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→Capítulo XXVIII
Habiendo llegado esta niña a la edad de cuatro años, mostraba tener perfecto juicio, tanto en sus palabras como en sus hechos, y jamás la vieron con otras mozas jugando a los juegos con los que las de su corta edad suelen entretenerse, ni decir palabra alguna vana ni sin provecho: sino que sus pensamientos los ponía sólo en Nuestro Señor Jesucristo, a quien llamaba su caro esposo y con quien comunicaba sus pensamientos ''[22]''. Algunas veces tenía tanta fuerza y aprensión en sus potencias internas que sus sentidos estaban como ausentes de todo, viendo lo cual su madre, desconociendo la virtud de aquellos santos arrobos o éxtasis de los que su hija quedaba presa ''[23]'', creyó que estaba enferma y, teniéndola algunas veces por muerta, hizo voto de llevarla con una imagen ''[24]'' de cera a una casa o monasterio llamado de nuestra Señora de la Cruz, cerca de un lugar llamado Cubas, a dos leguas ''[25]'' de Illescas, villa de la diócesis de Toledo y alejada de esta de seis leguas, ilustrada por una imagen de la madre de Dios, llamada Nuestra Señora ''[26]'' de la Caridad, adonde algunas personas acuden de varias comarcas y lugares ''[27]'' y principalmente los enfermos que son favorecidos y sanados por la intercesión de la bienaventurada Virgen ''[28]''. Este monasterio de la Cruz, donde hay monjas de la Orden de San Francisco, ha sido edificado, según memoria transmitida de mano en mano, y tradición de generación en generación, como atestiguan los moradores de la provincia ''[29]'', por mandato de la bienaventurada Virgen María ''[30]'', quien se apareció en aquel lugar, por donde es muy reverenciada en él ''[31]''. Y es más, según relación de las monjas antiguas, se sabe de quién era la imagen tan reverenciada en Illescas: la cual una devota mujer que servía a las monjas, acompañada por otras buenas mujeres con música y pandero, la ponían ''[32]'' encima de la puerta de la clausura donde estaban las monjas ''[33]'' y la llevaban también ''[34]'' por los pueblos de la provincia pidiendo limosna para vestirla, y, con lo que le daban, la tenían lucida y aseada. [161] Y así, la dejó un día en Illescas, y a medida que el monasterio la fue perdiendo, la villa la adquirió, quedándose en la ciudad el origen de la santa imagen, la cual así como se puede creer es esta ''[35]'': de pequeña estatura, y en alguna manera negruzca, y se considera que ha hecho muchos milagros, lo cual es la causa de ser visitada con gran reverencia ''[36]'' y devoción de toda España ''[37]''.
Pues quedando la morada de aquella niña a dos leguas de esta imagen, su madre la consagró a la Virgen María, y prometió llevarla al monasterio con una imagen ''[38]'' de cera, como ya dijimos, y como la muerte la cogió a esta mujer antes de que pudiera cumplir su voto, ella le rogó a su marido, padre de la niña, que lo cumpliese. Habiendo oído esta niña ''[39]'' el voto que había hecho su madre por ella, sintió gran contento y se alegró no sólo por el voto, sino también de que tomó una resolución, la de quedarse monja en el monasterio ''[40]'' para servir con gran afición ''[41]'' a la Madre de Dios todo el tiempo de su vida. La madre murió, ''[42]'' y esta niña quedó de siete años de edad y con el deseo de cumplir su deseo de ser monja, y así empezó a dedicarse a los santos ejercicios propios de la religión, haciendo ''[43]'' muy grandes abstinencias y comiendo sólo una vez al día ''[44]'', y sobre todo cuando ayunaba, conformándose con pan y agua, y a veces se quedaba dos o tres días sin comer cosa alguna, de lo abstinente que era ''[45]''. Con sus propias manos, ella tejió un cilicio asperísimo, y se lo puso sobre sus mismas carnes, con lo cual siempre andaba llagada, aunque ello le daba muy gran consuelo. Nunca estaba ociosa, ''[46]'' antes se esforzaba en lo que hacía, para atormentar más aún su débil cuerpo y que el cilicio la lastimara más ''[47]''. Así es como, no teniendo otra cosa que ofrecer a Jesucristo, ella le ''[48]'' ofrecía sus abstinencias, infligiéndose a veces muy ásperas disciplinas hasta derramársele la sangre que corría por todos los lados de su cuerpo, mostrando siempre en todas sus acciones ''[49]'' muy gran humildad. Hablaba muy poco, y lo que decía era para alabar a Dios o para provecho o buen ejemplo de su prójimo. Un tío suyo y su mujer que también era ''[50]'' su tía ''[51]'', la pidieron con muchos ruegos a su padre para tenerla en su casa, pues ambos la amaban muy tiernamente y eran muy ricos. De manera que, teniendo en ese lugar mucha más oportunidad de emplearlo ''[52]'' en oraciones ''[53]'' u obras santas y en penitencias, no se quedaba corta en ello ''[54]''; su tía se dio cuenta de la vida que llevaba, porque ella se quedaba la mayor parte de la noche puesta en oración, razón por la cual la amó mucho más aún. Viéndose descubierta, buscaba los lugares más recónditos de la casa donde se daba la disciplina, y de resultas se la daba con una cadena de hierro ''[55]'', y así cuando quedaba muy herida, pedía a Nuestro Señor por premio que pudiese ser recibida como religiosa en el monasterio de sus esposas y que contase como una de ellas ''[56]'', lo cual le fue otorgado por la Majestad Divina.
[162] '''Como la sierva de Dios ''[57]'' para cumplir su voto de ser Monja, huyó de casa de sus parientes vestida de hombre y se fue al monasterio de la Santa Cruz de Cubas donde fue recibida, de la aspereza de la vida que hacía y de otras virtudes suyas ejemplares'''