María de la Cena

| Nombre | María de la Cena |
| Orden | Jerónimas |
| Títulos | Beata del beaterio de María García |
| Fecha de nacimiento | Primera mitad del siglo XV |
| Lugar de fallecimiento | Toledo |
Vida manuscrita (1)
Ed. de Mar Cortés Timoner; fecha de edición: diciembre de 2024; fecha de modificación: noviembre de 2025.
Fuente
- Zúñiga, Ana de. Ms. A.J.T º. San Pablo, I libro 33, 1881, pp. 159-161.
Contexto material de la Biografía conservada en el anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33.
Criterios de edición
Biografía conservada en el libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33. La composición se atribuye a la monja jerónima Ana de Zúñiga (Toledo c.1540-1594) y fue copiada, en 1881, en el citado libro manuscrito. El texto se halla en las páginas numeradas como 159-161.
Dada la fecha de la copia manuscrita, la transcripción actualiza el empleo de las letras mayúsculas, la separación o unión de palabras pero conserva “a el” y “de el”. Asimismo, siguiendo las normas de la RAE, se moderniza la puntuación y la acentuación. Por último, se ha regularizado el empleo de “h” y el uso de b/v, c/z, d/z, g/j, l/r, ll/y r/rr, n/m.
Vida de María de la Cena
[159] [1] Esta muy devota y sierva de Dios María de la Cena fue de las criadas que trajo consigo <consigo> la muy religiosa señora condesa [2] cuando se vino a recoger y servir a Dios en esta santa casa, e hizo profesión con las demás cuando se sujetaron a la orden, en el año de mil quinientos y seis.
Esta sierva de Dios, entre las virtudes que tuvo, fue humildísima porque la humildad es fundamento firme y muy seguro para las demás virtudes. Y en tanto grado fue humilde esta santa mujer que no quiso tomar velo, sino quedarse en la orden de las que llaman “coristas”, diciendo que no era ella digna de traer aquella memoria de la corona de Nuestro Señor que es lo que si[g]nifica el velo. Y así, ejercitándose en la santa humildad, esta bendita mujer hacía to- [160] dos los oficios má[s] [3] humildes y más bajos de la casa, como era barrer y fregar. Y tenía por particular devoción ir siempre a servir a la cocina, y fregaba todo lo que era menester.
Fue mujer de grande ab[s]tinencia porque ayunaba toda la Cuaresma a pan y agua, y así vino a tener grande flaqueza y mucha falta de salud. Era muy devota del Santísimo Sacramento, y los días y vísperas de la comunión andaba descalza.
Fue esta sierva de Dios muy pobre y necesitada, porque no tenía sobre la tierra quien la diese nada ni hiciese nada por ella, pero era rica y abastada de virtudes. Y el Señor, a quien se esforzaba a servir, la sustentaba y proveía, el cual no quiere que sus siervos padezcan mengua que no pueden sufrir con su ayuda y favor. Y así esta sierva de el Señor pasaba su vida sin ayuda humana de parientes ni de otras gentes que suelen ayudar a las personas religiosas, ni ella quería ser ayu- [161] dada de nadie sino de solo el Señor. Antes, todo lo que ella podía haber y allegar en todo el año lo guardaba y daba a la sacristía, para que la sacristana lo gastase en componer clavos y alfileres para la fiesta de el Santísimo Sacramento del Cuerpo de Cristo, de quien esta santa religiosa era muy devota.
Y si todas las virtudes, como arriba se dijo, resplandecían en esta bienaventurada mujer, la humildad sobre todas moraba en su ánima, y la caridad, mayormente con las enfermas, y no se contentaba en servirlas como las otras religiosas lo hacían, sino de rodillas y con increíble devoción y espíritu la[s] servía.
Murió esta sierva de Dios habiendo cumplido ochenta años de edad, muy acabad[a] [4] en toda virtud y santidad, y se fue a gozar de su muy amado Esposo Cristo Jesús, Señor nuestro, el cual con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Laus Deus, amen.
