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→Vida manuscrita
La oración de esta santa mujer fue muy continua toda su vida, de noche y de día, y, aunque tuviese ocupaciones de oficios o de otras cosas, no por eso dejaba su oración ordinaria. Era devotísima de la santa Pasión de Nuestro Redentor, y por esta devoción guardó silencio todos los viernes del año por toda su vida, por tener más deso- [284] cupado y aparejado el corazón y el entendimiento de las cosas exteriores, para ocuparlos y emplearlos mejor en el entendimiento de los dolores del dulcísimo Jesucristo que padeció en su dolorosa Pasión; en los cuales días, y en otros en que tenía particular devoción, se ocupaba y embebía tanto en este gusto tan santo que se olvidaba del todo de sí misma y aun del manjar corporal de que tenía necesidad. Y así le ocurría estarse todo el día sin desayunar ni salir del coro. Y este rigor guardó no solamente cuando por la poca edad tenía fuerzas corporales, sino aun en su postrera edad, según lo vimos muchas de las religiosas que ahora somos y vivimos, que, muchas veces, nos ocurría irla [a] hablar <el> los tales días de viernes y en los otros que tenía particular devoción y, después de haber estado algún espacio de tiempo con la madre santa, no poderla hablar por hallarla tan absorta y trasportada en Dios que ninguna cosa ''[3]'' de las que la decíamos las oía ni advertía ''[4]'', ni echaba de ver que estábamos allí con ella; y [285] se dice de esta santa madre que pasaba lo mismo cuando moza. Pero lo <que> experimentamos y vimos las que ahora somos que, siendo esta santa madre de mucha edad, en los días que esto la ocurría, hay algunas que certifican que después que volvía en sí para poderlas hablar, y que la hablaban de cosas de espíritus y de sus consecuencias, y que las decía cosas tan subidas que las parecía que era imposible decirlas si no con particular gracia del Espíritu Santo. Era<n> tan discreta y sabia que hablar con ella era como quien hablaba con un gran teólogo. Y así, todas íbamos a ella con todos nuestros trabajos espirituales y corporales, porque en ella hallábamos consuelo para todo.
En el tiempo que fue más moza comulgaba cada día, para lo cual tenía grandes y muy continuos ejercicios de penitencia que hacía con mucho rigor: por muchos días no comía sino pan y agua, y otros muchos no comía cosa alguna, y aun siendo de cien años de edad hacía, algunas veces, estos ayunos, como era el día de San [286] Acacio. Y este día y a este santo ella tenía grande devoción. Y este día no salía del coro, ni comía cosa alguna, ni ''[5]'' hablaba palabra con nadie, nada más ''[6]'' que con solo Dios. Y por que no careciese ''[7]'' esta sierva de Dios del mérito de los que sufren trabajos, permitió el Señor que en estas obras tan buenas fuese murmurada, y de tal manera que pasaba muchos trabajos, lo cual la duró muchos años. Pero todo lo llevaba la santa mujer con muchísima paciencia y santa disimulación. Y esto fue en tiempo que era más moza, y después que tuvo más edad permitió el Señor que la diese una grave enfermedad que fuese estar tullida veinte y ocho años. Lo cual llevó con grandísima paciencia, sufriendo con mucha conformidad sus trabajos y creciendo de en día en día más en santidad, adonde se entiende que tenía grandes sentimientos de Dios y que el Señor la hacía grandes mercedes. Pero, como era tan prudente y discreta, no lo comunicaba con nadie, aunque, algunas veces, con algún descuido, decía algunas cosas por donde se entendía que sa- [285287] bía algunas cosas por revelación divina, como fue la muerte de un religioso que antes que se supiese por nueva lo entendía, y dijo ella que era muerto; aunque siempre trataba estas [mercedes] con muchas cautela y aviso.
Y cuando llegó el tiem[po] que Nuestro Señor quiso llevarse esta su sierva para sí, algunos tiempos antes estuvo con grandes deseos de ver a Nuestro Señor y gozarle. Y se quejaba a el Señor pareciéndola que vivía mucho. Y cuando iban a visitarla las religiosas, entonces entendían esto por las cosas ''[8]'' que las decía. Y eran tan suaves sus palabras que no se pueden decir. Y según eran los días hablaba una[s] veces de los Evangelios, otros de las fiestas que eran de Nuestro Señor o de sus santos; y así tomaba la do[c]trina, y lo que decía era tan a propósito de las que la oían que parecía un teólogo. Y también cuando ocurría que <que> eran monjas de poco espíritu las que con ella estaban, y que esta sierva de Dios entendía que no estaban tan fundadas en la religión, las decía tales cosas que las ponía gran [288] temor, porque en extremo tenía esto, que las palabras que hablaba eran con grandísima eficacia dichas, y aun cuando la parecía que era menester, a la misma prelada la decía su parecer con la moderación y caridad que se requería.
Murió esta venerable madre en el año de mil quinientos setenta y cinco en el mes de noviembre. Y fue sepultado su cuerpo en el capítulo de esta santa casa, entre < s > las madres más memorables y santas que allí están enterradas. Y ocurrió que, tres semanas después q[ue] su cuerpo fue enterrado en el dicho capítulo, se juntó en él todo el convento de la[s] religiosas estando por solo su sepultura. Y fue tan grande y tan suave el olor que todos sintieron que con grande admiración se espantaron todos y alabaron a Dios, que así honra y favorece a sus siervos aun en los cuerpos corru[p]tibles. Y para más satisfacerse, algunas de las religiosas se inclinaron hasta la tierra para ver si salía de su sepultura [a]quella suavidad de olor, y fueron ciertas, y sin ninguna duda, de [290] que salía de la sepultura.
Y muchas de las religiosas que tuvieron noticias de su santidad se han ido a su sepultura a encomendarse a ella y han hallado gran consuelo en sus trabajos y necesidades, según consta por el testimonio de muchas. Y así mismo se han llevado algunas cosas de sus vestidos para enfermos, los cuales se sabe que sanaron por los méritos de esta santa mujer, como fue que una doncella estaba con modorra y la llevaron un escapulario pequeño con que solía dormir ''[11]'' la sierva de Dios, y se le pusieron a esta enferma y luego estuvo buena. ItemÍtem. A un hombre que estaba tullido le llevaron una de las muletas con que andaba esta sierva de Dios, y sanó el hombre de su enfermedad. Y no solamente ocurrió esto después de su muerte, sino también viviendo ocurrió ir a ella personas enfermas y quedar sanas por las oraciones de esta santa mujer, como ocurrió que una religiosa se cortó un dedo y estaba muy acongojada y llorosa por ello, y, sabiéndolo la santa madre, la hizo venir a su celda, y to- [291] mola el dedo entre sus manos y de tal manera sanó que a otro día pudo mandar la mano. Y así iban otras con devoción y fe, y sanaban por la gracia de Dios y por los méritos de esta sierva, para gloria y alabanza de la Majesta[d] Divina, que vive y reina por todos los siglos, amén.
''Laus Deus, amen''.