsito del cuerpo de esta bienabenturada, y después d’él. Por evitar prolixidad,