Notas
[1] La biografía va encabezada con el siguiente epígrafe “Historia de la muy devota y sierva de Dios María de la Cena”.
[2] Remite a la condesa de Fuensalida, Aldonza Carrillo, hija de Teresa de Guevara. El libro dedica las páginas 101-122 a la madre e hija con el epígrafe: “Síguese la historia de la muy religiosa y sierva de Dios doña Teresa de Guevara y de la condesa su hija, que también fue religiosa en esta santa casa”.
[3] Se ha corregido “mal” considerando el sentido del texto.
[4] Corregimos “acabado” considerando la concordancia gramatical.
Vida manuscrita (2)
Ed. de Irati Zaitegui Blanco; fecha de edición: septiembre de 2025.
Fuente
- Cruz, Juan de la, 1591. Hystoria, de la Orden de st. Hieronymo Doctor de la yglesia, y de su restauracion y fundaçion en los Reynos de España / Por fray Joan de la cruz frayle de la dicha orden, professo de st. Bartholome el Real de Lupiana. Esc. &-II-19, fol. 367v-368r.
Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS &-II-19 (Hystoria, de la Orden de st. Hieronymo Doctor de la yglesia, y de su restauracion y fundaçion en los Reynos de España / Por fray Joan de la cruz frayle de la dicha orden, professo de st. Bartholome el Real de Lupiana).
Criterios de edición
Al tratarse de una copia manuscrita de la segunda mitad del siglo XVI que bebe de fuentes anteriores, se han adoptado criterios de edición de carácter conservador: se ha optado por mantener la oscilación v/b en su valor consonántico, así como el grupo doble -ct- (sanctíssimo), las oscilaciones y variantes de las sibilantes —z y ç ante las distintas vocales—, los grupos geminados (-ss-, -ll-, -ff-, -cc-), y la morfología de aquellas palabras que resultan de interés morfológico o fonológico, o que constituyen cultismos, como redemptor o ansí. Igualmente, se ha reproducido como ñ la n acompañada de vírgula, se han desarrollado abreviaturas como Nuestro y Santo, y se ha conservado el uso de qu- por cu- (quaresmas). En cambio, se han regularizado las alternancias gráficas sin valor fonético (u/v) y la acentuación, la puntuación y la capitalización se han modernizado según las normas de la RAE, manteniendo las mayúsculas reverenciales o de respeto (Nuestro Redemptor).
Vida de María de la Cena
[fol. 367v] [1] Otra religiosa se llamava María de la Çena, que entró en el Monasterio por criada de la condesa de Fuensalida en el tiempo que estavan con nombre de beatas, y hizo con ellas professión en el año de mill y quinientos y seis. Creçió tanto en las virtudes, y particularmente en la humildad, que es fundamento de todas ellas que, por sola esta y la gran reverençia que tenía a la corona de espinas de Nuestro Redemptor no quiso tomar velo, que representa o significa aquel sacrosanto misterio de su Passión. Y ansí servía en los offiçios bajos y humildes de la casa; y su mayor occupaçión era barrer y fregar y servir en la cozina [fol. 368r] en lo que era menester. Y, entre estos exerçiçios y ocupaçiones, andava con gran consideraçión del amor de Dios y serviçio suyo, a quien endereçava todos aquellos trabajos. Fue de tanta abstinençia que ayunava las Quaresmas pan y agua, que le fue causa de grandes flaquezas y mucha falta de salud. Siempre fue y se mostró que era pobre en todas las cosas: que, con no tener quién le diesse algún favor, como le tienen otros religiosos para cumplir necessidades con que no pueden passar, esso poco que ganava, algunos pocos ratos que tenía lugar para coser, lo dava a las sacristanas para ayuda[r] a comprar cosillas con que aderezar el claustro el día del sanctíssimo sacramento, del que era muy devota. Y tenía aquella fiesta por particular suya y de su contento y regalo, como a la verdad es el mayor que se puede buscar y desear, y sin él ninguna cosa se puede. Murió sanctíssimamente de ochenta años.
Notas
[1] El texto se vincula a la sección presentada con el epígrafe: “Capítulo sexto de la sierva de Dios Mencía de San Pablo, religiossa en el Monasterio de San Pablo de Toledo y de otras de aquel tiempo”.
Vida impresa
Ed. de Lara Marchante Fuente; fecha de edición: mayo de 2018; fecha de modificación: junio de 2023.
Fuente
- Sigüenza, Fray José de, 1605. “Libro Segundo de la Tercera parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo”, Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, doctor de la Iglesia, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III. Madrid: Imprenta Real, 505, 506.
Contexto material del impreso Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, doctor de la Iglesia, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III.
Criterios de edición
Para facilitar su lectura, esta edición moderniza el texto en aquellos puntos que no suponen una pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos del periodo y conserva la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico o por tratarse de cultismos (como agora, ansí, monesterio, recebir, redemptor u obscuro).
Se adaptan, por tanto, las grafías a las normas de ortografía vigentes (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y a la acentuación y puntuación de las normas gramaticales actuales. Igualmente, el uso de las mayúsculas y minúsculas respeta los criterios presentes del español, si bien se mantienen las mayúsculas como signos de respeto o de diferenciación con la palabra escrita en minúscula (Cielo, Esposo, Señor, Profeta, Reina del Cielo).
También se introducen las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En este sentido, conviene apuntar que, dentro de esta edición y en base a sus particularidades, se han incluido notas al pie en las que se especifican y desarrollan algunas ideas o palabras del texto impreso original.
Vida de María de la Cena
CAPÍTULO LI [1]
[505] De otras muchas siervas de Dios que han florecido con gran ejemplo en el mismo Convento de San Pablo
[506] […] Otra María, por apellido de la Cena, floreció por este mismo tiempo: fue criada de la Condesa de Fuensalida, de quien hicimos memoria, aunque mejor la llamaremos discípula o compañera porque salió tan aventajada en virtudes que se le conoció bien la escuela y la compañía en que había andado. Fue de mucha humildad y, aunque hizo profesión con las demás, cuando se incorporaron en la Orden y dieron la obediencia al General, jamás quiso tomar velo, teniendo consideración a la afrenta y al dolor que sintió su Señor y Esposo cuando le coronaron de espinas, de que era esta sierva de Dios muy devota.
Sus más altas ocupaciones en el ministerio de aquel convento fueron: barrer, fregar, coger basura y otros tales ejercicios, para que, decía ella, que se había nacido y aun no era buena para ellos. Andaba en ellos con tanta consideración y espíritu que se le conocía bien podían fiársele otros mayores, y en medio dellos hallaba coro y oratorio, sabiendo que el propio y más bien labrado templo de Dios y el santuario más recóndito es el alma del cristiano, especialmente si ha llegado a aquel estado que una vez haya entrado en él el Sumo Sacerdote, con sangre o con muerte de aquella [2] vítula o becerra rufa. Ayunaba todas las Cuaresmas a pan y agua, y destas y de otras semejantes abstinencias y rigores vino a enfermar y tener muchos ajes. Lo que le daban y cuanto podía granjear y trabajar con sus manos, que jamás se le vieron caídas ni flojas, todo lo empleaba en la Sacristía y en la fiesta del Santo Sacramento, donde tenía depositados sus amores y como tan enamorada siempre andaba pobre, efeto propio del amor, que todo lo desprecia y todo lo da, hasta que se da a sí mismo el amante. Así le aconteció a esta santa que, cuando no tuvo más que dar, con alegre y seguro corazón dio el alma a su esposo Jesucristo, y Él, en recambio de tan precioso don, le dio el Reino que le tenía prometido. […]
Notas
[1] Figura en el texto como Capítulo LI pero debería ser el LII, debido al error señalado en la edición de la vida impresa de María de Ajofrín por Sigüenza, pues repite el número de capítulo XLIV.
[2] “vítula” viene de vitulus, becerro en latín.